ALBERTO MARINI: DETRÁS DE LAS TUTORÍAS

30 octubre, 2019

Por Sergi Jiménez

A todos nos han rechazado proyectos y nos hemos cuestionado si realmente sabemos escribir. Las claves del éxito no existen, pero la experiencia proporciona herramientas para ver qué funciona y qué no. Alberto Marini (Tu Hijo, Hierro, Mientras Duermes, [Rec], El Desconocido) pone esa experiencia al servicio de otros guionistas en sus tutorías para DAMA Ayuda o la residencia Instantánea.

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¿Qué se suele trabajar en este tipo de tutorías? ¿Cambios estructurales grandes o elementos más concretos?

Depende de cada proyecto y sobre todo de cada autor. En mi experiencia he visto proyectos que han cambiado radicalmente y otros que no han cambiado casi nada. Ves como hay guionistas que toman conciencia de lo que realmente querían contar y eso es lo más satisfactorio como tutor. Después puedes trabajar esa idea nueva. Y al contrario, siendo honestos. Casos en los que no he sabido conectar con otros autores. Los he visto enrocarse y percibir la tutoría como una defensa extrema de su guión. No se trata de eso.

¿Qué ha de tener un guión para ser atractivo?

Son varios elementos. Que sea original, que sea redondo en la fase en la que se inscribe, que tenga personajes interesantes… Al fin y al cabo ¿qué tiene que hacer una historia? Interesar. Un guión ha de despertar el interés, primero de las personas que tienen la capacidad de transformar el papel en película. Hemos de centrarnos en tener una historia cautivadora. Después cada género tiene sus necesidades. Si nos movemos en el terror, te diría que los personajes han de importar de verdad. Sentir una fuerte empatía para que la amenaza sea lo más aterradora y eficaz posible. Cuando tenemos una comedia leve de las que se están haciendo ahora mismo, creo que las situaciones tienen que ser cotidianas en las que el espectador se pueda reconocer y sean tratadas con humor. 

¿Estaríamos hablando de la importancia que tiene la base y no tanto los diálogos por ejemplo? Si la premisa de una película de terror no te genera interés…

Es un tema no tanto de premisa sino de exposición a la amenaza. Hay premisas super originales, de hecho las películas de terror suelen tener una premisa cautivadora. Pero luego flojean y no por falta de originalidad, sino porque al espectador no le importan los personajes y la amenaza no le resulta aterradora. Todos los guionistas tenemos que ser conscientes de a quién le estamos contando nuestra historia. No es a un público general y universal. Lo estamos contando a un público determinado más o menos amplio. Tenemos que hacer un ejercicio de humildad y análisis para pensar si esta historia va a interesar al espectador final al que voy dirigido. ¿Se va a reír? Porqué o por que no. Antes de escribir deberíamos hacer este ejercicio de análisis. A quien se lo cuento y porqué creo que le va a interesar.

Guiones como El Desconocido o Mientras duermes tienen protagonistas que a priori pueden no caer bien, ¿cómo afrontasteis esto en la escritura?

La culpa es de Tosar (risas). Mientras duermes es un guión que escribí yo en mi tiempo libre y luego busqué alguien que lo produjera. Era un experimento en el que partíamos del punto de vista del villano. No jugábamos a la identificación, sino a la empatía. Es un personaje que buscábamos que te cayera mal inicialmente pero que llegaras a conectar con su sufrimiento. Fue una decisión buscada. El Desconocido nace del concepto de que en el que el sistema bancario dan igual las personas. El sistema te convierte en villano aunque no lo seas. No queríamos que el protagonista fuera un héroe, en absoluto, pero tampoco queríamos estigmatizarle con la responsabilidad de haber timado a sus clientes. Es un personaje con sus claros y oscuros. Al principio te genera dudas pero acaba redimiéndose. Al final debería ganarse tu simpatía. En cambio si el protagonista de Mientras Duermes te genera simpatía, creo que tienes un problema (risas). 

¿Cómo se desarrollan los talleres? ¿Empezáis con un pitch de cada proyecto? 

Depende de si trabajamos en grupo o individualmente. Creo que la tarea de un guionista es 50% saber escribir y otro 50% saber comunicar. Que no me refiero a vender. El primer ejercicio es de comunicación. Pido a los tutorizados que nos cuenten su historia, aunque todos hayamos leído los guiones de todos. Luego han de contestar algunas preguntas concretas. Para ver si la persona autora conoce bien a sus personajes, es consciente de la historia que tiene, cual cree que son sus elementos fuertes etc. Una vez se aclaran las intenciones, hacemos un ejercicio más didáctico y técnico sobre la dramaturgia. En esta fase de contar las intenciones mucha gente tiene una pequeña ducha fría. No por mi parte, sino por parte de los lectores que son guionistas al mismo nivel. Es un momento en el que el autor ve como un posible público reacciona a su historia de manera que no esperaba. De esta sorpresa hay que sacar conclusiones e ideas.

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Alberto Marini tutoriza los proyectos de la residencia Instantánea.

¿Has seguido en contacto con alguno de los tutorizados?

Sí. Me resulta muy egoísta decir esto, no solo me lo paso bien en estos talleres sino que también aprendo mucho. Cambio mi forma de ver y trabajar. Es una experiencia en ambos sentidos. He establecido relaciones de respeto mutuo, de amistad o laborales con algunas personas. En algunos casos la labor de tutoría sigue más allá de los talleres. Hace ilusión cuando un proyecto que hemos trabajado llega a hacerse. Me da igual que aparezca o no el taller en los créditos el taller. Me hace mucha ilusión a nivel personal.

¿Qué recomendarías a un guionista que trabaja en una historia? 

Saber contar tu historia. A tu madre, tu hijo pequeño, tu vecino o a Spielberg. Saber contar en pocas o muchas palabras tu historia, sus personajes y por qué quieres contar esta historia y no otra.

¿Cuándo llega el momento de dejar de reescribir y decir: esta es la película?

No hay un número standard de versiones. Tenemos ejemplos de series y películas que han tenido éxito con más de veinte versiones y otras que han tenido una. Creo que es un tema de cansancio mental. Sería cuando empiezas a perder el foco de tu historia. Cuando las soluciones que encuentras no mejoran, no te dan tranquilidad y tal vez estás desnaturalizando el elemento original que te empujó a escribir esta historia y no otra. Entonces ha llegado el momento de parar. Otra opción es ver si el mercado no reacciona bien a tu historia. Puede ser que se equivoque el mercado, sí, pero tal vez por muy equivocado que esté no tiene sentido escribir una sexta versión de un guión cuando la quinta ha sido rechazada por todas las cadenas y productoras.

