FIRMAS INVITADAS: CÓMO SER GUIONISTA… JUNIOR (Y NO DARTE A LA BEBIDA EN EL INTENTO)

Por Alba Lucío

Alba Lucío estudió el Máster de Guión de la Universidad Carlos III y ALMA y comenzó como becaria en el Departamento de Contenidos de la productora Hill Valley. Actualmente afronta su primer trabajo como guionista junior en la serie ‘Chiringuito de Pepe’, de 100 Balas y Telecinco. Seriéfila, cinéfila, gamer, miope y otras cosas frikis. 

El pasado mes de septiembre me incorporé a la serie Chiringuito de Pepe como guionista junior. Mi primer trabajo en una serie. Todo un reto y una maravillosa experiencia a la que he sobrevivido sin canas. El puesto de guionista junior puede parecer sencillo y agradecido, pero también es una tarea estresante y exigente. Sólo tenéis que recordar vuestro primer día de trabajo, o vuestra primera cita: quieres que todo salga bien, que todo sea perfecto, que la otra persona quede prendada de ti… Mucho está en juego.

Para compartir mi experiencia y animar a aquellos que, como yo, intentan entrar en esta industria tan compleja, he decidido enumerar diez consejos para sobrevivir a esa “primera vez” en el mundo del guión (y no gastarte tu primer sueldo en psicólogos):

1. Absorbe como una esponja (o como una Campurriana): Aunque los libros y las escuelas o másteres de guión nos enseñan lo básico para dedicarnos a esta profesión, son las personas con las que trabajamos cada día las que más pueden enseñarnos. Cada consejo que nos dan (lo pidamos o no) y cada decisión que toman (acertada o errónea), es una pequeña lección. Esto no quiere decir que tengamos que hacer siempre lo que digan nuestros compañeros o superiores, pero es interesante escucharles y tomar nota de sus experiencias. Al fin y al cabo, ellos llevan muchos años dedicándose a esto, y “han visto cosas que nosotros no creeríamos”. Y cuando digo ellos no me refiero sólo a los guionistas. Me refiero a aprender también de cualquier persona implicada en la producción: actores, productores, productores ejecutivos, directores… Hasta de la señora de la limpieza, si me apuras.

2. Contágiate de lo bueno, no de lo malo: Una sala de guionistas es un pequeño ecosistema en el que se crea un ambiente muy frágil, un microclima que pasa de un día soleado a un ciclón en medio segundo. Trabajamos muchas horas, y a veces con un alto nivel de estrés y tensión. Es muy fácil que el estado de ánimo de una persona pueda contagiar al resto, o que una circunstancia adversa en la producción pueda dinamitar el grupo entero. Es normal que aquellos que llevan muchos años en la industria se sientan a veces cansados o frustrados. Son pequeños momentos de bajón que nosotros, los juniors, no debemos alimentar. Los que empezamos tenemos que contagiarnos de la ilusión y las cosas buenas de los demás, y no de sus posibles frustraciones o miedos. Es como si tuviéramos que ponernos un escudo para no contaminarnos de los vicios o derrotas de los demás.

3. Sé flexible como una caña de bambú (o como un chicle bubalú): A todos nos gustaría poder elegir nuestros proyectos, compañeros o lugar de trabajo. Pero eso casi nunca es así. Lo rápido que te adaptes a un proyecto o equipo es una de las claves para trabajar en televisión. Puedes ser más o menos hábil, o más o menos gracioso (si trabajas en comedia), pero si eres capaz de dejar a un lado tus ideas preconcebidas (ésas que traías del máster y de tu casa, sobre lo que imaginabas que sería trabajar como guionista), tendrás más futuro en esto. Esto no significa que si las condiciones de trabajo no te parecen favorables no lo digas. Nadie debería sentirse incómodo trabajando, o trabajar en un proyecto que no le guste. Pero es que este trabajo no es tan glamuroso como todos habíamos imaginado, y eso hay que saber llevarlo. En algún momento todos creíamos que tendríamos un sueldo elevado, un horario maravilloso y doce mil seguidores en Twitter. La realidad es que acabarás trabajando en un polígono (y si no tienes coche vete sacando el abono transportes, que te va a hacer falta).

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El día en que te comunican que te aceptan en la serie

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Más tarde, cuando descubres que vas a trabajar en un polígono

4. No intentes abarcar más de lo que te corresponde: Hacia mitad de este proyecto, cual punto de giro del segundo acto, tuve un bajón. Llevaba ya unos cuatro meses trabajando y poco a poco me sentía más segura y cómoda en el equipo. Sentía que mi opinión era escuchada y valorada, pero me vine un poco arriba y uno de mis compañeros me dio una charla que nunca dejaré de agradecerle, a pesar de lo difícil que fue afrontarla. Me di cuenta de que estaba intentando trabajar al mismo nivel que mis compañeros, intentando abarcar más de lo que me correspondía. Me sugirieron que me relajase, que disfrutase más de la experiencia, que siguiese aprendiendo, aportando y dando lo mejor de mí, pero sin olvidar cuál era mi lugar. Me pudieron las ganas de impresionar. A partir de ese momento, decidí dejarme llevar, mostrar mi opinión, esforzarme, pero sabiendo que la última palabra no iba a ser la mía. Y a partir de entonces el viaje mejoró notablemente.

5. Da lo mejor de ti mismo, pero sin frustrarte: Creo que la frustración es uno de los sentimientos contra los que más debe luchar un guionista a lo largo de toda su carrera. Cuando empiezas, la exigencia y el deseo de demostrar que vales puede jugarte una mala pasada, y también provocarte una sensación de fracaso errónea. Está muy bien esforzarse al máximo, pero nunca hay que perder de vista que estamos aprendiendo, y que tendremos que tropezarnos ochocientas veces en el camino para ello. La mayoría de las veces estoy segura de que nos importan más nuestros errores a nosotros mismos que a los demás. Esa escena que, seamos francos, no tenía ni pies ni cabeza. Ese chiste que sólo entendías tú. Esa trama que no terminaste de saber desarrollar. Es completamente normal sentirse perdido en algún momento del proceso. Y en lugar de flagelarse, lo más saludable es admitirlo y tomárselo con naturalidad y humor. Si trabajas con buenas personas, todos entenderán tus fallos y te ayudarán a superarlos. No te conviertas en tu peor enemigo.

6. Sé valiente como un espartano (o como Calimero): trabajando estos meses y observando he llegado a una conclusión: no hay guionistas buenos o malos, sino guionistas cobardes y valientes. Cuando escribimos es muy fácil quedarnos en lo superficial, en lo banal, en lo “correctillo”, no mojarnos, no aportar. Ese era uno de los primeros fallos que cometí. Tenía miedo de tirarme a la piscina y que estuviera vacía, prefería no arriesgar. Con el tiempo he descubierto que hay que saltar del trampolín, haciendo un doble tirabuzón si hace falta, haya agua o no debajo. ¿Qué te darás de bruces contra el fondo muchas veces? Sí, seguro. Pero si no lo intentas te quedarás a medio camino, sin fuelle, desinflado. Lo de ser valiente también se aplica a muchos otros ámbitos de la profesión: desarrollo de nuevos proyectos, reuniones con ejecutivos de cadena, decisiones creativas… Un guionista cobarde es como un chef que decide, por voluntad propia, cocinar con los peores ingredientes.

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Guionista tirándose a la piscina

7. Asume todas las tareas con la misma alegría: Ser guionista junior no significa que desde el primer día vayas a tramar o a dialogar escenas. Probablemente hará falta un período de adaptación en el que realizarás las tareas que nadie quiere hacer, aquellas más tediosas. Irás a la fotocopiadora doscientas veces al día. Encuadernarás biblias y capítulos, mandarás emails. Pero con el tiempo, y si todo va bien, acabarás escribiendo como un guionista más. Eso no quiere decir que dejes de tener que encargarte de las otras tareas, tendrás que compatibilizarlo todo, y poner en ellas la misma ilusión que depositas en las escenas que te encargan. Si le dedicas la misma energía y alegría a cada tarea encomendada te convertirás en alguien querido e importante para el equipo.

8. Relaciónate con el equipo: La profesión de guionista es muy endogámica. Una de las primeras cosas que me llamó la atención al incorporarme al equipo fue descubrir que todos los departamentos comían juntos y que el equipo de guión salía a comer fuera o comía en otra mesa. Es una de las cosas que no me gustan y creo que nos perjudica. Por hacer un símil musical, creo que los guionistas somos los bajistas del audiovisual (con perdón de Lemmy). Somos parte imprescindible del proceso, la base de todo, pero no solemos atraer la atención de los demás y tendemos a retraernos. Cuando guionistas y resto del equipo trabajan separados, es normal que no se tengan en cuenta. Pero cuando, como en este caso, todos trabajan en el mismo espacio, me parece imprescindible relacionarse, comer juntos, charlar, conocerse… Se puede aprender muchísimo de cómo trabajan el resto de departamentos. Es básico saber qué cosas facilitan o dificultan la producción. También para los compañeros de otras áreas puede ser útil comunicarse con los guionistas, conocerles. Cuando la relación se vuelve humana y no estrictamente profesional, la producción mejora (y empiezan a invitarte a las fiestas).

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Guionista en la fiesta de fin de rodaje

9. Implícate en todas las partes del proceso: Una de las cosas que me han resultado más interesantes de esta primera experiencia ha sido poder implicarme en partes del proceso distintas a la escritura. Por ejemplo, ir al rodaje y ver cómo se graban las escenas, cómo ensayan los actores… También acudir a las lecturas de guión técnicas (en las que descubres que lo que sale de tu cabeza genera un montón de trabajo para otras personas), las lecturas con actores (donde ves cómo interpretan sus personajes, si están cómodos o no, y donde surgen propuestas muy interesantes), el montaje, la rueda de prensa, o las reuniones en la cadena (si tienes la oportunidad de ir). Toda parte del proceso te ayuda a comprender la labor del guionista y se convierte en una lección mucho más valiosa que cualquier libro o masterclass.

10. No pierdas la ilusión: Si algo puede diferenciar a un guionista junior de un senior es la ilusión y el espíritu. Nosotros venimos, como suele decirse, “fresquitos” y con ganas, y eso nos convierte en personas con ideas nuevas y energía para parar un tren. Podemos aportar “sangre nueva” a la industria, fuerza y coraje. En muchas ocasiones tenemos miedo, nos sentimos confusos, nos encontramos con una profesión cerrada, limitada, masculina (chicas, preparaos), y algo chapada a la antigua. Pero eso no debe desanimarnos. Tenemos que mantener el fuego avivado y esforzarnos en no decaer (sobre todo si no queréis envejecer pronto).

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Guionista junior en su primer día de trabajo

Estos son los consejos que, desde mi corta experiencia, repasaré a menudo para que a mí misma no se me olviden. Espero que sean de utilidad para alguien, y que aquellos que estáis empezando, como yo, os animéis a seguir intentándolo. Cuesta mucho, pero se puede. Y permitidme que aproveche para darles las gracias a mis profesores del máster y a los que en los dos últimos años han confiado en mí, me han ofrecido trabajo y se han molestado en enseñarme algo cada día.

Entrar en esta industria es como colarse en una discoteca con quince años. Puedes intentarlo varias veces antes de conseguirlo, y cuando estás dentro, crees que el dueño vendrá a echarte en cualquier momento. Pero hasta que eso ocurra, habrá que bailar.

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3 Responses to FIRMAS INVITADAS: CÓMO SER GUIONISTA… JUNIOR (Y NO DARTE A LA BEBIDA EN EL INTENTO)

  1. […] Cómo ser guionista júnior (y no darte a la bebida en el intento) […]

  2. Aina Requena dice:

    Humor y sentido común, no puedo imaginar la vida -en general- y esta profesión -en particular- sin estos dos básicos.
    Enhorabuena Alba, me ha encantado tu post: todo acertado, más si caben los puntos 8 y 9 ¡¡relaciónate, que sí, que yo que he estado en 4 equipos diferentes te aseguro que ayuda y abre la mente que no veas! Cuesta salir de la sala de guión pero… siempre podrás ir armada con tu caja de Campurrianas, a eso y a una sonrisa ‘junior’ nadie puede resistirse… ;)
    Enhorabuena y… suerte.

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