ESAS COSAS QUE SE DICEN Y SON TAN EXTRAÑAS: SEPARADOS EN UNA HABITACIÓN.

Texto de Sergi Jiménez. Fotografías de Francisco Castro Pizzo.

Una amiga te confiesa que te ama. Que escribe poemas sobre ti. Cada día. Y acaba de ganar un concurso de cartas de amor con una de las que te ha escrito. Te propone compartir el premio: unos días en un hotel junto a un glaciar. Con esta premisa arranca la obra argentina Esas cosas que se dicen y son tan extrañas. Dirigida y escrita por Macarena Trigo e interpretada por Jimena López y Fernando del Gener, se representó en Madrid los días 17 y 20 de junio en el teatro Nueve Norte. Una habitación de hotel, él, ella y un amor no correspondido son la gasolina que motorizan la función durante 55 minutos.

La pareja de amigos comparte una habitación de hotel, lugar en el que vivimos toda la historia. Uno de los principales elementos es la comunicación entre dos personajes, cuyos nombres desconocemos. Contrario a lo que las comedias románticas nos tienen acostumbrados, ella es sincera con él desde el inicio. Los sentimientos y pensamientos de ambos no tienen filtros. Ella le lee los poemas que le dedica. Él confiesa sentirse incómodo por verse idealizado, aunque divertido por la situación. Las cartas de ambos jugadores están sobre la mesa. La excesiva sinceridad lleva a reproches. Chocan las expectativas de ambos: él quiere que ella deje de idealizarlo y ella quiere ser correspondida. Es una relación afectiva que podría ir a más, si no fuera por la negativa de él.

La cama de matrimonio acerca físicamente a los personajes.

Bajo esta aparente honestidad de ambos, hay algo oculto que contamina su conversación. ¿Realmente él no siente algo más por ella? Es en lo sutil donde descubrimos la verdad. Los dos están tumbados en la cama mientras ella le lee los poemas. Él hace un tímido ademán de cogerle la mano. ¿No lo hace por qué tiene dudas o por qué teme las consecuencias? Los gestos pequeños se magnifican en las cuatro paredes de la habitación. Aunque estén separados por apenas un metro, la distancia se siente como un abismo.

Ella nos explica que hay algo raro en su relación. Puede llamarle para situaciones en las que sus amigos la dejarían de lado, una mudanza. Sin embargo, jamás ha estado interesado en tomar un mate y charlar. Él marca distancias, temiendo lo que pudiera pasar. Nos preguntamos junto a ella ¿para qué va a un viaje en pareja si no tiene intenciones románticas? Él nos explica sus sentimientos en monólogos, pero nos da la sensación de que se calla algo.

Una paradoja en la que la comunicación es casi total, pero es ese casi el que nos molesta. La propia puesta en escena lo refuerza. Al inicio tanto él como ella quedan solos en el escenario y tienen un monólogo con el público. Pero según avanza la obra, los monólogos interiores ocurren mientras el otro personaje está en escena, completamente ajeno. Personajes como icebergs, donde lo más importante, lo que duele, suele estar oculto.

El vestuario es muy importante. De las barreras que suponen los abrigos en el glaciar, a la mera ropa interior antes de irse a dormir.

El único momento que los personajes salen de la habitación de hotel es en la visita al glaciar. Él nos informa en su monólogo que le da pereza. No quiere ir a una atracción turística de la que todo el mundo dice que es impresionante. Algo que solo puede ser experimentado y no explicado. Comentarios que recibe de manera cínica. Pero cuando él contempla el glaciar, reconoce sentir una punzada. Aunque se lo hubieran descrito y tuviera ideas preconcebidas, es una visión desbordante. Imponente e innegable. Dialogan sobre glaciares cuando claramente hablan de amor. Por mucho que creas saber de él, lo has de vivir (y sufrir) para comprenderlo. Él se da cuenta de que ella mira el glaciar con otros ojos. Ambos están teniendo experiencias completamente distintas. Donde él ve tranquilidad y calma, ella siente pasión desbordante.

Ella escribe y él hace música con su guitarra. Música que él toca para inspirar a ella. Alternan diálogos con música y poesía, creando un ambiente bucólico en la habitación. Ambos cantan, pero siempre solos. Llama la atención que el único número musical de ella vaya dirigido al público. O eso creemos. En una noche de borrachera, ella mantiene lo que parece otro monólogo interior hasta que entra él y le pregunta con quién habla. “Con nadie” responde ella. Él constantemente hace referencia a la verborrea de ella, incapaz de dejar de hablar de él incluso cuando nadie la escucha.

Ella le explica lo que significa escribir. Revivir momentos de una manera diferente, eliminando lo que no le gusta. Retorciendo la realidad para que conteste a una serie de deseos. Hacer un momento más triste o más pasional. Él le apunta que como ejercicio de ficción es válido. Pero no es sano que escriba así sobre alguien real. Le idealiza de manera desmedida, como un ídolo de barro sobre un pedestal. Tarde o temprano el ídolo caerá y se hará añicos. A ella no parecen afectarle sus palabras. Entonces entendemos la tragedia, ella prefiere amar con dolor a pasar página.

El enamoramiento de la protagonista se siente, en palabras de él, como amor solitario. Ese en el que solo buscas a alguien que te acompañe y corresponda con cariño. Sea quien sea. Hay un amante y un amado. Defiende que preferimos amar, a ser amados. La pasión es algo visceral imposible de razonar. Contrario a otras obras sobre amores imposibles, esta historia es algo que podría suceder a cualquiera. Macarena Trigo lo subraya al no decirnos el nombre de los personajes. Son dos personas concretas pero no únicas. Ella nos confiesa que en la vida, uno a veces se siente protagonista y otras un mero extra. La premisa no es extraordinaria, es un drama que puede vivir quien no sea correspondido.

La obra nos deja con más preguntas que respuestas. Deseamos (como ella) que llegue un clímax, pero se nos niega. La única satisfacción que obtenemos es verles cantar al unísono. Se entienden y se complementan a la perfección. Son dos líneas paralelas que van en la misma dirección pero jamás se encontrarán. La obra acaba con la complicidad de ambos después de terminar una canción. Sin beso. Sin cierre. Un final que parece inconcluso. Como el amor que no acaba. Solo se desvanece poco a poco. Como un glaciar deshaciéndose hasta desaparecer.


3 Responses to ESAS COSAS QUE SE DICEN Y SON TAN EXTRAÑAS: SEPARADOS EN UNA HABITACIÓN.

  1. Luis dice:

    Gracias por traer al blog estas reseñas de teatro. A causa de esto, llevo tiempo con ganas locas de aprender dirección de teatro. Saludos.

  2. ¿Has echado un vistazo a los talleres de Cuarta Pared o Nuevo Teatro Fronterizo? Yo también estaría atento a futuras convocatorias del mítico “Tres disciplinas” de Natalia Mateo.

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