10 CANCIONES PARA NO MORIR DE ASCO / 2

por Sergio Barrejón.

Uno de los tesoros más preciados que puede tener un guionista es un buen arsenal de música que le inspire para escribir. Hacerse con él no es tan fácil como puede parecer. A mí, por ejemplo, no me sirve la música cantada. Salvo algunos coros religiosos. Sí. Música DE MISA. Mi musa es creyente, supongo, yo qué sé. En general prefiero la música clásica y el jazz. Uso mucho la lista “Música clásica para escribir bien“, del gran Borja Echevarría, por ejemplo.

Pero además de la música para escribir, hay que tener música para vivir. O sobrevivir, más bien. De eso va este post. La semana pasada publiqué “10 canciones para no morir de asco”. Y esta semana me he dado cuenta de que diez no son suficientes. Hacen falta más. Por lo menos, otras diez. Así que ahí van.

11. Resaca tras la fiesta de fin de rodaje. Recuerdas que le entraste a la estrella de la peli. Una entrada patética. Tienes flashbacks de tu lengua intentando alcanzar el lóbulo de su oreja. Recuerdas insertos de una cobra épica, inolvidable. Ecos de risas. ¿El flash de una cámara? Tienes la boca seca. Entras en Facebook, rogando a un Dios en el que no crees que no haya notificaciones de que alguien te ha etiquetado en una foto.

12. El primer visionado del montaje provisional de la peli que has escrito. El director está contentísimo. CONTENTÍSIMO. Lo dice así, es superlativo. En mayúsculas, sonriendo con todos los dientes. La sonrisa de Jack Nicholson en El Resplandor. Empieza la proyección y entiendes por qué. Lo ha jodido todo. Ha hecho evidente lo sutil. Ha hecho críptico lo que debería ser evidente. Ha cambiado diálogos sin motivo. Ha añadido diálogos innecesarios. Ha quitado diálogos imprescindibles para entender la trama.

13. Estás en la fiesta de un estreno. Mucha pomada. El productor al que quieres hacer un pitch está allí. Calculas tu momento. Repasas mentalmente tu pitch. Es perfecto para él. Está a punto de quedarse solo. Es tu noche. Hoy lo petas.

14. Te llama el productor y te dice “lo tenemos”. Se acabaron las versiones. Vas a cobrar el último pago. Tu guión entra en preproducción. Vas a llamar a tu madre y decirle que no hace falta que saque los trastos de tu antiguo cuarto. Que te quedas en Malasaña unos meses más.

 

15. Hace dos meses que cobraste un adelanto jugoso para escribir un encargo que no te apetecía un carajo. Intentaste resistirte, intentaste darles largas, pero te pusieron el dinero en la mano y qué coño, algo se te ocurriría. Ya te has gastado la mitad del adelanto, quedan tres semanas para entregar el primer borrador y no has terminado ni de escaletar el primer acto. No tienes ni puñetera idea de cómo vas a escribir algo decente, y empiezas a pensar en fingir tu propia muerte y desaparecer.

16. Te entrevistan en un blog ignoto, y te piden un consejo para la gente que empieza, y tú te quedas pensado “si el que empieza soy yo, joder”, y caes en la cuenta de que ya pasas de los cuarenta, de que ya hay tres promociones de la ECAM que te consideran “la vieja guardia”. Y aun así no tienes ni pajolera idea de qué aconsejarle a nadie, aparte de HUYE MIENTRAS PUEDAS. Pero tampoco quieres ser tremendista. Y tratas de salir del paso con alguna generalidad aséptica, y mientras hablas piensas de ti mismo “eres un viejuno”.

17. Esta mañana se leen las nominaciones a los Goya. No le das mayor importancia, claro. Pero lo ves en directo. No por nada, sabes que ese corto que has colado en la short list no tiene muchas posibilidades, pero hay colegas candidatos y les tienes cariño. Les deseas suerte. Eso, y que te has pasado seis semanas spameando como un campeón. Te has abierto cuentas en redes sociales que no sabías que existían para promocionar el corto de los cojones. Habrías CREADO una red social nueva si supieras hacerlo. Llega la lectura de los nominados a corto. Tu corto no está. No te duele. Ya lo sabías. Además, tienes miles de otros proyectos. Esto no te duele. Tienes la piel dura. Siguen las lecturas. Todos tus amigos salen nominados. Te tiembla un párpado. Te sangra una encía.

18. Estás harto de mover ese guión por España. Se lo has enseñado a todos los productores que conoces, lo has paseado por todos los despachos, te han hecho comentarios positivos, has tenido reuniones, ha estado incluso opcionado. Pero nada. El guión es bueno, lo sabes. Es España la que no está preparada para él. Pero qué demonios. Estamos en siglo XXI. Vivimos en una aldea global. Hollywood queda a un click de distancia. Te haces miembro de The Black List. Pagas 60 dólares como 60 guantazos en la cara y sacas tu guión out there. No pain no gain, buddy. Vas a tener un mánager en L.A. Vas a cenar en Spagos. Vas a pisar la alfombra roja. Te vas a MEAR en ella.

19. Festival de cortos de Calasparra. Hotel pagado. El viaje no, pero mira, el autobús sale por nada. Y te han dicho que hay premio. Premio CON PASTA. Por supuesto, no tienen ningún premio a Mejor Guión. Pero quedaste con el director que si el corto sacaba premios te daba un 20%. El premio gordo son 300€. Te tocan 60€. ¡Has recuperado lo que palmaste con The Black List! La vida te sonríe.

20. Esa idea que llevaba siete meses dando vueltas en tu cabeza de pronto ha cobrado forma. Justo en el instante en que estabas a punto de dormirte, haciendo cucharita con tu pareja. Medio mundo necesita dormirse haciendo cucharita, y el otro medio DETESTA dormirse haciendo cucharita. Ha habido GUERRAS por culpa de eso. Y no te importa empezar otra ahora mismo, si hace falta. Te vas a poner a escribir esa idea así se caiga el techo.

Te levantas y enciendes el portátil. Tu pareja te pregunta qué demonios estás haciendo. Mejor duérmete, que esto va para rato, dices. Estás on fire. Vas a escribir una sinopsis de tres páginas de una sentada. Y luego vas a dialogar un par de escenas. Los diálogos ya resuenan en tu cabeza. Ha venido la musa. Y cuando viene la musa, no existe el sueño, ni las redes sociales, ni las camas calentitas ni las parejas cabreadas. Sólo un teclado y una pantalla y diez dedos dislocándose para ir a la velocidad de tu cabeza.

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