ENTREVISTA A IVÁN ESCOBAR

26 marzo, 2014

Entrevista y fotos por Alberto Pérez Castaños y Vicente Bendicho Cascant

Iván Escobar es uno de los guionistas de televisión más reputados del país. Escribió en series como “Los Serrano”, “Los Hombres de Paco” o “El Barco”, de la que además es creador. El pasado lunes presentó “Kamikaze”, su primera película como guionista de cine, escrita junto a su director Álex Pina, en la Sección Oficial del Festival de Málaga. Como ya comentamos aquí, se trata de una comedia muy especial que, sin duda, dará mucho que hablar. 

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Iván Escobar

Kamikaze es una adaptación de una novela tuya con el mismo título publicada hace ya unos meses, ¿cómo fue el proceso de adaptación del guión para la película partiendo de un libro propio?

Realmente ha sido una adaptación rara porque, cuando estaba escribiendo el guión junto a Álex Pina, llegó a manos de la editorial Planeta y ahí fue cuando empecé el libro, así que la novela y el guión se fueron escribiendo prácticamente al mismo tiempo, por eso te digo que ha sido un proceso de adaptación un poco extraño. Debido a esto hay cosas de la novela que no aparecen en la película, porque, en ese sentido, igual que para escribir un guión hay cosas que no dependen exclusivamente de ti por temas de producción y de dirección, en la novela sí que tienes libertad absoluta. Lo disfruté bastante, aunque sí es cierto que tuve plazos bastante frenéticos para entregarla pero Planeta se portó genial conmigo, por lo tanto el proceso de adaptación fue fantástico.

Por lo tanto, cuando tuviste la idea, ¿en qué medio pensaste primero para escribirla, para cine o una novela?

Para una película. Recuerdo que la idea me vino estando en un aeropuerto en medio de un retraso y decidí darme un paseo por la terminal, ahí fue cuando vi a todos los pasajeros haciendo tiempo y me fue como flashazo: “¿qué pasaría si uno de estos terroristas suicidas que viajan en avión tuviese que conocer a sus futuras víctimas u convivir con ellas tres o cuatro días en un hotel?”. Entonces, a partir de esta premisa inicial fue surgiendo de una manera más o menos fluida toda la historia.

¿Empezaste a escribirla desde el inicio con Álex Pina o se unió a ti en un momento determinado?

La primera versión la fui escribiendo yo, pero inmediatamente se incorporó Álex, con el que llevo trabajando toda mi vida guionística. Y creo que si no hubiese sido por él el proyecto no hubiese salido para adelante nunca. Hay una cosa buena en escribir con otra persona, y es que no se parezca mucho a ti para se tengan buenas peloteras, porque al final lo que necesitas son frontones en los tú lances una pelota y la otra persona te la devuelva. Sin embargo, si buscas un frontón que sea demasiado a tu medida, con tus mismos gustos y mismas preferencias, la pelota no vuelve, o vuelve de manera falsa. Te digo esto porque con Álex a mí me separan muchas cosas conceptualmente e intelectualmente, pero también nos une una gran amistad. Gracias a esto nos hemos pegado muchísimo para esta película porque teníamos un trabajo por delante muy complicado; queríamos seguir la premisa de Azcona, la de contar una historia muy triste de la manera más cómica posible.

¿Habéis temido sobrepasar en algún momentos esos dichosos “límites de la comedia”? ¿Cómo habéis hecho para calibrar?

Ha sido muy complicado. ¿Es graciosa la idea de un terrorista a punto de suicidarse y matar a un montón de personas? Pues no, en principio no es nada gracioso. Sin embargo, lo que queríamos desde el inicio era golpear a ese protagonista y hacerlo en forma de comedia, haciendo que esas personas que se le aproximan le obligasen a actuar de maneras que él no hubiese previsto en absoluto. También nos pareció interesante desmitificar en cierto modo esa idea que tenemos de los paramilitares; queríamos hacer comedia con eso pero no sabíamos exactamente dónde estaba la barrera. De hecho, la idea de que el protagonista fuese un terrorista suicida asustaba a todo el mundo: a productoras, cadenas… Todos nos decían que teníamos que humanizarlo, y nosotros teníamos pensado hacerlo, pero sin dejar de hacer comedia con esa premisa tan trágica.

¿Cuáles son los peligros que corre un guionista al escribir un personaje como el de Slatan, el terrorista?

