SORTEAMOS “ANOCHECE EN LOS PARQUES”, DE ÁNGELA ARMERO

3 enero, 2017

Ángela Armero es guionista de series como Velvet y Hospital Central y de películas como El Diario de Carlota. Ha escrito y dirigido varios cortometrajes, y ha publicado varias novelas. La última, ANOCHECE EN LOS PARQUES, ganó el Premio Jaén de Narrativa Juvenil 2016… y te la vas a llevar GRATIS.

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Para concursar, sólo tienes que ser suscriptor de nuestro boletín LA SEPARATA (si no lo eres, pincha en el enlace, que es gratis) y estar atento al correo. Dentro de muy poco te contaremos cómo participar en el sorteo de los cinco ejemplares que nos ha cedido su editorial, Montena.

Y ahora seguimos con nuestras vacaciones. La semana próxima volvemos con contenidos nuevos. Entre ellos, la entrevista que Nico Romero le ha hecho a Alberto Caballero destripando el proceso de creación de “La que se avecina”, y una reflexión de Juanjo Ramírez Mascaró sobre los imbéciles que piden las cosas para ayer.

Feliz año. Y no olvidéis suscribiros a LA SEPARATA.


ALMA TE TRAE A JOHN AUGUST

12 diciembre, 2016

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“Escribir guiones, a menudo, es como soñar de manera disciplinada”

John August

Si lees este blog o has ido al cine en los últimos quince años seguramente sabrás de sobra quién es este hombre. Pero si no es el caso, o necesitas que te refresque la memoria, lo haré: John August es el guionista de las películas “Big Fish”, “Charlie y la fábrica de chocolate”, “La novia cadáver”, “Frankenweenie”, “Sombras tenebrosas” (todas ellas dirigidas por Tim Burton), además de “Los Ángeles de Charlie” y “Titan AE”.

John August será el protagonista de la próxima Master Class de ALMA. Será en Madrid el próximo 14 de Enero. 

Además de ser un gran guionista, John August se ha distinguido por sus valiosísimas aportaciones a la comunidad global de escritores audiovisuales. Su blog johnaugust.com, (con entradas tan interesantes como esta y esta) que comenzó a escribir en 2003, se convirtió rápidamente en una referencia para estudiantes y profesionales por su rigurosidad y cercanía; también es el responsable de Scriptnotes, un podcast tan aclamado como su blog que hace con Craig Mazin y de la web Screenwriting.io, de preguntas y respuestas sobre el guión,  así como de un montón de aplicaciones relacionadas con la escritura de guiones.

Por otro lado, August está fuertemente vinculado al WGA (que le concedió el premio Valentine Davies este año) y con el festival de Sundance, donde frecuentemente ejerce de tutor. Su generosidad no se limita a la profesión de guionista; pero su labor no se limita al terreno cinematográfico. También ha aportado esfuerzo y visibilidad a la causa del matrimonio homosexual en EEUU y trabaja con FOWO Malawi, una ONG cuyos se centran en mejorar las condiciones de los niños en ese país.

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Por lo tanto, no solo es un escritor de mucho talento, sino que es también una persona entregada a fortalecer la comunidad de guionistas en el mundo entero, ofreciendo su sabiduría a sus colegas y también a los y las guionistas del futuro. En esta ocasión en ALMA hemos querido apostar por un guionista de cine. A través de la persona de August, cuyas películas son vistas y disfrutadas masivamente en el mundo entero, buscamos darle visibilidad a los autores y las autoras que construyen el cimiento imprescindible sobre el que se construyen las películas: los guiones cinematográficos.

Por si acaso pensáis que el 14 de Enero podéis hacer otra cosa en vez de venir a verle y robarle su sabiduría, os dejo este vídeo (con subtítulos en inglés disponibles) para que se os pongan los dientes largos y para que veáis como se puede teclear como si se tocara el acordeón. Toda la información sobre el evento la puedes encontrar aquí y en nuestros perfiles de  Facebook y Twitter.

¡Allí nos vemos!

Para ir entreteniendo la espera, aquí, en el blog de August, podéis leer su magnífico guión de “Big Fish”. 


