JUAN RAMÓN RUIZ DE SOMAVÍA:”EN RELACIÓN CON LOS PRECIOS, EN ESPAÑA SE HACEN MARAVILLAS CON LO QUE HAY, Y OJALÁ PUEDA MEJORARSE LA SITUACIÓN DE CARA AL FUTURO.”

13 julio, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Ozzy, la cinta de animación española que relata las aventuras de un grupo de perros dentro de una prisión, se estrenó el pasado mes de octubre en España y desde entonces ha sido nominada a dos Premios Goya -a Mejor película de Animación y a Mejor sonido-, ha ganado el Gaudí y el Premio del Círculo de Escritores Cinematográficos en su categoría y este mes compite a Mejor largometraje de Animación en los Premios Platino de Cine Iberoamericano. Ya se ha proyectado en más de cien países y esta misma semana prosigue su camino por las salas en Francia. Con este currículum, no podíamos dejar pasar la oportunidad de entrevistar a su guionista, Juan Ramón Ruiz de Somavía, con el que tuvimos la suerte de poder charlar en Madrid.

IMG-20170219-WA0015.jpg

Juan Ramón Ruiz de Somavía junto al cartel promocional de la película.

¿Cuándo y cómo surge la posibilidad de hacer Ozzy?

Por entonces, yo estaba coordinando una serie una serie infantil juvenil para Disney Channel, y al mismo tiempo tenía entre manos un guión de otra película de animación infantil titulada Azahar. Puse en contacto a la gente de Azahar con la de La Gira, que siempre ha estado vinculada con proyectos de corte infantil o juvenil, y les gustó el guión. Las productoras no se pusieron de acuerdo para ese proyecto, pero sí me preguntaron si tenía algo más que pudiera adaptarse a lo que querían y les mostré una pequeña sinopsis que tenía del proyecto, y que se llamaba Bad Dogs. De hecho, siempre se llamó Bad Dogs, o al menos hasta que la gente de ventas internacionales, nos dijo que la palabra ‘Bad’ no podía aparecer en el título de una obra infantil por sus connotaciones negativas. Y así fue cómo arrancó la película, con una productora pequeñita, Capitán Araña, y yo, de la mano, con un acuerdo para escribir un guión y ver si conseguíamos sacar un proyecto de largometraje de animación adelante. De hecho, yo no cobré el guión, decidí invertirlo de alguna manera para ayudar a la película a salir adelante y condicionar el pago al hecho de que se consiguiese arrancar la peli, a sabiendas del riesgo de acabar con el guión en un cajón durmiendo el sueño de los justos.

Creo que el proyecto pasó por Lightbox, Zinkia, Ilion y a algún estudio más… A todos les parecía un concepto interesante, pero no terminaban de convencerse, algunos pensaban que era una película quizá demasiado oscura, por tratarse de unos perros en una cárcel, donde se hacían referencias a películas duras del género criminal o carcelario. Aun así, y es algo muy a favor de la productora —más teniendo en cuenta que nunca había hecho cine, y menos, de animación—, hay que valorar la fe y el compromiso que mostraron desde el principio por sacar la película adelante.

¿Cómo planteasteis la estrategia para conseguir que saliese adelante entonces?

A partir de la firma del contrato, nos pusimos a trabajar con el dibujante Pablo Herrero e hicimos una especie de biblia gráfica, un documento de venta con una sinopsis, un primer diseño de los personajes, de algunos escenarios… A Atresmedia Cine le pareció bien, le gustó, y decidieron entrar en la película. Creo que fue la propia Atresmedia quien propuso unos socios en España, Arcadia, que habían hecho películas como Blancanieves o Blackthorn, y que también vieron posibilidades para Ozzy.

Una de las cosas que lamentamos es no haber podido hacer finalmente una película 100% española. De hecho, hablamos con Manuel Sicilia y se tanteó hacerla con Kandor, pero por diversas razones no pudimos hacerla con ellos. Lightbox tenía una agenda también diabólica después del éxito de Tadeo Jones, tenían previsto ya hacer Atrapa la bandera, Tadeo 2; y tampoco pudimos cuadrarlo con ellos. Por otro lado, con el presupuesto aproximado que teníamos para la película, muy similar al de Tadeo Jones (unos 8 millones), era muy caro hacerla íntegramente en España. Por eso el proyecto se acabó marchando a Canadá, al parecer salía a cuenta coproducir allí debido a las exenciones fiscales y al tejido industrial de la animación canadiense. Arcadia había hecho una serie de contactos allí durante la coproducción de No llores, vuela, y través de ellos pudimos introducirnos en su industria. Así contado parece breve, pero este periodo supuso algo más de un año y medio.

Respecto a la escritura de guión, ¿se escribió de una forma convencional, o por la particularidad del género se dio la escritura de otra forma?

En ese sentido, yo, que para otros aspectos de mi vida soy mucho más caótico, en el orden de la escritura intento ser riguroso. Es cierto que primero dedico una gran parte del tiempo a pasear, a pensar ideas, cosas sueltas que a menudo tienen que ver con personajes, o con la estructura, momentos o gags, diálogos, situaciones… hasta que esas notas adquieren un volumen intolerable, decido que ya está bien y entonces le doy un orden, me siento a escribir. A partir de ahí, sigo el proceso religiosamente. Sinopsis, escaleta, diálogos. Cada uno de esos procesos se respetó, se enseñó a productor y a director para lograr la luz verde y pasar al siguiente.

Esto no quiere decir que luego, incluso en un primer borrador, no vuelva atrás, esto es así siempre, te das cuenta de errores, se te ocurren cosas… Y cuando lo acabas, es importante enseñarlo a gente que quieras y respetes, ahí te dan opiniones que te hacen dudar, y que a mí me hicieron cuestionar y cambiar segmentos o actitudes de personajes enteras. Debo decir que, en ese sentido, he contado con dos ventajas. Una, Alberto Rodríguez, el director de la película, un tipo estupendo, que siempre se mostró abierto, colaborador, paciente y entusiasta y fue muy respetuoso con el material. Y la segunda, que yo conté siempre con la ayuda inestimable de dos colaboradoras: Sara Antuña y Sonia Pastor, a las que considero personalmente dos de las mejores guionistas del panorama profesional. Aunque no pudieron ser acreditadas en la película como es debido y yo hubiese querido (de nuevo, por la complejidad que supone en una coproducción internacional la gestión de créditos, cesiones de derechos, etc.), ellas estuvieron colaborando en lecturas, revisiones, y en la fase de diálogos, sin cobrar un duro, en auténticas sesiones de writer´s room en casa. Sin ellas, el guión no habría sido ni la mitad de lo que fue, y muchas aportaciones estupendas a la película son suyas.

Apuntabas antes que la película era demasiado oscura para algunos productores de cine infantil. Sin embargo, esta temática de la rebelión y de huida ya existe en otras películas para niños como Chicken Run, sin que ello haya repercutido negativamente en las críticas o en las audiencias. En realidad, escribir para un público infantil no debería significar restarle complejidad al relato, ¿no?

Por supuesto. Es cierto que había que elegir un poco cuál iba a ser nuestro target. La película se pensó siempre con esa ambición, intentar hacer una película para niños sin renunciar a entretener también a los padres. En mi opinión, los primeros en haber conseguido ese objetivo a completa satisfacción fueron los de Lightbox con Tadeo Jones. Yo he escuchado a Enrique Gato en alguna conferencia y da gusto ver lo claro que lo tiene: con lo costosa que es la animación, el único género rentable es el de la comedia de aventuras familiar. Y yo estoy de acuerdo con él. De ahí que a la gente la pareciera atractiva desde el principio la idea de Ozzy, a pesar de las reservas. Era una idea que aglutinaba personajes muy atractivos para los menores, los perros, la niña, y que a la vez trataba de una temática mucho más amplia en cuanto a audiencia. Al final, la película tuvo que ir haciendo concesiones y más concesiones, simplificándose y rebajando muchísimo el tono inicial que aspiraba a conectar mucho más con la audiencia adulta. Sí que es verdad que nosotros no somos ni mucho menos Kandor, Ilion o Pixar y que, por lo tanto, no contábamos con el crédito suficiente a nuestras espaldas para que alguien cubriese ese riesgo por nosotros. Desde la perspectiva del guionista parece muy fácil, y yo todo el rato decía “esto es para los valientes, hay que apostar por no rebajar nada”, pero por otro lado hay que entender el punto de vista de los productores, que habían conseguido con mucho esfuerzo diseñar un esquema de financiación muy frágil, y tenían que poder sacar adelante la película vendiéndola y financiándola internacionalmente.

Suponemos que estas concesiones, muchas veces inevitables, se dieron ya en la fase de preproducción y financiación del proyecto, sobre todo por esas necesidades económicas que comentabas. ¿Se te condicionó en algún momento ya desde la fase de escritura del guión?

