LAS HISTORIAS IMPORTAN

Por David Muñoz

A falta de estudios serios en los que apoyarme, reconozco que la mayor parte de las cosas de las que voy a hablar hoy son solo intuiciones, opiniones subjetivas. De  modo que es probable que esté equivocado y que acabe diciendo alguna que otra tontería. Pero sí que me parece interesante hablar de ello. Y también me parece que son asuntos que debería preocuparle a cualquier guionista o a cualquiera que se dedique a contar historias.

La cuestión es que después de ver Man of Steel (que, como ya sabéis, no me gustó nada), me puse a leer todo lo que pude encontrar en Internet sobre la película que me pareció medio interesante. El último artículo  que he leído ha sido la crítica de Film Crit Hulk.  Es un texto estupendo, como todos los suyos, que además de analizar la construcción dramática de la película de forma certera, está lleno de ideas interesantes sobre cómo contamos las historias en el cine en el año 2013 y porqué.

Pero pese a que leído mucho sobre el guión de Man of Steel, me ha sorprendido que en general se obvia algo que a mí me parece muy importante: la visión del mundo que transmite, las “lecciones” que pueden desprenderse de su desarrollo argumental, esa intención (involuntaria a veces) que emparenta cualquier historia con las parábolas o las fábulas.  

Habrá quien se tire de los pelos al leer lo que acabo de escribir, pero cada día estoy más convencido de que, entre otras muchas cosas, las historias nos sirven para explicar el mundo, nuestro lugar en él, y también para ofrecernos modelos de comportamiento. En cierta manera, son “guías para la vida” que decodificamos e incorporamos inconscientemente a nuestro bagaje emocional/cultural. Y como tales, también son vehículos transmisores de ideología y valores morales.

No todas lo son, pero sí la mayoría. O al menos nosotros las “usamos” así.

Desde luego este es un tema complejo que no se puede resumir en un artículo de tres folios de Bloguionistas. Lo que somos, lo que creemos, lo que sentimos, es el resultado de muchas influencias: nuestra educación, el ambiente familiar en el que nos hemos criado, nuestro temperamento, nuestra religión (o nuestro ateísmo). Pero creo que las historias están entre esas influencias. No tengo ni idea de hasta qué punto pueden ser determinantes a la hora de hacernos elegir un camino u otro en la vida, pero por poner un ejemplo que conozco bien, yo estoy convencido de que también soy como soy por culpa de todos esos tebeos de superhéroes (y de héroes a secas, como el Príncipe Valiente) que leí de pequeño.    

Lo más cómodo para los guionistas, novelistas, etc. es negarlo. Sobre todo porque nos liberaría de cualquier responsabilidad. Es más fácil creer que las historias no importan, o que al menos no importan hasta ese punto.

Importante: No quiero dar a entender que, por ejemplo, jugar a Call of Duty tenga relación con ser un asesino (o cualquier variante de esas que tanto les gustan a ciertos periodistas). A no ser que se esté mal de la cabeza, nadie mata por jugar a un juego de ordenador. De ser así, teniendo en cuenta las horas que pasé alrededor de los 30 años jugando a Doom, Half Life, etc., yo debería ser un asesino en serie muy peligroso.

Además, estamos tan saturados de historias, y a través de ellas nos llegan mensajes tan contradictorios, que su efecto seductor queda diluido. De hecho, hay quien cree que sucede lo contrario a lo que estoy diciendo: que no son las historias las que nos conforman, sino que nos sentimos atraídos hacia un tipo de historias porque ya somos previamente de una manera concreta. Lo que no explica por Ej. porque a un típico izquierdoso como yo le atraen tanto las fantasías individualistas y belicistas de John Milius. Pero en fin, ya os digo que es un tema complejo.

Aclaro también (aunque ya lo he dicho aquí), que yo no necesito estar de acuerdo con la ideología que transmite una película para disfrutar con ella. Solo estoy diciendo que creo que es algo que no se puede obviar a la hora de analizarla, ya sea que estemos ante un panfleto simplista obvio o ante una obra compleja que admita varias lecturas.

En el caso de Man of Steel, dudo que pueda calificarse de “involuntario” el aspecto de parábola de la película. Pensarlo sería creer que Snyder, Goyer y Nolan son idiotas, y dudo mucho que lo sean.

Resulta más fácil entender cómo funciona a ese nivel imaginando la historia contada, quizá en boca de un apóstol hace 2000 años.

¿Qué es lo que habríamos aprendido al escuchar Man of Steel?

