ASÍ SE ESCRIBIÓ “TARDE PARA LA IRA”

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Por Nico Romero

El pasado 20 de febrero salió a la venta el guion de “Tarde para la ira” gracias a la iniciativa “70 teclas”. La presentación tuvo lugar en la librería “Ocho y medio” de Madrid y esto es lo que ocurrió…

Carlos López: Hace unos años, un grupo de guionistas nos vinimos un poco arriba y dijimos ¿que hay que hacer para editar un guion? ¿Cuánto cuesta? Y con la respuesta nos dimos cuenta de que se podía. Creamos un teclado virtual con 70 teclas en el que cada socio (teclista) podía escoger una tecla, votar qué guiones quería ver publicados y recibir los dos o tres guiones que publicáramos cada año por treinta euros. Hoy ya llevamos nueve. Todos los teclistas son guionistas en activo y no se publica necesariamente lo mejor sino lo que queremos leer. Pero tenemos un poquito de ojo porque en noviembre decidimos publicar “Tarde para la ira” y desde entonces ha recibido un montón de premios. Hoy sale publicado y hemos conseguido tener aquí con nosotros a sus autores: Raúl Arévalo y David Pulido. Gracias por ceder vuestro guión y dejar que lo leamos. He leído que habéis tardado más de ocho años en escribirlo. ¿Cómo fue?

Raúl: Yo siempre había querido dirigir y se me ocurrió esta idea. Meses después conocí a David, que era psicólogo de profesión y empecé a preguntarle por dudas sobre la psicología de los personajes. Me di cuenta de que compartíamos mucho criterio y él además estaba haciendo un curso de guion.  Dijimos ¿porque no lo escribimos entre los dos a modo de hobby?

David: A mí me pareció una oportunidad que un actor me propusiera esto. No sabía si iba a salir adelante pero ya sólo quedar con él para comentar películas me parecía interesante..

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Carlos: ¿Y seis años después seguías pensando lo mismo?

David: Seis años después no estaba seguro de querer terminar el guión. Me daba pena que aquello de quedar con Raúl se acabara. Pero Raúl y yo ya nos habíamos hecho amigos.

Raúl: Cómo era a modo de hobby no teníamos ninguna presión. Luego empezamos a buscar productor y les gustaba el guión pero no les parecía comercial. Confiar en mí era un acto de fe. Todo esto nos permitió ir haciendo una versión y otra. A lo mejor estábamos tres meses sin escribir nada.

Carlos: ¿Y aquella primera versión era muy diferente a la de hoy?

Raúl: Con matices. Se titulaba “Agosto” y transcurría en invierno. Entonces salió la película de Meryl Streep y decidimos cambiarle el título. Y cuando vimos que había que rodar en verano en Madrid nos dimos cuenta de que no podía transcurrir en invierno. Al principio me jodió y luego me di cuenta de que era mejor.

Carlos: David ¿tú recuerdas cuál era el germen de la historia que te contó Raúl?

David: El germen era: “Todo el rato escuchamos en la tele historias de asesinos y la gente comenta “si eso me pasara a mí no sé lo que les haría”. La primera pregunta que surgía era ¿un ser humano es capaz de vengarse en frío? Porque en caliente teníamos muy claro que sí. La estructura inicial del guión era la misma: el viaje, lo que hacían… Luego fuimos cambiando muchos matices, ambientación, por dónde empezar a contar… Esa era nuestra gran búsqueda. No queríamos dar un giro de golpe, que fuera una película tramposa pero también queríamos que tuviera esa sorpresa que al espectador le enganchara. ¿Qué decir? ¿Qué no decir? ¿Empezar por el atraco o no? Le dimos muchas vueltas.

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Raúl: Discutimos mucho, incluso hasta mandarnos a tomar por el culo.

David: A las 2 de la mañana.

Raúl: Nos salía a los dos un poco la soberbia. Él estaba con su curso de guión, que era maravilloso, pero quería que fuéramos escrupulosos en cuanto a: “el giro tiene que venir en el minuto tal” y yo: “bueno, David, vamos a relajarnos con esto”.

David: Cuando alguien te dice: “Vamos a relajarnos con esto” es que ya no está relajado. (Risas). Es verdad que, además, Raúl y yo defendemos mucho un punto y nos exaltamos pero los dos somos capaces de empezar de nuevo y nos enamoramos de la nueva forma de hacerlo. No nos queda ese resquemor de ir hacia lo antiguo. Y teníamos la confianza suficiente para mandarnos a la porra…

Raúl: ¿A la porra?

David: Es que tengo a mi madre al lado y me da pudor (risas). Bueno, para mandarnos a tomar por culo. A veces nos enfadábamos por algo y a la semana siguiente cada uno defendíamos exactamente lo contrario y nos volvíamos a cabrear. Teníamos el lujo de poder hacerlo porque no teníamos plazos ni presión.

Raúl: Claro. Yo quería dirigir pero no a toda costa. Me encabezoné en hacerlo tal y como yo quería. Ahí tuvimos la suerte de encontrar a Beatriz Bodegas, que compartía criterio conmigo. Había veces que nos decían: “si en lugar de coger a este actor, coges actores más guapos, tías buenas, televisivos, pues será más comercial. Hubiera salido antes pero yo no quería eso. La suerte de trabajar como actor y él como psicólogo es que nos permitía trabajar sin presión. Llega un momento en que teníamos muy claro lo que queríamos contar y lo comprobamos cuando se lo dejamos a algún director al que admirábamos mucho y nos dejaba alguna nota. Sentíamos que así lo habría escrito él pero no nosotros. Y de repente se lo dejábamos a algún amigo que no tenía nada que ver con el cine y nos hacía una crítica que nos hacía reflexionar.

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David: Nos interesaba más lo que un espectador pudiera decir que cosas más de estilo, que ya teníamos muy meditado. Yo creo que el éxito es que Raúl fuera el director. Yo ahí me relajé, a pesar de que, cuando algo quedaba en tablas entre nosotros, yo tenía claro que lo tenía perdido. ¡Pero él tenía tan claro lo que quería contar!  Él no lo vendía bien, no lo adornaba. Decía: “Quiero hacer una película cutre y fea”

Raúl: Cuando íbamos a hablar con ejecutivos de televisión, Bea me decía: “Deja de decir seco y crudo”.

Beatriz (desde el público): ¡No es verdad! ¡Sólo fue una vez!

Raúl: Nos llegamos a plantear hacer una transcripción de la peli para pasaros pero lo interesante es ver los cambios que provoca la dinámica de rodaje. Yo estaba muy abierto a lo que surgía. Hubo marrones gordos, que se nos cayeron actores de un día para otro y tuve que reinventarme la secuencia al momento con lo que si te lees el guion y ves la película te das cuenta de que no coinciden.

David: Cuando ahora compréis el libro, veréis que hay cosas muy interesantes… escenas que no se rodaron…

Raúl: ¡Ahora te parecen interesantes! (risas)

Carlos: “Tarde para la ira” es la historia de una venganza. ¿La historia tiene que ver con cosas que habéis vivido? No digo la venganza pero el ambiente, el bar, el barrio… ¿Hay que escribir de lo que uno conoce?

Raúl: Es una obviedad pero creo que sí. La historia, por suerte, estaba alejada de nosotros pero yo quería llevármelo al terreno que conocía. Esos ambientes y esas atmósferas… yo soy de Móstoles y mi familia es de un pueblo de Segovia.

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David: La historia bebe mucho más de Raúl en en ese sentido. Muchos de los actores no sabían ni jugar al mus.

Raúl: La gracia estaba en que fuera en esos bares de partidas de mus, de serrín en el suelo, de chascarrillos…

Carlos: ¿Y qué personaje tuvisteis claro el primero?

Raúl: Pues no lo sé. El de Antonio fue el que más costó. Yo tiraba mucho de David como psicólogo para hacer un perfil de personaje muy realista pero me daba cuenta de que la realidad a veces no encaja.

David: Un personaje así sería obsesivo, tendría manías…

Raúl: .. pero claro, parecería un loco y no conectarías con él.

David: El personaje de Antonio de la Torre cambió más hacia el final pero el que cambió más en un principio fue el de Luis Callejo, dándole un papel más activo, más protagónico. Creíamos que el espectador iba a empatizar con Curro, no con Jose y empatizar con un personaje que no hace nada es difícil.

David: Es una película de personajes masculinos. No hay muchas mujeres ¿Qué tenéis que decir a eso?

Raúl: Pues que es verdad.

David: Sí. Y, sin embargo, creo que Ana es un personaje secundario pero presenta un perfil de mujer fuerte y con iniciativa. Es verdad que no consigue nada durante la película pero toma decisiones. A mí eso sí me parece importante. Incluso aunque no dibujamos personajes femeninos, nos importaba que el que hubiera no fuera una muñequita.

Raúl: Una vez me entrevistó una periodista y me dijo: “A mí la película no me ha gustado. Al principio sí pero es que la mujer al final queda relegada y me jode. Me caen mal los hombres por como tratan a la mujer”. Así que ahora queremos escribir a un protagonista femenino.

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Carlos: El guion es corto. ¿Siempre ha sido así de corto?

Raúl: Un poquito más largo pero no mucho más. Queríamos una peli de hora y media.

David: Lo único que se cortó un poco fue el primer acto porque la película tardaba en arrancar.

Carlos: ¿Qué películas teniais como referentes?

Raúl: Es un poco popurrí. Yo estaba obsesionado con una película de los hermanos Dardenne, “El hijo”, que es una película contemplativa pero que tiene algo que yo quería: ese realismo a la hora de rodar.  Pero claro esto no casaba mucho con que “Tarde para la ira” es una película más efectista, con giros de guión, que se mete en un universo más “thriller”. Pero teníamos ese referente. Y luego también teníamos el cine kinki de los 80. Al final nos aclarábamos David y yo pero los ejecutivos nos decían: ¿esto de que va a ir?

Carlos: Yo creo que los diálogos están muy ajustados. Hay escenas de una línea por diálogo y otras en las que el actor suelta una parrafada ¿medisteis mucho esa sensación de realismo?

Raúl: Sí. Eso es más trabajo de David. Yo soy más de escribir a lo bruto. Tenía muy claro cómo quería que hablaran los personajes. A mi se me dan bien los chascarrillos pero David era el que afinaba, el que decía: “esto sobra”.

David: Yo quería que cada línea significara algo y si no siginificaba nada, el subtexto sí. En las grandes parrafadas de la película (la comida del pueblo y el monólogo del Triana) todo lo que va pasando por debajo del texto es importante. El texto tiene una función de compensar la acción. Este tipo de cosas lo teníamos muy en cuenta y nadie hablaba por hablar. Lo que más nos costó fue el diálogo que tienen ellos dos en el hospital, cuando la película da un giro y desvela cosas.

Raúl: La dificultad era que la peli tenía un tono realista. No queríamos que pareciera una película. Pero cuando la trama se pone peliculera pues cantaba. Si tú tienes un tono de thriller desde el principio, cualquier diálogo te puede encajar pero en ésta, de repente, había frases que me sonaban a Clint Eastwood.

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Carlos: ¿Cómo repartisteis el trabajo en el terreno práctico? ¿La primera versión la escribe uno y el otro está al lado dándole collejas?

David: Yo creo que tenemos dos maneras de trabajar y además son complementarias y necesarias. Una es quedar y discutir. Ahí pocas veces se produce un resultado. Pero después, cada uno por separado, lo escribimos y se lo mandamos al otro. El otro le pone verde o le dice: “¡que bien!”. Este otro trabajo es vital porque es cuando avanzamos. Yo, cuando hacía los cursos de guión, lo que más me costaba era escribir en equipo y en cambio ahora no sabría escribir una peli sólo, sin Raúl tirando y corroborando que lo que estamos haciendo es bueno.

Carlos: ¿Le has tirado el Goya a la cabeza a algún profesor de guion?

David: No, no, no.

Carlos: ¿Ese tándem continuó después? ¿David estaba en el rodaje?

Raúl: Sí, y creo que era frustrante para él. A veces decía: “¡Es que esto así no era!”. Y entonces yo le decía: “¡Bueno, pues hazlo tú!”.

David: Yo, normalmente, entendía cuál era mi rol. En medio del rodaje no le decía nada pero luego al final sí… excepto una vez, con un dato que daba el personaje del Triana que echaba un poco por tierra lo demás. Ahí sí intervine. Yo me sentía privilegiado de estar en un rodaje. Había gente del equipo que decía: “¿qué hace el guionista aquí?”. No estaban acostumbrados.

Carlos: ¡Y encima come!

David: ¡Que si comía! Había buffet libre las 24 horas. (Risas) Sí que hubo alguna situación graciosa con Antonio de la Torre. Es un actor que vive el personaje y se mete mucho pero que cuando algo no lo ve… Recuerdo un día que me llama Raúl: “Antonio te quiere consultar una cosa” y Antonio me dice: “que al final mi personaje se va a pegar un tiro”.

Raúl: Antonio me lo dijo a mi primero y entonces yo le dije: “Mira, habla con David”.

David: Raúl me dio un papel activo y y yo lo disfruté. Me siento un privilegiado. Hay guionistas que me han dicho: “A mí hasta el tercer año no me han mencionado nunca y aún ahora me confunden con el hijo de Víctor Manuel y Ana Belén. No saben ni quién soy después de 3 años”. Yo no puedo quejarme de nada.

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Carlos: Raúl, siendo guionista y director ¿en algún momento entraste en conflicto contigo mismo?

Raúl: En el montaje. Fue mi verdadera crisis. Ahí veía cosas, errores de novato… Yo estaba hecho polvo. El primer acto tuvimos que remontarlo mucho, cambiar cosas de orden…

Carlos: Los rótulos del primer acto, por ejemplo, no están en guión.

Raúl: Al principio la idea no nos gustaba pero luego me di cuenta de que lo que funcionaba en guión, en la película era muy confuso y algo tan sencillo como poner un cartel centraba al espectador.

David: Lo de los carteles no es una cuestión de dar información sino que al espectador se le genera una expectativa y le ayuda a hilar cosas en su cabeza. No te sabría explicar por qué pero funciona.

Carlos: ¿Eres muy talibán de la estructura?

David: Yo siempre pero a partir del rodaje pierdo el control. Sin embargo, el otro día me dijeron que la estructura de la peli era milimetrica, que en el minuto 30 pasa una cosa, en el 60 pasado otra y en el 75 otra. No me había fijado siquiera ni está hecho con esa intención pero creo que algo hay (a pesar de que Raúl no es tán académico, es más de tripas).

Carlos: ¿Cuántas veces habéis visto la película?

Raúl: Demasiadas.

Carlos: ¿La última?

Raúl: El estreno.

David: Yo, desde el estreno,  la he visto cuatro veces. He hecho una cosa de friki. Me he ido a los Renoir a ver la película en la última fila espiando a la gente.

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Carlos: ¿Dentro de 8 años tendremos otra película?

David: ¡Que no, Bea! Tardaremos menos.

Carlos: ¿Y será otra película cruda y sucia?

Raúl: No lo sé pero desde luego no es un thriller.

Carlos: ¿Ya tenéis clara la historia?

David: Sí. Raúl y yo seguimos conectando en cómo lo queremos contar y no hemos cambiado nuestra forma de trabajar, independientemente de la presión que tenemos ahora. Eso me gusta.

Raúl: Porque todavía no hemos empezado a discutir…

David: Pero ya lo haremos (Risas)

Carlos: ¿Alguien del público quiere hacer alguna pregunta?

Público: Habéis hablado de problemas en el montaje. Raúl, a toro pasado ¿habrías tomado otras decisiones en el rodaje?

Raúl: Ya no porque ya me da igual pero en su momento sí, sobre todo en el primer acto, donde me faltaba más relación entre el protagonista y la chica… cosas de novato. Me dí cuenta de que fallaba a nivel de ritmo.

Público: Habéis dicho que los productores la veían muy arriesgada ¿Cómo fue encontrar a Beatriz, la productora?

Raúl: Una maravilla. El viernes le mandé el guion y el domingo me contestó. Siempre conectamos muy bien. Lo veía exactamente como yo y eso es una suerte total porque nos acabábamos de conocer rodando “La vida inesperada”.

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Público: Me parece muy meritorio haber conseguido un Goya con tu primera película como director ¿Habías rodado algún corto antes?

Raúl: Pues algún corto para el “Notodo” pero poca cosa. A todo el mundo le llama la atención que un actor se meta a dirigir pero decía Fernán Gómez: “a nadie le extraña que alguien que no es nadie se meta a dirigir”. Un actor no es un fontanero. En teatro el 90% de los directores han sido actores. A la hora de afrontar un rodaje tienes tanto ganado que no lo veo tan raro. Me sorprendió lo incorporado que yo tenía el funcionamiento de un set, cosa que un estudiante de cine eso no lo tiene porque no lo ha vivido antes. Pero ser actor es un arma de doble filo porque es frustrante. A veces, los actores te piden hacer una toma más y no puedes dársela porque no hay tiempo.

Carlos: ¿Ha cambiado tu trabajo como actor después de haber escrito y dirigido?

Raúl: Pues sí. Ahora respeto mucho más al director. Recuerdo haber hecho capítulos de “Velvet” y el director, David Pinillos, me decía: “A ver si ahora que has dirigido vas a venir aquí subidito” y yo le decía: “Al revés. Dime qué quieres que haga, que lo hago. Lo que me digáis”. Mucho más respeto al director del que tenía antes.

Público: ¿En algún momento habéis dicho: “esto no sale”?

Raúl: Sí, pero como no teníamos esa presión de que saliese…

David: Era como “¡Qué pena, pues seguimos esperando”. No nos jugábamos nada. De hecho, si a la primera nos hubieran dicho que sí, el guion hubiera sido mucho peor.

Público: ¿Utilizaste alguna herramienta tipo storyboard?

Raúl:  Al principio me lo planteé pero luego me dí cuenta de que no me hacía falta porque lo tenía muy claro… Llevaba años soñando cómo iba a dirigirlo. Si dentro de dos meses tuviera que dirigir algo probablemente lo necesitaría.

Carlos: ¿Cuántas semanas de rodaje fueron?

Raúl: Seis.

David: Antes de rodarla, Raúl podría haberos contado la película entera, plano a plano.

Público: ¿Cómo surgió lo de la voz del Triana?

Raúl: La hizo de broma un día en mi casa y le dije: “¡Lo tienes que hacer así!”. Si lees el guión te das cuenta de que está escrito para un kinki madrileño pero él se lo llevó a Sevilla. Al principio no quería porque le parecía muy osado.

David: Los chascarrillos son de Manolo, que los improvisó pero el crescendo y que el monólogo se fuera haciendo cada vez más desagradable está en el guión.

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Raúl: En lugar de “¿qué pasa tronco?” él decía: “¿qué pasa churrilla?” y cosas así.

Público: Con el paso de los años ¿el casting fue variando?

Raúl: La verdad es que no.

Público: ¿Y no te planteaste participar como actor?

Raúl: No. Además, es que no sé cómo se hacen las dos cosas a la vez.

Carlos: Bueno pues muchas gracias otra vez a los dos. Y a los demás os emplazo para el mes de mayo en que publicaremos un nuevo libro: una serie de televisión que elegiremos entre todos los teclistas durante las próximas semanas…

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