DARÍO MADRONA Y CARLOS MONTERO: LA “ÉLITE” DE NETFLIX

17 octubre, 2019

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por Nico Romero

La primera temporada de “Élite” fue vista por 20 millones de personas en todo el mundo, un auténtico fenómeno de masas. Tras el análisis que Sergi Jiménez hizo del piloto, hoy publicamos la entrevista completa a uno de sus creadores: Darío Madrona. El otro, Carlos Montero, se encuentra actualmente ultimando la adaptación a la pequeña pantalla de su novela “El desorden que dejas”.

¿Cómo surgió la idea de hacer esta serie? ¿De dónde parte la iniciativa?

Todo comenzó cuando Netflix pidió a Zeta ideas para una serie adolescente. Paco Ramos, jefe de Zeta, contactó con Carlos, que le contó una primera idea: Tres adolescentes de clase baja que entran a un colegio de élite. Y se produce un asesinato. La idea inicial gustó mucho, y Carlos me llamó para desarrollarla con él.
¿Qué supuso que la primera temporada fuera vista por 20 millones de personas? Y no me refiero sólo de cara a contar con más presupuesto en la segunda temporada sino también personalmente. ¿Os sentís más reconocidos por las cadenas y plataformas cuando vais a vender nuevas ideas?
Carlos está trabajando compatibilizando ahora la producción ejecutiva de “Élite” con una nueva serie para Netflix, y yo sigo trabajando para ellos en “Élite”, así que no hemos tenido oportunidad de comprobar aún cómo nos tratarán en otros lugares. Lo que sí hemos recibido son ofertas de representación en Estados Unidos, y hemos tenido alguna reunión con productores internacionales, cosas a las que no estábamos acostumbrados.
Lo que se hace más raro es pensar en términos de carrera. En España como guionistas estamos acostumbrados a ir de trabajo en trabajo sin poder realmente elegir demasiado: Uno va cogiendo lo que le ofrecen. Somos conductores de tranvía, nos marcan el rumbo. Pero ahora de repente te dan las llaves de un coche y te dicen: ¿Dónde quieres ir? ¿Que quieres hacer con tu carrera? ¿Cual quieres que sea el siguiente paso? Para mí, esa es la mayor diferencia en todo lo que nos está ocurriendo.
¿Cómo han evolucionado las series para adolescentes desde “Física o Química”? ¿Cómo se consigue el interés de ese público ahora?
No creo que haya una evolución unidireccional de las series “teen”. A la vez que nuestra serie se estrenó “Skam” en Movistar, y aparte de protagonistas de la misma edad, no tenemos mucho que ver la una con la otra. Imagino que las series adolescentes evolucionan como lo hacen las propias generaciones de “teens”: no tendría sentido ahora plantearse la misma trama de salir del armario que como lo hicieron en “Compañeros” o después de “Física o química”, porque ya está hecho y sobre todo porque, afortunadamente, la sociedad ha evolucionado.
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He visto que habéis incorporado guionistas para esta segunda temporada ¿cómo era la mecánica de trabajo en la primera temporada y cómo ha sido en la segunda? ¿Mapa de tramas vosotros dos solos? ¿Escaletábais en equipo? ¿Dialogábais individualmente? ¿Cuánto tiempo y versiones os tomaba escribir un capítulo?
En la primera temporada, primero escribimos la biblia y luego tratamientos de cuatro o cinco páginas de cada uno de los episodios. De esos tratamientos, algunas cosas quedaron, y muchas otras no; realmente no sabes la serie que estás haciendo hasta que empiezas a escribir el guión. Cada capítulo lo tramábamos juntos, y después individualmente nos íbamos a casa a dialogarlo (menos el primero y el último, que lo escribimos a medias). Tardamos poco, primero porque habíamos hecho un trabajo previo muy fuerte con los tratamientos y porque somos rápidos (son muchos años de tele). Pero esa primera versión es solo el principio, claro: quedan más cambios después de las notas que nos dábamos el uno al otro, después las de Netflix, cambios por producción, ideas del director… Como es un proceso que se alarga en el tiempo y va a borbotones, siempre resulta difícil decir cuánto tiempo se tarda en un guión. Pero digamos que entre mes y medio y dos meses.
En la segunda temporada, escribimos la biblia con los nuevos guionistas, y luego tramábamos todos juntos y cada uno se iba con su capítulo a casa a dialogar. Quizás el proceso de escritura se hacía un poco más largo porque tenían que entrar a una serie que ya estaba comenzada y que Carlos y yo teníamos muy clara en la cabeza, y ese proceso de adaptación lleva un tiempo.

