10 CONSEJOS PARA HACER CINE INDIE Y PETARLO COMO MARK DUPLASS

30 abril, 2015

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  1. Si ya sabes rodar sin saltarte el eje, si tienes conocimientos de montaje y en general conoces el ABC de la realización… no vayas a la Universidad. Convence a tu familia de que te dé la cuarta parte del dinero que gastarías en formación para hacer películas. Tampoco te empeñes en pegarte a alguien consagrado para aprender de él. Gastarás tiempo y energía y es posible que ni siquiera lo consigas. Además, estarías aprendiendo a imitar a alguien. Mejor aprender de tus propios errores.
  2. La caballería no va a llegar a salvarte. No dejes pasar los años esperando que alguien financie tu gran proyecto. La mejor manera de construir una carrera es a tu manera, haciendo pelis que puedas levantar tú solo.
  3. No hay excusas: haz cortos de 3€ con un iPhone y los amigos. Un corto cada fin de semana. No importa que los encuadres sean limitados, las historias sean básicamente gente en pisos hablando de chorradas, y que el sonido apeste. Tú haz cortos. Poco a poco irás mejorando, es inevitable. En algún momento, alguno de ellos entrará en un buen festival, ganarás un premio, ganarás algo de dinero. Y por el camino, conocerás a gente como tú, empezarás a formar un equipo de gente con la que hacer pelis.
  4. Cuando tengas un equipo más o menos consolidado, haz tu primer largo con 1.000€. Usa sólo lo que tengas a mano: el piso de tu pareja, la furgoneta de una amiga… Escribe un guión que ocurra en lugares donde puedes grabar gratis.
  5. Gasta esos 1.000€ fundamentalmente en dar de comer al equipo y en enviar la peli a festivales.
  6. Compra los materiales de rodaje en tiendas que devuelvan el dinero. Devuélvelo todo cuando termines el rodaje.
  7. Si tu primer largo funciona bien en festivales, aprovecha para contactar con un actor conocido y rico, y convéncele de actuar gratis en tu segundo largo. El actor perfecto es uno que lleve seis temporadas en una serie que no le llena, porque será rico pero estará quemado y deseando hacer algo fresco y creativo. Y ahí estarás tú, con tu largo recién estrenado. Pregúntale qué tipo de papel le gustaría hacer en ese punto de su carrera, y escríbele un papel así. Será tu segundo largo.
  8. Recuerda el punto 1: la caballería NO va a llegar. Aunque te digan lo contrario, no te lo creas. Haz tu segundo largo también por 1.000€. Ahora tienes un actor famoso en el cartel y podrás sacar 50.000€.
  9. Sé un comunista. Reparte los beneficios con tu equipo. En cuanto a la parte que le corresponde a tu actor conocido y rico… Convéncele de que renuncie a ella, que para algo es rico, y repártela también con tu equipo. Te interesa mantener una comunidad creativa donde todos os ayudáis mutuamente.
  10. Si tu segundo largo funciona bien y te ofrecen encargos como director, no los aceptes. Recuerda: la caballería no va a venir. Es el momento de dar el salto a la televisión. Ya tienes experiencia, ya has desarrollado un estilo. Tú y tu equipo podéis hacer una serie con poco dinero y venderla a un canal privado por mucho menos de lo que suelen pagar… que es mucho más de lo que tú sueles ganar. A ti te sale rentable, a ellos también.

Estos y otros muchos consejos se los he oído a Mark Duplass aquí:

Sé que muchos preferiríais comeros vuestros propios ojos con anchoas de lata antes que ver un vídeo de una hora en inglés, pero creedme: éste merece la pena. Se entiende muy bien, se hace cortísimo y está lleno de sabiduría. Sabiduría de la buena, de la que sale de la experiencia, no de la teoría. Mark Duplass ha estado en el fregao, sabe de lo que habla. Y lo hace de forma honesta y directa. Esta horita de Youtube enseña más que algunos másters.

Sergio Barrejón.

 


POR QUÉ LO LLAMAN “TRABAJO EN EQUIPO” CUANDO QUIEREN DECIR “EGO”.

29 abril, 2015

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Voy a empezar con eso que llaman “autopromo” o “spam”, pero os prometo que durará poco y servirá de excusa para reflexionar sobre un tema que genera no poca discordia.

Acaba de finalizar el rodaje de DEUS EX MACHINA, un largometraje lowcost dirigido por Fernando Osuna, protagonizado por Nacho Guerreros y Jorge San José. El guión de la peli lo escribí yo… hace casi trece años.

Fue uno de los primeros guiones que parí, recién salido de la universidad. Mi combustible era esa ingenuidad gracias a la cuál uno ignora que aún no está preparado para escribir guiones.

El engendro resultante terminó, como tantos otros, encerrado en un cajón. Pero nunca se marchó del todo de mi cabeza. Había muchas cosas en él que me gustaban: La locura de la trama, el ritmo frenético, las posibilidades de lucimiento que ofrecía a los actores. Por otra parte, el guión gustó en su día a la gente que lo leyó, recibió muy buenas palabras y envejeció bastante bien en el recuerdo. Por todo ello, cuando supe que el productor de la peli (Paco San José) buscaba un guión fácil de rodar, con pocos actores y pocas localizaciones, propuse desenterrar esta historia y darle un lavado de cara. Parece que el texto, trece años después, ha vuelto a gustar. Yo, sin embargo, al volverlo a leer he sentido una tremenda vergüenza ajena. Ajena porque tengo casi la sensación de que lo escribió otra persona: El Juanjo de hace trece años, a quien no he parado de insultar mientras redactaba mis notas al director, proponiendo cambios, correcciones o… yo qué sé… quemar algunas páginas y rociar las cenizas resultantes con lejía.

A veces me gustaría inventar una máquina del tiempo para viajar al pasado y meterle un par de hostias al Juanjo de hace trece años. Recuerdo que aquel hijo de puta estaba contento con el guión que escribió. Luego intento mirar las cosas con perspectiva y llego a la conclusión de que todo sucede como debe suceder: Aquel imbécil tenía que escribir aquella primera versión tal y como la tenía en su cabeza, luego aquellas páginas debían reposar durante trece años… y si es ahora cuando llega el momento de retomarlo, de reescribirlo, de enderezarlo y producirlo… por algo será.

Los cambios que ha sufrido el guión son de distintos tipos. Por un lado el director Fernando Osuna le ha buscado un final distinto y un trasfondo más acorde con los tiempos que vivimos ahora (que ya no son los del año 2002). Por otra parte se han tenido que integrar en la trama elementos como Facebook, Instagram… fenómenos sociales y tecnológicos que no existían ni se concebían cuando el guión se escribió, pero que hoy día son imposibles de obviar en una trama como la de DEUS EX MACHINA.

Sin embargo lo más obsoleto de aquella primera versión de guión no es la ausencia de redes sociales, ni la situación político-económica de España. Lo que realmente me ha provocado náuseas al releerlo son…

… los putos diálogos.

No es que el Juanjo de ahora tenga precisamente la receta para escribir buenos diálogos, pero al menos intenta no cometer ciertas aberraciones que aquel Juanjo primerizo de hace trece años sí cometía y que en mi opinión cometen muchos guionistas profesionales consagrados. Ya os imagináis a qué me refiero: Eso de hacer que los personajes hablen como si fuesen actores americanos doblados al español.

Lo de los diálogos es complicadísimo. Por algo en muchas producciones contratan guionistas especializados en desarrollar las tramas y luego dialoguistas que, como su propio nombre indica, se especializan en hacer que la gente hable como tiene que hablar.

Y ni siquiera es siempre fácil decidir cómo tiene que hablar esa gente. Ya sea por pura convención, ya sea por las claves emocionales que exigimos a cada género, los personajes no hablan igual en sitcom que en drama, en este siglo o en otro. Recuerdo haberle leído al bloguionista Natxo López un texto sobre algo realmente interesante: Durante el desarrollo de la serie Hispania tuvieron que pararse a reflexionar sobre cómo iba a hablar aquella gente. En el siglo II antes de Cristo no se hablaba castellano. Ninguno de nosotros ha escuchado jamás a nadie de esa época. Estamos acostumbrados a escuchar a Russel Crowe haciendo de gladiador hispano en inglés, y estamos aún más acostumbrados a escuchar al doblador de Russel Crowe pero, ¿cómo deben escribirse los diálogos de un lusitano anterior a Cristo para que un actor español los pueda defender con comodidad?

Si me obligan a generalizar me atrevo a decir que todos deberíamos haber crecido escuchando a Azcona y a Berlanga. Y que nuestros hijos deberían crecer escuchando a Guerricaechevarría y De la Iglesia.

Pero el mundo real no se lleva demasiado bien con las generalizaciones y cada proyecto nace prisionero de sus propias circunstancias. En el caso concreto de DEUS EX MACHINA una de esas circunstancias puede resumirse en que la peli debía rodarse cuanto antes, y yo últimamente no tengo tiempo ni para pararme a respirar. Me he limitado a proponer cambios y ceder el marrón de reescribir a Fernando, el director, y a estas alturas también coguionista.

Y ya que nos poníamos a delegar, fui un paso más allá: Consentí e incluso supliqué que los diálogos se reescribieran durante los ensayos, respetando el contenido original pero variando el estilo, permitiendo a los actores encontrar la voz del personaje con la que se sintieran cómodos.

Llegados a este punto es posible que algunos se lleven las manos a la cabeza. Existen en el gremio guionístico muchos defensores a ultranza del “guión de hierro”. Se da por hecho que los actores no deberían cambiar ni una coma, y es evidente que ese modus operandi da muy buen resultado en ocasiones. Ahí están las pelis de Billy Wilder para demostrarlo. Sin embargo, lo que funciona en una peli de Billy Wilder marchitaría una serie de Larry David.

Pongamos otro ejemplo: Muchos elogian los ingeniosos diálogos del guión de Cazafantasmas. Según tengo entendido, la mitad de esos diálogos fueron improvisados por los cómicos durante el rodaje.

Yo confío sinceramente en que DEUS EX MACHINA se convertirá en una buena película. Espero que las virtudes del guión tengan algo que ver con ello, pero no son ésas las únicas virtudes necesarias para que una peli funcione. Si confío en ello – al menos en este caso – es porque el proyecto cuenta con un buen equipo técnico y artístico: gente capaz de entender la historia y hacerla crecer como la propia historia pide hacerlo.

Esta clase de cosas me hacen pensar (de una manera un poco incómoda) y llego a algunas conclusiones (muy endebles)

En primer lugar, creo que esos folios llenos de letras que llamamos “guión” son la semilla, y la semilla siempre contiene el árbol en su interior, pero el ser vivo resultante no es únicamente producto del ADN de esos folios: influyen también el clima, el abono, quién riega el árbol, quién lo poda. Quizá los genios sean capaces de convertir el simple taco de folios en una receta infalible para construir el árbol perfecto. Los demás quizá debamos asumir que no tendremos el control total, que lo lógico es que nuestro trabajo sólo sea la primera capa de una historia que seguirá reescribiéndose en los ensayos, en el rodaje, en el montaje. Lo más probable es que el guionista no tenga voz y voto en todas esas fases posteriores a la semilla, y eso nos aterra. Los guionistas somos criaturas bipolares, al mismo tiempo los más inseguros del planeta y los más arrogantes. Tendemos a pensar que somos los más listos de este mundillo, tendemos a pensar que cualquier decisión alternativa a la que habríamos tomado nosotros va a ser por definición peor que la nuestra. Y más grave todavía: Creemos que por el simple hecho de que la historia empezó en nuestras cabezas, nos pertenece a nosotros más que a nadie. Somos como esos padres y madres que no aceptan que sus hijos abandonen el nido y se casen con alguien que no son ellos.

¡JA!

Cuando esa historia exige el esfuerzo y el dinero de decenas o centenares de personas para ver la luz, no te pertenece sólo a ti. Si quieres contar cosas TUYAS, escribe una novela, o un poemario.

Además, ¿cuándo tendremos la garantía de que nuestro criterio es el adecuado? Cuando yo escribí ese guión hace casi trece años creía haber hecho un buen trabajo. A lo mejor el Juanjo de dentro de trece años lee las cosas que escribo hoy, atendiendo a mis criterios actuales, y se lleva también las manos de la cabeza.

Hay una cosa que me ha pasado muchas veces, sobre todo en televisión: Propones una idea de ésas de “intentar hacer tu trabajo de guionista lo mejor posible” y te la rechazan con argumentos como: “Es que eso es arriesgado porque seguro que el actor no lo va a hacer bien”, o “Es que los de Arte lo van a hacer mal y va a quedar cutre”.

Por supuesto que hay que escribir conociendo las limitaciones inherentes al proyecto, y por supuesto que muchas veces te tocará escribir para actores inútiles y directores de arte incompetentes, aunque os contaré un secreto: Lo más probable es que nosotros, los guionistas, seamos igual de incompetentes e igual de inútiles. Porque el ser humano tiende a la inutilidad, al menos en España, pero eso está cambiando en los últimos años y bla, bla, bla. O puede que simplemente llevemos demasiados años concibiendo este curro “en equipo” como un curro en el que cada equipo es experto en minusvalorar a los demás e ir por su cuenta. Puede que a menudo los de arte, los de maquillaje, los de producción… contemplen el trabajo de los guionistas como un germen de problemas, un marrón que les llueve y hay que quitarse de encima con el mínimo esfuerzo posible. Pero también es probable que muchos guionistas trabajemos como si el único aporte creativo válido en una historia fuese el nuestro, como si el resto de departamentos fuesen únicamente hormiguitas dispuestas a obedecer sin personalidad alguna. Y es obvio que debe haber alguien que filtre las aportaciones de todo el mundo, llámese director, llámese showrunner… pero tener a tantas mentes trabajando en un proyecto y no escucharlas me parece un despropósito. Estoy convencido de que tanto en España como fuera de ella las obras que realmente merecen la pena son obras en las que se ha confiado en la capacidad creativa DE TODO EL EQUIPO (o como mínimo en todos los cabezas de equipo)  Esa capacidad que todos deberían tener para comprender la historia que se está contando y hacer lo necesario, desde cada parcela particular, para que esa historia funcione lo mejor posible. Las cosas se cuentan bien cuando los actores entienden que lo que se cuenta está por encima de su lucimiento personal, cuando los realizadores entienden que a veces el plano más molón no es el mejor para contar lo que hay que contar… y cuando el guionista entiende y acepta que el árbol que ha plantado lo va a regar y a podar mucha otra gente.

A toda esa gente hay que fomentarle y EXIGIRLE el amor por contar esas historias que contribuye a contar. Si, por poner un ejemplo, un maquillador no tiene interés en contar historias a través de su trabajo, que se dedique a maquillar cadáveres. Si un guionista no acepta que otros aporten personalidad a sus historias, más le vale escribir un blog, un libro, un cuento, un diario… o hacerse una paja.

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LA BAJONA

28 abril, 2015

Por David Muñoz

Si te dedicas a escribir, es muy probable que más de una vez te haya dado “LA BAJONA”.

La bajona adquiere muchas formas: depresión, ansiedad, una amplia variedad de enfermedades de origen psicosomático, etc.

Y la bajona no solo llega cuando estás en paro.

La felicidad del guionista muchas veces depende de la manera en que se recibe su trabajo. Aunque lo neguemos, lo que escribimos “es” nosotros. Toda ficción es una forma de autorretrato. Y exponernos a la opinión de los demás nos pone en una situación muy frágil. Por mucho que luego intentemos relativizarlo, cualquier crítica, o cualquier valoración negativa, la vivimos como un cuestionamiento de nuestra valía como guionista* y, cuando se acumulan unas cuantas en un breve periodo de tiempo es fácil que acaben minando nuestra autoestima. Vale que lo normal es que de cada 10 proyectos solo nos salgan uno o dos (con suerte) y que vivamos más veces el fracaso que el triunfo, pero que sea normal no quiere decir que sea más fácil sobrellevarlo.

Mira que hay información sobre cómo es la vida de los guionistas. No paramos de leer historias espeluznantes sobre colegas del presente y del pasado que lo han pasado mal intentando levantar este o aquel proyecto. Pero cuando te ocurre a ti, toda esa información no sirve de nada. El golpe es igual de duro.

Si quedas con otros guionistas, no es raro que la bajona sea uno de los temas habituales de conversación (especialmente si sois guionistas de televisión). Entre mis amigos tengo a un guionista que ha tenido que ser hospitalizado varias veces tras sufrir ataques de ansiedad; otro que solo pudo seguir trabajando en su serie gracias al Lexatin; y uno al que tras varios días aguantando el maltrato psicológico al que le sometía un director mientras escribían “juntos” (o más bien a su dictado), se le hinchó tanto un testículo que llegó a pensar que tenía cáncer. Pero no, porque en cuanto decidió no volver a reunirse con el director… bajó la hinchazón. Solo se le habían hinchado los huevos. Literalmente.

A mi la última bajona me dio hace unos meses.

Mi historial bajonero no es demasiado dramático. No sé por qué, pero no me hundo con facilidad (ahí juega un papel importante la configuración cerebral que el azar nos ha regalado), y en los no sé ya ni cuantos años que llevo trabajando como guionista solo he tenido dos ataques de ansiedad y tres depresiones leves (una de ellas trabajando en una serie en la que no llegué a encajar; casi me alegré el día en que me dijeron que no me iban a encargar más guiones). A lo mejor a algunos mi historial os parece muy largo, pero estoy convencido de que estoy por debajo de la media.

