“NO LOS LLAMES CONTACTOS, COÑO”

19 junio, 2017

Por Àlvar López

“Si estás empezando y buscas curro, lo mejor que puedes hacer es acosar a guionistas que sí tienen trabajo. Escríbeles mensajes privados y pídeles que te avisen si se enteran de que buscan gente en algún sitio. Lógicamente, la tendencia será avisarte y recomendarte a ti, aunque no te conozcan ni sepan cómo trabajas, en lugar de recomendar a guionistas experimentados que conocen en persona y tienen garantías de currar bien. Obviamente no estoy hablando en serio. Lo subrayo porque escribo sobre personas que al parecer no pillan del todo bien las indirectas. Esos mensajes privados de ligón de discoteca no hacen ningún bien a quien los perpetra. Cuando alguien se salta los protocolos de esa manera sólo consigue poner a la defensiva a esos acosados que intenta convertir en aliados. Yo nunca recomiendo para ningún curro a un desconocido que me aborda con semejante actitud. Lo primero que pienso es: Si se porta así en un mensaje privado, ¿cómo se portará en una sala de guionistas? Que sí: Que todos lo hemos hecho. Que todos hemos sido jóvenes y estúpidos. Que nadie puede tirar la primera piedra. Sólo intento ahorraros tiempo y decepciones.”

tumblr_nh0sjyI5OD1r1jmv0o1_1280.png

Las palabras que destaco justo arriba son un extracto del último post que ha publicado Juanjo Ramírez (por el momento) en Bloguionistas, y si las destaco es porque al leerlas he notado cómo me ha recorrido un sudor frío la nuca y la espalda al sentirme identificado. “Joder, ¿yo he escrito algún mensaje así, intrusivo o molesto? Tengo 26 años, así que puedo entrar dentro de la categoría de joven y estúpido”. Saber que a John August, Terence Winter o a Tony Grisoni les podía pasar lo mismo cuando empezaban, que en sus primeros proyectos les acompañaba la sensación, o mejor dicho, el sentimiento de que eran un fraude y de que podían molestar al contactar con guionistas profesionales, no me ayuda a intentar relativizar el asunto.

Desde que tengo uso de razón siempre he sido el preguntón (o uno de ellos) en clase. Sí, seguramente al leer esto alguien sustituya la palabra preguntón por pesado. Sea como sea, el caso es que cada vez que tengo una pregunta y tengo a alguien cerca que sabe más que yo quiero saber cómo trabaja, qué le apasiona, cómo escaleta. Con Bloguionistas tengo la excusa perfecta para hacerlo, puesto que mis dudas y mis ganas de saber quedan camufladas detrás de la figura del periodista que pregunta, pero echo la vista atrás y no me cuesta darme cuenta de que antes, en el Máster, por poner un ejemplo, era igual. Si hacía falta preguntaba diez veces por clase, y si no me quedaba a gusto, preguntaba en el descanso o enviaba un correo electrónico a un ponente preguntándole si podía leerse algo que había escrito para que me diera sus consejos o haciéndole llegar más dudas sobre cualquier asunto relacionado con el guión. O por Facebook.

Pero después de la primera crisis, me he parado a reflexionar y he intentado alejar los miedos internos que supongo que nos acompañan a muchos para ver el asunto desde otro prisma. Hasta ahora (o al menos así lo veo yo, no cabe duda que desde el otro lado el receptor puede tener una opinión completamente diferente) la mayoría de las muchas veces que he preguntado he aprendido algo y me he llevado consejos útiles para escribir, además de haber tenido la oportunidad de conocer a tal o cual guionista que admiro por su trabajo. Del mismo modo, si echo la vista atrás, de no ser por mi curiosidad y mis ganas de saber de los demás no habría entrado a escribir aquí, y quizá no habría conseguido junto a mi compañero Carlos el contrato para desarrollar nuestro primer largo remunerado.

“Si algo he descubierto es que el 90% de la gente con la que tratas es buena y está dispuesta a ayudarte.” La frase es de Terence Winter, y así nos animó en su masterclass a preguntar a todo aquel que quisiéramos. Pero aún así, sigue habiendo una verdad clara y transparente en las palabras de Juanjo, y es que lo importante no es el fondo, sino las formas, y aquí sí que hay algunos puntos que me parece importante destacar tras la reflexión que me suscitó el post.

Creo que hay que saber cuando alguien no está receptivo a hablar, sea porque no le apetece, que está en su santo derecho, porque ha tenido un mal día o porque no le caemos bien. Los motivos no importan, lo necesario es reconocer cuándo puede ocurrir esto y dejar a la otra persona en paz (me pregunto cuántas veces no me habré dado cuenta yo mismo y habré sido el pesado de turno).

Por otro lado, creo que, como digo, la forma en la que nos acercamos a cualquier persona que queramos preguntar es imprescindible, porque una cosa es preguntar, y otra muy diferente es exigir. Si le preguntas a alguien por su trabajo, por su forma de ver la industria o incluso le pides su opinión sobre algo que has escrito, hay muchas más opciones de que la otra persona esté receptiva a seguir la conversación que no si se le escribe con una demanda de cualquier tipo o buscando un objetivo determinado, estilo “voy a ver si hablando contigo consigo x trabajo”. Mi experiencia me dice que estas cosas pueden ocurrir, que pueden surgir opciones de curro, pero no cuando se le escribe a alguien por primera vez pensando en conseguir trabajo. Ni siquiera nosotros en nuestra época de estudiantes nos juntábamos en clase con un alumno que no conocíamos, preferíamos escribir con nuestros amigos y con la gente que congeniábamos. ¿Por qué iba a ser diferente en el ámbito laboral?

Y lo mismo ocurre con el vocabulario que empleamos, aunque sea mentalmente, para referirnos a la persona a la que escribimos. Todo el mundo necesita sus maestros, sin duda, y se verá reflejado en un tipo de guionista o en otro. Qué menos que intentar saber más de su forma de escribir o que poder charlar con él o ella sobre su visión de la industria y sobre cómo encara la profesión. Pero no les llamemos contactos, es una palabra bastante fea que limita mucho a la otra persona, porque al verlo así nos estamos perdiendo (yo el primero, que lo he hecho alguna vez) todo lo que es la persona que tenemos enfrente, porque es mucho más que un guionista y un escritor, es alguien con sus intereses, sus gustos y sus miedos, sus filias y fobias, y que si nos dedica un tiempo, lo mínimo es que le podamos dedicar lo mismo de nosotros, nuestro tiempo y atención. Si de verdad contactas con alguien, que sea por aprender y por querer conocer a esa persona, se reduzca el encuentro a tres reuniones en un bar, una charla al acabar una ponencia o a un mensaje de Facebook.

Quiero acabar con otra reflexión del texto de Juanjo:

“Estamos inaugurando una era en la que cada vez hay más escaparates en los que exhibir tus trabajos, tu talento o tu carencia de él. Muéstrate, sé tú. Deja que la gente se acerque a ti en vez de colarte tú en sus jardines privados.”

Puede que August, Winter o Grisoni hicieran lo mismo que nosotros, hablar (o incluso acosar) con desconocidos de la industria en busca de consejos, y en última instancia, en busca de trabajo, pero los tres tenían algo en común: talento, ganas de trabajar y guiones que exhibir.

Hablar con guionistas y conocer gente de la industria es maravilloso, aprendes infinidad de cosas, pero no basta con eso, debemos ponerlo en práctica, debemos ser los primeros en hacer un ejercicio de reflexión y crítica. ¿Cuántos guiones he acabado? ¿Cuántos microteatros y cortometrajes he escrito? Porque al final, para lo bueno y para lo malo, una cosa está clara: no llegarán a trabajar como guionistas todas las personas que lo merezcan, pero todos los que llegan están ahí porque se lo merecen, y porque trabajan, trabajan y trabajan. La conclusión, al menos para mí, no puede ser otra. “Àlvar, trabaja. Escribe. Conoce, sí, pregunta… pero no los llames contactos, coño.”

entourage-movie.jpg

* Anexo:

Antes de publicar el texto se lo pasé al propio Juanjo, puesto que me parecía interesante reflexionarlo con él, e hizo un par de comentarios que añado para cerrar el artículo. 

Juanjo: Una cosa es preguntar a otros guionistas sobre sus formas de trabajar (yo creo que casi todos los guionistas compartimos siempre gustosísimos esa clase de cosas y vamos aprendiendo unos de otros) y otra cosa es entrar de sopetón (sin cuidar las formas, como tú dices) preguntando por trabajo sin haberle mostrado a esa persona si trabajas bien o no (que una parte de eso se puede mostrar enseñando guiones escritos y la otra parte sólo se muestra si te conocen o da referencias sobre ti alguien que se haya encerrado a trabajar contigo. Que ya sabemos que esto no es sólo “talento” sino también ser de buen trato y saber currar en equipo. Cuestión de personalidad). Incluso a veces se acercan personas con muy buenas formas pero sin ninguna garantía, y lo jodido es que si recomiendas a alguien para un puesto de trabajo, estás casi obligado a responder por esa persona. En realidad es tan fácil como decirle a quien pregunta: “Ok, si me entero de algo te aviso.” Pero yo al menos me siento mal, porque sé que si me enterase de algo, avisaría a otras personas de las que tengo mejores referencias.

De todos modos, al final, para mí, el camino adecuado es ese, el de ir demostrando a base de hacer cosas.


A %d blogueros les gusta esto: