10 CANCIONES PARA NO MORIR DE ASCO

por Sergio Barrejón.

De guionista te puede ir bien. Puedes ganar dinero, conocer a gente estupenda y vivir sin jefes ni horarios. Eso puede pasar. No es imposible.

Pero no nos engañemos: como profesión, la de guionista es una mierda como un piano de cola. Traedme a un solo padre que quiera que su hijo sea guionista.

Si no has visto esta película, tú ni eres guionista ni eres ná.

La inseguridad económica es total, es imposible prever si tu trabajo será el éxito del año o la vergüenza de tu familia, y la consideración social de tu profesión está por debajo de la de barrendero. Y a ti ni siquiera te dan uniforme.

Para colmo, no existe el éxito. Puedes vender tu primer guión a los 23 años, hilar tres películas seguidas antes de cumplir los treinta… y luego estar un lustro entero en el paro, esperando a que suene el teléfono. Eso también pasa. Preguntadle a Cristóbal Garrido. Le pasó exactamente eso. Ahora lo peta haciendo series para la BBC y pelis para Ruiz Caldera, vale. Pero en el ínterin, su vida profesional tuvo durante AÑOS el aspecto de los créditos iniciales de The Big Lebowski:

Lo único que está garantizado en esta profesión es que…

Te van a decir veinte veces no por cada vez que te digan sí. De hecho, cualquier guionista profesional te dirá que perder por veinte a uno no es mal resultado.

Te van a intentar tangar de siete maneras diferentes. Y lo van a conseguir. De las siete maneras. Y en tres de ellas te lo harán amigos.

Te van a aplaudir por textos que no te convencen en absoluto y te van a hacer cambiar cosas que considerabas perfectas.

Y todo eso, si es que tienes la suerte de llegar a profesional.

Cuando me toca vivir esas situaciones, procuro recordarme que, con todo, es preferible escribir guiones que barrer las calles. Y si ese pensamiento no consigue reconfortarme, entonces recurro a la única medicina que alivia todos los males.

El rock and roll.

Hoy quiero compartir diez de mis pócimas secretas para superar las bajonas estándar que te proporciona esa maldita y maravillosa profesión, y también algunos de los cócteles perfectos para celebrar las pocas alegrías, que también las hay.

Y os invito a todos a completar esta pequeña lista en la sección de comentarios.

Play it loud.

All night long.

  1. CUANDO TE RECHAZAN UN GUIÓN

Lo enviaste a una productora, se lo propusiste a un actor conocido, lo presentaste a un certamen o una subvención, y te acaba de llegar una de esas cartas de “gracias, pero”, “está muy bien, pero”. Probablemente es el enésimo NO. El sonido de la puerta cerrándose en tu cara resuena con el eco de todas las puertas anteriores.

  1. CUANDO TE LLAMAN DESPUÉS DE UNA TEMPORADA DE SEQUÍA

Llevas meses sin currar. Has hecho diecisiete pruebas. Has hecho pitchings hasta sangrarte las encías. En despachos, en bares, en retretes de bares, en retretes de despachos. Ya estabas pensando en tirarte al Metro, o incluso en hacer un Notodo, cuando de pronto RING. Aquel colega con el que escribiste un corto hace seis años ahora es coordinador en una diaria. Y necesita un guionista. Sólo van a ser unas semanas, para cubrir una baja. Y tienes que verte cien capítulos de una telenovela y leerte doce más y otras tantas escaletas para el lunes. Pero eh, tienes curro. Vas a tener PASTA.

  1. CUANDO RECHAZAS UN CURRO PORQUE LAS CONDICIONES SON UN ASCO

“Déjame que lo mueva un par de meses, y si sale, te pago cuarenta mil.”

“Ahora no te puedo ofrecer más, pero si renovamos, te pago lo que dice el convenio.”

“Dinero no tengo, pero te ofrezco una oportunidad de trabajar con los mejores.”

“Lo que tú me pides ya no es viable, esto es lo que se está pagando ahora.”

Eres guionista. Sabes lo que es el subtexto. Todas esas frases significan lo mismo: “Arrodíllate y besa mi mano”.

Pero tú no lo haces. Te das media vuelta y sales del despacho muy dignamente. Tienes las pelotas más duras El Sargento de Hierro. Tienes más ovarios que Sarah Connor. Lo que no tienes es ni puñetera idea de cómo pagarás el alquiler del mes que viene. Ni el del mes pasado. La dignidad no paga las facturas. Pero sin dignidad… no se puede escribir bien.

  1. CUANDO TE VUELVEN A DAR LARGAS A LA HORA DE PAGAR

“Pero si te hice la transferencia la semana pasada. No me digas que ha vuelto a fallar. Maldita banca online.”

“Eso lo tienes que hablar con Conchi, de Administración.”

“Mira, este mes es imposible, pero si quieres te paso una tarjeta regalo de El Corte Inglés.”

“Conchi acaba de salir a tomar el café, ¿quieres dejarle un mensaje?”

“El número al que usted llama tiene restringidas las llamadas entrantes.”

  1. CUANDO TARDAN SIETE SEMANAS EN LEERSE EL PUTO GUIÓN.

Te estuvieron metiendo prisa para que entregases la primera versión cuanto antes. Que la querían llevar a Cannes. Que la querían presentar a no sé qué. Que en Antena 3 estaban muy a tope y no querían que la cosa se enfriase.

