SEMINCI 2016: ENTREVISTA CON HANA JUSIC

25 octubre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Hana Jusic, guionista y cineasta croata, presenta su primer largometraje, Ne gledaj mi u pijat (Quit Staring At My Plate) en la sección Punto de Encuentro de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, donde nos ha contado cómo ha sido el proceso de escritura de su historia.

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Al ver la película da la sensación que el proceso de construcción del guión surge a partir de los personajes de los que querías hablar.

Sí. La historia surge a raíz de dos puntos de partida. Uno era la ciudad en la que tiene lugar la película y el tipo de personajes que en ella habitan y que forman el trasfondo de la narración. El otro era la naturaleza del personaje protagonista, de Marijana, sobre la que quería enfocar desde hace tiempo la que ha acabado siendo mi primera película. Quería combinar estos dos elementos, donde la ciudad y la familia hacen las veces de jaula para Marijana, siendo una gran dificultad para su éxito como persona.

Dices que llevabas ya tiempo con el personaje de Marijana en la cabeza. ¿Cómo ha sido la construcción del personaje en la fase de escritura?

Son varios elementos los que me han ayudado a crear a Marijana. Por un lado, me he inspirado en los personajes de algunas de las películas que veía cuando era más joven, como Boys Don’t Cry o Million Dollar Baby, ambas con Hilary Swank haciendo este tipo de papel. Pero también me he ido inspirando mientras escribía. Cuando escribí mi primera versión, el personaje era mucho más débil y su familia conseguía hundirla totalmente, pero no me gustaba esa especie de historia de Cenicienta a la que se parecía. Me sonaba demasiado patético, así que intenté hacerla primero una más dentro de ese entorno que la rodeaba para que no fuera completamente ajena. De igual modo, cuando conocí a la actriz, que no era profesional y ni quiera había actuado antes, también remodelé el personaje desde el guión, adaptándolo a ella.

La película también deja entrever que tienes un método de trabajo particular para construir las historias. ¿Cómo lo explicarías?

Mi método de trabajo habitual consiste en pensar las historias empezando por personajes que tiran hacía la caricaturesco o lo grotesco, porque a pesar de intentar reflejar la realidad, sí me gusta mantener una cierta distancia. Por ejemplo, en esta película quería introducir todo lo que tenía dentro, por lo que los personajes están basados en mi propia infancia y en gente que conozco, pero al mismo tiempo no quería que fuese una película más sobre la vida en Croacia. La mayoría de este tipo de cintas me resultan algo aburridas. Y esa parte más caricaturesca viene porque la realidad pura no me seduce como fuente de inspiración, aunque sean personas como yo misma. Creo que nuestras vidas cotidianas no son de por sí tan cinematográficas.

El tono de la película entremezcla un realismo brutal con escenas eminentemente cómicas. ¿Cómo trabajas este aspecto del guión?

No sé muy bien cómo responder a esta pregunta (ríe). Creo que lograr ese equilibrio es algo muy complicado. Ahora que lo pienso, el guión contiene escenas más cómicas que las que muestra el resultado final, con elementos mucho más marcados en este sentido. Tiene que ver con los ensayos y el rodaje, cuando empecé a asustarme un poco y replanteé la reescritura de ciertos elementos. Se debe a que en Croacia, esta parte del sur del país donde tiene lugar la historia, se asocia a las personas de aquí con papeles cómicos, debido a su manera de hablar o gesticular, no sé si en España también ocurre esto. Me dio miedo, como os decía, que el tono de la película se asociara con la típica comedia, así que reduje esos elementos, primero en el guión y después con los propios actores. Ahora, al ver la película acabada, a veces pienso que quizá me pasé haciendo esa reducción cómica del tono, y que el drama ha acabado sofocando al humor.

¿Y reescribías sobre la marcha en el propio rodaje?

No. Más bien lo reinterpretaba junto con los actores para rebajar ese tono. Sí reescribí durante el montaje, cambiando de orden o incluso eliminando algunas escenas que todavía me parecían demasiado cómicas. Durante el rodaje propiamente dicho sólo reescribí una escena, pero acabó cayendo durante la postproducción.

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Cartel promocional de la película

Entonces, a pesar de inspirarte en lo que te rodea, ¿piensas antes en los temas que quieres transmitir que en la trama concreta de la historia?

