¿QUÉ QUERÉIS? (HAY VIDA MÁS ALLÁ DEL CINE Y DE LA TELE)

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

El otro día asistí a esa master class de John August que pudimos disfrutar gracias al titánico curro de los compañeros de ALMA.

August empezó por lo más básico, por una de esas cuestiones que todos sabemos pero que a veces olvidamos: Que el motor de casi cualquier historia se puede concretar en una palabra.

QUERER.

¿Qué quiere el personaje a corto y largo plazo? ¿Qué quiere su antagonista? ¿Qué quiere el propio guionista cuando escribe esa historia? ¿Qué quiere o espera el público cuando la consume?

Yo hoy no me he propuesto hablar de historias. Me apetece trasladar esa cuestión a nosotros mismos, los escritores. ¿QUÉ QUEREMOS hacer con nuestras carreras?

En cierto modo, nos condicionan (o nos condicionamos) para asumir que sólo existen unas pocas opciones a nuestro alcance. Sin embargo, del mismo modo en que existen más colores de los que se aprecian en el arcoiris, del mismo modo en que no existe un solo “color rojo” sino distintas tonalidades de rojo… existe también vida más allá de ser guionista de cine, de series, de radio o de programas.

El 90% de la humanidad se divide en:

– Gente que no sabe lo que quiere.

– Gente que se autoconvece de que quiere lo que cree que la sociedad espera de ella.

Como en cualquier otro aspecto de la vida, los guionistas a menudo nos sentimos obligados a meternos en un redil, encajar en una categoría concreta. Y habrá a nuestro alrededor mucha gente dispuesta a encasillarnos en dicho redil y a ponernos todos los obstáculos imaginables para que no podamos salir de él.

Ese guionista es de ficción.

Ése es de programas.

Ése es de dramas.

Ése es de comedia.

Ése escribe para niños.

Ése para adolescentes.

Te guste o no, es totalmente comprensible que sólo te llamen para currar en terrenos en los que has demostrado funcionar correctamente. Nadie quiere correr riesgos innecesarios en un ecosistema en el que todos los rediles están repletos de candidatos muy válidos.

No obstante, como decíamos al principio, tampoco tenemos siempre la suerte de saber qué queremos hacer exactamente. ¿Por qué?

1- Las personas somos cambiantes. Lo que quieres hacer hoy no es necesariamente lo que querrás hacer mañana.

2- En ocasiones, lo que quieres hacer no encaja en etiquetas previas. No lo ha inventado nadie todavía, o es un híbrido entre distintos rediles, distintas etiquetas.

Con respecto al primer caso, no siempre es así. Hay gente que siempre es feliz haciendo lo mismo. Largometrajes hasta que se mueran. Reallities hasta que se mueran. Comedia hasta que se mueran. Terror hasta que se mueran. Morir hasta que se mueran. Una parte de mí les envidiará hasta que se mueran.

Con respecto al segundo caso, todos conocemos a alguien a quien le gusta la fotografía… pero también le apetece pintar… y a veces se siente escritor, pero no del todo… y le seduce el cine, pero no lo vive tan intensamente como un cineasta de pura cepa… Si obligásemos a todos los que son así a decantarse por algo concreto, quizá no habría existido Andy Wharhol.

Si resulta que algunos días te apetece ser artista y otros días te apetece ser científico, no te preocupes: También le pasó al alto de “Faemino y Cansado”, a Brian May, a Michael Crichton o a Leonardo Da Vinci.

Si no encuentras habitación a tu gusto en el catálogo de rediles convencionales cambia de gremio, o márchate a otro país, o inventate un gremio nuevo, o un nuevo mundo.

En esta segunda década del siglo XXI, quienes no encajamos en ningún redil durante demasiado tiempo estamos de suerte. Las nuevas tecnologías han abierto mil nuevos caminos y bla bla bla. ¡Aparecen de repente tantos terrenos vírgenes para el contador de historias! Ahora cualquiera de nosotros puede ser un nuevo Hernan Cortés. A ser posible, matando a menos gente que Cortés, y sin que ello nos quite lo valiente.

Si las vías clásicas de creación, financiación o distribución no riman contigo, puedes abrir tus propios caminos en la jungla, a golpe de machete. Es por ello que para terminar (o para empezar) os dejo aquí una lista de alternativas, senderos por los que alejarse de los engranajes y endogamias de nuestro sector, por los que abrirse camino más allá del cine, de la tele y de la madre que los parió.

