ENTREVISTA A CARLOS MONTERO, GUIONISTA Y PREMIO PRIMAVERA 2016

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Pablo Bartolomé. 

Hace poco más de un mes se anunció el ganador del Premio Primavera 2016. Y fue para Carlos Montero, guionista con una trayectoria en televisión de más de una década y un largometraje estrenado, ‘Combustión’. Carlos se alzó con el galardón gracias a  ‘El desorden que dejas’, su segunda novela tras ‘Los tatuajes no se borran con láser’. Ganar un premio como el Primavera ya es motivo suficiente para entrevistar a un guionista en este blog, pero es que, además, resulta que este mes se empieza a rodar ‘No culpes al karma lo que te pasa por gilipollas’, la segunda película de Carlos como guionista, dirigida por María Ripoll.

Antes de quedar con él, Carlos tuvo la generosidad de dejarnos leer la novela, que se acaba de publicar. ‘El desorden que dejas’ es un thriller psicológico altamente adictivo que se merece todo lo bueno que le pase. Así que quedamos con su autor, que nos abrió su casa para la entrevista y, encima, nos invitó a café.

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El guionista y escritor Carlos Montero.

Ganar el Primavera es cosa seria…

Sí. Estoy muy contento porque es de estos premios con los que sueñas, realmente. Me he leído bastantes premios Primavera, de hecho, me acuerdo perfectamente del primero. Fue ‘La hija del caníbal’, de Rosa Montero, una escritora que me gusta mucho. Ahora cumple 20 años el premio, y por aquel entonces yo había salido de la facultad hacía poco y estaba empezando a trabajar de guionista, por eso me acuerdo de cuando la leí. Desde entonces he seguido el premio.

¿Escribiste ‘El desorden que dejas’ para mandarla al concurso?

No. Tenía la idea, escribí un poco y me gustó. Y me di cuenta de que por fechas estaba justo, así que pensé: “si me apuro…”. Fue más como ponerme un deadline y si llego, genial y si no, pues nada. Y llegué.

¿Cómo se trabaja una novela para mandarla a un concurso si no tienes una editorial detrás? Sobre todo en cuanto a versiones, reescrituras…

Tengo como dos grupos de amigos que me ayudan siempre a terminar mis trabajos. Tres amigos son muy críticos y tres son siempre más benévolos. Me fío mucho de los críticos, así que a uno se la pasé terminada y a los otros dos por entregas. Me van guiando bastante, la verdad. Para mí son como una especie de editores. De hecho, me fío más de ellos que luego cuando entregas la novela. Aunque no en este caso, sino en el de mi primera novela. Ahí tuve dos editoras tan encantadoras y tan majas que todo les parecía bien. Es todo lo contrario que en la tele, por ejemplo. En la tele siempre hay mil versiones. En novela a lo mejor te dicen: “hay que retocar una cosita”. Y al final es sólo una frase que sobra.

¿Qué otras diferencias has notado entre la escritura de ambas novelas, a parte del proceso? ¿Qué has aprendido de una y de otra?

La primera sale fruto de algo que quería contar sí o sí. Venía de ‘Física o Química’, había dejado la serie a mitad de la cuarta temporada y tenía muy claro lo que quería contar en esa novela: la influencia de los medios en el público, y principalmente en los adolescentes. Algo que me salía de las tripas, como muy de verdad. Mientras que ‘El desorden que dejas’ está escrita desde el otro lado, desde alguien que ya tiene un poquito más de experiencia, que ya no es su primera novela y que, además, está en un género claro, que es el thriller. La primera no tenía un género determinado, y apoyarte en un género tiene muchas cosas muy buenas, porque te sientes menos sólo, hay como una vía. La puedes seguir o no, pero al menos sabes que existe.

La novela, especialmente en su arranque, es muy adictiva. En cierto modo me ha recordado, para bien, a una serie de televisión, cuando se deja un capítulo arriba y quieres ver ya el siguiente. Vamos, que se nota la mano de un guionista…

Yo creo que también, que es un poco inevitable. Yo ya pienso en tramas todo el rato, es que no lo puedo evitar. Aunque después soy muy caótico a la hora de escribir; nunca hago una escaleta muy cerrada, sí anoto puntos y tal, pero son tantos años escribiendo guiones que al final se nota.

¿Cómo son esas escaletas por puntos?

Son escaletas que van variando muchísimo y muy, muy esquemáticas. Yo quiero tener claros los personajes y el tema. Con eso y un bosquejo de trama voy tirando. Por ejemplo, en esta novela, a mitad de la escritura no sabía qué iba a pasar al final. Es algo que me inquieta, pero también me estimula. Lo paso mal hasta el final, porque a lo mejor llego al 80% y pienso que lo que estoy haciendo es una mierda que no hay quien la sostenga. Pero creo que ese vértigo me hace escribir mejor, porque llego a sitios que no esperaba. Yo me crezco cuando estoy en lo concreto, en el diálogo y en la acción, y en una escaleta siempre estás en lo genérico. Hay gente que detalla muchísimo la escaleta, pero yo cuando hago eso luego estoy aburrido de la historia. Me pasa tanto en un guión como en una novela. Digo: “¿para qué escribir más, si tengo esto ya tan cerrado?”. De hecho, siempre he tenido problemas cuando algún productor me pide escaletas muy contadas. A veces tengo que volver sobre mis pasos, sobre todo cuando tienes que encajar todas las piezas. A lo mejor, si estoy escribiendo el capítulo cinco, lo que hago es ir pensando los capítulos siguientes. Es un ir y volver constante.

Aquí, un timbrazo interrumpió la entrevista. Era un paquete para Carlos. Casualmente, sus ejemplares de ‘El desorden que dejas’ recién salidos de la editorial. Paramos para dejarle disfrutar del momento, pero quiso compartirlo con nosotros. Nos los enseñó y nos llamó la atención que estaban muy fríos. Resulta que es algo común. “Siempre pasa y no sé por qué”, nos contó. El diseño de la portada es una preciosidad, como podéis observar.

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¿Cuánto tiempo te llevó escribir la novela, entonces?

Yo soy muy rápido, porque me canso enseguida de las cosas. Diría que… unos cuatro meses. No llegó a cuatro meses, realmente. Tras la primera versión hago como dos versiones más, tres en total. Es diferente que en un guión porque ahí tienes que contarlo todo en cien páginas, ir quitando y quitando hasta llegar al corazón de la historia. En una novela no, te permite la libertad de desbarrar un poco, irte, volver… No necesitas tanta versión para pulir. O al menos yo tengo esa sensación. Cuesta muchísimo reescribir una novela, cuesta acordarte dónde estaba exactamente un momento de la historia, y eso que yo intento hacer capítulos cortitos. Hay gente que trabaja con programas determinados pero yo lo hago siempre en Word, y en guiones, Final Draft. He intentado escribir en otros formatos pero es que tienes que hacerte un cursillo para entenderlo.

La novela está ambientada en el mundo de la docencia y lo adolescente, como ‘Física o Química’. ¿Tienes alguna fijación particular con esos temas?

Es un mundo que me gusta mucho, tanto el lado de los profesores como el de los alumnos. Sí es cierto que en la novela hablo bastante de la adolescencia pero no era mi intención. Aquí son verdugos y víctimas, es un poco más esquemático, no estoy haciendo un dibujo detallado del adolescente ni mucho menos. Y nunca he sido docente, para contar la parte de la docencia creo que simplemente basta con ponerse en la piel del personaje. Siempre lees sobre el tema, te documentas un poco, y yo, además, ya venía bastante documentado de ‘Física o Química’.

Hace poco escuché a decir, creo que fue a Borja Cobeaga, que el escritor Santiago Lorenzo (también director de cine) dice que escribir una novela se parece más a dirigir una película que a escribir un guión. Tú que también has dirigido algún corto, ¿estás de acuerdo?

No lo había pensado, pero sí es cierto que en el proceso estás tú y el lector, ya no hay nadie más. Pero sí siento que es el lector el que termina de dirigir la novela, realmente. Porque la novela tiene algo maravilloso que es que tú escribes “la mujer más guapa del mundo” y el lector ya le pone la cara que quiera. Es él el que acaba de dirigir esa “película”, el que rellena las elipsis. Pero sí, creo que es un trabajo que haces a medias, entre escritor y director.

He leído que eres muy de rutinas. ¿Cuáles son tus hábitos de trabajo?

Soy de trabajar siempre por la mañana. Me levanto pronto, me ducho, bajo al perro, desayuno un poco, quince minutos, media hora como mucho en Internet y me pongo a trabajar. Si aprovecho bien la mañana ya no trabajo más. Por la tarde siempre estás dándole vueltas a las cosas pero sentado, trabajando, solo por las mañanas. Y procuro hacerlo todos los días.

Tú eres gallego y la novela está situada en Galicia. ¿Es eso jugar en casa?

Me gusta mucho la novela negra escandinava, y creo que el paraje tiene que ver. Es una idea que me gustaba mucho, pero no sé si se nota. Como Galicia la conozco bastante y me apetecía esa cosa húmeda y verde… Además, creo que en el ambiente ya está un poco el género.

Cambiando un poco de tercio, creo que ya tienes acabada tu próxima película como guionista, ¿no? Has adaptado ‘No culpes al karma lo que te pasa por gilipollas’, de Laura Norton, junto a Breixo Corral…

Sí. La novela era muy clarita y hemos trabajado muy a gusto. Creo que, por ahora, es el mejor guión que he escrito en mi vida. He trabajado con Breixo, al que ya conocía de ‘Vive cantando’ y hemos conectado genial. Bueno, creo que es imposible no conectar con Breixo, porque es maravilloso y tiene talentazo. En ese sentido ha sido algo parecido a Jaime Vaca, con quien escribí ‘Combustión’. Lo conocía de ‘Física o Química’, también nos llevábamos genial y conectábamos mucho. Esta vez produce la 1, queríamos que fuese Antena 3 en un principio pero no llegamos a un acuerdo con ellos; querían otro guión distinto al que queríamos nosotros así que nos fuimos a otro lado. Así que fuimos a la Televisión Española y en el comité del año pasado, que fue en el que se aprobó, fue el que más nota tuvo. Fue un subidón. Se empieza a rodar a finales de abril, ahora mismo está en preproducción. Digamos que es una comedia romántica muy realista, donde los personajes lo pasan muy mal. Los protagonistas transitan por verdaderas desgracias aunque tú te estés riendo.

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Cambias de género respecto a ‘Combustión’. Ahora, comedia romántica. ¿Te has visto menos apurado que escribiendo de coches?

Sí, mucho menos. Pero ya no sólo porque fueran coches, sino porque en esa película nosotros queríamos ir para un lado, el productor quería ir hacia otro… Pero bueno, con una novela es mucho más fácil.

¿Dirías que la experiencia de la segunda película ha sido más satisfactoria que la de la primera?

Mucho más satisfactoria. Siempre es satisfactoria desde el momento en el que estás contento con el guión. Porque, además, tienes la capacidad moral de peleártelo. Por ejemplo, con María Ripoll nos hemos llevado muy bien, pero ella quería que estuviese muy basado en la novela, quería básicamente la novela, pero nosotros le dijimos “esto es una peli, para la novela ya está escrita la novela”, porque la película te obliga a ir por sitios donde la novela va por otros, eso es así. Breixo y yo la convencimos. Mientras que en ‘Combustión’, el director nos decía “¿por qué no vamos por aquí?” y nosotros: “pues vamos a ver…”, pero porque tampoco estábamos contentos ni satisfechos con lo que teníamos. Hay directores que les llega un guión y lo hacen tal cual y otros que lo quieren hacer tan suyo que necesitan reescribirlo, literalmente, y eso a veces es un problema.

¿Fue ‘Combustión tu primer largo escrito?

Sí, fue el primero, y entre ‘Combustión’ y ‘No culpes al karma…’ he escrito otro que no se ha hecho.

¿Después de ganar el premio Primavera te sientes más novelista que guionista?

No, no me he dejado de sentir guionista en ningún momento. De hecho, para mí lo ideal sería poder compaginar las dos carreras.

Compaginar el Planeta con un Goya…

¡Con un Oscar, qué coño! ¿Sabes lo que pasa? Que con la novela estás muy solo, y a mí me encanta trabajar en equipo, soy muy social. Creo que soy bueno creando en conjunto y cuando estás cuatro meses solo en casa echo de menos la vidilla de una serie. Tanto las cosas buenas como las malas; las buenas, como reunirte con el equipo, y las malas, como reunirte con la cadena, con el equipo técnico… Toda esa inmediatez te da mucha vidilla.

Hablando de televisión, ¿tienes algo en marcha?

No, lo último que hice fue ‘Apaches’, que se tiene que estrenar todavía, y ‘El tiempo entre costuras’. Con ‘Apaches’ creo que está pasando lo mismo que con ‘El tiempo entre costuras’, que estuvo en el cajón casi dos años. Lo que pienso yo, que a lo mejor es otra cosa, es que como son series caras, las quieren mimar tanto que no acaban de encontrar un hueco. ‘Apaches’ es una serie adulta en la que los temas se tratan en serio. La novela está muy bien. Miguel Sáez, el autor, era a la vez el coordinador de la serie. Fue un trabajo facilísimo y nos lo pasamos muy bien, fue un paseo. La escribimos entre tres: Miguel, María López Castaño y yo.

Llevas muchísimos años escribiendo en tele, ¿notas que las cosas estén cambiando en algún sentido?

Sí. Sobre todo están cambiando a nivel de producción; se produce mejor, se arriesga más. A nivel temático también se están dando pasos, pero creo que ahí es donde todavía estamos un poco atrasados. Como siempre vamos para un público generalista todavía hay un poco de miedo ahí. Lo que creen que no va a gustar a un público amplio te lo echan para atrás. Pero sí, se están dando pasos, se están empezando a ver series de género que molan.

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¿Has vuelto a crear alguna serie tras ‘Física o Química’?

Lo he intentado con varios proyectos que no han salido. Creo que siempre voy a destiempo, que propongo cosas que no se acaban de ver y de repente tres o cuatro años después alguien las hace. Mejor, seguramente, claro. Esto va a quedar un poco arrogante y me da un poco de rabia, pero creo que escribir siempre es mirar hacia delante, hacia el futuro, por eso soporto el rebufo de las tendencias. Algunas veces lo he hecho porque te lo piden de encargo, pero a mí me gusta mirar hacia dónde se puede tirar, tanto temática como ideológicamente, hacia cosas que nunca se han hecho, o que creo yo que no se han hecho. Eso, muchas veces se entiende mal. Por ejemplo, yo tenía una historia que me encantaba que se llamaba ‘16’ que trataba de un grupo de adolescentes en el siglo XVI. Hicimos un teaser súper bonito del que estoy muy orgulloso, era una serie bastante sexual… Por resumirlo, aunque no era eso, digamos que era un ‘Física o Química’ en el siglo XVI. La idea era muy clara y muy chula y después he visto que en cadenas de pago americanas ahora se empiezan a hacer ese tipo de cosas. La escribí con Verónica Fernández. Hicimos la biblia, pero no llegamos a escribir capítulo.

Pues es una pena, porque tiene buena pinta…

Sí, es una pena. El productor, que es el mismo de ‘Combustión’ y ‘No culpes al karma…’, sigue empeñado en ella. De hecho después escribimos una peli para levantarla, pero no lo conseguimos. Yo ya me he olvidado. Luego, este año empecé de nuevo con Globomedia a ver si levantábamos algo pero no… En la tele, cuando quieres levantar tú algo pasan meses y meses y llega un momento en el que es un poco agotador. Ahora mismo, no lo necesito. Lo echo de menos porque me gusta, porque soy público y me encanta, pero no echo de menos los procesos habituales.

 

 

 

 

 

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