IN MEMORIAM: PABLO OLIVARES (1965-2014)

29 junio, 2019
Aura Garrido y Rodolfo Sancho en El Ministerio del Tiempo, T1E02.

Aquí se puede leer y descargar el guión del capítulo 2 de El Ministerio del tiempo. El momento Maneras de vivir está en la escena 18, páginas 24 a 26.

Y aquí se puede ver el capítulo 2 de El Ministerio del tiempo. La escena 18 tiene lugar en el minuto 24.


NO ERES SHOWRUNNER

28 junio, 2019

Nuestra herramienta son las palabras. En su manejo demostramos oficio, y en su cuidado respeto por él. Por eso es importante defenderlas cuando aquello que significan se ve amenazado por intereses ajenos a la profesión y atentan contra nosotros como de hecho ocurre con los conceptos “creador”, “autor” o incluso “guionista”.

A pesar del esfuerzo empleado en hacer pedagogía y de las denuncias que hemos realizado cuando detectábamos errores de concepto y de apropiación, aún hoy seguimos viendo a productores exigir el crédito “creado por” sin haber creado nada, a directores firmando guiones sin haber tocado una tecla, o mercados televisivos donde circulan biblias y documentos de venta sin portada y sin más autor que el logotipo de una empresa. A esta prostitución del lenguaje se suma ahora una nueva palabra: showrunner.

Un poco de historia

El término “showrunner” se inventó en EEUU como respuesta a una prostitución anterior del lenguaje: el crédito de “productor ejecutivo”, que antaño identificaba al máximo responsable de una serie de televisión.

En la industria televisiva americana, el máximo responsable de una serie siempre es un guionista por la sencilla razón de que es la única persona del equipo que puede responder a cualquier pregunta relacionada con la producción (cuál es el subtexto de una escena en caso de que aparezca un problema o duda en el set, si se puede o no se puede hacer un cambio de producción y cómo este puede alterar los siguientes 2, 3 ó 10 episodios, cómo afecta la edición de un capítulo a la trama de temporada y si se puede cortar o no una determinada escena, en qué es mejor gastar o ahorrar del presupuesto para traducir el guión en imágenes…) y que puede garantizar el elemento más importante para que la máquina siga funcionando: el siguiente guión.

Con el tiempo, “productor ejecutivo” pasó a determinar muchas otras cosas más allá de ese guionista-máximo responsable: actores, directores, productores, agentes… Cualquiera con cierto rango de poder en una producción exigía ser “productor ejecutivo” hasta llegar a un punto increíblemente confuso donde a pesar de existir varios productores ejecutivos, NADIE tenía claro quién era el máximo responsable de la serie. Y así nació la palabra “showrunner”.

¿Qué es un showrunner?

El showrunner es el máximo responsable de una serie de televisión. Como tal, es el máximo responsable del equipo artístico y técnico y de la contratación de los mismos, de la gestión del presupuesto, de la relación productora-cadena-estudio, de la edición o montaje, del vestuario, música, fotografía, sonido, y de la dirección creativa de la serie mediante el liderazgo de la sala de guión y el equipo de guionistas.

Y esto no es voluntario, no es subjetivo, no es opinable, y no se puede obviar. Forma parte de la definición de “showrunner” del mismo modo que “médico” forma parte de la de “cirujano”. Un showrunner siempre, siempre, siempre lidera la parte creativa de la serie y siempre, siempre, siempre lidera el equipo de guión. No hay varias escuelas, estilos, u opiniones. La definición es la que es. Si no eres guionista y no lideras el equipo de guión, no eres showrunner.

¿Pero un productor puede ser showrunner?

¿Y un director?

¿Y un guionista que no haya creado la serie?

Sí, siempre que además sea el máximo responsable de esa serie, del equipo artístico y técnico y de la contratación de los mismos, de la gestión del presupuesto, de la relación productora-cadena-estudio, de la edición o montaje, del vestuario, música, fotografía, sonido, y de la dirección creativa de la serie mediante el liderazgo de la sala de guión y el equipo de guionistas.

Si no cumple la parte que está en negrita, no es showrunner. Se ponga como se ponga o lo venda como te lo venda, de la misma manera que un actor secundario no es un protagonista por más que él lo repita y por más que actúe en la serie. La definición es la que es. No es opinable, no es negativo, y no desmerece nada, porque “showrunner” no es un crédito, ni una profesión, ni genera derechos, ni da más ni menos que lo que designa.

Shonda Rhimes, Matthew Wiener, Phoebe Waller-Bridge, David Chase, Alan Ball, Jenji Kohan, Al Jean, Leslye Headland, Alec Berg, Tina Fey, Vince Gilligan, Lisa Joy, David Kelley, Sally Wainwright, Lena Dunham, los King… TODOS SON SHOWRUNNERS PORQUE TODOS SON GUIONISTAS, LOS MÁXIMOS RESPONSABLES DEL EQUIPO DE GUIÓN y la pieza clave en el contenido de la serie.

No todas las series necesitan un showrunner. Existen, pero si quieres que lo haya, ése debe ser guionista. Puede haber mil productores ejecutivos y no haber un showrunner, no pasa nada. ¿Que hay showrunner? Perfecto. Es guionista y el líder de la sala de guión. No es opinable. Es una definición. ¿Se puede ser guionista sin escribir? No. ¿Se puede ser director sin dirigir? No. ¿Se puede ser showrunner sin ser guionista y liderar la sala de guión? No. Esto es así porque así lo han definido quienes lo han inventado, y eliminar a quien por lógica, principio y derecho debe estar incluido en la definición es prostituir el lenguaje.