Pues varias cosas:  

-Que la pena de muerte está justificada siempre que se aplique a un enemigo que no puede ser detenido de otra manera.

-Que los “daños colaterales” son aceptables si esas muertes contribuyen a la victoria sobre el enemigo.

-Que es necesario un poder militar fuerte, ya que es la única manera de enfrentarse al enemigo.

-Que las acciones del ejército no necesitan de supervisión civil en tiempos de guerra (es bastante sorprendente la total ausencia de políticos en la película; ni siquiera tiene la típica escena con el presidente).

-Algo muy como de Ayn Rand: que el individuo distinto, especial, superior, solo debe buscar su propio beneficio, y al hacerlo, paradójicamente es cuando más y mejor ayuda a la sociedad.

Y todo esto, sazonado de detalles que buscan colocar emocionalmente al espectador en los momentos inmediatamente posteriores al 11S. No puede haber una estrategia manipuladora más burda (y efectiva). 

Lo que me pasma es que nadie reflexione sobre lo que está contando Man of Steel, lo que subyace bajo las hostias y el espectáculo. Como, si al tratarse de una película de superhéroes, no hablará de nada, o no fuera mucho más radical en su defensa de ciertas tesis de la extrema derecha americana que por Ej. Zero Dark Thirty. Teniendo en cuenta que como forma de propaganda es mucho más efectiva que la película de Kathryn Bigelow. Sobre todo, porque no lo parece. Es un lobo en piel de cordero, más dañina aún tratándose de una película dirigida a un público infantil o adolescente.

Sin embargo, es algo que en general no se ha comentado. Es como si la película fuera una sucesión de escenas de tortas  que no cuentan nada. Y no me parece que sea mucho menos así. Es un cine tan político como el de Ken Loach.

A ver si consigo explicarme con otro ejemplo: la semana pasada vi la segunda película de Star Trek de J.J. Abrams. Partiendo de una base argumental muy similar a la de Man of Steel (el antagonista en un super ser malvado que amenaza con destruir la Tierra), las conclusiones a las que podría llegar su espectador después de verla son exactamente las contrarias a las que pueden extraerse de la película de Zack Snyder. Sería posible usar las dos películas para explicar qué piensan un votante del Partido Demócrata y otro del Partido Republicano estadounidenses sobre temas como la política exterior de su país, la pena de muerte, etc.   

Pero de la misma manera que creo que no podemos obviar la lectura ideológica de las películas al analizarlas con un mínimo de seriedad (o comportarse como si esta no existiera, como hacen el 90% de los críticos españoles cuando hablan de cine de género), tampoco podemos obviar que al escribir nos retratamos, que al elegir una opción de entre las cientos que ofrece el desarrollo de una historia, mostramos no solo nuestro criterio como narradores, sino cómo somos, cómo vemos el mundo. Creo que es algo inevitable.

Porque, como le leí una vez a Arturo Pérez Reverte (y cito de memoria, así que puede que la cita no sea exacta) como narradores somos el resultado de las historias que hemos leído y de la vida que hemos vivido.

Y esas historias no solo nos han ayudado a ser quien somos desde el punto de vista creativo.

¿Qué son las religiones sino historias que utilizamos como “manual de uso” de nuestras vidas?

¿Por qué un niño que jamás haya tenido problemas con un extranjero puede llegar a ser un adolescente racista? Pues porque ha creído las historias racistas que le han contado. En ese aspecto su forma de ver las cosas no es fruto de su experiencia.

Y el cine es un arma propagandística de gran fuerza. La catarsis emocional del clímax, que podemos vivir con la misma intensidad del protagonista, como si fuéramos él (dicen que por las neuronas “espejo”), nos puede hacer también compartir sus motivos, sus razones. Cuando Superman mata a Zod, si estamos en la película, si no hemos perdido la emoción por el camino -como me pasó a mí-, sentimos, creemos, que está haciendo lo correcto, que está haciendo lo que debía de hacer. Quizá queda sembrada la semilla que nos permitirá justificar un hecho similar en el mundo real.

¿O no?

La verdad es que no lo tengo nada claro. Solo tengo intuiciones, no certezas.

Otra película que he visto recientemente es Hannah Arendt, la biografía de una filósofa judía alemana que en 1961 escribió una serie de artículos para la revista The New Yorker sobre el juicio en Israel del nazi Adolf Eichmann. Los artículos, más tarde recopilados en libro, sostenían que Eichmann no era un Saurón o un Darth Vader, o sea, un maligno y despiadado criminal, sino un funcionario mediocre que se había limitado a hacer bien su trabajo. Además, Arendt hablaba también de la complicidad de los líderes de los consejos judíos con los nazis. Algo que según ella había provocado la muerte de un mayor número de judíos de los que hubieran fallecido de no darse esa complicidad.