En ningún momento. Sí que hubo cosas que se alteraron. A nivel puro de guión no, y hay una versión cero de guión que tiene todos esos elementos que nosotros buscábamos introducir para recoger esa audiencia más adulta, con todas las referencias y los riesgos de ese tono más oscuro con el que nació el proyecto. Luego, como os decía, después de la escritura pura del guión, llegó otra inevitable fase, donde ya entran coproductores, agentes internacionales de ventas y demás, donde la película tiene que conseguir venderse y empiezan a llegar las presiones. Fue ahí cuando se hicieron concesiones realmente significativas, que alteraron parte del contenido de la película, y sobre todo concesiones presupuestarias, que han hecho que la película haya sufrido en el acabado de muchas secuencias de acción, los segmentos más exigentes.

La escritura para animación tiene además la característica añadida de tener que basarse en lo que el posterior software de animación sea capaz de reproducir…

Claro, ésa es la otra parte. Tú en tu casa estás solo, con tu papel y tu boli, e imaginando con total libertad, pero no todo es posible ni todo funciona. En ese sentido, no te queda más remedio que ir aprendiendo poco a poco a rehacer las escenas en función de las pegas técnicas que no puedan solventarse y que supongan una reescritura de alguna acción o la alteración de algún decorado descrito en el guión. Una de las primeras cosas que aprendí es que el humo, el agua, el fuego o la arena son elementos muy complicados de lograr con garantías en el cine de animación (con nuestro presupuesto, entiéndase). Por ejemplo, uno de los elementos que estuvieron sobrevolando todo el proceso de creación y producción de Ozzy fue si tendríamos dinero suficiente para recrear el pelo de los perros. Además, sabíamos que Tadeo Jones había tenido problemas en su entrada al mercado norteamericano precisamente por las texturas de los cabellos de los personajes.

Finalmente, la película se hizo con un software libre que se llama Blender, una particularidad algo pionera que, me temo, se debió a la falta de fondos para trabajar con programas de pago cuyo precio es bastante elevado. El problema fue que la gente contratada para esa parte del proyecto, que en muchos casos no tenía demasiada experiencia, tenía que aprender en primer lugar a usar el software, restándole tiempo a su propio cometido, el proceso de animación. Aún con todos esos impedimentos técnicos, al final pudimos sacar la película adelante, con pelo en los perros, aunque con ciertas reservas desde el punto de vista técnico que, evidentemente, tuvieron su repercusión en el guión. Había, por buscar un ejemplo, una secuencia del ingreso del protagonista en la cárcel, en la que se pasaba por todos los tropos del ingreso en una prisión, como los polvos desinfectantes, las fotografías, la inspección de cavidades o el manguerazo de agua fría, que tuvo que reducirse a la mínima expresión por el problema que suponía diseñar el pelo del perro afectado por esas sustancias.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Son elementos que quizás podían haber sido especificados con anterioridad, para que hubieses podido pensar la historia ya en esos términos, ¿verdad?

Algunos de esos impedimentos surgieron después de los primeros borradores, ya con toda la historia cerrada y con la propuesta de muchas escenas de acción que incluían FX o cinemáticas complejas. Muchos de los desafíos técnicos ocurrían en el clímax de la historia, en un contexto como el de una cárcel amotinada, con el caos y demás elementos propios del género, y tuvo que rebajarse notablemente, como queda patente en el resultado final de la peli, Otros problemas como el suelo del patio de la cárcel, que no podía ser de tierra como inicialmente se pensó, o incluso el del canódromo donde se ejercitan y compiten los perros, que se hizo de parqué tras probar distintos caminos, porque ni el cemento parecía una solución técnicamente viable para la animación en 3D. Y es que es verdad que tiene muchas complicaciones. Cada textura es distinta y afecta a todo el movimiento del personaje: a su manera de caminar, a la gravedad de su pisada, etcétera; así que cada cambio implica una serie de procesos en todo el movimiento del personaje.

Parece un procedimiento muy complicado, incluso ya en la fase de guión.

Parece que sea más sencillo de lo que en realidad es. Es cierto que, como guionista, tú no debes preocuparte a priori por eso, pero, a medida que iba entrando gente en el proyecto para encargarse de todos esos desafíos técnicos, yo intentaba aprender para contar lo mejor posible la historia conociendo esos obstáculos. Ir a favor de obra y buscar otra solución que facilitara y posibilitara que se hiciese la película, que se contase esa escena o esos segmentos de la mejor manera.

En este sentido, dos de los procesos más interesantes para mí en este proyecto fueron el storyboard y el doblaje de voces. Con la gente de story, que era un equipo brillante, nos volvió a faltar tiempo. A partir de aquí, siempre que yo te diga tiempo o dinero, es lo mismo. Creo que todos nos quedamos muy contentos del resultado, pero, de haber tenido más tiempo, podríamos haber afinado mucho más, tuvimos que ceñirnos mucho al guión y una de las cosas que puedes esperar del equipo de story son las novedades, las aportaciones propias que lo enriquezcan. Me temo que no les dejamos mucha cancha. Se trata de un proceso muy complejo, el equipo iba enviando los paneles de story de forma desordenada, con un equipo de sólo tres dibujantes, todo a distancia; yo los revisaba cuando podía con Alberto Rodríguez y dábamos notas. Aclaro, yo daba notas de guión, es decir, marcaba si algo sobraba, faltaba o encontraba algún error que dificultara la comprensión de la historia. Alberto, ya a esas alturas, daba notas a dieciséis departamentos a la vez. Yo veía los programas desde los que trabajaba, sus dos monitores con decenas de columnas de texto paralelas y me daban ganas de que volviesen las Olivetti.

En el caso del doblaje, la película se dobló primero al inglés y luego al español, y ahí tuvimos la suerte de contar con Stephen Hughes. Antes de incorporar a los actores, Stephen, con el guión y muy poco del story acabado, grabó él solo todas las voces de la película, dándole a cada personaje un acento, una comicidad y un timbre únicos (creo que, en total, unos 80 personajes). Presenciar eso, en una tarde, fue espectacular, aún recuerdo a la gente de La Bocina con la boca igual de abierta que la mía. Fue la primera vez que vi que el guión funcionaba, se pudieron meter muchos cambios, cortes, chistes, y luego Stephen, que se quedó con un par de personajes por derecho propio, dirigió el doblaje de manera espléndida. Pero tuvimos que enfrentarnos al otro gran problema de la animación: nos íbamos de duración. Y eso sí fue algo taxativo e inflexible, y condicionó la escritura: la película tenía que durar 85 minutos. Ni un segundo más. De nuevo, tiempo, dinero. De nuevo, cortes y reescrituras. Fragmentos muy significativos del relato que se perdían.

Y luego, con la película prácticamente acabada, el redoblaje en español. Otro proceso donde había que revisar la duración de diálogos, meterlos en boca, y los chistes que habían quedado en inglés y que había que readaptar… Ahí me encuentro con otro fenómeno, Lorenzo Beteta, que dirige el doblaje, me aguanta cuando me pongo pesado e intento proteger la integridad de los diálogos, y me meto en su terreno a menudo. Bendito sea. Creo y espero que al final él también disfrutara del proceso, sin él no habríamos tenido un doblaje tan estupendo. Debo decir que los dobladores españoles, no sólo Guillermo Romero, que fue nuestro Ozzy y lo bordó, tienen un nivel espectacular y clavaban las intenciones enseguida. Y que los actores que prestaron sus voces a personajes, caso de Dani Rovira, José Mota, Carlos Areces, Fernando Tejero, Michelle Jenner… todos se entregaron a la labor de forma muy generosa y se pusieron a nuestra disposición. Dani creo que incluso llegó tarde a un estreno por terminar sus tomas a entera satisfacción.

MV5BNjZmNDgxM2MtYTQ3MS00M2I1LWJkNDItN2UxMmEyNTFmNDJlL2ltYWdlL2ltYWdlXkEyXkFqcGdeQXVyNzExMDAwNDM@._V1_.jpg

Fotograma promocional de Ozzy.

De todas formas, sin duda es interesante que un guionista esté al menos familiarizado con los diferentes aspectos de una producción -en este caso de animación- para poder realizar lo mejor posible su función dentro del trabajo en equipo.

Evidentemente. Y hay que aprender sobre la marcha. A los guionistas nos sucede constantemente. Ya sea en televisión, o haciendo cine convencional o, por supuesto, al meterse en un proyecto de animación, con el desafío tecnológico que supone. Tienes que andar tapando agujeros, y conste que no me quejo. Es un reto muy interesante como escritor y, en realidad, así es como se aprende el oficio, tapando agujeros (esta frase corre el riesgo de acabar en Twitter o en algún sitio peor). Aparentemente, en el cine hay menos urgencia que la tele, pero a la hora de la verdad, me he visto escribiendo separatas en inglés (que me revisaba amablemente un amigo bilingüe: gracias, Carlos) a las tres de la mañana para enviar a Canadá, con propuestas de simplificación del segundo y tercer acto, o propuestas de gags visuales, o reescrituras de diálogos… Al final, esa sensación de urgencia acaba estando presente en todas partes. Por otra parte, hay que decir que el nivel de los animadores en España es altísimo, con equipos técnicos maravillosos. Nosotros hemos tenido que sufrir mucho con nuestras secuencias de acción, pero eso no quita que no hubiese gente muy buena, haciéndolo lo mejor que podía con los medios a su alcance.