6 CONSEJOS PARA MANTENER UNA RELACIÓN SANA (CON TU GUIONISTA)

1 julio, 2016

por Ángela Armero

Algunos y algunas guionistas son como Cuba Gooding Jr. en “Jerry Maguire”. A la hora de comprometerse contigo, necesitan que les enseñes el mítico “kwan”.

Pero si no manejas las cantidades de la NFL o no eres Tom Cruise, hay otros valores a tener en cuenta si te gusta tu guionista o tus guionistas y querrías envejecer junto a ellos y exprimirles todo su “mojo” hasta que la audiencia os separe. Al final, los y las guionistas somos gente normal y tenemos nuestro corazoncito. No solo eso, sino que como buenos escritores somos sensibles, pero no sensibles a las gotas de rocío en las hojas de los geranios, sino sensibles a las faltas de cariño, de respeto, al demérito, a la injusticia… Vamos, que por mucho que vendamos nuestra pluma, no somos putas, somos princesas, ¿vale?

Estaba yo mirando las miles de páginas de consejos de internet (porque como buena guionista me gusta procrastinar, más aún que las gotas de rocío en las hojas de los geranios) y encontré este maravillosa relación de consejos para mantener una relación de pareja sana y feliz. Oh sorpresa, son muy adecuados para conservar a tu guionista cerca, contento y dando lo mejor de sí mismo. En el enlace dice que son seis, luego resulta que son cinco, a lo mejor el último es el secreto de la felicidad eterna.

  1. APRENDE A COMUNICARTE

En el texto se lee lo siguiente:

“Una buena comunicación requiere de que ambos se esfuercen por manifestar sus pensamientos y sentimientos de forma adecuada, por escuchar al otro con interés genuino.”

Parece una perogrullada, amigos y amigas, pero “dale una vuelta” no es exactamente un alarde dialéctico. Las notas crípticas a lo “Klaatu Barada Nikto” nos frustran, nos duelen, pensamos ¿qué habrá querido decir con “más” o “menos” o “no veo esto por aquí”? Preferimos que nos den los cambios de manera inteligible y a poder ser razonando por qué se han de producir. Tampoco una tesis, que no somos gilipollas, pero algo que podamos entender. También nos gustaría que fuera un diálogo en vez de unas enigmáticas frases en un email o sobre el propio guión o escaleta. Si fuéramos buenos descifrando códigos, trabajaríamos mano a mano con el pequeño Nicolás en el CNI.

2. LA CLAVE ES CONFIAR

Sí, amigos y amigas. Hay algunos productores ejecutivos que no confían en absoluto en sus guionistas, a los que tratan como un mal necesario que han de padecer para sacar sus series adelante. Afortunadamente, también los hay que te ayudan a crecer como guionista y que no solo reconocen el talento ajeno, sino que lo hacen brillar. Esto va en dos direcciones, además. Si no confías en tu guionista, lo más probable es que ella o él en ti tampoco, y se vaya corriendo a la mínima oportunidad.

3. LA IMPORTANCIA DE LA TOLERANCIA Y LA PACIENCIA

Si algo nos sobra a los guionistas es paciencia, y mucha. Demasiada. Hemos tolerado muchas cosas durante mucho tiempo pero afortunadamente existe un convenio que nos ayudará a navegar sobre lo que es tolerable o no. En cuanto a la paciencia, los guionistas somos casi maestros del zen por todo el tiempo que hemos tenido que esperar a una llamada, a una reunión, a un contrato, a unas notas, a que nos paguen, a la emisión, al estreno, etc… Ni los productores ni los guionistas somos perfectos; sería aconsejable que ambas partes puedan convivir con los defectos de la otra y reconocer sus virtudes. No todos los días, no a todas horas. Pero qué se yo. En vez de flores o bombones, nos apañamos con un “buen trabajo” de vez en cuando, que además es gratis.

4. RESPETO

“Se debe crear un vínculo en el que ni siquiera en los momentos de más ira nos atrevamos a faltarle el respeto al otro, esto es mutuo y es una de las bases de una relación saludable.” A esto no hace falta añadirle nada. Bueno, podríamos completarlo cantando a capela una buena colección de anécdotas vergonzantes; pero es #felizviernes y para qué ponernos mustios ahora.

5.  DIVERTIRSE JUNTOS Y SEPARADOS

Muchos guionistas somos culos (y cerebros) inquietos. Escribimos novelas, haikus, posts, obras de teatro, películas… y encima, aunque parezca increíble, cuando soltamos el teclado hasta podemos tener vida personal. Ser demasiado celoso del tiempo que te dedican tus guionistas no conduce al bien, como diría Rajoy, conduce al mal. Debería importar más la calidad y efectividad de nuestro trabajo que pretender asegurar un máximo rendimiento en horas o prohibiendo que hagamos otras actividades. Escribir no es como apretar tuercas. Que un guionista tenga proyectos propios es la mejor señal de que ama su trabajo. No le cortes las alitas. A todos nos gusta volar, juntos y por separado.

6.

Como he comentado, el texto enlazado no tiene un sexto consejo… pero yo sí. Y es: “SHOW ME THE MONEY”.

Y ahora, a ser felices para siempre.

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CUÁNDO BAJARSE DEL CABALLO

26 mayo, 2016

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por Ángela Armero

Los proyectos propios son una rara forma que tenemos los guionistas de compensar nuestras, en ocasiones, mercenarias carreras. Los que somos plumas a sueldo solemos caer en series buenas, series malas, series buenas que no nos gustan, series malas a las que les vemos su punto, y una larga variedad de matices. Y aunque al final casi siempre hacemos el encargo lo más nuestro posible, casi todos tenemos “proyectos personales” a los que dedicamos tiempo porque de vez en cuando nos gusta apartarnos del encargo, del circuito cerrado que supone una serie ya creada, en fin, poner a prueba nuestro músculo creativo. Además nos sirve para responder, cuando estamos en paro y nos preguntan el terrorífico “¿en qué andas?” de turno: “entre proyectos”.

Los proyectos personales son como el amor. Cuando pensamos en ello pensamos en correr juntos, de la mano, por playa Bávaro (ver foto) al atardecer. Pero no pensamos en su variante más sombría. En llorar acuclillados en el abismo de Helm. Pensamos que ese proyecto personal nos dará el extra de motivación que necesitamos, que compensará el cariñito que la audiencia o nuestro coordinador no nos da, que nos hará vernos más esbeltos y bronceados en el espejo de nuestra habilidad. Si tenemos suerte nos veremos trabajando en el proyecto con otro guionista, director o productor. Y por supuesto, nuestra relación con ellos también es un arma de doble filo: multiplica las posibilidades de éxito pero también de fracaso.

Así es como uno se siente cuando un proyecto propio se cae:

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via GIPHY

 

Igual que en las relaciones de pareja, hay señales que presagian el éxito y las que presagian el fracaso. Estas son algunas de las segundas.

1. Si un productor dice estar entusiasmado con tu guión, pero no te pone un contrato sobre la mesa: es hora de bajarse del caballo.

2. Si está como loco con el proyecto pero te propone una cesión gratuita: es hora de bajarse del caballo.

2. Si un productor dice entender de qué va tu historia, pero te pone referencias que no tienen nada que ver: es hora de bajarse del caballo.

3. Si la única motivación de un productor es ganar pasta porque no le interesa lo que le cuentas pero lo ve comercial: es hora de bajarse del caballo.

4. Si un productor te pide algo diferente cada día: es hora de bajarse del caballo.

5. Si no contesta tus correos o no aporta al menos notas, en un período razonable de tiempo: es hora de bajarse del caballo.

6. Si le encanta tu trabajo pero propone cambiar una o varias cosas esenciales: es hora de bajarse del caballo, y además, de proteger las ideas propias.

7. Si el proyecto es de top priority para ti pero para tu productor es la última caquita del patio: es hora de bajarse del caballo.

Lo que tienen en común todas estas situaciones que delatan falta de entusiasmo. Por tanto, y por mi experiencia, creo que es imprescindible encontrar a alguien que comparta tu entusiasmo -y que además lo muestre con un desembolso de dinero-. Si no es así, lo mejor es no perder el tiempo ni malgastar nuestras ilusiones. Porque a la larga, y como decía Ortega y Gasset, “los esfuerzos inútiles nos conducen a la melancolía”, y algunos somos muy mainstream como para pasarnos a la poesía ahora.