Al publicarse los artículos, fueron muchos los intelectuales judíos (entre ellos varios amigos suyos) que empezaron a atacarla, acusándola de estar traicionando a su pueblo.

¿Cuál había sido el pecado de Arendt?: Cuestionar la historia que los judíos se estaban contando unos a otros para sobrellevar el horror del holocausto. Era más fácil pensar que se habían enfrentado a un poder imposible de combatir, al mal en estado puro, que a unos mediocres a los que cabía la posibilidad de haber plantado cara. Resultaba más seductor pensar que habían sido víctimas de un genocidio y no de un “asesinato en masa administrativo”. Además, ese relato de lo ocurrido convertía a las víctimas en héroes. Y por supuesto, los héroes no colaboran con sus asesinos.

El delito de Arendt había sido cuestionar una historia.

Porque al final va a ser que sí, que las historias importan.

14 respuestas a LAS HISTORIAS IMPORTAN

  1. José Manuel dice:

    Cualquier historia, por inocente que parezca, refleja unos valores, una ideología si se quiere. La cantidad de precauciones que incluyes en tu discurso, David, es prueba de lo pantanoso que es este terreno y te entiendo perfectamente. Sobre todo, desde el momento en que lo firmas con nombre y apellido.
    Las grandes historias suelen ser aquellas que logran que el espectador se cuestione sus propios valores, o que admita otros, o que acepte que aquellos que le parecían sagrados puedan ser superados en determinadas condiciones…
    Un momento, ¡que no me refiero a que el gobierno militar o la pena de muerte estén justificados cuando no exista otra salida, eh! Ya estoy disculpándome. Lo dicho, es terreno muy pantanoso…

  2. Monguer dice:

    Magnífico artículo, enhorabuena.

    En su día se me quedó grabada una frase de Diego Galán, exdirector del Festival de Cine de San Sebastián, que venía a decir que todo cine es político, porque consciente o inconscientemente refleja las ideas que están en boga en su tiempo.

    Y es verdad todo lo que dices de “El Hombre de Acero”. (SPOILERS) Las muertes de Jonathan Kent y Zod están forzadas a más no poder. En el segundo caso buscan cargárselo para transmitir que es preciso exterminar al enemigo -el mal- para proteger a los tuyos (de hecho la reacción de Superman no tiene ningún sentido: hasta ese momento apenas se ha preocupado de la gente de Smallville y Metropolis y de repente le entra una congoja tremenda cuando ve peligrar a cuatro tíos). Por no hablar de que podría haber tapado los ojos de Zod o cualquier otra cosa antes que recurrir a la opción letal.

    Sí, hay un mensaje fascistoide que impregna toda la película.

  3. Kohonera dice:

    Estoy completamente de acuerdo con tu tesis, David. Las historias, los cuentos, han sido y son fundamentales en la evolución humana. Desde el principio de nuestra especie nos hemos contado historias para dotar de sentido a aquello que parecía no tenerlo, para rellenar el horror vacui que siente cualquier ser humano.

    Cuando se habla de la cultura como un “capricho” se demuestra hasta que punto cunde la ignorancia por lo que de verdad importa. Cuando un ser humano ha saciado la sed y el hambre, se tumba y comienza a observar a sus congéneres, a estudiar su comportamiento, a aprender de sus reacciones y sus emociones. Y no solamente para vivir experiencias de forma vicaria sino por mera supervivencia. Nuestra vida depende de nuestra habilidad para entender a los demás.

    Por eso la historia importa. Importa mucho.

  4. Juan dice:

    Un artículo excelente, muy recomendable.

    Permíteme añadir una reflexión. Existe una gran tendencia a llevar al cine o a la TV practicamente cualquier acontecimiento que genere debate y conflicto. Y no únicamente guerras, también por ejemplo el fraking (“Tierra prometida”), los intereses de las farmacéuticas (“el jardinero fiel”), y un larguísimo etcétera.

    De manera deliberada o no (y personalmente apuesto por lo primero) estas películas terminan suponiendo un bálsamo social, generan la sensación de que el conflicto está resuelto. Precisamente por la identificación del espectador, queda en el subconsciente la sensación de que ese problema se solucionó, siempre hay un/a héroe que consigue doblegar a corporaciones y gobiernos… aunque únicamente en la ficción.