Por poner más ejemplos de animación de primer nivel en España, el equipo que diseñó Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, o Atrapa la bandera, hicieron un trabajo espectacular y sus escenas de acción, de una complejidad morrocotuda, lucen asombrosamente bien. A nosotros igual nos han faltado esos dos millones más que tuvieron ellos para poder hacer una producción técnica y artística de garantías. O incluso haberla podido terminar en casa, con otras condiciones. Me refiero a que en España, la gente del gremio de la animación se entrega a saco, se deja la piel, los equipos están realmente motivados con el proyecto, algo que para nosotros era muy difícil, al tener diferentes partes de la producción en diferentes lugares (Madrid, Toronto, Winnipeg…) y no siempre en las mejores condiciones de comunicación interna. Yo, al final, tenía dudas de dónde se hacía cada cosa, de dónde me llegaban según qué notas. Terminar esta película ha sido una hazaña, cuyo mérito corresponde a un director y un productor que se enfrentaban a su primera película, con muchas imposiciones económicas y trabajando con gente con poca experiencia. Y lo mismo conmigo como guionista, Ozzy era realmente el primer proyecto gordo de animación que ponía en marcha, aunque ya hubiese escrito otro largo antes, y algunas cosas más de animación por el camino.

Lo que está claro es que la animación supone en ciertos aspectos un reto añadido para el guionista, que tiene que estar dispuesto a trabajar con esas normas propias del formato, o también a modificar su historia en todo momento.

Como en todo tipo de producciones, quieres estar pendiente para que esos cambios no afecten a tu historia, pero tampoco te van a dejar estar pendiente siempre. Ya he comentado que aposté por la película y no cobré hasta que esta consiguió su financiación. Bueno, al hacer esa apuesta también me garanticé cierto margen de decisión, y acordé que me dejaran supervisar la integridad de la historia, si bien no siempre fue fácil hacerse oír. El primer acto, por ejemplo, lo tuve que reescribir muchas veces, porque me demandaban unas cosas y luego pedían cambios sobre lo reescrito que no siempre parecían coherentes. Varias veces me hicieron volver sobre mis pasos sobre cosas que habían aceptado. Por todo ello, quise estar pendiente, asegurarme por contrato no perder el control del conjunto de la historia. Con la película ya en Canadá, nos pusieron a gente a proponer ideas, pero es cierto que de nuevo, me permitieron vetar las que no me funcionaban. En ese sentido, no puedo tener queja acerca de mi capacidad de maniobra, incluso metidos ya en la fase de producción.

Volvamos a la figura del guionista de animación en la Industria española. ¿Tú ves posibilidades para que esta figura se consolide en el mercado español actual?

Ojalá. Yo creo que España podría llegar a ser una potencia de la animación, sin ninguna duda. Otra cosa es que existan las ayudas necesarias, o la visión desde arriba para facilitar que esto se produzca. Y no me refiero sólo a la animación para cine. También me refiero a las series, a la publicidad o a los videojuegos. Existe mercado y existen técnicos muy buenos que no tienen nada que envidiar a muchos de los animadores internacionales. Sin ir más lejos, ahí está Sergio de Pablos, una autoridad mundial, o Blue Dream, el estudio encargado de Animal Crackers, con sede en Valencia, y que acaban de terminar ahora la película en coproducción con Estados Unidos. Yo he estado allí con ellos y he podido comprobar lo buenos que son y lo bien que trabajan. Y hay más casos. Algunos estudios, como Ilion, han llegado a acuerdos para llevar a cabo services brutales para estudios hollywoodienses.

En el caso de Ozzy, la película se ha vendido a más de cien países alrededor de todo el mundo. Estrenamos en prácticamente toda Europa con buenos resultados, en sitios como, Canadá, EEUU, China, Corea, casi toda Latinoamérica, Sudáfrica… Lo que quiero decir es que existe un gran potencial, una posibilidad real de hacer buenos productos aquí con presupuestos que, en el mejor de los casos, suponen una quinta parte de sus equivalentes norteamericanos, con cintas que cuestan cien (o doscientos) millones, por los ocho que ha podido costar Ozzy. Atrapa la bandera o Mortadelo tienen una factura brutal, por ejemplo, y el presupuesto es sólo algo mayor que el nuestro. En relación con los precios, en España se hacen maravillas con lo que hay, y ojalá pueda mejorarse la situación de cara al futuro. Ya existen técnicos en todas las áreas con una excelente formación y mucho talento, así que el crecimiento del mercado de la animación en España es una posibilidad. De momento, y regreso a la pregunta, el temor que tengo es que la deriva siga apuntando a trabajar sobre todo para producciones norteamericanas, donde gran parte del contenido se fiscaliza desde allí y casi siempre viene impuesto el guionista, sin posibilidad de generar nuestras propias historias. Esperemos que esto pueda ir cambiando.

Ser parte de ese proceso tan gigantesco conlleva también esa pérdida relativa de independencia.

En efecto, hay que pagar ciertos peajes si quieres llegar a un público internacional amplio. Yo aplaudo a rabiar que existan películas autóctonas y tremendamente valiosas, como Arrugas o El apóstol. Pero cuando hablamos de apostar por un cine de animación familiar y comercial… no nos engañemos, se llamaba Justin y la espada del valor, y no “Justino”; Tadeo se apellida Jones y Atrapa la bandera transcurre en Florida, habla de lanzamientos espaciales americanos. En nuestro caso, se nos criticó desde algunos sectores porque la película se enmarcase en un barrio residencial típico americano… Con lo cara que es la animación, asumámoslo, si yo hago una película de un perro en Coslada al que le meten en Soto del Real pero acaba en Fontcalent, es probable que no consiga financiación, mientras que así sí puedo aprovecharme de las ventas internacionales.

 


“LA ESCRITURA DE GUIÓN ES COMO UN ROMPECABEZAS: MÁS RIGUROSA Y EXIGENTE QUE LA ESCRITURA LITERARIA EN MUCHOS ASPECTOS”

7 julio, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El pasado mes de mayo, y tras su paso por diversos festivales de Europa y Estados Unidos, se estrenó en salas Mon Ange, un largometraje fantástico de origen belga que tuvimos la suerte de poder ver durante la última edición de Festival de Cine de Sitges. Allí pudimos entrevistarnos con los guionistas de la cinta Harry Cleven y Thomas Gunzig, que nos contaron cómo fue el proceso de escritura de esta historia de amor tan particular entre un joven invisible y una chica ciega.

IMG_9647.JPG

Harry Cleven (izquierda) y Thomas Gunzig (derecha) durante la entrevista en el Festival de Sitges de 2016.

¿Cómo nació la idea de escribir este drama de corte fantástico?

Thomas: En mi caso, ya había trabajado junto a Harry en otro guión llamado True Love, que también era de género fantástico. El caso es que habíamos terminado ya la escritura de ese guión y estábamos un poco en la fase de financiación y demás, una fase nada divertida para los guionistas. Nuestro productor, Jaco Van Dormael, nos sugirió entonces que por qué no probábamos a escribir una película pequeña con dos personajes y una localización. Este guión que intentaba financiarse era un proyecto más costoso que lo que nos sugería, y tras discutirlo nos pareció interesante partir de esa propuesta, con una idea básica que ya me rondaba la cabeza, la de una mujer encarcelada que da a luz a un bebé invisible. Esa idea nos gustaba.

Harry: Claro, era un poco esa simbología de la cárcel como confinamiento y del nacimiento como libertad…

T: (Ríe). No, eso es la teoría, pero en realidad…

H: Pues eso dijiste tú en la última entrevista. Y me gustó mucho.

T: ¿Te gustó? Vale, pues eso, un recién nacido que representa la libertad y la cárcel como confinamiento… En fin, que enseguida vi la lucecita en la mirada de Harry y nos pusimos ella. Claro, con la idea también llegó el problema. Nos gustaba esa imagen, pero no sabíamos que historia queríamos contar.

H: Siempre que Thomas se presenta con una idea, yo siempre empiezo proponiendo una historia de amor y esta vez funcionó. Y así fue como nos pusimos a escribir una historia de amor y creamos al resto de personajes, como a la chica ciega que coprotagoniza la historia, Madeleine (interpretada por hasta tres actrices en las distintas etapas de su vida retratadas en la cinta).

La creación de esos personajes tan especiales es uno de los elementos que más sobresalen durante el visionado de la película. Entendemos que los personajes de Louise, la madre encarcelada, o el del hijo invisible fueron desarrollándose al servicio de esa primera imagen que os vino a la cabeza pero, ¿cómo desarrollásteis, por ejemplo, al personaje de Madeleine?

H: Lo que hicimos fue pensar en qué sería lo más sorprendente que podría ocurrirle a un niño invisible con esa dificultad para relacionarse. Fue así como surgió la idea de la ceguera, aunque no fue algo con lo que dimos inmediatamente.

T: En un principio, de hecho, Madeleine no era ciega. Es un rasgo que se le ocurrió a Harry, y que nos pareció finalmente el más adecuado.

