ENTREVISTA A JOSÉ LUIS CUERDA

11 noviembre, 2014
Foto: EFE

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por Ángela Armero

Jose Luis Cuerda es director, guionista y productor de cine español. También escritor, profesor, tuitero y bodeguero. Entre sus obras más relevantes se cuentan el vino blanco Sanclodio, la dirección de más de una docena de películas (entre ellas”Amanece, que no es poco”, “El bosque animado” o “La Lengua de las Mariposas”; también es el productor de “Tesis”, “Abre los ojos” y “Los Otros”). Su última película es “Todo es silencio” y recientemente ha publicado un libro con los guiones de televisión que dieron origen a “Amanece, que no es poco”.  Hemos tenido el privilegio de sentarnos a charlar con este grande del cine español.

 ¿Cómo surge “Amanece que no es poco”? ¿Tiene planes de hacer “Amanece, que no es poco”, la serie? 

Había hecho “Pares y nones”, mi primera película, y por ello TVE me encargó un especial para el festival de Montecarlo. Como había hecho una comedia me encargaron algo cómico, aunque yo manejaba varios proyectos de drama. Yo estaba fastidiado, pensé: “Ahora tengo que escribir comedias toda la vida”. Incluso paré en la casa de Campo y se me escapó alguna lágrima (risas). Entonces escribí una película de una duración de una hora con mi sentido del humor. Se llamaba “Total”, del estilo de “Amanece que no es poco”.

Antes de enviarlo a concurso, era necesario que se viera en televisión. A la mañana siguiente de la emisión, me llama un amigo y me dice: “No te leas lo de Ángel Fernández Santos, que te mete un palo tremendo”. “Total, nada”, se titulaba la crítica. Decía que mi película era una sucesión de chistes que no iban a ningún sitio. Después de leer aquello, me fui a TVE a hablar con el jefe de festivales para que no lo mandara. Pero él me dijo que estaba muy bien.

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En Montecarlo ocurrieron dos cosas. La primera, que le dieron el premio especial del Jurado y el premio especial del Jurado internacional. La segunda, que la compró la televisión americana. Cuando me dieron el premio en Montecarlo, me lo entregaron  las protagonistas de “Ma nuit chez Maud”, la peli favorita de mi amigo Méndez Leite, y yo quería que me hicieron fotos con ellas para darle en los morros a mi amigo, pero nunca llegué a tener esas fotos. A partir de “Total”, me pidieron hiciera una serie para televisión con esos mimbres. Escribí un proyecto de serie llamado “Ab urbe condita,” un proyecto sobre la mediterraneidad.

Yo estoy muy agradecido a Grecia, creo que supone la creación de la civilización que más nos interesa. “Ab urbe cóndita” alude a cómo databan los romanos sus documentos. La presentación de la serie comenzaba diciendo “Amanece, que no es poco”. Quien lo leyera seguramente pensó que no se podía hacer, porque transcurría en varias ciudades y cada calle conducía a una ciudad distinta, una calle te daba a Genova, doblabas una esquina y estabas en Roma… Y yo les decía, “Pues tienes razón. No se puede hacer”. Pero les gustó el título. Escribí una serie de cinco episodios, pero cometí otro error; escribí en continuidad y antes eso no era tan habitual como ahora, y tampoco la hicieron. Sin embargo, “Amanece…” surgió de las cinco horas de serie.

Pero no hay planes de hacer una serie actualmente.

¿Y qué quiere hacer ahora?

Últimamente, me voy encontrando guiones del pasado y lo que me he encontrado es “Tiempo después”, guión que escribí en 1996, dos años después de “Así en el cielo como la tierra”. Es una historia que transcurre en el 9974 y el mundo ha quedado reducido a un edificio muy grande como el edificio España y un descampado muy grande que es una especie de poblado de pobres. En el edificio vive una representación completa de la sociedad. Una pareja de la guardia civil, un almirante argentino con tres marineros, también está el Rey, que habla con acento americano, y también hay un parado, porque tiene que haber una representación de todos los poderes fácticos y no fácticos… El parado, que lo interpretaría Karra Elejalde, aunque él no lo sabe, se presenta en la consejería del edificio mundial porque quiere ocuparse vendiendo limonada, y el conserje le dice que no puede entrar, y que si entra, tiene merma ontológica, se desnaturaliza, deja de ser parado. No le dejan entrar. El mundo está dividido en ricos y pobres.