    Podría parecer que al hacer una película sobre un asunto polémico el debate arreciara, pero sospecho que el resultado final es que el conflicto se desactiva o cuando menos se debilita: la semilla que el cine plantó, germina.

    En este sentido, el narrador también debería plantearse qué final corresponde a la narración, si un magnífico “happy ending” hollywoodiense (de esos que tanto gustan a Syd Field) o un final más acorde con la realidad. En ésta, “los malos” tienen un poder inmenso, su poder está muy bien articulado y su maquinaria muy bien engrasada; los “buenos” suelen sufrir una derrota tras otra con la esperanza de que tal vez algún día consigan cambiar algo y se gane la guerra.

    Un abrazo.

    • David Muñoz dice:

      Me parece my interesante esto que dices del cine como “bálsamo social”. Porque sí que creo que es algo que pasa. Lo que no sé es si es malo. Muchas veces el cine nos permite, a nivel psicológico/emocional, creer que podemos cambiar, ser mejores (ese es el arco dramático más habitual en el cine comercial), y socialmente, pensar que podemos enfrentarnos a “los malos” y ganar. Quizá todo eso haga que la vida sea más soportable. Quizá un poco de “anestesia” de vez en cuando no venga mal. Yo por lo menos de vez en cuando necesito ver una película que me haga sentir bien (aunque para que eso suceda, tengo que creérmela, si distorsiona demasiado la realidad, me salgo de la película y no disfruto).

  5. J.E dice:

    Muy de acuerdo con el post, es un tema sobre el que había pensado muchas veces.
    Y, de hecho, es por eso que me gustan especialmente cuando las obras son capaces de incorporar dos o tres lecturas complementarias o contradictorias entre si. Creo que conseguirlo revela autentica maestría, o una feliz conjunción de acontecimientos.

    Por ejemplo: En “El sargento de hierro”. ¿Se están cachondeando o están exaltando los valores militaristas? ¿O a base de intentar exaltarlo involuntariamente terminan cachondeándose?

  6. De acuerdo en todo excepto en el carácter propagandístico de “Zero Dark Thirty”. Esa película tiene unos cuantos detalles que cuestionan seriamente su condición de propaganda: el hecho de presentar primero al torturado, sin saber si es culpable o no, por ejemplo, o el que al final quede esa sensación de angustia exactamente igual que al principio, a pesar de haber “aniquilado el mal”, dando a entender que matar al tipo no es la solución, aunque seas quien más lo deseaba en el mundo.

    • David Muñoz dice:

      Respecto al final, es cierto que bien puede interpretarse como tú dices, pero a mí la verdad es que me pareció coherente con la estructura de “viaje del héroe” de la película. Como Frodo al final de El Señor de los Anillos, el héroe paga un precio por hacer lo que ha hecho (ha perdido la inocencia por el camino, no puede volver a ser quien era, etc.), pero eso no quiere decir que su “misión” se cuestione, que no haya sido lo correcto matar a Bin Laden o deshacerse del anillo. También añade un matiz casi de western, con el héroe solo, abandonado por la comunidad a la que ha servido. Pero no por ello deja tampoco de ser menos héroe. Al contrario. Lo es aún más. Es mitología bélica. El soldado que vuelve a casa y es despreciado. Además apuntala la idea más tremebunda de Zero Dark Thirty: la de los agentes de la CIA como héroes solitarios, casi, casi, al margen del sistema o enfrentados a él, rodeados de políticos ineptos que no saben ver lo que ellos tienen claro desde hace tiempo. Son ideas pretotalitarias. Los representantes políticos elegidos democráticamente son idiotas, y de los únicos de los que te puedes fiar son los militares, los agentes de la CIA, etc. Porque, como sabrás, el operativo que acabó con Bin Laden y el que cuenta la película fueron muy distintos. El real implicó a decenas de agentes, no fue cosa de un “pistolero solitario”. Al adaptar la historia para contarla en clave épica, manipulas. Y sabes que manipulas. Es propaganda, solo que en la propaganda moderna se añaden matices (como el grito desesperado de Superman al final de Man of Steel). Lo que “hay que hacer” no se hace con alegría, pero se hace. Y al añadir esos matices, se vende mejor al espectador menos cómplice. La verdad es que casi prefiero finales como el de Conan el bárbaro. Conan (el guerrero puro) le corta la cabeza a Thulsa Doom (el político intrigante) y se queda tan pancho. Nada de lloriqueos ni de autocompasión. Las cosas claras.

