HAY UN GAFE EN EL BARCO

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Lo peor que te puede pasar en este mundillo nuestro es que te etiqueten como gafe.

Me refiero, sobre todo, al mundillo audiovisual. En otras disciplinas artísticas es distinto. Si pintas cuadros o escribes poemas puedes adquirir una fama de maldito que incluso te beneficie. En el audiovisual, sin embargo, la cosa es distinta. Porque el cine y la tele son INDUSTRIAS, y eso implica un montón de dinero en juego. Nadie se siente lo suficientemente valiente para arriesgarse a conservar un gafe entre sus filas cuando hay posibilidad de perder pasta en grandes cantidades.

“Nos jugamos demasiado dinero, así que más nos vale ser racionales.” Ése debería ser el discurso predominante, ¿verdad? No obstante, a la hora de la verdad prevalece el discurso contrario: “Hay demasiado dinero en juego, así que déjate de argumentos racionales. No voy a arriesgarme a contratar a un tío que, según los rumores, gafa los proyectos.”

No puedo evitar acordarme del holocausto, de los nazis… Aquellos tipos marcando las puertas de los judíos, estigmatizándolos, condenándolos, etiquetándolos.

Tampoco puedo evitar acordarme de esa obra maestra de Peter Weir: Master and Commander. Nadie como Weir para sobrecogerte con cosas muy chungas, y una de las (muchas) que me impactaron en Master and Commander fue cómo trataban el tema del gafe.

Hay una parte de nosotros (la más cobarde, la más desesperada) que prefiere acogerse a las supersticiones con tal de no reconocer que ha llegado la hora de asumir la responsabilidad de nuestros propios actos o, peor aún: Asumir que ciertas cosas no tienen una explicación sencilla.

Yo no niego la posibilidad de que existan los gafes, pero sí me niego a conceder demasiado poder a ese concepto, si tenemos en cuenta que somos una especie en la que ya desde niños juramos y perjuramos que no hemos podido entregar nuestros deberes porque “se los ha comido el perro”.

A veces me asusta la posibilidad de que en la industria audiovisual tengamos nuestra propia versión del perro que se come los deberes. ”Fulanito es gafe”. ”Este proyecto está gafado”.

Todavía recuerdo aquella ocasión en que, intentando sacar adelante mi primera (y única hasta la fecha) película como director, dije a Raúl López Serrano, mi director de arte: “Este proyecto está gafado”. Él me respondió: “Todos los proyectos sin presupuesto están gafados”. Y es cierto. Gran parte de eso que llamamos “suerte” es en realidad una combinación de malas decisiones y circunstancias desfavorables. Como en aquel sketch de Faemino y Cansado en el que decían que habían perdido un partido porque tuvieron la mala suerte de irse de cañas en vez de entrenar.

Pues bien: ahora este post va a dar un giro bastante brusco porque ha sucedido algo imprevisto entre este párrafo y el anterior:

Me han robado el móvil.

Estaba escribiendo el texto en el teléfono, como borrador de mail, mientras volvía a casa en el metro. Interrumpí la escritura para bajarme en mi parada y un tipo llegó a la conclusión de que el teléfono iba a estar mejor en su bolsillo que en el mío.

Os juro que no se trata de una invención para hacer el post más efectista. Me robaron el móvil mientras escribía un post sobre la mala suerte, así que he decidido incorporar el suceso al propio post.

Ese robo fue la culminación de un día especialmente ingrato. Era ese lunes que ahora se ha puesto de moda llamar “blue monday“. Según algunos, el día más triste y más proclive a la mala suerte de todo el año. Yo no lo creo, pero en este caso concreto, el blue monday sí estaba haciendo honor a su nombre.

¡Y eso que me había encontrado dos monedas de 20 céntimos del 2000!

Oh, vaya, creo que eso necesita una explicación adicional: Resulta que las monedas españolas de 20 céntimos del año 2000 son especialmente valiosas, porque hay poquísimas. Por alguna extraña razón, yo tengo imán para ellas. Encuentro más ejemplares de los que cabría esperar según la estadística. Ni siquiera me las quedo. Suelo regalárselas a un par de personas queridas que las valoran más que yo. A mí lo que me hace feliz no es el objeto en sí, sino la “suerte” de que llegue a mis manos. Hay algo de talismán ahí. Es una estúpida superstición personal que tengo:

“Si me encuentro una 20-2000, todo va a ir bien.”