– Guión de videojuegos.

Empiezo por ésta porque es una de las salidas más obvias. “El futuro son los videojuegos”, proclaman algunos sin saber que en realidad los videojuegos son el presente, y nosotros el pasado.

Se podrían sacar a colación cien mil ejemplos. Me limitaré a volver a enlazar esta entrevista que le hice en su día a Alby Ojeda, guionista y diseñador de videojuegos que, de hecho, me ha ayudado a seleccionar muchos de los enlaces que os ofreceré a continuación.

– Realidad virtual.

La otra opción de la que todo el mundo habla, aunque a la hora de la verdad son pocos los que se atreven a acomodar (o incomodar) su mente para adaptarse a las exigencias narrativas de este nuevo formato.

Hace un par de años hablé aquí sobre ello vaticinando que la realidad virtual era el futuro inmediato. Me equivoqué. Seguimos esperándola. Sigue siendo embrionaria, pero muy prometedora.

Los poquísimos escarceos que he tenido con esa tecnología me llenan de euforia porque

a) Las sensaciones que provoca son impresionantes.

b) Sigue siendo uno de esos terrenos deliciosamente vírgenes. Sobre todo en lo que a narrativa se refiere.

Aquí en España tenemos, por ejemplo, desarrolladores de VR como Future Lighthouse, responsables, entre otras cosas, del capítulo de realidad virtual de El Ministerio del Tiempo y otras sorpresas interesantes que están por venir.

Yo aún no he visto inventada la “piedra filosofal” de la Realidad Virtual: Esa historia que sólo se podría contar en VR y de ninguna otra manera. ¿Quién sabe? Igual es que no existe, o igual la descubrís vosotros.

– Juguetes electrónicos.

Dicen que los niños, en sus primeros años, necesitan interaccionar con juguetes físicos para desarrollar bien su cerebro, pero no nos engañemos: Un bebé de principios del S.XXI aprenderá a manejar una tablet antes de abandonar la cuna.

Los juguetes electrónicos ayudan a que el niño se divierta usando esas nuevas tecnologías de una manera constructiva. Aplicaciones que enseñan al niño a escribir, o reconocer los animales y saber qué ruidos hacen… o incluso adaptar a formatos jugables los contenidos curriculares de los colegios, como hacen en la colección Tiny Beasts, también guionizada por Alby Ojeda.

De hecho, más allá de tecnologías concretas, hay una tendencia cada vez mayor a “gamificar” cualquier tipo de experiencia. ¿Qué es gamificar una actividad? Convertirla en algo jugable. Se ha comprobado que afrontamos las cosas con más motivación cuando las consideramos un juego: Rendir en una empresa, mejorar en una terapia de salud o ir al gimnasio. La reciente (y creciente) moda del crossfit, por ejemplo, se basa en eso: Convertir la obligación en juego.

“¡Que viene el avioncito!” y el bebé se traga la cucharada del potito.

Nadie mejor para inventar un juego que un contador de historias. Aunque la mayoría de los contadores de historias hayamos olvidado en algún punto del camino que las cosas que ahora hacemos por trabajo… al principio también las hacíamos como juego.

– Youtubers.

Esta salida es aún más obvia que la de la realidad virtual o la de los videojuegos. O tal vez no, porque:

No todos los escritores sirven para ser youtubers. No es lo mismo desnudarse/disfrazarse en un papel que desnudarse/disfrazarse ante una cámara.

Aunque:

Si todo evoluciona como debe (porque así evolucionan las metástasis) en breve habrá guionistas escribiendo lo que diga el youtuber de turno, y habrá quizás algo muy triste en ello: La espontaneidad suicidándose en streaming.

No descartemos tampoco que ya existan guionistas escribiendo para estrellas del YouTube, del mismo modo en que los hay escribiendo para Bertín Osborne. De hecho, me consta que algunos libros de youtubers están escritos en realidad por guionistas profesionales, aunque no pienso dar nombres, ni sé si deben hablarse estas cosas en voz alta.

No voy a recurrir a ejemplos de youtubers como el Rubius u otros fenómenos de masas. Me vienen a la cabeza algunos menos reconocidos pero igual de maravillosos, como éste, o éste, o éste, o éste:

También hay viners, instagramers y gente que te manda whatsapps o te invita a eventos en el Facebook. (lo menciono rápido porque ellos lo cuentan rápido, pero ojo: también hay algo ahí)

– Las putas webseries.

