LOS FIGURANTES DE CASABLANCA

21 junio, 2013

Ricks-Place

por Ángela Armero

Siempre que veo Casablanca me emociono. Sí, lo sé, es una opinión muy corriente y superflua de puro obvia, pero da igual la cantidad de veces que la vea, siempre me llega al corazón. Infaliblemente, la escena en la que una mayoría de parroquianos de una diversa fauna colonial canta a pleno pulmón “La Marsellesa” para contrarrestar los cánticos de un grupo de nazis hace que me sienta como si fuera la primera vez que la veo.

Pero no, no voy a escribir sobre lo mucho que me gusta Casablanca, sino de algo que descubrí hace poco gracias al maravilloso documental “Exiliados: de Hitler a Hollywood”, de TCM, y es algo que tiene que ver con esto:

Y también, con esto:

El documental habla de los 800 artistas relacionados con el cine que tuvieron que emigrar forzosamente desde Alemania a Estados Unidos a partir de los años 30, coincidiendo con el ascenso al poder de Adolf Hitler. Artistas de la talla de Otto Preminger, Fritz Lang, Billy Wilder, Ernst Lubitsch, Franz Waxman, los hermanos Siodmak…  Hubo quienes se adaptaron con facilidad y quienes tuvieron que bregar con enormes dificultades hasta lograr hacerse un hueco en la industria. Fue el caso de Fritz Lang, que habla en este vídeo (con subtítulos en inglés; gracias José Antonio Redondo) del detonante de su marcha a los Estados Unidos:

Todos sabemos del éxito que tuvo luego, al igual que Lubitsch o de Wilder, pero no todos estaban destinados a lograr la misma posición que tenían en su país de origen. Fue el caso de artistas como S.Z. Sakall, Leonid Kinskey, Helmut Dantine, Marcel Dalio, Trude Berliner, Ludwig Stössel and Wolfgang Zilze… que probablemente os sonarán tampoco como a mí. ¿Quienes eran?

S.Z. Sakall era una estrella en la escena teatral y cinematográfica de Hungría, y fue encarcelado al menos tres veces por sus opiniones políticas. Después de haber sido un mordaz humorista y haberlo logrado casi todo en su patria, acabó haciendo de figurante en Casablanca. Es este hombre que acompaña a Humphrey Bogart.

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Todos los nombres de la lista vivieron historias similares: actores consagrados con decenas de películas a sus espaldas que acabaron haciendo de figurantes (con frase o sin ella) en una película con un marcado carácter propagandístico rodada en el año 42, a falta de tres años del final de la Segunda Guerra Mundial. Irónicamente, la mayoría de los nazis fueron interpretados por judíos alemanes exiliados. Es fácil empatizar con la pena y el desarraigo que sentirían esas estrellas que perdieron su estatus para estar en el fondo de una escena sin que nadie les preste mayor atención. Es hermoso, sin embargo, pensar que quien les dio ese papel, por mínimo que fuera, lo hizo por ayudarles.

El documental cuenta además como los exiliados en Hollywood tenían una red de apoyo financiero que ayudaba a los artistas que deseaban huir, ya sea mediante trámites para llegar a EEUU, o con dinero para apoyarles una vez estaban en suelo americano. La historia es conmovedora y daría para hacer varias películas, pero hay otro lado del exilio creativo que no es menos importante: las consecuencias  que ocasionó a ambos lados del Atlántico. Estados Unidos se benefició del flujo de talento europeo, pero ¿qué le pasó al cine alemán después de perder a Lang, a Lubitsch, a Preminger, a Erich Pommer…? Esta fuga cambió para siempre la historia del cine.

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Y ahora volvemos al presente. Por supuesto no es lo mismo un exilio a causa de una guerra que el exilio laboral de muchos españoles que se buscan la vida en el extranjero (y el que diga que intento compararlo sin matices es que no está leyendo esta frase que ahora escribo), pero como reflejan los tweets de Vigalondo esto también afecta al maltrecho cine español. Antes de la crisis ya había directores que se iban (como Fernando Trueba o Alejandro Amenábar) pero ahora el exilio parece no una preferencia, sino un camino de supervivencia. Y estos directores que se van porque aquí no encuentran trabajo, si tienen suerte, acabarán haciendo sus películas allí, acaparando portadas o haciendo bulto en una escena de multitudes. Afectará a sus vidas, pero también afectará a nuestra industria. Esas películas que no se harán, esas carreras que ya no se desarrollarán aquí son una enorme pérdida.

El cine español y las salas de cine parecen estar en vías de extinción. Creo que los ciudadanos orgullosos de su cultura, los amantes de las películas, y y por supuesto los que trabajamos en ellas,  deberíamos pelear por mantener las ayudas a nuestro cine, conseguir la bajada del IVA cultural y reivindicar nuestro talento y nuestro derecho a vivir de nuestro trabajo. Podemos hablar aquí o convertirnos en figurantes sin frase en un lugar que, por muy maravilloso que sea,  no es nuestro hogar.

Aprovecho para recordar a quienes quieran ver la obra que he escrito “Lola” que quedan dos funciones, el sábado 22 y el sábado 29 de Junio a las 19:30 horas en Garaje Lumière. Entradas disponibles aquí.


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