Directivos, productores, periodistas, académicos…

No contribuyáis a esa prostitución. No habléis de showrunners si esos showrunners no son, además del máximo responsable de una serie de televisión, el máximo responsable del equipo de guión.

No regaléis ni rebajéis un título que ha costado años de confusión y malentendidos con su predecesor, el “productor ejecutivo”, y no lo convirtáis en otra palabra vacía de contenido para la que dentro de unos años deberemos buscar sustituta.

No organicéis cursos, talleres, premios, paneles, charlas, mesas redondas… que desinformen sobre el verdadero significado de lo que es un “showrunner” y si no incluyen claramente la faceta del guión. ¿Qué sentido tiene formarte para ser showrunner si no has escrito nunca o si no tienes ninguna intención de hacerlo?

Guionistas…

No contribuyáis a esa prostitución. No os autoproclaméis “showrunners” si además de escribir y ser la máxima autoridad en los contenidos no habéis gestionado el presupuesto, contratado a los jefes de los equipos técnicos, definido el estilo visual, sonoro, artístico de la serie, aportado un criterio claro sobre el montaje, el casting y cualquier elemento clave para la producción. Respetad la profesión y los créditos igual que exigís respeto cuando firmáis un guión o rellenáis un parte de derechos de autor. No tiremos piedras contra nuestro propio tejado. Seamos honestos.

De nuevo

El máximo responsable de una serie de televisión lo es por pura lógica también de los contenidos, y el máximo responsable de los contenidos siempre debe ser un guionista. Es verdad que no existe un único modelo de trabajo y que se puede liderar un proyecto siendo director, productor o guionista, siempre que esa persona demuestre la capacidad para liderar en todos los aspectos relevantes de la producción. A esto se le llama “productor ejecutivo”, pero solo cuando además de controlar todos los aspectos esa persona también lidera la sala de guion, entonces es cuando podemos hablar de “showrunner”. Y no es opinable. El término es el que es, así que respetémoslo por mucho que a alguien le duela que un guionista pueda estar en la cima de la pirámide y tomar las riendas de lo que, donde no había nada, creó a partir de un folio en blanco. Es LO MÍNIMO.

Para una definición del concepto profesional de showrunner, puede consultarse la nota técnica que hemos publicado hoy en nuestra web.

Firmado: Sindicato ALMA.


OTRA MIRADA A LA COORDINACIÓN

25 junio, 2019

Alba Lucío es guionista y, tras trabajar en las series Chiringuito de Pepe (Telecinco, 100 Balas) y Olmos y Robles (TVE, 100 Balas), ha ejercido la coordinación de la segunda temporada de La Otra Mirada (TVE, Boomerang TV).

Ha pasado un lustro desde que publiqué este artículo contando mi experiencia como junior en la primera serie en la que trabajé. Y aunque lo leo y sigo suscribiéndolo todo… las cosas han cambiado. Este año he afrontado mi primera coordinación en la serie La Otra Mirada y han sido meses de intenso aprendizaje. He intentado suplir mi inexperiencia con entrega, respeto y planificación. Porque aunque marcar la línea de los contenidos parezca la tarea más importante de un coordinador, hay más. Así que por si fuera de utilidad, aquí van algunas cosas que he aprendido a lo largo de esta experiencia.

El tictac en tu cabeza.

¿Oís eso? No, no es el silencio. Es el segundero que empieza a correr desde el momento en que dices el “sí, quiero”. La primera negociación, y una de las más importantes, es el calendario, y en él deben contemplarse los imprevistos. Porque sí, habrá varios, es inevitable. Y sin ser pesimista, hay que intentar ponerse en lo peor. ¿Tenemos margen para que se caigan guiones, para que una actriz se haga un esguince, para que se incendie el plató? Podría pasar.

El caso es que hay que tener un cierto margen para todo eso, y además, tener en cuenta que cuando empieza el rodaje todo se complica. Lecturas técnicas, ir al plató, resolver dudas y peticiones de otros departamentos… Y el reto es gestionar todas esas tareas sin paralizar a los guionistas. Ellos y su trabajo son la prioridad máxima. Y si les pides que cumplan unos plazos de entrega, qué menos que cumplir tú con las revisiones que has pactado con ellos. Porque aunque no es imprescindible, sí es recomendable fijar las revisiones en el calendario, con guion y con producción ejecutiva. Indica una planificación, una estrategia, y eso nos tranquiliza a todos.

Pero en general, la sensación del tiempo es muy variable. Lo normal es que sientas que te falta cuando estás hasta arriba, pero también que los días son semanas, y las semanas sexenios. Envejeces. Se puede saber en qué momento del proceso estabas por las fotos que te ibas haciendo. Como una especie de anuncio de un producto dietético milagroso, con la foto del antes y el después, pero mal. A mí me ayudó tener el calendario impreso en la pared e ir tachando los días cual presidiaria con la mano temblorosa.

Guionista de método.

Además de la gestión del tiempo y de formar al equipo, al coordinador le corresponde elegir el método de trabajo, la estrategia. Yo heredé el plan de la anterior temporada, porque como guionista estaba contenta y decidí hacer pocos cambios al respecto. Arrancamos la escritura haciendo un amplio mapa de tramas que hemos respetado bastante. Después, nos reuníamos las tres guionistas y yo en la oficina unos tres o cuatro días cada vez que arrancábamos un bloque de capítulos. Dábamos ideas entre todas y luego a casa a escribir. Revisiones internas por video llamada y con producción ejecutiva por teléfono, al margen de alguna reunión puntual en persona. Las guionistas han tenido la posibilidad de ir a plató cuando quisieran, pero no la obligación. Y creo que ha funcionado. Al menos para nosotras, al menos en esta serie.

Y sobre mi trabajo en concreto, me ayudó seguir horarios similares cada día, anotarlo todo en un organizador semanal (mi objeto estrella, cuánto le debo a ese cuaderno), ir al fisio de vez en cuando, (intentar) hacer ejercicio, dormir al menos siete horas cada día y esforzarme por tener el mayor tiempo posible para mí. Un coordinador con vida social es un mejor coordinador.

Lo que no pone en el contrato.

Pero aunque uno pueda hacer bastantes cosas para no ser engullido por el puesto, hay otras de las que no se puede huir. Una de las primeras que aprendí fue que siempre iba a tener un nivel mínimo de preocupación que nunca iba a desaparecer. Aunque todo estuviese saliendo bien y en los plazos previstos. Era como un zumbido que estaba ahí y que podía ser asumible o insoportable según la atención que le prestase. Como tener el Sálvame todo el rato puesto de fondo mientras trabajas. Y pongamos que en una escala del 0 al 10, donde 0 es “me importa un pepino todo” y 10 “vivo a base de sumiales”, lo ideal es mantenerse en niveles intermedios, y nunca estar por debajo de 3, ni dejar que pase de 7. Controlar el estrés, por arriba y por abajo.

Así que sí, la preocupación y la presión van dentro del crédito y el sueldo. Y también la responsabilidad. Hay cosas de las que uno no debería escaquearse, pero diría que la más básica es esta: si hay marrones, te los comes tú. Si hay algo que no ha salido bien y hay que asumirlo, lo asumes tú. Si hay que pintarse la cara de betún, agarrar un cuchillo con los dientes y arrastrarse por el barro… Pues eso.

Lo curioso de esto es que cuando transmites al equipo tu disponibilidad para dar la cara, los problemas se minimizan y hay que darla menos. Recibes lo que das… pero a ti siempre te corresponde dar un poquito más y, sobre todo, mantener la calma. Porque el coordinador no sólo tiene una responsabilidad en cuanto a los contenidos, también se espera que seas un pilar, que transmitas serenidad, confianza y control. Y no sólo a los guionistas, también a otros departamentos. Siempre hay alguien que necesita que le tranquilices, y la mayoría de las veces es sólo eso. Alguien quiere oír que todo va a salir bien, que tú estás convencida y segura, que sabes hacia dónde vamos, que llegaremos. Y claro que tú dudas, y claro que tú también quieres que te digan que lo estás haciendo bien. Pero alguien tiene que ser ese piloto que abofetea al otro para que reaccione en medio de un aterrizaje de emergencia. Y a ti te pagan para serlo.

Guionistas felices, mejores profesionales.

¿Y cómo le afectan todas estas movidas psicológicas tuyas a los guionistas? La respuesta debería ser “no les afectan”. No están ahí para ser tu paño de lágrimas. Pero a la vez, merecen saber qué está pasando en la producción, sobre todo si escriben en casa, donde se puede llegar a tener una sensación de aislamiento, casi de irrealidad. Así que tanto un coordinador al borde del colapso, como uno que aísla demasiado al equipo, generan incertidumbre. Y es lo último que necesita un guionista a la hora de escribir. Eso, y obras en casa del vecino.

Pero un buen ambiente de trabajo no sólo se genera controlando la frustración que transmites al equipo. También hay algo muy básico: educación, respeto y cariño. Y es que uno puede ponerse serio y decir “no es el resultado que esperaba, tenemos que mejorarlo” sin perder los nervios, sin alzar la voz, sin desacreditar a nadie. Y felicitando y repartiendo el mérito cuando las cosas salen bien. Cuando se acierta. Cuando se tiene un buen día. “Esta secuencia ha quedado preciosa” o “en plató me dicen que están muy contentos con la temporada, buen trabajo”… Son pocas palabras que tienen un efecto enorme. Refuerzo positivo, nos lo enseñó Supernanny.

La cara pública.

Bueno, pues ya hemos escrito la temporada y por fin llega el día en que la cadena anuncia la emisión. Allá vamos. Pero antes del estreno, y también durante la temporada, se desarrolla otra parte del trabajo en la que el equipo de guion no siempre tiene la posibilidad de participar: la campaña de comunicación. Ruedas de prensa, actos de cadena, entrevistas… Vender el bebé a los medios y al público.

Por suerte, he podido implicarme en esa parte del proceso y he hecho más entrevistas de las que pensé que jamás haría en mi vida. Cuestionarios por email, entrevistas en persona, por teléfono, en vídeo… Me falta ir al Hormiguero. Me las he preparado tomando notas, eligiendo palabras clave, analizando qué quería contar o destacar, ensayando en la ducha… Pero voy aprendiendo sobre la marcha y con cada entrevista voy perfeccionando y haciendo más complejo el discurso. O eso creo.

Y en una serie como esta… lo del feminismo, claro. Creo que lo que más ha llamado la atención a los medios esta temporada es que seamos un equipo de guion formado por mujeres. Suele ser la primera pregunta o el tema central de la entrevista. Y por un lado está genial que las mujeres guionistas tengamos visibilidad, que se hable de nuestro trabajo, que podamos reclamar nuestro espacio. Es una oportunidad que merece la pena aprovechar. Pero por otro, que ese aspecto llame tanto la atención demuestra lo lejos que estamos todavía de la igualdad. No he leído entrevistas a coordinadores de equipos masculinos en las que se les pregunte cómo es trabajar sólo con hombres, o por qué tomaron la decisión de formar un equipo masculino.

La paradoja de la visibilidad.

