ENTREVISTA A DAVID BRAVO

29 febrero, 2016

(Este post es continuación de El abogado de las mafias).

El sábado, tras conocer las declaraciones de Manuel Martín Cuenca sobre David Bravo, escribí a éste último por Twitter. No para pedirle que entrase al trapo -que también- sino para conocer en detalle su postura sobre la Ley Sinde y el derecho de los autores a una remuneración económica por su trabajo y por la explotación de sus obras.

Me contestó de inmediato (gracias).

David Bravo.

Manuel Martín Cuenca le define como un “servidor de las mafias de la piratería”. Como abogado experto en propiedad intelectual, ¿tiene usted una preferencia por defender a ciudadanos acusados de piratería? Si es así, ¿podría explicar el motivo?

Siempre he defendido que aquello que las multinacionales consideraban piratería, no lo era, y he defendido a la gente acusada de esas actividades que nunca he considerado delito. Hasta ahora todos han salido absueltos y los jueces nos han dado la razón, así que mi preferencia es más bien la de defender a gente acusada de delitos que no eran tal.

-¿Es usted empleado del departamento jurídico de alguna empresa relacionada con la difusión de contenidos en internet?

No.

-Usted ha manifestado muchas veces su rechazo a la Ley Sinde, que algunos autores consideran un elemento indispensable para proteger sus derechos de propiedad intelectual. ¿Diría usted que la Ley Sinde es efectiva en la protección de la propiedad intelectual? Es decir, independientemente de su valoración de la Ley como experto legal, ¿cree que la Ley Sinde realmente está ayudando a los autores a proteger la explotación de sus productos?

Parece evidente que la Ley Sinde no vale para absolutamente nada de lo que supuestamente pretende. Si lo que se quería era frenar los intercambios de bienes intelectuales en internet, se trata del enésimo intento fallido. Supongo que en algún momento habrá que buscar adaptarse al nuevo modelo que propone internet en lugar de intentar coger con las manos un puñado de unos y ceros.

No obstante me parece que no hay que valorar solo si consigue o no sus fines, sino valorar el medio, es decir, la propia ley. A no ser que consideremos que los primeros justifican al segundo. La Ley Sinde nace en un contexto en el que los jueces estaban dando la razón a las llamadas “páginas de enlaces”. Tras encadenar varios fracasos judiciales, desde el gobierno de EEUU se lanza un informe crítico con España que dice textualmente que la industria de ese país se siente “frustrada por los procesos judiciales” en España. Al poco tiempo de ese informe, se anuncia el desarrollo de la Ley Sinde, que aparta a esos jueces tan frustrantes para que ahora sea una Comisión del Ministerio de Cultura quien decida si existe o no infracción de propiedad intelectual. Tal y como dijo una abogada de la industria en esas fechas, la Ley Sinde nace porque “los jueces están aplicando mal el Código Penal”. Con las mismas normas del juego pero ahora con distinto árbitro, las multinacionales empiezan a ganar en vía administrativa ante el Ministerio de Cultura lo que perdían en vía judicial. Cualquier persona con una mínima cultura democrática y un mínimo respeto por la separación de poderes estaría en contra de un atajo tan burdo como este, incluidas las que están -con todo derecho- en contra de la existencia de este tipo de webs.

-El Sr. Cuenca dice irónicamente “no hemos entendido que nos tenemos que dejar robar y que no debemos aspirar a vivir de nuestro trabajo”. Parece que el sr. Cuenca piensa que está usted en contra de que los autores cobren una remuneración por la explotación de sus obras. ¿Es así? ¿Considera usted que los autores deberían renunciar al contenido económico de los derechos de autor? ¿Comparte usted la afirmación popular de que “los autores ya cobran un sueldo por su trabajo, no deberían cobrar además por la difusión de sus obras”?

Nunca he sostenido nada ni ligeramente parecido a eso. Lo que hace el Sr. Cuenca es utilizar la falacia del hombre de paja, es decir, se inventa un argumento débil del contrario (“lo que queremos es que trabajen gratis”) para poder combatirlo con facilidad. Esto es lo que yo escribí en el año 2005, es decir, hace ya más de una década:

“Hay quien piensa que los autores deberían crear solo por amor al arte sin necesidad de remuneración. Pero, si eso fuera así, la mayoría de las personas solo podrían dedicarse a la creación en el tiempo libre que les deja el trabajo, cuando algo les deja.

Es cierto que el dinero no es la motivación principal de los autores, pero eso no cambia el hecho de que sí lo sea para que el carnicero te venda su carne o para que el casero te mantenga el arriendo. También es verdad, como dicen muchos en Internet, que Cervantes era pobre y que eso no impidió que escribiera El Quijote. Pero, por un lado, muchos cervantes no fueron tan valientes como Cervantes y los perdimos por el camino y, por el otro, nadie en su sano juicio desea esa vida para los creadores solo porque el manco de Lepanto fuera capaz de resistirla.”

También escribí por esas fechas:

“Tampoco vale eso que dicen algunos de que los creadores deberían trabajar solo por amor al arte. De eso nada. Esa es sin duda la motivación principal, pero esa motivación solo la satisfacen los que pueden regalar su tiempo al desarrollo de su vocación y por desgracia de ese tiempo solo disponen los ricos. Ya se que algunos que no lo son compatibilizan el trabajo que les da de comer con sus aspiraciones artísticas pero no es un tiempo suficiente como para que esa aspiración deje de ser su hobby para convertirse en su profesión.”

Por tanto, jamás he sostenido tal cosa. Más bien la contraria. Lo único que sostengo es que en el mundo actual, donde las obras intelectuales se pueden convertir en un conjunto de unos y ceros resulta imposible -literalmente imposible- impedir su acceso por parte de terceros en internet, y solo cabe hallar nuevos modelos y nuevas vías de remuneración para los creadores. La remuneración de los creadores no creo que sea un interés particular y privado de estos, sino que lo considero un interés social: el interés de los ciudadanos por que los autores puedan sostenerse con su trabajo y sigan creando obras a las que poder acceder.

-¿Considera usted que la disponibilidad online no autorizada de libros, películas y música puede originar un lucro cesante al titular de los derechos de explotación de dichas obras?

No considero que cada obra descargada sea una venta menos pero sí considero que hay obras que se dejan de vender porque pueden ser descargadas. También considero que cuando se inventó el gramófono -y con él la industria discográfica- los teatros se vieron afectados porque dejaron de ser el único sitio donde podía escucharse música. De nada sirvió entonces y de nada servirá ahora intentar romper la máquina. Solo cabe la misma solución que en aquella época: aceptarlo y adaptarse al nuevo contexto.

-¿Considera usted legítimo que los titulares de los derechos de explotación de obras que se difunden de forma no autorizada usen los mecanismos legales a su alcance para retirar de internet sus obras?

Completamente legítimo. También creo que es inútil.

Tras más de una década intentando parar esta realidad, parece claro que hemos llegado al momento de abandonar esa pelea. La búsqueda de vías alternativas de remuneración para los creadores (como las propuestas por ejemplo por el profesor William Fisher o Richard Stallman, ambos citados y apoyados por Lawrence Lessig en Free Culture, o la Licencia General propuesta en Francia) y el apoyo y fomento de nuevos modelos de negocio, se revela como la única salida posible en este choque de trenes en el que llevamos encallados durante años. El que haya seguido este conflicto legal y político, sabe que no son los nombres de Sinde ni Wert los que han conseguido reducir el número de descargas, sino que lo son los de Netflix y Spotify.

Fin de la entrevista. Y de este tema, por mi parte. La experiencia me dice que, si discutes sobre esto durante más de diez minutos, alguien te va a acusar de estar a sueldo de algún partido, de cobrar sueldos obscenos gracias al dinero público, o de ser incapaz de ver más allá de tus narices.

Pero no me resisto a enlazar el post que escribí en su día, cuando el Consejo de Ministros de Zapatero decidió no aprobar el reglamento de la Ley Sinde. Se titulaba Cuatro tuiteros, cuatro ganapanes y un par de gilipollas. Quizá no sea un gran post, pero qué título más bueno para una canción de Siniestro Total. Por ejemplo.

Feliz semana.

Sergio Barrejón.


EL ABOGADO DE LAS MAFIAS

29 febrero, 2016

Manuel Martín Cuenca, guionista y director de La flaqueza del bolchevique y Caníbal, entre otras, se ha referido recientemente en estos términos al abogado y diputado por Almería David Bravo:

David Bravo es el “lacayo” (abogado) de las mafias de la piratería que se ha incrustado en Podemos para servir desde allí a sus amos. Sinceramente, no entiendo cómo Podemos se deja llevar por este populista barato que lo que oculta es a un servidor de las mafias de la piratería.

Claro, la culpa es nuestra, que no hemos entendido que nos tenemos que dejar robar y que no debemos aspirar a vivir de nuestro trabajo… Es mucho más “guay” hacer películas sin pagar a la gente, explotando a los amigos, en low cost…

(Noticia publicada en La Opinión de Almería)

Es reconfortante ver cómo algunos colegas tienen el valor de coger el toro por los cuernos y decirle las verdades a la cara a los enemigos de nuestra profesión. Porque ya está bien de perpetuar ciertos mitos absurdos, como el de que los autores escriben por amor al arte, y por tanto no deben aspirar a una remuneración por sus obras.

Hay quien piensa que los autores deberían crear sólo por amor al arte sin necesidad de remuneración. Pero, si eso fuera así, la mayoría de las personas solo podrían dedicarse a la creación en el tiempo libre que les deja el trabajo, cuando algo les deja.

También es verdad, como dicen muchos en Internet, que Cervantes era pobre y que eso no impidió que escribiera el Quijote. Pero, por un lado, muchos cervantes no fueron tan valientes como Cervantes y los perdimos por el camino y, por el otro, nadie en su sano juicio desea esa vida para los creadores sólo porque el manco de Lepanto fuera capaz de resistirla.

El hecho de que Van Gogh fuera pobre y a pesar de todo hiciera obras inmortales no es una explicación que abarque la generalidad de las situaciones posibles. Ese argumento hace regla de las excepciones.

¿Verdad? Estupendo. Pues los tres párrafos anteriores no son míos.

Los he copiado de un libro de David Bravo.

Publicado en 2005.

Oops.

A ver si Manuel Martín Cuenca y David Bravo no van a estar tan lejos en sus posiciones.

A ver si no estaremos simplificando demasiado este debate. Las declaraciones de Martín Cuenca (hechas en su Facebook, al fin y al cabo, lo cual no las hace más elegantes, pero quizá sí revela que no buscaban mayor repercusión) respondían a una crítica de David Bravo contra la Ley Sinde. Pero ¿de verdad podemos identificar las críticas a la ley Sinde con el rechazo a que los autores vivan de su trabajo?

David Bravo jamás ha afirmado nada parecido a que los autores “nos tengamos que dejar robar y que no debamos aspirar a vivir de nuestro trabajo”.

Es cierto que ha defendido a mucha gente en juicios por piratería. Pero llamarle por eso lacayo de los piratas sería equivalente a llamar lacayo de los terroristas al abogado que defiende a César Strawberry. A Guillermo Zapata. A los titiriteros del Alka-ETA.

Sería tan tendencioso como decir que Manuel Martín Cuenca vive de las subvenciones por haber dirigido películas con el apoyo del ICAA.

Si odiamos ese estilo manipulador cuando lo usan para atacarnos, no lo usemos nosotros para atacar a nadie.

Menos puñetazos en la barra del bar y más reflexión. Si queremos llegar a algún sitio en este debate, discutamos con serenidad y sensatez. A ser posible, sin ataques ad hominem. No era tan difícil preguntarle a David Bravo por qué ataca la Ley Sinde. Por qué defiende a los presuntos piratas. Y a ver qué dice.

No era tan difícil. De verdad. Yo lo he hecho. Y dentro de un rato publicaré otro post con sus respuestas.

Mientras tanto, mitiguemos los efectos de esta irritante polémica leyendo otro texto de Manuel Martín Cuenca mucho más acertado: el guión de CANÍBAL. Gratis y en PDF. Cortesía de 70teclas.

Para que nadie diga que los autores están en contra del acceso libre a la cultura.

Sergio Barrejón.

 

 

 

 

 


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