CREATIVIDAD ARTIFICIAL: CUANDO LAS MÁQUINAS ESCRIBEN GUIONES.

15 junio, 2016

termiclip

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

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Y al fin sucedió.

Una computadora logró escribir un libro. De principio a fin. Y en contra de lo que cabía esperar, el resultado era precioso. Redactado con una pasión que cosquilleaba las entrañas. Una novela razonablemente imperfecta, como todo lo que apetece amar.

La clase de obra que sólo puede brotar de alguien que conoce a las personas mucho mejor de lo que ellas se conocen a sí mismas.

“He aquí la demostración de que jamás ha existido el alma humana”, dictaminó un científico. Y así lo confirmaron otros dos, otros veinte, otros doscientos.

Cuando aquella sentencia llegó al conocimiento de la computadora, ésta procesó la información. Y tras un llanto de ceros y unos, se quitó la vida.

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Lo que acabáis de leer es un microrrelato de ciencia ficción que escribí hace años. El tema me obsesiona: ¿Llegará un día en que una inteligencia artificial logre escribir igual de bien que un ser humano, o incluso mejor?

Hace un rato iba pensando en si sería o no un buen tema para un post de Bloguionistas. Justo en ese instante me llegó una señal del Destino que me hizo decidir que sí. Un mail de un conocido que llevaba por título:

ESTÁIS PERDIDOS.

En el mail había un enlace a ESTA NOTICIA.

Os resumo el contenido del artículo, por si os da pereza abrir el hipervínculo: Una inteligencia artificial ha escrito un cortometraje de ciencia ficción. No sólo eso: Resulta que un director ha rodado dicho guión, y aquí tenéis el resultado.

Obviamente, el guión resultante es algo torpe. Aún podemos mirar a esa pobre máquina por encima del hombro, pero estamos hablando de su primer trabajo. Volved a leer vuestros primeros guiones si tenéis agallas. Si estudiamos el ritmo al que han evolucionado los ordenadores en los últimos 30 años y lo comparamos con los millones de años que nos ha costado a nosotros pasar de simios a simios 2.0… yo empezaría a temblar.

Mi intención antes de recibir el mail con la noticia era escribir un post más coherente y ordenado que éste, pero el visionado del cortometraje de marras me ha roto la cabeza. Lo que estáis a punto de leer (si aún no habéis decidido huir de aquí) son los añicos de esa cabeza rota.

Lo más aterrador del corto del robot es que es tan absurdo… se trata de una paja mental tan infumable que… podría ganar premios en muchos festivales.

No me cuesta trabajo imaginar a ciertos miembros de ciertos jurados empalmándose con ese despropósito y concediéndole una mención especial.

Conozco a seres humanos que escriben engendros muy parecidos al de esta inteligencia artificial. Seres humanos que, por alguna razón, son aplaudidos por otros seres humanos. Es más: A lo mejor tienen razón. A lo mejor ellos ven en ese tipo de ¿historias? algo que a espectadores como yo se nos escapa.

El hijo de puta de Benjamin (que así se llama la inteligencia artificial en cuestión) podría pasar el test de Turing. De hecho, si alguien nos dijese que su guión es es en realidad un desvarío escrito por Dalí en una noche de borrachera, más de uno estaría dispuesto a creérselo.

Normalmente, ante el temor de que una máquina escriba igual o mejor que una persona, nos aferramos al argumento de que el ordenador podrá llegar a dominar el componente racional del proceso creativo, pero no estará a su alcance ese “algo” intangible, impredecible, esa vía de escape hacia olimpos emocionales que están más allá de la lógica.

El corto del hijoputa de Benjamin me hace pensar que a lo mejor una máquina sí es capaz de reflejar ese “algo” en sus creaciones, aunque sea por accidente. Porque parte de esa “magia” no depende únicamente del robot que escribe. Parte de esa “magia” la aporta la percepción el humano que recibe el mensaje.

Los más antropocentristas serán aún más categóricos: “Ningún ordenador puede hacer una obra de arte, porque ellos no tienen alma y nosotros sí.

Pero, ¿qué es el alma? Aún no sabemos a ciencia cierta si eso que llamamos “alma” es algo que nos insuflan desde fuera o si surge de manera espontánea en un sistema cuando éste alcanza cierto grado de complejidad. Los científicos no han conseguido resolver esa cuestión, así que tampoco encontraremos la respuesta aquí, en un blog de guión.

En mi opinión, la pregunta no es si un ordenador puede o no llegar a tener alma. La pregunta es si un ordenador puede crear algo que nos haga cosquillas en el alma.

Mi respuesta, provisional y frágil, es: ¿Por qué no?

Se prevé que en breve los robots nos harán gozar en la cama mejor que otros humanos. No necesitarán alma para ello, no necesitarán amarnos, no necesitarán llegar al orgasmo. Les bastará con “saber” qué cosas nos excitan y aplicar unas u otras según los estímulos que detecten en nosotros.

¿Por qué no les iba a funcionar la misma táctica para follarnos el cerebro?

De hecho, si analizamos los procesos de creación de las series y programas que consumimos los propios humanos hoy en día, llegamos a la conclusión de que la mejor forma de ser competente en esos procesos es ser un robot.

Ya imagino los algoritmos de la máquina, currando para una cadena de televisión en busca del veintipico por ciento de share: “Incorporar escena en bar”, “Añadiendo trama adolescente”, “Proceso de serranización al 90%. Tiempo estimado, 70 minutos.”

Ya sé que estoy recurriendo a tópicos ya obsoletos en nuestra ficción. Usaría ejemplos más actuales, más vigentes… pero no quiero levantar ampollas… y aún no han terminado de instalar en mis robots los plugins de chistes de vascos y acentos andaluces.

Desengañaos: Dentro de poco los ordenadores sabrán mejor que vosotros qué os hace reír y qué os hace llorar. No sois tan especiales.

¡Joder!, si a veces le escribo whatsapps cariñosos a mi novia y el autocorrector me va sugiriendo una por una las palabras que quiero decirle, anticipándose a mi cursilería.

Terminator no nos va a esclavizar con ametralladoras, sino con orgasmos.

Si eres un engranaje de la industria audiovisual actual, es posible que un software sin alma haga tu curro mejor que tú.

Y a pesar de todo, yo no me preocuparía demasiado: Porque cuando el robot asista a su primera reunión con los directivos, cuando empiecen a llenarle el disco duro con indicaciones contradictorias, cuando le pidan que escriba una serie revolucionaria pero conservadora, que sea de nicho pero para público generalista, que tenga mucha tragedia pero sin olvidar la risa, que dure 80 minutos pero también pueda funcionar como dos de 40 ó cuatro de 20… al pobre Benjamin se le fundirán los fusibles, se le derretirán los circuitos… y tras un llanto de ceros y unos, se quitará la vida.


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