  7. yabadabadooh dice:

    Interesantísimo post David. Es algo que siempre he defendido a capa y espada: a la hora de representar la realidad, sea ficción o no (en formatos de televisión, ligeros o no, también se reconstruye la realidad y se le otorga un nuevo significado moral; en cierto modo se ficciona), nada es arbitrario, nada es porque sí. El creador es precisamente eso, alguien que de la nada genera un algo cargado de ideas y connotaciones, que crea un personaje que dice y hace cosas concretas, deudor de un código moral (a resultas de una experiencia propia que existe en off, antes de que se inicie la historia seleccionada, la que se impregna en el celuloide) impuesto por el narrador y que toma forma al contraponerlo con el mundo que éste también crea. En ese sentido, las historias tienen una relación indisoluble con el mundo de la moral y los valores. Las decisiones de los personajes son producto de un debate interno que no se reproduce en las pantallas sino en el propio personaje, del mismo modo que lo hacemos las personas. La verdad es que suena a perogrullo, ahora que lo pienso. Contar historias no es otra cosa que transponer la experiencia humana en soportes, y del mismo modo que los humanos construimos nuestra idea del bien y el mal y actuamos en base a ella, los personajes también. Un ejemplo definitivo: Disney y su obstinación por suavizar y azucarar nuestra visión del mundo: ese positivismo insaciable y vomitivo.

  8. Justamente estaba pensando sobe eso hace poco pero enfocado a la ficcion infantil ya que hace unos diez o quince años para atras las caricaturas se les dejaban ver a los niños casi sin importar su contenido ya que al ser animacion las consideraban automaticamente infantiles y ahora al ver las caricaturas que ven mis sobrinos me muero de aburrimiento por lo sosas que son la mayoria, los audltos se aseguran de que las caricaturas de cada edad transmitan un mensaje aceptable

  9. MDavidHC dice:

    Gran artículo, David. Te felicito.

    Usted habló, en cierta manera, sobre cómo afectaba la experiencia de la persona creadora a su obra, y me gustaría contar una idea muy curiosa que seguramente todos conocéis.

    Es cierto que el entorno nos influye: la crisis, las deudas, el futuro negro sin solución a la vista… Y es más que curioso que yo, cuando mi profesor de guion terminó de leer mi historia me dijo que la mayoría de los alumnos de clase habían escrito historias trágicas como la mía. Y yo me cuestioné el motivo de tal cosa que no puede ser fruto de la mera casualidad. No tardé mucho en encontrar al supuesto culpable: la crisis. La maldita crisis influyó a toda una clase en sus guiones. Ven el futuro negro, por lo tanto lo que cuentan es igual de negro. Comparten, a veces sin querer (como en mi caso), esa visión compartida de lo trágico de la situación. Y la verdad es que me parece interesante.

    Pero más interesante me parece que la gente escribiera historias trágicas y no esperanzadoras. Seguramente el motivo es que no tengan esperanzas de mejora. Que al escribir una historia esperanzadora no se la crean o no les guste. Pero… ¿es bueno escribir historias trágicas en este momento? Yo creo que de poco nos ayuda… lo que nos hace falta es sobretodo positividad (y mover un poco el culo para echar a estos corruptos que nos gobiernan).

    Como dice un sociólogo (cuyo nombre quisiera acordarme) en una de sus teorías: “La idea de crisis está implantada en toda las personas: vienen y van como un círculo vicioso, como algo inevitable. Pero lo que no está implantada es la idea de que la crisis no debe ser inevitable, sino que puede ser evitable. Hemos perdido esa idea de sociedad perfecta en la que no existe la crisis, y eso no es bueno”. (Más o menos lo que decía).

    Un saludo.