Si la hago, haré que los sudamericanos leviten, que en “Amanece” no pude hacerlo por falta de presupuesto, solo pude levantar a Manuel Alexandre. “Tiempo después” es el guión que quiero hacer ahora. Y es buenísimo. Hay que hacerlo (risas).

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¿Qué sensaciones le provocan las hordas de Amanecistas?

No sé por qué les gusta tanto la película, no sé si es que tienen ganas de que se les desorganice la cabeza, o al revés, que se les organice de manera diferente. A mi cuando me preguntan sobre la película, me obligan a reflexionar, cosa que no hice cuando la escribí. Me dicen que es surrealista, y yo creo que de surrealista no tiene nada. Si pones un ismo yo soy escolástico, esto no es una escritura automática, aquí media la razón. Yo nunca he creído en el cine surrealista, se escribe un cine que parece surrealista pero no lo es, ya me contarás si lo escribes y luego tienes que poner “cámara aquí”, “cámara allá”… tiene que ser algo muy controlado. En el cine es imposible hacer nada mecánico, tienes que tomar mil decisiones. Los cadáveres exquisitos eran mecánicos, mi película no. Yo veo la realidad y de esa la realidad instintivamente me voy a su pasado, a su presente y su futuro y le retuerzo el cuello para que dé todo el juego que pueda dar; lo hago con mis escasos pero suficientes conocimientos del costumbrismo, de la picaresca, de la poesía… Un tío plantado en la tierra, pues  es un tío muy enraizado en su tierra, que es algo que se ha dicho siempre. Todo tiene su justificación. Y con la religión, lo mismo. Me pregunta el productor, “¿Cómo escribes eso?” “Pues sentado”, (risas), ¿Por qué le aplauden al cura en la misa?, y yo, “Joder, pues porque ha subido la hostia muy derecha, y además ha convertido un trozo de pan en el cuerpo de Cristo, pues no es para menos”. “Joder, eres un cachondo, Cuerda”, “No, será un cachondo el teólogo”. Están obrando con naturalidad ante un hecho mágico, un hecho que nos redimió, estábamos todos en pecado mortal. La literalidad es una de las lecturas que casi nunca se hace. Hace que la lengua sea excesivamente polisémica. Por ejemplo, lo llaman “rescate” y es una putada que nos hacen a todos para beneficiar a unos pocos. Pero bueno, los amanecistas que vean lo que quieran. Como oí en una entrevista, “la palabra es lo que dice uno y otro oye”. No tienen por qué entender exactamente lo que tú crees estar diciendo.

Ha tenido una trayectoria muy diversa. Empezó estudiando Derecho. ¿En qué momento se dio cuenta de que no era lo suyo?

Cuando leías cosas y decías “¿Lo legal es esto? Si esto está hecho para perjudicar a unos nada más, que se jodan”. Pero fue una revelación, yo no me había dado cuenta. Me leí la constitución en su momento. El artículo 35 que dice que todo español tiene derecho a una vivienda, ¿para qué lo escriben? Es como el grabado de Goya que dice “grande hazaña e con muertos”, esa ley mata antes de estar escrita, los desahuciados que se suicidan, si supieran de verdad que existe esa ley… igual no se tiraban. “Deme usted una vivienda, que lo pone aquí.”

¿Cuáles son sus hábitos de escritura? 

Yo soy un ansioso y un compulsivo, me escribo un guión en quince días, porque escribo doce horas, así es como me gustaba hacerlo. Ahora me interrumpen veinte veces… Yo necesito muchas horas por delante y las aprovecho mucho.  Si tengo que entregar una colaboración, lo hago a última hora para tener esa presión, porque si no, no lo hago.

¿Y sus compañeros de faena?