Hay gente que hace un atlas o mapa de ruta con imágenes para que le sirva de brújula. ¿Tú usas algo parecido?

No, yo tengo en la cabeza lo que quiero contar. Sé que hay gente que usa imágenes y me parece fabuloso. Yo intento buscar el porqué y que esta razón se mantenga siempre. Después mentalmente me fuerzo a estar abierto a cualquier cambio. A pesar de que haya un momento que me fascina, me esfuerzo a ponerlo en discusión o eliminarlo si la historia no lo requiere. 

A veces cuesta decidir lo que no quieres contar. Acumulas vivencias y las vuelcas en la película porque crees que cuanto más mejor. Al final acaba dañándola porque se convierte en una macedonia que no profundiza en nada. A veces es difícil decidir el núcleo de tu historia.

Cuando trabajas con otra gente, sobretodo con directores, una frase que recibes a menudo es “yo no quiero contar esto”. Vale, pues dime que quieres contar. Más que excluir, decide que quieres contar. Porque a veces pasa que en vez de crear, solo se sabe decir “esto no”. Para mi no es una manera eficaz de trabajar. Me resulta más fácil construir.

¿Qué le recomendarías a alguien que vaya a enviar un proyecto a una convocatoria?

Primero, que te seleccionen o no, no cambia absolutamente nada el valor de tu proyecto. Al final habrá un jurado de varias personas que utiliza sus criterios, respetables, acertados y equivocados como los tuyos. Si no te seleccionan, no ha de haber ningún drama. No por animar a los participantes, sino porque puede ser que tu guión sea maravilloso y por la razón que sea no haya sido seleccionado. En talleres multi género a veces deciden buscar un par de comedias, de thrillers, de miedo etc. Puede que solo se hayan presentado comedias malísimas y una entra. Y hay cinco thrillers maravillosos pero como el límite está en uno, el resto se quedan fuera. Quien envía el guión obviamente no lo sabe, pero pasa. Si no te seleccionan no cambia el valor de tu proyecto. Si te seleccionan, en el taller hay gente que te quiere ayudar a sacar una versión mejor de tu historia. Ve con mente abierta. El problema de escribir guiones es que necesitas a otra gente para que lo conviertan en realidad. No es una novela. Una novela aunque no sea editada, es una obra de arte acabada. Un guión es algo inacabado. Para que llegue a su forma final hay que convencer a toda esa gente que necesitas. Es muy importante ser comunicador. Que no vendedor. Has de ser consciente de tu material.

Alberto Marini estará el sábado 16 de noviembre en el VI Encuentro de Guionistas, con la ponencia “Las claves de un buen guión de género”.




SUSANA LÓPEZ RUBIO: REIVINDICANDO LAS TACITAS

25 octubre, 2019

Después de todas las entrevistas que está teniendo últimamente, no imaginaba que Susana López Rubio entrase a esta con tanta energía. Atravesó la puerta de la cafetería La Fugitiva con una sonrisa enorme y una emoción solo comparable a la mía por estar ahí. Al empezar a hablar ya me contagió su risa, una risa tan sincera y genuina que acabó marcando toda la charla. La madrileña estrena ahora su novela Flor de Sal, y se prepara para el estreno en 2020 de su adaptación de La Templanza, serie basada en el libro de María Dueñas.

En 2013 adaptaste El tiempo entre costuras a serie y ahora te encuentras adaptando La Templanza, de la misma autora ¿Cómo es el proceso de adaptar una novela? 

Pues realmente es complicado porque la novela y el guión son dos medios bastante diferentes. La suerte que tuvimos es que ambas fueron series de televisión, si hubiera tenido que adaptarlas a película hubiera sido más difícil. En una película siempre se quedan fuera cosas del libro, lo que suele frustrar al lector. Aquí lo principal es que el lector del libro quede satisfecho. Al ser miniseries no solo hemos utilizado todo el libro sino que ha habido que aumentar. En El tiempo entre costuras, por ejemplo, el capítulo 7 es inventado totalmente, igual que la trama de Madrid. Ahora en La Templanza también hemos aumentado mucho. El lector no sólo no se va a quedar con la sensación de que falta algo, sino que va a poder disfrutar de la serie con el plus de que se está ahondando más en el mundo de esos personajes que tanto le gustan. En eso jugamos con ventaja, lo cual está muy guay. Sobre todo es no traicionar el espíritu de la novela, aunque, paradójicamente, eso signifique tomar decisiones en guión que son muy distintas a las que están en el libro. En la literatura cuentas con la ventaja de que puedes poner voz a los pensamientos de los personajes, a los sentimientos, a su cabeza. Pero en un guión lo tienes que traducir a acciones todo.

He tenido la suerte también de que mis adaptaciones han sido novelas de María Dueñas, y ella se implica mucho. Otros autores ceden derechos y se olvidan, ella no. Está de asesora y la tengo frita, me paso el día en su casa (risas). Ella se lee todos los guiones y siempre te echa un cable en todo el tema de ampliar que hablábamos antes. Además, siempre comprende las decisiones que tomas y su nivel de documentación es brutal. Es una tía que curra muchísimo. 

La novela es otro lenguaje, ¿Te resultó extraño adaptarte al cambio habiendo pasado tanto tiempo en guión? 

A todos los guionistas nos sale escribir pensando en visual. Yo lo me lo noto. Mantengo el vicio de que pasen muchas cosas y todo el rato “giros, giros, giros” que me viene del mundo del guión. Dicho esto también decir que si tengo algún día la suerte de que me adaptan alguna de las novelas, que el guionista haga lo que quiera. Sería muy hipócrita si dijera lo contrario. 

Me da rabia porque este rechazo lo vimos adaptando la serie Life on Mars, cuando hicimos la versión española que se llamaba Vida en Marte. Mi jefe allí era Darío Madrona (Élite) y me llamó para el proyecto. Life on Mars tenía tropecientos fans locos y no entendían que lo nuestro era una versión, que eran cosas distintas. No íbamos a coger los brutos originales y grabar encima. La gente se pone muy nerviosa. Lo mismo con La Templanza o El tiempo entre costuras, si no te gustan no te preocupes, no vamos a borrar el libro, sigue existiendo. En general la gente está muy seria siempre con este tema, o quizá soy yo que soy una descerebrada (risas).