Para empezar, ya desde el principio que el protagonista sea un terrorista suicida es muy peligroso porque todo el mundo te va a decir que una persona que va a ver una película quiere empatizar con él. Aunque al principio sea un hijo de puta, al final le tienes que querer. Entonces, a un terrorista suicida le salvas en cierta medida contando qué le ha llevado a ser así, la razón principal por la cual es así, porque nadie se mete en un avión lleno de bombas si no tiene razones, ya sean ideológicas, familiares o traumáticas. Y con Slatan lo que hicimos es que tuviese detrás un drama familiar, con mucho sufrimiento para los suyos y para su pueblo, que a lo mejor estaba equivocado, pero él tenía sus razones. Ese es uno de los obstáculos principales, que se salva humanizándolo en cierta medida, porque si no es imposible que tu película la canalice un ser despreciable.

¿Ofrece la película un nuevo punto de vista que no da la novela?

Yo creo que ambos son puntos de vista bastante compatibles. La principal baza de la novela –y esto es ya un clásico– es que te permite interiorizar más en los personajes que en un guión y gracias a esto he podido navegar mucho más en la mente de Slatan y en todas esas razones que te decía antes. Además, en la novela puedes levantar diálogos que en pantalla no funcionarían gracias a ese trabajo de interiorización de los personajes. La verdad es que esa escritura paralela ha sido un doble viaje muy bonito.

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La película está producida, en parte, por Globomedia, donde se siguen ciertos “cánones” para la comedia que, curiosamente, están un poco alejados de lo que puede contar Kamikaze, ¿cómo encarasteis esas primeras reuniones para empezar a vender la historia?

Desde el principio íbamos de cara, diciendo lo que había, nunca enseñando solo la patita y yendo poco a poco. Dijimos: “Esto es lo que hay, o lo quieres o no lo quieres, eso sí, no es un drama”. Porque, fíjate, creo que si a Daniel Écija, por ejemplo, le hubiésemos dicho que íbamos a hacer un drama con ese tema, con tintes políticos y con la Revolución Rusa de por medio, nos hubiese dicho que no. Sin embargo le contamos desde el principio el tono que queríamos, le describimos algunas secuencias que teníamos, como el terrorista teniendo que ser canguro de un bebé, por decirte alguna, y esto ayudó mucho a que se pudiese hacer la película.

Uno de los puntos interesantes de la película es que el protagonista es de un país caucásico inventado llamado Karadjistán. ¿Por qué un país inventado?

La razón principal es que realmente no queríamos un titular que dijese que ésta era una película que reivindicaba los derechos de los kazajos frente a la opresión rusa. Queríamos que se percibiera como una tragicomedia de personajes con un detonante muy claro pero sin connotaciones políticas. Nos parecía más una película de personajes que de reivindicaciones políticas. Y si lo hubiésemos acotado a un paisaje o a una geografía concreta nos hubieran tildado de activistas.

¿Os habría estrechado eso el margen de maniobra respecto al background del personaje?

Efectivamente. Hubiésemos tenido que ser verosímiles e históricamente coherentes. De esta manera, nos hemos ahorrado esas trabas y hemos podido trabajar libremente en el background de Slatan como ciudadano de Karadjistan, un background que no deja de ser el de los habitantes de muchos satélites caucásicos pero que no es ninguno de ellos en concreto.

Otro de los puntos fuertes de la película es que es una comedia coral pero con un protagonista muy claro. ¿Cómo habéis logrado ese equilibrio para que no sobresalga una cosa por encima de la otra?

Bueno, es que la película cuenta con un reparto brutal. El guion ha crecido una barbaridad con las aportaciones de los actores. De hecho, el propio Eduardo Blanco nos llamaba y nos decía: “Mira, tengo unos apéndices que me gustaría añadir”. Y nosotros, encantados. Prácticamente todos los actores nos decían: “Oye, me gustaría hablar un poco de mi personaje”. Y de ahí siempre surgían nuevas ideas, nuevos rumbos. En ese sentido, los actores han aportado muchísima frescura. Cuando tú escribes un guion, lo tienes en la cabeza, pero de repente lo llevas a una mesa italiana y lo leen los actores; ahí es donde se ven las cosas que realmente funcionan y las que no. Hay diálogos que suenan muy bien y otros que suenan fatal. En ese sentido, con ese reparto que se entendía tan bien, que eran prácticamente amigos, fue muy fácil construir la película.