He escrito guiones con Méndez Leite, con Manolo Matji, con Manolo Marinero y con Rafael Azcona. Y creo que con nadie más. Escribir acompañado tiene sus ventajas porque el otro te anima. Si el otro coge el nivel y tu también, el otro te potencia, anima a lo tuyo, y lo tuyo a lo dél, y sus comentarios te son muy útiles, si no te equivocas al elegir o al dejarte elegir.

¿Le inspiran más las novelas que los guiones?

Lo de las novelas me da lo mismo. Me dan igual los géneros, lo que me importan son los personajes y la historia. Los personajes tienen que vivir en un hábitat adecuado. Si cojo una novela es porque me gusta la historia, pero me parece igual de noble coger el material de una historia que te cuenta un guardia municipal, por ejemplo venga y te cuente: “Un vecino se tira desde la ventana y a medio camino se queda flotando”, y nos quedamos todos acojonados, claro. Y lo que coges el argumento, no puedes coger otra cosa. Es la transubstanciación, que ya lo dijo la iglesia, como todo. Al principio era la palabra y se convirtió en carne, que es la definición del teatro.

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¿Qué busca en un guión?

A mí me interesan los personajes, seres humanos con alguna singularidad, que no sean intercambiables. No me creo al hombre común. Yo soy muy buen lector, me apasionan las intrigas internas de los personajes. Por ejemplo, me encantan Philip Roth y Woody Allen, que son de los autores que mejor sopesan la mierda que llevamos dentro. Me interesa la peripecia interna de los hombres y mujeres que se comunican entre ellos, establecen sus normas, rompen sus normas… Se necesitan, se odian… Es el material que me gusta manejar. Si eso se convierte en experiencia comunal se puede convertir en una experiencia colectiva como “Amanece que no es poco” o “La Lengua de las Mariposas”. Lo colectivo ante la amenaza de lo que se nos viene encima.

¿Qué nos puede contar de la acogida de “Todo es silencio”, su última película? 

Yo creo que uno de los grandes fallos de “Todo es silencio” es que ha tenido un problema de difusión tanto la novela como la película. En el mundo actual parece que está hecho con una plantilla, importan demasiado las apariencias, importa un pito lo que son las cosas o las personas. Nadie parece tener tiempo ni ganas de conocer nada. Lo que eres importa un carajo, lo que cuenta es lo que los demás ven de ti. Después, la percusión, que sea titular, si no es titular, nadie va a leer un artículo. Por ejemplo, que leas en un periódico “lo matan porque se lo merece” y dices “voy a leerlo”. También están todo el día con la reiteración, porque piensan que somos gilipollas y nos lo repiten todo continuamente.

“Todo es silencio” se vendió como una historia de narcotráfico gallego y en realidad es una peli de sentimientos, de amores infantiles, la peli más romántica que yo he hecho. Me gusta muchísimo la parte de los niños, y tiene momentos que me llenan de satisfacción creadora (risas). La gente iba esperando un policíaco. Y luego se sorprendieron de que se hablara tanto de amor. En “Dos en la cartera”, cuando vuelve ella después de muchos años, después de haberle abandonado, entra y dice “He vuelto” y él podría haber dicho “que te den por culo”, pero en lugar de eso dice “Gracias a Dios”; yo en la película puse mi momento “He vuelto”, después de mil años, y al verlo, a mí se me ponen aquí (se señala el cuello). Lo que me gusta de la película es eso.

También me pasó parecido en EEUU con los ejecutivos de Miramax para el márketing de “La lengua de las mariposas”. Querían cortar la llegada al pueblo del niño con el banderín, decían que era larga. Pero como vas a cortar eso, que es un momento emocionante, un descanso narrativo, un cambio de tono, que anuncia lo que va a venir, como por ejemplo, la historia de la china, etc. El cartel fue lamentable. Luego decían que “Butterfly tongue” sonaba muy mal y proponían que se llamara “Butterfly”, y así es como se llamó. Yo les decía, “Llamadle “El maestro y el gorrión”, pero nada. El cartel que le pusieron era Fernando Fernán Gómez dandole mariposas al niño, pero como les parecía poco, como le podría estar dando una colilla, pues pusieron mariposas por todas partes… Todo lector de guiones a sueldo en una productora tiene que decir que el guión es malo. Y si a pesar de todo el productor la hace y va bien, el productor le dice “es que eres tonto, hombre…” pero si se pega una hostia la productora le echa. Por esa razón los comerciales tienen que opinar y decir que no. Lo tienen estudiado; tienen que decir 16 veces que no.

¿Qué le diría a los guionistas que están intentando abrirse camino?

Que lean mucho. Que sigan las vías tradicionales de mandar los guiones a productoras a ver si se los leen o no se los leen. Como el problema está al final, que no hay dinero para el cine, el guionista, que está al principio, tiene unas perspectivas deprimentes. Yo les digo que no escriban un guión ni de coña, que escriban un tratamiento.

Después de hacer una película, un productor me preguntó si tenía otra idea. Le dije que sí. “Pues tráemela, traeme 30 folios”. “Pues te van a costar 300.000 pelas” y me puso mala cara. Cogí un montón de folios en blanco y se los di. “Eres un cachondo, Cuerda”, “No, pero es que no te cobro por los folios, te cobro por lo que hay escrito en ellos”. Y después te tienes que enfrentar a los distribuidores, que se llevan más dinero que yo como director. Me parece increíble, también, que como autor de un libro te lleves el 10%. Habla muy mal del mundo en que vivimos. Eso indica el desprecio que hay por el autor. Me parece un sistema asesino. Por eso me quejo de los capitalistas, porque si no están disfrutando son los mayores gilipollas del mundo, y si están disfrutando es que son unos sádicos de mil pares de cojones.

Ha producido tres pelis de Amenábar. ¿Por qué le surge esa faceta de productor?

Para entrar alguien tiene que darte la oportunidad. Entras en un mundo perfectamente cerrado, sellado, empaquetado al que se entra porque alguien que está ahí decide que tú también puedes estar. Y si no, no se entra. No lo hice por caridad o por altruismo. Me leí el guión en la época en la que estaba haciendo “La crisis” que luego se llamó “Tocando fondo”. Amenábar, que era un amigo de mi hija, vino con Mateo Gil al rodaje, los dos echaron la mañana. Les invitamos a comer y dijeron que se quedaban a ver todo aquello. Cuando volvimos, Amenábar estaba sentado en la silla del director. Después le quitaría la silla a muchos directores… (Risas) Le ayudé porque es muy buen director y un tío cojonudo. Leí su guión después del rodaje, se lo di a leer a mis hijas y a mi mujer, a todos nos pareció que estaba muy bien. Les pregunté, “¿Queréis que lo intente?” Le llamé, “¿Me dejas esto unos meses a ver si consigo que se produzca?”, y él dijo que le parecía muy bien, pero yo le dije “eso sí, la diriges tú.” Alejandro después me dijo que cuando lo llamé empezó a dar saltos de alegría.

¿Cómo era trabajar con Azcona?

Yo no me sentaba a trabajar con él. Me sentaba con él a hablar. Fijábamos una escaleta y nos la repartíamos, luego intercambiábamos comentarios. Era un maestro de vida y de pensamiento. Quedaba con él a comer, pero no hablábamos de trabajo, no salía ni una vez el trabajo, lo pasábamos en grande. A veces solos, a veces en grupo. Un día llamé a David Trueba, y se vino, lo añadimos como el joven de la padilla, y lo pasábamos fenomenal. Nunca discutíamos. Era un tío excepcional, Azcona.

Se ha convertido en una estrella del twitter. ¿Qué le aporta?

