LOS ÁCAROS Y EL SUBTEXTO

por Estíbaliz Burgaleta

 

Hola, buenas, ¿qué tal? Yo vengo aquí de estrella invitada (lo de estrella lo digo yo). Vengo de guest starring, de actor episódico con frase, pero sin continuidad. Y vengo en plan pedagógico. El tema: el subtexto, o “así me lo aprendí yo.”

El subtexto es como los phrasal verbs en las clases de inglés, sólo apto para avanzados. Del subtexto sólo se puede hablar cuando ya se tiene una base. Así que, aquellos de vosotros que no sepáis cómo presentar un guión con un formato como Dios manda o aquellos que no sepáis qué es un tratamiento, leed unas cuantas entradas de las muchas que sobre esos temas se han escrito en Bloguionistas  y luego volvéis.

¿Ya?

Pues continúo.

Ahora que sabéis la base, que os habéis leído “Cómo convertir un buen guión en un guión excelente” y las obras completas de Syd Field, ya podéis pasar a la pantalla extra. Ya podéis conseguir que vuestro guión sea sutil y no trate al espectador como si fuera un niño de teta. Con todos mis respetos para los niños de teta.

 

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Porque no hay cosa que dé más rabia que una película que trata a su espectador como si fuera tonto. Ejemplo:

 

SUSANA

 

Oye, Julián, ¿hablaste con mi hermana sobre que querías dejarla?

 

JULIÁN

 

No, Susana, todavía no he hablado con tu hermana. No me he atrevido.

 

SUSANA

 

Pero, Julián… Cómo puede ser…

 

JULIÁN

 

No puedo, Susana, no puedo dejarla. Me necesita.

 

Julián rompe a llorar.

 

SUSANA

 

¿Quieres que hablemos de ello, Julián?

 

Obviamente, Julián hablará de ello con Susana. Lo suficiente como para llenar cinco minutos de escena de diálogo entre dos personajes que no hacen nada más que hablar de sus sentimientos. Un tipo de escenas que encantan a producción porque son baratísimas. Pero que son más falsas que una top model cuando dice que a ella le encantan las hamburguesas y el chocolate.

Porque en la vida real nos sabemos los nombres de nuestros interlocutores y no necesitamos repetirlos como si fuera un mantra. Porque en la vida real nadie dice “¿quieres que hablemos de ello?”. Y, sobre todo, porque en la vida real nos guardamos mucho de hablar, como si tal cosa, de los temas más delicados.

Y ahí es precisamente donde entra el subtexto. Está en los silencios, en las mentiras, en las verdades a medias, en las dobles intenciones y en las indirectas. Como los ácaros, está en todas partes. Pero es invisible. Es, precisamente, todo aquello que no se dice, pero que está ahí. Es lo implícito.

Y como estoy en plan pedagógico, os pongo un ejemplo. “Carta de una desconocida” dirigida por Max Ophuls, escrita por Howard Koch y basada en el libro de Stephan Zweig. Está protagonizada por Joan Fontaine que, como en 3 de cada 4 de sus películas, interpreta a una frágil muchachita.

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Viena, finales del siglo XIX, Fontaine está enamorada, desde niña, de su vecino pianista. Pero él, Stefan, no le presta ninguna atención. Vuelven a verse años después, ella convertida en una mujer de buen ver y él en un concertista de éxito. Stefan coquetea con ella, la invita a salir por ahí con la sana intención de llevársela al huerto, porque los pianistas del siglo XIX eran los rockeros del siglo XX: unos ligones. Ella lo sabe, pero sigue enamorada y le dice a todo que sí. Stefan se va, ella se queda embarazada y consigue pescar a un marido rico (aunque ni guapo, ni joven, ni pianista). Pasan más años y coinciden en la ópera. Stefan cree reconocerla, aunque no sabe de qué, coquetea con ella y la invita a su casa. Ella acepta, con la intención de contarle que tiene un hijo suyo. Él se confiesa como un músico fracasado, sin la energía para volver a enfrentarse al público. Ella por un momento piensa que por fin ha logrado conocer al auténtico Stefan. Y se besan. Stefan se viene arriba, ve que tiene la noche solucionada y vuelve a mostrar todo su repertorio de conversación banal y copas de champagne. Mientras prepara las bebidas ella se queda sola en el saloncito. Desde el otro cuarto, él le pregunta:

– ¿No se siente sola por ahí?

– Muy sola, responde ella.

Obviamente Joan Fontaine no le cuenta nada en ese momento. Si queréis saber cómo se entera Stefan del pastel, os veis la película.

En el fondo, “Carta de una desconocida” cuenta la misma historia que “Cristal” o “La dama de rosa”.

 

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Es un melodrama de joven inocente que se enamora de quien no debe. Pero lo que la diferencia de los culebrones venezolanos es su sutileza. Joan Fontaine quiere tanto a Stefan que no lo puede proclamar alegremente, así como así. Las cosas importantes siempre están implícitas. Se sugieren, se adivinan, nunca se proclaman a los cuatro vientos.

El subtexto, como los ácaros, está en todas partes. Si un guionista os dice que “está entre proyectos”, lo que quiere decir, implícitamente, es que está en el paro.

Por supuesto, hay guiones sin subtexto y sin dobles intenciones. Ahí está “The Fast and Furious”. Pero dentro de 40 años nadie recordará “A todo gas” y sí se seguirá recordando “Carta de una desconocida”.

El  blog de Estíbaliz es este: “Bichos Raros.”

11 Responses to LOS ÁCAROS Y EL SUBTEXTO

  1. ¿”Carta de una” qué??? Han pasado 13 años de la primera de “A todo gas” y sigue estando más viva que nunca. RESPECT!

  2. angelarmero dice:

    Chico, ¿has visto la película? Es una maravilla. Lávate el teclado antes de ponerla mal. OBRAMAESTRA

  3. angelarmero dice:

    Come, Reza, echa gasofa.

  4. amyleiton dice:

    Fantástico artículo. Mi sueño es dominar el subtexto. Supongo que algún día lo conseguiré. Mientras tanto sigo aprendiendo.

  5. lupitaescarnio dice:

    Hombre, alguien que conoce y cita una peli de Ophuls para variar, en lugar de los sospechosos habituales del cine contemporáneo..

  6. Al comienzo de esa película hay un encuadre un tanto rebuscado desde la escalera viendo como llega Stefan con una de sus tantas conquistas a su casa. Más de una hora más tarde cuando llega Stefan junto a Joan Collins después de una noche romántica a su casa y podíamos llegar a sentir que todo acabaría bien Ophuls repite exactamente el mismo encuadre. Sin decirnos nada se nos dice todo. Ophuls equipara a Joan con solo una chica más de las tantas que habían pasado en la vida de Stefan. Para mi eso es cine y por este tipo de detalles “Carta de una desconocida” es una obra maestra y Ophuls está entre los mejores directores de la historia.

    Gracias por hacerme recordar la película y gran entrada.

    Saludos.

    • Le juro que me ha destrozao usté con la mención a Joan Collins.

      Y, como tengo pendiente la peli, me he tirado dos días pensando que era alguna aparición de la actriz de “Dinastía” en un clásico hasta que he deducido que era un lapsus por su parte…

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