FEDERICO VEIROJ: “HAY ESCENAS QUE NO ESTÁN TERMINADAS DE ESCRIBIR HASTA QUE NO LAS FILMAS O LAS MONTAS”

Entrevista: Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Héctor Beltrán. 

El pasado martes pudimos ver una de las sorpresas de la Sección Oficial de este 63 Festival de San Sebastián: ‘El apóstata’, dirigida por Federico Veiroj y escrita por él mismo junto a Álvaro Ogalla (también protagonista), Gonzalo Delgado y Nicolás Saad. ‘El apóstata’ cuenta la historia de Gonzalo Tamayo, un treintañero que ha decidido abandonar la religión católica con el objetivo de dejar atrás su pasado y encarar el futuro con una nueva visión de la vida. Sin embargo, se encuentra con más obstáculos de los que pensaba. 

‘El apóstata’ es el tercer largometraje del director uruguayo y nos ha llamado la atención por la manera en la que alterna la realidad con la fantasía y el drama más comedido con la comedia más disparatada. Por eso, quisimos hablar del guión con él y con el actor y coguionista Álvaro Ogalla en San Sebastián. 

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Federico Veiroj y Álvaro Ogalla, responsables de ‘El apóstata’.

El guión de ‘El apóstata’ está firmado por vosotros dos, Nicolás Saad y Gonzalo Delgado. ¿Cómo comenzó el proyecto y cómo fue la escritura entre los cuatro?

Álvaro Ogalla: Todo arranca con Federico proponiéndome contar mi proceso de apostasía tres o cuatro años después de que lo hubiese iniciado. Le parecía curioso contar una historia entorno a eso, a que alguien se propusiera salir de la iglesia y que fuese contándolo mediante una serie de cartas en las que le voy narrando esa aventura. Además, iría reflexionando sobre otros temas que también me propone él, como hacer una revisión del juicio. Sobre esto fue con lo que empecé a trabajar un tratamiento con Nicolás Saad.

Federico Veiroj: Y a partir de eso, de esas cartas y esos relatos con algunos momentos del trámite que Álvaro inició en la vida real cogí ese tratamiento escrito con Nicolás, allá por el año 2012, y, lo pasé a formato de guión. También había una voz en off que leía esas cartas que él mismo escribió. Es algo que fue mutando mucho cuando ya estuvo escrita una primerísima versión. Somos cuatro guionistas, pero no nos sentamos a escribir los cuatro estrictamente, fue una colaboración de todos en momentos puntuales. Con Gonzalo Delgado, que además también es el director de arte, fuimos retocando diálogos y alimentando la película. Durante la producción también reescribimos mucho. Cortamos un montón de escenas. Priorizamos personajes y situaciones para profundizar en la historia y porque, obviamente, no podemos filmar todo. En el guión hay personajes que están más desarrollados que en la película, como el de la hermana y el padre, pero yo no los echo de menos. En este proceso de escritura hay escenas que no están terminadas de escribir hasta no que no las filmas o las montas.

Álvaro, tú te enfrentabas por primera vez tanto a la escritura de un guión de largometraje como a la interpretación de un papel, ¿qué considerarías que ha supuesto un mayor reto para ti?

A.O: Son dos desafíos diferentes. La escritura lo fue en el sentido de tratar de volcar sobre papel aspectos sobre mi pasado, mi personalidad y mis principios y hacerlo de una manera irónica. Durante la escritura estábamos trabajando en nube con el guión. Yo lo leía mucho todos los días y retocaba, a lo mejor, una o dos palabras, editando diálogos y reconociéndome en el personaje. Quizás esto lo hacía para poder afrontarlo luego como actor.

F.V: En un momento decidí, cuando ya estábamos muy metidos en el guión, tres o cuatro meses antes del rodaje, que Álvaro dejase de ser guionista. Sobre todo para que empezase a prepararse el papel con algún coach y que sintiese que su trabajo ahora iba a enfocarse hacia otro lado.

¿Estaba decidido que la protagonizase Álvaro desde el principio?

F.V: Siempre fue la idea, aunque hubo un momento de duda durante el proceso de financiación. Pero finalmente me sometí a eso, en el buen sentido, para hacer la película con él porque, además, está diseñada para su cara, para su físico, su timbre de voz…

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Federico Veiroj.

Comentaste que en la rueda de prensa que ‘La prima Angélica’, de Carlos Saura, fue una referencia para el ‘El apóstata’, supongo que ya no solo por la parte incestuosa, sino por ese baile con la estructura, yendo del presente al pasado y jugando con la realidad y la fantasía…

F.V: Es una película que cuando la vi de adolescente me fascinó y durante la escritura del guión la volvimos a ver porque nos maravilla. Ese triángulo formado entre el pasado, la fantasía y el presente y el propio personaje, que parece un niño… Pero, más que tenerla como referencia diría que la tuvimos en cuenta como alimento. Además, el trabajo de Jose Luis López Vázquez en esa película me pareció sublime. Recuerdo aprender mucho de ese personaje, viendo que tiene como varias capas, cómo un cuerpo se representa a sí mismo en otros momentos de su vida, que es algo que llegamos a utilizar en ‘El apóstata’.