Enviaste el PDF con dedos temblorosos. No de los nervios: de pasarte dos noches sin dormir, bebiendo más Red Bull que un DJ de gira por provincias. Y de pronto, silencio absoluto. El silbar del viento. Ladridos a lo lejos. Grillos en la noche.

  1. CUANDO TE HACEN VIAJAR POR ENÉSIMA VEZ

Te enrolaste en este proyecto porque pagaban bien. Porque era una productora de otra ciudad. Mola trabajar con gente distinta. Y te pagan los viajes. Eso mola cuando lo cuentas. Cuando lo haces mola un poco menos. Cuando lo haces siete veces no mola nada. Descubres una de las pocas verdades inamovibles de este negocio: nadie te paga un viaje para darte buenas noticias. Has aprendido el verdadero significado de las palabras “tarjeta de embarque”: ESCABECHINA.

Madrugas. Llegas a la estación del AVE a unas horas imposibles. Te sientes como la protagonista de 7:35 de la mañana. Rezas porque aparezca Nacho Vigalondo con una bomba en el pecho y un saco de confetti. Pero no. Nadie te va a librar de hacer más cambios en ese guión. Y no vas a poder dormir en el AVE. Algún imbécil trajeado se ocupará de impedirlo, hablando a voces por teléfono durante todo el maldito viaje. Pero tú tienes unos auriculares envolventes. Subes el volumen y…

  1. CUANDO DESCUBRES QUE NO TE HAN INVITADO A LA FIESTA DE NAVIDAD DE LA SERIE

Te la suda la fiesta de Navidad. No quieres ir a la fiesta de Navidad. Lo último que necesitas es escuchar las opiniones de un actor sobre lo que su personaje debería o no debería hacer. Sabes por experiencia que hay una relación inversamente proporcional entre la importancia de un personaje en la trama principal y la cantidad de ideas que tiene que comentarte el actor que lo interpreta. Y el ratio empeora cuando el genio de turno lleva tres gin tonics. No quieres esa mierda. Prefieres ver un maratón de Saturday Night Live versión española antes que ir a esa fiesta.

Pero te toca mucho los huevos que no te hayan invitado. ¿Quién coño se creen que son? ¿De qué iban a tener trabajo todos esos capullos si tú –tú y tus nueve compañeros– no hubiérais escrito esos guiones? Vas a llamar a Producción y vas a decirles cuatro verdades. Sólo necesitas saber el teléfono de Producción. Y el nombre de alguien de Producción. No has estado en plató jamás. Empiezas a pensar que, si tú no sabes cómo se llaman ni tienes su teléfono, tal vez sea lógico que ellos tampoco se hayan acordado de…

¡No, no! ¡Tú eres el creador! ¡Se van a cagar!

  1. CUANDO DECIDES NO CAMBIAR ESA ESCENA CRUCIAL POR MUCHO QUE INSISTAN.

Este guión lo escribo yo. No lo escribe el director. No lo escribe el productor. Y definitivamente no lo escribe ese analista de tres al cuarto, que ni siquiera tiene bemoles de firmar el análisis con su nombre y apellido. Esta escena se queda. Yo sé que está bien. Y el público estaría de acuerdo conmigo, si estos capullos no insistiesen en dejar su meadita en el guión. A ver si se enteran de una vez que firmar cheques no te convierte en escritor.

  1. CUANDO TE LLEGAN RUMORES DE QUE VA A HABER DESPIDOS EN TU SERIE

El coordinador ya no te ríe los chistes. Te tiene en el punto de mira y lo sabes. No te perdona que te seleccionaran aquel Microteatro cuando a él se lo rechazaron. Es un cabrón vengativo. Al menos podría avisarte, para que fueras buscando otro curro. No serviría de mucho. No hay curros. Aunque sería un gesto, coño. Pero no. Se limita a asignarte las escaletas con menos acción. A corregirte más que a los otros. Ayer te corrigió un leísmo en una acotación. ¡En una acotación! Vale que el tío sea filólogo, pero eso ya es ir a dañar. Tú lo das todo semana tras semana. Sólo quieres que te digan de un vez si tienes curro o si vas a tener que volver a casa de tus padres. Por tercera vez.

  1. CUANDO A LOS COLEGAS LES ENCANTA TU ÚLTIMO FRACASO

Escribiste una peli para el littlepollasenvinagre. Sacásteis mil quinientos euros en Verkami. Una sola localización, la casa de la actriz, que era novia del director, que era primo del que selecciona pelis para el littlepollasenvinagre. El travelling era una silla de ruedas. Comprasteis una 7D el viernes en El Corte Inglés y la devolvisteis el lunes. Junto con el vestuario. Estrenasteis en la Artistic Metropol un martes a las tres de la tarde. En el evento de Facebook había cientos de “tal vez asistirán”. Al final se presentaron diecisiete personas. Conocías a dieciséis. El que no conocías se fue a la mitad. A tus amigos LES ENCANTÓ la peli. Les pareció TAN BUENA que resultaba LÓGICO que gustase a poca gente. No era LA TÍPICA MIERDA comercial. No era un puto melodrama de Antena 3 a la hora de comer. MATARÍAS por escribir melodramas de Antena 3 a la hora de comer. Pero tus amigos tienen CRITERIO. Tus amigos saben apreciar LO BUENO.

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