LAS MUJERES DE LOS VENGADORES

12 mayo, 2015

Por David Muñoz

Una aclaración previa: mi opinión de las películas de superhéroes no es ni mucho menos la de por ejemplo Ramón de España.  No creo que sean “un insulto a la inteligencia” ni que supongan, como sostienen otros, algo así como el fin del cine adulto. Es el género de moda ahora, como en otra época lo fueron los westerns, las películas de catástrofes o las de acción. Y como ha ocurrido siempre con todos los géneros, llegará un momento en el que el público se aburrirá de él y empezará a pedir otra cosa.

A mí me gustan los superhéroes, los he leído siempre y los sigo leyendo,  los he escrito*, y me encantan muchas películas de Marvel. Y también he disfrutado con algunas series de Joss Whedon como “Buffy” y “Ángel”.

Lo explico para que nadie confunda el texto que empieza un poco más abajo con un ataque al cine de superhéroes o a Joss Whedon. Solo intento reflexionar sobre cómo se cuentan las historias que realmente importan, y la segunda parte de “Los Vengadores” es una de ellas. Y para hacerlo conviene dejar de lado el forofismo que nubla el juicio crítico y lleva a algunos a defender a muerte todo lo que lleva el sello de Marvel y a otros a despreciarlo por sistema.

Cada uno (y una) en el sitio que le corresponde.

Cada uno (y una) en el sitio que le corresponde.

Se ha escrito mucho en otros blogs, sobre todo norteamericanos, sobre sí varias subtramas de la segunda parte de “Los Vengadores” son o no machistas. De hecho, la avalancha de tweets acusándole de machista que recibió el guionista y director de la película, Joss Whedon, provocó que acabara dejando twitter. Así que puede que sea un tema del que muchos estéis ya aburridos. Además, tiene algo de absurdo discutir los pormenores del argumento de una película que más que el resultado de querer contar bien una historia parece haber sido escrita para satisfacer obligaciones contractuales**. Pero aún así, creo que puede ser interesante usar “La era de Ultrón” para reflexionar sobre esos clichés sexistas que a veces incluímos en los guiones sin querer, quizá porque estamos tan acostumbrados a ellos que nos cuesta reconocerlos como tales.  Todos esos que, de forma inconsciente casi siempre, aceptamos como parte de la manera “normal” de contar una historia.

Otra cosa es el cine deliberadamente misógino, el cine que se sabe machista y no le importa. Hay películas así que me gustan mucho (varias de ellas, escritas por David Mamet) y otras que no me gustan nada. Pero de la misma manera en que puedo disfrutar de las fantasías bélicas de John Milius aún habiendo sido objetor de conciencia, o de una película que ensalza el vigilantismo, como “The Equalizer”, cuando es algo que en la vida real me repugna, también puedo disfrutar con una película cuyo mensaje no coincida con mi manera de ver a las mujeres. No se trata de que las películas tengan que transmitir sí o sí una visión del mundo concreta para ser buenas películas.

No, en lo que me parece que conviene pensar si te dedicas a escribir es en todas esas historias que son machistas sin saberlo. Sobre todo porque un día puedes encontrarte escribiendo una sin darte cuenta.

Y como ya dije al hablar aquí de “Frozen”, son este tipo de películas y no  las que han triunfado en Cannes las más útiles a la hora de buscar ejemplos con los que abordar estas cuestiones. Los “blockbusters” y las series de televisión que ven millones de personas conforman nuestra sensibilidad, y, lo más importante, la de los niños que descubren las historias a través de ellas. Porque, nos pongamos como nos pongamos, “La era de Ultrón” es ante todo una película para chavales. Es igual que intente hacerse pasar por adulta incluyendo por ejemplo una discusión sobre la esterilidad de una de las protagonistas que parece sacada de una parodia de una película de Woody Allen de los 80.

Ah, otro problema de los clichés que voy a comentar no es solo que sean machistas, sino que son eso, clichés. De tanto que los hemos visto nos aburren. Y nuestro trabajo, ante todo, es entretener. Dejar de usarlos y contar las cosas de otra manera puede ayudarnos a conseguirlo.

Como es obvio, si no queréis spoilers, lo mejor es que dejéis de leer ahora mismo.

Voy por temas:

Calmando a la bestia.

Calmando a la bestia.

-La relación entre la Viuda Negra y Hulk. Ella es tierna pero dura, él bruto pero sensible; ella es perversa, él honesto, y ambos comparten un lado oscuro que les ha llevado a matar inocentes (cuando Hulk destruye edificios, muere gente sí o sí, aunque la película intente convencernos de que no es así). Se reconocen el uno en el otro y eso hace que se enamoren. Pero sobre todo, ella se rinde incondicionalmente al amor que siente por ese bruto que finalmente  decide abandonarla sin que se entienda bien por qué (al fin y al cabo la Viuda es la única que puede calmar a Hulk; “Cariño, me voy lejos de ti, así la próxima vez que pierda el control en vez de matar a 100 mataré a 5.000”). Y sí, este es un cliché de novela negra (o de novelista de éxito español). También las novelas rosas están repletas de este tipo de tramas, protagonizadas por hombres atormentados y mujeres que han decidido salvarlos de sí mismos sea como sea. Algunas veces ellos rozan el maltrato, pero da igual, ellas siguen al pie del cañón. ¿Me parece un cliché? Sí. ¿Su aplicación en este caso es especialmente sexista? Pues creo que no. Dada la trayectoria previa de los personajes, creo que tiene más o menos sentido. Eso sí, de pronto Natasha Romanoff, la “Viuda”, ha pasado de ser una tía dura poco amiga de sentimentalismos, a convertirse en una moñas de cuidado. Pero eso lo achaco a que se supone que en teoría entre película y película de la Marvel pasan cosas que no vemos y que modifican la personalidad de los personajes. El señor Banner y la señora Romanoff se han enamorado en off. Habría sido más claro contar cómo comenzó esa relación a pillarla empezada, pero también hubiera resultado más difícil (explicar cómo se enamora la gente es muy complicado; por eso tantas películas comienzan con las relaciones en marcha). Y, sobre todo, habría quitado tiempo de explosiones. Y lo primero es lo primero.

Lo que no puede negarse es que enamorarse de un malote es un recurso dramático eficaz que genera conflicto “a cascoporro”, como dirían los chanantes. Ahora que lo pienso, es uno de los favoritos de Whedon. Buffy se pasó siete temporadas enamorándose de malotes (Angel, Spike) que acababan redimidos y enamorados.  Claro que no son los mismos los matices que puedes darle a una trama así en una serie de muchos capítulos que en una película donde encima solo es una trama secundaria.

Algo parecido pasa con lo de la esterilidad de la Viuda Negra. La escena es ridícula, pero más que -como parecen haber creído muchos tuiteros-, querer sugerir que una mujer estéril y un monstruo verde que cada vez que se cabrea mata gente son lo mismo, me parece un intento poco atinado de añadirle profundidad a la historia y de ahondar aún más en ese vínculo que se busca crear entre los personajes. Ella renunció a tener hijos para convertirse en una súper asesina. Y ahora se arrepiente. Es algo que la carcome pero que nunca podrá cambiar. De la misma manera, Banner nunca podrá dejar de ser Hulk. La idea es que los dos están tocados, dañados, aunque sea por razones distintas que no se pueden equiparar (les pasa como a todos los seres humanos, en realidad. No hay nadie que no esté jodido por una razón u otra).

Eso sí, supongo que los niños que han visto la película no habrán entendido nada.

"Yo solo tiro flechas. No debería estar aquí".

“Yo solo tiro flechas. No debería estar aquí”.

-La vida familiar de Ojo de Halcón. Es un cliché tan habitual que hasta tiene un nombre: “el reposo del guerrero”. O más bien, la mujer como reposo del guerrero. Ellos van a la guerra a defender a su comunidad mientras ellas esperan en casa cuidando a los niños y llevando la casa. Y encima el actor que interpreta a Ojo de Halcón es Jeremy Renner, que ya interpretó un papel similar en “The Hurt Locker”. Solo que todo lo que había de verdad (triste, amarga, perturbadora; con la obsesión por el trabajo de riesgo como patología) en la película de Kathryn Bigelow, se convierte en “Los Vengadores” en almíbar propio de una TV movie ochentera. Él, pobrecito, es como es, no puede parar quieto, necesita acción; ella, mientras, tan contenta, con sus niños y la granja, esperando que su hombre vuelva a casa. Feliz. Pero lo que más choca es que nada de eso es cuestionado ni un solo momento ni por la mujer ni por ninguno de los otros personajes. No hay reproches, no hay malas caras. Tampoco se ven los efectos negativos de esa vida. Al contrario, da la impresión de que todos envidian a Ojo de Halcón. Su granja es el paraíso. Tener a su mujer “con la pata quebrada y en casa” le ha dado la felicidad.

De paso, se aparca y se olvida el incipiente romance entre la Viuda y el arquero que se apuntaba en la entrega anterior. Pero debe ser que también se enfrió en off.

Como fan de Whedon lo que más me duele es que parece que estas escenas son las que él se empeñó en meter en la película sí o sí pese a la oposición inicial de Marvel. Las que de verdad le importaban.

Me gustaría creer que, como explica Mark Ruffalo (“Hulk) en esta entrevista,  lo que ocurre es que como hay tan pocas historias de superhéroes protagonizadas por mujeres, o en las que al menos estas tengan un papel importante, nos ponemos especialmente quisquillosos y susceptibles al valorar cómo se las trata cuando lo tienen y les pasan cosas que muchas veces les pasan también a los hombres. Pero no me lo trago. Me resulta imposible pensar que si cambiáramos los sexos de los personajes seguirían ocurriendo las mismas cosas.

Respecto al tema de la granja me ha llamado también la atención que a veces quienen critican el tratamiento de la Viuda Negra no tienen problemas con el personaje de la mujer de Ojo de Halcón. Incluso sostienen que es un personaje “positivo”. Pero en términos dramáticos un personaje totalmente “positivo” es un personaje soso y aburrido. Los defectos, los conflictos, son los que dan interés a los personajes y los que hacen que empaticemos con ellos. Para que una película no sea sexista no vale (aunque sea lo que parece que piensan algunos directores) con que las mujeres que aparezcan sean ideales, perfectas. Eso son floreros, o robots. ¡”Las mujeres de Stepford” de Ira Levin! Seguro que os suena de muchas comedias, ellos unos gamberrotes (o sea, bien), ellas una santas (mal).

Amamos a los personajes, nos interesamos por ellos, porque son imperfectos. Un personaje negativo femenino no refleja una visión machista de la realidad, ni hace que la historia en la que aparece sea machista. En realidad, cuando nos encontramos con mujeres idealizadas lo que suele haber detrás es un machista con complejo de culpa.

La crítico Britt Hayes lo explicaba muy bien en este artículo sobre “Frozen”: “No es solo que queramos historias protagonizadas por mujeres, sino que también queremos que las mujeres estén bien representadas. Somos todas las cosas que son los hombres: valientes, fuertes, imperfectas, débiles, buenas, malas, y todos los matices intermedios. Lo del “personaje fuerte femenino” es una denominación que insinúa que la única representación positiva de personajes femeninos es la que las muestra como perfectas. Elsa no es en absoluto perfecta. Anna tampoco. Eso es lo que hace que puedas empatizar con ellas y parezcan reales (…)”.

De la misma manera, una película de hombres en la que apenas aparezcan mujeres no tiene porqué ser machista, ni requerir que se introduzca con calzador un personaje femenino importante para compensar el déficit de estrógenos (como pasaba en “300”). Puede haber historias protagonizadas solo por hombres que no transmitan una versión machista de la realidad. Por ejemplo, ¿hacen falta chicas en “Stand by Me”? Pues no, porque si hubiera chicas sería otra historia, se tratarían otros temas, y quizá hubiera acabado siendo una de esas películas que se pierden al intentar hablar de demasiadas cosas**. Y por supuesto el mismo razonamiento se aplica a la inversa a las películas con mayoría de personajes femeninos.

-Interludio para guionistas: llamamos “vacuna” a ese momento en el que un personaje habla con otro sobre alguna incongruencia del guión. Por alguna razón, si los personajes hacen ver que saben que lo que está pasando es absurdo, existen más posibilidades de que el espectador lo pase por alto. Ese momento ha sido “vacunado”. La enfermedad no se propagará y no acabará matando la credibilidad de la historia. En “La era de Ultrón” la “vacuna” llega cuando la mujer de Ojo de Halcón reflexiona sobre el sentido que tiene que su marido –un ser humano normal, al que pueden herir las balas-, forme parte de un grupo que tiene como miembro a un Dios del Trueno y se enfrenta a amenazas ultrapoderosas como Ultrón. La respuesta de la mujer y de la película es “sí, tiene sentido”. Y podría decirse que a partir de ese momento lo que vemos es una “vacuna” de casi dos horas. Pero cualquier espectador con dos dedos de frente sabe que en realidad la respuesta es “no”.

-Maria Hill, de S.H.I.E.L.D. (o lo que queda de S.H.I.E.L.D.) al principio de la película parece que pinta algo. Los demás la escuchan. Su opinión es tenida en cuenta. Pero… solo hasta que llega un hombre que ocupa su puesto y la relega a un papel más inútil que el que parodiaba el personaje de Sigourney Weaver en “Héroes fuera de órbita”.

-Ultrón toma a un vengador como rehén. Seguro que aunque no hayáis visto la película intuís quien es. Pues sí. El personaje con el escote más grande: la Viuda Negra. La imagen: chica guapa entre rejas a la que rescata… ¿quién va a ser? Un hombre, SU HOMBRE. La super espía que lleva varias películas demostrando que es más dura, más lista, y más todo que James Bond no consigue escapar de una celda que parece (adrede) una mazmorra medieval. Si mal no recuerdo, lo único que llega a hacer es mandar un mensaje con las coordenadas de la base donde está encerrada. Pero puede que me equivoque. Reconozco que a menos de una semana de verla algunos detalles ya están desapareciendo de mi memoria.

-Y, por fin, la escena definitiva, la apoteosis del cliché sexista/paternalista. Pietro y Wanda son dos hermanos supervillanos que trabajan para Ultrón que se pasan al bando de los buenos cuando descubren que Ultrón les ha mentido. Ellos creían estar haciendo el bien, pero no, resulta que se han convertido en cómplices involuntarios de un megalomaníaco plan para acabar con la vida humana sobre la Tierra. Wanda es la primera que reacciona, y es ella quien consigue que su hermano abra los ojos y se dé cuenta también de lo que está pasando. Pero… en un determinado momento, Wanda se derrumba, duda, pierde la confianza en sí misma y solo gracias a que Ojo de Halcón encuentra tiempo para echarle una charla aleccionadora, ella vuelve a entrar en acción. Como muchas otras veces en la película, Whedon intenta “vacunar” el bochornoso momento rematando la charla con un chiste, pero el daño ya está hecho. La mujer guerrera necesitaba el impulso del señor de las flechas. Sin él, se habría quedado fuera de juego.

Y aunque acepto que esa escena está ahí porque forma parte del intento de hacernos creer que Ojo de Halcón es importante en el equipo (¡es su alma!, pero… eh… ¿no habíamos quedado en la primera parte en que el alma era el Capitán América?) y de convertir a Jeremy Renner en una estrella, escama un poco que no se les  ocurriera otra manera de hacerlo. También es habitual el momento en el que un héroe (hombre o mujer), cerca del final se derrumba, pero vaya, que el remonte se podría haber logrado de otra  maneras, sin recurrir a lo que los de mi generación podríamos llamar “momento abuelito de Heidi”.

Los anteriores son más o menos los momentos más claramente cliché que me llamaron la atención mientras veía la película.

Quizá lo que más da que pensar es que los haya escrito Joss Whedon, que siempre ha presumido de sensibilidad feminista y ha escrito más horas de televisión protagonizadas por mujeres interesantes que cualquier otro guionista de género. El machismo es un tema que le molesta tanto que llegó a criticar en Twitter uno de los trailers de “Jurassic World” por considerar que la relación que se intuía entre la pareja protagonista era más propia de una película de otra época, y sí, un cliché como la copa de un pino.

Eso me hizo pensar que, una de dos, o quizá Whedon es incapaz de ver que ha escrito algunas de las escenas más sexistas que se han visto en una película de Marvel, o que, como sabemos, hay tanta gente opinando y metiendo mano en estos guiones, que buscar un único responsable del desaguisado es absurdo. Como decía el novelista y guionista John Gregory Dunne en “Monster”, su maravilloso libro sobre el proceso de desarrollo del guión de una de sus películas, en Hollywood la única versión del guión que puedes considerar tuya es la primera. A partir de ahí ya no eres un escritor, sino un escriba.

Pero claro, luego están esas declaraciones de Whedon presumiendo de haber conseguido que Marvel aceptara escenas como las de la granja. En fin. Supongo que solo sabremos la verdad si algún día, dentro de mucho tiempo, Whedon se anima a escribir un libro como el de John Gregory Dunne.

Por mi parte, lo que tengo más claro aún después de ver “La era de Ultrón” es que por muchas hostias que dé, por muchos poderes que tenga, un personaje femenino no puede ser considerado “fuerte” si en los momentos cruciales necesita a un hombre que resuelva la papeleta por ella, si no son sus acciones las que conducen la trama. Obi-Wan Kenobi muere al final del segundo acto de “La guerra de las galaxias” para dejar solo a Luke Skywalker en el ataque a la Estrella de la Muerte. De esa manera Luke crece y se convierte por fin en el héroe que deseaba ser. Y lo hace solo, aunque la voz de Obi-Wan resuene en su cabeza. Para madurar hay que matar al padre. Pero parece que muchas veces, si el héroe es una chica, nunca puede quitárselo de encima.

En realidad, para que desaparecieran los clichés sexistas de los guiones del cine comercial bastaría con una sola cosa: que no aceptáramos para nuestros héroes las cosas que sí nos tragamos (e incluso celebramos) cuando se trata de heroínas.

Y estéis o no de acuerdo conmigo en que los momentos de “La era de Ultrón” que he comentado son o no machistas, creo que todos podemos coincidir en que intentar contar las cosas de una manera distinta a la de siempre hará que las películas sean más interesantes.

En “Encantada”, una película de Disney de 2007, la princesa que acaba de ser rescatada del sueño eterno por un beso de su príncipe, es atacada por la bruja malvada, que, transformada en dragona, agarra con sus garras al príncipe y se lo lleva.

Y…¿quién va a salvarle? Pues la princesa, que coge una espada y sale tras la dragona.

Al verle, la bruja/dragona hace una broma que deja bien claro que el guionista de la película, Bill Kelly, sabía muy bien lo que estaba haciendo. La “mala” dice: “Oh cielos, que giro ha dado nuestra historia. La valiente princesita acude al rescate. Eso te convierte en una doncella en apuros, ¿no, guapo?”.

Así, una escena que en su versión cliché habría sido rutinaria y aburrida, se convierte en un clímax que consigue sorprender aunque sepamos que tratándose de una película familiar las cosas van a acabar bien.

*Si queréis podéis leer “¡Rayos y centellas!”, mi serie de superhéroes, gratis y legalmente aquí. Pero sed benevolentes, fue casi lo primero que escribí, allá por 1996.

**Por ejemplo: ¿quiénes son los personajes que tienen más protagonismo? Pues precisamente los tres que (aún) no tienen serie de películas propias: la Viuda Negra, Ojo de Halcón, y Hulk. Y vaya, que si al menos la Viuda y Ojo de Halcón (sobre todo éste último) no protagonizan películas propias es por algo. Quizá la Viuda podría ser una versión femenina de James Bond (y ese es el papel que interpreta en la segunda parte del Capitán América, donde si encaja bien), pero desde luego no pinta nada formando parte de un grupo de genios, superseres y dioses. Su única función es ser “la chica”.

***Igual que me parece una ingenuidad creer que por tener más guionistas mujeres los papeles de las mujeres en el cine van a ser más interesantes. En algunos casos será así y en otros no. Algunas de las películas más machistas que he visto este año están firmadas por mujeres, como”Kingsman”. Nadie se libra de tener el cerebro colonizado por clichés. Además pienso que es un tanto insultante exigirle a una mujer que escriba sobre mujeres (y también lo contrario, claro). Sí que pienso que hace falta que haya más guionistas mujeres -o mujeres que quieran ser guionistas-, pero para que escriban lo que les dé la gana. Por ejemplo, una de las mejores descripciones de cierta forma de masculinidad que he leído la encontré en una novela de una mujer, Joyce Carol Oates. Pocos hombres han entendido tan bien a ese tipo de hombres. Pero ese es el trabajo del escritor, entender a los demás y explicarlos, sea cual sea su sexo.


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