UNA DOSIS DE REALIDAD, POR FAVOR

29 enero, 2016

por Carlos Crespo

Sobre los sueños cuando no se cumplen, sobre las excusas que nos ponemos a nosotros mismos para justificar nuestros fracasos y sobre el valor para aceptar nuestra responsabilidad y nuestras limitaciones. Lo que pudo ser pero no fue. 

El autor del artículo original es Doug Richarson y lo podéis encontrar íntegro en inglés en este enlace:   

http://www.dougrichardson.com/blog/reality-check-please/

Ahí va la traducción:

Pues me estaba yo comprando un coche la semana pasada. Como muchos bien sabréis esto puede ser un poquito rollo. El lado bueno es ese estupendo alivio que viene cuando ambas partes nos hemos puesto de acuerdo en las condiciones y la conversación con el vendedor puede relajarse un poco. Una vez agotados los quién eres y los qué haces –así como los omnipresentes análisis de crédito que básicamente me impiden mentir sobre mi profesión- era inevitable acabar hablando del mundo del espectáculo. Y como esto es el sur de California, todo el mundo tiene alguna conexión con Hollywood o alguna historia sobre la industria.

Mientras preparaban la pila de papeleo para ser firmada oel vendedor, que era un tío bastante guapo, se recostó en su silla y abrió su corazón. ¿Y qué te parece? Resulta que hace mucho tiempo había sido actor. Que se mudó a Los Ángeles desde Vancouver Canadá para hacer realidad sus sueños de lo que tú ya sabes.

“¿De verdad?” dije yo, intentando que mi ausencia total de sorpresa no sonara a burla. Como si nunca hubiera oído algo así. Y menos aún el tsunami de excusas que estaría a punto de darme para justificar por qué acabó metido en una camisa bien almidonada y con corbata vendiendo coches para ganarse la vida.

Me pregunté con qué serie de razones me iba a deleitar. ¿Fue porque el show business es un juego que depende de a quién conozcas y él no tuvo suerte? ¿O me iba a contar la historia de los representantes y agentes que no le supieron llevar bien? A juzgar por su edad y buena presencia podría haber conseguido su sueño de no haber sido eliminado una y otra vez por tipos como Kevin Spacey, Daniel Day Lewis y Brad Pitt.

O quizás… quizás estaba a punto de culpar a alguna chica a la que dejó embarazada y su carrera inexistente se esfumó debido a su paternidad y su correspondiente paso a la vida adulta.

“¿Qué pasó?” pregunté finalmente.

“Era malísimo”, dijo sin entusiasmo el guapo vendedor.

Se me escapó incontrolada una risotada espontánea. Estaba verdadera y maravillosamente alucinado.

“¿Sabes qué? Que nunca me habían dicho esa”, dije finalmente.

“Es verdad”, sonrió. “En Vancouver yo era alguien”.

“¿Famoso?” pregunté animado.

“Sí. Pero luego al llegar aquí me di cuenta de que no era demasiado bueno”.

Mientras escribo esto, han pasado unos días y sigo todavía conmovido por este hombre y su sinceridad. El número de aspirantes y fracasados que me he encontrado a lo largo de mi dudosa carrera es incalculable y como ya he dicho, todo el mundo tiene una historia, la mayoría llenas de tristes excusas por no haber tocado nunca la estrella que tanto deseaban. Pues a lo largo de años y años, puedo contar con quizás dos o tres dedos las veces en que alguien se ha pintado a sí mismo con un pincel tan austeramente honesto.

Yo quería ser guionista” me dijo una vez un profesor de colegio, “pero había una parte del trabajo que tardé en descubrir, y es que tienes que saber escribir”.

En otra ocasión, un hombre mayor que se dedicaba a vender viejos equipos informáticos me dijo que un día había soñado con una carrera en diseño de producción.

“Tengo el talento. Sé que lo tengo. Probablemente más desarrollado que muchos de los mediocres que veo trabajando hoy en día”, contaba el colega de los ordenadores. “Pero lo que ellos tienen y yo no tengo es el deseo de hacer cualquier trabajo para cualquier persona en cualquier lugar y así meter un poco la cabeza y dejarla ahí hasta que alguien se dé cuenta de que soy la persona indicada. Esa es una determinación que yo no tengo. Aprendí eso sobre mí mismo. Bien por ellos que sí la tienen”.

Antes incluso de que las coletillas fuesen conocidas como coletillas, Clint Eastwood ya tenía unas cuantas exitosísimas. Mi favorita es de un diálogo de Magnum Force, justo después de que el teniente Briggs (interpretado magistralmente por el genial Hal Holbrook) sea asesinado por un coche bomba que en realidad iba dirigido a Callahan. Eastwood pronuncia la frase en su característico susurro:

“Un hombre tiene que conocer sus limitaciones”.

A ver un momento. No estoy sugiriendo que todos seamos tan conscientes de nuestras carencias que limitemos nuestra ambición por cargarla con un peso imposible de levantar. Pero hay una corriente significativa de aspirantes y recién llegados que serían mucho más felices, y sobre todo estarían mucho más sobrios, si tuvieran un visión más acertada de sí mismos y del diminuto milímetro cuadrado que ocupan en la cadena alimenticia.

Hace muchos años, cuando yo era aún un cachorro en el medio, tuve una novia actriz que había trabajado media temporada en una serie de televisión recién cancelada en la que había tenido un papel bastante pequeño. Su personaje no era memorable ni por dimensión ni por interpretación. Pues ahí estaba yo a su lado cuando quedó con su representante por primera vez desde que la cadena había cancelado la serie.

“Esto es lo mejor que nos podía haber pasado”, dijo la representante con su voz ronca de fumadora empedernida. “Ahora que estás libre de tus compromisos en televisión y como se te ha visto recientemente, vas a competir por tus próximos papeles con Michelle Pfeiffer y Meryl Streep”.

