NATXO LÓPEZ: “SIN UN POCO DE OSADÍA NO HARÍAMOS NI LA DÉCIMA PARTE DE LAS COSAS QUE HACEMOS”

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Héctor Beltrán.

Natxo López es uno de los guionistas de comedias televisivas más reputados del país. Tardaríamos menos en decir las series en las que no ha trabajado que en las que sí. Además, ha escrito guiones de cortometrajes (‘La media pena’, dirigido por Sergio Barrejón), de largometrajes (‘El contenido del silencio, dirigido por Helena Taberna y pendiente de estreno) y también se ha lanzado a dirigir; su corto ‘Pase privado’ sigue acumulando selecciones en festivales de todo el mundo. 

El 19 de agosto se estrenó en el Teatro Lara su primera obra de teatro: ‘Juventudes’, que también dirige. Se trata de una comedia política divertidísima protagonizada por Darío Paso, Alicia Rubio, Selu Nieto y Goizalde Núñez. Si queréis ir a verla, cosa que os recomiendo, podéis hacerlo todos los miércoles a partir de las 22:00h.

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Natxo López en las butacas del Teatro Lara. Foto: @hbeltrangimeno.

Me gustaría que empezaras hablando de dónde nace ‘Juventudes’, una comedia política alocada que supone tu debut como autor teatral…

La historia comienza hará unos cinco años, en Pamplona. Se había celebrado un mitin de Zapatero en la ciudad. Yo estaba en un bar con un amigo y de pronto vimos entrar a un grupo de chavales que venían del encuentro. Llevaban toda la parafernalia: gorritas del PSOE, banderitas del PSOE, camisetas del PSOE… Estaban entusiasmados. Eran muy jóvenes. Puse la oreja y entendí que pertenecían a las juventudes del partido. Y hablaban con admiración de sus ídolos socialistas (por aquel entonces ministros muchos de ellos), con la convicción de que ése podía ser su futuro, de que ellos tenían la opción de llegar hasta allí si daban los pasos adecuados y se acercaban a la gente correcta.

Aquello era comedia pura. Y surgían muchas preguntas. ¿Quiénes eran esos chicos? ¿Por qué alguien de 16 años se mete en un partido tradicional, como el PSOE, el PP, CIU, UPN…? ¿Eran esos realmente los dirigentes del futuro de nuestro país? ¿No había otro remedio?

La mía es una generación que, en líneas generales, se desentendió de la política cuando éramos jóvenes, dando por hecho que ésa era una actividad para mediocres y lameculos, para los tontos de la clase. Y, efectivamente, así conseguimos que fueran los mediocres y los lameculos los que terminaron gobernándonos. Y, como narrador y amante de la comedia, me parece que es un tema donde hay mucho que rascar.

Yo llevaba tiempo queriendo escribir sátira política. Unos años después de aquel encuentro pensé en escribir un piloto para TV ambientado en el universo de las Juventudes políticas. Y así lo hice. Pero, a pesar de algunas buenas reacciones, comprendí pronto que no iba a ser fácil vender un proyecto de este estilo en nuestro país, al menos no por el momento. Como la historia y los personajes me resultaban muy divertidos, me decidí a adaptar el texto al teatro. Durante un mes de vacaciones estuve escribiendo todas las mañanas hasta que llegué a un primer borrador que no fuera absolutamente vergonzoso. Lo hice sin ningún plan en mi cabeza, pero una vez que tenía el texto escrito decidí que podía intentar levantar la función.

‘Juventudes’ es tu primera obra de teatro larga, ¿cómo logras que se acabe estrenando en el Lara?

Pues no lo sé. Eso lo consiguió Eva Paniagua, que es la Productora, de Producciones Come y Calla. Yo tenía claras algunas cuestiones, como que para que esta obra funcionara tenía que tener cuatro buenos actores de comedia (que los tiene, y muy buenos: Darío Paso, Alicia Rubio, Selu Nieto y Goizalde Núñez). Y también que yo no iba a ser capaz de levantarla por mí mismo. Necesitaba un productor, alguien que supiera bien cómo funciona esto. Conocí a Eva a través de una amiga, le pasé el texto y le entusiasmó. A partir de ahí, movimos el proyecto. Fue un proceso casi de un año hasta que conseguimos la sala, el elenco, y la oportunidad.

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Cartel de ‘Juventudes’.

Sin embargo, no es tu primera experiencia en la dirección teatral, hace unos años dirigiste ‘El Negociador’, de Bárbara Alpuente, en el Microteatro por dinero de Madrid…

Sí. Dirigí la obra con tres actores estupendos, Carlos Santos, Cecilia Solaguren y Ricardo Reguera. El texto era muy divertido (Bárbara es una de las guionistas y escritoras más brillantes que conozco) y el público salía muy contento. La experiencia fue tan gratificante que empecé a plantearme la posibilidad de saltar al “macroteatro”. ¿Un poco osado por mi parte? SÍ. Pero sin un poco de osadía no haríamos ni la décima parte de las cosas que hacemos.

