SEMINCI 2016: ENTREVISTA CON KEVIN MEUL

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El cineasta belga Kevin Meul presenta estos días en la 61ª edición de la SEMINCI My First Highway, que forma parte de la sección Punto de Encuentro. Aprovechando su paso por Valladolid, hemos podido charlar con él sobre cómo ha sido el proceso de escritura de su primer largometraje.

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¿Qué fue lo que te atrajo en un primer momento del mundo que retratas en My First Highway?

Es una pregunta corta pero de respuesta muy larga (ríe). Este proyecto comenzó hace seis o siete años a partir de una idea muy pequeña. Me basé en mi propia adolescencia, en la que viví ciertos problemas familiares que me hicieron crecer muy rápido. En el momento no me di cuenta, pero echando la vista atrás tengo la sensación de que así fue, y que ese periodo de mi vida no fue ni mucho menos tranquilo, por lo que decidí hacer una historia a partir de esa sensación. Acto seguido  empecé a esbozar en mi cabeza ciertas ideas sobre el joven adolescente que protagoniza la historia, que después de algo de tiempo comenzaron a cobrar coherencia como historia. Después tuve la suerte de ser seleccionado para una beca en un laboratorio de guión en Ámsterdam, que me permitió trasladarme allí durante siete meses para trabajar en mi historia y hacerla crecer. Allí me guiaron durante todo el proceso cuando yo todavía estaba empezando. Aprendí rápidamente que mi borrador de la historia era prácticamente inservible y que tenía que reescribirlo centrándome sobre todo en el desarrollo de los personajes, el eje central de las clases que allí seguía. Fue un proceso muy intenso hasta convertir mi idea en una historia de personajes durante esos meses. Después de mi beca en Ámsterdam, ya tenía una historia mucho más completa, aunque el final no me convencía en absoluto y continué trabajando en ello. Fui también seleccionado en el Torino Film Lab, lo que de nuevo fue una suerte para el desarrollo de este guión, al menos hasta llegar a una versión de la que estar satisfecho y poder comenzar la reescritura, que todavía duró varios años más.

¿Varios años?

Sí. Durante todo ese proceso, reflexioné sobre cómo quería que fuese mi historia para que, aun siguiendo una temática recurrente como es el paso de la infancia a la etapa adulta, fuera distinta a lo que este tipo de películas acostumbraban a ser. Al contrario de lo que suele ocurrir en estas historias, con un arco de transformación más suave, yo quería que se notase una ruptura abrupta en ese cambio vital de mi protagonista. De hecho, en la película se observa cómo este cambio llega de una manera brutal en una escena en concreto, que marca la ruptura de la estructura de la primera parte del film, más que en una sucesión de pequeños acontecimientos.

Podemos asumir por tanto, por el hecho de haber desarrollado tus proyectos durante esas becas, que has seguido un proceso bastante académico para escribir el guión.

Bueno, la verdad es que durante mi formación en estas becas nunca me hablaron de actos, puntos de giro, Robert Mckee… Allí nos centrábamos sobre todo en el desarrollo de los personajes y los temas que queríamos transmitir con nuestras historias. Poco importaba si seguíamos a rajatabla los pasos clásicos de la narrativa en tres actos, de ese modelo sobre todo derivado de la industria americana.

De hecho, la estructura definitiva de la película resulta interesante por esa ruptura drástica de la que hablabas antes, que no llega donde rezan los cánones, pero sí consigue el efecto adecuado en el espectador.

Sí. El principio es deliberadamente lento, demasiado para algunos según he podido saber, pero muy necesario en mi opinión para reflejar cómo se siente ese personaje, atrapado en las restricciones infantiles que todavía le imponen sus padres y en un pequeño camping fuera de su país y donde no se relaciona con nadie de su edad. Necesitaba crear ese efecto antes de introducir al personaje femenino de la historia, cuya llegada representa el fin de ese aburrimiento, y que se entiende gracias a ese contexto previo que da el tiempo alargado de los primeros minutos. Y también para hacer más brutal e inesperado ese cambio del que os hablaba antes, y que supone un giro psicológico mayor en la identidad del protagonista.

Cuando te sientas a escribir una secuencia, ¿en qué elementos te basas como punto de partida?

Escribo muchas veces mientras escucho un determinado tipo de música. En el caso de este guión, solía escuchar al que ha acabado siendo el compositor de la película, un joven músico belga de Metal llamado Brent Vanneste, debido a los cambios entre una melodía muy suave entrecortada por rupturas muy fuertes, que reflejaban lo que yo quería para el tono de la película. Su música es un reflejo de la misma estructura del film, con un principio muy sosegado y un final muy fuerte a raíz de una ruptura. Esa música ya me remitía a una cierta atmósfera y pronto me di cuenta que era la que quería para la película, así que la tuve en cuenta ya desde la fase de escritura, y también durante la investigación y la documentación en busca de mayor profundidad para la historia.

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Cartel promocional de My First Highway

¿Te has documentado mucho para el guión? ¿Qué fuentes has consultado al respecto?

He pasado por una larga etapa de documentación con cada nueva versión, especialmente para retratar lo mejor posible a los personajes principales, mucho más jóvenes que yo, para entender bien su mundo, que me pilla ya algo lejos a mis 37 años. Quería informarme sobre cómo hablan o se relacionan los adolescentes de hoy en día. Por otro lado, estos personajes viven muchas emociones durante la película, emociones que por su edad e inexperiencia no conocen ni saben gestionar, y que he intentado entender lo mejor posible a través de numerosas entrevistas a personas que han pasado por situaciones similares, que han podido explicarme las contradicciones derivadas de esas situaciones para que yo las reflejase de la mejor manera posible, desde un punto de vista lo más realista que he podido. Una vez incluso, durante la fase de documentación, fui a un matadero a ver cómo disparaban a una vaca para entender ese rápido paso entre la vida y la muerte. En definitiva, toda esa documentación sirve de inspiración y ayuda a construir de manera más profunda a los personajes.

¿Y tratas luego de transmitir lo que aprendes durante esta fase al espectador o sólo lo utilizas como herramienta para prepararte para la escritura?

Para mí es muy importante que la narración plasme bien esas emociones subjetivas que aprendo en la fase de entrevistas, sobre todo de cara a los actores. Hay que tener en cuenta que, más tarde durante el rodaje, las escenas muchas veces no se ruedan de manera cronológica, así que es muy útil para los actores saber en cierto modo cuáles son los sentimientos que deben plasmar.

¿Consideras que la fase de escritura termina con el rodaje o por el contrario que el guión se mantiene abierto a cambios durante toda la producción?

Para mí la última reescritura se produce tras dar por terminada la fase de ensayos con los actores, en la que se corrigen sobre todo diálogos para adaptarlos a la interpretación de cada actor. Luego en el rodaje los tiempos son a veces demasiados reducidos como para afrontar la reescritura con garantías. De hecho, la reescritura durante los ensayos ya es de por sí bastante estresante debido a los plazos.

Luego, ya en postproducción, la reescritura cobra de nuevo protagonismo. Considero que el montaje es una nueva fase de reescritura que te permite poner en práctica incluso nuevas ideas sobre cómo contar mejor tu historia. El hecho mismo de que una persona ajena al rodaje visione los brutos sin estar contaminada y pueda aportar un punto de vista fresco ya supone una nueva herramienta para la escritura. Para My First Highway, este proceso ha durado unos ocho o nueve meses y me ha servido precisamente para darme cuenta de la importancia que tiene esta fase en la escritura de la historia. De ahí que tenga sentido que muchos de los profesionales que se dedican a la edición trabajen también de script doctors. Una vez conocí al editor habitual de Lars Von Trier, Marlene Stensgaard, y resultó que también trabajaba de script doctor. Ahora que recuerdo fue ella misma quien me explicó que era algo más o menos habitual, debido a las nociones de estructura y narración que precisan los montadores.

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En un proyecto personal que te ha llevado tantos años culminar, ¿hasta qué punto has reescrito sobre las primeras versiones?

Definivamente, soy el tipo de guionista que hace muchísimas versiones del guión. Pero sobre todo porque con cada reescritura empiezo el proceso desde cero. Por poner un ejemplo, cada vez que detecto un cambio, pongamos que en mitad del segundo acto, empiezo a reescribir desde la primera página, porque si no lo hago así considero que solo mejoro esa parte en concreto, pero no los elementos que me han llevado hasta esa cosa que precisamente quiero cambiar. Creo que reescribiendo desde el principio te aseguras un mayor nivel de coherencia. Yo siempre acabo encontrando una alternativa interesante que mejora algún otro punto que había dado por bueno en la versión anterior. También me aseguro, con cada vuelta al principio, un mayor nivel de reflexión sobre lo que quiero contar en cada momento. Por supuesto, no quiero decir que esta manera de escribir sea la que mejor funciona para todo el mundo, pero al menos a mí me sirve.

 

 

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