FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL PASADO

por Daniel Corpas Hansen.

Yo aprendí a escribir guiones en Cuba, en la famosa EICTV, allá por 1999. Dicen que la técnica se puede aprender en una semana, pero que lo otro, lo realmente importante, no se aprende ni en toda una vida. Dicen muchas cosas. Como aquello de “El talento se abre paso”, bonita frase que te noquea cuando eres joven y en la que tiendes a creer con el fervor y la pasión (y la bendita inconsciencia) de los años mozos. Yo, a mis 36 primaveras, he llegado a la conclusión de que para abrirte paso de verdad no hay nada como Grond, aquel simpático ariete con el que los orcos llaman a la puerta de Minas Tirith.

Se me ocurrió esta entrada a raíz de la serie iniciada en este blog bajo el título “Los guionistas del futuro”. Porque leo a esos jóvenes escritores preguntándose qué se van a encontrar en el “mundo real”, tratando de conjurar el miedo a base de ilusión, y es inevitable recordar cómo era uno cuando empezaba en este extraño negocio de juntar palabras. Y entonces lo primero que se me viene a la mente (aparte de Grond) es aquel maravilloso diálogo de Red en “Cadena perpetua”, en el que expresaba su deseo de retroceder en el tiempo y hablar con el muchachito atolondrado que un día fue, para hacerle entrar en razón. Pero, claro, la vida no funciona así.

Calma, no me voy a poner condescendiente, por una sencilla razón: llevo tres años en el dique seco, desempleado, que no parado, y mi último cheque data de enero de 2010. ¿Quién soy yo, pues, para hablar ex cátedra? Tras una década en la profesión, se me ocurrió tomarme un pequeño receso, un break para escribir literatura y viajar un poco. Un trimestre sabático que ya va para trienio. Y subiendo…

Así que mi gran duda es: ¿soy ya un guionista del pasado? Quiero decir, ¿se ha acabado mi carrera? ¿Volveré a trabajar en una serie algún día? ¿Debo empezar a preparar oposiciones (ups, ya no hay empleo público)? ¿Monto una coqueta librería con vinitos y gin-tonics (ups, ya me he comido los ahorros)? ¿Emigro, emprendo o lío un cirio como el de Michael Douglas en “Un día de furia”? ¿Persevero o arrojo la toalla? ¿QUÉ COÑO HAGO?

Hace poco una amiga guionista muy curtida me decía una frase bastante acertada: “cada vez que te quedas sin trabajo empiezas de cero”. O sea que de algún modo, en cuanto acaba un proyecto, todos volvemos a ser esos “guionistas del futuro” agarrotados por las dudas y la incertidumbre.

Curiosamente, en mi caso hubo un tiempo en el que las cosas fluían de manera natural, como si el éxito y la gloria aguardasen justo a la vuelta de la esquina: Verónica Forqué quería mi guión de largo para su ópera prima como directora, me encargaban biblias y pilotos de series que ya estaban casi aprobadas por tal o cual canal de TV, mis productores me daban palmaditas y elogiaban mi talento… Ah, otra vez el talento, gran palabro, tan fácil de usar y que todos ansiamos aplicarnos, porque vivimos en un país lleno de Leonardos, genios que dirigen, escriben, producen, editan, actúan, componen, cantan, bailan claqué y como te descuides te hacen la O con un canuto… Por eso he llegado a valorar mil veces más al artesano que al artista, pero eso ya es otra historia.

¿Por dónde iba? Ah, sí, estaba a punto de coronar la cima, podía rozarlo con la yema de los dedos, ya casi me sentía como Tony Montana girando en la rueda de la fortuna (“The world is yours”)… Pero transcurrieron las semanas, y luego los meses, y supongo que mis guiones se fueron cubriendo de polvo en algún cajón. Así de simple, no pasa nada, gajes del oficio. Después de eso trabajé en varias series y me gané el jornal honradamente, que no es poco tal y como está el patio.

Ahora, sin embargo, mi rutina consiste en enviar mails que casi siempre quedan sin respuesta, en mandar mi CV al éter, en hacer pruebas de guión a sabiendas de que nadie las lee, en preguntarme una y otra vez por qué siguen haciendo capítulos de prime-time tan absurdamente largos, en contemplar atónito cómo series con un 8% de audiencia renuevan por una segunda temporada, y cómo la ficción nacional repite hasta el infinito los mismos esquemas del siglo pasado, lo que me obliga a refugiarme en la HBO, en la AMC, en los viejos sueños en los que me veía recogiendo un Goya…

Eso sí: ni un solo día he dejado de escribir. Porque no sé hacer otra cosa en esta vida. Porque no quiero hacer otra cosa en esta vida.

Así que si pudiera volver atrás y cruzar unas palabras con el guionista del futuro que un día fui, le diría lo siguiente: “aprende a escribir en inglés y sobre todo no te rindas nunca”.

3 Responses to FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL PASADO

  1. [rowelt] dice:

    Cadena Perpetua, un guión flojo y sin consistencia, por no hablar del reparto, bastante mediocre y con interpretaciones inconsistentes #IroníaOn

  2. benymen dice:

    Reblogueó esto en Escritor de Carbóny comentado:
    Fantástica reflexión de Daniel Corpas Hansen. Lejos de desanimar, ayuda el saber que estamos todos más o menos igual.

  3. Alfredo BG dice:

    “…me encargaban biblias y pilotos de series que ya estaban casi aprobadas por tal o cual canal de TV, mis productores me daban palmaditas y elogiaban mi talento…” ¿Qué ha hecho estos tres años? “Un poco aquí, un poco allá”. Bueno, sí, empezar con una acusación indirecta, nunca es agradable, pero déjeme repetirlo: ¿Qué ha hecho estos tres últimos años?

    Cuando se tuvo éxito en algo, pasa como a los niños que son aprobados con la misma palmadita meritoria, intentan repetir el éxito bajo el mismo procedimiento (a ver si así vuelvo a conseguirlo). Pero no se trata de eso.

    Los años pasan, las modas se consumen y se agotan. Friends ya no es tan gracioso. “Aquellos maravillosos años”, con la voz en off, fue curioso, pero la segunda vez que lo emitieron, sonaba a comida rancia, que se degustó hace años en una tierra pobre. Ya habíamos pasado a algo más, distinto, a otra cosa, otras fórmulas.

    “¿Cómo me encamino hacia eso que quieres decir?”, podrías preguntar, si me estás siguiendo. Si quieres seguir con los tiempos, aventurarte con nuevas inquietudes, acordes a tu edad (ya no somos jóvenes atolondrados), la más arriesgada de todas… es apoyar a otros.

    Su bien más valioso, es el conocimiento.

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