DADOS: UNA TIRADA PERFECTA

por Sergio Granda

Si Dados obtuvo hace unos meses el premio Max a mejor espectáculo juvenil, seguramente lo fue por insuflar comedia y ciencia ficción en una historia de identidad de género. Esa es su apuesta, una tirada perfecta y luminosa. Una mezcla de este mundo y de otros, cada uno con sus reglas y sus monstruos.

La obra producida por Ventrículo Veloz es el cierre de la Trilogía veloz, una serie que se ha propuesto atraer al público joven, en muchas ocasiones olvidado por el teatro pero necesario en cualquier espacio de pensamiento. Primero lo hizo con “Papel”, que profundizaba en el acoso escolar, y luego con “Por la boca”, ligada a los trastornos alimenticios. En esta tercera parte, conocemos a X, un quinceañero que trabaja como dependiente de una tienda de juegos de mesa, rol y cómics. Cada noche, al echar el cierre, X se aísla en la trastienda para grabar un podcast sobre sus vidas imaginarias. Su voz guía a los oyentes a través de mil aventuras con dragones, orcos o elfos, que se rigen por la suerte de un par de dados. Y por azar, o no, un día, una de sus grabaciones se ve interrumpida con la llegada de un hombre diez años mayor. Ese encuentro es el punto de partida. Un primer choque intergeneracional de personajes con miradas y vidas distintas, que servirá de puente hacia el verdadero meollo: la identidad.

 X grita “esta noche en este juego mando yo” casi al tiempo que reconoce preparar sus partidas al milímetro y dejar el mínimo margen posible para que el azar eche abajo su camino en el tablero. Y así se desvela un personaje harto de que se le castigue por ser quien es. El rol y la trastienda son su refugio. Y toda la energía y el entusiasmo con que nos sumerge en su podcast, contrasta con el silencio que se intuye en su vida lejos del micrófono.

Así, el montaje explora el interior de un adolescente y lo hace consciente de que la ficción juvenil suele indagar en los procesos de cambio y búsqueda de identidad. Pero la dramaturgia de José Padilla propone un viaje distinto. Original en la trama y necesario en el tema. Un viaje de reafirmación, sin paternalismos ni lecciones gratuitas, escrito desde la absoluta consciencia de que su público no espera una lección vital de nada. Esta no es la sesuda radiografía de un problema, ni una explicación de cómo funciona la vida. Es, y no es poco, una divertida comedia, que tiene la habilidad de exprimir la relación entre dos personajes para tratar la identidad de género como asunto prioritario en nuestra sociedad.

En este sentido, el montaje de Padilla explota los paralelismos que ofrece su premisa. En primer lugar, el vínculo entre persona y avatar, y, en segundo, cómo los mundos de ficción, con sus héroes, sus villanos y el azar que determina su destino, se relacionan con la crueldad de nuestra realidad. Y es que un juego de rol no existe, o, mejor dicho, tan solo existe en la imaginación de quien participa. Sus reglas y aventuras son intangibles, solo un código compartido por los jugadores, que termina o se deja en pausa. Pero X e Y están ahí, obligados a bregar con el odio y la discriminación día tras día.

Sin perder cuál es el centro de todo, la propuesta trasciende y se ramifica planteando preguntas que envuelven la obra sin entorpecer su avance. ¿Somos conformistas? ¿Quién tiene privilegios? ¿Cómo nos condicionan las ideas preconcebidas? Dados es breve, no llega a la hora de duración, pero no le hace falta más para poner sobre la mesa temas de actual debate en nuestro tiempo.

Por otra parte, el montaje se presenta sencillo pero preciso. Gana fuerza en momentos de gran derroche imaginativo, como la coreografía diseñada por Edu Cárcamo, que recrea una apasionante partida de rol con un código puramente teatral. El conjunto tiene ritmo y fuerza, pero lo que provoca que el público rompa a reír o contenga la respiración por momentos es el trabajo de sus dos intérpretes. Almudena Puyo y Juan Blanco cargan de intención cada frase hasta dejarse la voz y hasta hacernos comprender que “el horror está en los ojos del que mira”.

Recuerda X que Lovecraft inventó un monstruo de nombre fonéticamente impronunciable para multiplicar la sensación de terror al mencionarlo. Y de la misma forma, nuestro mundo también juega a inventarse monstruos tras las esquinas. Dados es un teatro contemporáneo, divertido y necesario, que está ahí para llevar a escena algo que, como sociedad, todavía nos cuesta pronunciar.

El reestreno de Dados estará del 24 de septiembre al 5 de octubre en El Ambigú de El Pavón Teatro Kamikaze. Además, el texto de la Trilogía veloz está disponible en la librería del teatro.

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