ENTREVISTA A IVÁN ESCOBAR

Entrevista y fotos por Alberto Pérez Castaños y Vicente Bendicho Cascant

Iván Escobar es uno de los guionistas de televisión más reputados del país. Escribió en series como “Los Serrano”, “Los Hombres de Paco” o “El Barco”, de la que además es creador. El pasado lunes presentó “Kamikaze”, su primera película como guionista de cine, escrita junto a su director Álex Pina, en la Sección Oficial del Festival de Málaga. Como ya comentamos aquí, se trata de una comedia muy especial que, sin duda, dará mucho que hablar. 

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Iván Escobar

Kamikaze es una adaptación de una novela tuya con el mismo título publicada hace ya unos meses, ¿cómo fue el proceso de adaptación del guión para la película partiendo de un libro propio?

Realmente ha sido una adaptación rara porque, cuando estaba escribiendo el guión junto a Álex Pina, llegó a manos de la editorial Planeta y ahí fue cuando empecé el libro, así que la novela y el guión se fueron escribiendo prácticamente al mismo tiempo, por eso te digo que ha sido un proceso de adaptación un poco extraño. Debido a esto hay cosas de la novela que no aparecen en la película, porque, en ese sentido, igual que para escribir un guión hay cosas que no dependen exclusivamente de ti por temas de producción y de dirección, en la novela sí que tienes libertad absoluta. Lo disfruté bastante, aunque sí es cierto que tuve plazos bastante frenéticos para entregarla pero Planeta se portó genial conmigo, por lo tanto el proceso de adaptación fue fantástico.

Por lo tanto, cuando tuviste la idea, ¿en qué medio pensaste primero para escribirla, para cine o una novela?

Para una película. Recuerdo que la idea me vino estando en un aeropuerto en medio de un retraso y decidí darme un paseo por la terminal, ahí fue cuando vi a todos los pasajeros haciendo tiempo y me fue como flashazo: “¿qué pasaría si uno de estos terroristas suicidas que viajan en avión tuviese que conocer a sus futuras víctimas u convivir con ellas tres o cuatro días en un hotel?”. Entonces, a partir de esta premisa inicial fue surgiendo de una manera más o menos fluida toda la historia.

¿Empezaste a escribirla desde el inicio con Álex Pina o se unió a ti en un momento determinado?

La primera versión la fui escribiendo yo, pero inmediatamente se incorporó Álex, con el que llevo trabajando toda mi vida guionística. Y creo que si no hubiese sido por él el proyecto no hubiese salido para adelante nunca. Hay una cosa buena en escribir con otra persona, y es que no se parezca mucho a ti para se tengan buenas peloteras, porque al final lo que necesitas son frontones en los tú lances una pelota y la otra persona te la devuelva. Sin embargo, si buscas un frontón que sea demasiado a tu medida, con tus mismos gustos y mismas preferencias, la pelota no vuelve, o vuelve de manera falsa. Te digo esto porque con Álex a mí me separan muchas cosas conceptualmente e intelectualmente, pero también nos une una gran amistad. Gracias a esto nos hemos pegado muchísimo para esta película porque teníamos un trabajo por delante muy complicado; queríamos seguir la premisa de Azcona, la de contar una historia muy triste de la manera más cómica posible.

¿Habéis temido sobrepasar en algún momentos esos dichosos “límites de la comedia”? ¿Cómo habéis hecho para calibrar?

Ha sido muy complicado. ¿Es graciosa la idea de un terrorista a punto de suicidarse y matar a un montón de personas? Pues no, en principio no es nada gracioso. Sin embargo, lo que queríamos desde el inicio era golpear a ese protagonista y hacerlo en forma de comedia, haciendo que esas personas que se le aproximan le obligasen a actuar de maneras que él no hubiese previsto en absoluto. También nos pareció interesante desmitificar en cierto modo esa idea que tenemos de los paramilitares; queríamos hacer comedia con eso pero no sabíamos exactamente dónde estaba la barrera. De hecho, la idea de que el protagonista fuese un terrorista suicida asustaba a todo el mundo: a productoras, cadenas… Todos nos decían que teníamos que humanizarlo, y nosotros teníamos pensado hacerlo, pero sin dejar de hacer comedia con esa premisa tan trágica.