EL EJE DE LAS MADRES TRABAJADORAS

5 mayo, 2016

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por Ángela Armero

El pasado 1 de Mayo se celebró el día de la madre y el del trabajo, y por tanto, el de las madres trabajadoras.

Mi madre es pintora. Cuando yo era pequeña, la veía contemplar sus cuadros absorta o estampar sus grabados en el taller que teníamos en casa y me sentía muy especial. Por supuesto, también hacía todo lo demás (recogerme a la salida de la escuela, darme de comer, explicarme cómo es el mundo), pero eso no me llamaba tanto la atención. Al mismo tiempo, las madres a las que mis compañeros de colegio llamaban “amas de casa” o designaban con un arcaico “sus labores” me inspiraban un frío desdén. Tardé bastantes años en darme cuenta de que ser madre es un trabajo, y de que, por tanto, toda madre es trabajadora, tenga o no una carrera profesional.

La gran falacia de la integración de la mujer a la vida laboral es que, por mucho que gocemos de una supuesta igualdad para trabajar, seguimos asumiendo prácticamente la misma responsabilidad en la crianza de los niños, a la que ahora hay que sumarle nuevas obligaciones y nuevos listones de exigencia. La conciliación es un reto familiar, pero sobre todo colectivo, de empresas y de leyes, y en este país necesitamos un marco que lo facilite de verdad.

Yo no entiendo mi vida sin escribir. Pero al mismo tiempo opino que es muy respetable que una mujer decida aparcar su profesión para cuidar de sus hijos una temporada, o por el tiempo que le parezca. Por supuesto, en medio hay caminos menos claros. Las mujeres que no pueden tener hijos porque su salario no se lo permite. Las madres que no pueden trabajar porque no les compensa económicamente el precio de una guardería o de una persona que les cuide, o porque no encuentran un empleo. Y un montón de situaciones más que dificultan la convivencia entre la crianza de los hijos y el trabajo.

Cuando una mujer trabaja y tiene un hijo pequeño es probable que entre en esta dinámica perversa: si está con su hijo, le asalta la cantidad de trabajo pendiente. Si está en el trabajo, piensa que debería estar con su criatura; una especie de gato de Schrödinger de la (in) tranquilidad emocional. Con frecuencia, la culpa la persigue. Y lo malo es que este esquema se reproduce, de forma similar, de varias maneras.

Si la mujer es Susana Díaz o Soraya Saenz de Santamaría y, dada su trascendencia profesional, busca reincorporarse con rapidez, será criticada por abandonar a su criatura enseguida, se dirá que no tiene escrúpulos, que la ambición es lo único que la mueve y que lo está haciendo mal. Nadie se preguntará qué estará haciendo el padre, como si la incorporación al trabajo de los cónyuges no fuera un asunto del ámbito familiar, sino cuestión exclusiva de la madre.

Si la mujer decide volcarse un tiempo en criar a sus niños o si decide apostar por esa faceta indefinidamente, tendrá que asumir otro tipo de críticas, quizá más veladas. Será tachada de poco ambiciosa, de poco moderna, se le dirá que desaprovecha su potencial, al tiempo que su falta de ingresos mermará su autoestima y el discurso de la supermujer imperante, que debe hacerlo todo y todo bien, hará el resto. Así pues, también habrá quien le diga o quien le haga sentir que lo está haciendo mal.

Por supuesto, hay pequeñas réplicas de este eje del mal en el día a día de las madres. Si le ha puesto al nene un pijama de algodón en primavera, la abuela del niño le dirá que está muy abrigado, y su suegro que cogerá frío. Da igual. En cualquier decisión de la madre, es muy fácil que haya alguien a su alrededor para opinar y decirle lo que tiene que hacer. Tanto si es seguir trabajando, parar de trabajar, abrigarle mucho, abrigarle poco, dar el pecho, dar fórmula, hacer que duerma en la cuna, permitir que duerma en la cama, y así hasta el infinito.

Así es la vida de las madres. Dividen su tiempo entre cuidar a sus hijos o hijas, otro tanto a dar explicaciones (¿para cuándo el segundo? ¿cómo te organizas? ¿para cuándo el tercero?) y también a trabajar (¿Seguro que quieres trabajar en oficina? ¿No te parece que sales demasiado tarde?). A la propia culpabilidad se suma la presión externa que parece replicar el mismo mensaje: hagas lo que hagas, habrá quien diga que está mal.