Y eso ha ayudado a redondear el guion…

Muchísimo, muchísimo. De hecho, tú puedes tener un gran guion que si no tienes un casting idóneo, o realmente no escuchas como suena tu guion, estás muerto. Creo que se tiene que escuchar un guion, y para esto, las mesas italianas son fundamentales.

Tú que has trabajado tanto en televisión, ¿te ha sido difícil adaptarte al ritmo de trabajo del cine? ¿Qué tal ha sido ese cambio y qué conclusiones has sacado?

La verdad es que es un poco traumático. La tele es una escuela maravillosa y creo que he aprendido de cada guion que he escrito de Los Serrano, Los hombres de Paco o El Barco, así que no siento que mi carrera haya cambiado por haber escrito una película, no tengo la sensación de “por fin he hecho cine”. Es cierto que varía la forma de trabajar en cada medio. En una serie, sobre todo en una serie rodada, puedes meter la pata. De repente puedes hacer un capítulo de Los Serrano que no funcione tan bien y el público te lo sancionará, pero no demasiado. Es decir, a la semana siguiente, sabes que te has equivocado. En una película, no. Kamikaze se empezó a gestar hace cuatro años y tiene como 50 versiones de guion.

En ese sentido el proceso creativo en el cine es más traumático porque las inversiones son brutales y el guionista pierde completamente el control del producto, que pasa a manos del director y de los productores. Una vez terminas la última versión de guion, te despides del niño y no lo vuelves a ver. Sin embargo, en la televisión es diferente porque capítulo a capítulo tienes una especie de evolución y sintonía con el espectador. Una película es muchísimo mas arriesgada, por eso en mi opinión es muy bueno bregarte en batallas más pequeñas antes de llegar al cine.

Y, sobre todo porque es dramático ver lo lento que es esto y la cantidad de veces que se cae un proyecto cinematográfico. Esta película se ha caído cinco o seis veces, por diferentes razones, pero luego se ha vuelto a levantar. Pero puede no levantarse. Conozco multitud de guionistas que tienen muchas películas en el cajón, algunas pagadas, otras no, pero que no se ha hecho ninguna. Y muchas son películas maravillosas y guionistas maravillosos, pero tiene que haber una conjunción  entre las productoras, las distribuidoras, los protagonistas…

Tras este proyecto, ¿tienes pensando seguir volver a trabajar en el cine o volverás a centrarte en la televisión? ¿Escribirás otra novela?

Lo que pretendo es seguir trabajando, que eso ya es un logro. Estamos en una época en la que hay mucho despido de guionista e igual estas aquí y pasado mañana se cae una serie y estás en la calle. A mí lo que me gusta es contar historias y si te soy sincero, me da igual contarlo en un libro, en el cine o en la tele. Mientras me siga llenando, voy a seguir trabajando en esto, aunque hay que reconocer que ésta es una época difícil. Ahora, de momento, sigo en Globomedia. Vengo de un fracaso como fue Bienvenidos al Lolita y ahora estoy trabajando en un proyecto de cine y en otro de televisión.

Kamikaze llega en un momento idóneo porque la comedia española está arrasando…

Y tanto. Venimos de la antesala de Ocho apellidos vascos, que está siendo brutal y esperamos poder montarnos en esa ola. Con que nos fuera la mitad de bien, sería perfecto.

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ENTREVISTA A ALEJO LEVIS

26 marzo, 2014

Entrevista y fotos por Alberto Pérez Castaños y Vicente Bendicho Cascant

La proyección de “Todo parecía perfecto” inauguró el pasado sábado la sección Zonazine del 17º Festival de Málaga. La película, dirigida y escrita por Alejo Levis, trata sobre un científico (Jordi Rico) que logra reproducir en la realidad uno de sus sueños. Gracias a este experimento, el científico logra hacer aparecer a la “mujer de sus sueños” (Andrea Trepat), con la que inicia una relación. Esta relación, que en principio parece ser perfecta, hará que el mundo del científico se tambalee. 

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Alejo Levis

Lo primero que nos llamó la atención cuando vimos la película en el programa de Zonazine es la idea. ¿De dónde sale una premisa así?

