ENTREVISTA A CARLOS MARQUES-MARCET

Entrevista y fotos por: Alberto Pérez Castaños y Vicente Bendicho Cascant

Sin duda, una de las sorpresas del Festival de Málaga ha sido “10.000 Km”, el debut de Carlos Marques-Marcet. Llegó a su estreno en la Sección Oficial con el aval de los dos premios a la interpretación para David Verdaguer y Natalia Tena conseguidos en el SXSW de Austin y, tal y como contamos aquí, no defraudó en absoluto.

Después de la proyección estuvimos hablando con Carlos, que nos recibió junto al actor David Verdaguer. Si ya demostraron lo divertidos que eran en la rueda de prensa, en esta entrevista con Bloguionistas, lo confirmaron.

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Carlos Marques-Marcet

La acogida de 10.000 Km está siendo excelente: premios en el SXSW de Austin y críticas buenísimas en Málaga, ¿sorprendido?

La verdad es que sí que estoy un poco sorprendido. Cuando haces una película lo haces lo mejor que puedes y lo mejor que sabes, pero nunca sabiendo a quien va a gustar y a quien no, porque si te paras a pensar en que quieres gustar a todo el mundo, acabas sin gustar a nadie. A Austin fuimos un poco a ciegas, sin saber lo que iba a pasar y sin muchas expectativas. También es cierto que una vez que acabas la película tienes la sensación de “ya está”, y que sea lo que tenga que ser, como si sueltas al bebé para que haga su vida.

Tu película es el retrato de una relación consolidada durante años que se ve obligada a mantenerse a distancia. Has comentado que no es una experiencia autobiográfica, pero sí está basado en determinadas experiencias propias y de conocidos, ¿cuál es el germen real de la historia?

En una de mis primeras prácticas en Los Angeles rodé un pequeño cortometraje parecido a una de la últimas escenas de la película. Ahí me di cuenta de que había un lenguaje audiovisual muy interesante. Además, justo en ese momento recibí la visita en Los Angeles de mi amigo Aleix Plademunt, que es un fotógrafo maravilloso, y con él empecé a hablar de la idea de la película. También aquí fue el momento en el que pensé que, si seguía con la idea, no sería otra película de “artistas” que se van fuera a trabajar, y creía que sería interesante que fuese una mujer la que viajaba. A partir de ese momento empecé a recolectar cosas: momentos, escenas… fueron años de apuntar momentos en tarjetitas… La estructura del guión es muy importante, pero para mí lo que más mérito tiene es crear escenas.

El guion lo has coescrito con Clara Roquet. ¿En qué momento entra ella en el proyecto? ¿Cómo trabajaste con ella?

Yo estuve como dos años escribiendo solo, pero no conseguía sacar el guión adelante. Así que mi amigo Sergi Moreno, que es uno de los productores, me dijo que fuese a Barcelona a desarrollarlo y allí me fui, pero le dije que me pusiese con alguien a escribir. Porque, la verdad es que a mí no me gustaba escribir, pero le he cogido el gusto y he aprendido a hacerlo mientras trabajaba en esta película. Ahí fue cuando se unió Clara.

Y respecto al trabajo con ella, al principio fuimos hablando del guión que ya tenía yo y a raíz de ahí empezamos a cambiar escenas, reescribir cosas… Así estuvimos como dos o tres meses. Nos dieron la beca de desarrollo, que nos ayudó muchísimo y que fue clave en su momento, como también lo fueron notas sobre el guión que nos iban pasando y fuimos trabajando sobre ellas. Pero tampoco terminó de funcionar del todo. Así que decidimos dejarle hacer una versión a ella por su cuenta, pero, de nuevo, tampoco conseguimos hacer que funcionase. Esto era comprensible porque, cuando empezó con el proyecto era muy joven para escribir muchas de las experiencias que suceden en la película; al final, ella fue madurando con el proyecto, y ahora está en Columbia haciendo un máster de guion gracias a una beca que le dieron, porque, de verdad, tiene muchísimo talento. Tiene un par de guiones escritos que son buenísimos. Y su aportación fue muy importante porque en un guion así es clave tener otro punto de vista y otra voz.

Por curiosidad, una pregunta que le estamos haciendo a todos los guionistas: ¿con qué software trabajáis?

Con Final Draft, siempre. Es el mejor software que hay sin duda alguna.

¿Qué pasó cuando comprobasteis que esta última versión tampoco acababa de funcionar?

Nos planteamos contratar una script editor y finalmente lo hicimos. Fue Coral Cruz, que es una mujer maravillosa. Se leyó la primera versión y la última y, además, todas las intenciones que yo tenía como director para hacer la película. Tras leer todo nos dijo que estábamos más cerca de conseguirlo en la primera versión que en la última. Porque uno de los problemas que te pueden traer las reescrituras es que, cuando no funcionan, pones constantemente parches: más tramas, más personajes… Y terminas creando problemas en el guion. Así que ella, lo que nos propuso, fue hacer una apuesta más radical: volver a la idea original, quitar todo lo que teníamos y hacerlo con dos personajes. Como yo tenía muchas escenas del primer acto ya pensadas, ella fue la que me propuso hacer del primer acto toda una escena, en un plano secuencia. Y así fue.