Siempre empiezo por los personajes. En este caso llego primero a una idea concreta sobre el personaje de Marijana, la protagonista. Luego paso a los personajes de su entorno, a su madre y a su padre, y escribo sus perfiles de manera bastante detallada. Cuando ya tengo un núcleo de personajes, los pongo juntos en diversas situaciones y escojo aquellas que me resultan más interesantes o explotables, sin un orden concreto. Y ya después busco la manera de reordenarlas e introducirlas en una trama, haciendo los cambios necesarios. Estas primeras tramas son demasiado tópicas, son clichés, donde además los personajes todavía responden demasiado a arquetipos, pero a partir de estas tramas busco la manera de revertir estas situaciones hasta convertirlas en algo más original y elaborado. Creo que nunca podría empezar por una idea general, sin pasar por esta etapa de conocer a los personajes que voy a incluir luego en una historia.

¿Cómo planteas qué estructura es la adecuada para introducir esas situaciones?

No soy demasiado académica en el sentido de seguir conscientemente lo que los manuales de narrativa y guión enseñan, pero creo que aún así mis historias cuadrarían a grandes rasgos con las escrucuras clásicas, porque es algo que tenemos muy interiorizado en la cultura occidental debido a la cantidad de películas que ya hemos visto y que suelen responder a esos paradigmas.

¿Reescribes mucho hasta pulir esas situaciones generadas anteriormente?

Este guión me ha llevado más de dos años de trabajo. Diría que han sido más de diez versiones de guión las que he escrito hasta estar lo suficientemente satisfecha como para pasar a la fase de rodaje. Para ello, y creo que es una práctica más o menos habitual, escribo cada secuencia en una tarjeta junto con la emoción que pretendo transmitir, que represento con colores diferentes. Así me evito repetir en varias secuencias lo mismo, lo que creo que es un error habitual en los guionistas jóvenes, todavía principiantes.

Antes de esta película, tu primer largometraje, ya habías escrito otros proyectos, ¿verdad?

Había escrito y dirigido dos cortometrajes de temática y tono bastante similares a la película, así como adaptado dos libros infantiles muy conocidos en mi país para el cine. Dos blockbusters. Estos son precisamente mi fuente de ingreso.

¿Cuál es la diferencia entre escribir ese tipo de encargos y tus proyectos personales?

Pues estos encargos, al ser adaptaciones de libros infantiles, no son mi registro natural. No tengo demasiada relación con los niños, así que al principio no sabía muy bien cómo escribir para ellos. Sabía que no quería subestimarles y hacer algo demasiado simple, por lo que traté de enfocar las historias como si también fueran para adultos.

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Cada vez hay más películas con papeles femeninos protagonistas, pero todavía son un número reducido del total, al menos en España. ¿Es algo que también ocurre en el cine croata?

Desde luego. De un tiempo a esta parte han comenzado a aparecer mujeres guionistas y cienastas en Croacia, pero estos trabajos siempre han sido desempeñados por hombres en mi país, lo que derivaba siempre en una mayor presencia de tramas y papeles pensados para hombres. Las mujeres han ocupado por lo general los roles secundarios, casi siempre como parte de una relación sentimental de los personajes masculinos, como complemento de estos. En mi caso, como mujer, escribir papeles femeninos es algo más próximo a mí, a mi experiencia vital, aunque por supuesto también me interesan los papeles masculinos.

 


SEMINCI 2016: ENTREVISTA CON RAMÓN MARGARETO Y VICENTE SEVA

25 octubre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Ramón Margareto se estrena en el guión de largometraje con Bollywood Made In Spain, film presentado en Valladolid durante la 61º edición de SEMINCI. Tras ganar el Goya a Mejor Cortometraje Documental con Memorias de un cine de provincias, Ramón presenta ahora un proyecto con un guión vertebrado a través de dos historias que combinan elementos clásicos de las comedias románticas con los del documental social.

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A la izquierda Vicente Seva (productor). A la derecha, Ramón Margareto

Parece poco probable suponer que te embarcaste en la escritura de un proyecto sobre Bollywood (que además es tu primer largometraje) sin conocer de cerca ese mundo. ¿Cómo nace este guión?

Ramón: India es un país que siempre me ha producido mucha fascinación. Es un país que tiene pocos recursos económicos, pero muchos recursos espirituales, justo al contrario que Europa. Todo empezó cuando me surgió la oportunidad de hacer un documental social en Bombay sobre una ONG que intentaba sacar a mujeres de la prostitución, pero por distintos motivos no salió. Después tuve otro proyecto con una compañía de danza en la que me encargaron la dirección artística de su 20 aniversario, puesto que también soy pintor. Pero tampoco salió. Por fin, un día acabé viendo un espectáculo de danzas de la India llamado This Is India, de Leyla Zurah, una española que se mudó a la India, donde se convirtió al hinduismo y aprendió tanto las danzas tradicionales como las de Bollywood Dance. En ese momento lo tuve claro: tenía historia. Su espectáculo está basado, en parte, en hechos reales, en su propia vida. Cuando me la presentaron le dijeron que era guionista y director me dijo que por qué no hacía una película del espectáculo. Precisamente eso le dije, que estaba ahí para hacerle una película (ríe).

Por lo que respecta al largometraje en sí, lo definiría como una doble historia. Por un lado, la de amor musical, cultural y espiritual entre una bailarina española y un actor hindú, basada en hechos reales. Por otro, ya desde el guión trabajé para que el film fuera un continuo diálogo entre Oriente y Occidente, entre Europa e India.

Por tanto, lo que más peso tiene en la construcción de la historia son los temas que querías tocar.

Ramón: Efectivamente. Es una historia de amor que a su vez resume la historia de amor (y desamor) entre Europa e India.

También solemos ver en nuestras entrevistas que un guionista escribe de lo que conoce. Una vez más, es tu caso.

Ramón: Sin duda. Soy un completo admirador del cine hindú, de la brillantez de sus números musicales. Diría que se trata de una película muy colorida, muy alegre, que es algo que me apetecía mucho escribir en medio de este panorama cinematográfico plagado de tragedias. Yo quería irme al lado contrario: cine positivo con final feliz, por más que tenga un subtexto social presente a lo largo de la historia que además está de plena actualidad. Estamos viendo que Oriente está entrando en Occidente cada vez más.

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¿Y cómo escribes una historia de amor que a su vez contenga ese componente crítico del contexto social que describes sin que ninguno de estos dos elementos se solapen entre sí?

Ramón: Desde el principio tenía claro que la historia de amor tenía que ser intercultural, lo que ya favorecía poder hablar de este contexto de manera orgánica. Luego, sabéis que cuando vas escribiendo el guión te va llevando hacia donde quiere. Por fuera es un espectáculo musical con una gran banda sonora –compuesta por Luis Ivars–, pero por dentro es una crítica social a las diferencias sociales entre ambos contextos.

Respecto al colorido que desprende la película, ¿escribes pensando en las imágenes a las que se traducirá el guión?

Ramón: Sí. Desde que vi el espectáculo de Zurah empecé a inspirarme en lo que se respiraba en él. Luego, la historia de amor, que sí que es una invención, surge cuando creé al personaje masculino, el actor que, cansado de no encontrar trabajo, viene a probar suerte a unos grandes estudios españoles…

Vicente: La Ciudad de la Luz (ríe).

Ramón: La Ciudad de la Luz (ríe). Como había sido rechazado en Bollywood Studios lo intenta en Alicante. Es ahí donde sus vidas se encuentran.

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Y tú, Vicente, desde tu punto de vista como productor, ¿qué es lo que detectas en este guión que te hace decidirte a llevarlo a cabo?

Vicente: Bueno, Ramón es muy amigo mío desde hace más de veinte años. Venía, además, de ganar el Goya a Mejor Cortometraje Documental en 2011. Cuando me contó el proyecto, una película de Bollywood, enseguida me vinieron a la cabeza imágenes sugerentes. Además, lo puso muy fácil: conocía al equipo con el que quería trabajar, conocía a Leyla Zurah. Mi trabajo a partir de ese momento fue buscar las mejores localizaciones para plasmar el guión de la mejor manera posible con el presupuesto modesto que teníamos. Lo rodamos en varias localizaciones de la cuidad de Alicante, como la Lonja del Pescado, en un barrio del puerto de Alicante de casas de clase trabajadora (donde transcurre la vida del actor hindú al llegar a España), y luego rodamos en el teatro Ortega de Palencia. Diría que como productor me gustan los retos.

Ahora que utilizas la palabra reto. ¿Es algo que buscas normalmente a la hora de decantarte por producir un guión u otro?

Vicente: Bollywood Made in Spain es una película muy de autor, diferente a lo que se suele ver. Desde el primer momento vi que era una historia que se salía de lo normal, y como director del Festival de cine Alicante puedo decir que llevo muchos años viendo largometrajes y cortometrajes, lo que te da cierta capacidad para detectar proyectos distintos. Creo que él ya sabía que le iba a decir que sí (ríe), pero enseguida se lo confirmé de todos modos.

Nos pusimos manos a la obra, y bueno, hemos llegado hasta aquí. De hecho, hace poco nos dieron una Mención Especial por parte del jurado en el Festival de Bombay, en la India. Que nos seleccionaran ya fue todo un reto. Hablamos de la cuna de este tipo de cine. Por tanto, lo mandamos con la curiosidad de ver cómo verían un proyecto de Bollywood de bajo presupuesto rodado en España. Y luego, cuando llegó la Mención del Jurado… Nos dijimos que habíamos superado la prueba.

¿Por qué te decantas, Ramón, por escribir y contar esta historia a través de la ficción y no del documental, género que ya habías tocado también antes?

Ramón: Pues en principio iba a ser un documental. Iba a ser la vida de Leyla Zurah y su compañía de danza, Salaam. Pero soy un romántico. Me gustan las historia de amor con final feliz, y al empezar a escribir me di cuenta que podían existir las dos líneas en la película: el diálogo Europa/India y la propia historia de amor, por lo que poco a poco salió un proyecto de ficción. De ficción, pero no narrada de forma tradicional.

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Fotograma promocional de la película

¿Y cómo estructuras esta forma de narración no tradicional?

Ramón: Siempre tenía claro que quería contar las dos historias que os acabo de comentar. Sabemos que Europa colonizó India, que Occidente colonizó Oriente, y ahora se está produciendo el efecto inverso, aunque sea de otra manera. Es un tema de plena actualidad. Las migraciones que hay hacia Europa tenían que pasar, por lo que la narración de estas dos historias se impuso como la manera más lógica de estructurar la narración.

Entendemos que para alejarte de esta narración tradicional también te alejaste de los puntos de vista más clásicos a la hora de escribir.

Ramón: Sí. Hay una parte muy importante para conseguir esto, y es que los números musicales también cuentan para narrar. Hay mucho montaje paralelo ya desde el guión entre la historia propiamente dicha y los números musicales. Pero no fue una decisión consciente de intentar hacer algo diferente, no. Me salió así, creo que era lo que pedía la historia. Las historias.

¿Las escenas coreografiadas venían marcadas desde el mismo guión?

Ramón: Efectivamente, quería que cada número musical significara algo, por lo que los fui distribuyendo en función del tono que quería que tuviera cada secuencia.

Por tanto, no te tomaste los números musicales como una detención de la narración, sino como un avance, ¿no?

Ramón: En la medida de lo posible fue así. Hay mucho montaje paralelo para conseguir que los números musicales se integren por completo, sin duda.

¿Tomaste muchos referentes en el modelo de narración de Bollywood?

Ramón: No. Por eso se llama Bollywood Made in Spain (ríe). Las películas de India son muy largas, muy lujosas, pero tienen unos argumentos muy inocentes, digamos, y el argumento de esta película, al menos por lo que respecta a la carga social que tiene, no es tan inocente.

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Para acabar, nos gustaría saber si, dado que os conocíais anteriormente, existió desde el inicio coordinación entre las facetas guión/producción. ¿Escribiste pensando en la historia que querías contar, o en la historia que ibas a poder contar por presupuesto?

Ramón: La verdad es que no. Yo pensaba en Bollywood Studios, en su puesta en escena, y estaba seguro de que con los artistas falleros que hay en Alicante no iba a haber problema alguno para poder recrear lo que estaba escribiendo. No he adaptado el guión a los elementos que teníamos. Hice primero el guión que quería, y luego buscamos la forma de hacerlo. Luego sí que es cierto que hay que escribir pensando en los elementos que ya tienes, porque ya sabes que con esos puedes contar y puedes escribir sobre ellos sin problema. Por ejemplo, el Teatro Ortega de Palencia perteneció a mi abuelo y a mi padre antes de que llegara a manos de mis hermanos. Tiene un escenario muy grande, estupendo, y poder contar con él ya suponía un ahorro económico. Pero no, no me corté nada en el guión.

Vicente: Ramón me pasó el guión y me dijo, a por ello. Y a ello nos pusimos.


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