¿Cuáles son los peligros que corre un guionista al escribir un personaje como el de Slatan, el terrorista?

Para empezar, ya desde el principio que el protagonista sea un terrorista suicida es muy peligroso porque todo el mundo te va a decir que una persona que va a ver una película quiere empatizar con él. Aunque al principio sea un hijo de puta, al final le tienes que querer. Entonces, a un terrorista suicida le salvas en cierta medida contando qué le ha llevado a ser así, la razón principal por la cual es así, porque nadie se mete en un avión lleno de bombas si no tiene razones, ya sean ideológicas, familiares o traumáticas. Y con Slatan lo que hicimos es que tuviese detrás un drama familiar, con mucho sufrimiento para los suyos y para su pueblo, que a lo mejor estaba equivocado, pero él tenía sus razones. Ese es uno de los obstáculos principales, que se salva humanizándolo en cierta medida, porque si no es imposible que tu película la canalice un ser despreciable.

¿Ofrece la película un nuevo punto de vista que no da la novela?

Yo creo que ambos son puntos de vista bastante compatibles. La principal baza de la novela –y esto es ya un clásico– es que te permite interiorizar más en los personajes que en un guión y gracias a esto he podido navegar mucho más en la mente de Slatan y en todas esas razones que te decía antes. Además, en la novela puedes levantar diálogos que en pantalla no funcionarían gracias a ese trabajo de interiorización de los personajes. La verdad es que esa escritura paralela ha sido un doble viaje muy bonito.

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La película está producida, en parte, por Globomedia, donde se siguen ciertos “cánones” para la comedia que, curiosamente, están un poco alejados de lo que puede contar Kamikaze, ¿cómo encarasteis esas primeras reuniones para empezar a vender la historia?

Desde el principio íbamos de cara, diciendo lo que había, nunca enseñando solo la patita y yendo poco a poco. Dijimos: “Esto es lo que hay, o lo quieres o no lo quieres, eso sí, no es un drama”. Porque, fíjate, creo que si a Daniel Écija, por ejemplo, le hubiésemos dicho que íbamos a hacer un drama con ese tema, con tintes políticos y con la Revolución Rusa de por medio, nos hubiese dicho que no. Sin embargo le contamos desde el principio el tono que queríamos, le describimos algunas secuencias que teníamos, como el terrorista teniendo que ser canguro de un bebé, por decirte alguna, y esto ayudó mucho a que se pudiese hacer la película.

Uno de los puntos interesantes de la película es que el protagonista es de un país caucásico inventado llamado Karadjistán. ¿Por qué un país inventado?

La razón principal es que realmente no queríamos un titular que dijese que ésta era una película que reivindicaba los derechos de los kazajos frente a la opresión rusa. Queríamos que se percibiera como una tragicomedia de personajes con un detonante muy claro pero sin connotaciones políticas. Nos parecía más una película de personajes que de reivindicaciones políticas. Y si lo hubiésemos acotado a un paisaje o a una geografía concreta nos hubieran tildado de activistas.

¿Os habría estrechado eso el margen de maniobra respecto al background del personaje?

Efectivamente. Hubiésemos tenido que ser verosímiles e históricamente coherentes. De esta manera, nos hemos ahorrado esas trabas y hemos podido trabajar libremente en el background de Slatan como ciudadano de Karadjistan, un background que no deja de ser el de los habitantes de muchos satélites caucásicos pero que no es ninguno de ellos en concreto.

Otro de los puntos fuertes de la película es que es una comedia coral pero con un protagonista muy claro. ¿Cómo habéis logrado ese equilibrio para que no sobresalga una cosa por encima de la otra?

Bueno, es que la película cuenta con un reparto brutal. El guion ha crecido una barbaridad con las aportaciones de los actores. De hecho, el propio Eduardo Blanco nos llamaba y nos decía: “Mira, tengo unos apéndices que me gustaría añadir”. Y nosotros, encantados. Prácticamente todos los actores nos decían: “Oye, me gustaría hablar un poco de mi personaje”. Y de ahí siempre surgían nuevas ideas, nuevos rumbos. En ese sentido, los actores han aportado muchísima frescura. Cuando tú escribes un guion, lo tienes en la cabeza, pero de repente lo llevas a una mesa italiana y lo leen los actores; ahí es donde se ven las cosas que realmente funcionan y las que no. Hay diálogos que suenan muy bien y otros que suenan fatal. En ese sentido, con ese reparto que se entendía tan bien, que eran prácticamente amigos, fue muy fácil construir la película.

Y eso ha ayudado a redondear el guion…

Muchísimo, muchísimo. De hecho, tú puedes tener un gran guion que si no tienes un casting idóneo, o realmente no escuchas como suena tu guion, estás muerto. Creo que se tiene que escuchar un guion, y para esto, las mesas italianas son fundamentales.

Tú que has trabajado tanto en televisión, ¿te ha sido difícil adaptarte al ritmo de trabajo del cine? ¿Qué tal ha sido ese cambio y qué conclusiones has sacado?

La verdad es que es un poco traumático. La tele es una escuela maravillosa y creo que he aprendido de cada guion que he escrito de Los Serrano, Los hombres de Paco o El Barco, así que no siento que mi carrera haya cambiado por haber escrito una película, no tengo la sensación de “por fin he hecho cine”. Es cierto que varía la forma de trabajar en cada medio. En una serie, sobre todo en una serie rodada, puedes meter la pata. De repente puedes hacer un capítulo de Los Serrano que no funcione tan bien y el público te lo sancionará, pero no demasiado. Es decir, a la semana siguiente, sabes que te has equivocado. En una película, no. Kamikaze se empezó a gestar hace cuatro años y tiene como 50 versiones de guion.

En ese sentido el proceso creativo en el cine es más traumático porque las inversiones son brutales y el guionista pierde completamente el control del producto, que pasa a manos del director y de los productores. Una vez terminas la última versión de guion, te despides del niño y no lo vuelves a ver. Sin embargo, en la televisión es diferente porque capítulo a capítulo tienes una especie de evolución y sintonía con el espectador. Una película es muchísimo mas arriesgada, por eso en mi opinión es muy bueno bregarte en batallas más pequeñas antes de llegar al cine.

Y, sobre todo porque es dramático ver lo lento que es esto y la cantidad de veces que se cae un proyecto cinematográfico. Esta película se ha caído cinco o seis veces, por diferentes razones, pero luego se ha vuelto a levantar. Pero puede no levantarse. Conozco multitud de guionistas que tienen muchas películas en el cajón, algunas pagadas, otras no, pero que no se ha hecho ninguna. Y muchas son películas maravillosas y guionistas maravillosos, pero tiene que haber una conjunción  entre las productoras, las distribuidoras, los protagonistas…

Tras este proyecto, ¿tienes pensando seguir volver a trabajar en el cine o volverás a centrarte en la televisión? ¿Escribirás otra novela?

Lo que pretendo es seguir trabajando, que eso ya es un logro. Estamos en una época en la que hay mucho despido de guionista e igual estas aquí y pasado mañana se cae una serie y estás en la calle. A mí lo que me gusta es contar historias y si te soy sincero, me da igual contarlo en un libro, en el cine o en la tele. Mientras me siga llenando, voy a seguir trabajando en esto, aunque hay que reconocer que ésta es una época difícil. Ahora, de momento, sigo en Globomedia. Vengo de un fracaso como fue Bienvenidos al Lolita y ahora estoy trabajando en un proyecto de cine y en otro de televisión.

Kamikaze llega en un momento idóneo porque la comedia española está arrasando…

Y tanto. Venimos de la antesala de Ocho apellidos vascos, que está siendo brutal y esperamos poder montarnos en esa ola. Con que nos fuera la mitad de bien, sería perfecto.

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Una respuesta a ENTREVISTA A IVÁN ESCOBAR

  1. lupitaescarnio dice:

    “Los Serrano”, “Los Hombres de Paco”, “El Barco”…
    !Qué ganitas, con esos antecedentes!

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