¿QUIÉN MATÓ A LA SEÑORA DE CUENCA?

22 abril, 2015
Llévame a Cuenca, nena.

Llévame a Cuenca, nena.

por Ángela Armero.

Lo admito: estoy muy aburrida de hablar una y otra vez de la señora de Cuenca. Sobre todo porque creo que, afortunadamente, está muerta. Hablar de ella una y otra vez es como empecinarse en perpetuar modas que en su día fueron omnipresentes y de las que no había forma de escapar, como el “Ola ke ase” o decir que algo es un adjetivo, “no, lo siguiente”. Así que hagámonos a la idea de que a esta buena mujer ya va siendo hora de que le busquemos una tumba y un epitafio acorde a su trascendencia y a lo alargado de su sombra durante los años. Por ejemplo, “No soy tan imbécil como pensabas”, “Me has aburrido igualmente” o “Me cagué en tus mejores ideas”.

Creo que el debate interesante ahora tiene más que ver con quién mató a la señora de Cuenca; porque hay muchas maneras de matar, pero solo una de estar muerta. Últimamente, casi con cada serie que se estrena, a la pobre difunta se le pone un clavo nuevo en su ataúd. Cada nueva serie la mata a su manera, o la termina de rematar, cual tiroteado en Vietnam que sigue recibiendo plomo y sacudiéndose épicamente, resistiéndose a la idea de morir.

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Creo que empezó a estar en el punto de mira cuando algunas de las máximas que eran ley hace algunos años empezaron a ponerse en tela de juicio. A saber, las siguientes:

-La obsesión por la ambigüedad geográfica. No hace tanto tiempo, la mayoría de las series debían transcurrir en “alguna gran ciudad” o “en el campo”, con la idea de no segmentar la audiencia con esas minucias. (Me viene a la cabeza lo que dijo Hagai Levi en su masterclass del pasado sábado en Madrid: “Si escribes algo debería ser local. No puedes convertir Madrid en Nueva York. No será Madrid, ni será Nueva York. No será ningún sitio. No será bueno”.)

-El rechazo feroz a los particularidades autonómicas, especialmente a la variedad de acentos. Prácticamente todos los personajes hablaban en un español neutro, salvo alguna criada andaluza que se colaba en algún hogar español neutro; y el rechazo feroz a hacer chistes sobre las diferencias culturales entre las diversas autonomías de España.

-La necesidad de incluir mayores y niños para atraer al máximo público posible. Antes era casi una obligación, pero varios éxitos recientes parecen contradecir esta tendencia, tan frecuente en los 90 y a principios de 2000. Paradójicamente, en la actualidad, las series más vistas no ofrecen apenas tramas relacionadas con niños o con ancianos.

-La fijación por crear protagonistas bondadosos y empáticos, con los que la gente (la señora de Cuenca) se pudiera identificar. Sin llegar a extremos de complejidad y relativismo moral como Don Draper, Tony Soprano, Diane Lockhart o Vic Mackey, por las series españolas han empezado a desfilar personajes que no son necesariamente santos o santas o por el contrario, villanos recalcitrantes dignos de un mal tebeo.

-El miedo a propuestas narrativas sofisticadas o tramas complejas.

-El rechazo a propuestas de géneros teóricamente minoritarios, como la ciencia ficción.

-La prevención de tratar temas socialmente sensibles, como el terrorismo.

-La obsesión por construir historias de amor en torno a una tensión sexual que no se libera hasta el final de la temporada.

Y seguramente habrá otros predicados de la señora de Cuenca que han pasado a la historia.

Si nos fijamos en algunas de las series recientes de más éxito, podemos ver de qué maneras se han cargado a la buena mujer. Creo que una de las series que más tiros le han pegado a la señora de Cuenca es “El Príncipe”. Si alguien le hubiera dicho en, pongamos por ejemplo, 2007, que una de las series de más éxito en 2014 sería una cuyo eje es el terrorismo islámico, que transcurre en una barriada de Ceuta y con importante protagonismo de una familia musulmana, plagada de personajes moralmente ambiguos y sin niños ni abuelos, a la buena señora le hubiera dado un aire.

Otro atentado a su salud sería “Allí abajo”, que transcurre en Sevilla y su tema principal es el contraste (encima humorístico) entre vascos y andaluces.

Le parecería un escándalo que la tensión sexual en Velvet se “resolviera” en los primeros episodios. Después comprobaría que el sexo “temprano” no le restaría ni un ápice de interés a la trama sentimental; quizá, por el contrario, le añade matices y profundidad al vínculo.

