APERTURA MÍSTICA: NO LLORES, VUELA

Texto y fotos por: Alberto Pérez Castaños y Vicente Bendicho Cascant

La Sección Oficial de la decimoséptima edición del Festival de Málaga arrancó ayer de la mano de Claudia Llosa, que presentó No llores, vuela, protagonizada por Jennifer Connelly y Cillian Murphy, y que supone su regreso al largometraje tras el éxito en el año 2009 de La teta asustada.

Jennifer Connelly encarna a Nana, una madre sufridora que ve cómo las circunstancias –duras e irreparables– le llevan a alejarse de su hijo y convertirse en una especie de sanadora milagrosa. La historia está contada con saltos en el tiempo, alternando pasajes de la transformación de Nana en el pasado con la actualidad, en la que su hijo Ivan, ya adulto (Cillian Murphy), decide encontrarse con su madre convencido por una joven periodista francesa (Mélanie Laurent). Estos saltos en el tiempo, lejos de dividir la película en dos partes, logran conseguir un efecto puzzle  que ayuda a mantener el pulso y el interés de la historia. En este aspecto, recuerda a películas como 21 gramos (Alejandro González Iñárritu, 2003), en las que la narración se construye mediante pequeñas piezas que se complementan, se enriquecen o, en ocasiones, aportan un nuevo significado que invita a reinterpretar la historia.

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Ambientada en Canadá, en los vastos y nevados paisajes de Manitoba, Llosa crea cierta resonancia entre el estado de ánimo de los personajes y el escenario, en sus propias palabras, “tan bello como hostil”. Estas tierras constituyen un personaje más, pues ese vacío de los enormes lagos helados y el frío que contagia al espectador logra, según la directora, “complementarse con la sensación de soledad de los protagonistas”. Unos protagonistas que, por cierto, están a un nivel espectacular, tanto Connelly como Murphy ofrecen un recital que les hace favoritos desde ya a la Biznaga; la intensidad de los momentos dramáticos es sobrecogedora y ambos logran captar esa frialdad del ambiente y personificarla con naturalidad. De hecho, Llosa comentó que los actores se entregaron al máximo, haciendo mención especial al trabajo del pequeño Zen McGrath, que interpreta al personaje de Ivan de niño, al que definió como “un regalo”, ya que, como suele ser en estas ocasiones, apareció por casualidad en un casting en el que auditaba su hermano mayor.

La peruana ha puesto el listón realmente alto con esta coproducción española, francesa y canadiense. No llores, vuela desborda intensidad y dramatismo, llegando a conseguir momentos angustiosos, de verdadero desasosiego, con los que, tal y como afirmó la directora en la rueda de prensa posterior al pase, buscaba “mostrar el punto de quiebro del ser humano, en el que no encuentra ninguna respuesta y se da cuenta de lo terriblemente frágiles que somos”.

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Sin duda alguna, precisamente uno de los aspectos más logrados de No corres, vuela y uno de los méritos del guión de Claudia Llosa, es la capacidad para llegar a esos momentos en los que algo se rompe de manera irreparable y ya no hay marcha atrás. La única forma de superarlos, si se pueden superar, es seguir viviendo.

La directora introduce, sin embargo, elementos místicos tales como la sanación milagrosa y las cuestiones de fe, para separar los caminos de los protagonistas. Estos elementos místicos son unas arenas movedizas de las que Llosa logra salir gracias a la decisión de no posicionarse. La virtud del texto de Llosa es que el trato de estos temas se hace desde la delicadeza y la humanidad, quizá, la única manera para llegar a conseguir un resultado bello y puro, como es No llores, vuela.

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