Yo quería ser una estrella del rock. Pero de twitter me gusta que he encontrado una gatera, que la tengo abierta día y noche, por la que sale todo lo que me rebosa. Y lo que me rebosa es a veces ingenioso, otras absurdo, o las dos cosas a la vez… es un destilado de 67 años de vida en un mundo traidor. “En este mundo traidor, naide te has de fiar, yo por migo, tú por tigo, naide más se ha de salvar”. Son aldabonazos desesperados. Ayer escribí uno desesperado en mayúsculas: YA. Es que me parece tan obvio. Ayer nos llevaron a Gonzalo Suárez y a mí a hablar a Valladolid. Y comimos delante de dos tíos asquerosos, engominados con puro, morenos de rayo uva…  Se quejaban de IU y de Podemos. Decían “Marxistas, rojazos… Se meten con la banca, la banca siempre ha estado ahí, ha hecho que las cosas funcionen…” ¿Cómo se pueden afirmar esas cosas? Hay que tener callo en la mente. No hay ser más tonto que el ser codicioso, porque el ser humano sabe que se muere, ¿Para qué quiere acumular ese dinero? Y además para acumular esa cantidad de dinero hay que hacer el mal. Esta discusión ya la he tenido con algún millonario. “Sí, sí ya sé que tú eres un rojo trasnochado”, “Y tú un hijo de puta”. ¿Para qué quiere nadie 10000 millones de euros? Si te vas a morir, gilipollas.

¿Qué hacemos con los políticos? 

No querido hacer campaña contra los políticos, sino contra los poderosos. Lo malo es que los políticos se han convertido en el instrumento de los financieros. Se legisla para que ellos lo controlen todo. Pero la otra opción que he conocido, que son los militares, es mucho peor. Lo que sí conviene es meterle mano a los corruptores, no solo a los corruptos. Es insoportable. Me siento humillado, escupido a la cara.  Me parece acojonante que nos intenten engañar todos los días. Que leas el titular del periódico y veas que los periódicos se han convertido en la voz de su amo. Es inhabitable, es asfixiante.

Naturaleza muerta de Goya y San Clodio.

Naturaleza muerta de Goya y Sanclodio.


EN QUÉ PIENSA UN ESCRITOR CUANDO SE LE ROMPE EL PORTÁTIL

11 noviembre, 2014

victor-wong

por Juanjo Ramírez Mascaró.

Éste no era el post que pensaba escribir esta semana, pero ha surgido un imprevisto: Se me ha jodido el ordenador.

Lo malo de que tu ordenador decida irse al carajo en días festivos es que ésos son precisamente los días que tenías reservados para trabajar en cosas que no puedes gestionar durante los días laborables como, por ejemplo, escribir el post de Bloguionistas.

Los escritores no somos los seres más prácticos del planeta, así que… estoy escribiendo este post en el móvil.

De repente me ha resultado interesante la idea de escribir en el móvil un post sobre tener que escribir un post en el móvil, a ver si con suerte la realidad explota.

Y ya de paso aprovecho para compartir una serie de reflexiones que le asaltan a un guionista cuando se queda sin ordenador.

La primera reflexión es: ¿Realmente merece la pena seguir con Mac? Ésa es fácil de responder. Todo parece indicar que seguiré abonado a Mac, como un gilipollas.

La segunda reflexión es: ¿Hasta qué punto hemos permitido que la tecnología nos convierta en lisiados? La escritura es una de las artes menos sujetas a condicionantes materiales. Solemos presumir de que sólo hace falta una servilleta y un boli para crear un mundo, pero resulta que si queremos injertar ese nuevo mundo nuestro en este otro que compartimos con los demás humanos, necesitamos interfases, engranajes compatibles. El auténtico límite de la creatividad humana es nuestra necesidad de adaptarnos a los demás pa que nos hagan caso.

Cuanto más se complica un sistema, más esclavos somos de él. Hemos creado un mundo en el que un escritor sin ordenador portátil es poco menos que un tullido, cuando anteayer un tullido de los de verdad sólo necesitaba tinta, papel y pluma para escribir el Quijote.

No me malinterpretéis: No me gustaría volver a los tiempos de Cervantes. De hecho estoy seguro de que si Cervantes conociese las ventajas de escribir en un portátil se dejaría sodomizar por todos los turcos de Lepanto para conseguir uno. Sería muy divertido verle luego, cuando se le agotase la batería y descubriese que en el siglo XVII no hay tomas de enchufe.

Sin embargo me parece interesante que cada cierto tiempo nos sobrevenga una de estas catástrofes de juguete para demostrarnos que tampoco se hunde el mundo y que, efectivamente, lo esencial de nuestro oficio se puede hacer con un papel y un lápiz, o incluso con mucho menos que eso.

Esta situación me recuerda a otra que viví hará un par de años. Me embarqué en un proyecto muy loco y muy bestia con el director César del Álamo. Se trataba de escribir una secuela apócrifa de “El más allá” de Lucio Fulci. El proyecto estaba maldito. El tito Lucio nos gastaba muchas putadas desde su más allá particular. Los ordenadores se rompían, la conexión a internet dejaba de funcionar justo en el momento en que había que enviar el material. Incluso terminamos ambos físicamente enfermos, con fiebres inexplicables… pero ésa es otra historia.

El caso es que mi “necesidad” de escribir aquello era tal que me dije a mí mismo: “¡Al carajo! Si no me funciona el ordenador, me voy a un bar y empiezo a escribir el guión en el móvil.” Y sí: Las primeras diez o doce páginas de ese largometraje están escritas en el móvil. Tardé unas dos jarras de cerveza en escribirlas y tras ello el tito Fulci decidió que a lo mejor merecíamos un voto de confianza. El ordenador se arregló solo, misteriosamente. Me volví muy loco adaptando los formatos del móvil al universo Celtx, pero el guión ya estaba en marcha.

Aquello sirvió para recordarme algo: Cuando estás realmente ilusionado con algo, a las excusas les cuesta echar raíces. El impulso creativo se abre camino como los dinosaurios de Parque Jurásico. Es lógico que necesitemos rodearlo de ciertos protocolos para hacerlo compatible con el componente industrial de nuestro oficio, pero la semilla… ¡La semilla sólo necesita un poco de pasión! Lo demás es casi (casi) burocracia.

Me acuerdo de pronto del prólogo de Golpe en la Pequeña China. Ese prólogo que les obligaron a rodar para lavar la imagen de su protagonista. Les quedó maravilloso. Terminaba con el personaje de Victor Wong emitiendo rayos con sus manos para demostrarle a un abogado escéptico que la magia existe. Luego le decía que eso era sólo una demostración de andar por casa, pero que todas las grandes hazañas mágicas empezaban así: Por muy poquito.

Luego llega el trabajo duro, la ingeniería audiovisual… pero de alguna manera, el ADN que se inscribe en todas las células del proyecto es ese “muy poquito”, esa semillita que se puede poner en marcha escribiendo en una servilleta, o en un móvil.

Nos adiestran para que luchemos contra las excusas con sufrimiento y sacrificio personal. A veces me pregunto si no sería más efectivo aprender a enamorarnos de nuestros objetivos. No incidiré sobre ello porque ya escribí algo parecido el mes pasado. Aprovecharé la poca paciencia que os quede para comentar otra conclusión a la que he llegado con esto del ordenador roto:

Como os decía, escribo esto aprovechando un día festivo. Mi intención era aprovechar también para avanzar en un proyecto que me he comprometido a finiquitar en breve. No contaba con que Murphy se iba a mear en mi ordenador. Sin embargo, ha ocurrido algo curioso: Llevo semanas avanzando muy lentamente en ese proyecto, como víctima de una especie de bloqueo. Y ahora, cuando de repente sé que no puedo sentarme a escribirlas, me surgen todas las ideas en torrente. Somos unos animales muy rebeldes, muy de morder manzanas cuando nos dicen que no las mordamos. O quizá se debe simplemente a que es complicado que la mente se relaje cuando el teclado la observa con el rabillo del ojo como diciendo: “Ahora vienes y lo concretas.”

Podría seguir durante muchos más párrafos filosofando sobre mutilaciones y ordenadores rotos, sobre si los guionistas nos estamos convirtiendo en cyborgs, si gran parte de nuestra vida y nuestra funcionalidad depende de prótesis tecnológicas, sobre si nos hemos vuelto demasiado dependientes o sobre si simplemente hemos olvidado que no lo somos tanto.

Pero no puedo quedarme a desbarrar sobre esas cosas, porque ahora me toca averiguar si es posible programar un post en WordPress desde el móvil.

P.S: Revisar un texto en WordPress desde el móvil es ETA.


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