Recuerdo esto como una de las mayores trolas que he escuchado jamás. Antes de que se me descolgaran los tendones de la mandíbula, eché un vistazo a mi izquierda para no perderme lo que seguramente sería una expresión de asombro en la cara de mi novia. Pero en lugar de eso, me la encontré radiante y dejándose envolver por el resplandor de un foco que nunca conocería. La carrera que tenía por delante era real y podía ir a más. Una carrera llena de posibilidades si algún día pudiera proporcionarse a sí misma unas metas más realistas y las herramientas para llegar a ellas. Pero no, allí estaba ella tragándose el sinsentido que le soltaba su repre como si fuera cerveza verde el día de San Patricio. El cruce entre murciélago y sapo que era aquella mujer podría haberle dicho a mi novia que de aquí a mañana le saldrían alas de hada y que lo único que tenía que hacer para alcanzar su sueño como actriz de ojos saltones era batir sus plumas y echar a volar.

Hace mucho tiempo que perdí el contacto con aquella novia. No tengo ni la más remota idea de dónde aterrizó ni de si fue un aterrizaje suave. Pero hace muy poco conocí a un vendedor de coches muy sanote cuya perspectiva sí soy capaz de respetar por completo.


MI EXPERIENCIA EN IBERMEDIA

28 enero, 2016

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Cuando le conté a un par de personas cercanas que me habían seleccionado un proyecto en el programa de desarrollo Ibermedia, tuvieron la misma reacción.

-De tutora, ¿no?

-No.

La verdad es que es un halago que me sitúen al nivel de los tutores y tutoras del programa (entre los que se encuentra el bloguionista David Muñoz), pero les parecía sorprendente que con cierto grado de veteranía allí estuviera yo, con mi guión, bajo el brazo, dispuesta a recibir consejos, collejas, sugerencias, diagnósticos y tortas de todo pelaje. Yo, la verdad, no sabía qué me iba a encontrar. Lo único seguro es que tenía un guión con necesidad de mejorar y la ocasión de dejarme aconsejar por algunos ilustres a quienes no conocía.

Dos meses después de acabar el curso, puedo decir que ha sido un acierto haber participado, y que mi guión ha mejorado mucho.

Dejadme que os hable un poco de la mecánica del programa, en el que pueden participar guionistas y directores/as de España y toda América del Sur. (En caso de que el participante sea de fuera de Madrid, se le paga el viaje y el alojamiento.)

Hay dos fases, una por cada tutor. Son tres semanas con uno, tres semanas con otro. Dos visiones distintas que se suceden mientras tú vas haciendo y deshaciendo a lo largo de las semanas que dura el curso. Los tutores van siguiendo tus progresos y opinando sobre las modificaciones que se hacen hasta la versión definitiva. Además, el curso incluye un curso de pitching (destinado a hacerlo en 90 segundos; muy útil) y un pitch con productores y festivales internacionales, sesiones sobre producción, y adicionalmente puede ser una vía interesante para entrar en contacto con vías de coproducción, especialmente con países latinoamericanos. Y por último, pero no menos importante, está la maravillosa oportunidad de conocer a guionistas y director@s de todos los países latinoamericanos y descubrir en sus guiones historias que suelen ser absolutamente diferentes a lo que solemos leer en España, al tiempo que compruebas que, aparte del lenguaje, la pasión por el cine nos hermana a todos. (Esto es cursi, pero es verdad.)

En mi caso, el primer asesor fue Andrés Koppel. Me hizo entender muchas cosas que no os diré porque si queréis aprender, es mejor que os las cuente él. El segundo fue Tomás Aragay, y empezó repartiendo una leña desconocida. Pero fue increíblemente útil también. La suma de los dos me hizo ver el guión desde un lugar diferente, probar sus fortalezas y fomentarlas, destruir o transformar sus debilidades, y sobre todo, des-escribir y hacerme muchas preguntas. Encontrar la esencia y liberarme de palabras y acciones innecesarias. Hallar, en definitiva, el guión dentro del guión, el guión pulido, aproximarte a la película “platónica” que lleva tiempo habitando en tu cabeza pero que no has sabido transmitir aún en el papel.

Independientemente de las horas de vuelo de cada guionista (y es verdad que los niveles de experiencia dentro del programa varían mucho) creo que nunca sobra enseñarle tu guion a un profesional y pedirle su opinión, con profundidad y sin excesivo “cariño” de por medio. Los amigos y las amigas (sean colegas de profesión o no) tienen un problema: pueden tener una visión privilegiada, pero nos quieren, o eso deben hacernos creer, y eso nubla su visión. Es bueno entrar en esa arena, como gladiadores del guión y pensar “Ave César, los que van a descuajaringar su guion te saludan” y asumir que la mayoría de las veces lo que escribimos no vale ni el precio de los árboles caídos para imprimirlo.

Pero sin duda, lo mejor de Ibermedia para mí, aparte del beneficio impagable de haber mejorado la historia, y aunque tenía miedo de que esos Jedis del guionismo destruyeran mi fluctuante autoestima, es la sensación de sentirme padawan de nuevo.

Sí, estudiante de nuevo. Con el 100% de mi atención en las páginas, como hacía tiempo que no me sentía. Una auténtica reconexión con la parte de mí misma que quería contar historias, muchos años después de la chispa inicial. Recuperar el ensimismamiento, la pasión, y por qué no decirlo, el combate contra la frustración de no poder escribir lo que se quiere, sino lo que se puede.

Hay que caminar siempre hacia esa idea de perfección, aunque no se consiga. Cuando éramos más principiantes nos motivaba la idea de dedicarnos a esto. Ahora que tenemos el privilegio de hacerlo con mayor o menor continuidad, la fortuna es aspirar a hacerlo cada día mejor. Y eso es lo que mantiene la energía creativa crepitando dentro de nuestras cabezas.

¿Acaso merecería la pena esta profesión si la llama se hubiera apagado?

El plazo para recibir solicitudes para la siguiente convocatoria concluye el 6 de Marzo. Las bases están aquí. 

Otros enlaces de interés

Entrevista a Mariana Barassi, coordinadora del curso

Preguntas frecuentes

 


HAY UN GAFE EN EL BARCO

27 enero, 2016

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Lo peor que te puede pasar en este mundillo nuestro es que te etiqueten como gafe.

Me refiero, sobre todo, al mundillo audiovisual. En otras disciplinas artísticas es distinto. Si pintas cuadros o escribes poemas puedes adquirir una fama de maldito que incluso te beneficie. En el audiovisual, sin embargo, la cosa es distinta. Porque el cine y la tele son INDUSTRIAS, y eso implica un montón de dinero en juego. Nadie se siente lo suficientemente valiente para arriesgarse a conservar un gafe entre sus filas cuando hay posibilidad de perder pasta en grandes cantidades.