Además de guionista y novelista, también eres profesora del Máster de Cine de la Carlos III ¿Cuál es tu parte favorita de esta faceta?

Jo, que me lo paso muy bien. A mi familia la tengo frita con tema del guión y las series, entonces cuando entro en la clase pienso: “¡Qué guay, es gente que viene a hablar conmigo de eso!” (risas). Mi módulo es el de personajes dramáticos y en la última clase analizamos comienzos de serie y yo me llevé las series que pensé que comenzaban mejor. Pues debatiendo en clase me hicieron darme cuenta de las chapuzas de algunas series que me encantan. Fueron mis alumnos quien me hicieron ver las cosas que no funcionaban. A mí dar clase es una experiencia que me flipa. Yo intento transmitir siempre (que igual es tirar piedras sobre mi propio tejado) que todo lo que puedes aprender de guión se aprende rápido, y que sobretodo es trabajar. Que no os vendan la moto del paripé, no os flipéis, solo necesitáis un personaje y un conflicto para escribir una historia. 

De una manera u otra, acabas estando ligada en muchas ocasiones a historias de época ¿Te sientes más cómoda en las narrativas de una época determinada?

Pues ha sido un poco casualidad. Yo tenía un alumno con el que me pasó una cosa muy graciosa. En su TFM le toqué yo de tutora y él tenía un proyecto de extraterrestres gore y cuando lo leí pensé “¡Qué guay!” y el pobre vino a verme asustado. Yo le pregunté “¿Tienes de referente a Dr. Who?”, y empezamos a hablar de ciencia-ficción, de Sitges, de zombies,… Temas que a mí también me encantan. Y el chico me dijo “Ay tía que alivio… Yo pensaba que solo escribías series ‘de tacitas’.” Y desde entonces yo me refiero así a mis proyectos. Es genial. Yo reivindico las tacitas. Y no quita que yo sea fan de Fringe u otras cosas. Me flipan las tacitas pero hacer ciencia-ficción es un sueño de los que me guardo para hacer en el futuro.

Cada vez vemos más mujeres en el audiovisual, por suerte. ¿Alguna compañera guionista a la que admires?

Tropecientas. Ángela Armero, por ejemplo, que estrena ahora peli policiaca. Olatz Arroyo, que tiene una serie ahora,… Y luego hay directoras-guionistas que me encantan pero no quiero darles mucho bombo que son más directoras que guionistas (risas). Hay muchas chicas jovencitas, por ejemplo la  coordinadora de guión de La otra mirada, Alba Lucío, que coordina una serie chulísima y con un mensaje muy feminista. Y luego las veteranas de siempre: Verónica Fernández, Alicia Luna, etc.

Como autora, ¿Qué te ha aportado el estar sindicada a ALMA?

Nos ayuda a todo. Para empezar te da seguridad. Siento que tengo una red detrás. Cuando vas a hablar con productores, te sientes respaldada, te informan de todo,… 

A mí afortunadamente me pasa menos, pero sobre todo al principio, algunos productores te piden mucho “escríbeme este par de folios gratis para ver si encajas para el proyecto”, y el sindicato te respalda en tu derecho a negarte a hacer ese tipo de cosas gratis. Porque además también es perjudicar a tus compañeros, no es justo. Por conciencia social no se puede hacer eso. 

Además luego tienen una cosa maravillosa, que es que te hacen de “hermano mayor”. Si no sales en prensa o no te acreditan en sitios hacen una llamadita y se encargan de que no se vuelvan a olvidar de ti, lo cual es muy guay (risas).

¿Algún consejo para nuevas y nuevos guionistas?

Que siempre piensen que son ellos los que nos necesitan a nosotros y no al revés. Que no se vendan baratos. Que no se crean que les están haciendo un favor comprando su proyecto. Y que tengan cuidado con a quién le dan sus proyectos porque se los pueden “quemar”, si quieres que un productor te lo mueva, que te pague. Lo bueno es que cada vez se acorta más la distancia entre la cadena y el guionista. Hace cinco años era posible vender una serie sin conocer al ejecutivo de la cadena, ahora es casi impensable esto.

Nos quedamos hablando un rato más al terminar la entrevista, y remarca la importancia de hacerte visible como guionista, de eliminar la imagen de “guionista en pijama” e ir a todo. De no desvincularse de la historia: ir a plató o a montaje, porque aunque parezca que no haces nada, es importante que estés. Luego al final acabas siempre resolviendo alguna duda o mejorando algo. “Para todos es bueno que salgamos de nuestra zona de confort, porque todo esto ayuda a subir la calidad del proyecto”.

Fotografías de Ana Álvarez Prada. Entrevista por Paula Sánchez Álvarez


RICARDO III – UN RETRATO ACTUAL

22 octubre, 2019

por Sergio Granda

No hace falta haber leído a Shakespeare. Todos conocemos a Ricardo, esa presencia excesiva y chillona que se propaga por nuestros días como las llamas de un incendio. El humo a su paso es el humo denso y pegajoso de quien solo se mueve por dinero, por poder, o peor aun, por aburrimiento. Es excéntrico, casi ridículo. Y, sin embargo, hoy lo encontramos presente con toda su fuerza. Ricardo es ese villano orgulloso de serlo, pero también es una fantasía de poder absoluto capaz de seducirnos ofreciendo recetas milagrosas a los retos de la política actual.

Hablan Miguel del Arco y Antonio Rojano, autores de esta libre adaptación, sobre su intención de trabajar con un material de hace 500 años que dialogue con nuestro 2019. Del Arco ya lo hizo en 2013 con su versión de Misántropo, en donde abordó el auge de las nuevas formaciones políticas, y unos años después adaptando Hamlet, que sirvió como espejo de las implicaciones de la crisis económica. En esta ocasión, se recoge el mismo espíritu para retratar a todos esos ricardos tan identificables en telediarios y cámaras representativas del mundo entero. A los que ya tienen el trono y a los que se acercan cada vez más a conseguirlo.

