COMO UNA PELÍCULA CANNON

 

Foto: Marta G. Brea

TIRSO CALERO. Foto: Marta G. Brea

Tirso Calero es director argumental y jefe de guionistas de “Amar es para siempre”. Fue creador de “Bandolera”, jefe de guionistas de “Gran Reserva, El Origen”, y director de los largometrajes “Carne Cruda” y “Blockbuster”.

Hace pocos días pude ver un espléndido documental titulado “Electric Bogaloo: la loca historia de Cannon Films”. Es muy recomendable para los amantes del cine en general y, especialmente indicado para aquellos que crecimos en los videoclubs de los años 80.

La Cannon Films fue una compañía independiente, creada por dos productores avispados de Tel Aviv, que decidieron conquistar Hollywood. La jugada les salió regular porque se estrellaron una y otra vez contra el gran muro de las majors establecidas. Pero de aquella aventura liderada por Menahem Golan y Yoram Globus se extraen aspectos muy positivos. Por primera vez, una productora independiente plantaba cara a los grandes estudios contratando a auténticas estrellas como Sylvester Stallone o Lee Marvin, además de dar oportunidad a grandes directores que ya no contaban para el férreo Hollywood, como John Frankenheimer, Andrei Konchalovsy, Franco Zeffirelli o Jean Luc Godard.

Menachem Golan & Yoram Globus

Menahem Golan y Yoram Globus. Fuente: Google

La mayor parte de sus películas (“Invasión USA”, “Desaparecido en combate”, “Masters del Universo”…) eran de consumo rápido y dudosa calidad. Pero también produjeron films realmente interesantes como “El borracho”, “El tren del infierno” o “Life Force”. La mayor parte del público disfrutaba con las correrías de Chuck Norris o Charles Bronson y se celebraba con entusiasmo la aparición de un nuevo héroe de acción como Jean Claude Van Damme, que consiguió su primer papel haciendo una demostración de artes marciales en el mismo despacho de Menahem Golan.

El peor enemigo de Cannon Films eran ellos mismos. Su imagen y su marca quedaban siempre asociadas a productos bastante baratos de dudoso gusto. Era un cliché, un estigma que les acompañó siempre, desde su fundación en los años 70 hasta su final, a principios de los 90. A pesar de sus intentos por ofrecer cine de qualité (“Ansias de vivir”, “Otello”, “Los hombres duros no bailan”…), nadie les tomaba en serio. Hicieran lo que hicieran, siempre sería una peliculita de la Cannon. Daba igual que fuera un éxito en taquilla o que el film se vendiera a más de 50 países o incluso que se contara con intérpretes prestigiosos (Alan Bates, Faye Dunaway, James Mason, Rod Steiger, Sean Connery…), el sello Cannon eliminaba cualquier posibilidad de crítica positiva. Todas sus obras, pues, caían en el mismo saco.

Viendo ese documental, pensé en el fenómeno Cannon dentro de nuestra televisión actual. Creo que las series diarias tienen algo de ese estigma. En la actualidad, hay cuatro series nacionales diarias en la parrilla (“Amar es para siempre”, “El secreto de Puente Viejo”, “Acacias 37” y “Seis hermanas”). Podríamos hablar de cinco series si incluimos la tira diaria “Gym Tony”. Pero la repercusión que tienen las series diarias, en comparación con las series nacionales, es ínfima. Algunas de ellas obtienen más audiencia que una serie de prime-time e incluso cuentan con repartos sonados, dignos de cualquier película o serie semanal, pero todo eso no basta.

Las series diarias, a pesar de lo mucho que suponen para la industria audiovisual de nuestro país, son las grandes olvidadas, en todos los sentidos.

Como le ocurría a Cannon Films, hagamos lo que hagamos en una serie diaria, siempre se nos dirá que estamos escribiendo / produciendo / interpretando un culebrón. No tengo nada en contra de esa palabra pero no me gustaría que se asociara el término a un trabajo desganado, pobre o deficiente.

En mi equipo de guión de “Amar es para siempre” hay 14 guionistas. Por mi experiencia en televisión, puedo decir que cualquiera de ellos podría cumplir con creces en una serie semanal. Lo mismo ocurre con los 6 realizadores con los que cuenta la serie o con los actores que están dando el callo para aprenderse diariamente 30 páginas y soltarlas con naturalidad. Pero da igual, como La Cannon, siempre seremos los tipos que hacen culebrones. Al igual que ellos, nuestros presupuestos son mucho más ajustados y las condiciones de producción son limitadísimas. A pesar de eso, tenemos que seguir buscándonos la vida para ofrecer 250 capítulos al año y, lo más importante, conseguir audiencia. Debemos escribir 24 guiones al mes, sin descanso y sin que nos repitamos. Después de 2500 capítulos (que son los que tiene “Amar”) a veces es difícil escribir algo que no haya aparecido previamente, aunque de forma indirecta. Con la velocidad a la que trabajamos (no se puede ir más lentos porque, en ese caso, la maquinaria se pararía), es imposible escribir una obra de arte. Un guión de cine suele darse por bueno, después de varios meses o años de trabajo y un sinfín de revisiones. Estamos hablando de unas 100 páginas. Pues bien, nosotros debemos dar por buenas 360 páginas… a la semana. Porque la siguiente semana llegan otras 360. Pero aunque lográramos escribir el mejor guión de la historia de la televisión, daría igual. ¿Quién se iba a fijar en un guión de una serie diaria?

La temporada pasada contamos una historia de terroristas con bombas y no salimos del decorado. Batimos récords de audiencia y todo el mundo quedó satisfecho. ¿Cómo era posible eso? Como Menahen Golam y Yoram Globus, echándole cara, valentía y, sobre todo, sin avergonzarse de lo que hacían. En la presente temporada de “Amar es para siemprecontamos una historia de espías de la Guerra Fría sin salir de una plaza. Y mis compañeros de otras series diarias también son capaces de contar grandes historias en reducidos espacios con un montón de dificultades.

En la actualidad, muchos guionistas, actores, realizadores, técnicos… siguen en activo gracias a las series diarias. Difícilmente se les reconocerá su labor porque la hacen en un culebrón y, hagamos lo que hagamos, siempre llevaremos encima el estigma de la Cannon.

6 respuestas a COMO UNA PELÍCULA CANNON

  1. Estoy de acuerdo contigo, Tirso. La percepción de una serie diaria es la de algo creado con prisa y las cosas creadas con prisas tienden a tener grietas, imperfecciones. No se puede hacer obras de arte trabajando a ese ritmo, pero no es menos cierto que el esfuerzo que hacéis es increíble y que las tramas resultantes en muchas ocasiones son muy interesantes, intensas, llenas de emoción, que al fin y al cabo es de lo que se trata.
    Lo importante siempre es la calidad en sí, no el formato en el que se hace público. El trabajo que desempeñáis está lleno de calidad y de cosas buenas y muy buenas.
    Que el “estigma” de trabajar en una serie diaria no os detenga ni os haga perder ese norte. Las cosas buenas (y las malas) lo son en sí mismas.

  2. Los guionistas y responsables de Gran Hermano o cualquier otro cutrereallity tanbién trabajan duro, también crean con prisas y también reivindican la calidad de sus productos. Y probablemente tengan razón. Pero el producto y el público objetivo es el que es, y no deja de ser tramas cliché con historias cliché para consumidores que buscan la misma historia con diferentes disfraces.

    Así que (opino) no es un tema del estigma Cannon, es un tema de producto y publico objetivo. Seguro que el proceso es duro, se trabaja bien, eficiente y se intenta hacer lo mejor posible. Como en un Mac Donalds: la gente trabaja bien y mucho para hacer hamburguesas. Y, por muy bien que lo hagas, es una Big Mac producida para clientes que quieren una Big Mac. Y no puedes comparar una Big Mac con un plato del Bulli, aunque los cocineros que producen la BigMac sean mejores técnicamente con los que concinan en el Bulli…

  3. Para mí, trabajar en una serie diaria no es un estigma. Ha sido, es y será siempre un orgullo. Un orgullo entretener a la gente todos los días, intentar que cada línea sea diferente aunque hayamos contado amor y desamor infinitas veces; aunque nuestros recursos sean pequeños, en comparación con el prime time. Ahí está el reto. El reto del equipo de guión y de un enorme equipo en plató que se deja la piel todos los días. Adoro este género y me considero una privilegiada por trabajar haciendo algo que me gusta. Todas las semanas aprendo algo: leyendo a los compañeros, escuchando a los actores, fijándome en planos. Es una tremenda escuela que, si se sabe aprovechar, proporciona mucha “cintura”. Gracias, Tirso, por el artículo y por el esfuerzo. Ojalá pronto nos empiecen a ver de otra manera.

  4. curronarvaez dice:

    El año pasado, en el taller de desarrollo de series de TV del Máster de Guión de la UPSA, mi grupo se propuso el reto de intentar hacer una serie diaria. Hablo de memoria, pero creo que fuimos el primer grupo que no hizo una semanal desde que el Máster tiene este taller.

    Cuando empezamos y durante los dos meses que estuvimos inmersos en ella, nos dimos cuenta de que nos habíamos metido en un auténtico berenjenal. Pensar en personajes, localizaciones y conflictos que dieran lugar a tramas que se pudieran desarrollar a lo largo de… 250 capítulos sin caer en repeticiones, personajes omitibles, tramas insustanciales… Nos reventamos las neuronas. Lo pasamos mal, muy mal. Fue lo que más nos costó de todo el Máster, con diferencia. Pero al final, tras mucho trabajo, conseguimos escribir una primera versión de guión dialogado de …. ¡1 capítulo!

    Desde entonces, cada vez que visito a mi abuela y me la encuentro viendo con mi tía cualquier serie de sobremesa no puedo evitar pensar en todo el trabajo que hay detrás, y lo poco que se dice.

    Nosotros, los que estamos empezando, los primeros.

  5. jburdalo dice:

    Creo que el esfuerzo Sí se ve, otra cosa es que se aprecie. Pero si se apreciara demasiado le pasaría como al montaje, que cuando es invisible es cuando la historia prima por delante de la técnica. Le sucede como a los platos de un menú del día, son lentejas, arroz, pasta, sin entrar en especificaciones. No da tiempo de renombrar los platos. Hay que dar de comer para que nos den de comer. Pienso que la palabra folletín tampoco gusta. De todo esto lo admirable es el espectador que lleve años de su vida intentando saber qué le están contando, pero claro, vuelta a la comida, con el estómago lleno la sangre baja del intelecto al digestivo.

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