En efecto: Otra salida obvia. Incluso más obvia que videojuegos, youtubers o cortadores de césped. He tardado tanto en mencionarlas para no espantaros demasiado pronto.

La pereza que me produce hablar de webseries es casi la misma que os produce a vosotros leer sobre ellas. Nadie puede culparnos. Si alguien nos dice “serie de internet” nos viene a la cabeza la típica webserie que infesta las redes: Esa comedieta modernita y ligera que nos hacía tanta gracia cuando se empezaron a poner de moda las webseries… hace casi diez años.

Personalmente creo que el formato webserie puede dar más de sí, y a veces lo demuestra.

Acaso somos los propios creadores quienes minusvaloramos el formato. A veces pienso que relegamos la ficción de internet a comedias facilonas porque las webseries se suelen hacer con poco presupuesto y lo cómico sirve de coartada para la cutrez, enmascarándola como el adobo a la carne de mala calidad.

Echo de menos más webseries de drama, de thriller, de terror, de ciencia ficción, de artes marciales… Estoy seguro de que las hay, pero no nos vienen a la cabeza cuando pensamos en “el concepto webserie”. A estas alturas del siglo XXI tengo la impresión de que, cuando alguien dice “serie web”, nos viene automáticamente a la cabeza un plano fijo con dos actores, un sofá y mucho atrezzo de colorines comprado en los chinos.

Craso error.

Merece la pena pensar “fuera de la caja”. En un país en el que se ha podido hacer una serie como MALVIVIENDO deberíamos ser un pelín más ambiciosos en los conceptos, en la realización, en TODO.

– Escribe libros de una forma distinta.

No pienso hablar en este post sobre escribir novelas o pergeñar microteatros. Esos rediles ya están superpoblados. Se escriben más libros de los que se consumen, y aunque no soy de esos agoreros apocalípticos que profetizan la extinción inminente del libro de papel, creo que tampoco perdemos nada adaptando la literatura a las nuevas tecnologías.

Hace poco me enseñaron un ejemplo maravilloso: HOOKED. Se trata de historias escritas para público adolescente y en formato chat. La gracia del asunto reside en que cada equis tiempo el lector se tropieza con un clifthanger y se le presentan dos opciones: Esperar 40 minutos para seguir leyendo… o efectuar un micropago. Un sistema similar al de juegos como Candy Crush. Al parecer, la aplicación ya tiene casi dos millones de usuarios.

Otro ejemplo de experimento tecnológico-literario lo ha llevado a cabo recientemente El Hematocrítico. Hace unos días lanzó esta maravillosa iniciativa, LEGENDS OF HEMATO. Consiste en ir tuiteando una historia pero al final de cada tweet el autor nos ofrece una encuesta para que, de forma interactiva, los lectores elijan cómo continuar la historia. Las opciones más votadas marcan el rumbo de la trama.

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Y así todo el tiempo.

– Realidad aumentada.

Bienvenidos a una era en la que la ficción puede dialogar con el mundo real. Algo que todos pudimos comprobar recientemente, con la fiebre de los Pokemon. En esa misma línea pero con historias más complejas, tenemos INGRESS:

Las posibilidades que ofrecen estas nuevas mecánicas son variadísimas. Ya se ha empezado a aplicar también con fines turísticos. Imagina visitar una ciudad y poder ver, a través de tu pantalla, a un guía que te va señalando los sitios importantes, o cómo eran esos sitios en el siglo XIV… o mejor todavía: imagina que usas esa tecnología para contar en tu propia ciudad… una historia distinta a la de tu propia ciudad. Una historia inventada por ti.

Aquí os dejo una lista de juegos de realidad aumentada, y si queréis una experiencia similar pero no os apetece ver muñequitos en vuestro teléfono móvil, probad el Geocaching.

Me debo estar dejando muchas opciones en el tintero, y eso es lo bonito: Las posibilidades son casi ilimitadas.

Y si no te gustan demasiado las nuevas tecnologías, si eres de los que prefieren el papel, el contacto humano, los instrumentos tangibles… no te preocupes. También existen trabajos alternativos para ti. La saturación tecnológica que estamos viviendo ha resucitado costumbres del siglo pasado. Aunque algunos no lo crean, son muy buenos tiempos para cuentacuentos, juegos de mesa, juegos de rol, libros de “elige tu propia aventura”… y algunas otras cosas de las que os hablaré en el próximo post.

