UN GILIPOLLAS ARROGANTE

por Sergio Barrejón.

Poco después de terminar la carrera, escribí una obra de teatro breve con una compañera de la facultad. Se titulaba “Coronel Redl” y estaba basada en un guión que presentamos a un taller de cortometraje, como ejercicio de clase. Nos gustó como quedaba el texto, pero no encontramos la manera de levantar el proyecto. Y de pronto, un día, vimos en un tablón de la Facultad un tríptico que anunciaba un concurso de teatro breve.

Sí, UN TRÍPTICO. Soy muy mayor, ¿vale? Era una época en la que la posibilidad de adjuntar archivos a un email nos parecía un invento revolucionario. Una época en la que imprimíamos en papel los emails importantes.

El concurso no incluía remuneración económica, pero el ganador vería su obra representada en una sala comercial, dirigida por un profesional acreditado. No voy a dar nombres. El caso es que ganamos el concurso. Y el profesional acreditado cogió nuestro texto, hizo un casting, encargó un cartel y se puso a ensayar…

Sin contar con nosotros para nada. Ni una llamada en dos semanas. Ni un email. Nada.

Mi compañera y yo no le dimos importancia al principio. Suponíamos que el profesional acreditado estaría muy liado y que dentro de nada nos llamaría. Al fin y al cabo, el tipo era… un profesional. Estábamos ilusionados.

Pasó una semana más. Nada.

Yo tenía entendido que, en teatro, lo normal era que el autor se implicase en las decisiones clave de la producción, incluyendo casting y ensayos. Había leído las autobiografías de Moss Hart, de Neil Simon, de Arthur Miller. Sabía de que iba el rollo. O eso creía. Ya sólo estaba ilusionado a medias.

Mi compañera llamó a los organizadores del concurso, a ver si había algún problema. Parecían extrañados. Nos dijeron que el profesional acreditado estaba muy liado con otras producciones y tal y cual. Pero accedieron a darnos su email y mi compañera le escribió:

Hola Profesional Acreditado,

Soy Compañera, autora junto a Sergio Barrejón de la obra “Coronel Redl”. La gente de la Organización del Concurso me ha pasado tu email.

Te escribo para decirte que estamos a tu disposición si hace falta revisar el texto o lo que sea. Imagino que ya estaréis con ensayos. Nos gustaría mucho saber cómo avanza el proyecto, quién lo va a interpretar, etc. 

Si fuese necesario cualquier cambio en el texto, por favor no dudes en decírnoslo. Nos encantaría pasarnos por algún ensayo a conocer al reparto y al equipo… y bueno, a echar una mano si hace falta. 

Un cordial saludo,
Compañera.

Pasaron dos semanas más. Nada. Silencio absoluto. Silencio de western: silba el viento. Eco de una puerta mal cerrada golpeando contra la jamba. Tumbleweeds across the street.

Ya no estoy ilusionado. Estoy cabreado. Llamo a la organización en tono de qué coño pasa aquí. Los organizadores me entienden. Me dicen que van a escribir inmediatamente al profesional acreditado.

Apenas una hora después nos reenvían la respuesta del profesional acreditado:

Hola,

Estoy trabajando en la función, estoy muy contento con los actores que tengo y de momento no he necesitado ponerme en contacto con los autores. El texto es claro, y la propuesta también. Cómo a día de hoy no he realizado ningún cambio, por eso no he visto necesario comunicarme con ellos. Todo va bien,

Gracias a todos por vuestro tiempo,

un saludo,

Profesional Acreditado.

Ya no estoy cabreado. Me llamo Bruce Banner y ese email ha sido una explosión de rayos gamma.

Mi piel se pone verde y mis pantalones morados. Saltan los botones de mi camisa. Me abalanzo sobre el teclado, y media hora después envío este email:

Hola, Profesional Acreditado:

Soy Sergio Barrejón, uno de los autores de “Coronel Redl”. Acabo de recibir tu email y hay un par de cosas que no entiendo.

No entiendo cómo el director de una función “no ve necesario” comunicarse con su autores. Yo pensaba que era lo habitual. Claro, que también pensaba que era habitual invitarles a los ensayos, comunicarles quiénes serán los actores, cómo será el cartel, etc. Pero parece que estaba equivocado. Sí, debe de ser error mío, porque yo sé mucho menos de teatro que tú

De lo que sí sé un poco más que tú, creo, es de cortesía. Porque no es sólo que no te dignes ni saludar a los autores. Es que ni siquiera contestas cuando te saludan: mi Compañera te escribió hace dos días para decirte que estábamos a vuestra disposición para lo que necesitases. Ese email es un buen ejemplo de lo que entiendo por cortesía. Ya no hace falta que lo contestes, pero te invito a que lo releas: igual aprendes algo de educación.

Otra descortesía: dar a entender que sólo “ves necesario” ponerte en contacto con nosotros en caso de que decidas hacer cambios en el texto. Te sugiero cortésmente que te olvides de hacer ningún cambio en nuestro texto sin contar antes con nuestra aprobación. Lo único que necesita cambiar en esta función es tu actitud

Para terminar: me gustaría saber quiénes son los actores, echar un vistazo al cartel, y presenciar los ensayos. (No porque tenga la más mínima duda sobre la calidad de tu trabajo. Es que yo también quiero estar contento). En caso contrario, tal vez no vea necesario permitirte que estrenes la obra

Espero que este texto haya sido tan “claro” como el de “Coronel Redl”.

Que tengas un buen día. 
Sergio Barrejón.

Esa misma noche, el Profesional Acreditado nos contestó. Directamente a nosotros. Me consta que esa noche tenía un estreno. Imagino que terminaría cansado. Pero no se atrevió a irse a la cama sin antes escribirnos para comunicarnos el reparto, enviarnos el cartel de la obra e invitarnos a los ensayos.

Fue escueto. De hecho, fue seco. Incluso borde. Pero lo hizo. Hizo lo que se supone que cabe esperar de un profesional.

Habrá quien lea este post y piense que soy un gilipollas arrogante. Habrá quien piense que mi email podría haber sido más conciliador. Esto último es una posibilidad. Lo de que soy un gilipollas arrogante, sin embargo, es un hecho. Pero ambas cosas son anecdóticas cuando a uno le están pisoteando.

A pesar de mi aparente impertinencia cuando me disfrazo de bloguero, en persona tiendo a ser muy dialogante, un team player. Una de las cosas que más me gusta de esta profesión es la oportunidad de trabajar con gente completamente distinta a mí. Siento que aprendo mucho trabajando en equipo, tanto en lo profesional como en lo personal. Pero lamentablemente, hay gente que no lo ve así, que entiende las relaciones profesionales como relaciones jerárquicas. Gente que piensa que un currículum abultado o un par de éxitos recientes les da derecho a tratar a los demás con malos modos. Con esa gente sólo hay dos maneras de lidiar: una, evitarlos. Otra, a hostia limpia. Yo prefiero evitarlos. Pero no siempre es posible.

De todo esto hace 15 años. En parte por este primer desengaño, y en parte porque la televisión y luego el cine me ofrecían más dinero y menos malos recuerdos, he ido dejando de lado el teatro. Pero a finales de 2013 escribí una escena de Los miércoles no existen para Peris Romano… y el veneno del teatro volvió a hacer efecto. Después de aquello, he firmado dos obras más. Una de ellas, escrita con Alberto Pérez Castaños, se estrena esta noche a las 20:00, en Microteatro (Madrid):

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Interpretada por Juan Bey y Ainhoa Tato, y con dirección de Sara Pérez y Mercè Grané, La Marcha Radetzky estará en cartel todos los martes de diciembre. Y Alberto y yo estamos tan contentos con el texto, que a principios del año que viene, se convertirá en un cortometraje dirigido por Héctor Beltrán.

Héctor, Alberto y yo tenemos un grupo en whatsapp por donde discutimos todos los pormenores de la preproducción.

6 Responses to UN GILIPOLLAS ARROGANTE

  1. lizondo dice:

    En esa época, al menos, la gente respondía a los mails. ¡Ahora eso si que es ficción! En ese sentido vamos a peor.

  2. Sg Pc dice:

    Me he sentido plenamente identificado, salvo que mi respuesta no tuvo tu contundencia.
    Tomo nota para la próxima vez que me pase! Jajaja
    Gracias

  3. Palmira dice:

    Me alegro de que el gilipollas arrogante salga a flote cuando tiene que salir (aunque en los blogs a veces es un poco fastidioso) Los que te conocemos en persona preferimos cuando “tiendes a ser muy dialogante, un team player”. Por cierto ¿el profesional acreditado no ha venido en algún momento a felicitarte por tus logros y a pedirte algo de paso? A mí me ocurrió una vez y aún tiemblo de satisfacción al recordarlo.

  4. Sin duda, los guionistas tendríamos que saber defendernos y no hacernos pequeñitos detrás del cuello de nuestra camisa por miedo a incomodar a nadie. Un aplauso y suerte con el micro.

  5. robertobari dice:

    Ante capullos lenguaje sucio. SIEMPRE:

  6. Hola Sergio.
    Si me permites el tuteo (creo que estuve en una charla tuya en el Ateneo de Madrid hace tres años sobre recursos para guionistas) creo que el aludido arrogante del título no eres tú evidentemente, sino el profesional. Pero vamos, eso es lo que opino al leerlo no espero respuesta.
    A ver si puedo ir al microteatro.
    Suerte.

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