  10. Rafa C G dice:

    Mi visionado de la película no solo fue decepcionante sino altamente decepcionante… tanto que la calificaría de ridícula. Siendo benévolo podría pensar que nada tiene que ver el guión original con la película que finalmente hemos visto. Siendo muy benévolo puedo llegar a pensar que si en condiciones tan favorables en cuanto a la producción de una película como esta no se consigue ni por un momento suspender mi sentido de la realidad, y mira que tratándose de superhéroes y alta producción esto es sencillo… siendo muy benévolo decía, puedo llegar a pensar que la peli realizada nada tiene que ver con el guión original. El ridículo de los diálogos: pacatos, temerosos de dios, desconfiando profundamente en la inteligencia de la población y del espectador me hace intuir una versión original de un guión que atacaba directamente las convenciones más conservadoras de la sociedad estadounidense siendo víctima de esta deformación todo un superhéroe que vive la vida cual “modelazo” homosexual incapaz de salir del armario para disfrutar y hacer disfrutar de sus superdones a tumba abierta… así es como se pasea de antro en antro negociando con su “naturaleza oculta”. Puedo llegar a pensar que en el guión original había una crítica feroz a ese periodismo vendido al “buen pensar” a esa industria militar que persevera en proteger a toda costa nuestra ignorancia e impotencia, una crítica a esa familia que prefiere sacrificar su vida antes de que su hijo haga pública su condición, una crítica a la propia mitología del héroe en cuestión en un intento frustrado por hacer renacer al mito de sus cenizas, relanzar al superhéroe y reinstalar de nuevo el orden dejando toda conciencia tranquila pues una vez más habría triunfado la libertad, la democracia y el orden…. Creo que el despropósito de la película es tan grande que sólo me explico el fiasco de esta manera… al leer un guión tan subversivo decidieron respetarlo a base de maquillaje y grandilocuencia anulando al personaje principal víctima de tanta hipocresía: el hombre de hierro. Con tan sólo suprimir el lado crítico del primer tercio de la película el resto ya era palomita comida… el espectador bienpensante quedaría satisfecho, el resto se debatiría entre agradecer un nuevo megashow o decidir que los creadores son humanos y también son capaces de hacer películas malas… algo que siempre reconforta ¿no? Así el público potencial no se vería mermado por la lectura crítica y el público crítico hablaría mucho sobre sus dudas acerca de esta película lo que se traduce en que más personas irían a la sala de cine para ver con sus propios ojos una mediocridad que despierta tanto interés… y así de nuevo, la máquina de hacer billetes seguiría ganando y no se podría hablar de “batacazo” en taquilla que es lo que en realidad importa a los inversores… hablar de la importancia de las historias a partir de esta peli no me parece del todo adecuado, aún así el tema planteado me parece urgente y necesario ya que todos contamos historias: panaderos, presidentes de gobierno, wall street, inditex, Gandhi, nuestros vecinos… pero no todos estamos dispuestos a contar las historias que nos atraviesan y correr así el riesgo de descubrir que no somos originales, entre otros riesgos… así, nosotros seguimos por nuestro caminito en la vida mientras ellas, nuestras historias, corretean con absoluta libertad… historias libres, fieles y educadas…. historias que sin nuestra carne nos protegen de cualquier asador… alimentando esa embriagadora luz que no quema. Y una última reflexión, he notado últimamente una dificultad muy alta a la hora de perfilar a los enemigos en las producciones del alto Hollywood de fantasía… y sin darle demasiadas vueltas doy con una respuesta que hace tiempo dejó de estar “ahí fuera”.

    Un saludo

  11. teporochoreader dice:

    Comparto tu punto de vista desde la primera hasta la última palabra. A mi me exasperan las personas que ven cine “para apagar el cerebro” siendo esta una política de entretenerse no para cultivarse, sino para evadirse. Como los libros, hasta de una película mala algo se aprende. No he visto Man of Steel porque me huelo lo que explicas: mas reacción gringa al 9/11 y su busqueda por perpetuar su ocupación en oriente. Nolan lo hizo con Batman, a mi gusto en forma fenomenal y el trauma 9/11 ya aburre. Recomiendo el comic All Star Superman de Morrison y Quitely: abordan el super de superman no como supremacia fisica, sino como lo mejor que mental y espiritualmente debieramos aspirar ser. Por otro lado, la ninguneada World War Z con Pitt resulta politicamente interesante: metáfora sobre los riesgos de la sobrepoblación, un problema mas global que el trauma gringo de “hay quien nos odia y tenemos que estar listo para ello y bla”.
    Parte del reaccionismo contra Arendt es que por ella se rescato la filosofía de Martin Heidegger, quién fuera su mentor y amante, también adscrito al partido nazi y repudiado por el postestructuralismo frances aunque por mucho la filosofía de Heiddeger es la mas avanzada del siglo XX. comparto algunos links propios: http://bromurodeplata.wordpress.com/2013/07/01/world-war-z-de-marc-foster/
    http://bromurodeplata.wordpress.com/

  12. juanfralopez dice:

    Lo mejor que he leído en este blog, teniendo en cuenta lo fácil que era superar el resto de lo que se publica.

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