También te has estrenado como director de cine con el corto ‘Pase privado’, que está siendo seleccionado en bastante festivales de todo el mundo, ¿se podría decir que le estás cogiendo el gusto a dirigir?

Bueno, yo le tengo mucho respeto al oficio de director. Más todavía ahora. No tengo ni la experiencia ni el talento para considerarme un auténtico director. Soy consciente de mis limitaciones, y además el teatro tiene esa impronta de Cultura con mayúsculas que provoca mucho respeto. Si me atreví con este proyecto en concreto era porque, primero, se trataba de un texto propio con el que sabía más o menos lo que quería conseguir. Y, en segundo lugar, porque era una comedia. Yo llevo muchos años escribiendo comedia y viendo trabajar a actores y directores de comedia, lo que me proporciona una cierta confianza a la hora de encontrar la manera de encajar bien un gag.

Lo último que yo quería era arriesgarme a dirigir una función mínimamente pretenciosa, porque me iba a quedar muy mal. ‘Juventudes’ intenta, fundamentalmente, hacer reír. Es una obra comercial, sin complejas ambiciones dramatúrgicas, donde se trata de conseguir que el público pase un buen rato. Luego ya, si además trasmites algunas ideas sobre el momento político que vivimos, estupendo. Pero lo importante es buscar la risa del espectador. Y, por el momento, parece que lo conseguimos.

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El autor de ‘Juventudes’ en uno de los ensayos previos a la representación. Foto: @hbeltrangimeno.

¿Llevaste el texto totalmente cerrado a los ensayos o ha ido creciendo con el trabajo de los actores tanto en ensayos como en los pases?

En realidad ha ido decreciendo. Uno de los problemas que nos encontramos en los ensayos, fruto de mi inexperiencia, era que la función tenía una duración excesiva. Aquí yo le recomiendo a los guionistas que escriban teatro que lo hagan con el formato habitual de guión que más conocen. Yo no lo hice así. Usé un formato “clásico” de teatro y se me fue la mano con los tiempos. Impelido por la productora y los intérpretes, que fueron muy pacientes conmigo, tuve que cortar casi una tercera parte del texto original, con gran dolor. Nos centramos sobre todo en los personajes y sus vicisitudes, y limpiamos algunas partes más “de carácter político”. Y fue una buena apuesta. Porque ‘Juventudes’ es, por encima de todo, una comedia de personajes, no una reflexión política. Y además no tiene ningún sentido estrenar una comedia de más de dos horas. Ahora transcurre aproximadamente en una hora y media, un tiempo mucho más adecuado.

Por otra parte, desde el principio sabía que debía apoyarme en los actores para encontrar juntos a los personajes y para ajustar las propuestas del texto. He tenido mucha suerte con los intérpretes. Selu Niego, Alicia Rubio, Darío Paso y Goizalde Núñez son cuatro máquinas en comedia, estoy seguro de que cualquiera que los conozca estará de acuerdo conmigo. También trabajó con nosotros Chupi Llorente, que ha sustituido a Goizalde en alguna función. Todos juntos hemos ido limando, aportando y mejorando el texto. Y seguimos haciéndolo función a función. Todavía acabamos de arrancar, como quien dice, sólo llevamos cuatro pases.

En ‘Juventudes’ vemos los entresijos de un partido ficticio y de sus miembros, cuyas actitudes e ideales nos remiten inmediatamente a nuestros políticos actuales, ¿por qué has querido alejarte de la realidad para contar la historia pese a estar tan pegada a la actualidad?

En realidad nunca sabemos el nombre del partido. Sólo sabemos de ellos que su eslogan es “Sí”, el eslogan más minimalista y vacuo que se pueda tener. Una de las ideas que planean sobre la función es esa máxima política de que cuanto menos te definas, más gente te va a votar. El partido del “sí” no es más que positivismo de postín, buenrollismo afectado, sin ideas ni propuestas concretas que lo sustenten. El que quiera ver paralelismos con partidos españoles, los encontrará.

Pero desde el primer momento tuve la intención de no nombrar a ningún partido real. Eso permitía contar una historia más universal y que no pareciera que tenía intención de darle estopa a nadie en concreto. Porque se trataba de dársela a todos. La idea no era meterse con formaciones concretas, sino profundizar en las maneras internas de funcionar de los partidos tradicionales, de cómo se medra dentro de ellos, y tratar de entender cómo les están afectando los nuevos movimientos sociales y políticos. Parte del juego de la obra es ése, tratar de identificar a qué partido real podrían pertenecer los personajes.