Después de tres años escribiendo, empezamos de cero. Y lo primero que hicimos fue dejar claro sobre el guion que esta pareja se quería muchísimo antes de separarse, que el espectador supiese lo que iban a sufrir y lo importante y establecida que está su relación en Barcelona. Y lo conseguimos, entre otras cosas, haciendo que estuviesen buscando ya un hijo, que tenían casa juntos…  Así que, después de todo esto, al final, el guion lo escribimos en tres semanas.

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David Verdaguer y Natalia Tena en un fotograma de la película

Entonces, después de tantos y tantos problemas para terminar el guion, ¿te llegaste a venir abajo en algún momento?

Tuve momentos en Los Angeles de depresión pura y dura. Menos mal que uno de los productores era buen amigo mío y me apoyó todo el tiempo, pero tuve momentos constantes de “esto no le interesa a nadie”, “no va a funcionar nunca”… Pero, claro, ¿qué iba a hacer? No podía dejar de intentarlo. De hecho, durante mucho tiempo tuve la actitud de terminar la película pero solo para quitármela de encima, convencido de que no iba a quedar bien. Lo que quería era rodar ya aunque el guion no funcionase. Y si luego no funciona y nadie la ve, me daba igual. Sin embargo, luego durante la escritura final con Clara me di cuenta de que esa simbiosis que tuvimos fue muy importante porque ya no me sentía solo en el proyecto, porque durante mucho tiempo estuve muy solo.

Debido al momento en el que llega la película, 10.000 Km se podría considerar también un retrato bastante realista de la generación de jóvenes de ahora, que se tienen que ir a buscarse la vida fuera dejando todo aquí, ¿había intención también de eso?

Por supuesto. Había una intención de conseguir un retrato generacional de los problemas que estamos viviendo todos ahora, tanto en las relaciones sociales como en la situación del país; que las madres que tienen hijos fuera viviendo también se pudiesen sentir identificadas.

El trabajo de interpretación de Natalia Tena y David Verdaguer es brutal y ya ha sido reconocido y premiado. Has comentado que hubo ensayos previos para empezar a crear química entre los actores. ¿Cómo fue ese trabajo previo con ellos?

Nos lo pasábamos muy bien, pero bueno, no hubo mucho tiempo. A mí me hubiera gustado tener dos meses para ensayar, hubiera sido lo ideal, pero evidentemente era imposible. La cuestión es que tú siempre tienes una idea previa de cómo son tus personajes, pero yo soy de la filosofía de que cuando estás rodando, como director, tienes que olvidarte un poco del guionista. De hecho, muchas veces hacíamos la broma de “Vaya basura de guion, ¿quién habrá sido el subnormal que lo ha escrito?”.

(El actor David Verdaguer, presente en la entrevista, también respondió a algunas preguntas junto a Carlos cuando empezamos a hablar sobre la interpretación).

D. Verdaguer: Sí, creo que fue Hitchcock… ¿era Hitchcock o me lo estoy inventando?… El que decía que cuando ruedes vas a encontrar el guion y cuando montes, encontrarás el rodaje. Entonces está muy bien porque tienes tres oportunidades de fastidiarla o hacerlo mejor.

C. M: Entonces sí que trabajábamos los personajes, obviamente con una idea previa, pero sin desarrollar una biografía extensa que hablara de su infancia o de la vida de sus antepasados. Para mí eso no es información relevante, y, además, no quería imponerles a los actores lo que yo interpretaba. Cuando dirijo, me gusta acercarme a cada escena con ciertas ideas pero sin saber exactamente hacia donde va a ir. Si lo supiera, seguramente me aburriría.

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El director Carlos Marques-Marcet escucha divertido a David Verdaguer

¿Entonces, David, cómo os acercasteis a los personajes?

D.V: Durante las dos semanas de ensayo, Carlos nos hizo hacer cosas como hacer una lista de las diez canciones favoritas de nuestro personaje.

C.M: Sí, claro, antes de empezar el rodaje, antes de que se conocieran David y Natalia, para empezar a pensar sobre el personaje les hice hacer algunas listas.

D.V: ¡Y coincidimos en una canción!

C.M: Sí, coincidieron sin conocerse de nada, así que empezábamos bien. La canción era Just a Gigolo.

D.V: Sí, también Carlos construyó un pasado reciente de la pareja. Por ejemplo, cómo fue el primer beso, cómo nos conocimos… Eso sí que lo hizo para crear como un poso emocional.