H: Claro, cuando llegamos a esa posibilidad, entendimos que era lo mejor que podía pasarle a este niño sin cuerpo. Se generaba un conflicto muy claro: ¿Cómo podría amar a alguien y ser amado por ese alguien sin que la invisibilidad supusiese un obstáculo mayor?

¿Cuál fue entonces el recorrido teórico que seguisteis para escribir? De la idea inicial a los personajes y de ahí a la estructura, ¿no?

H: En realidad, una vez creamos ese binomio formado por un joven invisible y una ciega que se enamoran, la estructura se volvió bastante evidente para nosotros. Claro, es que de esa imagen surgían ya muchas preguntas, tanto sobre el background como sobre cómo podría acabar esa historia de amor. Para empezar, el mismo nacimiento de un niño invisible -y además en una cárcel-, ya nos indicaba un gran punto de interés desde el que empezar a contar la historia. Tenemos a un niño cuya existencia solo conoce su madre y que además nunca ha salido fuera de las cuatro paredes donde ella está retenida hasta el mismo día en que es lo bastante alto como para mirar por la ventana y descubrir el mundo exterior y sobre todo a la joven Madeleine. De hecho, son estos conflictos que nacen directamente de la misma naturaleza del niño invisible las que vehiculan gran parte de la historia, cuando él mismo se plantea preguntas tan vitales para él como si la existencia depende o no únicamente de la mirada del otro. Siendo invisible, la única persona para la que puede existir, a su modo de entender, es aquella que precisamente no puede ver a los demás, lo que le permite ser él mismo… hasta que ella le anuncia que van a operarle y que va a recuperar la vista. Y luego ya pues hay que ver la película para conocer como continúa su historia (Ríen.)

Una vez teníais la historia que contar, con los personajes y las tramas ya cerradas, ¿le dedicastéis mucho tiempo a la reescritura?

H: Sí. Por supuesto que sí. Incluso antes de tener cerrada la historia ya habíamos empezado a hacer versiones de las diferentes posibilidades que barajábamos, más cercanas al cine negro e incluso a la temática mafiosa. También probamos con diferentes espacios o incluso con tonos más acelerados, persecuciones incluidas. Curiosamente, al final optamos por simplificar la narrativa.

T: De hecho, ya con la primera versión terminada, nos dedicamos sobre todo a condensar los elementos para llegar a una versión lo más concisa y pulida posible. Nos quedamos con la esencia de la historia, con la relación de amor entre Madeleine y el chico invisible… En las películas de amor es cierto que muchas veces sucede algo muy parecido. Si las haces demasiado simples, carecen de interés, pero en este caso, podíamos jugar con muchos obstáculos para ese amor gracias a las particularidades del universo que habíamos creado, sobre todo gracias a la invisibilidad del protagonista. Ya en la última versión, creo que conseguimos hallar ese equilibrio entre la complejidad de la trama y la historia de amor que queríamos contar, que era una historia más bien simple.

Entonces, podemos suponer que durante el proceso de escritura habéis llegado a otras historias muy distintas que después descartasteis, pero que ya contenían en esencia esa historia de amor.

H: Pues en realidad tampoco. Es decir, hasta que no dimos con el personaje de la joven ciega, teníamos cierta sensación de bloqueo.

T: Claro, teníamos las piezas en el tablero, pero no sabíamos cómo moverlas. No teníamos nada cerrado qué actos llevaría a cabo cada personaje. Se podría decir que teníamos el tema, pero no la trama concreta con la que contarlo, al menos no una satisfactoria para nosotros.

Por cómo explicáis el proceso, tenemos la sensación de que habéis colaborado estrechamente en cada momento de la escritura. ¿Cómo organizáis el trabajo en equipo?

H: Nosotros dividimos el trabajo en dos grandes etapas. Primero pasamos muchas horas únicamente hablando de la película en un sentido casi teórico. También nos reuníamos una vez o dos por semana para ir elaborando el tratamiento y demás documentos previos a la escritura. Para esta película, llegamos a una especie de trato entre nosotros. por ejemplo, durante la primera fase fue Thomas quién cogió la pluma y yo me encargué más de leer y comentar con él los cambios sobre cada versión, y más tarde invertimos nuestros roles. A nosotros nos funciona, porque realmente es muy complicado escribir sobre una misma versión dialogada entre dos personas de manera simultánea.

MV5BZTcwMWVjOGYtMThiMy00MTRiLWIyMTAtNDk5NzUyODRkNWJkL2ltYWdlXkEyXkFqcGdeQXVyNDk3ODMwMQ@@._V1_SY1000_CR0,0,699,1000_AL_.jpg

Cartel comercial de Mon Ange.

¿Tendéis a seguir de manera muy clara cada etapa de la escritura?

H: He de confesar que es la primera vez que me he sentado a escribir las versiones dialogadas habiendo cerrado ya todas las etapas precedentes, pero encuentro que es un método que nos ha ayudado mucho.

T: Nos ha ayudado porque si no, cuando empiezas a tener claras algunas escenas en tu cabeza, que te gustaría que estuviesen, cuesta reprimirse y no lanzarse inmediatamente a hacer la versión dialogada de esas partes, lo que tiene el riesgo de emborronar de más la estructura, y con ello el computo general de la película.

H: Y es por eso que esa primera parte, es la que mas hemos realizado entre los dos, alternando nuestras funciones pero siempre el uno con el otro, para evitar perder de vista la línea temporal y los hitos por los que queríamos pasar. De hecho, una vez tuvimos todo cerrado, la versión dialogada que fue a rodaje la concluimos en dos meses más o menos. Bastante rápido.

T: Cuando ya llevas un tratamiento muy depurado, muy trabajado, aunque sea de unas quince o veinte páginas -y siempre que esté bien detallado-, ponerse a redactar el guión es algo mucho más ágil.

Entonces para vosotros es un camino de una única dirección, ¿no? Una vez cerráis una etapa, pasáis a la siguiente y así hasta terminar…

H: Yo diría que no. Es un método de trabajo que nos imponemos para escribir, pero en la práctica muchas veces vas y vuelves hasta llegar a dónde quieres. En este caso, por ejemplo, la visión del mundo que podía tener este niño criado en una prisión y completamente invisible a los ojos del resto del mundo fue casi lo que más tiempo nos ocupó a la hora de generar el tratamiento. De ahí que luego nos fuera relativamente sencillo escribir las escenas para un personaje con esas características, pero sí hemos revisado otras cosas que habíamos pasado por alto o desarrollado menos en esa primera fase de tratamiento. Como decía, creo que es un recorrido de constante ida y vuelta, ¿no?

T: Desde luego. En mi caso particular, yo además de guionista también soy novelista, y creo que en la novela sí puedo permitirme lanzarme desde el principio cuando creo que una idea funciona, cosa que no puedo hacer escribiendo para cine. Creo que en la escritura de guiones hay mucho más de rompecabezas. De hecho, incluso ya antes del tratamiento, para poder redactarlo, siempre trato de tener ya el principio y el final, e incluso un punto medio más o menos definido. En mi opinión, por resumirlo de algún modo, considero que la escritura de guión es más rigurosa y exigente en muchos aspectos que la escritura literaria.

En tu caso particular como guionista, Thomas, has dado además un salto muy grande de tono y género entre esta película y tu anterior proyecto, El nuevo nuevo testamento, ¿qué dificultades conlleva ese viraje tan brusco de géneros entre dos proyectos tan unidos en el tiempo?

T: Al contrario, considero que es casi imprescindible para mí dar esos saltos. La escritura es un trabajo que tiene mucho que ver con la superación de retos y la excitación, así que sin ese cambio entre proyecto y proyecto, no lograría ese nivel de excitación que me ayuda a trabajar mejor. La búsqueda de nuevas historias, complementada con la creación de nuevos personajes y la necesidad de alterar el lenguaje en función del tono es lo que aporta ese plus de adrenalina que a mí me sirve para funcionar.

H: De hecho, Thomas acostumbra a trabajar en varios proyectos muy distintos a la vez. Por lo que yo he visto de él trabajando, prefiere pasar un determinado número de horas con un trabajo y luego, para descansar, ponerse con otro totalmente distinto. Es impresionante verle trabajar. Él llega, con su chaqueta cerrada hasta arriba y ni siquiera se sienta. Se pone a trabajar sin descaso durante un rato y luego se despide diciendo que tiene otro trabajo que hacer en otro lugar.

T: También tiene mucho que ver con la remuneración. Un guionista no suele ganar tanto como para no estar en varios proyectos a la vez si se lo ofrecen. Pero es verdad que me estimula llevar ese nivel de actividad para la escritura.

H: Por el contrario, yo soy monomaníaco y si me pongo a trabajar en un proyecto vivo obsesionado con ese proyecto en concreto. Nos complementamos bien en ese sentido.

La verdad es que sí se intuye que trabajáis habitualmente juntos.

H: Se podría decir que Thomas y yo nunca estamos en total desacuerdo. Cuando discutimos sobre un aspecto de la historia en cuestión, tendemos al entendimiento y respetamos muy bien los tiempos de cada uno, lo que convierte el trabajo en algo mucho más sencillo y llevadero.

