GUIONISTAS DE PROGRAMAS

8 enero, 2015

GUIONISTAS DE PROGRAMAS copiapeq

En un panorama audiovisual tan cambiante y con tantas incertidumbres como el actual, la formación continua se hace más necesaria que nunca para el guionista. En ALMA somos conscientes de esa necesidad, y por eso, desde hace algún tiempo, hemos reforzado nuestro compromiso con la formación de nuestros afiliados.

Tras el éxito en 2014 de las masterclass con los guionistas norteamericanos Greg Daniels y Andre y Marie Jacquemetton, nuestro siguiente objetivo es la organización de una serie de talleres destinados a la formación de guionistas de programas. Esos cursos comenzarán el próximo sábado, día 10 de enero, con un taller sobre escritura de monólogos impartido por Gabriel García Soto, coordinador de guion de “El club de la comedia”, y otro sobre programas de entretenimiento a cargo de Javier Durán, guionista en “Buenafuente”, “Homo Zapping” y coordinador de guion de “El Hormiguero”. A partir de ahí, cada sábado hasta el 7 de marzo, se impartirán dos talleres sobre los diferentes géneros de programas de televisión, desde talent show hasta programas de divulgación, pasando por los concursos o los programas de sketches.

Estos talleres aportan una visión bastante amplia de la labor que desempeñan los guionistas en los diferentes formatos audiovisuales de no ficción. Algo, por otro lado, nada fácil; porque, al fin y al cabo, ¿qué hace un guionista de programas?

En realidad, lo primero que habría que preguntarse es si se puede hacer una distinción clara entre guionistas de ficción y de no ficción, como si se tratase de compartimentos estancos e incomunicados. La realidad nos dice que la mayoría de los guionistas profesionales, bien por necesidad o bien por elección propia, pasan gran parte de su carrera alternando ambas funciones y que los buenos guionistas son lo suficientemente versátiles como para hacer la transición de una función a otra sin el menor problema.

Pero dejando de lado esta discusión sobre el sexo de los ángeles (tan recurrente en cualquier encuentro o congreso de guionistas que se precie), lo cierto es que no siempre es fácil definir la función del guionista en un determinado programa más allá de señalarlos como los que están en un rincón apartado de la redacción riendo sus propios chistes.

Vale, es cierto que en un programa como “El club de la comedia”, o incluso en “El Intermedio” la presencia del guion es muy patente. Pero ¿qué clase de guion hay en un talent show o en un reality? ¿Es que todo lo que dicen los personajes y lo que vemos en pantalla es producto de la imaginación de un guionista? Pues, evidentemente, no. Son pocos los programas que tienen un guion cerrado en el que está escrita hasta la última coma. En la mayoría de ellos, el guion consiste más que nada en una escaleta en la que se marca la ubicación de los diferentes bloques, con partes más o menos desarrolladas según las necesidades y las características del formato. Pero es en esa escaleta donde reside la importancia de un buen guion de programas. Porque esa escaleta es la estructura del programa, la que aporta el esqueleto para que todo lo demás se sostenga en pie.

Al igual que en un guion de ficción debe existir una estructura que haga avanzar la historia, con sus actos y sus puntos de giro, el guionista de un programa debe saber desarrollar una estructura que mantenga el interés del espectador, alternando los diferentes recursos con los que cuente (humor, sorpresa, originalidad, alternancia entre discurso y acción…) para conseguir momentos de mayor o menor intensidad “dramática”. En algunos casos, el propio formato ya es una estructura muy rígida en la que el guionista se limita poner un nuevo envoltorio en cada programa, eso sí, con la suficiente dosis de originalidad y novedad para no caer en la repetición. En otras ocasiones esta estructura es un liviano armazón que, como en algunos reality, hay que ir modificando a medida que se producen las reacciones de los diferentes participantes en el programa. Al fin y al cabo, parte del éxito de programas como “Quién quiere casarse con mi hijo” o “Un príncipe para Corina” se debe a la narración no sobre el papel sino durante el proceso de montaje. Y esa forma de contar también es, a menudo, responsabilidad del guionista.

Pero en la mayoría de los casos, esa estructura tiene que ser lo suficientemente sólida como para aportar el rasgo distintivo del programa y, al mismo tiempo, tan flexible como para ser capaz de adaptarse a los imprevistos. Y no cabe duda de que los imprevistos son muchos: desde un cambio de contenidos en un programa de sátira política o en un late night por una noticia de actualidad que se acaba de producir hasta la incomparecencia de un invitado; desde el cambio inevitable tras un ensayo que ha salido mal hasta los que tienen que ver con las opiniones de los directivos de la cadena o de la productora, nerviosos por un mal dato de audiencia el día anterior.

Y es ahí donde se pone a prueba el buen trabajo de un guionista de programas: en su capacidad para dominar las estructuras y los formatos y, al mismo tiempo, aportar soluciones rápidas y efectivas a todos esos imprevistos. Y, además, hay que saber hacerlo en equipo. Porque esta suele ser otra de las características del guion de programas: que raramente lo escribe un solo guionista a solas en casa. Lo habitual es la implicación con un equipo, ya sean otros guionistas y redactores, o incluso el trabajo codo con codo con el equipo de producción o dirección. Porque el compromiso del guionista con el programa no termina en el momento en el que el guion sale de la impresora, sino que, habitualmente, continúa hasta que el programa está prácticamente en el aire.

De todo esto saben, y mucho, todos los ponentes de los diferentes talleres que forman parte de este ciclo organizado por el sindicato ALMA y con el apoyo de la Fundación SGAE. Seguro que todos ellos se han enfrentado a multitud de imprevistos y han construido cientos de estructuras provisionales que hay que volver a levantar en el siguiente programa. Y lo mejor es que todos vienen a compartir con nosotros su experiencia como guionistas de programas. O mejor dicho (no seremos nosotros quienes empiecen a hacer diferencias) su experiencia, simplemente, como guionistas.

La oportunidad es única, porque no es fácil conseguir que un grupo de profesionales con tanta experiencia acumulada y ahora mismo en activo acudan a compartir su conocimiento con otros guionistas. Y, por si te faltan alicientes, recuerda que los talleres son gratuitos para los afiliados al sindicato ALMA y muy baratos para los no afiliados.

Pincha aquí para acceder al formulario de inscripción.


Josep Gatell es guionista y miembro de la junta directiva del Sindicato ALMA. Ha trabajado en series de ficción y en programas como En el aire con Andreu Buenafuente, del que ha sido coordinador de guión. Además, imparte clase sobre escritura de comedias televisivas y monólogos en el Máster de Guión de la Universidad de Navarra. Actualmente está escribiendo su primer largometraje para Telecinco Cinema. @eljosep

Carlos Muriana es guionista y miembro de la junta directiva del Sindicato ALMA. Ha trabajado en numerosos programas de diferentes géneros, entre ellos “Un, dos, tres… Responda otra vez”, “Waku-waku” o “El semáforo”, así como en diversas series de ficción. En la actualidad es guionista y coordinador de contenidos en el programa de TVE “La suerte en tus manos”. @carlosmuriana


VOLVER A CASA… NO SOLO POR NAVIDAD

8 enero, 2015

Por Estefanía Salyers.

Estefanía Salyers es guionista de cine y TV. Ha trabajado para productoras como Viacom, Prisa, El Terrat, Grundy, Big Bang Media y, en la actualidad, lo hace para Plano a Plano. Es una de esas profesionales que han sido capaces de vender su propia serie de televisión y que tuvo la mala suerte de que la cancelaran antes de su emisión. También es de las que se atrevió a volar a Estados Unidos para ganarse la vida como guionista, experiencia que nos cuenta en este post. 

Las series están de moda. Lo sabe tu madre, tu gato y la señora de Cuenca. Pero, ¿somos conscientes de que las series que vemos, de las que hablamos, no son, ni serán, para las que escribamos? Es una mera cuestión de pertenencia a un determinado universo que marca nuestra ficción, que nos hace ser lo que somos. Nos puede gustar Fargo, Borgen o True Detective, pero si solo valoramos lo que se hace fuera nunca podremos escribir desde dentro. Desde nuestra verdad.

En un mundo globalizado tenemos la suerte de poder diferenciarnos precisamente por eso, por las historias que contamos. Podemos vestirnos igual en cualquier parte del mundo, pero no en cualquier parte del mundo van a entender lo que solo nosotros vivimos. Nuestro escaparate no es el americano, que todo el mundo ve y conoce, convirtamos eso en beneficio, lejos de siempre denostar nuestra ficción.

Son muchas las veces que oímos hablar –mal, para qué engañarnos– de nuestra industria. Lo triste es que un alto porcentaje de las críticas llegan desde nosotros mismos. Somos los propios guionistas los que atacamos lo que contamos. Una cosa es hacer análisis y crítica constructiva y otra muy distinta es hacer del ataque, de la infravaloración, una bandera.

Los que llevamos un tiempo en esto y sabemos lo que es luchar contra viento y marea, es decir, contra las grandes etapas de parón laboral, quizás valoramos más lo que hacemos o somos más conscientes de lo que cuesta que te paguen por escribir. Por eso no colgamos etiquetas y no nos negamos a hacer una serie diaria, una telenovela o una tira de sketches. Es trabajo y nuestro trabajo es contar historias lo mejor que podamos. ¿Que te has portado bien este año y los reyes te han traído un prime time? Enhorabuena, pero, afortunadamente, lo demás ya no es carbón. Y lo que nos llega de fuera, no siempre es oro, incienso o mirra. Vamos, que aquí también hay calidad y fuera también se hace basura.

Hace un año y medio, cuando me di cuenta de que ya no sonaba el teléfono y que no estaba entre serie y serie sino bien afiliada al Inem, decidí meter toda mi vida en una maleta de 23 kilos e irme a Nueva York. Para siempre, dije. Soy así de dramática. La suerte es que tengo pasaporte americano, por eso sí podía irme para siempre. Pero mi siempre duró hasta que volvió a sonar mi teléfono. Mi teléfono español. La decisión no fue fácil, porque primero tuve que decir que no. No a escribir en Estados Unidos, que era el objetivo a alcanzar y por el que había emigrado.

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Lo recuerdo perfectamente porque fue una cadena de acontecimientos un tanto peculiar.

Vivir en Nueva York es complicado y conseguir un trabajo de lo tuyo cuando no has trabajado en el país y no tienes contactos, más todavía. Por muy americana que seas sigue siendo difícil.

Allí los procesos de selección se pueden eternizar y me encontraba, tras unos dos meses, en la etapa final para entrar en dos networks importantes. El sueño americano a mi alcance tras unas cuantas pesadillas que pasaron por no menos de cuatro entrevistas, dos pruebas de guión –una de ellas en persona–, sendos test de drogas y background checks (comprueban todo, tus datos académicos, laborales y, por supuesto, historial delictivo). Algo impensable aquí.

El caso es que me llamaron para darme el “sí, quiero” de uno de los proyectos a los que optaba. La llamada se produjo justo antes de una quedada con unos amigos americanos. Les había invitado a ver Ocho apellidos vascos. La euforia por haber conseguido dar un pasito hacia adelante en mi carrera como guionista en Estados Unidos se mezclaba con unas buenas dosis de risas, pero también de nostalgia.

Y es que de repente me vi haciendo algo tan complicado como explicar los chistes, las situaciones que marcan nuestra idiosincrasia como país. Entonces me di cuenta de que ése era mi universo. Las historias son globales, en todas partes encontramos diferencias entre el norte y el sur, pero explícale a un americano por qué un vasco no folla. ¿Qué le digo, que es como uno de Wisconsin? Pues hombre, no. Y que no se ofendan ni los vascos ni los de Wisconsin.

Entre tanta explicación hice un flashback emocional a mi infancia. Empecé a recordar cuando de pequeña les contaba a mis amigos americanos lo que eran los reyes magos, La bola de cristal o Verano azul. A los españoles, me tocaba traerles galletas oreo, mantequilla de cacahuete o videojuegos porque las animadoras o bailes de fin de curso ya lo veían en la tele. Ya lo conocían.

En España siempre sabemos o vemos a través de la ficción el universo americano, pero en Estados Unidos (u otros países) no saben cómo es nuestro mundo. Y eso no es ni bueno ni malo, solo es algo que nos hace únicos.

Saber esto hace que conectes con lo que quieres contar. Es más fácil transmitir lo que has vivido en primera persona, o lo que ves a tu alrededor, y llegar así de forma más directa a tu potencial espectador. Si lo que cuentas, la historia, está llena de verdad, está contada desde dentro y tiene alma, funcionará.

Ser guionista es un camino constante, en el que no siempre puedes marcar la meta a la que llegar, pero sí la dirección en la que ir. Decidí volver porque he vivido más aquí que allí, porque el equipaje de series que me han marcado tiene muchos títulos españoles. Grandes series que merece la pena sean recordadas y por qué no, recuperadas. Desde Anillos de oro, pasando por Brigada Central, Turno de oficio hasta otras como Raquel busca su sitio, Mujeres y más recientes como Desaparecida y Punta Escarlata.

anillos de oro serie

Nuestra ficción es amplia y va más allá de los títulos que primero se nos vienen a la cabeza, de las series más típicas. Y si hay que poner etiquetas, la primera que debiera salir es que es nuestra. Tanto las series como el cine. Hay que valorar eso para contarlo y para contarlo tenemos que vivirlo. Tenemos que verlo.

Por eso, estos Reyes Magos han traído una buena lista de series españolas que recuperar del olvido y valorar por su calidad. Algunas de ellas se pueden ver en el archivo de rtve.es. Otras, es más difícil dar con ellas.

Pero merece la pena saber lo que somos, qué queremos contar y qué queremos que nos cuenten.


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