Hay un aspecto curioso, y es que la obra fue escrita en el verano de 2013, cuando todavía no existían “Podemos”, “Ciudadanos” ni otras formaciones locales de carácter independiente que ahora gobiernan muchos municipios. Cuando surgieron estas formaciones, me entró una cierta preocupación acerca de si la gente pensaría que en determinados momentos la obra habla de ellas, porque muchas de las ideas que se plantean tienen una relación evidente con sus discursos. Puedo asegurar que no adapté el texto para ello, son coincidencias afortunadas que decidí dejar como estaban. No se habla de estas formaciones –porque, insisto, no existían-, pero sí de algunos de los riesgos que corren los representantes de la “nueva política”, como el de acabar engullidos por un sistema que favorece a la política “tradicional”.

Pero es cierto que podría haber quien malinterprete algunos de los mensajes de la obra. Hemos tenido algunas buenas críticas hasta ahora, pero en una no tan entusiasta se concluía que cierto momento de la obra era una crítica expresa y directa a Podemos, y que esa crítica era consecuencia de que la Comunidad de Madrid nos hubiera dado una subvención. Una interpretación tan delirante que creo que completa de alguna manera el universo del que trata de reírse la función. Como dice el personaje de Darío Paso en un determinado momento: “la gente te va a odiar sólo por estar ahí”.

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Los actores Darío Paso, Alicia Rubio, Selu Nieto y Goizalde Núñez en plena acción. Foto: @hbeltrangimeno.

Además, la comedia política es un género que siempre ha dado grandes productos, tanto en teatro como en cine y televisión ¿cuáles han sido tus referentes para escribir ‘Juventudes’?

Por lógica de mi oficio abundan las televisivas. Me gustan mucho las producciones de Armando Ianucci como ‘The Thick of it’, ‘Veep’ o ‘In the Loop’. Y también, por supuesto, ‘Parks & Recreation’. Son comedias que mezclan la complejidad burocrática de la política con las pasiones más mundanas de sus representantes. Un político puede estar votando una ley importantísima y al mismo tiempo estar preocupado porque tiene picores en las ingles. Somos humanos y nuestra humanidad tiñe cualquier actividad que hagamos, por muy loable que pretenda ser.

También me fijé en algunos autores que me gustan por la manera en la que usan el lenguaje popular, especialmente en José Luis Alonso de Santos y su ‘Estanquera de Vallecas’. Aunque los personajes de ‘Juventudes’ son de todo menos populares. Me apetecía divertirme creando unos personajes de lenguaje alambicado, capaces de construir discursos complejos pero totalmente estúpidos. Algo que en las comedias televisivas nacionales uno no siempre puede permitirse escribir, porque suelen estar más pobladas por personajes “costumbristas”.

¿Hasta que punto ha sido un desafío para un guionista con experiencia dilatada en televisión y con una carrera en cine a punto de despegar como tú escribir una obra teatral? ¿Cuáles considerarías que son los momentos más complicados de ese proceso de escritura?

El verdadero reto para mí, más que la escritura, fue la dirección. Es muy diferente defender un texto ante una pantalla de ordenador que hacerlo ante cuatro actores exigentes que te van a hacer todas las preguntas imaginables. Y al mismo tiempo es una experiencia muy enriquecedora como escritor.

Por poner un ejemplo, en Cine o TV cuando dos personajes hablan el guionista no suele preocuparse demasiado de qué es lo que están haciendo el resto de personajes en la escena, porque habitualmente suelen estar ocultos por realización. Sin embargo, en el teatro tienes que tener muy presente que todos los personajes que hay sobre el escenario están pensando, sintiendo, padeciendo delante del público… aunque no hablen. No debes dejarles vendidos. Hay que mantener una coherencia implacable en sus movimientos y su estado de ánimo, con una puesta en escena que ayude a subrayar y explicar lo que está pasando dentro de ellos.

También está siendo una aventura muy estimulante en lo que respecta a trabajar en la efectividad de la comedia. En teatro cada semana puedes ver cómo funciona un determinado gag. Una mínima diferencia en la inflexión o el tempo puede hacer que un chiste no entre. Una misma línea un día provoca un gran silencio y la semana siguiente una gran carcajada. Es una vivencia estresante porque no sabes cómo va a resultar cada función, pero también muy enriquecedora.

Desde luego, producir y dirigir teatro es una experiencia exigente, pero yo se la recomiendo a cualquier guionista o escritor que se sienta con energías suficientes y esté dispuesto a aceptar sus limitaciones y dejarse ayudar. Porque, sobre todo, insisto en la necesidad de rodearse de buena gente y, además, que sea gente con talento. Yo desde luego he tenido esa suerte y, si creyera en algún dios, le daría las gracias por ello.

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Foto: @hbeltrangimeno

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