Y es que más de 400 años después, parece que nada ha cambiado: Ricardo no descansará hasta alcanzar la corona. Su ascenso al poder discurre en paralelo a su descenso a los infiernos, mientras se conjura contra todo aquel que se interponga en su objetivo. Desde figuras históricas como la reina Isabel hasta instituciones como la justicia o el clero, el contrahecho personaje de Shakespeare fabrica una calculada escalera de cadáveres políticos bajo una única máxima: “Ricardo solo ama a Ricardo”. Su andadura presenta a más de 50 personajes (en la piel de siete actores y actrices) que nos agarran de la mano para guiarnos por las cloacas del sistema. Porque sí, esta tragedia orbita en torno a un gran villano, pero no es el único que tiene muertos a sus espaldas. El texto diseña una compleja maquinaria de intereses cruzados, corrupta en su estructura, en la que ningún dirigente o cargo de poder debería tener la conciencia tranquila.

Pero Ricardo no está solo. A su sombra, recuerda del Arco, vienen también los ricarditos. Esos que defienden y jalean a los primeros a golpe de tweet, en bares y terrazas, entre trago y trago de gin-tonic. Los que ríen sus gracias y salidas de tono. Los que justifican el discurso del odio con eso de “al menos alguien habla claro”. En realidad, tampoco hace falta haber leído a Shakespeare para identificarlos y preguntarse, ¿cómo es posible idolatrar a un gobernante que carece del más mínimo discurso político? La respuesta, como si estuviera recitando una fórmula matemática, la escupe el protagonista a modo de axioma: “cuanta más gente quieras convencer al mismo tiempo, más simple debe ser tu mensaje”. Solo hay que abrir los periódicos para comprobar que la fórmula funciona.

En este sentido, el montaje recoge la intención del original para adaptar sus intrigas a un contexto en el que el juego político ha introducido nuevas vías de manipulación. Consciente de que nunca antes fue tan fácil multiplicar una mentira, el protagonista se siente cómodo en el engaño. Filtra informaciones falsas a medios complacientes, para, después, presentarse como la única solución posible a sus consecuencias. Incluso los mismos medios que ofrecen evasión, como fútbol o prensa sensacionalista, se han reciclado para convertir también la política en espectáculo de masas. Aunque sigue conspirando en las distancias cortas, este es el Ricardo de las fake news, de los vídeos manipulados y los chanchullos con la prensa.

A pesar de que las referencias al populismo de la era alt-right son evidentes, la función ni se desarrolla en un tiempo concreto ni presenta una escenografía que de unidad temporal a las acciones. Lo que hace que la propuesta sea necesaria precisamente ahora no es que suceda de forma nítida en, por ejemplo, el Despacho Oval o en los pasillos del Congreso de los Diputados. Son sus personajes. Todos, tanto los que se recogen en los libros de Historia como los que no, empujan al espectador a completar cualquier decorado con su imaginación. Eso abarata la producción y enriquece el resultado final. Así, el público, desde el patio de butacas, llena de detalles lugares tan dispares como la Torre la Londres, la morgue, o un plató de televisión; espacios recogidos del original o añadidos para la versión, en los que Ricardo hace y deshace a su antojo.

Más allá del texto y sus intenciones, la representación se desarrolla con una musicalidad y un sentido del ritmo de precisión milimétrica. Casi coreográfica. Con una fuerza visual que consigue sostener la plena atención del público durante sus dos horas de representación. Una idea de dirección que funciona gracias a la total implicación física y emocional de sus siete actores. Es cierto que Ricardo articula la acción, pero todos los intérpretes defienden sus personajes con tal grado de compromiso y verdad que casi ninguno resulta accesorio. Cada uno parece el protagonista de su propia historia.

Ricardo III es brillante, actual y necesaria; el dibujo en detalle de una caricatura real. En un momento en el que muchos se amparan en la lucha contra la corrección política para justificar el discurso del odio, uno sale de la función con la certeza de que Ricardo solo es la cara visible de un problema que trasciende su figura. ¿Qué hay detrás de él? Y lo más importante, ¿cómo evitar que personajes así lleguen a nuestras instituciones? Comentan los autores que el teatro está ahí para que el ciudadano se plantee preguntas sobre el mundo que le ha tocado vivir. Y puede que esa sea la clave. Puede que un primer paso sea meter a todos los ricardos del mundo en los teatros y no sacarlos de ahí. Concederles la corona únicamente sobre un escenario para tomar conciencia sobre ellos y evitar que vuelvan a pisar un gobierno nunca más.  

Esta versión libre de Ricardo III está escrita por Antonio Rojano y Miguel del Arco, que también firma la dirección. Estará en El Pavón Teatro Kamikaze hasta el 17 de noviembre.


DARÍO MADRONA Y CARLOS MONTERO: LA “ÉLITE” DE NETFLIX

17 octubre, 2019

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por Nico Romero

La primera temporada de “Élite” fue vista por 20 millones de personas en todo el mundo, un auténtico fenómeno de masas. Tras el análisis que Sergi Jiménez hizo del piloto, hoy publicamos la entrevista completa a uno de sus creadores: Darío Madrona. El otro, Carlos Montero, se encuentra actualmente ultimando la adaptación a la pequeña pantalla de su novela “El desorden que dejas”.

¿Cómo surgió la idea de hacer esta serie? ¿De dónde parte la iniciativa?

Todo comenzó cuando Netflix pidió a Zeta ideas para una serie adolescente. Paco Ramos, jefe de Zeta, contactó con Carlos, que le contó una primera idea: Tres adolescentes de clase baja que entran a un colegio de élite. Y se produce un asesinato. La idea inicial gustó mucho, y Carlos me llamó para desarrollarla con él.
¿Qué supuso que la primera temporada fuera vista por 20 millones de personas? Y no me refiero sólo de cara a contar con más presupuesto en la segunda temporada sino también personalmente. ¿Os sentís más reconocidos por las cadenas y plataformas cuando vais a vender nuevas ideas?
Carlos está trabajando compatibilizando ahora la producción ejecutiva de “Élite” con una nueva serie para Netflix, y yo sigo trabajando para ellos en “Élite”, así que no hemos tenido oportunidad de comprobar aún cómo nos tratarán en otros lugares. Lo que sí hemos recibido son ofertas de representación en Estados Unidos, y hemos tenido alguna reunión con productores internacionales, cosas a las que no estábamos acostumbrados.
Lo que se hace más raro es pensar en términos de carrera. En España como guionistas estamos acostumbrados a ir de trabajo en trabajo sin poder realmente elegir demasiado: Uno va cogiendo lo que le ofrecen. Somos conductores de tranvía, nos marcan el rumbo. Pero ahora de repente te dan las llaves de un coche y te dicen: ¿Dónde quieres ir? ¿Que quieres hacer con tu carrera? ¿Cual quieres que sea el siguiente paso? Para mí, esa es la mayor diferencia en todo lo que nos está ocurriendo.
¿Cómo han evolucionado las series para adolescentes desde “Física o Química”? ¿Cómo se consigue el interés de ese público ahora?
No creo que haya una evolución unidireccional de las series “teen”. A la vez que nuestra serie se estrenó “Skam” en Movistar, y aparte de protagonistas de la misma edad, no tenemos mucho que ver la una con la otra. Imagino que las series adolescentes evolucionan como lo hacen las propias generaciones de “teens”: no tendría sentido ahora plantearse la misma trama de salir del armario que como lo hicieron en “Compañeros” o después de “Física o química”, porque ya está hecho y sobre todo porque, afortunadamente, la sociedad ha evolucionado.
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He visto que habéis incorporado guionistas para esta segunda temporada ¿cómo era la mecánica de trabajo en la primera temporada y cómo ha sido en la segunda? ¿Mapa de tramas vosotros dos solos? ¿Escaletábais en equipo? ¿Dialogábais individualmente? ¿Cuánto tiempo y versiones os tomaba escribir un capítulo?
En la primera temporada, primero escribimos la biblia y luego tratamientos de cuatro o cinco páginas de cada uno de los episodios. De esos tratamientos, algunas cosas quedaron, y muchas otras no; realmente no sabes la serie que estás haciendo hasta que empiezas a escribir el guión. Cada capítulo lo tramábamos juntos, y después individualmente nos íbamos a casa a dialogarlo (menos el primero y el último, que lo escribimos a medias). Tardamos poco, primero porque habíamos hecho un trabajo previo muy fuerte con los tratamientos y porque somos rápidos (son muchos años de tele). Pero esa primera versión es solo el principio, claro: quedan más cambios después de las notas que nos dábamos el uno al otro, después las de Netflix, cambios por producción, ideas del director… Como es un proceso que se alarga en el tiempo y va a borbotones, siempre resulta difícil decir cuánto tiempo se tarda en un guión. Pero digamos que entre mes y medio y dos meses.
En la segunda temporada, escribimos la biblia con los nuevos guionistas, y luego tramábamos todos juntos y cada uno se iba con su capítulo a casa a dialogar. Quizás el proceso de escritura se hacía un poco más largo porque tenían que entrar a una serie que ya estaba comenzada y que Carlos y yo teníamos muy clara en la cabeza, y ese proceso de adaptación lleva un tiempo.

Los dos estáis ya en la cuarentena. ¿Cómo se hace para dialogar a adolescentes y no parecer viejuno?

En nuestro caso, intentando no hablar como ellos, que es dónde se nos podría notar la impostura. Uno con cada serie crea un universo con sus propias reglas, y espera que el público entre en él. En nuestro caso, estamos en un colegio privado dónde cada alumno tiene un monitor para ver una película en clase, todos  son atractivos y no utilizan muchas expresiones actuales sino que hablan un poco como adultos. También hay asesinatos, chantajes, y parejas de dieciseis años que necesitan añadir picante a su relación. No tenemos pretensión de ser ultrarrealistas. Una serie como “Skam”, por volver al mismo ejemplo, sí que captura la forma de hablar de los jóvenes de hoy en día, pero porque se mueve en el naturalismo. Es otro género.
Es muy curioso, porque la gente piensa en las series de instituto como género, y yo creo que no lo son. En un instituto tú puedes situar una historia de terror, de ciencia ficción, un drama naturalista o una comedia romántica, un culebrón o un thriller. O mezclar todos estos en mayor o menor medida. Pero la cosa es que todo el mundo ha pasado por un instituto. ¿Sabes cuando emiten una serie de médicos o de abogados y salen unos pocos usuarios de redes sociales de los gremios respectivos, criticando que la serie no refleja su realidad (Ni tiene por qué hacerlo, añado yo)? Pues con las series de instituto pasa igual, pero todo el mundo es capaz de identificar lo que no es realista, porque todo el mundo ha estudiado en un “insti”. Y esas cosas a ellos nunca les ha pasado, su día a día no era ese, lógicamente.  Lo que ocurre es que en nuestro caso al menos, nunca quisimos hacer una serie realista, sino una que resulte creíble al espectador dentro de las reglas de juego que hemos marcado.
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En vuestro trabajo al frente de la serie ¿cómo os organizáis? ¿Tomáis las decisiones conjuntamente o tenéis repartidas las competencias?
La mayoría de decisiones se toman de forma conjunta pero a veces delegamos cosas. Como cualquiera que me haya visto sabe, no soy yo quién debe tener la última palabra en vestuario, por ejemplo.
He leído críticas a la excesivamente fina crítica que la serie hace al modo de vida de los protagonistas. El artículo decía que existe un riesgo de que esta crítica no sea percibida y que, por tanto, los adolescentes tomen como referentes a personajes con comportamientos poco edificantes. ¿Qué opináis al respecto?
No he leído esas críticas, y no sé muy bien exactamente a qué se refieren. Nosotros no escribimos nuestros personajes como referentes, sino como seres humanos con muchos defectos. No tenemos héroes (tampoco villanos), ni nos sentimos en la obligación de aclarar cuales son los comportamientos de los personajes que no queremos que el público imite. Caeríamos en el didactismo, y nuestra serie no va por ahí. Y solo tienes que probar a decirle un adolescente lo que tiene que hacer, para ver cómo se lanza justo a lo contrario.
¿En qué proyectos andáis ahora? ¿Ya estáis con la tercera temporada? ¿Cómo va la adaptación de la novela de Carlos?
Estamos ya con la tercera temporada, inmersos en ella. Dentro de poco comenzará también el rodaje de “El desorden que dejas”.
Más contenido sobre “Élite” y sus autores en “Escribir en serie”

DE CAPERUCITA A LOBA EN SOLO SEIS TÍOS: MANUAL DE SUPERVIVENCIA AL PATETISMO

16 octubre, 2019

“Todos somos igual de patéticos en el amor. Al salir de aquí no vais a dejar de serlo pero al menos podréis reíros de vosotros mismos.” Este era el trato que nos ofrecía Marta González de Vega al público que asistimos a su espectáculo De Caperucita a loba en solo seis tíos. Este show, basado en su novela homónima, puede verse los viernes y sábados en el teatro Fígaro de Madrid.

De Caperucita a loba en solo seis tíos 4ª Temp.

Si esta comedia ya va por su cuarta temporada no es por casualidad. La clave del éxito radica en la identificación. Esta herramienta es vital para su humor porque la esencia del espectáculo de Marta es hacer que todos nos veamos representados (y no siempre en Caperucita). Si bien es cierto que en varias ocasiones se apoya en los típicos clichés de las relaciones, lo hace también para retorcerlos y jugar con ellos. Un ejemplo de esto es actualizar el “me quiere no me quiere” de deshojar una margarita por el “si está en línea me quiere” del WhatsApp.

La estructura de la obra es un viaje por seis tipos de “tíos” y el aprendizaje de la protagonista de cada uno de ellos. Este recorrido por las diferentes relaciones está apoyado constantemente en las enseñanzas de Eduard Punset, concretamente las de su libro El viaje al amor. Todas las citas a Punset están hechas con mucho cariño y un profundo respeto al divulgador científico fallecido este año. Con esto, se dan situaciones en las que la actriz, desesperada por amor, discute con un Punset imaginario sobre la activación de su núcleo caudado o sobre la hormona oxitocina.

El escenario está atrezado con una cama, un escritorio y un perchero de pie. Marta utiliza el espacio con inteligencia, transformándolo en su cuarto, en el de él, o en un prado lleno de unicornios. Además, cuenta con el apoyo de un proyector en el que hacen pequeñas colaboraciones en forma de vídeo otros artistas como: Luis Piedrahita, Damián Mollá o Juan Ibáñez Pérez, entre otros.

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Marta González de Vega destaca en su interpretación y, concretamente, en el uso camaleónico de su voz. Esta maestra de la comedia puede poner en los mismos cinco minutos seguidos acento catalán, voz de princesa y cantar a gritos (y no por ello desafinar). Porque, este show también es musical.

De Caperucita a Loba en solo seis tíos no es un texto que la cómica se haya aprendido como un loro y lo vomite cada noche; es una obra que tiene mucho hueco para la improvisación. La interacción con el público es constante y las bromas se van adaptando a este. Todo el espectáculo transmite amor por el género y se notan los años que tiene de experiencia en la comedia. Aunque como actriz reconoce que está deseando hacer drama, como escritora le es muy difícil escribir otra cosa: “La comedia es un arma tan poderosa… Siempre que escribo siento que si no hago comedia es como tener un as en la manga que no usas, y soy incapaz de no usarlo.” 

Es complejo hablar del espectáculo sin destriparlo mucho más, pero decir que es imprescindible para todo aquel que haya estado o esté enamorado. Una comedia que cumple con lo prometido al inicio y te convierte en una loba (o lobo) capaz de reírte de tí misma. Porque como Marta dice “Quien ríe el último… Ha perdido un tiempo precioso”.

Todos los viernes y sábados a las 22:00 y 22:30 en el Teatro Fígaro de Madrid, hasta el 30 de Noviembre.

Por Paula Sánchez Álvarez


BANY COMPARTIT: MI PRIMERA EXPERIENCIA COMO GUIONISTA PROFESIONAL

15 octubre, 2019

Por Carla Nigra.

A mis ahora 24 años, muchos compañeros me preguntan cómo conseguí mi primer (y, todavía, único) empleo como guionista de televisión. Y, aunque no es la respuesta que a la gente le gusta oír, fue gracias a la suerte. Mucha suerte. Suerte, sobre todo, de que alguien decidiera confiar en mí.

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Cartel promocional de Bany Compartit.

Cuando Ferran Cera, el productor de Visiona TV, me contactó, yo acababa de salir del cascarón. Bueno, no. Miento. Puede que ahora sí esté empezando a ver algo de esa luz que hay tras la cáscara. Pero, por aquel entonces, el cascarón estaba aún a medio romper. Acababa de cumplir los 23 y, ya entregado mi TFG, mi día a día consistía en pasar horas frente al portátil, buscando trabajos de camarera en indiscriminados portales de empleo, con un único objetivo en mente: financiarme el máster de guión de la UPSA (esto incluía manutención y alojamiento en Salamanca).

Buscaba en bares, restaurantes o discotecas. Me daba igual. Lo que fuera con tal de poder formarme como lo que siempre había deseado ser; ese nombre infravalorado que aparece en los créditos justo después de “guión”. Así que imaginad mi bonita cara cuando, entre uno y otro envío de mi currículum al Bar Manolo & familia, recibo la llamada de un número desconocido que me dice: “Hola, Carla. Tú no me conoces, pero soy un productor de cine y televisión y me gustaría contratarte para escribir una serie que se emitirá en TVE. ¿Qué tal te viene?”

Mi primer impulso fue pedirle al graciosillo de turno que fuera a vacilarle a otra. Pero una sabia y muy lejana vocecilla interior más optimista me animó a optar por ser prudente, aun a riesgo de parecer ingenua. Así que, con el tono sosegado de quien está acostumbrada a ganarse la vida con lo que ha estudiado, pedí algo más de información. Mientras tanto, oía chirriar el engranaje de mi cerebro, que intentaba rescatar recuerdos borrosos hasta dar con el momento exacto de mi vida en que hice algo para que mi número de teléfono llegara hasta la agenda de ese señor de la tele.

Al parecer, recibir esta oportunidad no fue del todo obra del azar. Quiero decir, Ferran no tecleó dígitos aleatorios con la esperanza de que descolgara un guionista. La realidad era aún más increíble: Ferran había oído hablar de mí.

Hacía más de un año, yo había hecho una prueba de guión para Minoría Absoluta. Una prueba a la que nunca recibí respuesta. Por eso, al momento, di por hecho el fracaso y me olvidé de ella. Pero, y ahí está lo maravilloso, la misma persona que nunca me respondió fue la misma que, un año más tarde, me recomendó a Ferran (mil gracias más, Roger), cuando supo que buscaba una guionista mujer y joven. Y hasta hoy. Porque aquí es donde interviene otro de los factores “suerte” del momento: parece ser que los guionistas con tetas estamos de moda (nos toca al fin equilibrar años de historia machista, chicas).

Ferran, sabiamente, buscaba guionistas cuyo perfil encajara con el tema de su proyecto. Desde hacía ya unos años, tenía en mente la idea producir una sitcom protagonizada por cuatro amigas y compañeras de piso, obviamente basada en el humor, y con un propósito muy original: establecer el baño del piso como único escenario de toda la serie, convirtiéndolo en un quinto protagonista. Su idea era dotar las anécdotas, historias, discusiones, secretos y vivencias de estas cuatro amigas de una intimidad especial.

Ferran no quería una típica “serie de chicas” creada por hombres con, además, un espacio que sirviera de excusa para exhibir a las actrices en ropa interior. Quería algo real, cercano, alejado de la parodia y de los manidos tópicos que infectan este tipo de escenarios. Quería guionistas que empatizaran con las protagonistas y, por ende, con su target igualmente joven y femenino. Así que, gracias a haber nacido con dos cromosomas X no mucho antes de los 2000, resulté ser una buena candidata. Lo dicho, suerte.

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Al fin, sin saber muy bien cómo había llegado hasta ahí, ya en la productora, Ferran me presentó a las dos personas con quienes iba a trabajar para desarrollar su idea: Natalia y Francesc. Yo no sé cómo suelen ser las writer’s room de otras series (aunque me encantaría saberlo), pero dudo que pueda encontrar jamás compañeros de trabajo con quien encaje mejor.

Natalia Cerezo, mi entonces compañera y ahora amiga, estaba casi tan sorprendida como yo de estar ahí, pese a que ella sí tenía varios años de experiencia escribiendo. De hecho, en aquel momento, acababa de publicar En las Ciudades Escondidas (un libro de relatos precioso que recomiendo muy mucho). Pero, aunque yo era más novata, las dos encajábamos en ese perfil de “chica-guionista-joven”, ambas con maneras de trabajar muy distintas y, al mismo tiempo, complementarias. De Natalia destaco su vasta imaginación y su fino sentido de la poética.

Francesc Orteu, al contrario que Natalia y yo, ya había trabajado varias veces con Ferran. Él sí tenía experiencia como guionista. Tras atosigarlo a preguntas, me contó que había escrito (entre muchos otros) guiones para Las Tres Mellizas, los dibujos animados favoritos de mi infancia. Entonces aún no lo conocía demasiado, pero trabajar con él ya se había convertido en todo un honor.

Como guionista experimentado, le tocaba a Francesc el papel de coordinador. Aun así, desde el principio, prometió darnos libertad. Él estaba ahí, decía, para aportar sus años de experiencia, cohesión y sentido común al desparrame de creatividad que esperaba de nosotras. Prefería verse obligado a frenarnos a tener que darnos caña; una pauta que Natalia y yo nos tomamos al pie de la letra. Y aunque Francesc nunca se arrepintió de haber establecido esa directiva, el pobre tuvo mucho que pulir. Por ejemplo, por mi parte, me encantaba la idea de usar el espacio del baño para reivindicar la presencia en pantalla de un aseo femenino objetivo relacionado, entre otros, con la regla -que si compresas, copas menstruales, bragas machadas, tampones…-, y la depilación (o no), con su frondoso vello previo y sus posteriores rojeces. Y puede que, lo reconozco, me excediera un poquito en mi afán por ser realista. Por su parte, Natalia disfrutaba explorando el concepto de realismo mágico. Llegó a idear un bonsái decorativo que, de la noche a la mañana, crecía tanto que ocupaba el espacio entero del baño. Y, una vez, hasta nos llenó la bañera de pirañas.

Creo que hablo por las dos cuando digo que fue un placer y un alivio tener a Francesc de mediador. Pese a nuestras altas divagaciones, él nunca nos cortaba las alas. Al contrario, nos animaba al exceso y, lo mejor de todo, nunca nos juzgaba. Se convirtió en el punto de referencia; ese puerto seguro a la que regresábamos cada vez que tanta libertad nos mandaba demasiado lejos. Él nos escuchaba, nos leía, y se quedaba con lo mejor de cada una hasta elevar el conjunto a una potencia superior.

Siempre guardaré en la cajita más especial de mis recuerdos esos primeros encuentros en el café de Vía Augusta. Un mes antes de irme a Salamanca, Natalia, Francesc y yo quedábamos cada mañana para hablar de una serie que hicimos nuestra mientras desayunábamos. Ahí, entre capuchinos y tazas de té verde, nacieron Rosa, Alicia, Manu y Greta, con todas sus manías, virtudes y secretos.

Una vez empezado el máster, tuve que aprender a gestionar mi tiempo para poder darle a la serie la dedicación que merecía. Por suerte, no hay que esforzarse demasiado en encontrar el momento de hacer algo que te encanta. Aunque las horas de tecleo reales fueran -de media- unas cuatro al día, mi cerebro nunca descansaba. Pasé meses conviviendo con nuestras cuatro protagonistas. A cada acontecimiento insustancial de mi vida, imaginaba cómo habría reaccionado Greta en mi lugar. O Manu. Rosa o Alicia. La gente de mi alrededor alucinaba al verme sonreír sola. Casi llegué a sentir que eran reales, viejas conocidas. Que en cualquier momento podía coger el teléfono y mandarles un WhatsApp. Ni siquiera sé si esto es normal. Quiero decir, cuando decidí ser guionista, nadie me advirtió de la estrecha relación de esta profesión con la esquizofrenia.

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Lo bueno es que, incluso a distancia, seguíamos funcionando con la misma energía, con ese mismo espíritu de equipo. Gracias a las directrices de Francesc, Natalia y yo nos nutríamos la una de la otra. Creo que, entre los tres, conseguimos dar con un estilo muy propio. Mejor o peor, no lo sé, pero único.

Otro momento maravilloso de este proceso fue conocer a las cuatro actrices que iban a encarnar a nuestras protagonistas. Cuando vimos los vídeos del casting, alucinamos. Laura Porta, Nuria Montes, Paula del Río y Sofía Coll eran respectivamente nuestras Manu, Rosa, Greta y Alicia. Eran ellas, tal cual, tal y como las habíamos imaginado durante meses. Y es que lo verdaderamente mágico fue que ninguno de nosotros -ni Francesc, ni Natalia, ni yo- habíamos intervenido en el proceso de selección. Para escogerlas, Ferran Cera se limitó a seguir nuestras indicaciones escritas. Nada más.

Fue una gran satisfacción para los tres guionistas comprobar que habíamos conseguido exportar fuera del papel cuatro personajes tan redondos, tan reales. Tanto que Ferran y su equipo, sin haber estado presentes en su concepción, habían entendido perfectamente quiénes eran, hasta trasladárselo a las propias actrices. Porque ahí estaban, nuestras creaciones, bien vivas. Puede que tanto entusiasmo me delate como novata. Pero es que ni el mismo Dr. Frankenstein, chavales.

Aun así, confieso que sí hubo cambios sustanciales entre lo escrito en papel y lo emitido posteriormente en pantalla. Como bien apunta Tirso Calero unos posts más abajo, en el proceso se pierde un cincuenta por ciento de lo escrito. Es así, es normal. El guión no deja de ser una guía, el esqueleto, el punto de partida de un producto final (eso también lo oímos mucho en el máster). Pero, por suerte, sí se mantiene prácticamente el cien por cien de la esencia. Al menos, en este caso.

En las segundas versiones del guión, además de adaptarse a las peticiones y sugerencias de Ferran Cera y TVE Catalunya, intervinieron Miguel Torrente, el productor ejecutivo, Carol Rodríguez, una de las dos directoras y su hermana, Marina Rodríguez, guionista de profesión. Entre todos, dimos forma a lo que hoy es una realidad: Bany Compartit.

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Sinceramente, no sé qué va a pasar ahora. Solo sé que me siento agradecida. Por la oportunidad, por la experiencia, por estas primeras emociones que solo se sienten una vez, como las de un primer beso. No mucha gente de mi edad se financia un máster de guión con un trabajo de guionista. He tenido mucha suerte, una suerte que apreciaré toda mi vida, aunque esto no garantice mi futuro. Ahora, supongo, queda esperar. Esperar a que esta primera temporada lleve a una segunda, esta segunda a una tercera, la tercera a una cuarta… quién sabe.

Lo que sí tengo claro es que, mientras espero, toca seguir trabajando. Formándose. En definitiva, toca hacer lo posible para favorecer la suerte de que un/a productor/a, de nuevo, se atreva a confiar en mí. Ahora ya puedo creer en imposibles. Y siempre que recibo la llamada de un número desconocido, descuelgo con mucho más entusiasmo.

 

 


SEIS RAZONES PARA ASISTIR AL ENCUENTRO DE GUIONISTAS

11 octubre, 2019

por Sergi Jiménez

El VI Encuentro de Guionistas tendrá lugar del 14 al 16 de noviembre en Bilbao. Después de acudir a las dos últimas entregas mi asistencia está más que confirmada. Si aún no te has decidido queremos darte seis razones para asistir al VI Encuentro de Guionistas.

1. No es anual.

Más de uno pensará “me da pereza, si eso iré al siguiente”. En sus inicios el Encuentro de Guionistas se fue celebrando anualmente pero las últimas ediciones fueron en 2017 (Santiago de Compostela) y 2015 (Barcelona). Cuidado con dejarlo para otra ocasión porque puede que hasta 2021 no se vuelva a presentar la oportunidad.

2. Conocer gente.

El famoso networking. Nunca sabes de donde puede salir tu próximo trabajo. Si además eres un guionista novel es muy recomendable asistir. Este tipo de eventos es ideal para conocer en profundidad la industria y hablar con profesionales. ¿Qué te da miedo ir sin conocer a nadie? Yo asistí a las dos últimas ediciones solo y al final siempre acaba surgiendo conversación con gente que no conocía de nada. Ir sin un grupo de amigos te obliga a moverte y entablar conversación. Puede parecer abrumador al principio pero en nada te das cuenta de que no eres la única persona sin grupo. Pasada la timidez inicial descubrirás que el resto de participantes también están encantados de conocer gente nueva.  

3. Ponencias diversas.

El Encuentro de Guionistas siempre ha contado con ponencias muy variadas. En esta edición hay profesionales con perfiles muy diferentes: creadores de series (Javier Olivares), investigadoras de tendencias (Conchi Cascajosa), analistas de guión (Marta Grau), guionistas de cómic (Fernando Llor), divulgadores científicos (José A. Pérez Ledo) o especialistas en propiedad intelectual (Maitane Valdecantos). Aún no se ha publicado el programa con todos los colaboradores, pero es fácil hacerse una idea viendo ediciones anteriores: guionistas de cine, programas, realities, podcasts, etc. Siempre se acaba aprendiendo algo nuevo.

4. Descubrir joyas de la televisión autonómica.

A veces olvidamos que hay vida más allá de la televisión generalista y las plataformas. El Encuentro de Guionistas normalmente ha contado con ponentes de referencia dentro de las televisiónes autonómicas. En esta edición están anunciadas Nuria Parera y Marta Grau, guionistas de Les de l’hoquei (Las del hockey), serie revelación de la temporada pasada en TV3. Es interesante conocer series y programas que están bajo el radar y ver cómo dialogan con el resto del panorama nacional. 

5. El coffee break.

¡CAFÉ Y PASTAS GRATIS!

6. Reencuentros.

Este tipo de evento es como una reunión de exalumnos. Pero para bien. Es fácil reencontrarse con antiguos compañeros de trabajo, de máster o gente que has conocido en otros eventos. Aunque la mayor actividad del sector está en Madrid, no todo el mundo se mueve por allí.  Es por eso que un encuentro de este calibre sirve de reclamo para un gran número de profesionales de todo el país. Seguro que ves más de una cara conocida que no recordabas.

Fiesta de clausura de la edición pasada.

Si te interesa asistir al evento no te duermas. Hay un descuento de un 20% hasta el 16 de octubre, además de diversas tarifas para alumnos y socios de FAGA, SGAE, DAMA y ALMA. ¡Nos vemos en el VI Encuentro de Guionistas! Eso sí, que sepáis que en el coffee break mi atención estará en las pastas.


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