“Nos jugamos demasiado dinero, así que más nos vale ser racionales.” Ése debería ser el discurso predominante, ¿verdad? No obstante, a la hora de la verdad prevalece el discurso contrario: “Hay demasiado dinero en juego, así que déjate de argumentos racionales. No voy a arriesgarme a contratar a un tío que, según los rumores, gafa los proyectos.”

No puedo evitar acordarme del holocausto, de los nazis… Aquellos tipos marcando las puertas de los judíos, estigmatizándolos, condenándolos, etiquetándolos.

Tampoco puedo evitar acordarme de esa obra maestra de Peter Weir: Master and Commander. Nadie como Weir para sobrecogerte con cosas muy chungas, y una de las (muchas) que me impactaron en Master and Commander fue cómo trataban el tema del gafe.

Hay una parte de nosotros (la más cobarde, la más desesperada) que prefiere acogerse a las supersticiones con tal de no reconocer que ha llegado la hora de asumir la responsabilidad de nuestros propios actos o, peor aún: Asumir que ciertas cosas no tienen una explicación sencilla.

Yo no niego la posibilidad de que existan los gafes, pero sí me niego a conceder demasiado poder a ese concepto, si tenemos en cuenta que somos una especie en la que ya desde niños juramos y perjuramos que no hemos podido entregar nuestros deberes porque “se los ha comido el perro”.

A veces me asusta la posibilidad de que en la industria audiovisual tengamos nuestra propia versión del perro que se come los deberes. ”Fulanito es gafe”. ”Este proyecto está gafado”.

Todavía recuerdo aquella ocasión en que, intentando sacar adelante mi primera (y única hasta la fecha) película como director, dije a Raúl López Serrano, mi director de arte: “Este proyecto está gafado”. Él me respondió: “Todos los proyectos sin presupuesto están gafados”. Y es cierto. Gran parte de eso que llamamos “suerte” es en realidad una combinación de malas decisiones y circunstancias desfavorables. Como en aquel sketch de Faemino y Cansado en el que decían que habían perdido un partido porque tuvieron la mala suerte de irse de cañas en vez de entrenar.

Pues bien: ahora este post va a dar un giro bastante brusco porque ha sucedido algo imprevisto entre este párrafo y el anterior:

Me han robado el móvil.

Estaba escribiendo el texto en el teléfono, como borrador de mail, mientras volvía a casa en el metro. Interrumpí la escritura para bajarme en mi parada y un tipo llegó a la conclusión de que el teléfono iba a estar mejor en su bolsillo que en el mío.

Os juro que no se trata de una invención para hacer el post más efectista. Me robaron el móvil mientras escribía un post sobre la mala suerte, así que he decidido incorporar el suceso al propio post.

Ese robo fue la culminación de un día especialmente ingrato. Era ese lunes que ahora se ha puesto de moda llamar “blue monday“. Según algunos, el día más triste y más proclive a la mala suerte de todo el año. Yo no lo creo, pero en este caso concreto, el blue monday sí estaba haciendo honor a su nombre.

¡Y eso que me había encontrado dos monedas de 20 céntimos del 2000!

Oh, vaya, creo que eso necesita una explicación adicional: Resulta que las monedas españolas de 20 céntimos del año 2000 son especialmente valiosas, porque hay poquísimas. Por alguna extraña razón, yo tengo imán para ellas. Encuentro más ejemplares de los que cabría esperar según la estadística. Ni siquiera me las quedo. Suelo regalárselas a un par de personas queridas que las valoran más que yo. A mí lo que me hace feliz no es el objeto en sí, sino la “suerte” de que llegue a mis manos. Hay algo de talismán ahí. Es una estúpida superstición personal que tengo:

“Si me encuentro una 20-2000, todo va a ir bien.”

El día que me robaron el móvil me había encontrado dos. Dos en un día. No sabéis lo improbable que es eso. ¡Todo iba a ir bien!

Entonces van y me roban el móvil mientras escribo este post sobre la mala suerte. ¿Qué conclusiones saco de ello? Muchas, y de muchos tipos, pero me quedo sobre todo con ésta: Perder el móvil me ha obligado a usar durante algunos días un móvil antiguo, estropeado. Un móvil que sirve para conectarse a internet pero no para hacer llamadas. Lo de no poder hacer llamadas es casi terapéutico. Creo que todos deberíamos “no poder recibir llamadas” tres o cuatro días al año. Es como ir a una clínica de desintoxicación.

Pero lo más importante de este móvil roto es que está lleno de retazos de mi pasado. Elementos que tenía olvidados. Fotografías antiguas, anotaciones de ideas para posibles guiones y novelas, recomendaciones de libros y pelis. De pronto, la obligación de regresar a ese teléfono antiguo me ha servido para recuperar una parte de mí, resetearme a mí mismo, reengancharme a ciertas piezas que se me habían caído por el camino.

Lo que intento decir con todo esto es que ese tipo, al robar mi móvil, ha terminado de definir mi opinión sobre el tema de este post, sobre la mala suerte en el mundo del audiovisual, y en el mundo en general. El concepto del “gafe” es sólo el más extremo de los casos. Rara vez llega la sangre al río hasta ese punto, pero sí es relativamente frecuente que cada departamento vaya descargando “las culpas” de todo lo que sale mal hacia otros departamentos. Luego, dentro de esos departamentos, cada persona va desviando el marrón hacia el peldaño inmediatamente inferior.

Así pues, la reflexión que quiero hacer hoy podría resumirse en: No tiremos balones fuera. Asumamos nuestra parte de responsabilidad, para bien y para mal. No busquemos cabezas de turco, ni aceptemos sin rechistar que otros intenten convertirnos en cabeza de turco a nosotros. Si te dejas avasallar dos o tres veces, te caban colgando el sambenito.

Reconozco que es un tema que me preocupa un poco, porque conozco a gente cercana cuya imagen y cuya profesionalidad han sido mancilladas injustamente por ese tipo de mezquindades. Es algo que sucede también en otras profesiones, pero lo peliagudo de la nuestra es que resulta muy difícil juzgar si un producto audiovisual es bueno o malo, si habría merecido funcionar o no. Hablamos de arte e industria. Un terreno en el que dos más dos no siempre es igual a cuatro, pero donde unos señores con corbata nos dicen que las cuentas tienen que cuadrar.

También me viene a la cabeza el caso de un actor muy conocido que durante bastante tiempo tuvo fama de gafar los proyectos. Hoy día ese actor está en la cresta de la ola. Las cosas le han salido bien, y no os imagináis cuánto me alegro.

Me encanta que se puedan romper las maldiciones.

Mantengamos las supersticiones a raya. En un mismo día pueden caber los científicos diciendo que se avecina la mala suerte, los buenos presagios en forma de moneda, los hurtos de teléfonos móviles, los reencuentros con uno mismo…

Terminaré sacando a colación un capítulo de Los Simpson en el que construían un observatorio astronómico en Springfield. Gracias a ello descubrían que un meteorito venía hacia la Tierra para chocar contra ella. Cuando al final del capítulo se salvaban del asteroide, gritaban: “Destruyamos el observatorio para que no vuelva a ocurrir.”

Creo que a veces, en este mundillo nuestro, somos muy de destruir el observatorio.

 


UN GUIÓN EN B

26 enero, 2016

Por David Ilundain. 

Adaptar una declaración judicial. Esta idea no es mía, es de Jordi Casanovas. Él hizo la versión para las tablas que yo vi en el Teatro del Barrio. Yo he hecho una re-adaptación. Oficialmente es una adaptación de la obra teatral “Ruz-Bárcenas” pero más bien fue volver de alguna manera a la casilla de salida, aunque conociendo ya un camino para salir de aquel laberinto.

Manolo Solo (Ruz) y Pedro Casablanc (Bárcenas) aún están flipando de cuando leyeron el guión pensando de que era “más o menos lo del teatro”. Tenían 40 páginas de texto sobre las que nunca habían trabajado (en un guión de 90 páginas). La parte buena era que ya habían trabajado sobre sus personajes durante un año en el teatro. La mala, que tenían un mes para trabajar sobre esas 40 páginas nuevas de texto, con 6 actores más. Bueno, especialmente, quien tenía que trabajar el nuevo texto era Casablanc, porque era el que se sometía a los interrogatorios que no hacía Ruz, sino el fiscal y los abogados que interrogaron a Bárcenas aquel 15 de julio del 2013.

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David Ilundain en un instante de la entrevista con Bloguionistas el pasado mes de abril. Foto: Natxo López.

¿Cambió mucho el guión en los ensayos o en el montaje? No podía cambiar. Digamos que fue recortado, pero no podía cambiar. Nos habíamos atado a una prueba de rigor muy ardua. La declaración de Bárcenas había que respetarla en su literalidad. Así que, conforme fuimos ensayando fuimos quitando alguna frase reiterativa o que, creíamos, confundía al espectador. Pero el diálogo sigue siendo literal. Bárcenas habla por boca de Casablanc.

Fue un episodio curioso ir a registrar el guión (exigencia industrial) en el registro de propiedad intelectual. Cuando le conté a la funcionaria qué era aquello, como buen trabajador con superiores, se inhibió. Así que, tras unos días de deliberación de sus jefes, el guión quedó registrado como tal, pero con la advertencia de que los diálogos quedaban como un “derecho de cita” como cuando se registra una tesis doctoral y se citan otros autores. Por tanto, los diálogos de esta película, son de libre uso en otras obras futuras (faltaría más). Si tenéis lo que hay que tener, adelante.

Rodamos en 6 días. Iban a ser 8 pero fueron 6, por una triste historia que no contaré aquí. Apenas hubo cambios en rodaje. No había margen a improvisar sino para salir de allí con vida y llevar a montaje un material suficiente ¡en tan solo 6 días! Así que el rodaje fue intenso, con prisas… en fin, como todos los rodajes.

Los últimos cambios llegaron en el montaje. 6 semanas de encierro monástico con Marta Velasco, ratón en mano, buscando como máxima ineludible el RITMO. El guión de 90 páginas, se iba a quedar en 78 minutos.

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Dos actores, una sala y poco más. Cuando esas son tus cartas, conviene pensar en ellas como un buen tema de hip-hop: las estrofas han de ser rápidas y contundentes y cuando no has dado tiempo a pensar sobre la retahíla de datos, llega el estribillo, las miradas, una breve melodía y vuelta otra vez a rimar a toda velocidad. Así que algunas líneas cayeron, víctimas de la pelea de gallos, en pro de que los versos de Luis Bárcenas taladraran las cabezas hasta hacerlas sangrar (bueno, aquí me he venido arriba).

Muchas veces en el tiempo que he dedicado a esta película me han “alabado” la valentía. La verdad es que, con el tiempo, acepto el piropo. Usar una declaración judicial y construir con ella una película fue una osadía de la que no se podía salir con una tibieza: o funcionaba, o era un fracaso estrepitoso. Pero repito que yo no me sentía tan osado, tenía un mapa aproximado (la función teatral) y unos actores fuertes como pilares de un puente romano.

Os recordamos que podéis descargar el guión de ‘B’ en nuestra sección DESCARGAR GUIONES junto a otros nominados al Goya este año como ‘Negociador’ o ‘El desconocido’.


LOS INVISIBLES (II): IRENE VARELA

21 enero, 2016

Por Jorge Naranjo.

Fotos de Natxo López.

En la última edición de los Premio Iris, los guionistas de “El Intermedio” subieron al escenario para recoger, por tercera vez consecutiva, el Premio al Mejor Guión, arrebatándoselo a dos claras favoritas como eran las series “Isabel” o “El Príncipe”. Más allá del debate sobre la conveniencia de diferenciar en este tipo de ceremonias entre Mejor Guión de Serie y Mejor Guión de Programas, como tanto se ha comentado, la noticia ponía de relieve que el programa que dirige Miguel Sánchez-Romero “Maikol” y presenta El Gran Wyoming (que también obtuvieron el Premio al Mejor Presentador de Programas y Mejor Programa de Entretenimiento), vive, en su décima temporada, una de sus etapas más dulces. Y confirmaba que la figura del guionista de programas (o guionista a secas, igual conviene ya quitarle el apellido) adquiría la categoría que merece.