T: Tengo que decir que me costaría trabajar de manera habitual con gente a quien no considerase amigos. En este trabajo, si colaboras con alguien, significa que vas a pasar muchas horas con esa persona, hablando de la manera en que cada uno ve la vida, así que si no te entiendes bien puede convertirse en algo muy tedioso.

H: El problema es cuando nos ponemos a ver vídeos de MMA… (Ríen.)

T: Desde luego. A veces hacemos otras cosas, pero lo que quiero decir con esto es que cuando uno se hace guionista, siempre es por placer, porque le gusta mucho la rutina de escribir, así que más vale rodearse de gente con la que seas compatible.

Desde luego que sí. Ya para terminar. Como guionistas de la industria belga, nos gustaría también conocer cómo veis vosotros la figura del guionista en vuestro país. ¿Qué podéis decirnos sobre las condiciones laborales, la repercusión del autor…?

T: Bélgica es un país más bien pequeño, así que no existe una gran industria generadora de productos audiovisuales, lo que convierte el estreno de un largometraje en una conjunción de etapas muy complicadas a las que es muy difícil acceder. Hay bastante competencia para el número de producciones que finalmente ven la luz cada año. Además, imagino que como en casi todas partes, reunir financiación es muy complicado. No hay tantas productoras serias que quieran y a la ve puedan apostar por proyectos de elevado coste. De ahí que antes dijera lo de trabajar con gente con la que notes de entrada que te llevas bien, porque van a ser muchas horas y muchas dificultades las que vas a pasar junto a ellos.

MV5BMWZmZjRhNDctMjQ1ZC00NmFhLWEwOTMtMzMxOWE0NjEyNWEwL2ltYWdlXkEyXkFqcGdeQXVyNDk3ODMwMQ@@._V1_.jpg

Fotograma promocional de la película.

H: Y también tienen mucha importancia los contactos que vas haciendo durante toda tu carrera. A nosotros dos nos presentó Jaco Van Dormael, el productor, que ya era amigo personal mío y que había trabajado con Thomas en la escritura del nuevo nuevo testamento. Al ser un país pequeño, con una industria cinematográfica tan reducida, prácticamente nos conocemos todos lo que aporta elementos positivos una vez estás dentro de la industria, pero es verdad que se antoja complicado entrar.

T: De todos modos, al final muchas veces existe esa sensación de que hay muchas personas tratando de escribir proyectos, pero que no son tantos los que tienen una visión o una historia singular que llame la atención de los realizadores y los productores.


15 ERRORES CUTRES A EVITAR EN LAS PRIMERAS 10 PÁGINAS

5 julio, 2017

Lucy V Hay es guionista, escritora y blogger. Colabora habitualmente con bang2write.com, donde publicó esta entrada que nos ha parecido interesante para traducir. 

  15 Cheesy Writing Fails To Avoid In The First 10 Pages

               por Lucy V Hay. Traducción de Carlos Crespo.

Como bien sabe cualquier guionista, las diez primeras páginas pueden ser determinantes para que el guión sea un éxito o un fracaso. Pero hoy día, también los novelistas -tanto los que se autoeditan como los que intentan destacar entre la montaña de manuscritos no solicitados que reciben las editoriales- se van dando cuenta de que tienen que arrancar sus historias sin tiempo que perder. Los lectores y los espectadores tienen más cultura mediática que nunca y simplemente NO ESTÁN DISPUESTOS A ESPERAR a que empiece la historia.

Siendo el comienzo de tu trabajo algo TAN importante, no tiene sentido alguno incluir escenas o elementos que hayamos visto ya miles de veces. Hacer eso es comprar un billete de ida a la Ciudad de los Documentos Eliminados / trituradora de papel. Es una realidad muy cruda, pero habiendo tanto contenido y tantos manuscritos ahí fuera, algo con un aire fresco siempre tendrá prioridad sobre lo cutre y lo “esto ya lo he visto”.

Hasta aquí las malas noticias. La buena noticia es que es más fácil que nunca saber lo que huele a rancio. Aquí tienes la lista con las 15 cosas que estoy SUPERABURRIDA de ver, especialmente al principio de un texto. ¿Preparado? Pues vamos allá.

3.png

1) Tipos misteriosos en funerales

Si has leído mi libro, Escribir y Vender Guiones de Thriller (Writing And Selling Thriller Screenplays,), ya sabrás que te vengo aconsejando en contra de hacer esto en thrillers desde entonces, porque estaba ya superaburrida de este tipo misterioso que llega al funeral con LA MISIÓN para el/la protagonista. ¡Bostezo!

Pues desde que salió mi libro, el funeral parece haber infectado todos los demás géneros también, sobre todo el drama y la comedia. ¡Argh! Mira, entiendo que las muertes puedan ser efectivas como catalizador, pero si decides incluir un funeral, POR FAVOR hazlo de manera innovadora o intenta encontrar otra forma de detonar la investigación de tu protagonista al principio del guión o la novela.

2) Llegar a casa “justo a tiempo”

¿Cuándo fue la última vez que llegaste a casa justo a tiempo de descubrir a tu pareja montándoselo con otra persona? De verdad, con la cantidad de películas y novelas que incluyen esta escena, una pensaría que le pasa a TODO EL MUNDO. Por favor, escritores, retirad esta imagen cutre, rancia y vieja.

3) Confesiones en el lecho de muerte

Cómo me gustan estos secretos familiares tan inesperados. Todo es maravilloso y guay en tu mundo cuando de repente alguien MUERE, pero antes de estirar la pata REVELA ALGO QUE LO CAMBIA TODO. ¿Quién narices hace eso? Esto apesta a “lógica de peli”. Tu protagonista debería descubrir estos tremendos secretos familiares por cuenta propia, de alguna manera. Así el personaje sería más activo, ¿no?

4) Caminar / correr

Solo te digo que más vale que tu película o novela vaya sobre caminar o correr si decides escribir páginas y páginas sobre el tema. Si no, lo único que tienes es un personaje caminando a algún sitio. NO REVELA PERSONALIDAD Y NO HACE QUE LA HISTORIA AVANCE. Y punto.

PERO… PERO…”¿qué hay de Clarice Starling corriendo en El Silencio de los Corderos?” Mira, me alegra que me hagas esa pregunta. Porque Clarice no solo corría, ¿verdad? Estaba haciendo una carrera de obstáculos… más o menos como la que le espera después con Lecter. ¡Boom!

5) Despertares y rutinas mañaneras

De verdad, colega, si incluyes esto al comienzo de tu guión (en particular), mereces que te lo trituren. Y no me refiero a tu guión. Muajajajajajaja.

41.png

6) La terapia revela al verdadero personaje

Mi odio particular: empezamos con nuestro héroe o nuestra heroína, que normalmente se muestra hostil, negándose a participar porque su carácter es DEMASIADO COMPLEJO, NO TIENE TIEMPO PARA ESTAS MIERDAS. Terminamos con el terapeuta diciendo algo como “tienes que enfrentarte a esto, porque si no eres un peligro estando de servicio / para tu familia / para ti mismo”. AAAAAAH. A este odio mío le sigue muy de cerca cuando el personaje, normalmente una mujer, abre su alma y reconoce que su vida en casa es TERRIBLE, que su marido no la entiende y que sus hijos son unos desagradecidos.  ¡No, gracias!

7) Amante dentro del armario

Teniendo en cuenta el número 2 de esta misma lista, sería increíble que alguien pudiera ocultar una infidelidad colocando al amante dentro del armario las 24 horas… o sea, el marido tiene que saber dónde se oculta el otro tío, ¿no? EPIC FAIL.

8) Banda musical mala es abucheada

Esto parece ocurrir solamente en guiones (no lo recuerdo en ninguna novela, publicada o sin publicar). Curiosamente, ahora mismo estoy leyendo BASTANTES guiones sobre bandas tributo y sobre bandas de los 70 y los 80 que se siguen creyendo en la cresta de la ola. Casi siempre empieza con alguien diciéndole a la banda que tienen que abandonar el escenario, lo cual acaba en pelea. Ya está.

9) Interrogatorio policial

Obviamente, este sí tiene cabida, sobre todo en -sorpresa sorpresa- procedimentales policiacos. Pero demasiados guionistas y escritores usan este elemento para abrir a los personajes en canal y llenar el espacio con borbotones de diálogo. Hacer esto en la primera parte de tu guión o novela es una locura total, porque te cargas la intriga.

10) Tour guiado épico

Algunos guiones y novelas aprovechan el momento en que a un personaje le hacen una visita guiada por un espacio que no conoce para dejar caer un trozaco enorme de información. No está lo suficientemente camuflado, es obvio y hay que esconderlo mejor YA.

61

11) Congelar el plano / nombre

Ya sabes cómo funciona: nos presentan a un personaje, se congela la imagen y su nombre aparece en grande en la pantalla. ¡Joder chaval, NO! No solo es una cutrevuelta a los años 90/00, sino que además aquí el guionista lo que hace es dirigir desde la página. Si vas a hacer algo así, al menos da una marca de dirección que sea original. Si no, vete ahora mismo al rincón de pensar. ¡Hombre ya!

12) La lectura del testamento

O sea, no. Es que me saco los ojos.

13) El día realmente malo, malo, MALO

Un personaje al que le pasan un montón de cosas malas, desde pisar un charco y empaparse cuando va camino del trabajo, hasta que le despidan o le humillen. Esto a veces se combina con el cliché número 2 de esta lista para conseguir una MUY repugnante y cutre asquerosidad. ¡Noooooo!

14) Pesadilla / Despertar

Es posible empezar con una secuencia que resulte ser una pesadilla / sueño – BABADOOK hace esto bien, demostrando que a veces el cliché puede funcionar, SOLO SI de verdad lo bordas. Pero 9 de cada 10 intentos se quedan en el cliché. ¿Merece la pena arriesgarse?

15) La enseñanza que tiene que ver con el argumento

Colegios, clases, universidades y aulas magnas son GENIALES como escenario de conflictos potenciales en una historia, pero demasiado a menudo aparecen solo para volcar sobre nosotros un montón de información por algún motivo. Ver el número 10 de esta lista. Esconde esa información CON HABILIDAD, no nos abofetees con ella.

 


LA INDUSTRIA SEGÚN JAVIER OLIVARES

4 julio, 2017

4comprimida

Texto: Nico Romero

Fotos: Héctor Beltrán

El mes pasado publicamos la primera parte de una extensa entrevista que tuve la oportunidad de hacerle a Javier Olivares, showrunner de “El Ministerio del Tiempo”. Si en aquel primer post recogí todo lo que hablamos sobre Historia, política y el funcionamiento de su writers´room, hoy publico sus reflexiones acerca de la industria de la televisión. Les dejo con ellas y me voy de vacaciones. En septiembre más entrevistas.

¿Con la cadena qué tal?

RTVE pone notas y, gracias a Dios, apenas hay interferencias porque todo lo que se va haciendo se va hablando antes. Es decir, con la cadena creamos juntos los objetivos, las ideas, los conceptos básicos… Y en guion seguimos esas pautas creadas conjuntamente. De manera que luego ya sólo son pequeños matices. Esto me ha pasado con TV3 y con TVE de una manera maravillosa. Si tú cumples, luego no hay sesenta versiones ni sesenta páginas de notas.

Al “Ministerio del Tiempo” siempre le ha costado mucho renovar ¿Cómo han sido las negociaciones? ¿Dónde estaba el obstáculo?

En la segunda temporada sólo dependía del OK de la cadena, pero en la tercera yo me negué a renovar por menos de un mínimo presupuesto. Pero eso de que no renuevan “El Ministerio del Tiempo” porque no tiene audiencia, eso de que Javier Olivares está pidiendo una oportunidad como “El Platanito” no es verdad… Esta serie tenía ofertas muy interesantes si TVE no nos hubiera renovado, te lo aseguro.  Mucho mejores, de hecho. Pero hay que ser leales a quienes han apostado por ti. La serie es de TVE y yo estoy orgulloso de estar aquí. Creo que es una serie muy de TVE, a nivel de concepto, de cultura, de la TVE que yo defiendo y con la que crecí. Rosa Belmonte dijo que esta serie conectaba con otras de otra época tipo “Curro Jiménez”.

Y llegó Netflix como solución a los problemas económicos ¿verdad?

Sí. Ahora, aunque hemos ampliado el presupuesto, estamos casi en números rojos otra vez. Pero yo quería que mi equipo estuviera mejor pagado, que se pudiera viajar…  Si ves la auditoría de TVE que ha salido, hay tres series que están por delante en presupuesto. Es que esta serie se ha hecho con 570.000 euros, eh. Con 70% de exteriores, doscientos figurantes y capítulos en dos y tres épocas distintas. Es para pensárselo. En ese sentido el concepto de “El Ministerio” es romper con la estructura habitual de cómo se produce la ficción aquí. Y tras tres temporadas me he dado cuenta de que es imposible, que no se puede hacer.

Si fuéramos a cincuenta minutos y duplicáramos el presupuesto…

No necesito duplicar. Si tuviéramos tiempo para preproducir y rodar por bloques, valdría. Y si pudiéramos hacer capítulos de 50 minutos, ni te cuento.… Esta temporada nos hemos ido a Peñíscola, a Veruela, a Málaga, a Cádiz…  Pero no puedes competir con las series internacionales. Y no hablo de HBO o Netflix. Hablo de Europa: BBC, Sky, Denmarks Radio, SVT… Quitando los belgas que están produciendo cono presupuestos muy de TV3 (de la de antes, que ahora tampoco los tienen), el resto está en una franja de 800.000 a millón y algo. Y con capítulos 20 minutos más cortos. Los daneses, los noruegos, los suecos son ejemplares en producción. Y basan todo en mantener sus señas de identidad, su idioma…

5comprimida

Y no tienen tantos espectadores…

En share, sí… Y además tienen un concepto de venta internacional. De hecho, no empiezan a producir hasta que: a) no tienen los guiones claros b) no tienen contratos de producción firmados. Luego está, el lujo siberiano, la riqueza de lujo que diría Buñuel. Por ejemplo, con un capítulo de “The Crown” yo pago mi temporada entera. En España se produce mejor que en ningún lugar del mundo para los medios que se tienen. Y los productores somos héroes. Luego está que lo que cuentes merezca la pena y lo hagas bien. Y que te dejen. Porque si no tienes medios, es cuando más se necesita que den libertad al creador. Que éste ponga su alma en el producto. Porque si no tienes medios, vistosidad… tienes que tener alma, punch… Y aquí hay gente muy buena: Pau Freixas, Alex Pina, Ramón Campos, Alberto Caballero, Aitor Gabilondo, Lluís Arcarazo, Héctor Lozano… Te estoy hablando de gente a la que admiro. Yo creo que las series con alma soportan mejor esa falta de presupuesto. Y no te pasa sólo con las españolas. Si tú ves las series americanas de las cadenas generalistas, no son mejores que las nuestras. No estoy hablando de HBO. En Netflix hay grandes series pero también las hay horripilantes. Vamos a quitarnos la caspa de encima.

Parece compatible una cadena generalista con una nueva plataforma ¿no?

Yo creo que es la salida lógica. Lo están haciendo Antena 3 y Netflix con “La catedral del mar”.

Y aparte del incremento de presupuesto ¿en qué ha cambiado la serie con la entrada de Netflix?

Netflix nos pedía cierta internacionalización de los temas: Hitchcock, la guerra mundial, Bolívar, la conquista de América. Cosas que cuando se vieran en otro país fueran referentes históricos reconocibles. Pero las señas de identidad del Ministerio es ser una serie española. Y mientras exista, eso no va a cambiar.

¿Y no os han impuesto los cincuenta minutos? Porque a Sirera con “La catedral” sí le ocurrió…

No hemos tenido esa suerte.

¿Cuál es la relación entre Cliffhanger y Onza?

Cuando fundamos Cliffhanger, Pablo ya estaba enfermo. El ELA no admite esperanza. Entonces la formamos Abigail Schaaff, que es directora, Anaïs Schaaf, que es guionista, Javier Carrillo, que es abogado experto en audiovisuales y yo. Nosotros creamos proyectos pero no tenemos músculo financiero. Por eso coproducimos con Onza, que van mirando los números y se llevan unos sustos que no te quiero ni contar. Son nuestro músculo financiero y se lo agradeceré siempre, porque sin ellos esta serie no existiría. Muchas veces nos vienen guionistas: “oye, tengo una idea de serie” pero no podemos admitir ideas ajenas porque nuestro valor son nuestras ideas. Y como pequeña productora de formatos somos muy artesanos. Nos daría para hacer dos proyectos a la vez, como mucho.

3comprimida

No te ves convirtiendo “Cliffhanger” en “Bambú”

Es que no se pueden comparar. Bambú lleva años produciendo. Son una maquinaria que puede manejar 6 proyectos a la vez. Nosotros no tenemos esa capacidad y no sé si nuestro estilo lo permitiría. Bambú sabe muy bien cuál es su público y el binomio que hace con Antena 3 es perfecto. Porque tienen muy claro lo que quieren hacer y saben hacerlo, que es lo mejor que se puede decir de un profesional. Como espectador, siempre digo que Ramón Campos creó una de mis series favoritas, que es “Desaparecida” y que deja a “Broadchurch” en pañales. Y nadie lo va a decir nunca en este país. Y creo que “Fariña” tiene una pinta estupenda. Y “Lo que la verdad esconde” me parece sobresaliente. Les deseo toda la suerte del mundo. A ellos y a todos. Porque cuando una serie triunfa, triunfamos todos. Hasta los que no la hemos hecho.

