ENTREVISTA A CRISTÓBAL GARRIDO Y ADOLFO VALOR

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos de Carlos de Pando. 

Una guardia civil andaluza, un agente de movilidad madrileño, un ertzaina, un mosso d´esquadra y un legionario ecuatoriano forman el nuevo ‘Cuerpo de élite’ creado por Cristóbal Garrido y Adolfo Valor. Esta pareja de guionistas ya nos dio una buena sorpresa en 2012 cuando estrenaron la comedia ‘Promoción Fantasma’, dirigida por Javier Ruiz Caldera. Fantasmas adolescentes, estética ochentera y buenos chistes, ¿qué podía fallar? Nada, por eso les mandaron una nueva misión: una comedia de acción, esta vez, dirigida por el debutante Joaquín Mazón y con estreno el próximo 26 de agosto.

Adolfo y Cristóbal son una de las pocas parejas creativas del guión español en la que ninguno es director. Además, hacen tele, empiezan a hacer sus primeros contactos con Hollywood y, por si fuera poco, son majísimos. ¿Cómo no íbamos a hacerles una (extensa) entrevista?

Recuerdo que cuando hice el Máster de Guión de Salamanca, allá por el año 2012, vinisteis a hablar de ‘Promoción Fantasma’ y nos contasteis que estuvisteis seis años escribiendo el guión. Con ‘Cuerpo de élite’ habéis bajado la marca, no está mal, ¿no?

Adolfo Valor: Y la peli está rodada desde hace un año, ¿eh?

Cristóbal Garrido: Empezamos a escribirla meses antes de estrenarse ‘Promoción Fantasma’. Nos llamaron los productores, nos lanzaron la propuesta y nos pusimos a trabajar. Eso fue en 2012 y se ha rodado en 2015.

A.V: Hay una cosa muy guay cuando empiezas a currar bien con la gente, que es que tú quieres buscar más trabajo pero ellos tampoco quieren que quedes libre, así que nos amarraron. Por eso, como habíamos currado muy a gusto con nuestros productores, antes de que se estrenase ‘Promoción Fantasma’ nos dijeron que un jefe estaba buscando una película de este rollo.

¿Ese rollo es “comedia autonómica”?

C.G: Sí. Había dos pautas: una era humor autonómico, ese conflicto entre autonomías, y la otra era comedia de acción. Esas fueron las dos semillas que plantaron en nuestros cerebros para empezar a currar.

Hablemos de la escritura. Otra de las cosas que recuerdo que dijisteis en vuestra visita al Máster de la UPSA era que estabais teniendo problemas para vender ‘Cuerpo de élite’ en fase de escaleta porque os decían que no era graciosa, cuando todo el mundo sabe que la escaleta o el tratamiento son el mayor enemigo de la comedia que existe. ¿Cómo hacéis para solventar esos problemas con los productores? ¿Metéis chistes para que quede divertida?

C.G: Lo intentamos, pero a veces quedan tan descontextualizados que al final ensucian o no sirven para vender la historia. Porque al final para lo que sirve ese momento del desarrollo es para contar tu historia y presentar a tus personajes. Pese a que nuestros productores saben cómo trabajamos y qué tono tenemos, sí es cierto que ‘Cuerpo de élite’ fue un poco parto y, después de no sé cuántas mil versiones de escaleta hubo un momento en el que nos plantamos y dijimos que nos dejaran hacer una primera versión.

¿Cuánto tiempo pasó desde que empezasteis a desarrollar el guión hasta que os dejaron dialogar?

C.G: Pues a lo mejor hicimos unas ocho versiones de sinopsis. O siete. O un millón.

A.V: En ‘Cuerpo de élite’ fue un poco especial porque ni siquiera era sinopsis. Lo primero que les vendimos fueron los personajes, y fue tal cual los pensamos. De hecho, así fue como nos compraron el proyecto, estaban muy bien definidos desde el principio. Luego nos tuvieron que comprar la misión con la que queríamos hacer la historia. Recuerdo que pensamos un montón súper divertidas; siempre recuerdo en la que había un submarino nuclear americano con un clímax en el que no sé cómo lo terminaban enterrando en el desierto de Almería.

C.G: Unos encargados del puerto perdían el submarino y si los americanos se enteraban se iba a liar la de Dios, así que el cuerpo de élite tenía que encontrarlo y recuperarlo pero resulta que lo habían desguazado y lo habían enterrado en el desierto.

A.V: El primer comentario que nos llegó de uno de nuestros productores fue: “Esto está muy bien pero quitadme helicópteros YA”. Nosotros queríamos que fuese ‘Misión Imposible’ con personajes cachondos.

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¿No tenéis en mente al empezar que contaréis con un presupuesto normal?

A.V: Nosotros ya estamos cogiendo la fama entre nuestros productores y suelen decir “que hagan las primeras sinopsis y que se vuelvan locos y luego ya se van bajando”. Por lo menos tienen la deferencia de dejarnos soñar.

C.G: Luego, la segunda fase compleja fue la de encontrar un malo. Fue muy complicado porque no hay tradición de malos en España. En Estados Unidos siempre tienen un malo que puede ser desde un ruso hasta un redneck de la América profunda. Por eso pasamos por varias fases en las que el malo eran los americanos, luego los portugueses, luego un señor de Teruel por el rollo de “Teruel también existe”…

Será que no tenemos malos en casa…

A.V: Teníamos claro que no podía ser rollo Torrente, porque ya hay cinco o seis pelis y todas las ideas están explotadas. Además, Torrente parodia un género muy concreto que es James Bond, y los malos de Bond ya son muy parodia. Eso nos llevó a tener un malo de verdad.

C.G: Pero es que es eso que dices, ¿para qué irnos fuera a buscar los malos si en casa tenemos un millón?

A.V: Cada vez que teníamos una encrucijada tocha, nos alejábamos de la historia y en cuanto volvíamos y empequeñecíamos la peli y lo dejábamos todo más cercano entraba mucho mejor. Hablo desde encontrar el malo hasta las propias escenas. Encuentras soluciones mucho más guays que las que tenías al principio. Nuestros productores muchas veces nos decían que éramos muy barrocos, cuando lo que realmente querían decir era que éramos muy caros, pero probablemente tenían razón y lo éramos y lo que teníamos que hacer es ir a lo sencillo.

Decís que os dieron dos directrices: comedia autonómica y de acción. Año 2012, cuando todavía no existía ‘Ocho apellidos vascos’ y demás productos del tema…

C.G: En ese momento había una corriente europea que estaba funcionando muy bien que era ‘Bienvenidos al norte’, su secuela y sus remakes.

A.V: También hicieron una que se llamaba ‘Nada que declarar’. Alguien aquí pensó que se debería hacer algo así, con conflictos entre policías.

C.G: Las cadenas y algunas productoras estaban en busca de tener su propio ‘Bienvenidos al norte’ y eso que se empezaron muchos proyectos que quedaron en nada.

¿Qué pasó por vuestra cabeza en el momento en el que estabais en plena preproducción de ‘Cuerpo de élite’ y veis que la cosa autonómica se empieza a poner de moda?

C.G: Vimos estrenarse ‘Ocho apellidos vascos’, ‘Ocho apellidos catalanes’ y dos temporadas de ‘Allí abajo’. Al principio tuvimos un poco de acojone pero luego bastante alivio, porque fuimos a ver ‘Ocho apellidos vascos’ y no tenía nada que ver, y con ‘Allí abajo’, salvo por compartir una actriz, lo mismo. Son cosas distintas.

A.V: A mí me acojonó mucho más cuando se estrenaron ‘Anacleto’, ‘Kingsman’ o ‘Grimsby’, que son comedias de espías, pero luego nosotros hemos ido por otro lado. Aún así, nosotros siempre tenemos la sensación de llegar tarde a los sitios. Con ‘Promoción Fastasma’ nos pasó lo mismo con el tema de la nostalgia ochentera; ‘Espinete no existe’ llevaba un montón de años en cartel, ya se habían hecho todos los chistes de los 80 y pensábamos que nuestra peli iba a quedar un poco rancia. Y con ‘Cuerpo de élite’ lo mismo, pensamos que íbamos a llegar con la moda de los tópicos autonómicos y nos van a odiar, pero como eso es algo que escapa de nuestro control… Nosotros sabemos la película que tenemos, que es una película de acción. Somos muy cinéfilos y nos propusimos pasar por lugares comunes del género que nos encantan. Al final es por eso por lo que haces cine. ¿Cuántas veces vas a tener la oportunidad de hacer una peli de espías en España? No muchas. Así que intentamos pasar por todas las cosas que nos gustaría ver en una peli de espías. Por eso, la paraonia es en el momento en el que estrenan tres así seguidas y piensas que te lo van a fusilar todo.

C.G: También tenemos que empezar a acostumbrarnos a que lo autonómico no es un género en sí, sino que por fin estamos empezando a hacer películas que pasan en España con personajes que son españoles. Los americanos hacen películas con señores que son descaradamente de Nueva York y con otros que son claramente de Minnesota. ‘Sensación de vivir’ es dos gemelos de Minnesota que se van a vivir a Beverly Hills, y eso no es comedia estatal, es comedia de pez fuera del agua. Hay un montón de casos en España de un señor que es de pueblo, vale, ¿pero de qué pueblo? Hablar de eso no es hacer chistes regionales, sino tener un personaje con una realidad y unas tramas y, a partir de ahí, explotarlo. En ‘Cuerpo de élite’ no hay apenas chistes autonómicos.

A.V: La historia no deja de ser la de un grupo de perdedores que tienen que convivir entre ellos.

Habéis contado alguna vez también que, en ‘Promoción Fantasma’ os impusieron desde producción meter un número musical para el que tuvisteis que crear toda una trama. ¿Ha habido imposiciones de este tipo en ‘Cuerpo de élite’?

C.G: No hubo tanta imposición. Había muchos productores y luego estábamos nosotros dos, y hubo un punto en el que no todo el mundo tenía claro cómo tenía que ser esta peli.

A.V: Nosotros, cuando tuvimos ya los cinco personajes, sabíamos exactamente la peli que tenía que ser, la veíamos súper claro, y luego durante los tres o cuatro años que ha durado el desarrollo de la peli había algunos que no entendían si estábamos haciendo una spoof u otra cosa diferente.

C.G: No es que no lo entendieran, lo que pasaba era que no sabían hacia dónde querían tirar la película. Eso ocurrió hasta el momento en el que llegó un director, la canalizó y la llevó para un lado concreto. Pero imponer, no. Más allá de que nos dieran unos cánones de presupuesto, que nos dijeran que nos olvidáramos de submarinos nucleares, no recuerdo ninguna imposición muy gorda.

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¿Cómo eran esas reuniones con tantos productores a la vez?

C.G: Nos reuníamos con todos y tomábamos notas, pero llegaba un momento en el que Adolfo y yo teníamos que hablar, porque la comedia es algo muy subjetivo, a cada uno le puede hacer gracia una cosa. Por eso, al final todo pasaba por nuestro embudo y nos íbamos quedando con lo que considerábamos que era mejor para la historia en ese momento. Pero no dejaban de ser colas de opiniones que, seguramente, han hecho que la peli sea mejor.

A.V: Hay mucha gente que opina pero, al final, nuestro círculo cercano, que son nuestros productores, son gente muy respetuosa con el guión y con nosotros concretamente. Nos fichan porque les gusta nuestro rollo y no he visto a nadie que propusiera chistes concretos ni nada de eso. Creo que eso se da mucho más en la tele que en el cine.

¿Y en qué consistió ese trabajo previo al rodaje con Joaquín Mazón, el director?

C.G: Fue delicia pura. Por cambios que hubo durante el proyecto entró prácticamente tres meses antes de empezar el rodaje.

A.V: Ha hecho un trabajo cojonudo.

C.G: Ha sido el primer director en nuestra carrera que nos ha invitado a una lectura de guión con todos los actores. Parece una locura, ¿no? Guionistas con los actores leyendo un guión. Pues fue muy práctico, porque de esa lectura sacamos cosas interesantes. Por ejemplo, todas las secuencias de Joaquín Reyes y Carlos Areces las reescribimos a raíz de esa lectura porque lo que aportaban era oro. Y, además, el personaje de Joaquín creció un montón. Al principio, no tenía ni nombre.

A.V: Cuando ficharon a Joaquín Mazón nos dijeron: “Ya veréis. A Joaquín le encanta el trabajo con actores, todos se han tranquilizado muchísimo cuando han sabido que era él el director”. Joaquín llegó al rodaje como un chaval lozano y feliz y, a las tres semanas, cuando nos pasamos por el set estaba calvo y con ronchas por toda la cara. Es que es una locura, los cinco actores salen en plano todo el rato y eso tiene que ser muy difícil.

C.G: Cuando leyó el guión nos dijo: “Sé qué tono queréis, sé que tipo de pelis veis y cuáles son vuestros referentes”. Y eso es muy guay. Nos quedamos muy tranquilos.

A.V: Además, es un tío que, pese a no ser algo necesario, te pide tu opinión. “¿Esto cómo lo ves?”, nos decía. La peli se rodó hace un año y seguimos viéndonos con él. Estamos preparando cosas juntos.

C.G: Fíjate si nos pidió opinión: hay un momento de la peli en el que Byron se tira a una ecuatoriana en un ascensor y ésta dice “Esta pinga sabe a hogar”. Joaquín nos preguntó para asegurarse: “¿Dice ‘Esta pinga sabe a hogar’ o ‘Esta pinga sabe AHOGAR’?”.

‘Promoción Fantasma’ era una película muy conceptual: fantasmas y nostalgia ochentera de instituto, y ‘Cuerpo de Élite’, también lo es. ¿Os sentís cómodos trabajando este tipo de historias o preferís hacer otro tipo de comedias?

C.G: Nosotros tenemos un mogollón de ideas, pero sí es cierto que yo llevo deseando hacer una película que no sea coral mucho tiempo, pero todo lo que nos cae es así. Además, todos los personajes tienen que tener su arco.

A.V: En historias así, aquí siempre te exigen que la película pase por una serie de puntos y esquemas que son un coñazo. Si tú ves ’Doce en el patíbulo’ ves que no hay doce tramas; está la de Lee Marvin, la de John Cassavetes y la de Charles Bronson. Los demás patibularios no abren la boca. Nosotros, cuando tenemos un guión y tiene cinco personajes, se quiere que todos sean maravillosos, divertidos y con tramas.

C.G: Por ejemplo, en ‘Tropic Thunder’, el protagonista no tiene arco. Es un actor chiflado que termina siendo un actor chiflado.

A.V: Y lo mismo con el cocainómano que hace Jack Black.

C.G: Más allá de conceptos y géneros, para nosotros lo más importante es que la historia funcione.  Tener claros los conceptos puede servir para hacerla más diferente.

A.V: Tener un concepto ayuda a vender la peli. Pero, por ejemplo, ahora empezamos a coquetear con cosas en el extranjero y a veces decimos: “no queremos vender el concepto de una serie si no la vamos a escribir nosotros”. Pero es que fuera no vas a escribir guiones, van a pillar a un guionista americano. Sin embargo, sí puedes vender conceptos, porque los conceptos son universales. Aunque eso no sirve de nada si luego no tienes un guión bueno.

C.G: Es mucho más fácil vender una película que sea una comedia de acción sobre un cuerpo especial en el que cada uno es de una autonomía que una historia iniciática sobre treintañeros en una casa rural. Y mucho más fácil también a la hora de plantearte la peli: qué humor va a tener, cómo va a ser…

A.V: Nos estamos haciendo un hueco y por eso intentas diferenciarte con algo. Uno de nuestros valores como equipo de guión es que pitcheamos muy buenos conceptos, creo.

C.G: Mal, pero los pitcheamos.

A.V: Sí, pitcheamos mal. Es que luego lees a Adam McKay cuando le piden recomendaciones para pitchear un concepto a un estudio y dice que no sabe, porque no ha pitcheado un concepto en 15 años, que lo que hace es ir a un despacho con Will Ferrell y decir que va a hacer una película con él. Nosotros no tenemos a Will Ferrell, nos tenemos a nosotros y ni siquiera tenemos un nombre, así que cuando nos preguntan qué tenemos, soltamos ideas y en una reunión de media hora pitcheamos cuatro pelis.

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Habéis nombrado vuestros primeros contactos con Hollywood. Hace poco se publicó que firmabais un acuerdo con un agente de allí, ¿cómo os sale eso, en qué consiste?

C.G: Hubo un punto en el que, a raíz del remake de ‘Promoción Fantasma’, nuestros nombres estaban en Variety o en The Hollywood Reporter, era el momento perfecto, si no lo hacíamos ahí no lo íbamos a hacer nunca. Así que movimos fichas para buscar agente y hemos firmado un acuerdo con uno. Lo que está haciendo es movernos a nosotros y consiguiéndonos entrevistas con algunos productores, y nosotros estamos proponiendo cosas, de ahí a que salga algo…

A.V: Todo el mundo tiene un agente en Los Ángeles ahora, es como tener un piso en Dénia.

C.G: Es muy complicado que salgan cosas. Por ejemplo, series es muy difícil, porque tienes que tener un nivel de inglés bilingüe para poder manejarte en una sala. Es más fácil vender un formato o un concepto de serie, que un guionista de allí lo escriba y que nosotros aparezcamos como creadores y punto. En cine sería escribir una película, que la traduzcan y vender allí el guión. Esto es algo que a nosotros nos hace mucha ilusión pero en realidad estamos muy concentrados en que nuestro mercado es éste y que lo de allí es como que te toque la lotería. Nos hará mucha ilusión y seremos los más felices del mundo, pero si no pasa, no pasa absolutamente nada.

Habladme más de esos pitchings vuestros, porque se supone que son el mayor terror del guionista…

C.G: Yo hablo muy mal. Mi cabeza va a mil por hora y me cuesta mogollón organizar un discurso en mi cabeza, pero, yo que sé, derrochamos simpatía.

A.V: Dice que habla mal, pero tiene muchos menos problemas para relacionarse, es mucho más festivo. Yo, si entro a una fiesta, probablemente me quede en una esquina mirando mi vaso de cerveza. Pero poco a poco vas desarrollando músculo y algo que nunca habías pensado que se te iba a dar bien, como los pitchings, al final descubres que no se te dan mal. Ser tu propio agente es una labor comercial que tienes que hacer porque si no la haces tú aquí no la hace nadie. Aquí, en Estados Unidos o en cualquier lado. Y, al final, como en España somos cuatro gatos y hay cuatro despachos, te van conociendo e incluso agradecen que vayan dos anormales como nosotros a hacerles reír durante 15 minutos.

¿Pero cuántos pitchings habéis hecho ya? ¿Vais, os llaman…?

A.V: A veces hacemos coñas en plan “esta semana no hemos pitcheado aún”…

C.G: Es una mezcla, unas veces nos han llamado, otras hemos llamado nosotros… A veces no teníamos nada y otras decíamos de hacer una batería de proyectos, y en dos o tres semanas preparamos cuatro o cinco proyectos dependiendo de donde vayamos, con lo que pensamos que están buscando o lo que les puede interesar, ya sea Antena 3, Telecinco, una productora o estas cosas de Estados Unidos que hemos dicho.

A.V: Si alguien entra a nuestra casa y abre nuestro ordenador verá que son como los de Torbe pero con ideas de comedia. Hay material para aburrir a la industria los próximos diez años.

C.G: De hecho, dedicamos tanto tiempo a pitchear que no escribimos una puta mierda. No, en serio, lo guay de todo esto es la sensación de que nos conozcan y nos reciban. Con ‘Promoción Fantasma’ ya hicimos un pitch que fue prácticamente nuestra primera reunión profesional. Buscamos al productor de ‘Spanish Movie’ y le pitcheamos la peli.

A.V: Es muy importante no ser un imbécil. Nosotros, en comparación con la cantidad de conceptos que tenemos, trabajamos por encargo. ‘Cuerpo de élite’ es un encargo. Nosotros lo creamos todo, sí, pero alguien viene y nos dice que quiere un tipo de peli. Y ahora estamos con otros encargos. Así que lo que agradece la gente es que hagas bien tu trabajo y no des problemas. Nosotros somos bastante agradables en el trato. Lo último que quiere un productor es que venga un guionista que se crea J.D. Salinger a darle problemas. Porque si lo haces mal, lo hará otro, y si lo haces bien pero has dado tanto el coñazo que no compensa, a la siguiente llamará a otro.

Volvamos a hablar de escritura. ¿Cómo os organizáis como pareja en un caso como ‘Cuerpo de élite’, que os llega de fuera?

A.V: Creo que el esquema general cuando haces comedia, por lo que he hablado yo con otros guionistas, es que tendemos a ser vagos, pese a que Cristóbal es una de las personas más trabajadoras que he conocido en mi vida. El esquema es: eres muy productivo al principio, antes de escribir. Estás muy ilusionado y todo son ideas frescas y espontáneas con las que te ríes y de las que te vas a sustentar en los próximos años de tu vida. Y todo esto es en una semana o en dos. Luego respiras un poco tranquilo, te dicen las fechas de entrega, te sientas a escribir, piensas que esa idea no es tan divertida como creías y ahí empieza el parto; se acerca la fecha de entrega, llega el estrés y vuelven a salir ideas cojonudas en el último momento.

C.G: Al principio, una vez sabemos de qué va la peli, lanzamos ideas y nos reímos mucho.

A.V: Este momento se podría resumir como Gtalk.

C.G: Y una vez sabemos qué es lo que queremos contar, que tenemos todos los personajes bien trazados, hacemos una escaleta entre los dos, nos la repartimos y la dialogamos. Esa primera versión es una pota, vomitar todo lo que nos ha salido. Luego hay un momento en el que nos vamos unos días a un apartamento en la playa, en Altea, sin Internet, sin tele ni nada. Estamos de ocho de la mañana hasta que anochece.

A.V: Sólo salimos para ir a una pulpería.

C.G: Sí, salimos para comer y curramos hasta la noche reescribiendo. De ahí salen siempre las versiones para enseñar.

A.V: Hoy justo leía a no sé quién, un escritor de un nivel al que no llegamos, que decía que hay que escribir el primer borrador del tirón sin leer nada. Yo eso no lo puedo hacer ni de coña.

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¿Llegáis al punto de no saber al final quién ha escrito qué?

A.V: Yo no sé quién ha escrito cada parte.

C.G: Lo que pasa es que cada uno tenemos nuestras bazas. Adolfo es muy bueno en diálogos y chistes y a la hora de reescribir se nota porque se mete en diálogos…

A.V: Eso es lo que dices siempre, pero en el tráiler, por ejemplo, hay muchos chistes que yo no recuerdo haber escrito. Aunque sí es cierto que Cristóbal tiene mucha mejor memoria que yo. Yo nunca me acuerdo como nace nada. Me acuerdo de cosas puntuales como lo del submarino de Almería, pero no de dónde salió aquello. Sinceramente, no recuerdo de dónde sale cada cosa del guión, al final está todo tan sobado…

C.G: Él reescribe mucho diálogo y yo soy más de estructura y estoy reescribiendo secuencias. Nos complementamos mucho en ese sentido, al final llegas a ese punto de unión en el que cada uno tiene sus fuertes.

A.V: Yo con el paso de los años noto clarísimamente que somos más compactos y que mis carencias están mejoradas por haber trabajado con Cris y él conmigo. Yo tenía mucha dificultad para llegar a conceptos que funcionasen y ahora por obligación tenemos una cadena de mails que si no se va actualizando con ideas nuevas quedamos como el culo.

C.G: Otra cosa es que nunca ha habido un momento en el que yo propusiese algo que creía gracioso y él me decía que a él no se lo parecía, no ha habido discusiones ahí. También tenemos muy claro el tono de las pelis, sabemos perfectamente en qué liga juega cada una.

A.V: Y luego, el magma primigenio de las pelis, que son los personajes, es tan de los dos que ahí sí que no recuerdo quién dio con Byron o con Lola. Y eso es lo que sustenta todo lo demás, el árbol de Navidad que decoras luego con secuencias y chistes.

Ambos habéis compatibilizado la carrera en cine con trabajos en televisión, que siempre suelen ser bastante exigentes. Siendo vuestros últimos proyectos encargos, ¿ha llegado el momento en el que escribir cine se convierte en una obligación en lugar de en una vía de escape como fue ‘Promoción fantasma’?

C.G: Bueno, aunque sean películas de encargo las tendemos a hacer muy nuestras. Y lo de compatibilizarlo con la tele lo conseguimos currando más todavía. Yo, por ejemplo, salgo de currar a las siete de la oficina y sigo trabajando con Adolfo aunque sea por mail. Mis hijas se van a dormir pronto y, a partir de las once de la noche resucito en el mail de Adolfo.

A.V: Mis únicas horas de felicidad al día son cuando Cristóbal sale de la ofi hasta que se duermen sus niñas.

C.G: Normalmente es un trabajo que nos podemos repartir. Además, por suerte o por desgracia, en el cine hay muchos tiempos muertos, y cuando tú entregas una versión tardan en decirte algo 15 días. Entre que te pones y no te pones, tardas una semana más. Así que vas teniendo tiempos muertos para dedicarlos a otros proyectos, o a descansar, o a currar en la tele. Si esto te gusta y eres guionista, lo haces. Una cosa que me da mucha rabia son los guionistas funcionarios. Lo respeto, me parece muy bien, que cada uno haga lo que le salga de los cojones, pero esta gente que pilla un curro en una productora y que de diez a siete hace ese trabajo y no tiene otra inquietud, no le mueve nada más allá de ese curro, no le apetece contar sus historias o sus paridas es una cosa que me vuelve loco. Yo necesito estar en veinticinco proyectos al mismo tiempo porque me arde el culo. No es que sea más guionista que el que no lo hace pero sí creo que un guionista tiene que tener esa pasión. ¿De verdad no te apetece hacer nada más a parte de tu serie? ¿Algo más tuyo, más personal?

Sí, eso es pasión por el oficio…

A.V: Hay mucha gente que empieza a currar en la tele y piensa que es lo mejor que le podía pasar. Entonces, un momento, ¿antes de trabajar en la tele tú no tenías ganas de hacer cosas? ¿Realmente el trabajo que estás haciendo ahora satisface todo eso? No hablo ya de escribir películas, que es un curro que te cagas y nadie debería hacerlo a la ligera porque te tiene que gustar, hablo de, no sé, cultivar bonsáis o tener un grupo de ska. Lo digo por el perfil que se le supone a alguien que se mete a escribir guiones.

C.G: Ahí hay una cosa que es que gusta más la idea de ser guionista que ser guionista. Hay un halo en eso. Luego llegas con veinticinco años a un máster y no has escrito absolutamente nada. Eso me vuelve loco, porque cuando voy a un máster lo veo mogollón de veces. No me puedo creer que vayan a gastarse un pastón en un máster y nunca jamás hayan escrito un corto, una obra de teatro o lo que sea.

A.V: Luego, currar en la tele, entre las millones de cosas buenas que tiene es que curras más con otros guionistas que en ningún otro sitio. Ahí conoces las carreras de la gente. Hemos conocido a guionistas con mogollón de callo y todos han hecho cosas muy guays a parte de la tele. Ahora me viene a la cabeza Verónica Fernández, que es una tía con la que he coincidido en la oficina y sólo quería que me contase historias de su profesión. Al principio se pensaba algo tipo “este es el guionista gracioso que se quiere reír de mí”, pero lo que quería era que me contase toda su vida, cómo ha llegado hasta aquí, que seguro que tenía las mejores historias del mundo porque nunca ha parado de crear. Tiene Goyas y nunca ha parado de currar en la tele.

C.G: Otro ejemplo es Carlos López. Ha hecho desde los guiñoles del Plus a galas de los Goya de Rosa María Sardá, además de pelis y, ahora mismo, series como ‘La Embajada’. Son gente que tiene una pulsión por contar algo. Gente interesante de verdad.

A.V: En general, cuando me preguntan cómo llegar a dedicarte a eso y demás digo que, mientras funcione, móntatelo como quieras. Yo, por ejemplo, fui escéptico mucho tiempo con los estudios porque mi experiencia en la carrera fue decepcionante. Pero luego, de mis amigos de ‘El Intermedio’, el 80% vienen de másters de guión.

C.G: Hay una cosa buena de los másters que es el caldo de cultivo que se crea. Allí conoces a gente con la que vas a escribir.

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Estoy de acuerdo. Yo mis primeros años en Madrid los he sobrevivido gracias a juntarme con gente que conocí estudiando en el Máster de Salamanca…

C.G: Es que es eso. Yo no estudié ni comunicación audiovisual, ni másters, ni cursos, ni nada, pero conocí a gente por otro lado, de puro rebote.

A.V: A mí me llama la atención que, cuando voy a dar charlas, siempre, lo primero que me preguntan es “¿cuánto cobras?”, y la otra “¿cómo puedo meter la cabeza?”. Y lo que sé es cómo no meter cabeza en esto, y es mirando algo y diciendo “yo podría hacerlo mejor”. Y hay un grandísimo porcentaje de cinéfilos, teléfilos, estudiantes, cortometrajistas, foreros… en plan “¿pero qué es esto tan malo? ¿cómo no me dejan hacerlo a mí?”. ¿Pero por qué te tienen que dejar? ¿Cómo quieres que te busquen? Está claro que todo cuesta un esfuerzo. Llegar es recorrer un camino desagradable, pero es que la vida es desagradable.

C.G: Yo creo que la respuesta a “¿cómo meter cabeza?” es escribiendo. Es la única manera.

De hecho, recuerdo que dijisteis algo parecido en vuestra visita a Salamanca y se me quedó grabado. Fue algo como: “llegar es difícil, pero si os lo curráis, se puede”. Los estudiantes siempre escuchan experiencias muy pesimistas de los guionistas de cine y se agradece encontrar discursos como los vuestros. Es más, tú, Cristóbal, vendiste tu primer guión con 18 años, ¿no?

C.G: Eso fue una mezcla de llegar en el momento adecuado y tener algo que se pueda vender. Y es lo que decía, porque yo como meto la cabeza es vendiendo un tipo de peli que en ese momento se estaba demandando. Yo me las quiero dar aquí de guionista putilla pero sí es verdad que hay un punto a veces que hay que tener un poco de olfato en lo que se está haciendo y qué es lo que la gente quiere ver. Y, a partir de ahí llevarlo a tu rollo.

A.V: De todas formas, España creo que es el único sitio en el que conocer la realidad comercial e industrial a veces se ve como algo peyorativo.

C.G. Claro. Si hice eso también era porque yo veía ‘Scream’ y me apetecía hacer ‘Scream’. Todo nace de ahí. También se trata de ser un poco versátil. Adolfo, por ejemplo, también ha hecho programas, estuvo muchos años en ‘El Intermedio’ y encima, haciéndolo muy bien, porque se fue él, no lo echaron. Ojalá yo fuese muy, muy bueno escribiendo en una cosa y sólo me llamaran para eso, pero si sobrevives en este mundillo es porque sabes moverte de un lado para otro: sabes escribir series para señoras en prime time y al mismo tiempo haces comedias locas para el cine.

A.V: Esto no es ser pesimista, es verdad: cuando empiezas, todo el mundo te va a decir lo que no puedes hacer; a mí me han dicho mogollón de veces que no se puede hacer cine, o que cuando te metes de guionista de programas es muy difícil dar el salto a la ficción… Y todas esas cosas son ciertas y tú te las crees. Pero yo he hecho programas, he podido hacer series de ficción, he podido hacer cine, he vuelto a la tele, me he vuelto a ir al cine… Si quieres excusas para no hacer cosas las vas a encontrar a porrillo, porque todo el mundo está deseando decirte que no se puede, pero, a la vez, todo el mundo quiere encontrar a gente que mole.

Y así habéis logrado ser de los pocos guionistas de cine no directores que hay en España trabajando…

C.G: Pero eso también es un hándicap. Por un lado es bueno que eso esté pasando, porque habla bien de nosotros y habla bien de la industria, que ha dado el paso de cineasta autor a pelis más comerciales. Pero, por otro lado, hace que los procesos se dilaten más porque hay que encontrar un director. Ahora hemos dado con Joaquín y le queremos para nosotros solos. Está bien que haya directores que no quieran ser guionistas; si ya hay un director que sea muy bueno como director, que nos deje a nosotros escribir los guiones.

Entonces, ¿hacen falta más guionistas que no dirijan o directores que no escriban?

C.G: Hacen falta muchos más directores. De comedia, o de thriller, o de lo que sea, da igual. Directores de encargo que no sean guionistas.

A.V: Lo que ya no hacen falta ahora mismo son más guionistas de comedia. El cupo está lleno. Hold the door. Hodor.

 

 

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