EL CHISPAZO

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por Ángela Armero 

Una de las cosas que me reconcilian con el mundo es presenciar el chispazo, la vibración que genera el talento de verdad. Hay muchas disciplinas artísticas en las que el talento es creado y consumido en el mismo instante, y la magia o la admiración se hacen tan evidentes en el momento, que funcionan como un tremenda descarga de adrenalina y placer para el artista que lo desprende al mismo tiempo que para el espectador que lo recibe.

Este fin de semana acudí a un evento en el que vi a varias bailarinas deslumbrar a un público cautivo de su talento, de su habilidad, de su gracia si queremos aludir a términos un poco más subjetivos… En definitiva, disfrutamos de ciertos espectáculos por la emoción que nos causan (deportes) y a otros, aparte de por los sentimientos que nos provocan, por una continúa búsqueda de la belleza.

Los guionistas, igual que los pintores o los arquitectos, no podemos disfrutar del mismo modo de ese instante doble compartido con el público. Si hay belleza en nuestro trabajo, puede enfrentarse a numerosos enemigos, o verse favorecido por el talento y el esfuerzo de otros, como directores, directores de fotografía, músicos y por supuesto intérpretes. Cuando en una película llega, si es que llega, ese momento precioso de emoción y poesía, o de sorpresa y belleza, puede que el trabajo de los escritores esté en la base, o quizá, que no haya contribuido más que como excusa. Puede que se presente tal y como lo concebimos o que se haya transmitido distorsionado por el gusto (y el talento) de los otros. Así de misteriosa y esquiva es la naturaleza de las películas. Por supuesto, una buena actriz o un buen actor sí pueden, sobre las tablas o en la pantalla, proporcionar en el momento esa sensación de talento abrumador que suspende los males del mundo y llena el tiempo de propósito y sentido.

Nosotros, los escritores de guiones, difícilmente podremos ser aplaudidos de forma individual por un público rendido y entregado en la oscuridad de una sala de teatro o de un cine, pero sí hay algo que podemos hacer. Tener en mente ese ideal, trabajar pensando en favorecer la belleza, en crear el milagro, ese chispazo que conecta el cine, ocasionalmente, con el arte con mayúsculas.

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