La idea nace como la respuesta a una especie de necesidad o impulso para crear. Se trata de una metáfora de lo que les pasa a las personas creativas. En este aspecto, yo me siento muy identificado con el personaje en el sentido de tener una idea y de querer llevarla adelante. Ya sea una película, una escultura o cualquier otra cosa, cuando tienes la idea, ansías sacarla adelante, necesitas materializarla. Pero al mismo tiempo es muy frustrante ver que la necesidad de crear es un pozo sin fondo y que al mismo tiempo es un motor imposible de evitar. Es patético, es trágico, pero al mismo tiempo es hermoso. Es esa cosa de “¿por qué haces cine?” Es un lío, lo sabes, pero lo sigues haciendo. Esa premisa me encajaba mucho con la idea de querer realizar los sueños de otra persona para hacerla feliz. Algo que, en cierto modo, significa poner tu creatividad al servicio de otra persona. De ahí salió la idea. Lo de vincularla con una historia de amor hace que los sentimientos se potencien y puedan llegar al espectador de una forma más emocional y no tan intelectual.

¿Qué referentes has tenido a la hora de desarrollar una historia así?

Tengo un referente muy claro que es Adolfo Bioy Casares, un escritor argentino que, de hecho, tiene cuentos con ideas muy cercanas a las de Todo parecía perfecto, en los que el sueño aparece dentro de la realidad. Soy muy fan de la literatura sudamericana, del realismo mágico, donde de repente se mezcla la realidad con el mundo interior del personaje. También soy lector de cómics y a nivel de narración y estructura me dejo influenciar mucho por este medio. El cine está ahí pero creo que es muy rico pillar otras expresiones y influenciarte de ellas. A veces encajan bien y a veces no, pero quería probar cosas así.

Hemos podido saber que desarrollaste primero la idea como un corto…

Sí, efectivamente. El tema es que yo quería hacer una serie de cuatro cortos con la idea de juntarlos después y hacer una película, pero no quería meterme en líos de productoras, así que con el dinero que había ahorrado trabajando en publicidad, hice el primer corto. Mi idea era empezar a grabar el segundo cuando recuperara el dinero del primero y así sucesivamente, sin prisa. La suerte que tuve fue que antes siquiera de proyectar el corto, Ibon Cormenzana de Arcadia Motion Pictures, con los que yo había trabajado de montador, lo vio y le gustó mucho. Unos días después, me llamó y me dijo: “Oye, ¿tú quieres hacer un largo con esta idea?”. Y claro que quería, así que intentamos ponernos de acuerdo. Me preguntó cuánto había costado el corto, cuánto tiempo duraba y en cuánto tiempo habíamos rodado y luego, con una sencilla regla de tres, sacó los números de la película. Si habíamos necesitado 6.000 euros y dos días para un corto de quince minutos, él nos daba 30.000 euros para hacer una película de setenta y cinco minutos en dos semanas. Además me explicó que para poder darme el dinero, por cuestiones fiscales, teníamos que rodar antes de final de año (2013). Pensé que era una locura, pero me lo tomé como un reto. El problema era que no tenía escrito el guion de los otros cortos, solo tenía un pequeño argumento, así que me tuve que poner las pilas.

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Los actores de “Todo parecía perfecto”, Andrea Trepat y Jordi Rico

Tuviste que escribir a contrarreloj, entonces. ¿Terminó siendo la escritura del guion un proceso más difícil del esperado debido a las características del proyecto?

Sí, mucho. La idea era empezar a grabar en agosto, pero yo aún no tenía el guion, así que empezamos a buscar localizaciones mientras yo lo terminaba. La idea inicial era seguir el planteamiento de dividir la película en cuatro partes, dos desde el punto del chico y dos desde la chica, como una especie de novela capitular con distintos puntos de vista. Empecé a escribir el largo manteniendo esta estructura, pero luego cambió y se quedó solo en dos partes, aunque finalmente en el montaje se añadieron unos detalles que acabaron difuminando esta estructura.

¿Te dio tiempo a trabajar la historia con escaletas, desarrollo de personajes y demás, o fue imposible debido a los plazos de entrega?

A veces te pasas unos meses haciendo versiones de escaletas, guiones, argumentos, y al final, nada, se queda todo en un cajón. Luego, de repente, la película que sale igual es en la que menos has trabajado. La verdad es que tuve que escribir muy rápido. Escribí la película casi del tirón. No había tiempo para más y con eso fuimos a rodar. Luego, en rodaje, cambiábamos algunas cosas dependiendo de la localización o de lo que aportaran Jordi y Andrea. Podemos decir que respecto al proceso creativo, creábamos mientras avanzábamos.

Y todo esto solo en dos semanas…

Sí, y además teníamos varias localizaciones bastante alejadas entre sí. Por ejemplo, la casa donde grabábamos estaba en un arrozal en el delta del Ebro, que está bastante lejos de Barcelona. Grabamos en Igualada, en Santa Coloma… Es decir, que además la logística y el transporte nos quitaba mucho tiempo. En realidad lo habríamos podido hacer más fácil, pero fuimos bastante preciosistas en este aspecto: teníamos que ir allí porque allí estaba el embarcadero que queríamos, teníamos que rodar a las siete de la tarde y no a otra hora porque la luz era la adecuada… Había ocasiones en las que íbamos a toma única.

Todo parece indicar que fueron unas semanas bastante movidas. ¿Cómo reaccionaron los actores a esta forma de trabajar?

Los actores, igual que el resto del equipo, estaban conmigo. Por la noche estudiábamos las escenas del día siguiente, los actores no tenían tiempo a penas de digerir las escenas. Íbamos “a salto de mata”. Muchas veces nos pasaba que repasábamos el planing del día siguiente y veíamos que teníamos que grabar no quince o veinte planos sino ¡veinte secuencias! Y encima nos habíamos dejado cinco del día anterior. La ayudante de dirección decía que no llegábamos y más de una vez entré en crisis porque no veía la luz.. Menos mal que éramos muy amigos, porque una película así solo se puede hacer con amigos. Lo que hizo posible que al final el proyecto saliera adelante fue que el equipo era una piña y todo el mundo se entregó al máximo.

¿Cuales fueron los factores que más te influyeron a la hora de la selección de actores?

Lo más importante es tener mucha confianza en el equipo. Los elegí a ellos (a Jordi Rico y a Andrea Trepat) además de porque confío en ellos por su talento como actores, es por el trato que tengo con ambos, porque sabía que lo iban a dar todo. Aunque los metiera a dormir en literas, con mosquitos o aunque estuviésemos catorce horas de rodaje, sabía que ellos no me iban a fallar porque estaban a muerte con el proyecto.

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Por todo lo que cuentas, podemos afirmar que tu primer largometraje ha sido una experiencia bastante intensa…

Efectivamente, sí. Ha sido una experiencia muy atrevida, pero bueno, yo me lo tomaba como una oportunidad de hacer un largo, una oportunidad que no podía dejar escapar. El proceso fue muy especial, muy intenso… y muy raro.

Sin embargo, al final la película fue seleccionada en la sección Zonazine del Festival, ¿qué ha supuesto esto para el futuro del proyecto?

Estar seleccionados en Málaga ha sido clave, porque estábamos esperándolo. Desde la productora tenían el deseo de venir aquí, era la baza principal. Málaga es un escaparate genial porque te ve mucha gente de la industria, y esto te puede servir de lanzadera. En cuanto a Zonazine, se puede decir que es la sección ideal para esta película. La Sección Oficial es diferente, es otra liga, pero en Zonazine hay muchas películas del corte de la nuestra. Es nuestro estilo y el otras como por ejemplo La Cueva de Alfredo Montero, hecha con mucha ilusión, muchas ganas, y que tiene una apuesta muy importante de autoría. A partir de aquí, ya está. Ojalá vengan premios, pero con estar aquí ya estamos satisfechos. Nos lo hemos  tomado como una pequeña recompensa y además nos lo hemos pasado muy bien. Lo importante es que la película está terminada y la gente la ha podido ver.

Y tras Zonazine, ¿cuál es el siguiente paso de Todo parecía perfecto?

Lo siguiente es el festival D’A, el festival de cine de autor de Barcelona. Es un festival muy chulo que está pensado para la gente a la que le interesa este tipo de cine. Allí se realizan coloquios y otras actividades dirigidas a compartir experiencias e intercambiar opiniones. Ése es el tipo de festival en el que realmente pensábamos que iba a encajar nuestra película. Aquí es más la filosofía del show business, aunque es verdad que Zonazine apuesta por otras vías y creo que tiene mucho sentido que nuestra película esté aquí. El siguiente paso es organizar con la productora algunos pases especiales, porque no tendría mucho sentido intentar una distribución comercial al uso. Nos interesa hacer pases especiales con coloquios o quizá con música en directo o algo que atraiga a la gente a la que le pueda interesar.

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