ENTREVISTA A ALVARO FERNÁNDEZ ARMERO, DIRECTOR DE “LAS OVEJAS NO PIERDEN EL TREN”

549441

Por Ángela Armero 

En 1992, cuando yo solo era una niña muy aficionada al cine, mi primo Álvaro Fernández Armero me invitó al estreno de su cortometraje “El columpio”, que fue el primero al que asisití y me pareció algo fascinante; la oscuridad, los aplausos, los actores, la expectación. Por ese corto ganó un Goya y fue el comienzo de una carrera muy fructífera en cine y televisión. En aquel momento, Álvaro ya era un precocísimo director y guionista. En 1993, con solo 23 años, estrenaría una de sus películas más celebradas, “Todo es Mentira”, una mirada analítica y muy divertida a las relaciones de pareja en la España de los 90, que se convirtió en una obra de culto del llamado nuevo cine español. A esa película le siguieron muchas, y yo siempre me he sentido muy orgullosa de ser su prima, de visitar sus rodajes y de contagiarme de sus sonoras carcajadas, y más adelante de trabajar juntos. Y me van a perdonar este orgullo familiar, pero me pareció absurdo plantear esta entrevista ocultándolo.

Este viernes 30 de Enero estrena “Las ovejas no pierden el tren”, y yo he aprovechado para sentarme un rato a hablar con él.

Alvaro, háblanos de tu nueva película. ¿Por qué se llama así?

La película habla sobre las expectativas que uno tiene en la vida; sobre las cosas que se supone que tienes que hacer, el lugar común de los trenes que pasan, “debes hacer tal o cual cosa porque si no esa oportunidad jamás se va a repetir”, que es una exigencia generada por la sociedad ultracompetitiva que tenemos. Esta película toca ese tema de manera tangencial, está de alguna forma en todos los personajes, y su espíritu tiene que ver con eso. Uno de los personajes le quiere dar la vuelta a la ecuación, a ese tópico: “¿Qué pasa? Dejo pasar los trenes que me salen de las narices, ya pasarán otros, y si no, me da igual”. ¿Quién coge los trenes? Las ovejas, la gente que no se sale de lo establecido, la gente que se limita a hacer lo que se espera de ellos. La película pretende darle un poco de optimismo a la gente que está agobiada pensando que las oportunidades se le escapan, porque no se puede vivir así. Hay múltiples exigencias en todos los terrenos, desde lo biológico -tener hijos- hasta lo laboral, pasando por lo sentimental… En definitiva, es una comedia sobre las expectativas vitales y sobre cómo lidiar con ellas.

¿Se podría considerar que es heredera temáticamente de “Todo es mentira”, solo que desde la generación que tiene ahora 40 años?

Sí. Siguiente pregunta. (Risas) La razón por la que escribí “Todo es mentira” es idéntica a la razón por la que escribí esta película, pero 20 años después. “Todo es mentira” la escribí cuando me di cuenta de que todo mi entorno, todos mis amigos, con veintipocos años, comenzábamos a tener nuestras parejas, a separarnos, vivíamos una revuelta sentimental enorme. Me hizo gracia esa coincidencia y escribí una comedia sobre jóvenes nihilistas y sus catastróficas relaciones de pareja, porque era lo que yo vivía.

Y lo que yo vivo ahora, (bueno, hace dos años, cuando escribí el guión) también era común a todo mi entorno: había una obsesión con una palabra nueva que estaba en la calle, la palabra “reinvención”. Es una palabra asociada a la angustia generalizada del no saber qué va a ser de uno, el no saber dónde va a trabajar, qué va a pasar con mi futuro… Ese caldo de cultivo me llegó a mi también y me vi agobiadísimo. Me puse a escribir como manera de liberar esa angustia. Y por eso me salió el asunto de las expectativas. Al escribir, me pregunté ¿Por qué me siento tan angustiado? Y me di cuenta de que el mapa con el que había trazado mi vida ya no era válido, de que no podía conseguir los objetivos que me había marcado. Fue como si me dijera, “Yo quería hacer tal cosa en la vida, pero ya no puedo, porque las condiciones económicas para ello han desaparecido”. Mi camino ya no está. “¿Y ahora qué hago?” Al principio me dije, “Hay que luchar por ese camino”. Pero luego pensé, “Estamos en medio de una tempestad, ¿qué vas a hacer, sacar un remo como un pringado? (Risas). “Pues déjate llevar, que igual la ola esa te lleva a un sitio en el que no habías pensado, y que puede ser bueno”. Le di la vuelta a ese planteamiento. En vez de pensar que todo lo que viene va a ser oscuro, quise pensar que quizá eso me llevaría a un camino nuevo.

Además, ¿cómo sabemos que lo que nosotros hemos escogido para nuestras vidas es el mejor camino? La sorpresa que tiene la vida es mucho más fuerte que cualquier predicción que podamos hacer sobre el futuro. Y me puse a escribir, y la lección que se aplica en este caso o la moraleja me ha funcionado, porque en lugar de forzarme a hacer algo para ganar dinero, me puse a escribir una historia que me parecía muy difícil que se rodase, y sin embargo, se ha hecho. Me ha dado de comer, va a llegar a los cines y su creación y proceso ha sido tan imprevisto como lo que yo quería contar.

¿Como han cambiado las relaciones o la sociedad desde entonces? ¿Puede ser una actualización de aquello?

Las personas somos iguales, pero la manera de relacionarse es muy distinta. Lo de las redes sociales ha sido un tsunami bestial. Ahora hay una capacidad de atención limitadísima. Ahora casi no se conversa. A mi me da pereza llamar, en cambio envías un mensaje de texto. Crees que has hablado con alguien, pero no lo has hecho. La manera de relacionarse es muy diferente, estamos todos aislados, hay menos lugares de reunión. Me da la sensación de que antes por ejemplo, se estrenaba una película e íbamos todos, era un gran evento. Ahora ya no lo percibo así.

¿Qué es lo que más te preocupa de la sociedad en la que vivimos?

La fragmentación de la atención que te comentaba. La gente no aguanta ni dos horas sin sacar el móvil. Hay un estrés social instalado que me da angustia. Y aún así, yo estoy todo el rato pendiente del móvil. El personaje de Candela Peña encarna ese cuelgue con las redes sociales. Ya todo se hace por mail, y si no estás pendiente, no te enteras de nada. Antiguamente eso equivalía a un montón de conversaciones en las que la gente quería saber que estabas de acuerdo, que conocías esa información y sin embargo ya no lo hacen así. “Te mandé un mail”, es como un notario. Se dan por hecho demasiadas cosas. En los rodajes, en las pausas, de 30 personas, las que no están haciendo nada, 25 están con el móvil.

Creo que esta fragmentación de la atención, llegada al extremo, puede llegar a anularnos, cerebralmente. Por ejemplo, esta entrevista, ¿crees que la leerá alguien? Ni siquiera se ven los trailers, porque duran dos minutos. Se ponen en circulación píldoras de 8 segundos, porque se cree que se asimilan más fácilmente. Es una epidemia, que va a más. Lo veo muy inquietante. Intento leer todo aquello que me requiera un esfuerzo, porque quiero seguir entrenando mi cabeza. Porque todo es tan breve, tan conciso, tan superficial… ahora mismo hay como una loa a la mediocridad, a la banalización. No se premia lo profundo, ni lo elaborado… solo lo que da un resultado económico o lo que se hace popular.

Por suerte, ahora hay una corriente de nuevos pensadores que reflejan estas inquietudes. Ahora mismo estoy leyendo “La edad de la nada” de Peter Watson, que habla de este asunto; dice que lo que hace enfermar a la sociedad es que solo se rige por el deseo. En una línea parecida están las reflexiones del escritor coreano Byung Chul Han, que dice que la sociedad ahora mismo vive atenazada por la sensación de que estamos encerrados en un juego de la silla. Si pierdes comba, te quedas sin silla. Eso genera estrés en la gente, solo vives para ocupar tu silla, y eso hace que la gente viva a la defensiva y atemorizada. La nueva guerra no es entre potencias, sino del hombre contra sí mismo. Lo vírico ya no es tanto el ébola, sino el estrés del cuerpo humano, que hace que nos ataquemos a nosotros mismos.

Curiosamente he encontrado estos libros después de escribir la película y son ideas a las que les he estado dando vueltas estos últimos tiempos. Pero la noción de que hay pocas sillas es aterradora. Antes tenías la sensación de que la vida era más flexible, de que había huecos, la idea de que podías moverte, opción para inventarte cosas, había menos gente para cualquier posición. Ahora está todo muy apretado. Pero persiste la intuición de que si rompes la baraja descubres que sí hay otras partidas, otras opciones…

¿Crees que estos cambios han podido afectar también a la duración de las relaciones?

No, lo que es cierto es que la convivencia comenzaba antes. Ahora la gente vive con sus padres o compartiendo piso hasta edades más avanzadas y eso repercute en la vida en pareja. Se tarda más tiempo. Yo con 23 años ya vivía con mi pareja, sin ser millonario. Y con poco, vivías. Ahora una pareja de 23 años que convive o son futbolistas o actores de éxito. Ha cambiado mucho. Y lo de los hijos, en aquella época de “Todo es mentira” había una negación a tener hijos, porque éramos los hijos del baby boom, los que tenemos ahora de 38 a 50. Quizá como respuesta a eso, de los niños ni se hablaba. La mía es la generación que empezó a no tener hijos pronto. Creo que eso va a empezar a cambiar ahora.

¿Cómo ha sido la escritura del guión? ¿No se te hace muy complicado escribir solo? 

Tras algunos meses de estar pensando en el tema, empecé escribiendo a modo de vomitona ideas que tenía en la cabeza un guión, de 50 páginas. Pero con la idea de hacer una peli con una cámara de vídeo, no una peli convencional. Se lo mandé a mi productor. Y de repente él me dijo, “vamos a hacer esta”. Terminé el guión con una duración normal, y en aquel punto ya tenía buena pinta, buena aceptación, aunque luego tuve que hacer muchas más versiones. En cuanto al asunto de escribir solo… Al principio me sentía más protegido escribiendo con otra persona, pero cuando me puse a escribir solo, descubrí que hubiera querido escribir con alguien para no tomar ciertas decisiones sobre lo que quería contar, para no enfrentarme a esa responsabilidad… y que la necesidad de escribir con alguien era un freno para escribir la película, no todas las películas, pero sí esta en concreto. Sabía que tenía que sentarme conmigo mismo a escribirlo, aunque me encanta escribir con otros también.

Has escrito con varios guionistas.  ¿Cómo es la experiencia de escribir a cuatro manos?

No tengo un sistema. He escrito con muchos guionistas, contigo, con Roberto Santiago, con Juan Cavestany, con Luis Marías… con cada uno se crea una dinámica diferente. Hay algunos que son más de hablar y debatir, otros que prefieren irse a casa a escribir enseguida. Yo tiendo más a irme por las ramas y a perder el tiempo porque no soy guionista y me divierte divagar. No tengo el callo de la disciplina, para mí cada vez que empiezo es un mundo. Nunca pienso que pueda escribir otro guión, ¿cómo se hace esto? ¿Qué pongo? (Risas) No tengo esa madera.

Como director, ¿cuál es la parte del trabajo con la que más disfrutas?

Con el montaje. En el rodaje es apasionante, pero también pero lo pasas muy mal. En la preparación, tienes la sensación de que no va a salir nunca, de que el proceso se eterniza. Para mi lo peor es el guión. Sin embargo, en el montaje estás calentito, después de haber estado como un perro por las playas o por las montañas; en el montaje lo ves de repente todo construido y es muy satisfactorio.

¿Cómo ves el cine actualmente? ¿Es muy difícil levantar una película?

Paradójicamente, encuentro que a más democratización de las tecnologías (autopromoción, cámaras asequibles, recursos alternativos y autopromoción en redes), más complejo destacar. Hace algunos años, no más de diez, había una industria del cine y un mercado del cine muy claros. Claro que había uno que tenía un superpuesto y tú tenías tu puesto. No tenías las mismas oportunidades, pero tenías otras, podías llamar la atención sobre tu trabajo. Ahora, sin embargo, o estás en el puesto grande o no hay más puestos. Esta película intenta encontrar un lugar, porque ahora para que la gente sepa que existes hace falta meter una ingente cantidad de pasta, antes no era tanta. Al final el público solo se entera de las pelis que tienen presupuestos de promoción millonarios (no de rodaje; de promoción). Las otras lo tienen mucho más difícil para acceder a los espectadores. En 2014 se ha logrado la mejor cuota del cine español en años, sí, pero con tres películas. Creo que sería bueno intentar consolidar una industria de clases medias. Es mejor que 30 películas hagan 3 millones, que que tres películas hagan 30 millones. Existe muchísima competencia: simultáneamente, hay miles de conciertos, obras de teatro, películas… la oferta es incalculable. Es muy difícil que te conozcan hoy en día.

Muchos directores de cine os acercáis ahora o lleváis años trabajando en series de televisión. ¿Qué te aporta?

Entre la última peli y esta he rodado unos treinta episodios de series o tv movies, y con esas obras he aprendido muchísimo. Me gusta la tele, su ritmo, la inmediatez. Por ejemplo, te llaman para una serie y sabes que ruedas en tres semanas… Es exasperante lo que se tarda en levantar y rodar una película.

¿Qué puedes contar de Algo que celebrar?

Me gusta porque cada capítulo es un poco como una película. Es como un cruce entre cine y televisión, lo siento así. Parece rodar una película, porque siempre estás por ahí, en exteriores, no hay plató, la historia empieza y acaba, es como una película que en vez de rodar en seis semanas ruedas en 9 días. En ese formato puedes aportar más que una serie más formateada, mas pautada.

¿Qué le dirías a la gente que quiere dedicarse a esto?

¿La gente se quiere dedicar a esto? (Risas) Si uno tiene una pasión no puede dejar de intentarlo. Las circunstancias pueden cambiar si la gente está decidida a que cambien; sin embargo, si los que quieren dedicarse a esto tira la toalla antes de empezar, entonces es seguro que no conseguirán nada. Creo que es bueno tenerlo claro e ir a por todas. Yo por ejemplo nunca pensé en otra opción. Si lo hubiera hecho, jamás me hubiera arriesgado tanto por hacer lo que quería.


Una respuesta a ENTREVISTA A ALVARO FERNÁNDEZ ARMERO, DIRECTOR DE “LAS OVEJAS NO PIERDEN EL TREN”

  1. Jota78 dice:

    “Todo es mentira” siempre ha sido una peli de referencia para mí (tengo predilección por ciertas óperas primas en las que puedes ver al autor detrás de la cámara: nunca nos mostramos tan desnudos como en la primera peli), y me da mucha rabia que haya sido inencontrable en dvd durante años. Desconozco qué problema de derechos tiene, pero no se merece ese limbo, y sus fans no nos merecemos tener que verla así, guarra en YouTube.

    Me hubiera gustado saber algo más sobre Brujas, Nada en la nevera y El arte de morir. Pero veré Las ovejas…, seguro.

    Un saludo.

A %d blogueros les gusta esto: