TAXI GIRL: MANUAL DE VAMPIRISMO PARA ESCRITORES MEDIOCRES

“Yo puedo ser una ignorante, pero estoy escribiendo tus mejores líneas”. June Mansfield a Henry Miller.

El tormentoso y tórrido matrimonio de June Mansfield con Henry Miller ha dado lugar a ríos de tinta. Henry y June de Anaïs Nin (adaptada al cine por Philip Kaufman) y varios libros del propio Henry Miller recrean con escandaloso detalle la intimidad de sus relaciones, que arrancan cuando Henry conoce a June en un club de baile en Times Square, donde ella trabaja como taxi dancer, una pareja de baile de alquiler.

El supuesto trío que formaron Henry, June y Anaïs en París también ha dado mucho que hablar, aunque como trío, era un trío más bien cojo. Pero el concepto trío tiene morbo, y el morbo vende. Sobre todo entre el público más pacato. Fíjate si vende, que el 90% de los comentarios que se oyen y se leen sobre Taxi Girl, la obra de María Velasco recientemente estrenada en el teatro María Guerrero y ganadora del Premio Max Aub de teatro en castellano, tienen más que ver con el componente sexual de la historia y con la valentía del elenco (en referencia a los numerosos desnudos en escena) que con la historia en sí.

“Entre una escena de sexo y la siguiente eres un escritor de lo más aburrido”. June a Henry.

En Taxi Girl hay sexo, sí. Bastante explícito. Tan explícito como en las novelas de Henry Miller. Pero no escandaloso. ¿Obsceno? Es discutible. En mi opinión, Javier Giner controla con gran habilidad la temperatura de la sala: la superficie de piel mostrada es directamente proporcional a la cantidad de alma que los personajes están desnudando en ese momento.

Y ésa es la parte escandalosa (dicho como elogio) de Taxi Girl: la crudeza con que María Velasco pone en escena el uso y abuso que Henry Miller hace de su esposa Jane Mansfield. Como escritor, Henry Miller no valía ni el papel en el que garabateaba su autoficción. Era un trending topic adelantado a su tiempo. Como vampiro sí valía mucho. A June Mansfield la exprimió hasta límites inconcebibles. Y no hablo sólo de que ella se prostituyese en Nueva York para que él pudiera estar viviendo la bohemia en París… donde también le sacaba dinero a su amante Anaïs Nin.

Celia Freijeiro (Anaïs Nin) y Carlos Troya (Henry Miller).

“Estoy dispuesta a cualquier sacrificio que sea necesario con tal de hacer de ti un escritor”. June a Henry.

No. June Mansfield le dio mucho más que dinero. Le dio una historia que escribir. Y Miller forzaba el conflicto con Mansfield para que la historia tuviera más carga dramática. Quizá fantaseaba con que June muriese joven, como le ocurrió a la Beatriz de Dante. Quizá experimentar la tragedia le convertiría en un buen escritor. Miller sufría una desesperada necesidad de atención, combinada con una desesperante falta de talento. Así que optó por el escándalo. Por retratar de la forma más explícita y chabacana posible sus experiencias sexuales. A falta de talento, necesitaba una musa. A falta de inventiva, necesitaba convertir a las personas en personajes. Y a los personajes no tienes que respetarlos. Puedes incluso hablar de ellos a sus espaldas, burlarte de ellos como te burlarías de una creación tuya –una escultura, por ejemplo- que no te ha quedado muy conseguida.

“Ella es lo primero que he escrito. Si se va, será como si me hubieran cortado la lengua”. Henry a Anaïs.

Pero en realidad, fue June Mansfield quien creó a Henry Miller. También a Anaïs Nin le regaló líneas memorables, pero Nin hacía verdadera autoficción. Convirtió su pluma en un espejo de su vida, y lo hizo desde niña. Henry Miller más bien estaba desesperado por protagonizar unas peripecias vitales que estuviesen a la altura de la idea romántica que tenía de sí mismo como escritor. Su pluma era un espejo… deformante. Por otro lado, Nin sí llegó realmente a amar a June. En el monólogo final de Celia Freijeiro, quien borda el papel de Anaïs Nin, se insinúa que June habría motivado la catarsis sexual de Nin que la llevaría a abandonar a su esposo y emigrar a Estados Unidos en busca de una vida más libre.

Celia Freijeiro (Anaïs Nin) y Eva Llorach (June Mansfield)

“Por favor, ¡llévame por el mal camino!”. Anaïs a June.

June (extraordinariamente interpretada por la gran Eva Llorach) fue, para ambos escritores, la historia que contar. La taxi girl que con todos baila. Cada una de las parejas que alquilan a la taxi girl disfruta un rato de una buena pareja de baile, y cuando la música cesa, siguen con su vida un poco más felices. Al final de la noche, la taxi girl se va a casa con los pies destrozados y una sensación de vacío. Pero a la noche siguiente vuelve a regalar ratos de felicidad. María Velasco ha encontrado en la profesión de June Mansfield la metáfora perfecta para explicar su papel en la consagración literaria de uno de los novelistas más famosos (y sobrevalorados) del siglo XX.

¿Acaso no hacemos todos los escritores lo que Miller y Nin hicieron con June Mansfield? Vampirizamos vidas, buscamos dolor, dudas, pasión… para convertirlas en palabras y, en último término, en dinero. El escritor tiene una capacidad de empatía muy por encima de la media… pero mucho más efímera. (Si no fuera así, nos volveríamos locos). Somos tremendamente sensibles al sufrimiento ajeno… hasta que cae el telón. Después de escribir “fin”, esa persona –convertida ya en personaje- queda abandonada. Nos ha servido para crear algo bello y perdurable… pero muerto, como una mariposa en una exposición.

Taxi Girl es un texto extraordinario lleno de reflexiones imprescindibles para un escritor, y que Javier Giner dirige con habilidad y buen gusto. La fluidez de entradas y mutis; la pericia con que mueve a su elenco por las cuatro esquinas de la escena; la limpieza de los saltos narrativos en el tiempo y el espacio, resultan sorprendentes en un debutante. Los dos únicos momentos en que la dirección no consigue ese milagro de pasar desapercibida son las dos escenas de baile. El texto plantea ahí un imposible: reproducir el ambiente de una sala de baile llena de gente en un escenario donde sólo hay dos actores… y con la música relegada a un segundo plano, para dar protagonismo al diálogo. Un mínimo escollo que en nada ensombrece un gran debut.  

Con todas las localidades ya vendidas, Taxi Girl estará en cartel hasta el 15 de marzo en el Teatro María Guerrero de Madrid.

Sergio Barrejón.

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