¿HACIA DÓNDE COJONES VAMOS? ¡NI PUTA IDEA, PERO PISA EL ACELERADOR!

11 marzo, 2015

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

No creo que haga falta explicar por qué El Ministerio del Tiempo me tiene conquistado. Ya hay mil webs que lo han explicado por mí.

Las críticas a la serie han sido positivas, incluso entusiastas y a pesar de ello parece que los resultados de audiencia no han sido “satisfactorios”. Personalmente opino que una televisión PÚBLICA que NO emite publicidad debería considerar como triunfo el hecho de que una serie supere la media de audiencia habitual de la cadena contándole a dicha audiencia cosas como quién y cómo fue Lope de Vega.

Pero este post no va de eso, sino de ciertas reflexiones que le asaltan a uno cuando ocurren esta clase de cosas. Y ocurren cada vez más: Cosas que revientan las redes sociales pero luego no tienen el mismo eco en los audímetros.

Como en tantas otras ocasiones, no escribo aquí para ofrecer respuestas sino, en todo caso, para compartir preguntas.

Y la primera pregunta es la más obvia: ¿De qué sirve “petarlo” en las redes si la mayor parte del país no sabe ni conectarse a internet? Con estas cosas pasa como con las pelis de Nacho Vigalondo, que quienes habitamos en ciertas esferas ciberespaciales nos creemos que son el acontecimiento del año y luego la realidad demuestra, lamentablemente, que a Vigalondo no le conocen mis padres.

Es un fenómeno a estudiar, y espero que haya gente seria estudiándolo en universidades: La forma en que configuramos nuestras redes sociales empieza a configurar la forma en que percibimos el mundo en general.

Ya no es sólo que gran parte de la población sea inactiva en redes… es que quienes pasan parte de su vida en ellas cree nque comparten una misma realidad con los demás internautas… cuando eso es MENTIRA.

Si la realidad fuese fiel a lo que yo veo en mi TL de Twitter y en mi muro de Facebook, casi nadie votaría al PP… y Podemos arrasaría por los pelos… y las pelis de Vigalondo llenarían las salas… y la “gente normal” sabría qué coño es eso del Notodo… y El Ministerio del Tiempo sería líder de audiencia.

Probablemente exista por ahí otra persona que, gracias a cómo tiene configuradas sus redes sociales, tiene la sensación de que España va de puta madre, de que hay muchos caraduras que no se dejan desahuciar… y de que tó Dios ve Intereconomia.

Me parece peligroso y fascinante. Nos creemos que las redes sociales nos ayudan a estar más informados, pero a lo mejor lo único que hacen es fabricarnos universos a medida. Nos creemos que gracias a las redes sociales podemos viajar hasta Iguazú con un click, pero en lo que a mentalidades se refiere, no salimos de nuestro barrio.

A lo mejor hemos cambiado los barrios físicos por barrios mentales.

Y ahora, en lugar de cambiar de barrio, cambiemos de tercio, y perdonad que vuelva a usar el Ministerio del Tiempo como ejemplo, pero la actualidad rabiosa manda:

El Ministerio ha demostrado que una parte considerable de su audiencia consume los capítulos en diferido, por Internet. Es algo totalmente comprensible. Yo mismo me veo obligado a consumirlos así, por una cuestión de horarios en el curro. Y – como he leído en algún otro sitio – gran parte del público objetivo de una serie como El Ministerio del Tiempo es un público de series extranjeras, es decir: un público acostumbrado a disfrutar las cosas online.

Yo no sé si el Ministerio apostó desde el principio por esa clase de público o si resulta que la serie y su público se descubrieron mutuamente como un Colón que descubre América intentando navegar hacia las Indias. Me da igual: del mismo modo que Colón, han abierto una brecha que nos invita a entrar en una nueva era. Y sí: Manteniendo el símil de Colón, hubo otros que estuvieron en esos territorios antes que ellos pero, por lo que sea, no fructificaron de la misma forma.

De un modo u otro, esta clase de iniciativas pioneras parecen condenadas a cargar con un lastre: Surgen cuando la infraestructura no está preparada… y cuando resulta que la gente no ha asimilado ciertas cosicas.

Todo parece indicar que el televidente y el internauta acabarán fusionándose cuando TODOS tengamos en casa una tecnología que permita ver las cosas de internet con la misma facilidad con que encendemos la tele y hacemos zapping.

Cada vez hay más hogares donde eso sucede, pero permitid que me ponga a mí mismo como ejemplo: Me dedico al audiovisual, soy “relativamente” joven, pero cuando me pierdo algo en directo, mi única opción es verlo en mi portátil tumbao en la cama, haciéndome polvo la espalda. Y todo ello es muy fácil de arreglar hoy en día, pero no lo hacemos. Yo aún no tengo en mi casa la infraestructura necesaria para que ese contenido que está en mi ordenador se pueda ver en mi tele con buen color y buen sonido. Incluso doy las gracias si la emisión no se me cuelga cada veinte minutos. La tecnología necesaria para solucionar todo eso está a la venta y es relativamente asequible, pero la cruda realidad es que alguien como yo – que trabaja fabricando esos contenidos – no la tiene en su casa. Creo que eso implica que, aunque apuesto a tope por la integración de todos los medios de difusión en una misma plataforma y aunque esa implantación ya se vislumbre a la vuelta de la esquina… resulta que no termina de implantarse.

Cambiemos de tercio una vez más:

¿Realmente le interesa a la gente consumir las cosas “a la carta”, de manera tan individual?

Yo soy muy de hacerlo así, pero yo nunca he sido un ejemplo de nada. La gente, como su propio nombre indica, es gente: es gregaria, necesita considerarse perteneciente a algo… y aunque sea por inercia, se siente reconfortada cuando nota que NO ESTÁ SOLA. Cuando sabe que hay otra gente viendo lo mismo que ella al mismo tiempo.

¿No os ha pasado nunca eso de que entendéis la tele y ponen una peli que tenéis comprada en DVD? Y a pesar de ello ¡¡¡os la traigáis en directo!!! Tenéis el DVD de esa peli en una estantería a 40 centímetros del televisor, con mejor calidad, sin anuncios… pero os hechiza eso de estar viéndola al mismo tiempo que todos los demás. Hay algo mágico en eso, es como los rituales de los druidas. Tanta gente proyectando su energía en ese “aquí y ahora”.

Todo parece indicar que los narradores primitivos comenzaron así: Gente que se reunía en torno a una cosa que emitía luz para compartir historias. Entonces había mamuts pero no audímetros, pero la filosofía perdura:

¡¡¡TWITTER!!!

Es acojonante lo que hace Twitter con la tele.  Esa cosa que llaman “share social”. Los cavernícolas volviéndose a reunir en torno al fuego (y lo digo sin ironía alguna). Cada vez es más común que los programas pongan en una esquinica de la pantalla el hashtag que hay que usar para comentar el programa (o la serie) en cuestión, cada vez se toma más en cuenta la actividad en redes relacionada con la emisión de turno.

Disculpad si el post me está saliendo un poco difuso, ¡pero es que el tema es difuso, cojones! Al final va a resultar que empiezo hablando de una serie de viajes en el tiempo y descubro que el problema está precisamente ahí, en una cuestión de línea temporal: En los últimos siglos nos han educado para sentirnos unidos por el hecho de compartir unas mismas coordenadas de espacio-tiempo, pero a lo mejor resulta que eso está cambiando. Es posible que Internet, cuando empezó a existir, creó una dimensión nueva donde el espacio y el tiempo funcionan de forma distinta.

Yo, por mi parte, soy eso que algunos llaman un friki.Quienes lo somos nos sentimos incómodos cuando cualquier profano nos llama así, pero – por contrapartida – los “frikis” nos sentimos muy acompañados, muy reconfortados, muy abrigados…  cuando alguien, al margen del tiempo o de la inmediatez, nos habla en nuestro mismo idioma.

Ahora es más peliagudo, porque lo friki está “de moda” y hay muchos infiltrados. Jack Skellington muere ahorcado en mochilas sobre el hombro de chicas que no saben ni lo que significa. Pero hubo tiempos en los que uno podía sentirse el ser más solitario en un garito hasta que entraba alguien con una camiseta que decía LA RESPUESTA NO ES 42. Y eso era como encontrar un bar en Marte… y ya podías entablar conversación con esa persona sabiendo que compartíais un código, como los masones…

El caso es que series como El Ministerio del Tiempo, más allá de sus resultados en el “aquí y ahora” de los audímetros, tienen los ingredientes necesarios para conseguir esa confraternización masónica. Puede que que algún día abraces a un desconocido en un bar por tener una camiseta en la que pone: SERVICIO DE HABITACIONES PORQUE ME SALE DE LOS COJONES, u otra en la que en lugar de salir la Tardis de Dr Who, aparece un dibujo de la puerta 58.

En definitiva… imagino que… cada vez me siento más viejo… cada vez soy más público subjetivo que objetivo…  y cada vez quedan más paraísos vírgenes por monetizar.

P.S: He encabezado el post con una foto de Miguel Rellán porque cualquier cosa con Miguel Rellán es el triple de maravillosa. Y punto.

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