FIRMA INVITADA: PENE SOMOS TODOS

29 enero, 2014

Por María José Rustarazo.

Vamos… confiesa. Si todos los que leemos este blog nos hemos imaginado alguna vez aquí:

Vale, quizás no recogiendo el Oscar a Mejor Actriz pero… bueno, sí… yo unas cuantas veces, no os voy a engañar; pero el de Mejor Guión muchas veces más.

¿Qué quién soy yo? Mi nombre es María José Rustarazo y soy guionista desde hace 5 años. Los mismos que llevo trabajando en Bambú Producciones, la empresa que me brinda la oportunidad de poder soltaros hoy este charlón. Así que… SÍ, soy lo que estás pensando: una guionista “de la casa” (y a mucha honra); una guionista de máster de las que tienen “la suerte de quedarse” (bienvenida sea). O lo que viene a ser lo mismo: una especie en extinción (a estas alturas de la crisis, claro). Pero como me niego a ser un bicho raro, he decidido exponer mi vida (y mis vergüenzas) en modo ramera de la atención con un objetivo claro, trasmitir el mensaje de optimismo: Compañeros de masters, cursos varios o autodidactas avispados… por oscuro que lo veas ahora mismo, hay luz al final del túnel. Y mis inicios son el mejor ejemplo.

Para la humilde (muy humilde) andaluza criada en La Carolina, estudiar Comunicación Audiovisual era una locura. Pero lo hice. Cinco años más tarde terminé la carrera sabiendo un poco de todo, pero sin entender mucho de nada. Solía escribir y hacer los guiones de… de todo, vamos. Cortos, documentales, programas… todo lo que cayera en mis manos durante la carrera. Y supongo que ésa sería la fuerza que hizo que un día, casi por casualidad y en plena crisis postcarrera, llegara a la web del Máster de Guión de Salamanca.

El Máster es, sin duda, el mejor de España en relación calidad/precio, pero no nos engañemos. Ni ese ni todos los demás son la panacea. Os seré sincera. Aunque llegamos a trabajar cerca de unos 10 compañeros en distintas series, a día de hoy solo hemos sobrevivido 2 guionistas. 2 de 22, calculad el porcentaje (pu** crisis de los coj****). Aún así, pasar por el máster cambió mi vida. En concreto lo hizo una ponencia. La de Ramón Campos. Ahora todos sabréis quién es pero entonces era prácticamente un desconocido. Le acompañaba David Martínez (el jefe de ficción de TVE de aquella) y hablaron de un proyecto que se estaba preparando en Bambú. Una serie de ladrones para la 1, “Guante Blanco”. A riesgo de sonar “cheesy”, salí de aquella charla diciéndome a mí misma: “Tengo que trabajar ahí” (no es coña). Ramón hablaba con una vehemencia que no dejaba a nadie indiferente y cuando prometió una prueba, lo tuve claro. Pero ¿por qué preferir estar en una empresa pequeña que “a saber qué es de ella” a querer entrar en una de las grandes (Globomedia style)?

Y ahí va mi primer consejo: cuando empiezas en esto, la empresa más grande puede que no sea la mejor puerta a la que llamar. Me explico. En 2008, Bambú Producciones era una empresa recién llegada a Madrid, con sueños y ganas de comerse el mundo, pero que contaba con una estructura pequeña y familiar. En ese sentido, estaban dispuestos a confiar y enseñar a sus recién llegados. Todo lo contrario de lo que puedes encontrar en una empresa grande, con 3 o más series en parrilla, que ni tiene tiempo ni ganas de hacer de sus becarios, guionistas. Les basta con exprimir sus ideas hasta que llegue el siguiente.

Claro que esto no fue algo que racionalicé en el momento. Es una conclusión que saqué mucho después. Primero tuve que hacerlas pruebas de guión en Aida, La familia Mata y Los hombres de Paco, ver que mis compañeros que fueron escogidos y que no estuvieron más de tres meses en plantilla, mientras que yo seguía currando en la pequeña Bambú después de haber hecho la prueba.

Lo que me lleva directamente a mi segundo consejo: haz todas las pruebas que te lleguen o consigas, al precio que sea. La prueba de Bambú fue muy dura y nos pilló a todos a contratiempo (pleno agosto). Tiempo después descubrí que solo la habían hecho 9 compañeros. ¡9! Yo me había pasado una semana de mi beca en Londres encerrada en una habitación minúscula escribiendo una prueba de ¡30 páginas! mientras mis colegas disfrutaban deambulando por el Soho, ¡¿y solo la habían escrito 9?!. Compañeros, circunstancias las hay, todas las del mundo. Pero imagina que cada prueba que llega es la última. Como lo fue la de Guante en el caso de mi promoción, creo recordar… por desgracia.

Finalmente fuimos seleccionados dos de los nueve (¡9! Ya sí, yo tampoco puedo creerlo) y empezamos un periodo de prueba de 1 mes. De esta etapa, recuerdo que estas fueron mis sensaciones: nervios, nervios, nervios… corte… uy, que corte… ah, y qué nervios otra vez. Cuando pasó todo y decidieron quedarse conmigo, tuve que pararme: ¿qué les habrá hecho quedarse conmigo? En lo que a mí respecta, esto es lo que saqué en claro:

  • No intentar demostrar todo lo que sabes YA. La ansiedad puede llevarte a querer imponer tus ideas y convertirte en… en un pesado. La gente con la que trabajas sabe más que tú (por norma) y debes relajarte pensando que los momentos de demostrar la valía irán llegando. Poco a poco, tu sabiduría irá saliendo sola, libre de tensión. Cuando quieras darte cuenta, tus compañeros ya estarán convencidos de tu talento. A veces mucho antes que tú.
  • Sé útil. A veces los guionistas a tu alrededor tienen tanto curro que no tienen tiempo para atenderte. No te sientas mal por eso y haz que ese tiempo sirva de algo. Haz esquemas, resúmenes, dosieres de información… Puede que no estés disparando ideas, pero no estarás parado. Valorarán tu trabajo y tu entrega a la causa.
  • Buenrollismo como mantra. Si algo he aprendido es que este trabajo es, a partes desiguales, talento, trabajo y… psicología. La capacidad de entenderse con el otro y la facilidad de crear un buen ambiente de trabajo es casi tan importante como tener las mejores ideas.
  • Aprende a reciclarte. No existen las ideas perfectas. De algunas solo vale un poco, de otras nada. Muchas se complementan, se destruyen, se retroalimentan. Una serie son muchas voces y cuanto antes aprendas a dialogar en ese sentido, mejor que mejor. Pero que renunciar a tus ideas o modificarlas no te hunda. Haz tuya la nueva y no dejes de ilusionarte con un material que os pertenece a todos. No lo olvides.

Y con esas premisas seguí currando en Bambú. Pasé de ayudante de guión en Gran Reserva a guionista tras haber desarrollado Hispania con Ramón Campos. Desde entonces he escrito un chorro de sinopsis y decenas de proyectos. He escrito largos y participado en series como Imperium, Gran Hotel o Galerías Velvet. De todo. Tanto que ya sí que puedo decir que de los sueños se vive. SOY GUIONISTA. Y mi familia, orgullosa, ya no se acuerdan de “la niña” que se pasaba horas pegada a la tele viendo series (sí, estaban convencidos que tenía un problema de adicción), se alquilaba todas las películas del único videoclub del pueblo y se sabía el nombre de todos los actores del mundo. Porque compañeros, guionistas en ciernes, los que soñáis con dedicaros la vida dándole a la tecla y creéis que es imposible: está jodido y a veces mueres en el intento. Pero mejor morir luchando. Piensa que si yo estoy aquí, tú también puedes. Que yo no tengo nada de especial. Lo único que hay que hacer es BUSCARSE LA SUERTE (ya sé que ahora es más difícil que nunca pero ¡resiste!), TRABAJO duro, AMAR MUCHO ESTE MUNDILLO y… vale, un poco de TALENTO no está de más.

Y ahora cada vez que recreo el momento Penélope (en mi ducha), miro a la pantalla (la mampara), cojo el Oscar (champú) y pienso: “Si “a little girl from Alcobendas” pudo, ¿por qué yo no?” Al fin y al cabo Pene es… lo que somos todos, ¿no?


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