Es difícil saber por qué la bajona entra en tu vida.

A mí se me juntaron varias cosas: el descalabro de “Alatriste”, el amargo y, por muchas razones, desagradable final del proceso de desarrollo de otra serie en la que llevaba trabajando ya tres años, y un tema médico de una persona cercana a mí (que por suerte terminó bien).

No sé por qué lo que ocurrió con “Alatriste” y lo de la otra serie me dejó tan tocado. He estado ya en otras series que han ido mal y he trabajado en muchos proyectos que han quedado en nada y nunca me había sentido así. Quizá lo que pasó fue que en ambos casos estaba trabajando muy a gusto, con gente a la que aprecio y respeto. Encima estaba convencido de que habíamos hecho un buen trabajo. Me sentía orgulloso de los guiones que habíamos escrito. Creí que esta vez las cosas iban a salir bien.

Pero claro, una serie es mucho más que sus guiones.

A todo lo anterior se sumó que llevaba un año sin recibir ni una sola oferta para escribir televisión, y claro, empecé a pensar: “Hostias…¿y si no vuelven a llamarme?”. Porque tengo una edad jodida, demasiado mayor y con demasiada experiencia como para que los productores ejecutivos de algunas series se sientan cómodos contratándome como “soldado del guión””. Y del cine, mejor ni hablar. En 2014 únicamente me llegaron ofertas a precio de saldo que no tuve más remedio que rechazar.

Muchas veces la gente que está empezando no se llega a creer lo difícil que es tener seguridad o continuidad en esta profesión. Salvo unos cuantos directores y varios guionistas –entre los que no me cuento-, casi nunca, por muchas cosas que hayas hecho, tienes garantizado el trabajo. La vida de un guionista como yo es una oposición continua que casi siempre suspendes.

Igual que siempre te llega la bajona, también te llega ese momento en el que tienes que mandarle un e-mail preguntándoles a los amigos si saben de “algo”.

Y esa incertidumbre solo puede sobrellevarse si te sientes optimista y vives tu día a día confiando en que las cosas (o por lo menos alguna cosa) acabarán saliendo bien.

Por supuesto, hablo solo de casos como el mío, de guionistas autónomos que casi siempre escribimos en casa. Las bajonas de los guionistas que trabajan contratados por una productora y con un horario fijo son otras.

Fuera por lo que fuera, empecé a notarme muy cansado. Volvía a casa después de llevar a mi hija al colegio, y tras terminar de corregir las cosas de mis alumnos, en vez de sentarme al ordenador para escribir, de lo que me daban ganas era de tumbarme en el sofá a echarme una siesta. O varias siestas. Seguía haciendo bien el trabajo que me había comprometido a hacer, el trabajo por el que cobraba (mis clases, terminar una versión de un guión de cómic), pero se me hacía muy cuesta arriba ponerme a escribir proyectos – tanto de cine como de televisión o cómic-, para moverlos e intentar colocarlos en alguna parte. No tenía la energía extra necesaria para echar horas y horas trabajando por nada en cosas que casi con toda certeza acabarían por no llegar a ningún lado. Podría decirse que había perdido la fe.

Lo más curioso es que tardé mucho en darme cuenta de que lo que tenía era una bajona. Achacaba mi cansancio a que dormía poco, a los madrugones, a mil cosas, a todo menos a lo que me estaba pasando de verdad. Pensaba que era algo físico cuando era anímico (en realidad un aspecto y otro no se pueden separar, pero lo explico así para no enredarme demasiado).

Entonces empezaron los problemas físicos: pinchazos, dolores aquí y allá… en fin, os ahorro la descripción detallada de mis males no sea que alguno seáis tan aprensivo como yo y empecéis a sentir lo mismo que sentía yo mientras me estáis leyendo.

Asustado, fui a ver a mi médico, me hizo pruebas y análisis y la conclusión a la que llegó fue que estaba ligeramente deprimido. Tenía las cervicales fatal (como mucha gente que trabaja frente a un ordenador) y eso podía justificar algunas cosas, pero no todas.

Una depresión gorda, de las que dejan paralizado, se detecta con más facilidad, pero una depresión ligera, aunque también puede fastidiarte la existencia, muchas veces se queda sin diagnosticar.

Del útimo cómic de Miguel Brieva, "Lo que está pasando" (Reservoir Books).

Del útimo cómic de Miguel Brieva, “Lo que está pasando” (Reservoir Books).

Siguiendo los consejos de mi médico, comencé a medicarme y un mes después la bajona desapareció. Empecé a escribir de nuevo, y a generar proyectos. En los dos últimos meses he terminado la escaleta de un cómic, un tratamiento de guión de cine y el piloto de una serie de televisión. He vuelto a ser yo.

Y ya no tengo tantas ganas de sestear por las mañanas.

Además, me animó bastante vender uno de los proyectos de cómic a una editorial francesa y que me ofrecieran un contrato razonable para escribir un guión de largometraje (que vete a saber si acaba convirtiéndose en una película, claro, pero al menos estamos intentándolo)* * .

Aunque quizá lo que más me ayudó fue que, después de un par de meses de pasarlo mal en silencio, decidí contar lo que me ocurría a la gente con la que estoy desarrollando proyectos. Todos estaban un poco extrañados de que estuviera medio desaparecido, pero supongo que lo achacaban a que andaba muy liado con otras cosas. Contar la verdad me sentó muy bien. Porque además me sentía fatal al pensar que estaba decepcionándoles.

Todos ellos reaccionaron de forma muy comprensiva y ofreciéndome su apoyo. Sentí que me había quitado un peso enorme de encima.

No soy psicólogo y solo puedo hablar de mi experiencia y las de los amigos que han compartido las suyas conmigo, pero creo que si te llega la bajona, puedes hacer algunas cosas para tratar que dure lo menos posible:

-Reflexionar sobre el porqué de lo que te está pasando y, si es una bajona, reconocerlo.

-Buscar ayuda profesional.

-Contar la verdad a la gente con la que estás trabajando. Lo más probable es que reaccionen bien, y si no es así, quizá es que no debes seguir trabajando con ellos.

-Pensar qué puedes hacer para que no se vuelvan a reproducir las circunstancias que te llevaron a sufrir la bajona y trabajar duro para hacerlo realidad. No hay nada mejor en la vida que tener un propósito.

-Recordar que no estás solo. Lo más probable es que otros guionistas estén pasando por lo mismo que tú.

Respecto a este último punto, justo antes de comenzar a escribir esta entrada encontré un párrafo alusivo en el libro que estoy leyendo: “El año del pensamiento mágico”, de la escritora y guionista Joan Didion (cuenta el año infernal que pasó tras la repentina muerte de su marido, el también escritor y guionista John Gregory Dunne):

“La noche en que murió o bien la noche antes, en el taxi entre Beth Israel Norte y nuestro apartamento, me dijo una serie de cosas que por primera vez me impidieron achacar su estado de ánimo a la simple depresión, a una fase normal en la vida de cualquier escritor”***.

A Joan Didion, que su marido estuviera deprimido le parecía “normal”. ¿Por qué no? Al fin y al cabo era escritor.

Pero aun sabiendo que seguro que muchos de quienes me estáis leyendo habréis pasado por lo mismo que yo (o peor), reconozco que tuve dudas antes de escribir este texto. Todavía hoy, pese a todo lo que sabemos sobre ella, hay mucha gente que no tiene claro qué es una depresión y se comporta ante alguien deprimido como si éste se lo fuera a pegar. Y ya lo que me faltaba era que algún productor leyera esta entrada y al pensar en llamarme lo que le viniera a la cabeza fuera la imagen de un tipo depresivo y amargado. Tanto me preocupaba que llegué a preguntarle a Sergio Barrejón, “mr. Bloguionista”, si podría publicar esta entrada con seudónimo para evitar efectos indeseados. Sergio me aconsejó que no lo hiciera y además me contó que incluso estaba pensando en escribir algo aquí sobre el mismo tema, así que al final he decidido firmar esto con mi nombre. Y que sea lo que Dios quiera.

También me preocupaba que esta entrada pudiera dar lugar a comentarios como los que he leído cuando otra gente habla de sus problemas en blogs. Esos del tipo “De qué te quejas, yo sí que estoy mal”, “Ya me gustaría estar de mal como tú”, o la más habitual: “Yo odio mi trabajo y estoy fatal, tú por lo menos estás haciendo lo que quieres”, basada en la idea equivocada de que en vez de curritos como ellos, los guionistas somos ricos quejosos que lloriquean para ocultar su fortuna. ¡Ojalá! Pero bueno, me arriesgaré a ello. Y sí, hay muchas profesiones que te llevan a sentirte igual* * * *, pero soy guionista, escribo en un blog de guionistas, y hablo de lo que nos pasa a los guionistas. Porque, como decía Matthew Weiner, el creador de Mad Men, en este estupendo ensayo que os recomiendo leer a todos, los guionistas que llevamos un tiempo trabajando tenemos la obligación de contar cómo son realmente las cosas. No todo va a ser el mundo de fantasía que se desprende de leer tweets vendemotos.

Y cuidado, sentirte mal de vez en cuando no quiere decir que no ames tu profesión. Yo no cambiaría ser guionista por nada. En realidad, si enfermas suele ser porque te importa, porque todavía no te has instalado en el cinismo o el derrotismo y sigues creyendo que el próximo proyecto –este sí que sí-, va a ser el bueno.

Para cerrar, creo que no está de más recordar que si bien en este trabajo hay días de bajona, de desesperanza, de frustración, de infelicidad, también hay muchos en los que te sientes como Robert Crumb en esta historieta:

He escaneado la página del tomo "Crumb. Obras completas 3. La historia de mi vida". Ediciones La Cúpula, 1990.

He escaneado la página del tomo “Crumb. Obras completas 3. La historia de mi vida”. Ediciones La Cúpula, 1990.

*Hace muchos años trabajé con un cómico de mucho talento que decía que él solo quería que le dijeran cosas buenas. Las demás no le servían para nada salvo para deprimirse. Entonces no le entendí, y creo que hasta me pareció mal que lo dijera. Pensaba que era fundamental tener en cuenta las críticas negativas para mejorar en lo que haces. Ahora le entiendo perfectamente. La mayor parte de las críticas negativas no sirven para nada. Son opiniones sin argumentos, y lo único que sirve para mejorar son los argumentos.

**Lo que no impide que se produzcan escenas como esta: hace dos meses un amigo le propuso mi nombre a un productor para una serie, y el productor contestó: “Uy, ese igual nos sale muy caro, ¿no? Mejor llamamos a un chaval que tenga ilusión y ganas”. Pues señor productor, ilusión tengo la misma que tenía hace 15 años, solo que ahora también tengo más experiencia y soy mucho mejor guionista. Eso sí, trabajar gratis (o casi) no entra entre mis planes inmediatos.

***De la edición de Mondadori traducida por Javier Calvo.

****Por ejemplo: los dibujantes de cómic. No he conocido otra profesión con más bajonas, deserciones, desapariciones, más de todo. Demasiadas horas solos.


“EL ESPECTADOR ESPAÑOL NO ESTÁ ACOSTUMBRADO A VER CINE DRAMÁTICO CON FINAL NO FELIZ”

24 abril, 2015

El año 2012 fue, según los expertos, el más duro en lo que llevamos de crisis económica. ‘Techo y comida’, la ópera prima del jerezano Juan Miguel del Castillo, está situada en ese momento de nuestra historia reciente. En la película, Rocío, una joven madre soltera en paro desde hace años, lleva sin pagar el alquiler ocho meses y las circunstancias, cada día peores, empiezan a ahogarle. Este es el contexto que ha utilizado del Castillo para contar una historia que todos conocemos, ya sea porque la hemos vivido de cerca o porque la hemos visto en las noticias. Sin embargo, lo hace de una manera conmovedora, evitando en todo momento caer en el drama fácil gracias, sobre todo, a una Natalia de Molina sencillamente perfecta como Rocío. ‘Techo y comida’ se estrenó ayer en la Sección Oficial del 18 Festival de Málaga y cuenta con una particularidad: no se ha visto beneficiada por ningún tipo de subvención ni ayuda pública.

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El guionista y director Juan Miguel del Castillo.

Quiero empezar dándote la enhorabuena porque en ‘Techo y comida’ has llevado a la ficción una realidad muy complicada y delicada de una manera muy elegante…

Yo soy de Jerez y allí la cosa está que ni te cuento. Es un tema que conozco por parte de gente cercana. Me gustan muchos los temas sociales y me siento comprometido, además, viví una historia muy cercana, donde una vecina desapareció de donde yo vivía y después, por televisión me enteré de que la habían desahuciado. Eso me tocó la fibra y empecé a documentarme, empecé a buscar información en comedores sociales, Cáritas, asociaciones, plataformas… No quería mostrar esta parte en la película pero entre lo ya conocía y toda la información que conseguí me lancé a escribir el guión con muchas ganas. Este asunto me molestaba y lo he echado todo en la peli.

¿Llegaste a sentir responsabilidad al estar escribiendo una historia que afecta a tantas personas?

Es cierto que es un tema con el que la gente está muy sensibilizada, y todo el mundo conoce un caso, por eso la historia es tan cercana y emociona. Y sí que sentía una responsabilidad muy grande. Además, este guión lo he escrito solo. Yo soy muy cabezota, llevo 20 años luchando para hacer una peli y lo he conseguido ahora, es decir, que llevo mucho tiempo currando. Intenté estructurar de una forma que funcionase y que también plasmara el mensaje que a mí me interesaba. Con el tiempo el guión fue cogiendo cuerpo pero escribirlo ha sido una experiencia dura. Sabía que tenía que diseñar un gran personaje, y que todo se moviese a raíz de ella. No hay muchas tramas secundarias, esos personajes secundarios sirven para acompañar al principal. En el momento que tuve esa estructura y esa base que es el personaje de Rocío lo demás llegó solo. Se fue desarrollando la historia con lo que me pedía ella. También quería que esa “marca España” estuviese reflejada, le di muchas vueltas y decidí el momento en el que España ganó la Eurocopa del 2012 porque me parece muy interesante dramáticamente, quedó para la posteridad pero no hay que olvidarse que ese año pasaron más cosas.

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Juan Miguel del Castillo con los protagonistas de ‘Techo y comida’, Natalia de Molina y Jaime López.

Está muy bien jugado en segundo plano ese papel del fútbol como opio para el pueblo…

La peli se ha hecho para ese plano de Rocío con su hijo con la celebración de fondo. Todo está preparado para eso, fue la apuesta. También tenía un poco de miedo porque me tenía que arriesgar, dudaba si iba a funcionar porque esa parte es distinta al resto de la peli pero le tenía que dar la misma forma. Yo creo que está conseguida. Es una secuencia que hemos pulido mucho en montaje, sobre guión está distinta, es más larga. Creo que le hemos sacado el partido que queríamos y queda perfectamente reflejado el mensaje en la imagen, no hace falta explicar nada. Eso, como autor, me llena de satisfacción porque es mi ópera primera. He escrito varios guiones de largometraje, pero este es el primero en solitario, porque lo quería contar de una manera que sabía que lo tenía que hacer solo: está hecha con lo mínimo, es muy austera, sin música…

También tiene un papel algo menor la religión. Presentas a Rocío como una joven creyente, ¿lo haces como un clavo ardiendo al que se agarra por su situación?

Claro. Yo no sé en otras partes de España, pero en Andalucía hay muchas Rocíos, gente que está desesperada y que se agarra a una estampita de la virgen y le pone velitas o va detrás de un paso de Semana Santa, yo eso lo he visto toda la vida. La gente que está mal se agarra a donde sea. En Andalucía hay gente muy religiosa a la que le encanta las hermandades, los penitentes… A mí particularmente no me llama mucho la atención pero creía que debía estar presente, aunque sea una pinceladita que caracterice al personaje. Es un matiz rico para el guión.

Durante la película, al personaje de Rocío se le van presentado pequeños motivos para la esperanza: un posible trabajo, un boleto de lotería… ¿buscabas con esto que no fuese todo una cuesta abajo?

Mientras me documentaba vi que las personas que están en esa situación ven esperanza por todas partes, con cosas que pueden ser absurdas, como un cupón. Están tan desesperados que se agarran a todo. En el caso de Rocío, una papeleta de lotería o ese posible trabajo. Con lo del trabajo quería que se viese que sabes que no va a conseguirlo y, también, su inocencia al pensar que sí. Por otra parte, la complicación de esto era que yo no quería mostrar esperanza en la película, en ningún momento. Sólo pequeños matices, pequeñas pinceladas. Yo creo que me he portado bien porque, hay tantos dramas… Los espectadores españoles no están acostumbrados a ver cine dramático con final no feliz. Y creo que acabar de esa manera siempre invita más a la reflexión. Yo quiero que el espectador diga, “¿y ahora qué?”, que se quede como el personaje.

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Foto: @hbeltrangimeno.

En ‘Techo y comida’ no hay un malo. Todo el mundo sabe cuál es, pero en la película, los que ponen obstáculos a Rocío son personas que también lo están pasando mal, ¿ha sido delicado construir estos personajes secundarios?

Yo he querido contar la película desde el lado de los “buenos”, desde el lado de los que están sufriendo. Por eso no hay culpables ni malos en la película. Todo el mundo sabe los que han provocado esta situación, y yo no voy a cambiar el mundo con la película ni hace falta que los muestre. Creo que había que mostrar lo mínimo y lo máximo a la vez, y la apuesta fue esa. Quería que hubiese unas personas que crean unos obstáculos pero que también fuesen una víctima más. Al final, se ve al personaje de su casero hecho polvo, bebiendo, sin ver el fútbol. Quería que la película estuviese llena de estos matices. Llevo con ella tres años y le he dado tantas vueltas a todo…Han sido muchas versiones de guión y de montaje y la hemos acabado hace diez días, hemos ido a sprint para poder mandar la copia final a Málaga. En diciembre aún estábamos rodando y en febrero ya estábamos haciendo un pase para ver si nos seleccionaban en el festival.

La película se ha producido sin ayudas ni subvenciones de ningún tipo, sólo con inversiones privadas y crowdfunding…

El crowdfunding fue muy poco, unos 25.000 euros, pero no hemos tenido ni subvenciones, ni apoyo de televisiones, ni nada, todo ha sido con financiación privada de la productora que ha apostado por ello. Hemos llamado a muchas puertas y, la subvención más gorda, que es la del ministerio, no la hemos pedido pono estamos dispuestos a esperar tres años para que nos den un portazo en la cara, porque la última decisión de esta subvención es política. Y por ahí no pasamos ni vamos a esperar, porque se nos va el tiempo.

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Foto: @hbeltrangimeno.

Entrevista de Alberto Pérez Castaños. Fotos de Héctor Beltrán. 

Entrevista realizada gracias al apoyo del sindicato de guionistas ALMA.

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“ESTAR DIEZ AÑOS CON UNA IDEA EN LA CABEZA NO ES FÁCIL”

24 abril, 2015

El pasado miércoles se presentó en la Sección Oficial del Festival de Málaga la primera película de Gonzalo Bendala, ‘Asesinos inocentes’. Bendala, que en los últimos años ha estado trabajando como productor (‘Els nens salvatges’) ha debutado con un guión que mezcla suspense con comedia negra encabezado por Maxi Iglesias y Miguel Ángel Solá. 

‘Asesinos inocentes’ cuenta la historia de Francisco Javier Garralda, un mediocre estudiante de psicología al sólo le separa una asignatura de ser un licenciado. El profesor de esa asignatura es Espinosa, un misterioso psicólogo que le hará una propuesta: si le mata, le aprobará automáticamente. 

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El director, guionista y productor Gonzalo Bendala.

Leí la historia real en la que te has inspirado para ‘Asesinos inocentes’ y me pareció genial, ¿cómo llegaste a ella?

Sí, la película está inspirada en un caso real y ese es el punto de partida. Sí te digo la verdad, fue porque el profesor de literatura de mi instituto nos encargó, como trabajo de verano, leer una serie de relatos. Entre esos relatos había uno, serían como siete u ocho páginas nada más, que contaba el suceso de Michael Malloy. Me quedé sumamente sorprendido con la historia, de hecho se hizo súper conocida en el mundo entero y se empezó a conocer en aquella época como el asesinato más desastroso de la historia. Pensé que eso era increíble y que Hitchcock lo hubiera cogido y hubiese hecho una película.

Antes de la película, además, hiciste un corto con esa idea, ¿no?

Sí, de hecho se terminó en la facultad y la rodamos con un equipo totalmente amateur. Con una cámara Hi8 o incluso 8mm, no recuerdo muy bien, sin micrófonos y sin focos pero aun así me gustó mucho cómo quedó. Para haberlo hecho con nada y con diecinueve años estoy muy contento de cómo quedó. Pero nunca moví el corto porque la música que teníamos era música que no era original y no teníamos los derechos. Además, era un corto de escuela pero siempre me quedé con el gusanillo de seguir desarrollando esa historia y poderla hacer algún día en formato de largometraje. Ese fue el germen de ‘Asesinos Inocentes’.

Debe ser muy satisfactorio que tu primera película sea un proyecto al que llevas ligado tantos años y desde tan joven…

Sí. Llega un momento que se convierte casi en una espinita que se te queda clavada y que tienes que expulsar como sea. Ahora tengo la sensación de que por fin voy a pasar página y pensar en otra cosa. Estar diez años con una idea en la cabeza no es fácil. Pero claro, en diez años pasan muchas cosas y ya tengo mi siguiente película. Bueno, estamos metidos en dos proyectos, uno como director y otro de Patricia Ferreira, una comedia que se llama ‘Salsa de arándanos’ que tiene un guión muy potente. Y el segundo proyecto mío como director pretendía que hubiera sido mi ópera prima pero por cuestiones de financiación ha surgido antes la posibilidad de rodar ‘Asesinos Inocentes’.

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Foto: @hbeltrangimeno.

¿Por qué decides ambientarla en la actualidad, en el ambiente universitario y el mundo de la psicología?

Quizá fuera porque coincidió en mi época de estudiante en la facultad de Comunicación Audiovisual de Sevilla. Imagino que sería ese el motivo por el cual lo decidí así. Algo que quedó de la historia original fue que, como Michael Malloy era de ascendencia irlandesa, siempre pensé en la taberna irlandesa que sale en la película como escenario. También es cierto que al hacer el corto en esta época universitaria crees que es difícil encontrar actores de mayor edad y por eso son jóvenes.

¿En qué momento entra José Miguel Asensio a coescribir el guión contigo? ¿Participó en ese cortometraje inicial como actor, verdad?

Sí, José Miguel hizo de Sánchez en el cortometraje. El primer punto de partida fue el guión del cortometraje, que realmente no era un cortometraje sino un mediometraje, ya que duraba alrededor de 32 minutos. Ese fue el punto de arranque del guión y a partir de ahí quise desarrollar las relaciones entre los personajes. El corto está basado en los intentos de asesinato y los sucesivos fracasos pero no se desarrollaban las subtramas entre los personajes. En el largometraje ya desarrollé tramas nuevas como la de Nuria, que trata de investigar de una forma paralela lo que está pasando a su alrededor. También la trama de los del taller de coches y el tema de la deuda que Garralda tiene con ellos. Le di motivaciones y fui desarrollando las relaciones entre los personajes el guión se fue extendiendo hasta que en el 2004 tuve una primera versión de unas 130 páginas. Lo dejé parado, seguí con otras historias y en 2008 hice una segunda versión.

Después, ya en 2012, una vez estrenamos ‘Los niños salvajes’ quedé un poco más liberado de mi faceta de productor y retomé el guión y a la vez empezamos a buscar financiación. Conseguimos ayuda al desarrollo del ICAA y de la Junta de Andalucía. Seguimos desarrollándolo hasta la quinta versión en el que llegó un punto en el que me sentí atascado y conté con José Manuel. Había leído guiones suyos y habíamos colaborado en la facultad haciendo cortos, entre otras cosas. Y creí que su estilo era el adecuado para contar esta historia. Además, a él el thriller se le da muy bien y yo siempre había querido tratar esta historia, aunque realmente tiene mucha comedia, con un tono de suspense. Hicimos dos versiones más juntos, en paralelo seguimos buscando financiación, y en la última fase, a partir de 2013, estuve con un asesor de guión que es Fernando Cámara. Así que durante el último año yo seguía haciendo versiones y él sobre todo trabajó conmigo lo que eran las motivaciones de los personajes, especialmente, las motivaciones del profesor Espinosa. Hasta ese último momento, antes de la entrada de Fernando Cámara, las motivaciones del personaje eran muy diferentes. Simplemente estaba separado y seguía sintiendo mucho amor por su mujer aunque ella lo había abandonado totalmente y él no quería ser la causa de la ruina de su mujer. La seguía teniendo idealizada. Fernando me hizo ver que eso no era una razón de peso y fue cuando surgió el tema del sentimiento de culpa del que tanto habla el personaje. De querer morir como redención porque él se siente muy culpable. Por un lado, si muere va a acabar con esa losa que lleva cargando tantos años y por otro lado, su muerte podría hacer que su mujer se pudiera operar y que tuviera alguna esperanza para poder salir adelante. Todo ese trabajo fue mano a mano con Fernando Cámara.

Contó la productora en la rueda de prensa que el proceso se alargó cinco años…

De hecho, empezamos con él antes que con el de ‘Los niños salvajes’. Lo que pasa es que llegó este proyecto, que partía de la productora catalana Distinto Films y nos encantó. Queríamos trabajar con Patricia y paralizamos el proyecto de ‘Asesinos Inocentes’. Pero claro, cuando conseguimos ayuda al desarrollo, tanto del ICAA como de la Junta de Andalucía fue cuando empezó la financiación. La productora Marta Velasco empezó a mover el proyecto por mercados y a hacer contactos con Filmax y con TVE. Y después de ‘Los niños Salvajes’ fue cuando conseguimos la ayuda a producción del ICAA, nos dieron 495.000 euros, la máxima de aquel año de un presupuesto total de unos 3 millones que tenía el ICAA. A raíz de conseguirla se sumaron las de la Junta de Andalucía, Canal Sur y TVE. Ahí ya fue todo poco a poco.