Una de las personas que subió a recoger ese premio fue Irene Varela (Madrid, 1983), y con motivo del último Encuentro de Guionistas que se celebró en Barcelona (donde daría una charla con Joan Grau) me acerqué a preguntarle cosas y si quería participar en esta sección. Debió ser por el té, porque estaba resfriada y eso la nublaría, o porque es así de maja, pero me dijo que sí. Así que hablamos sobre muchas cosas. Y también sobre ser mujer en un entorno (el humor) dominado por hombres, aunque justo “El Intermedio” tenga muy repartidos sus sexos. Pero eso lo dejamos para el final. Lo primero es el chiste.

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La guionista Irene Varela. Foto: Natxo López.

Estudió Filosofía y Letras y lleva, prácticamente desde que acabó el Máster en Creatividad y Guión de Televisión de URJC / Globomedia (más conocido en el oficio como “el máster de Globo”) trabajando de guionista en “El Intermedio”. A pesar de eso, no tiene claro si siempre supo que lo que más le gustaba (y con lo que acabaría ganándose la vida) era escribir. “Había escrito muy poco antes del Máster, pero tenía claro que me gustaban mucho los programas. Recuerdo que veía “Noche Hache” y era una de las pocas cosas que me interesaban de la tele. Cuando era pequeña, veía “Caiga Quien Caiga”… A raíz de “Perdidos” quizás empecé a ver más series, pero antes no… Antes solo veía programas”.

Por eso, cuando se le puso delante la oportunidad de elegir entre trabajar en una serie de ficción o en un informativo satírico que nadie pensó que acabaría siendo lo que es ahora, eligió lo segundo. “Cuando estaba en el Máster, nadie quería hacer prácticas en “El Intermedio”. Todo el mundo quería irse a “Águila Roja” o “El Internado”. Si uno quería ir a programas prefería el “Saturday Night Live”, pero “El Intermedio”, en aquella época, era el último mono”. Aun así, no hubo dudas: “Me ofrecieron quedarme en una ficción, pero siempre vi claro que lo que quería era esto. Es más. Recuerdo que mi chico me animaba a meterme en alguna serie porque decía que se ganaba más dinero, se vivía mejor, se ingresaba por derechos de autor, pero yo le decía que esto me gustaba más. Y ahora, siempre que lo hablamos, me recuerda que menos mal que no le hice caso. Sobre todo, porque esto me hace mucho más feliz y de mi Máster las que seguimos trabajando somos las dos que estamos en “El Intermedio”. Todas las demás producciones se han ido cayendo… Ojo, tampoco sé si es bueno. Igual está bien cambiar y tener un currículum más variado, pero yo estoy contenta”.

En ese camino, ha pasado por todos los niveles (“becaria sin cobrar, becaria cobrando, guionista junior, guionista senior…”) y, prácticamente, por todas las parcelas del guión del programa. “No tenemos secciones. Eso sí, hay gente a la que le suele caer más unos temas. Por ejemplo, hay un par de compañeros que suelen encargarse de asuntos más reflexivos o, digamos, de línea editorial, y otra pareja que se ocupa más del humor por el humor. Pero vamos, yo me siento cómoda porque al final todos hacemos de todo”. Un momento, ¿parejas?

Pues sí. En “El Intermedio” se escribe a dúo. Y evidentemente, funciona. Pero antes de teclear, hay que hablar, y así empieza el día. “La subdirectora trae el vaciado de prensa, de ahí elegimos las noticias que vamos a tratar, hacemos brainstorming y pensamos cómo vamos a enfocarlas. Vemos si se nos ocurre alguna derivada, un tratamiento especial… Y entonces, el director reparte el material. Trabajamos en parejas, así que a cada una se nos adjudica un tema y un tiempo. Por ejemplo: “Os toca análisis de medios sobre Cataluña y tienes 12 minutos”. Con esa información, y al terminar la reunión, cada pareja se junta y empieza a plantear el tema con ayuda de un redactor: “Tenemos un ordenador por persona, pero para currar juntos nos ponemos juntos en uno. Al principio se puede pensar que con alguien al lado es muy difícil el proceso creativo, eso de tener que ponerte de acuerdo en cada palabra… Pero la verdad es que paso más horas con mi pareja de guión que con mi pareja sentimental, así que nos resulta muy fácil escribir juntos y ponernos de acuerdo en los chistes, en todo”.

Y, probablemente, gracias a esa suma de talentos, la calidad se multiplica. “En “El Intermedio”, trabajar así es algo básico y buenísimo, siempre y cuando te entiendas bien con tu pareja, claro. Son dos puntos de vista, más opciones de chistes, se rebotan las ideas. No eres tú solo pivotando opciones en tu cerebro. Es decir, igual a ti no se te ocurre el chiste, pero al otro le puede sugerir un gag eso que tú le has dicho. Y, para las tesis, creo que viene muy bien discutir los temas entre dos porque suele salir algo mucho más rico que si lo encaras solo”.

Sobre todo, cuando el tema es especialmente difícil de tratar o uno no se siente familiarizado. O, simplemente, no apetece. “Hay asuntos que dan más pereza, que son más complicados en el tratamiento o con los que es más difícil acertar y quizás los tienes que reescribir muchas veces. Por ejemplo, Cataluña es un tema complicado para hacer desde Madrid y, encima, con una ideología de izquierdas. Es una pelea constante y siempre ofendes a todo el mundo”. A esto se suma el elemento clave de todo programa diario: la prisa. “Cuando metieron a Rato en la cárcel, le detuvieron a las seis de la tarde y nosotros teníamos un programa hecho completamente distinto. Y claro, no puedes salir esa noche sin llevar lo de Rato. Tuvimos que montar un especial, una reunión de urgencia, repartirlo todo y hacer un programa entero en dos horas, en vez de en nueve. Es divertido, es un chute de adrenalina y es estimulante, pero a la vez hay que hacerlo bien. Y hemos tenido varios momentos así. Cuando Esperanza Aguirre se dio a la fuga, cuando ETA dejó las armas… Hay situaciones en las que en muy poco tiempo hemos tenido que reaccionar y escribir un programa nuevo”.

