ROBERTO PÉREZ TOLEDO: “ME CUESTA MUCHO DISFRUTAR DE UNA COMEDIA O REÍRME DE ELLA SI NO ESTOY ENTENDIENDO A LOS PERSONAJES”

2 junio, 2017

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El guionista y director canario Roberto Pérez Toledo estrena su tercera película, Como la espuma, una comedia romántica enmarcada en una orgía improvisada en una gran mansión y protagonizada por Sara Sálamo y Diego Martínez. Con esta premisa, no podíamos sino intentar que respondiera a nuestras preguntas sobre el proceso de escritura de la cinta, en cines a partir de este viernes 2 de junio.

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Imagen promocional de Roberto Pérez Toledo.

¿Cómo surgió la idea de Como la Espuma, y qué crees que es lo que define mejor a la película?

La idea vino con la propia propuesta de los productores. Me hablaron de hacer una película muy pequeña de presupuesto pero con un concepto atractivo y ambicioso y después surgió una localización con la que podíamos contar el tiempo que necesitáramos: una enorme mansión deshabitada en el barrio madrileño de La Florida.

Cuando visité la localización, vino a mi cabeza un texto de microteatro que escribí hace unos años y que se representó en La Rambleta, en Valencia. Ese texto se titulaba Ensayo sobre orgías y besos y era una historia de amor muy naif que transcurría en la esquina de una casa en la que estaba teniendo lugar una orgía. De aquella microexperiencia teatral, me encantó comprobar la quiebra de expectativa del espectador, que venía atraído o intrigado por la palabra orgía en el título y luego se encontraba con una comedia romántica de lo más inocente, mientras, eso sí, no paraba de escuchar gemidos en off. Y ya en aquel momento pensé que esta colisión (romance naif en un contexto aparentemente turbio o sórdido) daba para algo más largo y coral.

Cuando vi la mansión en la que íbamos a rodar, aquella vieja idea volvió con fuerza. Pensé que en esa mansión vacía solo podía ocurrir una historia paranormal con fantasmas o una orgía. Y me decanté por lo segundo que me resultaba más apetecible.

Como la Espuma es una película muy coral, que cuenta con varias tramas con el mismo peso narrativo que se entremezclan entre sí para hablar de un mismo tema: el amor no tiene barreras. ¿Estaba este tema presente desde el primer momento que empezaste a escribir?

Sí, una cosa me llevó a la otra de forma natural. Cuando supe que quería hacer una comedia romántica coral y sentimental en medio de una orgía, enseguida surgió la diversidad de orientaciones sexuales y con ella esa dimensión de amor sin etiquetas. Me atraía, por encima de todo, contar una historia sobre personajes que acuden a un lugar en teoría buscando sexo para darse cuenta, a lo largo del día que transcurre en la película, de que lo que ansían, en realidad, no tiene nada que ver con el sexo y sí con lo afectivo.

Y por lo que respecta a las propias tramas, ¿las construiste pensando en partir de personajes diferenciados que se complementaran entre sí?

Sí, me hice una lista de personajes, de perfiles que pudieran darme juego en el contexto de la orgía. ¿Qué tipo de personas podrían hacer caso a una cadena de Whatsapp que te dice, a las siete de la mañana de un día de verano, que acudas a una mansión desconocida porque allí hay un after con piscina y orgía? ¿Qué razones tendrían para desplazarse hasta ese lugar? ¿Buscando qué? Fui respondiéndome estas preguntas y me brotaron muchas ideas y posibilidades.

¿Cómo fue la construcción y descubrimiento de los personajes que más te interesaba tocar para el desarrollo del film?

Me quedé con los personajes que me parecían más atractivos y distintos entre sí, los que más curiosidad me despertaban como guionista, pero me sobraron unos cuantos a los que me dio penilla abandonar. Una vez elegidos, comencé a confrontar a unos con otros, incluso a los más diferentes entre sí, a ver qué pasaba. Quería que un denominador común para todos ellos fuera el hecho de estar un tanto perdidos, en un momento vital triste y necesitado de un cambio o de una toma de decisiones, aunque no fueran conscientes de ello. Mi reto por tanto era llevarles hacia el disparadero para ese cambio a lo largo de hora y media.

En la película se trata el amor sin tapujos, con independencia de la orientación sexual de cada uno. ¿Crees que esta libertad a la hora de contar historias de amor en los que sus protagonistas puedan ser homosexuales o transexuales irá siendo cada vez más normal en nuestro país?

Ojalá. En lo que respecta a mis historias venideras, sí. Desde luego, nunca ha debido ser algo “anormal”. La diversidad sexual es la vida misma, y con esa naturalidad aparece siempre en mis guiones. Y en esta película con más razón aún. Habría sido muy irreal, y bastante infame, plantear una situación como la que cuento en Como la espuma sin salirme del espectro heterosexual.

¿Cómo buscas el humor en estos personajes para evitar que lo que los defina sean solo los manidos tópicos asociados a la orientación sexual?

Quizás lo busco no buscándolo. Rara vez me propongo escribir un gag o algo expresamente gracioso para un momento concreto. Lo que me gusta es crear situaciones y que el humor surja del choque entre el contexto y el personaje, por lo surrealista, por lo paradójico, y no necesariamente por las características del personaje. Creo que lo que me pasa es que no me siento para nada guionista de comedia y simplemente dejo que el humor, si aparece, me sorprenda a mí mismo mientras escribo. Y que luego también sorprenda al espectador. En el caso de Como la espuma, hasta que no vi la película con público, no fui verdaderamente consciente de la cantidad de momentos que hacen gracia a la gente.

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Cartel promocional de Como la espuma.

Supongo que no somos los primeros que mencionamos Kiki como posible referente. ¿Crees que marcó una nueva tendencia, o que pudo demostrar que el público puede estar preparado para comedias subidas de tono?

No pude tener Kiki como referente porque Como la espuma y Kiki se rodaron al mismo tiempo, en agosto/septiembre de 2015. Lo que pasa es que la mía ha tardado un año más en estrenarse. Dos de mis actores, Sergio Torrico y David Mora, estaban un día en Como la espuma y al siguiente en el rodaje de Paco. Me encanta Kiki y me alegré mucho de su éxito, claro. Creo que el público está preparado para todo si es bueno y está bien comunicado/publicitado. Y Kiki contaba con estos dos requisitos sobradamente.

A lo largo del film podemos ver más de un pene, del mismo modo que hay escenas de una masturbación masculina. ¿Desde el guión planteaste ya que la película contuviera estos desnudos y estas imágenes?

Jaja, lo de “más de un pene” me hace gracia. Tenía muy claro que había muchas líneas que no quería traspasar en lo que a zafiedad se refiere, pero tampoco podía ser una película mojigata. El sexo siempre fue la premisa, el cascarón, la excusa para enseguida brindarle historias emocionales al espectador, que además la figuración que se desnuda resultó ser demasiado cara para una película con nuestro presupuesto. Ahora, sin embargo, me resulta curioso que hay espectadores que la consideran escandalosa o provocadora y otros que se muestran decepcionados por el poco sexo que hay. No se me ponen de acuerdo.

Resulta interesante ver que cada historia acaba de manera diferente, algunas incluso tienen un final que podemos considerar agridulce. ¿Tuviste siempre presente contar una historia inscrita en el género de la comedia romántica, pero con toques, digamos, más grises o amargos?

Sí, como te he contado un poco en respuestas anteriores, lo más interesante para mí como guionista fue acompañar a los personajes rumbo al cambio que están necesitando, en mayor o menor medida, para sus vidas. Inevitablemente, algunos de esos personajes me pedían que su cambio pasara por una decisión dolorosa. E intenté encontrar para ellos la felicidad que muchas veces conlleva el hecho de atreverte a tomar una decisión que necesitas tomar aunque duela. Si has cuidado el tono durante el desarrollo de la película, al final puedes permitirte que estos toques amargos resulten tan reconfortantes para el espectador como un final meramente feliz.

¿Tuviste problemas para vender el guión por el tipo de tramas y el tono que empleas?

No, porque en este caso no hubo que vender el guión. Lo escribí tras la propuesta de los productores, pensando en una historia que se ajustara al presupuesto y a la localización con la que contábamos. Así que, por esta vez, he ido sobre seguro.

Hablando del proceso de escritura propiamente dicho, ¿tiendes a ser muy estructuralista o prefieres tener la historia al completo y luego ya buscar la mejor manera de contarla para que el espectador la entienda y mantenga la atención? ¿Sueles pasar por las fases más estandarizadas de la escritura de guión (sinopsis, tratamiento, escaleta…)?

Lo más habitual es que las historias vivan un tiempo en mi cabeza antes de pasar al papel. Cuando me pongo a escribir, normalmente ya tengo clara la estructura al completo. Pero tanto en mi primer largo, Seis puntos sobre Emma, como en Como la espuma sí he seguido las fases, más que nada porque han contado con producción desde el origen del proyecto, y tener una sinopsis y luego un tratamiento y después una escaleta es la forma de mantener informados a los productores del curro que estás llevando a cabo, mientras esperan el guión completo. En el #littlesecretfilm titulado Los amigos raros sí que me permití ser más caótico, porque la experimentación iba implícita en la propuesta loca: escribí el guión por partes, a medida que iba eligiendo y trabajando con los actores, y no tuve clara la estructura final hasta que me puse a montar.

¿Cuáles son a tu juicio las claves de una buena comedia?

Creo que la clave es la verdad, como en cualquier género. A mí me cuesta mucho disfrutar de una comedia o reírme con ella si no estoy entendiendo a los personajes, empatizando con ellos… Creo que por eso me gustan tanto las comedias que son comedias a pesar de los personajes, es decir, las comedias en las que los personajes están viviendo un drama pero a nosotros como espectadores nos resulta tremendamente gracioso. Es algo con lo que me obsesioné también a la hora de dirigir a los actores de Como la espuma. Les repetía constantemente: no olvidéis que a vuestros personajes no les hace ni pizca de gracia esto que les está pasando.

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Fotograma promocional del rodaje de la película.

La comedia española lleva un tiempo siendo la punta de lanza, al menos en el cine de carácter más comercial, de la producción cinematográfica española. Aún así, parece que el éxito comercial no suele tener el equivalente en reconocimiento de la crítica. ¿Por qué crees que ocurre esto?

Uy, no sé. Como para intentar entender a los críticos… Sí que parece un género menor, sobre todo en premios o selecciones de festivales. ¿Será que no se puede tomar en serio una comedia? ¿Es que una comedia no puede ser trascendente? Injusto y prejuicioso es, sin duda.

Y para terminar, ¿tienes proyectos en marcha de los que podáis adelantarnos algo?

Nuevo largometraje muy pronto. Rodaré en mi isla, Lanzarote, con un reparto muy joven ¡y rodeado de volcanes!


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