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Foto: @hbeltrangimeno.

En ‘Asesinos inocentes’ mezclas thriller con algo de comedia negra, aunque has terminado dándole más peso al thriller

No me gusta utilizar la palabra thriller, no por nada, aunque realmente es un thriller. Lo que pasa es que últimamente se está asociando la palabra thriller a película de acción y no es lo mismo. Es decir, una película de acción es una película con persecuciones, coches y tiros. El thriller es otra cosa diferente y creo que da pie a equívocos. Hay otra vertiente de thrillers, como el psicológico, que te lleva a películas tipo ‘Memento’, ‘Seven’ o ‘El silencio de los corderos’. Pero tampoco es eso. Yo creo que a la hora de buscar los referentes para ‘Asesinos Inocentes’ siempre fueron películas clásicas de Hitchcock como ‘La soga’, ‘Extraños en un tren’ o ‘Un crimen perfecto’. En aquel entonces no se llamaba thriller, sino genero de suspense. Por eso prefiero decir que es suspense con toques de humor porque es verdad que el humor es la única forma en la que puede ser aceptada la premisa de esta película. La serie de situaciones inverosímiles, que por más que estén basadas en un hecho real resultan muy inverosímiles, o las tratas con humor o difícilmente funcionan. Incluso el humor funciona como desahogo de la tensión.

¿Qué has podido aportar a la película con tu experiencia de productor en anteriores proyectos?

En esta película solo he ejercido de director y de guionista, pero sí que es verdad que no solo tengo experiencia como productor sino que la empresa productora de la película es mía también. Con lo cual, si se gasta un euro de más, a quien le duele es a mí. Por eso, siempre he tenido mucho cuidado de medir y controlar qué necesito para contar y qué cosas puedo evitar para ahorrar costes. He estado continuamente pensando en el presupuesto de la película y que no se fuera de lo que estaba previsto. Puedes pensar que un plano de grúa quedaría súper bien pero siempre me planteo si se puede hacer de otra forma, si hay opción de que quede igual. Así que básicamente eso, mis conocimientos de producción y el cuidado de controlar el gasto han sido lo que he aportado, más que nada porque el dinero que se estaba arriesgando es el mío.

La película la protagonizan caras muy conocidas como Maxi Iglesias, Aura Garrido o Luis Fernández, ¿entraba en tus planes desde el principio que se hiciese con estrellas jóvenes?

Siempre, pero claro, como el proyecto ha pasado a través de tantos años, por mi cabeza y por el papel han pasado elencos muy diferentes de diversas generaciones. Por ejemplo, Maxi tendría doce años cuando hice la primera versión. Por mi cabeza han pasado muchos actores que están triunfando en el cine español pero que a día de hoy son mucho más mayores para lo que venía bien en esta historia. He querido coger lo mejor de lo mejor de los actores de esa edad de hoy en día.

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Foto: @hbeltrangimeno.

Entrevista de Alberto Pérez Castaños. Fotos de Héctor Beltrán. 

Entrevista realizada gracias al apoyo del sindicato de guionistas ALMA.

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“MI PELÍCULA ES UNA COMEDIA ROMÁNTICA Y TODO LO CONTRARIO”

23 abril, 2015

Alejo Flah lleva más de una década trabajando como guionista, siempre a caballo entre España y su Argentina natal. Ha escrito, por ejemplo, en la serie ‘Vientos de agua’, de Campanella, y el guión de ‘Septimo’, de Patxi Amezcua. Este año debuta como director con ‘Sexo fácil, películas tristes’, que se estrena el 24 de abril en nuestros cines y que pudimos ver ayer en la Sección Oficial del Festival de Málaga. 

En su primera película como realizar –que comparte productores con ‘Ocho apellidos vascos– Alejo Flah desmonta el género de la comedia romántica para llevarlo a su terreno y jugar con él entre la realidad y la ficción. Cuenta la historia de Pablo, un escritor argentino al que le encargan el guión de una comedia romántica en el momento en el que su vida empieza a irse a la deriva. Con estos problemas rondando por su cabeza a todas horas escribe la historia de Víctor y Marina, dos treintañeros que viven en Madrid y que se conocen en una librería. 

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El director y guionista Alejo Flah.

En ‘Sexo fácil, películas tristes’ cuentas dos historias: una real y otra de ficción, ¿cómo estructuraste esa mezcla cuando empezaste a escribir el guión?

En general, por una cuestión práctica, cuando escribo por encargo, por llamarlo de alguna forma, escribo de una forma bastante ordenada. Es decir, escribo una sinopsis, un tratamiento y luego lo dialogo, pero en este caso no. En este caso lo que iba teniendo eran escenas, más o menos sueltas, y lo que me pasaba con estas escenas era que algunas ocurrían en España y otras en Argentina y no terminaba de entender por qué. Era bastante caótico el tema, incluso escribí muchas escenas que no están en la película pero que formaron parte en un principio. Creo que por mi propia profesión de guionista me salió esa idea sobre la confusión en la que vivimos, entre la ficción y la realidad. Todos vivimos muy familiarizados con la ficción y cómo las comedias románticas, por decir un género pero podría ser cualquier otro, nos marcaron en nuestra forma de establecer las relaciones románticas. Y como me daba cuenta que todo lo que pasaba en las películas no ocurría en mi vida. De ahí surge esa contradicción y por qué no ponerla en escena.

En cuanto a la forma, con el tiempo me di cuenta que escribiendo en argentino y en español, por decirlo de alguna forma, había una cuestión rítmica que es distinta en los diálogos. No lo sabría explicar bien pero siento que son como dos lenguajes distintos aunque tengan palabras muy parecidas. Lo que me salía era que los personajes de la ficción hablaran más porque el protagonista de esa realidad prácticamente no se comunica. Es un gran observador y espectador y te habla a través de todos sus otros personajes. Esa quizá fue la diferencia más grande a la hora de dialogar.

En el cuestionario que hiciste hace unos meses para Bloguionistas dijiste que a veces escribías con escaleta y otras no. Esta vez ha sido de las que no, ¿verdad?

No he hecho, pero al final acabé escalentando casi de golpe. Escribía diez páginas y pensaba en cómo seguir y ahí me hacía guías y planes para saber qué es lo que pasaba. Ahí es cuando escaletaba. Pero lo que yo entiendo por escaletar, por eso respondí a veces en el test, no lo he hecho. Era como entrar y salir. Escribo una escena que me apetece, salgo un rato, la estructuro y luego vuelvo a entrar. La cuestión es que en las siguientes reescrituras pasé por un par de laboratorios de guión que me sirvieron mucho para mejorar la película. Pasé por uno que organiza el festival de Sundance en Oxaca (México) y por otro que lo recomiendo mucho: lo organiza el Programa Media “éQuinoxe Germany” y lo hacen en Noruega o en Alemania. Allí estuve con el guionista de ‘Drácula, James V. Hart, que es un genio total, y también estuve con el guionista de varias películas de Warren Beatty. Es decir, tipos con una experiencia genial y que es muy bueno que lean tu guión y se pongan a pensarlo contigo. Sobre todo para volverlo a estructurar.

¿Es ese proceso que comentas es más caótico que el convencional?

No sé si más caótico pero sí que sé que me fui desprendiendo, a medida que pasaba el tiempo, de algo más intelectual que tenía el guión para acercarme a algo más sentimental. Fui dejando la cabeza, que era lo más tentador, sobre todo como guionista, y me di cuenta que lo que me interesaba era que esos personajes de ficción, aunque se muevan dentro de un género como la comedia romántica, fueran interesantes. Porque es media película. Si hubiera estado todo el tiempo desnudando el artificio hubiese sido una película muy cerebral y no me interesaba hacer eso. Creo que eso fue lo que más se fue suavizando aunque tampoco cambiaron tanto las versiones. Sí que había versiones en las que los personajes le hablaban al autor, ese tipo de cosas como más de Charlie Kauffman pero a mí me interesaba algo más sentimental, aunque creo que el riesgo es mayor.

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Foto: @hbeltrangimeno.

Has dicho en la rueda de prensa que te interesaba que la parte ficcional de la película tuviese mucha verdad para mantener la atención del espectador. Siendo ambas muy reales, me ha dado la sensación de que has utilizado el estilo de los diálogos para diferenciar algo más las dos partes…

Las dos son artificios, porque construir una realidad no deja de ser un artificio y una ficción a la vez. Pero creo que la diferencia a la hora de construir los diálogos de una realidad o de una ficción está en que en la ficción se habla más ordenadamente, mientras que en la realidad se habla de forma más caótica. Normalmente pasamos rápidamente de hablar de una cosa y a hablar de otra. Lo que quise es que en la realidad nunca se viera lo que va a responder el otro después. En cambio en la ficción sí, y aunque te sorprenda una cosa te va llevando a la otra. Tiene cierta lógica dentro del género. Hay un ejemplo muy claro de esto en la secuencia en que una chica, cuando está meando, le dice al personaje de Ernesto Alterio: “¿quieres mirar?”. Eso nunca hubiera podido pasar nunca en la ficción, aunque después lo retomo y en la ficción dice: “¿quieres pasar?”. Pero era la idea de que en todo momento están pasando cosas y no tienen un orden tan lógico.

La lección de la película podría ser que, mientras que en las comedias románticas siempre sabemos lo que va a pasar, en la vida real, no…

Exacto. Y aún así, aunque sepamos lo que va a pasar en las comedias románticas, porque desde el minuto uno esos dos personajes aunque se odien van a terminar juntos, les queremos ver y saber por qué y qué les pasa para que terminen juntos. A mí me interesaba desnudar todos los elementos, de hecho la película empieza prácticamente contando el final y no me importa.

Me ha parecido muy interesante lo que ha dicho de ti Ernesto Alterio, que tienes la virtud de reescribir como tuyas las sugerencias de los actores…

Yo creo que esto viene un poco de ser guionista y perder cierta solemnidad con el papel escrito. Hay un punto en el que como guionista te das cuenta de que tu guión se transforma en otra cosa. Viene gente con otra visión, colabora, se aportan cosas en el rodaje, la gente escribe encima y el guión se transforma en algo nuevo. A la hora de dirigir yo quería estar abierto a todo eso. Es un equilibrio por el cual sabes que llevas un año escribiendo y tiene una lógica pero si de golpe te aparece algo nuevo puedes discernir entre una cosa u otra. Si uno entra en un terreno de confianza puedes decirle al actor “no lo veo” o “esto sí”. Por ejemplo, el diálogo sobre las series de televisión que tienen Quim Gutiérrez y Carlos Areces terminaba diciendo que la sexta temporada era la buena y que tenía que ser un poco paciente, pero los dos se pusieron a hablar de un personaje inventado de esa serie que era medio tonto y me pareció genial. Me empecé a descojonar y lo metimos. También me gusta mucho una improvisación robada de otra improvisación que es cuando Areces le dice a Quim mientras corre: “cuidado con la mierda”. Esa frase en realidad es una improvisación de Ricardo Darín la película ‘El mismo amor, la misma lluvia’ de Campanella que le encantó a Carlos Areces y la metimos. Por eso, me parece que en un rodaje hay que estar abierto a que sucedan estas cosas sin perder la vida y tener en mente que uno escribió un guión que es una guía y lo tiene que tener presente pero también hay que estar abierto. Sobre todo si hay gente talentosa, inteligente y con experiencia como Quim, Areces o Ernesto que proponen cosas. Además, siempre está la opción de la retoma o quitarlo en el montaje por si algo no te encaja.

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Rueda de prensa del equipo de ‘Sexo fácil, películas tristes’.

En la película hay un personaje que hace de productor de Pablo y con el que mantiene una muy buena relación, ¿cómo ha sido la tuya con tus productores?

Curiosamente, uno de los productores, José Nolla, es un gran amigo mío. También lo son Gonzalo Salazar-Simpson y David Naranjo, hemos creado una muy buena relación pero a José lo conozco de hace mucho. De hecho, apenas llegué a España le conocí. Me molesta a veces esta figura del productor enemigo que aparece en el cine. Sí, es cierto, hay productores que son el enemigo pero también hay directores de fotografía que son enemigos, o cualquiera… Quería rescatar esa figura del productor que ama el cine, que quiere sacar esa película adelante, hipoteca su casa… y más si es con un actor como Luis Luque. Es un actor que maneja ese límite entre la oscuridad y el cariño de una manera formidable. Logra hacer un personaje que por un lado te propone hacer un intercambio de parejas y por otra parte te debe dinero, pero aun así le quieres. Es lo que tiene trabajar con Luis, que a pesar de todo logra hacerlo querible. Si hubiese sido un actor más oscuro o más cursi no hubiera funcionado. En definitiva, quería rescatar esa figura del productor que aunque parezca un oxímoron, ama el cine.

Dices que gracias a salir a andar por la ciudad para despejarte descubriste el Madrid de la comedia romántica que has plasmado, ¿demuestra esto que para escribir no hace falta estar delante del ordenador?

Sí, si no me equivoco también lo contaba un escritor israelí, Amos Oz. Decía que para él escribir era como tener un negocio, como tener una peluquería en la que esperas a los clientes igual que a las ideas. Y que mientras no llegan las ideas él está trabajando. Como el peluquero que barre el suelo, lee el diario, sale a pasear… Yo reivindico, sin pasarse porque también hay que escribir, que hay que darse cuenta que esos procesos de búsqueda también forman parte de la escritura. Lo que pasa es que creo que con la experiencia uno se va dando cuenta y va sabiendo cuando son demasiado grandes esos tiempos de búsqueda. A medida que empezamos a localizar para la película yo les iba mostrando a muchos madrileños zonas de la ciudad en las que no habían estado nunca y se sorprendían. Eso era gracias a las caminatas que a priori pensaba que eran perder el tiempo al final me acabaron sirviendo para eso.

‘Sexo fácil, películas tristes’ también es una tesis sobre la comedia romántica, donde desmontas su estructura en los primeros minutos, ¿es un género que te gusta?

A mí me gustan muchas películas, desde el thriller hasta las comedias románticas y película sin género. Hay muchas películas que me gustan que son comedias románticas y hay otras que detesto. Pero, a medida que uno las va pensando y se va dando cuenta de que son todas iguales, no importa. Eso era un poco lo que quería reivindicar. Habrá gente que le gustará y habrá gente a la que no y me dirá que le conté todo solo en el principio… No importa, tú puedes saber que el protagonista va a tener un amigo, que va a pasar esto y lo otro y da igual. Lo que importa es la emoción de cada escena, como si la trama no importara. Lo que importa son los personajes y la emoción que logran imprimir los actores cada momento.

¿Es un género cada vez más difícil de escribir por eso que cuentas?

Yo creo que pasa con todos los géneros, y por eso creo que la película está escrita así. Por un lado, a la gente de nuestra generación, que nos criamos viendo géneros, nos gustan. Pero por otro lado, no podemos evitar decir: “ahora pasa esto”. Lo que me pasa a mí es que aunque lo desmonte me acerco con mucho cariño y respeto, no con cinismo y desdén. Ahí están todos esos elementos, pero están tomados en serio, es decir, el monólogo final busca emocionar, no se está riendo de esos personajes. El personaje de Ernesto es un escritor que empieza a escribir la película con cierto cinismo y poco a poco se va dando cuenta, que esto a todos los guionistas de encargo nos ha pasado, que un encargo te puede transformar la vida más que un proyecto personal. Y eso es curioso de nuestra profesión. La intención era abordarlo como un juego pero sin perder el cariño por el género. Yo digo que la película es una comedia romántica y todo lo contrario. Ahora estamos en un momento de géneros puros y cuando piensas, por ejemplo, en Azcona, las comedias tenían una carga dramática tremenda. Es muy difícil mezclar muchos géneros pero me interesa mucho.

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Foto: @hbeltrangimeno.

Entrevista de Alberto Pérez Castaños. Fotos de Héctor Beltrán. 

Entrevista realizada gracias al apoyo del sindicato de guionistas ALMA.

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“ESCRIBIR ME HA HECHO TENER UNA RUTINA QUE ME DA ESTABILIDAD”

23 abril, 2015

Tras consolidarse como actriz de cine y televisión, en 2009, Leticia Dolera escribió y dirigió su primer cortometraje, ‘Lo siento, te quiero’. Al año siguiente, rodó el segundo, ‘A o B’. Y, cinco años después, ya tiene su primer largometraje preparado: ‘Requisitos para ser una personal normal’. Esta comedia romántica, protagonizada por la propia Leticia Dolera y Manuel Burque, levantó carcajadas y aplausos en el pase de prensa del 18 Festival de Málaga, donde compite en la Sección Oficial.

En su ópera primera, Leticia Dolera encarna a María de las Montañas, una treintañera sin pareja, sin trabajo y sin casa, que busca convertirse en lo que ella entiende por una persona normal para empezar a encajar en la sociedad. Además, no se trata sólo de su primer largometraje como directora, sino también como guionista y, por eso, aprovechamos nuestra estancia en Málaga para charlar con ella sobre la escritura de ‘Requisitos para ser una persona normal’.

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La actriz, guionista y directora Leticia Dolera.

Quiero que empieces contándome ese momento en el que, tras rodar varios cortos, te pones a trabajar tu primer largometraje…

Lo primero que hice fue empezar a imaginar unos personajes y una historia que en realidad empezó con la idea de escribir una novela. Me empezaron como a salir los pensamientos de la protagonista, en primera persona, más que una idea para una peli. Es curioso porque la trama familiar tenía mucho más peso y la historia era más oscura porque entraba mucho más en el drama con el padre. Pero, poco a poco, no sé si fue porque yo misma empecé vivir una etapa vital de más luz, la historia fue cada vez más luminosa, así que pensé que mejor novela no, porque me empezaba a imaginar imágenes y los personajes tenían cara. En ese momento fue cuando empecé con esas maravillosas cartulinas y a llenarlas con cuadraditos.

Vamos, a hacer una escaleta…

Bueno, yo lo llamo “los cuadraditos”. Mi universo de cuadraditos. Tengo las cartulinas de cuadraditos y las cartulinas del timeline, porque cuando me agobio con los cuadraditos voy al timeline y voy cambiando. Tardé en ponerme a escribir. Cuando descarté lo de la novela, que fue como a la página ocho o nueve, veía que necesitaba imaginar la historia a nivel plástico y estuve un montón de tiempo con los cuadraditos. Pasó mucho tiempo hasta que empecé a teclear en el ordenador. Estuve pensando, tomando notas de pensamientos de los personajes… Sobre todo de éstos, porque la historia la construía más a partir de ellos que a través de la trama. Me volví loca con esa cartulinas. No tengo el tiempo calculado de lo que tardé en terminarlas, porque entre viajes, rodajes de actriz… Año y pico, seguro. Pero allá donde yo estuviera me acompañaba la historia.

En el post que escribiste en Bloguionistas hace ya unos cuantos años contaste que empezaste a escribir como ejercicio personal y una hora al día, ¿has seguido manteniendo esa rutina?

Ahora, como estoy metida con la promo de la peli y con temas de producción, me cuesta mucho sentarme a escribir, porque son como dos partes del cerebro distintas. Pero sí que es verdad que cuando estaba escribiendo el largo me sentaba cada día, porque es como un músculo que tienes que entrenar y, aunque, había días en los que no escribía nada, me sentaba en la mesa o me iba a una cafetería a leer mis propios cuadraditos o una versión del guión para calentar, ya que no me venía nada. Otra cosa que hacía cuando estaba bloqueada era ver pelis que tuvieran que ver con el universo de la mía, porque eso te alimenta y te inspira. Y también me venía bien salir correr, me despejaba mucho la mente para escribir. Aunque puede ser desquiciante, tiene un punto muy relajante saber que cada día te puedes dedicar un rato a estar en esa burbuja, sea productiva o no. Es bueno sentir que tienes un objetivo. Por ejemplo, en el trabajo de actriz, cuando no tenías un rodaje o un casting no tenías nada que hacer y era una sensación de “¿qué hago? Quiero una rutina, quiero currar”. Y escribir me ha hecho tener una rutina que me da estabilidad.

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Foto: @hbeltrangimeno.

¿Cuántas versiones llegaste a hacer el guión?

Muchísimas. Tampoco me acuerdo lo que tardé en dialogar la primera versión. Lo que me pasó es que estaba acostumbrada a hacer versiones de guión que nadie tenía que leer. Una vez que ya habíamos mandado el guión a Televisión Española y los productores empezaron a trabajar pero no sabíamos si la peli se iba a levantar o no, yo seguía haciendo versiones. He tenido que aprender ahora que, cuando haces cambios en una versión tienes que hacer que aparezca con un asterisco para que se distinga. Como no lo hacía nadie sabía cuales eran los cambios. Eran frases, no localizaciones ni cambios de producción. Eso hizo que me diera cuenta de que el proceso ya no era algo independiente, sino que tenía que ir comunicándolo.

Otra de las cosas que contaste en tu post fue que gracias a un director aprendiste que el guión es una guía para el resto del equipo y que había que dejar que creciese con el trabajo y las aportaciones de los actores. Trabajaste así en tu corto ‘A o B’, ¿también en la película?

Sí. Y a mí me gusta decirles eso. En España creo que hay un método de trabajo muy tradicional en el que el guión es el que es y hay que decir lo que pone, y creo que eso coarta a los actores muchas veces. Es muy importante saber que el guión es una guía y ellos son el personaje, y desde ese personaje pueden salir cosas que desde tu mesa de trabajo no van a surgir nunca. Creo que, además, estas son las cosas que acaban dando más verdad, tanto a los personajes como a la peli. Al fin y al cabo, el actor es el instrumento. Si tú les dejas ese espacio creativo para que crezcan y aporten luego ya puedes decidir lo que está bien o lo que no, pero cuando estás actuando salen cosas muy orgánicas y muy locas. Por ejemplo, cuando en la peli Manuel y yo nos tiramos el pedo bajo la manta, cada vez decíamos una cosa diferente. Y en la que se quedó, que es en la que dice “tienes el infierno ahí dentro”, eso lo improvisó él. Es muy chulo cuando trabajas con actores que saben encontrar un equilibrio entre lo que pasa la escena y la improvisación.

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Leticia Dolera con Jordi Llodrà, Manuel Burque y Miki Esparbé, actores de la película.

Has definido ‘Requisitos para ser una persona normal’ como un “canto a la libertad”, algo que, supongo, no se habría dado sin esa libertad que comentaste que te dieron los productores…

Eso es lo bueno de trabajar con Televisión Española, que deja la peli en mano de los autores totalmente, y eso es muy chulo. Es muy guay que una televisión pública apoye los proyectos de esa manera, dando voz a los creadores. Me siento muy afortunada en ese sentido. Si hago más pelis y las hago con otras cadenas que sí te imponen un casting y opinan sobre el guión o sobre el montaje, pues será otra experiencia que viviré y aprenderé a lidiar con eso, si es que ese momento llega. Pero poder hacer la primera peli como tu sientes que debe ser, escogiendo el cast, ir cambiando el guión durante el rodaje (siempre y cuando pongas asteriscos) ha sido muy bonito y me siento muy afortunada, porque tengo muchos amigos guionistas y directores que no han vivido las cosas así, así que soy consciente de la suerte que tengo.

Hay una diferencia notable entre escribir un corto y un largo. Tengo curiosidad por saber si, durante la escritura de la película, necesitaste tirar de algún manual de guión o algo por el estilo…

Me leí un libro que me dejó Miguel Ángel Vivas, y que aún no le he devuelto, por cierto, que es ‘Salva al gato’, que muy ameno, aunque creo que no hay que volverse locos con la rigidez de la estructura que propone el autor. Este libro te ayuda a saber lo que, en teoría, funciona. También me leí ‘El viaje del escritor’, y otro que me gustó mucho pero que no recuerdo el título, sobre conversaciones con varios cineastas de distintas épocas. Me ayudó mucho para aprender sobre distintas maneras de enfrentarse al guión y a la dirección. Y, por otro lado, el hecho de haber analizado muchos guiones como actriz, de tener que entender un personaje, sus intenciones y sus porqués para interpretarlo, también suma. He vivido el proceso, porque luego he visto cómo quedaba en pantalla y he comprobado lo que no funcionaba. De hecho, hay cosas en el guión de la peli que me hacían dudar, que me costó pelear con ellas y que era consciente de que estaban más en pincillas, y que después de rodar me han dado problemas. Esas son las partes que me han hecho reescribir la peli en montaje. Al final, lo que en guión tienes entre arenas movedizas se va a notar en montaje.

En la película también has jugado mucho con la comedia de montaje, ¿es algo que has trabajado desde el guión o son ideas que van surgiendo?

Hay muchas de esas cosas que te las imaginas en guión y las vas apuntando porque forman parte de la historia, pero, por ejemplo, la idea de que los personajes hablan a cámara se me ocurrió en el set, en el segundo día de rodaje, y como me moló lo mantuve en el resto de la peli.

¿Serías capaz de dar unos ‘Requisitos para escribir un buen primer guión’?

Te los intento dar con toda mi buena fe: mucho trabajo, muchos cuadraditos, mucha autocrítica y mucha honestidad. Respecto a este último, creo que fue en una entrevista que vi a Neil Gaiman, que dijo algo como “si cuando estáis escribiendo, en algún momento sentís pudor, es que vais bien”, y a mí esto me caló y durante la escritura lo tuve en mente. Había momentos en los que, escribiendo determinadas escenas, sentía pudor y la necesidad de borrarlo, pero me acordaba de esto y los terminé dejando.

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Foto: @hbeltrangimeno.

Entrevista de Alberto Pérez Castaños. Fotos de Héctor Beltrán. 

Entrevista realizada gracias al apoyo del sindicato de guionistas ALMA.

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