SOLO UN METRO DE DISTANCIA: ¿SE PUEDE SUPERAR UN TRAUMA?

¿Alguna vez te has sentido como un mero espectador de tu vida? Sigue leyendo: no estás solo.

Si googleamos “despersonalización”, encontraremos definiciones como “alteración de la percepción o la experiencia de uno mismo, de tal manera que uno se siente separado de los procesos mentales o de su cuerpo, como si fuese un observador externo a ellos”.

Vamos, lo que en términos más coloquiales resumiríamos con un “estar, pero no estar”. Eso es precisamente lo que les ocurre a las cuatro protagonistas de la obra… que en realidad son sólo una. Tranquilo, ahora te lo explico.

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Inma es una espectadora dentro de su propia vida. Vive cada instante sintiéndose a un metro de distancia de sí misma. Ese metro de distancia también la separa de su pareja, familia, amigos… pero la relación con todos ellos cambiará drásticamente a raíz de un descubrimiento. Mientras da un paseo por la playa, recibe una llamada de su hermana pequeña, que la sorprende con una feliz noticia: ¡está embarazada de una niña! Justo en ese instante, los recuerdos de Inma caen sobre ella como un jarro de agua fría. Por primera vez es consciente de una verdad aterradora: su padre la violó cuando era pequeña. Lo que en otro tipo de obra sería la revelación final, aquí se utiliza como punto de partida. No importa tanto el descubrimiento, sino el qué pasa después.

Antonio C. Guijosa ya había dirigido la estupenda Iphigenia en Vallecas y Liturgia de un asesinato, pero ésta es la primera vez que toma las riendas de un texto firmado por él. Guijosa arriesga y decide que, para profundizar en el trauma y en esa despersonalización en la que se refugian muchas víctimas de abusos, va a romper con la identificación entre actriz y personaje.

Eso significa que, dependiendo de la escena, Inma será interpretada por Beatriz Grimaldos, Muriel Sánchez, Camila Viyuela o Ana Mayo. A veces, incluso por dos de ellas. O por tres. O por las cuatro a la vez. Lo que durante los primeros minutos puede resultar confuso para el espectador, al final de la representación se le antoja como la única forma posible de contar una historia como esta. La escisión en cuatro piezas de un mismo personaje que no es capaz de vivir su vida en primera persona.

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A la hora de abordar un tema tan delicado como el de los abusos sexuales en la infancia (que afectan, según datos de Save the children, al 24% de las mujeres y al 10% de los hombres españoles) entran en juego multitud de preguntas que la protagonista se formulará a sí misma, pero también al público.

¿Por qué a mí? ¿Podía haber hecho algo para evitarlo? ¿Debería odiar a mi padre? No, eso es imposible, las hijas quieren a los padres. Pero si el deber de los padres es cuidar de sus hijas, ¿por qué ocurrió aquello? ¿Tiene algún sentido?

Habría sido relativamente sencillo utilizar al personaje del padre para tratar de dar respuesta a alguno de esos interrogantes, pero entonces el texto podría caer en la tentación de convertirlo o bien en un monstruo sin sentimientos, o en un enfermo por el que acabar sintiendo algo parecido a la lástima.

En lugar de eso, ante la imposibilidad de empatizar con un agresor sexual, Guijosa toma la decisión de reducir su presencia al mínimo y poner el foco en el resto de personajes a los que Inma tendrá que hacer frente para lograr recuperarse. Por ejemplo, esa hermana embarazada que se resiste a creer que su padre, tan bueno y cariñoso con ella, fuera capaz de cometer semejante atrocidad delante de sus narices.

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Con una puesta en escena sobria y elegante y unas actrices absolutamente comprometidas con lo que están contando, Solo un metro de distancia no cae en el melodrama facilón y nos abre una puerta a la esperanza: los traumas pueden superarse. Hablar es necesario si se quiere hacer frente a lo ocurrido. Y para eso, cuatro voces suenan con más fuerza que una.

“Solo un metro de distancia” estará de jueves a sábado a las 21:00, en la Sala Cuarta Pared hasta el 1 de febrero.

Beatriz Arias es guionista. Graduada en el Máster de Guión de Ficción para Cine y Televisión de la Universidad Pontificia de Salamanca, en 2014 forma parte del equipo de guión del programa de humor ‘Ciento y la madre’. En 2015 se incorpora a Tuiwok Estudios (el departamento digital de Endemol Shine Iberia). Actualmente es guionista en SKAM España.

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