Ahora bien. Si no hay sustos, el pulso de la redacción se mantiene estable. Y el ritmo también. “Por la mañana se orienta el tema, pero se escribe poco. Es después de comer cuando empieza el trabajo serio. Almorzamos temprano, así que a las 14:30 nos ponemos a trabajar para tener una primera versión lista a las 17:30. Suele ser una versión sin terminar, con pocos remates, pero vamos entregando lo que tenemos y Maikol lo corrige. Generalmente se caen partes, algún chiste, pero puede pasar que se caiga la pieza entera y tengamos que empezar de cero. Eso sí. Lo bueno es que el que acaba ayuda a los demás y, al final, todos los temas se acaban cerrando. Pero hay veces que son las 21:15 (el programa se emite a las 21:30) y todavía estamos bajando chistes a plató”.

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Foto: Natxo López.

Durante su charla en el IV Encuentro de Guionistas, Varela explicó que en “El Intermedio”, actualmente, trabajan 13 guionistas y 11 redactores. Eso nos lleva a una pregunta tan clásica como tramposa: ¿Es cierto que hay pocas mujeres guionistas en el humor? Irene lo tiene claro: “Hay pocas chicas en programas, pero también en ficción. Y siguen pasando cosas que llaman la atención. Por ejemplo, para venir aquí ha pesado mucho que sea mujer. Nos dijeron que les hacía mucha ilusión que viniera una chica aprovechando que sabían que en nuestro equipo había muchas mujeres, y esto es así porque es un tema que Maikol siempre ha sabido cuidar. Nosotras somos cuatro chicas en el equipo de guión, lo que es bastante para la proporción habitual”. Ahora bien. No está tan clara la idea de una visión femenina de la realidad: “Es complicado. Maikol siempre ha dicho que quería tener mujeres porque considera que pensamos de forma diferente. Yo creo que siempre enriquece la paridad, pero no tengo tan claro que seamos muy distintos. Por ejemplo, yo tengo un humor parecido al de mi compañero de trabajo, con el que llevo trabajando a diario cinco años. Y tampoco somos iguales unas de otras. Se podría pensar que por ser mujeres podíamos terminar haciendo un magazín en “El Intermedio”, pero nos tocan los mismos temas y hacemos planteamientos totalmente distintos entre nosotras”.

Y claro. Después de que el nombre de Maikol, alma máter de “El Intermedio”, saliera varias veces en la conversación, no quedaba más remedio que hablar sobre esa relación entre creador y guionistas. “Igual que “Buenafuente” es un programa de Andreu, “El Intermedio” es un programa de Maikol. Wyoming es el cómico que lo hace posible y, además, es un humorista excepcional, pero es el programa de Maikol. Todo pasa por él y es él el responsable de todo lo que es “El Intermedio”. Y además, conoce sus armas. Y sus armas a él: “Estamos muy acostumbrados. Sabemos que luego nos va a ajustar cada palabra, intuimos qué cosas le van a gustar más y cuáles no. Y nos conoce mucho. Somos como su equipo de fútbol y él tiene que hacer una alineación cada día para cada programa. Sabe cómo escribimos mejor que nadie, nos conoce perfectamente, nuestras virtudes y debilidades, y procura sacar el mayor provecho al equipo”.

Pero la entrevista iba sobre ser invisible, aunque siempre se me olvide. Y casi al terminar, entramos en materia. “ALMA está haciendo muy bien su trabajo de visibilizar la figura del guionista en general y la del guionista de programas. Es verdad que igual hemos empezado más tarde a reivindicarla y darle visibilidad, pero lo están haciendo genial”. También admite que el guionista de programas siempre ha estado, de alguna manera, maltratado. “Totalmente. Por un lado, cobramos menos de base. Y sobre los derechos de autor, hasta hace poco no cobrábamos nada, y ahora recibimos lo correspondiente a unos cinco minutos de programa, a pesar de que lo escribimos todo. Se asume que nos nutrimos de noticias y que esa parte no tiene derechos, pero el guión es fruto de un proceso creativo enorme. Sin embargo, solo consideran las partes que son más tipo sketch, y creo que es un poco injusto. Por lo demás, no me importa que El Gran Wyoming se lleve todo el mérito y sea la persona conocida. Yo me he pasado sin dormir una semana porque ayer tenía que hablar delante de cien personas, así que no tengo ningún interés en que nadie sepa quién soy. Ahora, creo que está bien que la gente sepa que detrás de Wyoming hay un equipo y agradecemos un montón que nos den un premio al mejor trabajo de guión. Se agradece que haya cierto reconocimiento a nuestro trabajo, pero tampoco necesitamos un masaje de ego, ni salir en pantalla, ni que nadie nos conozca”. Y hablando de reconocimientos, ¿se repetirá otro Iris al Mejor Guión? “Este año se lo llevará “El Ministerio del Tiempo. Se lo merecen. A mí me ha encantado”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


ESCRIBES PARA GENTE QUE NO QUIERE LEER

20 enero, 2016

jameson

Juanjo Ramírez Mascaró.

Hace poco asesiné a una persona. Necesitaba esconder el cadáver en algún sitio en el que nadie lo encontrase, así que lo puse en la acotación de un guión.

Tenemos que asumirlo: Hay muchos PROFESIONALES que no van a leerse las acotaciones de tu guión. Es más: Habrá productores y miembros del equipo técnico que pondrán a parir lo que has escrito porque no han leído bien tus acotaciones y se han perdido matices importantes.

¿Y los actores? No voy a decir que la mayoría de los actores se fijen sólo en los diálogos, ignorando las acotaciones, pero todos sabemos que sucede más a menudo de lo que desearíamos.

Estaría bien reprocharles esa conducta con la cabeza bien alta, pero no podemos… porque nosotros, los guionistas, tampoco prestamos demasiada atención a las acotaciones.

Que tire la primera piedra el guionista que, en más de una ocasión, condicionado por la presión y por las prisas, se ha leído el guión de un compañero “en diagonal”, que es un eufemismo para decir: “Me salto tres de cada cuatro acotaciones porque ME DAS PEREZA.”

¡Si es que ni siquiera nos leemos bien nuestras propias acotaciones!  Cuando revisamos el guión pulimos el diálogo hasta la saciedad, pero lo otro ni lo miramos. A veces, más que texto, parece alcantarilla: ecosistema favorito de la errata.

Supongo que en el fondo pensamos: “Lo importante es el diálogo. Es la única parte de nuestro trabajo que, con suerte, va a llegar al público reproducida tal y como la hemos escrito.”

¡Mal!

Si piensas así, ponte a escribir teatro. Y escribirás un teatro muy coñazo.

Se supone que nuestro curro consiste en manejar el lenguaje audiovisual. Hacemos cine, televisión… esas cosas. Cuando estudiaba para esto, los profes me decían que lo que se veía era más importante que lo que se decía, que los personajes se definían por sus acciones…

El profesor que más insistía en ello era un tal Hitchcock.

Luego te licencias, empiezas a trabajar aquí y allá y te piden que escribas cosas que más que cine o tele son radio, pero sin la magia de la radio. Cosas que cualquiera pueda escuchar sin prestar demasiada atención a la pantalla, mientras friega los platos.

No sé por qué te esfuerzas tanto en mantener esos pectorales, Mario Casas. Nadie te está mirando.

Otra cosa que descubres cuando aterrizas en el mercado laboral es que a gran parte de los productores no les gusta leer. No les culpo. A nadie le gusta leer. Matizo: Nos puede gustar leer lo último de Stephen King, o lo primero de García Márquez. Pero no nos apetece perder nuestro valiosísimo tiempo leyendo abortos potenciales de “don nadies” como nosotros.

Hoy día cualquier cosa que no quepa en un tweet nos parece demasiado larga.

De niños sólo nos interesaban los libros que tenían muchos dibujitos. Despreciábamos el texto. Hoy día nos interesan los guiones que tienen muchos diálogos. Ignoramos las acotaciones.

Creo que somos nosotros, los guionistas, quienes tenemos que romper el círculo vicioso. ¡Cuidemos más nuestras acotaciones, para que no dé tanta pereza leerlas! ¡Hagamos ese esfuerzo!

Esmerémonos para que sean más fáciles de leer.

Revisémoslas con la misma atención que dedicamos a los diálogos.

Currémonoslo para que las frases no sean farragosas, para que sean directas, concretas, fluidas. Como puñetazos.

Mimemos la gramática, la sintaxis. Que el lector no tenga que consumir su energía desentrañando nuestra escritura. Que sea la frase la que salte para meterse en su cerebro, perforándole el cráneo.

Y usemos un poquito más la tecla INTRO, por favor. Espaciemos la información, dejemos huecos para que se cuele un poco de aire fresco entre un renglón y otro.

Un concepto por párrafo.

No abigarremos los folios con tochos interminables. A veces apelotonamos toda la información en unos pocos párrafos, provocando esa incómoda sensación de cuando estás en un restaurante en el que hay demasiadas mesas y están demasiado juntas. Creo que lo hacemos porque tenemos miedo a pasarnos de páginas. En el colegio hacíamos los trabajos con letras más grandes y muchos espacios para ocupar más páginas. Cuando creces y te dedicas al guión, acabas haciendo lo contrario: Recurres a todas las triquiñuelas habidas y por haber para ocupar menos espacio. En ocasiones eso implica incluso amputarle elementos a una acotación para que ocupe un solo renglón, aunque lo que dices en ella no se entienda del todo.

Al final todo se reduce a eso: A espacio y a tiempo. Al tiempo que se supone que ocupa el espacio de un folio… o al poco tiempo del que dispones para reaccionar cuando te piden las cosas “para ayer”… o al poquísimo tiempo que va a destinar tu destinatario a leer lo que le ofreces.

Nos ponen la cosa muy difícil para hacer bien nuestro puto trabajo, pero eso no debería ser excusa para no hacer bien nuestro puto trabajo.


NO MINTÁIS, SÉ QUE NO HABÉIS VISTO ‘SIN IDENTIDAD’

19 enero, 2016

Por Manuel Ríos San Martín. 

Escribo estas líneas justo la noche en la que se emite el último capítulo de Sin identidad* en el prime time de la televisión italiana, #senzaidentita2. Incluso paro de vez en cuando para tuitear con los seguidores que tenemos en ese país, que son muchos.

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Estamos en enero y es tiempo de hacer balance. Acabamos de ver publicadas muchas listas de las comedias, los dramas y los personajes del año en la televisión. En alguna de esas clasificaciones, así como en tertulias sobre guion, mesas redondas y blogs de diferentes críticos se protesta habitualmente por determinadas carencias que sigue habiendo en la ficción nacional.

Sin identidad no ha sido la serie del año en audiencia ni en premios. No fue mal, incluso acabó bastante bien, cerca de un 18%, pero sufrió durante una parte de la temporada enfrentada a La Voz, Águila Roja y al programa de Chicote. Se emitía en un día realmente complicado. Ya sé que es imposible verlo todo y más si el programa no está tan de moda como El Ministerio del Tiempo, Vis a Vis, Mar de plástico o Los nuestros… Y se nota que muchos de esos críticos, analistas o escritores no la han visto. Ya digo, es normal.

Porque si la hubiesen visto no harían algunas de las siguientes afirmaciones.

En las series españolas no se refleja la realidad, ni se habla de la política actual. Se dice que nuestras ficciones crean un mundo propio inexistente en la realidad. Y no digo que no sea cierto en ocasiones. En Sin identidad había una trama a lo largo de casi toda la temporada sobre corrupción política. Uno de nuestros protagonistas (Tito Valverde) era Secretario de Estado de Sanidad y estaban a punto de nombrarlo Ministro. La temporada empezaba con una trama sobre vacunas, inspirada en lo que sucedió en este país en el 2009 donde se llegaron a comprar 37 millones de dosis que nunca se usaron. Una vergüenza que nos costó mucho dinero. Y así se reflejaba en la serie.

En un segundo momento se contaba el lanzamiento comercial de lo que se ha llamado “la viagra femenina”. Hubo quien me comentó que “qué casualidad”, ya que pocos meses después de la emisión se lanzó de verdad al mercado. No era casualidad, era documentación. Sabíamos lo que iba a suceder y nos adelantamos. Para desarrollar esta trama nos basamos en una sentencia judicial de Estados Unidos. Por lo que leímos, se acusó a una farmacéutica de organizar un congreso internacional para generar el problema de la falta de lívido femenina como si fuese una enfermedad y crear la necesidad de curarla. En un segundo momento se sacó al mercado un medicamento para “arreglar” dicha dolencia, que realmente no era tal, ni la pastilla tenía los efectos mágicos que prometía, y sí efectos secundarios. Nos pareció un tema suficientemente atractivo como para usarlo y hablar de una relación poco clara entre el Ministerio de Sanidad y unos laboratorios.

También tocamos el tema de la trata de mujeres y sus consecuencias psicológicas en las personas que la han sufrido. Llegamos a plantear un capítulo especial que era una denuncia explícita contra el tema. No llegó a ser aprobado el guion y no se grabó, pero ahí queda, al menos, nuestra intención de profundizar en esta cuestión.

En las series españolas no hay personajes femeninos fuertes. Hay un test para comprobar si las mujeres son meros objetos en las películas. El test de Bechdel en el que se piden tres requisitos muy básicos para considerar que una película no es sexista: que haya al menos dos mujeres, que ambas compartan una conversación y que esta no sea sobre un hombre. Claramente en Sin identidad los personajes femeninos son fuertes y son los que mueven a la acción al resto. Y hablan de todo. También de hombres, por supuesto, y de relaciones. Pero hablan de venganza, de entramados empresariales, de herencias, de montar negocios, de amor entre hermanas, de hijos, de traición, de asesinatos, de sus propias madres, de dinero, de todo.

En la serie estaban representadas mujeres muy distintas, las fuertes, las frágiles, las educadas en lo tradicional como Luisa Vergel, las ambiciosas como Amparo, las implacables y determinadas como María, las libres y espontáneas como Belén, las naturales y divertidas como Eva. Pero además de representar a distintos tipos de mujeres, los personajes de todas ellas estaban construidos con muchos matices, las amábamos y las odiábamos, nos fascinaban y nos conmovían, las temíamos y las cuestionábamos, todo a la vez.

2

En las series españolas no hay relaciones sentimentales adultas. Se acusa a las series españolas de crear unos estereotipos de personajes masculinos y femeninos que funcionan pero que no son reales. Que casi todas las relaciones sentimentales son típicas de comedia romántica, de buenos y malos. Se pueden ambientar en distintos espacios, pero son amores imposibles por unos factores externos que complican la relación hasta el extremo. En Sin identidad no es así. Los factores que hacen que las relaciones no funcionen son internos de los personajes. No vienen de fuera. El sufrimiento de Megan Montaner** (María Fuentes) por su pasado en una organización de trata de personas y su deseo de venganza la impulsan a poner en peligro su vida y su relación con Eloy Azorín (Pablo) arriesgándose a seducir a Daniel Grao (Juan), aunque eso le destroce su vida. Presentamos a una protagonista engañando a su amor romántico de una manera un tanto sórdida y continuada en el tiempo. Buscando, con esa manera de actuar, vengarse de otro personaje. Y tratado con profundidad. Nuestros seguidores nos acosaron en Twitter, no están acostumbrados a que una protagonista femenina “se equivoque” tanto. La bajada a los infiernos que hace Megan durante la temporada tampoco creo que se haya visto en otra serie española generalista desde Policías en el corazón de la calle. Hay una secuencia de Megan teniendo relaciones sexuales en un baño de un bar con un tipo lleno de tatuajes que es difícil que se repita en la tv en abierto.

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Todavía más realista y más dura era la relación de Miguel Ángel Muñoz y Verónica Sánchez, un gran redescubrimiento como actriz en esta serie. Interpretaba a un personaje complejo, lleno de aristas; ni buena ni mala, una superviviente, un personaje con matices cómicos y trágicos a la vez, que era capaz de traicionar lo que más quería. Y de sufrir por ello. Creo que entre la actriz y los guionistas conseguimos un personaje realmente humano al que llevamos hasta el extremo, sin miedo a contar situaciones muy duras.

Uno de los grandes debates internos de la serie fue si escribir o no la secuencia en la que Verónica se tiene que humillar frente a Tito Valverde, llegando a postrarse de rodillas para tener sexo oral con él ante la mirada de su marido. Al final nos decidimos por escribirla y, tanto la productora como la cadena, a las que se suele tachar de conservadoras, nos permitieron rodarla. Merece la pena verla. Aquí os dejo el link.

Las series españolas no tienen éxito fuera. Las dos temporadas de Sin identidad se han emitido dobladas en el prime time italiano siendo el 2º programa más visto en su noche de emisión. Ayer, en su cierre, tuvimos 3.300.000 espectadores y nos mantuvimos en el top 5 de los trending topic italianos hasta la mañana del día siguiente. Megan se ha convertido en un auténtico fenómeno. Mucho más que aquí. También por El Secreto del Puente Viejo. Incluso ha protagonizado una serie italiana: Task Force 45.

Las series españolas alargan las ideas hasta el infinito. Sin Identidad fue concebida como una serie de dos temporadas y nunca se planteó cambiar eso. Independientemente de la audiencia. Tanto la productora, Diagonaltv, como Antena 3 también lo tuvieron claro. Eso nos permitió que los protagonistas fuesen más reales y pudiesen evolucionar, tener un arco de personaje completo. También nos permitimos matar a alguno de ellos no como reclamo para la audiencia, algo últimamente bastante habitual, sino para remover la historia y para trasmitirle al espectador que la lucha entre los personajes y la venganza iban en serio.

Una serie que se ha rodado sin la presencia de un plató y casi sin localizaciones fijas, mostrando como nunca se había visto antes una ciudad como Madrid. Con mucho riesgo estético, apostando por una iluminación oscura y contrastada cuando era necesario para la historia.

Y, además, todos los actores vocalizan.

Yo creo que la ficción en este país va evolucionando y cada vez hay más series españolas que contradicen las acusaciones de algunos críticos. Con la ilusión y el esfuerzo de todos, poco a poco, ya estamos haciendo una ficción de la que nos podemos sentir orgullosos, aunque, en ocasiones, no nos dé tiempo a ver todo lo que hacen nuestros compañeros de profesión.

Un abrazo a todos.

* Sin identidad fue creada por Sergi Belbel. El equipo que dirigí yo, como director argumental, se hizo cargo de la serie a partir del capítulo 6º de la 1ª temporada hasta el final; episodio 23. (También estaban Mónica Martín-Grande, Victoria Dal Vera, Ramón Tarrés y Tatiana Rodríguez).

** Utilizo los nombres de los actores y actrices y no el de sus personajes para que sean más identificables.


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