WOODY ALLEN: IT DON’T MEAN A THING IF IT AIN’T GOT THAT SWING

“Todos creéis conocerme bien, todos pensáis que sois especiales, pero al final todos queréis que cante Walk on the Wild Side con la boca llena de espaguetis”. (HÉROES, Ray Loriga)

2.000 personas ayer en el Jardín Botánico de la Ciudad Universitaria para el concierto de Woody Allen & The Eddy Davis New Orleans Jazz Band. Y a juzgar por la cantidad de catetos que se acercaban al escenario para, el diablo los lleve, hacerse una foto con Woody Allen tocando al fondo, no más de la mitad había ido a escuchar música.

No. Esos habían ido a ver a Woody Allen como quien va al zoo a sacarse una foto con el puto oso panda. Habían pagado 80 pavos por estar allí y no se enteraron de lo que pasó en el escenario. Y lo que pasó fue esto: Woody Allen salió a tocar con un clarinete defectuoso. ¿La caña estaba rota? ¿La boquilla tenía holgura? ¿Fuga de aire en alguna zapatilla? No lo sé, no entiendo de clarinetes. Pero él se dio cuenta en la primera nota del primer tema. Chequeó rápidamente el instrumento mientras la banda continuaba, vio que aquello no tenía remedio y tomó una decisión: arriba con todo y que Dios reparta suerte.

Es una decisión discutible, porque el clarinete le pitó en una nota de cada cuatro, y tampoco es tanto pedir que tenga cañas de repuesto. Qué demonios, al precio que se vendieron las entradas, podría haberse traído un manojo de clarinetes de repuesto. Pero en sus propias palabras, nosotros tocamos por nuestra propia diversión. Que venga gente a vernos siempre nos sorprende y nos emociona. También añadió que iban a hacer todo lo que pudieran por entretenernos. Y cada una de sus palabras fue confirmada por lo que pasó a continuación.

A continuación pasaron 90 minutos de puro jazz de New Orleans con una banda magnífica arropando, mimando y rescatando a un clarinetista que, en sus mejores momentos, es técnicamente justito pero estilísticamente solvente, y que ayer las pasó putas para sacar adelante sus solos. Pero no escurrió el bulto. No renunció a ninguno. Lo que sí hizo fue ceder muy inteligentemente el protagonismo al viento metal (magníficos el trombón y la trompeta), y al banjo de Eddy Davis, que también cantó tres temas. Batería y piano aportaron ritmo y fondo (y mucha gracia al micro), y el concierto mereció la pena.

En sus solos más largos, Allen optó por un estilo juguetón y bufonesco. Era imposible lucirse de otra forma, y no es que al tipo le falten tablas haciendo humor, así que en mi opinión acertó. De hecho, desde la perspectiva de un guionista, la cosa tuvo una gracia especial: todos los catetos que habían acudido allí a mirar a Woody Allen no tuvieron gran cosa que mirar, y no les quedó más remedio que fijarse en la maravillosa música que se interpretó en el escenario.

Siempre son interesantes (y arriesgados) los experimentos que desafían las expectativas del público. Véase Hitchcock en Psycho, matando a la protagonista en el primer acto. Al desplazar radicalmente el foco de atención de donde se esperaba que estuviese, anoche el público descubrió algo que no esperaba. Quién sabe. Quizá unos cuantos selfielíticos acabasen ayer convertidos a la religión del jazz.

Y es que lo que vieron ayer es la esencia del jazz. Una banda repartiéndose el tema, sin un líder autocrático, cada personalidad proyectándose sobre una base, improvisando con libertad pero con respeto por el turno, y con una visión de conjunto que acaba prevaleciendo sobre el aparente caos, pero no sin antes permitirnos disfrutar un ratito de ese caos. Y precisamente porque la visión de conjunto prevalece, los fallos técnicos pueden deslucir un poco el resultado final, pero la estructura aguanta, porque tiene muchas patas.

Woody Allen & The Eddy Davis New Orleans Jazz Band tocan para su propia diversión. Por encima de la brillantez o mediocridad, disfrutan haciéndolo. Y como lo disfrutan, tienen swing para dar y tomar. Y mientras haya swing, lo demás es secundario. Las películas son estructura, decía William Goldman en una de las biblias del guión. It don’t mean a thing if it ain’t got that swing, decía la letra de Irving Mills para el inmortal tema de Duke Ellington. Y viene a ser lo mismo.

Woody Allen and The Eddy Davis New Orleans Jazz Band continuará de gira por Europa (Bruselas, Amsterdam, Munich, Milán y Florencia) hasta el próximo 30 de este mes.

Sergio Barrejón.

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