C.M: Sí, también fue una cosa que yo iba viendo. Fue un planteamiento como “vamos a ver quiénes son esta gente”. Como digo, yo tenía las ideas previas de cómo eran y cuál era su historia pero prefería proponer ciertas cosas, antes que imponerlas. De hecho tenía varias escenas que al final no hicimos. En realidad los ensayos fueron un trabajo muy físico. Siempre empezábamos con algún ejercicio como bailar o cosas así. Sobre todo también aprender a cogerse, a tocarse…

Para conseguir esa interpretación tan natural, ¿dejaste espacio a la improvisación?

C.M: Sí, claro. Tanto es así que tienen créditos adicionales en los diálogos, porque hay muchas cosas que son suyas. Cuando ensayábamos, leíamos el texto y luego les dejaba que improvisaran porque me interesa mucho jugar con cada situación. El texto está ahí, pero lo importante es lo que está pasando. Luego también, como eran tan buenos improvisando, pues salían muchas cosas. E incluso había frases que de repente cobraban un nuevo significado.

DV: Además, muchas veces, después de grabar las secuencias, hacíamos un rato de funtime y ahí salieron también algunas cosas interesantes.

David, tú eres principalmente un actor cómico, ¿cómo has procesado este cambio tan bestia?

Lo cierto es que en teatro sí que había hecho mucho drama, por lo que tenía la seguridad de que podía hacerlo, pero en televisión y cine era la primera vez. También es verdad que a veces son los mismos productores o los directores de cásting los que te encasillan, no el público. No sé exactamente quién es el que decide, porque el cine es algo nuevo para mí, pero que nos encasillen y crean que “éste es un sex symbol y tiene que quitarse la camiseta” o “esta chica no es lo suficientemente guapa para ser la protagonista, tiene que ser la amiga”, me parece una estupidez, porque un guionista puede escribir cualquier cosa y es nuestro trabajo darle vida, eso es lo interesante. Por eso estoy muy agradecido de que Carlos haya confiado en mí para este papel. Quizá tuve la suerte de que él estaba en Los Angeles y no me vio hacer el bobo en la televisión.

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¿Cuando se produjo la incorporación de Natalia Tena?

C.M: Hubo un momento en el que, después de cinco años, nos habíamos quedado sin actriz y teníamos que rodar antes de septiembre porque después David empieza las actuaciones de la compañía permanente del Teatre Lliure de Barcelona y ahora también está en Madrid haciendo El caballero de Olmedo, así que era un “ahora o nunca”. Teníamos que encontrar a alguien o yo me pondría una peluca y actuaría con él, pero no podíamos perder la oportunidad. Por suerte, en ese momento apareció Natalia. Y se portó muy bien. Es un terremoto de vida.

D.V: También daba miedo porque es como: ¿una actriz que ha salido en Harry Potter y en Juego de Tronos va a querer hacer esta película tan pequeña?

C.M: Lo gracioso es que me llamó por teléfono un día desde Londres a Los Angeles. Me llamó a una hora intempestiva pero lo hizo porque su agente americana le dijo que teníamos que hablar ya porque, de hecho, nosotros ya habíamos cancelado el rodaje porque no teníamos actriz. Cuando hablamos, ella empezó a decirme que creía que no lo iba a poder hacer, que no iba a saber cómo hacerlo… Estaba muy preocupada de verdad. Y luego, cuando vino, se entregó totalmente. Se involucró al máximo. Además es muy agradable y muy profesional, cero estrella. Desde el primer momento fue una más de la familia.

Has dicho que Coral Cruz fue la que te propuso hacer ese plano secuencia inicial, ¿qué fue lo que te convenció para enfrentarte a ese reto?

C.M: Yo tenía la idea de hacerlo en varias secuencias y ella me propuso hacerlo todo en una. Me pareció muy interesante el recurso porque reforzaba la sensación de estar con ellos.

D.V: Y yo lo agradecí mucho porque vengo del teatro y cuando lo rodamos dije: “¿Esto es cine? ¡Está tirado!”.

C.M: Para mí era muy importante que no pareciera que lo hacía para ganarme elogios. De hecho, mucha gente lo ve y no se entera de que es un plano secuencia. Simplemente lo hice para borrar cualquier recurso que te sacara de la situación, para que fuese muy orgánico. Era como montar sin cortar. Creamos una coreografía que nos permitió fluir por los espacios sin la necesidad de cortar en ningún momento.

D.V: Además, la coreografía es muy natural. Es la coreografía habitual del despertar de cualquier pareja. Me gusta mucho cuando yo le paso la mantequilla o cuando ella me quita a mí una migaja de la barba y se la come. Eso es amor.

Y ahora, además de esperar si llegan más buenas noticias para 10.000 Km, ¿tienes algún otro proyecto entre manos?

Estamos adaptando un cuento del libro Plantes d’interior (Plantas de interior) de Aleix Plademunt, el escritor y fotógrafo que nos ayudó a desarrollar el proyecto artístico de la película. Creo que muchas veces es más interesante adaptar una historia corta o un cuento, que una novela. Para mí, una novela se adapta más a una serie de televisión. Por ejemplo, el guion de Brokeback Mountain está basado en un cuento y me parece un guion maravilloso. De hecho me parece mejor el guion que la película.

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