Los dos estáis ya en la cuarentena. ¿Cómo se hace para dialogar a adolescentes y no parecer viejuno?

En nuestro caso, intentando no hablar como ellos, que es dónde se nos podría notar la impostura. Uno con cada serie crea un universo con sus propias reglas, y espera que el público entre en él. En nuestro caso, estamos en un colegio privado dónde cada alumno tiene un monitor para ver una película en clase, todos  son atractivos y no utilizan muchas expresiones actuales sino que hablan un poco como adultos. También hay asesinatos, chantajes, y parejas de dieciseis años que necesitan añadir picante a su relación. No tenemos pretensión de ser ultrarrealistas. Una serie como “Skam”, por volver al mismo ejemplo, sí que captura la forma de hablar de los jóvenes de hoy en día, pero porque se mueve en el naturalismo. Es otro género.
Es muy curioso, porque la gente piensa en las series de instituto como género, y yo creo que no lo son. En un instituto tú puedes situar una historia de terror, de ciencia ficción, un drama naturalista o una comedia romántica, un culebrón o un thriller. O mezclar todos estos en mayor o menor medida. Pero la cosa es que todo el mundo ha pasado por un instituto. ¿Sabes cuando emiten una serie de médicos o de abogados y salen unos pocos usuarios de redes sociales de los gremios respectivos, criticando que la serie no refleja su realidad (Ni tiene por qué hacerlo, añado yo)? Pues con las series de instituto pasa igual, pero todo el mundo es capaz de identificar lo que no es realista, porque todo el mundo ha estudiado en un “insti”. Y esas cosas a ellos nunca les ha pasado, su día a día no era ese, lógicamente.  Lo que ocurre es que en nuestro caso al menos, nunca quisimos hacer una serie realista, sino una que resulte creíble al espectador dentro de las reglas de juego que hemos marcado.
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En vuestro trabajo al frente de la serie ¿cómo os organizáis? ¿Tomáis las decisiones conjuntamente o tenéis repartidas las competencias?
La mayoría de decisiones se toman de forma conjunta pero a veces delegamos cosas. Como cualquiera que me haya visto sabe, no soy yo quién debe tener la última palabra en vestuario, por ejemplo.
He leído críticas a la excesivamente fina crítica que la serie hace al modo de vida de los protagonistas. El artículo decía que existe un riesgo de que esta crítica no sea percibida y que, por tanto, los adolescentes tomen como referentes a personajes con comportamientos poco edificantes. ¿Qué opináis al respecto?
No he leído esas críticas, y no sé muy bien exactamente a qué se refieren. Nosotros no escribimos nuestros personajes como referentes, sino como seres humanos con muchos defectos. No tenemos héroes (tampoco villanos), ni nos sentimos en la obligación de aclarar cuales son los comportamientos de los personajes que no queremos que el público imite. Caeríamos en el didactismo, y nuestra serie no va por ahí. Y solo tienes que probar a decirle un adolescente lo que tiene que hacer, para ver cómo se lanza justo a lo contrario.
¿En qué proyectos andáis ahora? ¿Ya estáis con la tercera temporada? ¿Cómo va la adaptación de la novela de Carlos?
Estamos ya con la tercera temporada, inmersos en ella. Dentro de poco comenzará también el rodaje de “El desorden que dejas”.
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