Pero el hecho de llevar siete series a la vez digamos que por fuerza la autoría se tiene que diluir

En mi caso, te diría que sí… pero no me atrevería a decirlo hablando de los demás.  Todos contamos nuestras historias de alguna manera. Y lo que Bambú hace por la industria es para aplaudir. A mí me encantaría saber producir como ellos. Lo digo como profesional. Probablemente como guionista yo he levantado una bandera individualmente, que se ha transformado en una serie como “El Ministerio”. Yo soy la cara visible de la defensa del creador, del “showrunner” y eso genera otro tipo de proyectos. Cada uno tiene su personalidad, pero somos complementarios. Todos sumamos y merecemos un respeto y que se valore el esfuerzo que hacemos con los medios que tenemos. También merecemos que cuando lleguen plataformas de fuera nos traten tan bien como cuando ellos graban en Inglaterra. No digo que me vayan a dar los diez millones por capítulo de “The Crown” pero sí que nos digan: “vamos a intentar revolucionar la ficción en castellano”. Que confíen más en nosotros como creadores. Porque aquí hay gente capaz de levantar proyectos como los de fuera. Y luego, en cuanto a Movistar, a la que le deseo lo mejor porque es muy necesaria, le pido que confíe en la gente que hemos hecho televisión. Una serie de televisión es algo muy diferente a una película y yo entiendo que los directores de cine asuman series pero creo que la televisión en España ha dado muestras de que se merece confianza.  Muchas veces miramos lo que hemos hecho en imdb y bufff… Pero es que no había otra. Pero cuando nos han dejado,  creo que la ficción televisiva española ha dado muestras de lo que vale.

7comprimida

¿Estamos en el mejor momento de la ficción española?

La Historia de la ficción española es: primero, TVE, para mí la mejor etapa, con gente como Armiñán, Chicho, Ana Diosdado…; Segundo, Globomedia, que es el símbolo de cómo se crea la industria pero, a la vez, se va perdiendo autoría… y lo dice alguien que aprendió mucho trabajando allí. Tercero, la irrupción de dos productoras fantásticas que vienen de la periferia: Diagonal (sin ellos, no sería ni la mitad de guionista que soy y Bambú, que traen ideas y otro concepto. A eso hay que sumar la creatividad de Alberto Caballero: un crack. Y, por encima de todos, “Cuéntame”, la mejor serie de la era post-única televisión. Y la cuarta etapa se está escribiendo ahora con productos como los de Pau Freixas, Alex Pina, el nuestro… Esta etapa tiene que ver con las plataformas nuevas, que tendrán que encajar. Se avecina un futuro apasionante.

¿Crees que la guerra de plataformas por ocupar posiciones nos está beneficiando?

A mí me parece más meritorio el riesgo de TVE por el “Ministerio” o de Antena 3 por “Vis a vis” y “La casa de papel” (y antes con “Sin identidad”) o Telecinco por “Sé quién eres”, que el de las plataformas. Porque son productos más arriesgados. Las privadas son un mecanismo industrial perfecto y tienen gente muy bien preparada. Cuando surgen plataformas nuevas, las cadenas nacionales ya han dado el paso adelante. No menospreciemos a nadie. ¿Estamos en la edad de oro de la ficción española? Para mí, no. Porque eso será cuando hagamos productos exportables de verdad. Lo que pasó con “Vis a vis”, que tiene una crítica en “The Guardian” o el “Ministerio” que tienes un problema de plagio con Sony. O que tienes subtítulos piratas en 25 idiomas…

Pues todo eso está ocurriendo….

Pero hasta que no tengamos series que duran 50 minutos, potenciemos la figura del showrunner y miremos al público latinoamericano, no lo conseguiremos… La industria europea más rica y potente junto con la BBC es la danesa. Y Noruega ya está empezando a competir con Dinamarca y a producir a millón de euros por capítulo. Hay una continua producción, muy basada en la coproducción. Si tú ves los títulos de crédito de “Broen” hay productoras de Alemania, por ejemplo. Esto, a nosotros, nos falta. Y nosotros con el tercer idioma más hablado del mundo, estamos mirando sólo el beneficio del corte publicitario y no el de las ventas internacionales. Además es que los índices de audiencia tradicionales se han quedado obsoletos.

¿Cómo deberíamos medir las audiencias?

Ahora las series rondan los tres millones y acaban en dos y pico. Eso antes era cancelación. Por lo tanto, las audiencias están bien medidas porque muestran el cambio de hábitos… así que mi respeto para Kantar. Pero las audiencias tradicionales miden un tipo de audiencia de una España social concreta. La televisión ya no se ve en familia como antes. Eso es tan antinatural o más que medir las audiencias a través de twitter. Nosotros hemos sido “trending topic” mundial en once de los trece capítulos de la segunda temporada. Yo recuerdo que, al principio, competíamos contra “Velvet” y yo le dije a Ramón Campos: “Me vas a duplicar en audiencia”. Y me duplicó. Porque él y Antena 3 tienen su nicho perfecto y nosotros no podemos competir contra eso. Ahora con el paso del tiempo resulta que las redes sociales, los periódicos, las críticas, cosas del Ministerio del Tiempo se convierten en muletillas casi de uso social. Tenemos cinco libros. Hacemos un curso en la Universidad de Málaga y faltan plazas. Y el impacto que estamos teniendo en colegios e institutos, que están dando clases con la serie y se recomienda en libros de texto. Dices: “hombre, cuando esto ya es un fenómeno social, es que alguien te estará viendo”. Pero te está viendo de otra manera que no computa. Por ejemplo, la web es una reemisión de tu serie y también hay que tenerlo en cuenta.

Entonces es un problema de que no medimos todas las audiencias pero ¿no hay otro criterio distinto de la audiencia? La calidad, por ejemplo ¿podría tener cabida en una televisión pública, al margen de cuánta gente vea una serie?

¡Claro! Además, creo que la televisión pública tiene que asumir otro tipo de productos. Ser moderadora y punta de lanza. Hay modelos ejemplares, como la BBC (desde siempre) y ahora los nórdicos.

Para ver las series que quiere una audiencia masiva ya están las televisiones privadas.

No comparto. “Cuéntame” es un ejemplo. Lo que es más triste es hacer una serie familiar para recuperar el público de “Los Serrano”, que ya no existe, y tener un 4,8 de audiencia. Porque ya que tienes un 4,8% de audiencia haz vanguardia. Mira, tengo un 4,8% pero estoy rompiendo moldes.

No sé si queremos meternos en los criterios de TVE para seleccionar series.

No soy yo quién tiene que analizar eso. No se puede ser guionista y crítico a la vez pero sin TV3 ni TVE, Javier y Pablo Olivares no serían nada. La televisión pública catalana y española han apostado por series que han roto moldes como “Infidels” “Kubala” “Isabel”… “Victor Ros” en la primera temporada, con pocos medios, también intentó romper. Así que yo sólo puedo tener palabras de agradecimiento hacia TVE. Pero además es que “El Ministerio” no habría sido aceptada en ninguna otra cadena.

¿Estás seguro de eso?

Sí. Yo tenía la serie vendida a TVE y se tardó un año en empezar a producir porque no encontraba “partners”. Porque todas las productoras a las que iba decían: “sí, sí, vale. Pero lo del showrunner no lo veo. Te voy a poner un director” Y yo dije: “no”. Y llegó un momento en que mi hermano se estaba muriendo y dije: “Voy a ceder” y entonces el que dijo “no” fue mi hermano. Dijo: “Aunque no la vea pero hay que hacer las cosas bien, aunque sea una vez en la vida”. A veces se critica a las cadenas y a sus ejecutivos pero creo que hay muchas productoras tradicionales que son más papistas que el Papa. Y la cadena no se ha metido por medio, pero la productora ya te está marcando que tienes que hacer la serie “como se han hecho toda la vida”. Todos tenemos nuestras culpas pero no carguemos con culpas que no nos corresponden.

boton-escribir-en-serie


MUJER Y CINE: UNA MIRADA A LAS REPRESENTACIONES DE LA MATERNIDAD A TRAVÉS DE LA IMAGEN Y LA NARRATIVA (II)

3 julio, 2017

*La primera parte del artículo sobre la ponencia de Laura Mulvey en Filmadrid está disponible aquí (I).

“Under the Skin of the City” (2001, Rakhshan Bani-E’temad)

Captura de pantalla 2017-06-28 a las 12.01.42.png

Fotograma de la Under the Skin of the City

Como en las anteriores películas, existe un texto del mutismo y una maternidad a lo largo del filme, además de tener su evolución social y temporal. Se centra en las situaciones de la clase trabajadora, situaciones de restricciones en esta clase y en la extrema fragilidad de la maternidad.

Se desarrolla en Teherán. La protagonista, una madre, Tuba, que trabaja en una fábrica textil y se enfrenta cada noche a los problemas de su familia. El papel de Abbas, su hijo mayor, que intenta proteger constantemente a su familia reuniendo dinero para que sus hermanos pequeños puedan estudiar en la universidad en un futuro, es muy contradictorio con el papel de su madre, que por ser mujer no puede desarrollarse. Hay muchas escenas desequilibradas entre el papel masculino y el femenino, como el contraste de Tuba, analfabeta, y sus hijos que la enseñan a leer.

“Under the Skin of the City” surge de cómo entiende la directora el dilema de la protagonista. Al inicio, la película nos presenta el espacio en el que se va a desarrollar la(s) historia(s). Se establece la vivienda de Tuba y su familia, con el patio y unos muros altos que los separan de otra familia. Y esto es lo que representa el espacio del melodrama, la cárcel y los sucesos dramáticos y violentos en los que se ven envueltas ambas familias.