El día que me robaron el móvil me había encontrado dos. Dos en un día. No sabéis lo improbable que es eso. ¡Todo iba a ir bien!

Entonces van y me roban el móvil mientras escribo este post sobre la mala suerte. ¿Qué conclusiones saco de ello? Muchas, y de muchos tipos, pero me quedo sobre todo con ésta: Perder el móvil me ha obligado a usar durante algunos días un móvil antiguo, estropeado. Un móvil que sirve para conectarse a internet pero no para hacer llamadas. Lo de no poder hacer llamadas es casi terapéutico. Creo que todos deberíamos “no poder recibir llamadas” tres o cuatro días al año. Es como ir a una clínica de desintoxicación.

Pero lo más importante de este móvil roto es que está lleno de retazos de mi pasado. Elementos que tenía olvidados. Fotografías antiguas, anotaciones de ideas para posibles guiones y novelas, recomendaciones de libros y pelis. De pronto, la obligación de regresar a ese teléfono antiguo me ha servido para recuperar una parte de mí, resetearme a mí mismo, reengancharme a ciertas piezas que se me habían caído por el camino.

Lo que intento decir con todo esto es que ese tipo, al robar mi móvil, ha terminado de definir mi opinión sobre el tema de este post, sobre la mala suerte en el mundo del audiovisual, y en el mundo en general. El concepto del “gafe” es sólo el más extremo de los casos. Rara vez llega la sangre al río hasta ese punto, pero sí es relativamente frecuente que cada departamento vaya descargando “las culpas” de todo lo que sale mal hacia otros departamentos. Luego, dentro de esos departamentos, cada persona va desviando el marrón hacia el peldaño inmediatamente inferior.

Así pues, la reflexión que quiero hacer hoy podría resumirse en: No tiremos balones fuera. Asumamos nuestra parte de responsabilidad, para bien y para mal. No busquemos cabezas de turco, ni aceptemos sin rechistar que otros intenten convertirnos en cabeza de turco a nosotros. Si te dejas avasallar dos o tres veces, te caban colgando el sambenito.

Reconozco que es un tema que me preocupa un poco, porque conozco a gente cercana cuya imagen y cuya profesionalidad han sido mancilladas injustamente por ese tipo de mezquindades. Es algo que sucede también en otras profesiones, pero lo peliagudo de la nuestra es que resulta muy difícil juzgar si un producto audiovisual es bueno o malo, si habría merecido funcionar o no. Hablamos de arte e industria. Un terreno en el que dos más dos no siempre es igual a cuatro, pero donde unos señores con corbata nos dicen que las cuentas tienen que cuadrar.

También me viene a la cabeza el caso de un actor muy conocido que durante bastante tiempo tuvo fama de gafar los proyectos. Hoy día ese actor está en la cresta de la ola. Las cosas le han salido bien, y no os imagináis cuánto me alegro.

Me encanta que se puedan romper las maldiciones.

Mantengamos las supersticiones a raya. En un mismo día pueden caber los científicos diciendo que se avecina la mala suerte, los buenos presagios en forma de moneda, los hurtos de teléfonos móviles, los reencuentros con uno mismo…

Terminaré sacando a colación un capítulo de Los Simpson en el que construían un observatorio astronómico en Springfield. Gracias a ello descubrían que un meteorito venía hacia la Tierra para chocar contra ella. Cuando al final del capítulo se salvaban del asteroide, gritaban: “Destruyamos el observatorio para que no vuelva a ocurrir.”

Creo que a veces, en este mundillo nuestro, somos muy de destruir el observatorio.

 

Una respuesta a HAY UN GAFE EN EL BARCO

  1. No es que mi inglés de “juat do yu du” no sea suficiente como para entender qué significa ese “blue monday” o “lunes triste”, pero por qué me voy a aferrar a ese noctámbulo anglicismo cuando la riqueza de nuestro idioma me permite calificarlo directamente como “LUNES DE M…”. Oh, míster Juan, sé bien de lo que hablas… Por cierto, del móvil qué ¿ninguna noticia? ¿Nada de llamaditas de rescate? Lo siento, tío…

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