Y luego está lo de sentir que te repites, que lo que dices no le interesa a nadie, que te expones demasiado. Comparto con alegría cada entrevista que se publica, pero a la vez no puedo evitar sentir que estoy siendo un auténtico plomo. “Ya está la pesada ésta otra vez, que se calle ya”. No sé si esto responde a algún tipo de característica del guionista. Utilizamos el papel para expresarnos, no se suele conocer nuestro rostro, no hablamos en primera persona. Nos gusta sentirnos protegidos tras la pantalla, que la autoría se diluya cuando patinamos con una trama o con un chiste polémico. Pero en una entrevista tú eres la responsable de lo que dices, con nombres y apellidos, y ahí queda, para la posteridad. Así que te debates todo el rato entre el “qué bien poder hablar de nuestro trabajo” y el “madre mía, voy a meter la pata”.

También está la sensación de que no eres tan importante como para “salir en los medios”. De que al público lo que le interesa son los actores. O de que hay otros guionistas con mucha más experiencia que ya han contado todo esto, y lo han hecho mejor. Pero creo que hay que luchar contra esos miedos y sacar un poquito de pecho. Si te dan la posibilidad de hablar del proyecto, habla. Aunque te dé vergüenza, aunque creas (erróneamente) que no tienes nada que decir. Porque no podemos pasarnos el día quejándonos de que somos invisibles, de que el público no conoce nuestro trabajo, de que los medios no se interesan por nosotros, y luego rechazar la posibilidad de cambiar eso a poco a poco. Y no sólo por la promoción de la serie, o la autopromoción. Por la visibilidad de todos los guionistas.

Y ahora que todo está acabando, que la serie se ha estrenado y el futuro de la misma no depende de nosotros… Sólo queda la satisfacción. Estoy orgullosa de nuestro trabajo, con nuestros aciertos y nuestros errores, y creo que eso es lo importante. No sé si esta experiencia me ha hecho mejor guionista, pero sin duda me ha hecho descubrir cosas sobre mí misma. Así que si tenéis la posibilidad de asumir una coordinación, si os pica la idea de trabajar de sol a sol, tener ojeras y aprender otra parte del proceso… Tiraos a la piscina. Y comprad un organizador semanal. De verdad. Bendito cuaderno.


TIRSO CALERO: CÓMO REVOLUCIONAR LAS SERIES DIARIAS

24 junio, 2019

Entrevista de Sergi Jiménez.

El pasado 13 de junio TVE emitió un capítulo muy especial de su serie diaria Servir y Proteger: era la primera aparición de la actriz transexual Lara Martorell en el papel de una policía transexual. En Bloguionistas hemos querido hablar con el creador y coordinador de la serie, Tirso Calero, de la incorporación de este personaje y de otros aspectos de la serie diaria, cuyo equipo de guión ya trabaja en una cuarta temporada.

¿Cuál ha sido el proceso de documentación para el personaje de la inspectora transexual Ángela Betanzos? ¿Habéis hablado con la actriz Lara Martorell, de cara a corregir guiones o añadir tramas en función de su experiencia personal?

Sí, de hecho nosotros teníamos claro que para interpretar a una policía transexual debía ser una actriz transexual. En otras ficciones se ha adoptado otro tipo de decisión, en nuestro caso lo teníamos claro desde un inicio. Una vez hicimos las pruebas con varias actrices, la que más nos gustó fue Lara Martorell. Sí que intentamos incorporar elementos personales al personaje de la ficción. Con lo cual, sí que hay algo de la propia Lara en el personaje de Ángela Betanzos. Yo creo que es una lanza en favor del colectivo LGTBI y sobre todo, que nunca se había visto en un serial diario. Desgraciadamente, ni en España ni en ningún otro país. Una serie diaria tiene la gran ventaja de dar mucha visibilidad a todo tipo de temas. También llega a un tipo de gente de mayor edad. Que no está tan acostumbrada a otro tipo de ficciones. Introducir un personaje así en una diaria, puede hacer mucho bien.

Estando lejos de ser algo normalizado, hemos podido ver personajes trans recientemente en la ficción española (La que se avecina, Vis a vis y próximamente La Veneno). ¿Habéis tomado de referencia alguna otra ficción de cara a cómo representar, o evitar representar, un personaje trans?

La clave era construir a una inspectora de policía, totalmente al margen de su identidad sexual. A partir de desarrollar a una inspectora dedicada a los delitos cibernéticos, sí que metemos algo en lo personal. Aunque hemos intentado construir un personaje sin fijarnos en eso. Respecto al origen primitivo del personaje, tuve la idea viendo una película chilena extraordinaria que se titula Una mujer fantástica. La verdad es que cuando la vi, me di cuenta de que hacía falta un personaje así en nuestra serie, uno muy poderoso. Creo que tanto Lara, como el personaje de Ángela Betanzos son mujeres fuertes.

Lara Martorell y Fernando Guillén Cuervo en “Servir y Proteger”.

¿A la hora de escribir tramas para el personaje, teníais claro desde un inicio que tipo de conflictos abordar y si había alguno que quisierais evitar?

Teníamos claro que había que huir del cliché. Como se va a ver en pantalla, vamos a explicar sus tramas personales desde un punto de vista muy natural. Creo que ese es el éxito del personaje y un poco de la serie. Servir y proteger es una serie muy pegada a la realidad, muy naturalista. Contamos delitos y problemas de la calle, muchos de ellos sacados de periódicos y de sucesos. Intentamos estar pegados al día a día. La realidad trans, es una realidad que ya no se puede obviar.

¿Qué hace diferente a Servir y proteger respecto otras diarias?

Lo que nos diferencia de las otras series diarias, es ser históricamente una apuesta diferente. En una serie anterior que hice, Bandolera, originalmente nadie apostó por ella porque era un western. Y acabó funcionando muy bien. Nadie apostaba por un policíaco diario y ha acabado funcionando. Eso demuestra que las series diarias se pueden revolucionar y ofrecer al público cosas diferentes y más arriesgadas. Si no, siempre hacemos lo mismo.

Bandolera, también creada por Tirso Calero.

Recientemente se ha publicado un estudio universitario sobre la visión de la mujer policía que ofrece Servir y proteger. ¿Se está convirtiendo la serie en un fenómeno cultural?

Leí el informe. Yo creo que en la serie hay más mujeres policías de las que realmente hay en la vida real. Tenemos un elemento un poco aspiracional. La comisaría de Distrito Sur es como debería ser una comisaría, aunque no siempre sea el caso. Lo cual no es un error nuestro, sino que aspiramos a que la realidad sea así. Las protagonistas de nuestra serie son muy fuertes y tienen grandes poderes de decisión. Lamentablemente en la sociedad eso no siempre pasa.

¿Cuáles son los datos de emisión de Servir y proteger en directo y en diferido? ¿Hay algún segmento de audiencia característico que siga la serie?

Para nosotros es un gran éxito que Servir y proteger sea tan consumida en VOD. Es la que tiene la mejor cuota de visionados online en España cada día. Incluso por encima de otras diarias y otras series en prime time. Es un dato realmente llamativo, normalmente tenemos 100.000 visionados online, lo cual es mucho. Eso demuestra la buena salud de la serie y que llega a un nicho de población más joven. Las personas que suelen consumir la serie en VOD, suelen ser más jóvenes. Eso ha logrado rejuvenecer la población de nuestra serie. Normalmente las diarias suelen ir a un público femenino y mayor de 65 años. Servir y proteger ha conseguido darle un poco la vuelta, tenemos una audiencia femenina importante, pero también masculina y joven.

Servir y proteger se sitúa muy frecuentemente como el espacio más visto de España en VOSDAL. ¿Cómo valoráis este dato?

Es positivo, sobretodo demuestra que está conectando con segmentos más jóvenes. Con el tiempo se está valorando más ese tipo de audiencias por parte de las cadenas. El consumo de televisión en España y en todo el mundo ha cambiado. Poco a poco se tiene que dar más importancia a las descargas y al VOD. Ya cada vez hay menos gente que vea las series a su hora. Eso es el futuro, nosotros estamos contentos de ser la más vista en esa modalidad.

Hay días en los que igualáis e incluso superáis la audiencia de espacios de prime time en TVE. ¿Están cambiando los hábitos de consumo o es un hecho característico de esta serie y de esta cadena?

Desgraciadamente estamos viviendo una de las peores etapas de audiencia de TVE. Esto es un dato objetivo, la TVE de ahora está muy lejos de la audiencia que conseguía años atrás. A pesar de eso, la serie muestra fortaleza. Eso hace que sea lo más visto de la cadena. Realmente nos gustaría que Servir y proteger fuera bien junto con toda la cadena, ya que hay una retroalimentación. Por otro lado, yo creo que la ficción española está gozando de muy buena salud. Que haya varias series diarias a la vez, es una buena noticia para el sector audiovisual.

Hace un año realizaste otra entrevista para Bloguionistas en la que aseguraste: EnSyP” acabamos de firmar el capítulo 300 y cada capítulo tiene que tener alguna idea nueva. Eso es lo complicado de una serie diaria, ahí está el reto. Ahora que vais por el 537, ¿cómo se plantea el futuro de Servir y proteger?

Nosotros justo hemos terminado de escribir el episodio 600, que marca el final de la tercera temporada. Ahora empezamos a trabajar en la siguiente. El reto es intentar usar los elementos característicos de la serie como el thriller, la intriga, el suspense y el melodrama, pero con novedades. En cada temporada intentamos estrujarnos al máximo la cabeza para contar nuevas historias. Es importante no repetirse y renovarse, no solo en cuestión de personajes, sino de tramas.

¿Y el futuro de Tirso Calero más allá de Servir y proteger? El año pasado firmaste una comedia teatral de éxito, Aguacates. ¿Vas a seguir con el teatro? ¿Películas, otros proyectos de TV…?

De momento me he comprometido a hacer la cuarta temporada de Servir y proteger, que van a ser 200 episodios más. Luego si que me gustaría abandonar las diarias y seguir escribiendo ficción televisiva, pero en otro formato. Es muy probable que esta sea mi última temporada en Servir y proteger, ya que creo que la serie puede tener vida para rato. Mientras, voy compaginando con obras de teatro y la escritura para cine. Es un poco una válvula de escape, porque si no acabas demasiado abducido por la serie diaria. De momento tengo una obra de teatro que saldrá a la luz a principios del año que viene. Se titula Tarántula y estamos preparándola. También estoy con la escritura de dos guiones de largometraje. Son muy diferentes, uno se titula En la oscuridad y la otra es de zombies, que se llama Los caminantes. Eso me permite despejarme un poco con estos 200 episodios que tenemos por delante, ya que acabaremos de escribirlos en marzo del año que viene.




WOODY ALLEN: IT DON’T MEAN A THING IF IT AIN’T GOT THAT SWING

21 junio, 2019

“Todos creéis conocerme bien, todos pensáis que sois especiales, pero al final todos queréis que cante Walk on the Wild Side con la boca llena de espaguetis”. (HÉROES, Ray Loriga)

2.000 personas ayer en el Jardín Botánico de la Ciudad Universitaria para el concierto de Woody Allen & The Eddy Davis New Orleans Jazz Band. Y a juzgar por la cantidad de catetos que se acercaban al escenario para, el diablo los lleve, hacerse una foto con Woody Allen tocando al fondo, no más de la mitad había ido a escuchar música.

No. Esos habían ido a ver a Woody Allen como quien va al zoo a sacarse una foto con el puto oso panda. Habían pagado 80 pavos por estar allí y no se enteraron de lo que pasó en el escenario. Y lo que pasó fue esto: Woody Allen salió a tocar con un clarinete defectuoso. ¿La caña estaba rota? ¿La boquilla tenía holgura? ¿Fuga de aire en alguna zapatilla? No lo sé, no entiendo de clarinetes. Pero él se dio cuenta en la primera nota del primer tema. Chequeó rápidamente el instrumento mientras la banda continuaba, vio que aquello no tenía remedio y tomó una decisión: arriba con todo y que Dios reparta suerte.

Es una decisión discutible, porque el clarinete le pitó en una nota de cada cuatro, y tampoco es tanto pedir que tenga cañas de repuesto. Qué demonios, al precio que se vendieron las entradas, podría haberse traído un manojo de clarinetes de repuesto. Pero en sus propias palabras, nosotros tocamos por nuestra propia diversión. Que venga gente a vernos siempre nos sorprende y nos emociona. También añadió que iban a hacer todo lo que pudieran por entretenernos. Y cada una de sus palabras fue confirmada por lo que pasó a continuación.

A continuación pasaron 90 minutos de puro jazz de New Orleans con una banda magnífica arropando, mimando y rescatando a un clarinetista que, en sus mejores momentos, es técnicamente justito pero estilísticamente solvente, y que ayer las pasó putas para sacar adelante sus solos. Pero no escurrió el bulto. No renunció a ninguno. Lo que sí hizo fue ceder muy inteligentemente el protagonismo al viento metal (magníficos el trombón y la trompeta), y al banjo de Eddy Davis, que también cantó tres temas. Batería y piano aportaron ritmo y fondo (y mucha gracia al micro), y el concierto mereció la pena.

En sus solos más largos, Allen optó por un estilo juguetón y bufonesco. Era imposible lucirse de otra forma, y no es que al tipo le falten tablas haciendo humor, así que en mi opinión acertó. De hecho, desde la perspectiva de un guionista, la cosa tuvo una gracia especial: todos los catetos que habían acudido allí a mirar a Woody Allen no tuvieron gran cosa que mirar, y no les quedó más remedio que fijarse en la maravillosa música que se interpretó en el escenario.

Siempre son interesantes (y arriesgados) los experimentos que desafían las expectativas del público. Véase Hitchcock en Psycho, matando a la protagonista en el primer acto. Al desplazar radicalmente el foco de atención de donde se esperaba que estuviese, anoche el público descubrió algo que no esperaba. Quién sabe. Quizá unos cuantos selfielíticos acabasen ayer convertidos a la religión del jazz.

Y es que lo que vieron ayer es la esencia del jazz. Una banda repartiéndose el tema, sin un líder autocrático, cada personalidad proyectándose sobre una base, improvisando con libertad pero con respeto por el turno, y con una visión de conjunto que acaba prevaleciendo sobre el aparente caos, pero no sin antes permitirnos disfrutar un ratito de ese caos. Y precisamente porque la visión de conjunto prevalece, los fallos técnicos pueden deslucir un poco el resultado final, pero la estructura aguanta, porque tiene muchas patas.

Woody Allen & The Eddy Davis New Orleans Jazz Band tocan para su propia diversión. Por encima de la brillantez o mediocridad, disfrutan haciéndolo. Y como lo disfrutan, tienen swing para dar y tomar. Y mientras haya swing, lo demás es secundario. Las películas son estructura, decía William Goldman en una de las biblias del guión. It don’t mean a thing if it ain’t got that swing, decía la letra de Irving Mills para el inmortal tema de Duke Ellington. Y viene a ser lo mismo.

Woody Allen and The Eddy Davis New Orleans Jazz Band continuará de gira por Europa (Bruselas, Amsterdam, Munich, Milán y Florencia) hasta el próximo 30 de este mes.

Sergio Barrejón.


LECCIONES QUE APRENDIMOS DE CHICHO ÍBAÑEZ SERRADOR

11 junio, 2019

No le gustaba que le llamasen maestro. Es más: detestaba la palabra. Y, sin embargo, Chicho Ibáñez Serrador nos dejó muchísimas lecciones, también a los guionistas, sobre lo que se debe hacer en cine y televisión. Por supuesto, en el terreno de la ficción, donde nos enseñó la importancia del subtexto y de lo implícito a la hora de mantener la tensión dramática, sobre todo en unos momentos en los que la censura imponía unas estrictas normas sobre lo que se podía decir y lo que no. Que impulsó un cambio en la narrativa audiovisual de la televisión de los 60 con sus Historias para no dormir es un hecho. Como lo es que, con tan solo dos películas en su filmografía, ayudó a crear toda una escuela del terror y lo fantástico, como así reconocieron muchos de los grandes directores del género con ocasión de la entrega del Goya de Honor 2019.

Pero en este artículo me quiero centrar en las lecciones que nos deja a los guionistas de programas de entretenimiento. Porque, sin duda, en este terreno tenemos mucho que aprender del concurso de los concursos: el mítico Un, dos, tres… responda otra vez.

La primera de las lecciones es que las mismas técnicas que se aplican a un relato de ficción también pueden servir para mejorar un programa de entretenimiento. A pesar de que la estructura y la mecánica del concurso eran siempre las mismas, cada entrega del Un, dos, tres… era distinta. El tema propuesto cada semana (“el antiguo Egipto”, “el circo”, “la edad media”…) servía como excusa para contar una historia.

En realidad, cada programa era como una gran aventura en la que los concursantes eran los protagonistas. A esos protagonistas, como en una película, les pasaban cosas: contestaban mejor o peor en la tanda de preguntas, se resbalaban, se manchaban o hacían el ridículo en la eliminatoria, eran “engañados” durante la subasta por el presentador-trilero que les hacía perder relagos fabulosos… Y todo eso nos hacía empatizar con ellos: nos alegrábamos si conseguían el coche o nos entristecíamos si se acababan llevando la calabaza. Por supuesto, la estructura dramática in crescendo no carecía de su clímax, lleno de suspense, cuando tocaba desvelar el premio que se escondía en el último sobre elegido. Y hasta su anticlímax, con saltos y gritos de alegría si se llevaban un apartamento en Torrevieja o su expresión, entre triste y sorprendida, si lo que ganaban era, por ejemplo, un par de tumbas en un cementerio municipal (como sucedió).

La sorpresa era otro de los ingredientes que no faltaban en el programa. Apenas había acabado un número musical ya estaba bajando un cómico por la escalera para interpretar su sketch o se desarrollaba una batalla de espadas en la grada, en una sucesión que no permitía al espectador perder la atención. Porque eso es, en definitiva, lo que busca todo programa de entretenimiento (¿qué es un programa de éxito como El hormiguero sino una “subasta” del Un, dos, tres… con otros ingredientes?).

Cada programa era una sorpresa continua para el espectador, pero no para el equipo, que disponía de un ferreo guión de 60 o 70 páginas donde todo estaba previsto, escrito y ensayado al milímetro excepto, lógicamente, las elecciones de los concursantes. Porque si algo nos enseñó Chicho a los guionistas de entretenimiento es que un buen trabajo de guión es fundamental en la televisión. Ya sea en un programa tan complejo como el Un, dos, tres…, en uno más modesto como Waku-waku o en un pretendido talent show como El Semáforo, en el que la aparición de cada concursante daba pie a un diálogo entre los presentadores, cada uno con su rol muy bien definido, que generaban unas complejas tramas entre personajes dignas de una sitcom. Al final, de lo que se trata es de mantener la atención del espectador contándole una historia. Y a eso es a lo que nos dedicamos.

Chicho era, sobre todo, un contador de historias. Uno de sus pasatiempos favoritos, tras una cena o compartiendo un café, era pedirte que eligieras un objeto cualquiera de los que veías alrededor. Sobre ese objeto, en apariencia inocuo, era capaz de improvisar una historia, a veces cómica, a veces escalofriante, pero siempre manteniendo una estructura y una coherencia en el relato que mantenía atrapados a sus interlocutores. Y ese talento narrativo era el que ponía en cada programa, en cada número musical, en cada sketch. Siempre desde el máximo respeto a nuestro oficio, el de guionista. Y siempre con el orgullo de saber que nuestro trabajo, entretener, tambien es importante.

Son solo algunas de las lecciones que aprendí trabajando con él. Otras muchas se quedan en los trucos particulares del oficio. Al fin y al cabo, siempre podremos decir aquello de… “hasta aquí puedo leer”.

Carlos Muriana es miembro de la junta directiva del sindicato ALMA. Ha sido guionista de “Un, dos, tres…” y del “Imprescindibles” dedicado a Chicho Ibáñez Serrador.


DIFERENCIAS ENTRE UN BUEN SKETCH Y UN SKETCH DE MIERDA

5 junio, 2019

por Fernando Erre.

Los guionistas que formamos parte de ‘Vaya semanita’ a menudo recibimos felicitaciones por los sketches que fuimos escribiendo a lo largo de los años. Tenemos la suerte de que en el imaginario colectivo ha quedado como un buen programa de humor, un espacio audaz e incluso necesario en su momento. Pero hubo de todo. Hay sketches que ves hoy y te hacen sentir orgulloso, pero hay otros que duelen. Son tan malos que te entran ganas de arrancarte los ojos.

Para intentar evitar errores y conservar la vista, siempre he procurado analizar los fallos e intentar no repetirlos. Me gustaría aprovechar este espacio para desmenuzar por qué unos sketches funcionan y otros no. He elegido dos, uno de mierda y otro que me gusta mucho. Ambos abordan idéntica temática: la ley antitabaco que promulgó el Gobierno para prohibir fumar en espacios públicos.

Veamos primero el sketch de mierda. ¿Por qué es una mierda? No vas a tardar ni diez segundos en darte cuenta.

¿Sigues ahí? Gracias. De verdad.

Veamos por qué considero que este sketch tiene un guión desastroso:

  • La premisa –vienen a detener a Sherlock Holmes por fumar en un lugar cerrado- tarda demasiado en manifestarse. La duración total del sketch es 1’25” y el primer punto de giro sucede en el segundo 45. A resultas de ello, el planteamiento es bastante más largo que el nudo y se produce una clara descompensación estructural. Que el planteamiento se dilate tanto se debe en parte a la necesidad de explicar que esos personajes son Sherlock Holmes y Watson (si fuera por el vestuario, el espectador no lo habría descubierto nunca). Sin embargo, este punto se podría haber solucionado con frases más cortas y certeras, y no con semejante chapa. Un planteamiento largo se justifica por lo general para crear una atmósfera o para engordar una situación con la intención de romperla después y crear así un mayor efecto cómico. Aquí sólo conseguimos fomentar el efecto bostezo.
  • La asociación de ideas que da lugar al sketch es forzada. Creo que la premisa en un sketch se basa en lo insólito irrumpiendo en lo ordinario; de la colisión entre estos dos elementos surge la comedia. Para que esa colisión sea fructífera, ambos conceptos deben asociarse con cierta armonía. En este caso lo ordinario sería el mundo de Sherlock Holmes y lo extraordinario, la ley antitabaco. No parecen dos ideas que casen bien. Sí, Holmes fuma en pipa, pero ¿es ese un rasgo tan distintivo del personaje como para vincularlo a la ley antitabaco? El sketch podría haberlo protagonizado Hércules Poirot, que de vez en cuando fumaba cigarrillos, y funcionaría igual; igual de mal. Puestos a buscar un sentido a Holmes, sería más lógico que entrara una brigada de estupefacientes y le detuvieran por su conocida adicción a la cocaína.
  • Previo al primer giro, hay un minigiro: la irrupción de la policía vasca. Que la Ertzaintza haga acto de presencia en la Inglaterra victoriana es bastante absurdo, pero podría tener un pase si aportara algo al sketch. Por ejemplo, los Monty Python hacían aparecer a unos estrafalarios inquisidores en diferentes momentos de la historia; el anacronismo tenía su sentido y su comedia, ya que “nobody expects the Spanish Inquisition”. En este contexto, el único motivo para que sea la policía vasca y no la inglesa se debe a que el sketch se emitió en ETB (Euskal Telebista) y fue la manera que se nos ocurrió de traer el tema a nuestra realidad. Esta decisión lo único que logra es entorpecer la dinámica del sketch, ya que encima se intenta justificar el absurdo (las alusiones sin gracia a la indumentaria de los ertzainas).
  • Que en un programa de la televisión pública vasca aparezca Sherlock Holmes sólo se puede defender en virtud de la actualidad, con un estreno cinematográfico o televisivo en paralelo, por ejemplo. Pero en ese momento no existían las películas de Guy Ritchie -ojalá no existieran ahora tampoco- ni la serie de la BBC. En resumidas cuentas, ni Holmes ni Watson pintaban nada en medio de sketches sobre la kale borroka y gente que no folla.
  • El sketch es plano hasta decir basta. Las líneas de diálogo son tristes, sin chispa, y algunas están escritas para forzar la réplica: “No te hagas el tonto que sabemos perfectamente lo que está pasando”. “Lo que está pasando es que se ha cometido un crimen”. También hay sinsentidos: el ertzaina sabe que el asesino es menor de dieciocho años porque interesa para el desarrollo del sketch, pero no se entiende muy bien cómo ha podido averiguar esa información (el culpable está tan sorprendido como Holmes).
  • No hay un giro final ni una buena frase de cierre. Los ertzainas se llevan detenidos a Holmes y a Watson porque sí, y se ve venir desde el momento en que entran en la sala. El desenlace en el sketch es un asunto siempre a debate. Hay quienes consideran que no es necesario un remate. Por el contrario, yo creo que es importante, porque de él depende en buena medida la impresión que el espectador se lleve del sketch al completo. Aquí se ve muy claro que queda cojo, que hubiese necesitado un remate más contundente.

Después de este duro trago, voy a intentar dejarte un buen sabor de boca con esta otra pieza:

Veamos por qué este sketch sí funciona, a diferencia del horror de antes:

  • El choque entre lo ordinario y lo extraordinario tiene fuerza. Lo ordinario sería la prohibición de fumar en lugares públicos; lo extraordinario, ir un paso más allá y eliminar fumadores por medio de corridas similares a las taurinas. Es una idea absurda, pero está plantada con cierta lógica: “El fumador nace para morir: saben que van a palmar y no lo dejan”.
  • El nudo se desarrolla en consonancia con las fases características de una corrida: salida del toro, inicio de la lidia, una cogida imprevista, muerte del animal. Es decir, el sketch aprovecha que el espectador conoce en líneas generales cómo transcurre un evento taurino. Esto motiva que los paralelismos con los términos y situaciones propios de la tauromaquia surjan con naturalidad (“pulmón color negro azabache”; el personaje del picador, que aquí, en lugar de clavar picas, es un tipo que se dedica a picar, a tocar las narices al fumador…). Este punto es clave para que el sketch funcione.
  • La carga irónica es mucho más acusada en esta pieza que en la de Sherlock Holmes. Se trata al fumador como un animal, un tipo sin mente que sólo piensa en agarrar un paquete de tabaco. Además, tiene mucha mala baba la manera en que la pieza retrata la aversión hacia los fumadores.
  • La premisa aprovecha la actualidad: acababa de cerrarse la Monumental de Barcelona. El sketch funcionaría igual sin este detalle, pero hacer referencia a una noticia reciente ayuda a ganarse la complicidad del espectador.
  • La información está bien diseminada: en lugar de acumular todo al inicio, vamos averiguando cosas conforme transcurre. Por ejemplo, que el nombre del torero es “El niño de los Ducados”.
  • El giro final con la muerte del fumador y el corte de los dos pulmones, como si fueran las orejas del toro, es un digno colofón. En las presentaciones que he hecho del libro ‘Cómo tener éxito escribiendo sketches’, he puesto este vídeo y es un momento que siempre provoca risas. En su día, yo hubiese preferido unos pulmones ensangrentados, pero la opción elegida fue la correcta. John Cleese contaba lo siguiente a propósito del rodaje de ‘Un pez llamado Wanda’: cuando Ken, el personaje de Michael Palin, mataba perros por accidente, al principio se mostraba la sangre y las vísceras, pero causaba rechazo en los pases de prueba. Así que volvieron a rodar las secuencias sin sangre, y en el montaje final las muertes quedaron en clave cartoon. Esta decisión fue determinante para que los espectadores sintiéramos empatía por el pobre K-k-ke-ken.
  • La frase final, sin ser brillante, cierra con acierto el sketch y resume el tema tratado: “qué pena; qué pena que sólo se pueda matar a seis fumadores por tarde”.

En definitiva, los gurús y coachs suelen decir que del fracaso se aprende. Yo añadiría que de la mierda, también.


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