3 respuestas a ¿QUÉ QUERÉIS? (HAY VIDA MÁS ALLÁ DEL CINE Y DE LA TELE)

  1. Mairena Ruiz dice:

    Muy interesante el post, Juanjo. En mi caso lo que he querido siempre ha sido contar historias. Como no tenía dinero ni contactos, me monté una webserie en Youtube grabada con la cámara del portátil, allá por 2011. Gracias a ella (entre otras cosas), cuando terminé el Máster de Guión de la UC3M, me contrataron para hacer transmedia.

    Desde ahí entré a la Realidad Virtual, donde yo considero que es una ventaja ser guionista, sobre todo si te mueves en diferentes formatos (novela, videojuego, teatro, etc). Los directores están muy acostumbrados a pensar en planos, pero creo que nosotros estamos más acostumbrados a pensar en personajes, acciones, diálogos, espacios… Aquí nosotros tenemos mucho más poder, al menos en Future Lighthouse, donde el CEO es director y guionista, y antepone siempre el valor de la historia que queremos contar a lo demás.

    Además, como está todo por inventar, nosotros estamos experimentando con la figura que, a modo de broma interna, llamamos “vr runner”. En mi caso, además de ser guionista del capítulo VR del Ministerio del Tiempo, fui también la project manager, y en siguientes proyectos ese papel ha evolucionado hacia la producción ejecutiva. Una sola persona en una empresa no puede crear industria, y no todo el mundo quiere encargarse de todo el proceso de creación, pero bueno, ahora mismo la VR es un campo con muchas posibilidades para los guionistas.

    Eso sí, es un campo pequeño todavía, aunque yo creo que ya es el presente, pese a que la mayoría de contenido que se está creando sea branded content para marcas.

    En cuanto a “la piedra filosofal” de la VR, para nosotros de momento es la presencia, el hecho de trasladar a la persona a un lugar y que sienta que está ahí de verdad. Esto, además, genera una enorme empatía, que es otra de las claves de la VR.

    De todo lo demás aún tenemos poca idea, nos lo vamos inventando sobre la marcha. Lo bueno es que hay muchísima gente experimentando con nuevas técnicas narrativas cada día y se avanza muchísimo más rápido de lo que pensábamos en 2015.

    El debate de historia vs. juego/interactividad que planteabais en los comentarios de tu post sobre la VR es muy amplio, y ya he soltado bastante rollo. Decir solamente que en Future Lighthouse unos venimos del mundo del cine, la televisión y el transmedia, y otros vienen del videojuego, por lo que nosotros tampoco terminamos de ponernos de acuerdo.

    Para terminar, solo comentar un par de cosas más. La primera es que los youtubers son guionistas. No conozco a ninguno que no escriba un guión antes de grabar sus videos, e incluso los que graban vlogs editan los videos para crear una historia.

    Y si unes Youtube con webseries, te sale un formato maravilloso que está todavía por explorar en nuestro país, pero que tiene increíbles ejemplos como Lizzie Bennet Diaries o Carmilla (¡que alguien me llame para hacer una vlogserie, por favor!).

    Por último, echo en falta en el post el transmedia, donde también hay guionistas. Pablo Lara, productor transmedia del Ministerio del Tiempo, es el encargado de crear con Javier Olivares y RTVE todas las historias que consumimos después en las redes sociales, podcasts, webseries… Es el guionista de la webserie de Angustias, y también del podcast de Julián, junto a Agus Alonso, de RTVE, además de ser codirector y coguionista del capítulo de VR.

    En fin, me he sentido muy identificada con el post. Yo quería dedicarme a las series de televisión y estoy escribiendo para un formato de menos de diez minutos… Pero como he dicho arriba, al final lo que quiero es contar historias, y creo que hay mil maneras de hacerlo. Gracias por compartirlas.

    • Gracias a ti Mairena, por completar el post con tanto conocimiento de causa. Mi intención era terminar el post con el transmedia, pero me estaba quedando larguísimo y vi que casi merecería un post para él solo. Por otra parte, yo creo que el concepto transmedia, en su máxima expresión, debería incluir (y orquestar) todos los demás formatos mencionados.

      Lo de las vlogseries me ha encantado! Ojalá proliferen.

      Hace poco estuve en Future Lighthouse y me estuvieron enseñando las virguerías que estáis haciendo. Van a salir grandes cosas de ahí.

  2. […] despedí de vosotros en este otro post prometiendo una segunda parte, y aquí la […]

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