Una de los aspectos que hacen especial a la película son esos cambios de tono tan drásticos durante la historia. Pasáis de momentos más convencionales a otros más disparatados. ¿Trabajasteis esto desde el guión o fue una decisión de dirección?

F.V: Sí, está tratado desde el guión. Conforme fuimos avanzando en la escritura la fantasía y la fábula fueron tomando más fuerza. Ya desde el principio, cuando decidimos empezar con la canción de Lorca, vimos que iba a situar bien a la película y al personaje. Esto también es un elemento de fantasía, no es una película que empiece con un coche pasando o con una conversación cotidiana. Con ese inicio enseguida entras en un mundo de película y eso es algo muy importante. Que dentro de la película hayan distintos tonos es necesario para poder contar la historia del personaje, por alocado, por exagerado, por lo tierno que es… Su conflicto y su caos son así porque quiere demasiadas cosas.

También es interesante de cara al guión que algunos de los fragmentos están tomados de Benito Pérez Galdós, de una novela de llama ‘El audaz: historia de un radical de antaño’. Es algo que nos ha ayudado mucho en el proceso. Tiene un personaje muy irreverente, sinvergüenza y pícaro y nos inspiró mucho para el personaje y para justificar su tono.

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Álvaro Ogalla.

También habéis jugado con la música de la película para enfatizar esos cambios de tono, utilizando canciones de estilos diversos, ¿era también una idea preconcebida en el guión?

F.V: Hay algunas canciones que sí que sabíamos de antemano. Por ejemplo, la música de los créditos la encontramos más tarde. En cambio la música de Morente sí que estaba pensada desde el guión, aunque no sabíamos si iba a ser para el cierre o para el inicio. Finalmente lo fue para el cierre y para el inicio la de Lorca, que necesitaba que sonara con el primer plano de la película.

Por otro lado, nosotros nos conocimos en la Filmoteca y ya hacía un tiempo que trabajábamos ahí, por eso teníamos acceso a mucho material de archivo. Cosas inéditas, raras y ficción de todo tipo. Dentro de esos años que hemos ido viendo esas cosas nos topamos con mucho material muy hermoso. Eso nos sirvió para darle un punto de vista antropológico al personaje. La música siempre fue algo que fue cambiando pero en el guión sí que estaba escrito lo que tenía que pasar y con qué sentimiento. El tipo de caos sonoro que tenía que haber estaba escrito. Entonces, en el momento del montaje, junto a Fernando Franco, directamente trabajé pensando en Prokovief, que para mí era la primera referencia.

Y por último, dentro de ese proceso antropológico de encontrar la música, estuvimos buscando mucha música popular para el momento de la canción que canta la prima en la comida familiar. No tenía que ser ni una canción de cuna ni solamente inocente. Tenía que tener algo más crudo, ser un poco sórdida. Entonces descubrimos ‘El pelele’ en una película de Milos Forman, ‘Los fantasmas de Goya’. En el final de la película, que es muy hermoso, hay unos niños que cantan en coro esa canción. La letra era perfecta y no encontramos ninguna otra que fuera tan potente, tan inocente y cruel a la vez. Por ejemplo, en el guión estaba escrito que cuando el personaje entra en la iglesia y ve a los niños del coro, suena ‘El pelele’. Entonces, en el momento del montaje sonoro quedó bien pero nunca sabes si va a encajar.

Álvaro, la película cuenta tu experiencia intentando apostatar. Al personaje de la película le cuesta más de lo que pensaba en un principio. ¿Tú lo lograste?

A.O: No, no llegué a poder apostatar, la Iglesia pone bastantes obstáculos. De todas formas, dependiendo de la comunidad y del país es más fácil o menos. Hay países en Europa en los que sencillamente lo pides y al día siguiente lo obtienes, pero hay lugares como España en los que la Iglesia ha extendido los tentáculos y tiene influencia jurídica.

F.V: La película no intenta ser un manual sobre la apostasía. Solo tomamos algo que nos gusta de lo que le pasó, que no es un proceso normal, pero que tiene algo de interesante. Nos preguntábamos qué es apostatar: ¿recibir la carta de la diócesis que te corresponde y que diga que ya no formas parte?, ¿que se anote en el propio libro que ya nos formas parte?, ¿qué entiende cada uno por apostatar? En el caso de la película, lo que tratamos y que está escrito en el guión, es que el personaje se fije en algo material. Por eso, ese el plano en el que se ve la hoja y ese registro en el que están sus datos es tan importante. A mí me gustaba que la obsesión del personaje fuera por el objeto y trabajamos en esa línea.

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Entrevista realizada gracias al apoyo de DAMA. 

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