Ya nos hemos acostumbrado a las series de época, pero seguramente a la señora se le hubieran puesto los pelos de punta al ver “Hispania” o “Toledo”, o le pareció bastante rara “La Fuga”; o le generó rechazo la dureza de la vida en la cárcel de “Vis a vis”, y le chocaron las lesbianas de “Hospital Central”, del mismo modo que se le levantó la boina con los tríos de “Fisica o Química”. Se quedó completamente alucinada de la diversidad de escenarios naturales de “El Tiempo Entre Costuras”, y con la audacia de la espía Sira Quiroga. Le daría demasiada pena la historia de unos chavales con cáncer y quizá se negaría a ver “Pulseras Rojas”.

De buenas a primeras pensaría que las premisas de las series de ciencia ficción, como “El Ministerio del Tiempo” o la inminente “The Refugees” tampoco eran para ella.

Poco a poco, con cada serie nueva, con cada pequeño riesgo que los creadores de series han tomado, la señora de Cuenca se ha ido poniendo mustia porque se ha dado cuenta de que cada vez tiene menos cosas que ver, y oye, al final se ha muerto de pena.

Las audiencias siguen siendo grandes, pero ahora los riesgos también lo son… y compensa.

DISCLAIMER: En este muy modesto artículo hablo de algunas series, pero no puedo consignar todas las asesinas de la Señora de Cuenca. Para aportar más ejemplos, reflexiones, omisiones o insultos están los comentarios.

DISCLAIMER 2: Lo anterior no implica un juicio de valor peyorativo sobre las series clásicas de consumo familiar. En nuestra televisión ha habido series fantásticas que han hecho historia y que incluso han cruzado el charco: Los Serrano, Cuéntame, Los Misterios de Laura. Simplemente se trata de analizar una tendencia. 


“‘EL PAÍS DEL MIEDO’ ES UNA METÁFORA DE LA PÉRDIDA DE CONFIANZA DEL CIUDADANO EN LAS INSTITUCIONES”

22 abril, 2015

Carlos es un hombre pacífico y culto que no concibe la violencia como opción en ningún caso. Sin embargo, una niña de 13 años que acosa a su hijo en el instituto empieza a hacerle la vida imposible también a él. Tanto su día a día como sus principios se verán alterados por una sensación continua de angustia e inseguridad. Esta es la premisa de ‘El país del miedo’, la primera película del extremeño Francisco Espada, que se presentó ayer en la Sección Oficial del Festival de Málaga. Espada, productor y también autor del guión, ha adaptado la novela homónima de Isaac Rosa actualizándola a ese país del miedo en el que estamos viviendo: una España precaria sumida en la inseguridad ciudadana.

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El guionista, director y productor Francisco Espada.

¿Qué viste en la novela de Isaac Rosa para embarcarte en este proyecto?

Fundamentalmente lo que vi en la novela es que era una reflexión muy interesante sobre el miedo pero desde el punto de vista de lo cotidiano. Y que la propia estructura de la novela permitía construir la historia como un thriller y no como un drama, que es lo que normalmente aparece con historias sobre bullying. Este tipo de construcción me permitía probar narrativamente una serie de cosas que me interesaban mucho y que creo que añadían mucho dinamismo a la historia.

La novela es del año 2008, y en ella se relatan miedos diferentes a los de la España del presente, ¿cómo ha sido esa renovación de los temores de la sociedad actual?

La verdad es que fue sencillo, porque realmente para mí la referencia, aunque escriba una película y esté basada en una novela, es la vida más que otras obras. ¿Cuáles son los miedos que hay ahora? El miedo fundamental ahora es perder el empleo. Isaac hablaba del miedo al terrorista islamista, a la gripe aviar, a la gripe A, a la crisis, etc. Todo eso se ha incorporado a la película porque entraba muy bien y también todo el tema de los recortes. La película también es una metáfora de la pérdida de confianza del ciudadano en las instituciones. Meter todo lo de los recortes contribuye a crear ese clima de desesperación en el protagonista. El personaje se va dirigiendo a otros personajes y se van quitando el problema siempre de encima porque no le pueden ayudar. Como el director del instituto o la psicóloga que no le pueden ayudar con su problema porque no tienen recursos materiales para enfrentarse a esa situación.

¿Estuvo Isaac Rosa presente en la adaptación de algún modo?

No. Al principio le planteé si quería involucrarse en la adaptación pero no quiso entrar a participar por respeto a mi trabajo y porque dice que él sabe escribir novelas pero no cine. Ya una vez que él se desvinculó, cuando lo tenía terminado, le mandé el guión que iba a rodar y sobre ese guión él me hizo algunas sugerencias. Tenían que ver más con la actualización de la novela y de involucrar los miedos actuales.

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Francisco Espada con el equipo de ‘El país del miedo’.

Has comentado en la rueda de prensa que escribiste el guión siempre pensando en que el presupuesto iba a ser bajo…

Lo que hice fue ponerlo todo en función de las posibilidades que íbamos a tener. Por ejemplo, la secuencia donde él está esperando para entrar en la comisaría en la que se imagina la situación en el interior del despacho, en un principio, la tenía escrita en una cafetería. Claro, eso, al que no se dedique al cine, le parece que es lo mismo, pero la diferencia es otra localización, muchos más personajes, un camarero, policías y que se vea que es la cafetería que está cerca de la comisaría. Esas decisiones son muy sencillas, muy prácticas pero que luego ayudan una barbaridad en el rodaje porque teníamos cinco semanas para hacer la película. Además, yo quería que fuera un rodaje de ocho horas y no matar al equipo, que es lo que suele pasar.

Sobre los diálogos, ya que mi formación es sobre todo como actor, lo que intenté hacer fue construirlos a partir de las técnicas que utilizan los actores para vivir las situaciones. Por ejemplo, un factor fundamental es saber qué quiere un personaje de otro, qué vínculo tienen los dos, qué relación tienen, qué han hecho antes y qué van a hacer después. Todo eso estaba en la base de los diálogos y, claro, luego los personajes hablan del día tan bueno que hace pero están hablando de sus problemas. Los diálogos no son literales sobre lo que está pasando, son oblicuos. Y los propios diálogos que hay en la novela están prácticamente tal cual en la película. Sin apenas conocer el mundo del cine, Isaac hizo un trabajo muy bueno con la novela, los diálogos son muy cinematográficos y se nota lo que quiere cada personaje, por eso la adapté. Isaac es muy buen escritor.

También vienes del mundo del cortometraje, donde has escrito y producido unos cuantos, pero sólo has dirigido uno antes de tu primer largo. Has dicho en la rueda de prensa que dirigiste ‘El país del miedo’ porque escribiste el guión y al final “te liaste”, ¿cuándo y por qué sucedió esto?

Lo primero que hice fue un tratamiento secuenciado de la novela y luego dialogué el guión. Digo que me lié en el sentido de que yo podía haber hablado con un guionista e ir diciéndole que “esto no porque no vamos a tener presupuesto, mejor lo hacemos así”. Me parecía que iba a ser un ejercicio que no iba a dar un buen resultado porque, por lo general, la gente que viene del mundo del guión no tiene esa conciencia de la producción que ahora mismo tengo yo por haber sido productor, básicamente. Por eso preferí adaptar el libro yo. Luego, lo que pasó es que había hecho tan mía la historia que me parecía imposible encargársela alguien, porque le hubiese hecho la vida imposible. A mí lo que más me interesa como espectador son los personajes y las historias y, como director, los actores y los guiones. Entonces, tenía tan claro que todo iba a circular alrededor de los actores que ahí sí me sentía seguro porque creo que el trabajo del actor lo conozco y, además, me encanta.

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Foto: @hbeltrangimeno.

La película habla del miedo, ¿llegaste a sentirlo en algún momento antes de ponerte a dirigir?

Yo creo que no lo había hecho antes por eso, por miedo. Yo siempre he pensado que no quería dirigir pero igual lo que pasaba es que quería dirigir esta película pero no me atrevía a hacerlo. Le he mandado la novela a directores y ninguno me ha hecho caso. Llegué a pensar: “joder, ¿cómo no la ven?”. Alguno me respondió amablemente pero nadie me dijo nada. Así que llegué a la conclusión de que esta historia era mía y que, además, si la dirige otro le voy a hacer la vida imposible.

Una cosa que ocurrió fue que, en el guión que escribí la historia era lineal, pero cuando empezamos a montar la película me di cuenta de que no funcionaba nada. Estaba desesperado, no entendía que, con todas las cosas que ocurren, no se acumulara la emoción. Así que empezamos a probar a montar, a partir del segundo acto, de una manera no lineal: el marido la cuenta a la mujer por teléfono que pasa una cosa, pero vemos que ha pasado otra, y creo que eso le ha venido muy bien a la película.

Al final, ¿cuánto tiempo te ha costado levantar el proyecto?

Ha sido muy difícil levantarlo. Fíjate, compré los derechos del libro en 2008. Han pasado siete años. Cuando haces una apuesta que no es un cine comercial que vaya solamente con el objetivo de llenar las salas siempre es más complicado. Y, además, cuando la propuesta la hace un tipo al que nadie conoce como soy yo, pues más complicado todavía. Al final, conseguimos un pequeño apoyo de Extremadura, entorno a un 20% del presupuesto y el apoyo definitivo de Canal Sur ahora ha sido muy importante porque creo que va a posibilitar que la película se pueda distribuir.

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Foto: @hbeltralgimeno.

Entrevista de Alberto Pérez Castaños. Fotos de Héctor Beltrán. 

Entrevista realizada gracias al apoyo del sindicato de guionistas ALMA.

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