Si observamos los comportamientos de cada personaje, cabría destacar el de Abbas, para hablar también sobre algún papel varonil (…). Abbas es un joven que representa los sueños e ideas de esos chavales que quieren ser príncipes/héroes y conseguir a sus princesas. Esto nos suena de algo, ¿no? “Su majestad el ego”, cita Mulvey haciendo referencia a su amigo Freud y la relación con los cuentos de hadas.

Abbas tiene una voluntad mágica para poder controlar el destino a través de su propia narrativa. Claro, es HOMBRE, puede HACERLO. Él quiere rescatar a su madre de la fábrica, salvar a sus hermanos, conseguir a la princesa. ¿Quién da más? Pero la directora no se lo pone tan fácil, y el desenlace no es más que el esperado si analizamos la película desde la teoría FEMINISTA que hoy nos reúne.

Captura de pantalla 2017-07-02 a las 23.58.29.png

Fotograma de Under the Skin of The City.

Por otro lado, si recapitulamos dentro de un marco histórico, hay que recordar que en 1979 se dio una revolución en la República Islámica de Irán, una reacción contra la cultura/visión estadounidense. Hay una voluntad de erradicar, de suprimir todo lo relacionado con las películas americanas.

La forma “patriótica” del cine (cine islamista), entendió (a su manera) la imagen de la mujer a raíz de la revolución. La feminidad erótica, la mujer como objeto de deseo, comienza a cambiar, aunque muy poco a poco, tras este borrado americano. Siguen existiendo normas, claro, pero el borrado americano obliga a evolucionar y evitar las técnicas americanas de, por ejemplo, el primer plano. Estas restricciones tan estrictas se imponían en el contexto cinematográfico iraní, y, además, que es lo que hoy nos reúne en este análisis y en el que tuvimos durante el seminario de Mulvey, las mujeres, dentro de esta industria purificada, el nuevo cine, aun con valores islámicos, comienzan a ser integradas en la industria, dentro y fuera de las cámaras, aunque a su manera, of course.

Rakhshan Bani-E’temad, conocida como la Primera dama del cine iraní, reta a la dominación masculina al crear películas en las que las mujeres luchan por hacer valer sus derechos, como operarias, cineastas, escritoras o trabajadoras sociales. En “Under the Skin of the City” la relación entre Tuba y su hijo Abbas, que gira en torno al ya conocido melodrama, se desarrolla dentro de un contexto de pobreza y opresión, como en la primera película que analizamos anteriormente, “Imitation of life”, con la que existe un paralelismo claro en la relación madre-hijo.

Para cerrar esta tercera sesión de cine iraní, Mulvey quiso señalar una escena clave, en la que se recogen los conceptos de “texto del mutismo” y maternidad.

Tuba, que ha perdido su casa después de una ruptura familiar, decide ocupar su tiempo, su silencio, su sufrimiento, lavando la ropa en mitad del patio, en pleno diluvio universal. Esta acción mecánica no es más que una característica, tanto de Tuba como del resto de mujeres, para intentar mantener el orden. El orden familiar, el orden de las cosas. Una manera de marcar la inmovilidad de las madres. Porque… a eso nos dedicamos las mujeres, ¿verdad? A intentar mantener el orden de las cosas.

Captura de pantalla 2017-07-03 a las 0.05.27.png

“El melodrama está definido por la ausencia del padre”. 

La lluvia, además, metafóricamente y metonímicamente hablando, se convierte en su llanto, llevándolo hasta lo patético, evitando el simbolismo literal. Las caricaturas de lo doméstico y su irracionalidad muestran una falta de habilidad para pensar en lo que está ocurriendo. Ella transforma una acción, lavar, que pertenece a una acción diaria, en algo automático. Es por ello que en esta escena se ve claramente el estilo melodramático del filme, mostrándolo de una manera más visual. De hecho, se podría decir que es aquí, sobre todo, donde lo político y lo cinematográfico se unen.

“The Arbor” (2010, Clio Barnard)

Captura de pantalla 2017-07-03 a las 0.15.10.png

Frame de The Arbor.

Al igual que con “Un’ora sola ti vorrei”, nos encontramos ante una película de metraje encontrado. El documental, que como todo el trabajo de Barnard refleja la relación entre el lenguaje de la ficción y el documental, cuenta la historia de la dramaturga Andrea Dunbar, que creció en un proyecto urbanístico al norte de Inglaterra conocido como “The Arbor”, y que falleció a los 29 años dejando tres obras de teatro y una hija de 11 años, Lorraine. El metraje se centra en la tormentosa relación que Dunbar tenía con su hija Lorraine, esta última interpretada por una actriz al igual que el resto de familiares, amigos y vecinos de la dramaturga.

¿Qué es lo que más me interesa del análisis que hicimos durante esta sesión? Venga, lo recuerdo por si alguien se ha dormido encima del teclado y despierta JUSTO en este momento: eso es, el aspecto de la temporalidad.

En “The Arbor”, la imagen y el sonido se encuentran en diferentes patrones de temporalidad, ya que el audio es real, “voz incorpórea” (las propias voces de los familiares, amigos y vecinos de Dunbar que se han capturado palabra por palabra), y la imagen muestra a estos actores y actrices que doblan a la perfección estos audios en otro tiempo filmado. Hablamos entonces de una sincronía labial de los actores, un recurso muy sutil para pensar en esta doble temporalidad. Temporalidad y sonoridad.

Si volvemos a rescatar la película de Alina Marazzi “Un’ora sola ti vorrei”, encontramos unos patrones de temporalidad muy similares que se acercan a las teorías contemporáneas. Esta relación con el tiempo, la nuestra, como bien explica Mulvey, es imaginaria, ideológica. Y para ello la cineasta presentó un nuevo concepto: “Fantología”, ontología asediada por fantasmas, de nuestro ya conocido Jacques Derrida y su compañero teórico cultural británico Mark Fisher. Mulvey lo explicaba como si “el tiempo estuviese fuera del quicio”, es decir, una sensación personal y colectiva de que la temporalidad se ha vuelto muy difícil de concebir, y donde este proceso de mirar atrás, de echar la vista atrás, pasa por dejar de rechazar esos fantasmas del pasado (esto último citado por Fisher), una relación que se revierte entre la nostalgia y los fantasmas del pasado.

La teoría feminista vuelve a romper con esa linealidad y ofrece otros tiempos de narración, ya que el tiempo de las mujeres siempre está relacionado con la maternidad. Tenemos entonces una temporalidad y una (falta de) maternidad que se irá desgranando poco a poco a lo lardo del filme. Una madre perdida, que falla, y su historia contada por su hija, que (inconscientemente) seguirá exactamente los mismos pasos que su madre.

Por otro lado, aunque no exime estos patrones de temporalidad y maternidad, ambos metrajes encontrados, “Un’ra sola ti vorrei” y “The Arbor”, tienen una relación con las diferencias de clase, vistas en las hijas, cada una perteneciente a una clase social. Existe un diálogo entre las dos películas y sus protagonistas, unas maternidades fracasadas, una presión social, un silencio que les rodea. Y es el alcoholismo y las drogas en “The Arbor”, que Barnard pone la denuncia sobre estas clases sociales marginadas y abandonadas.

Desde el punto de vista psicoanalítico, y para cerrar este segundo artículo sobre la conferencia, cabe explicar que Mulvey hace hincapié en la persistencia del pasado en el futuro, como una “acción aplazada”. Durante todo el metraje existe una imagen metafórica del pasado que nos confunde constantemente. Eso sucede en muchas películas de metraje encontrado, en las que se mueven las aspiraciones culturales de los personajes y su organización con el tiempo. Se podría decir que estos momentos espectrales no son líneas temporales, si lo entendemos como ese “espacio” que une el pasado con el presente. Sino manifestaciones de lo que debe ser recordado, y por tanto, manifestaciones que piden una atención.

Captura de pantalla 2017-07-03 a las 0.22.58.png

“Las mujeres dejan de ser personajes para convertirse en narradoras, y su punto subjetivo pasa a ser objetivo, el de todas las mujeres”.

Hasta aquí mi crónica sobre el seminario que impartió Laura Mulvey. Espero no haber sido demasiado teórica, aburrida, torpe (que seguro, he metido la pata en alguna ocasión, pero mi todavía inexperiencia sobre estas teorías me impide escribir desde lo seguro). Simplemente he querido compartir la teoría de Mulvey, con la que no puedo estar más de acuerdo (¿se ha notado?), a la que no puedo admirar más y a la que seguiré estudiando hasta el fin de mis días. Con haber abierto algún que otro cerebro, aireado espacios o malhumorar a algún despistado (esto último, era, sobre todo, mi objetivo), me voy feliz a la cama. Porque las mujeres NO nos vemos representadas con los personajes femeninos que se crean. Nunca. Ni lo hemos hecho, ni lo hacemos ni lo haremos si se siguen produciendo obras audiovisuales machistas.

Marina Velázquez.


A %d blogueros les gusta esto: