GALA DE APERTURA: PÁNICO EN LA ALFOMBRA ROJA

22 marzo, 2014

Texto y fotos por: Alberto Pérez Castaños y Vicente Bendicho Cascant

Tras el pase de prensa de No llores, vuela, el siguiente punto en nuestra agenda de enviados especiales en el primer día de trabajo en el Festival de Málaga era la alfombra roja del Teatro Cervantes. A partir de las siete de la tarde empezarían a desfilar algunos de los rostros más populares del cine español antes de que diese comienzo la gran Gala de Inauguración del Festival. Nuestro objetivo, a priori, era sencillo: hacerles fotos.

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Los medios acreditados estábamos citados a las 18:30 para ir colocándonos en nuestros respectivos sitios. Sin embargo, la etiqueta “medio acreditado” no es tan exclusiva como puede parecer desde vuestras casas y la cola de fotógrafos, cámaras y redactores cuando llegamos no tenía nada que envidiar a la de quinceañeras que creyeron más adecuado apostarse al sol durante horas para ver de cerca a sus actores favoritos que ir al instituto por la tarde. Éramos bastantes, la verdad. Poco a poco, la cola fue avanzando y los alrededores de la alfombra roja, llenándose de periodistas. Cristina Teva, de Canal +, grababa sus primeras intervenciones frente a la cámara mientras, sin duda alguna, nos esperaba para ponernos a su lado. Ya faltaba menos. Solo teníamos un par de personas delante. Cristina empezaba a hacernos hueco… Pero no. Cuando nos tocaba a nosotros, ¡BAM!: “Lo sentimos, no cabe nadie más”. Nuestro gozo, en un pozo. Y también el de Cristina Teva, que a duras penas logró ocultar su decepción fingiendo una absoluta indiferencia.

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Cristina Teva

Primer día, primer fracaso. Empezamos bien. Ya verás tú qué risas mañana cuando publiquemos fotos nuestras en pijama poniendo morritos en lugar de actrices y actores en traje poniendo morritos, pensamos. Se mascaba la tragedia. A pocos minutos de que llegasen los primeros coches, todo parecía indicar que aquella tarde detrás de la alfombra roja habría los mismos guionistas que sobre ella: cero.

Sin embargo, no nos rendimos tan fácilmente. Somos guionistas noveles, si no tuviésemos fuerza de voluntad estaríamos en nuestras casa con nuestras madres en lugar de en el Festival de Málaga deseando volver a casa con nuestras madres. Así que, hicimos oídos sordos a las amables sugerencias de las organizadoras diciendo que nos fuésemos a casa, que 647 periodistas ya eran suficientes, y nos quedamos donde estábamos junto a otros excluidos; incluso llegamos a hacer buenas migas con unos simpáticos jóvenes de una Escuela de Cine.

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Primeros gritos púberes. Los actores, actrices y Manu Carrasco empiezan a llegar. Los flashes centellean. Esto ha empezado. “Pero si seguís sin poder hacer fotos, ¿para qué os quedasteis?”, pensaréis. Y puede que tengáis razón, pero las alfombras rojas no atienden a razones y las leyes de la lógica pierden todo su valor. Y, lo más importante de todo: teníamos una intuición. Y una chica de la Escuela de Cine era bastante guapa.

Finalmente, acertamos. La chica guapa nos hizo más o menos el mismo caso que Cristina Teva, pero nuestra intuición nos llevó a buen puerto y terminamos pudiendo sacar fotos más que decentes vistas las condiciones en las que nos encontrábamos. Todo gracias a Vicente, que rindió a la altura del fotógrafo de conflictos bélicos más atormentado de todo Vietnam y se comportó como un auténtico héroe, incluso llegando a hacer algunas sin mirar. Hemos bautizado esto como la “Vicentinha”. Como podéis comprobar, no se le resistió prácticamente nadie:

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Julián Villagrán

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Álex Angulo

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Manuel Carrasco

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Verónica Echegui

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Cristina Castaño

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Neus Asensi

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Pablo Berger

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Silvia Abascal

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Ernesto Alterio

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Paco León

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Juan Diego Botto

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Leonor Watling


APERTURA MÍSTICA: NO LLORES, VUELA

22 marzo, 2014

Texto y fotos por: Alberto Pérez Castaños y Vicente Bendicho Cascant

La Sección Oficial de la decimoséptima edición del Festival de Málaga arrancó ayer de la mano de Claudia Llosa, que presentó No llores, vuela, protagonizada por Jennifer Connelly y Cillian Murphy, y que supone su regreso al largometraje tras el éxito en el año 2009 de La teta asustada.

Jennifer Connelly encarna a Nana, una madre sufridora que ve cómo las circunstancias –duras e irreparables– le llevan a alejarse de su hijo y convertirse en una especie de sanadora milagrosa. La historia está contada con saltos en el tiempo, alternando pasajes de la transformación de Nana en el pasado con la actualidad, en la que su hijo Ivan, ya adulto (Cillian Murphy), decide encontrarse con su madre convencido por una joven periodista francesa (Mélanie Laurent). Estos saltos en el tiempo, lejos de dividir la película en dos partes, logran conseguir un efecto puzzle  que ayuda a mantener el pulso y el interés de la historia. En este aspecto, recuerda a películas como 21 gramos (Alejandro González Iñárritu, 2003), en las que la narración se construye mediante pequeñas piezas que se complementan, se enriquecen o, en ocasiones, aportan un nuevo significado que invita a reinterpretar la historia.

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Ambientada en Canadá, en los vastos y nevados paisajes de Manitoba, Llosa crea cierta resonancia entre el estado de ánimo de los personajes y el escenario, en sus propias palabras, “tan bello como hostil”. Estas tierras constituyen un personaje más, pues ese vacío de los enormes lagos helados y el frío que contagia al espectador logra, según la directora, “complementarse con la sensación de soledad de los protagonistas”. Unos protagonistas que, por cierto, están a un nivel espectacular, tanto Connelly como Murphy ofrecen un recital que les hace favoritos desde ya a la Biznaga; la intensidad de los momentos dramáticos es sobrecogedora y ambos logran captar esa frialdad del ambiente y personificarla con naturalidad. De hecho, Llosa comentó que los actores se entregaron al máximo, haciendo mención especial al trabajo del pequeño Zen McGrath, que interpreta al personaje de Ivan de niño, al que definió como “un regalo”, ya que, como suele ser en estas ocasiones, apareció por casualidad en un casting en el que auditaba su hermano mayor.

La peruana ha puesto el listón realmente alto con esta coproducción española, francesa y canadiense. No llores, vuela desborda intensidad y dramatismo, llegando a conseguir momentos angustiosos, de verdadero desasosiego, con los que, tal y como afirmó la directora en la rueda de prensa posterior al pase, buscaba “mostrar el punto de quiebro del ser humano, en el que no encuentra ninguna respuesta y se da cuenta de lo terriblemente frágiles que somos”.

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Sin duda alguna, precisamente uno de los aspectos más logrados de No corres, vuela y uno de los méritos del guión de Claudia Llosa, es la capacidad para llegar a esos momentos en los que algo se rompe de manera irreparable y ya no hay marcha atrás. La única forma de superarlos, si se pueden superar, es seguir viviendo.

La directora introduce, sin embargo, elementos místicos tales como la sanación milagrosa y las cuestiones de fe, para separar los caminos de los protagonistas. Estos elementos místicos son unas arenas movedizas de las que Llosa logra salir gracias a la decisión de no posicionarse. La virtud del texto de Llosa es que el trato de estos temas se hace desde la delicadeza y la humanidad, quizá, la única manera para llegar a conseguir un resultado bello y puro, como es No llores, vuela.


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