Yo no se qué está bien y qué está mal. Sé algo de mi trabajo y poco de la maternidad. Pero sí tengo muy claro que nadie (ni hombres ni mujeres) debería decirle a las mujeres qué deben hacer, ni cuáles deben ser sus prioridades. Que cada madre tome libremente sus decisiones, que cada familia decida cómo administrar sus recursos (sean tiempo o dinero) sin necesidad de que las mujeres tengamos que dar las gracias por trabajar siendo madres ni que tengamos que pedir disculpas por no hacerlo si nos volcamos con los niños; y por supuesto que se nos deje tranquilas si no queremos tener descendencia.

Vivamos y dejemos vivir. Que bastante difícil es organizar nuestras propias vidas para andar fiscalizando las de los demás. Como dice este interesantísimo artículo de Milagros Pérez Oliva, “Siempre hay un dedo acusador sobre las mujeres.” Ese dedo debería apuntar a la realidad que se alza entre nuestra necesidad de trabajar y nuestra obligación de cuidar a nuestros hijos de la mejor manera posible.


UNA IMAGEN VALE MÁS QUE MIL PALABRAS

7 febrero, 2016
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Foto: Gtres Online

por Ángela Armero, Presidenta del Sindicato ALMA, con el apoyo de la junta. 

Anoche, como todos los años prácticamente desde que tengo uso de razón, incluso antes de saber que quería ser guionista, vi la gala de los Premios Goya. Me gusta, incluso cuando no me hace gracia o se me hace larga porque casi siempre hay amigos, conocidos y gente querida nominada o implicada de alguna manera. Y porque supone que el cine sigue siendo una empresa, o un arte, que podemos celebrar todos juntos.

Por supuesto, la veo desde la perspectiva de los guionistas y siempre hay detalles que evidencian la necesidad de una reivindicación bien conocida del sindicato Alma: la lucha por la visibilidad de nuestro oficio.

Por lo general, a medida que va languideciendo la gala, van cayendo las menciones a los conductores que llevan a las actrices a tiempo a los rodajes, a los representantes, al vecino del quinto, en fin… diría que este año los premiados se acordaron incluso menos que en otras ediciones de aquellas personas que se encargaron de llenar los folios en blanco, de crear algo donde no había nada más que papel (o pantalla) y silencio.

Luego hay detalles, detalles que aislados pueden resultar insignificantes, pero que siguen cebando mi incomodidad. Los premiados en la categoría de sonido reciben una estatuilla cada uno y en cambio, los guionistas solo uno. ¿Alguien puede explicar esto?

Finalmente, cae la bomba:

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Resulta que los guionistas nominados no pueden pasar por el photocall. En cambio, la novia del escritor que entrega el premio, sí. Por su estrecha implicación con el mundo del cine, deducimos en las redes del sindicato Alma… Y decimos cosas como éstas:

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Imagino ese momento. Imagino a cualquier guionista, hombre o mujer, que lleve toda su vida escribiendo películas, algunas se harán, otras se quedarán por el camino, la mayoría. Las habrá escrito, en general, por muy poco dinero, y cobrando casi siempre el grueso de su sueldo a inicio de rodaje, si es que se ha tenido suerte y la película se ha hecho. Habrá tenido que aguantar mil opiniones, algún que otro desprecio, esperar meses y quizá años para llegar al improbable momento en el que uno o una escribe una peli de la que está satisfecha y recibe una nominación, en lo que quizá es el momento más importante y feliz de tu carrera… y entonces te dicen que no eres digno de pasar por el photocall.

Y siempre ha sido así. A mí me han hecho muchas más entrevistas por mi faceta de “desconocida directora de cortos” (con todo mi respeto para los amados cortos) que por llevar muchísimos años escribiendo películas, series y novelas. Vivimos en una directorcracia que hace que muchos guionistas se metan a dirigir películas solo para que sus historias tengan más opciones de ser contadas. También como directores resulta mucho más sencillo armar un proyecto para ir a las productoras. Y aunque hay muchos directores generosos con sus guionistas, nada más habitual que oír a muchos de ellos adueñándose de la historia como si hubiera salido exclusivamente de su cabeza privilegiada.

Pero no quiero seguir ampliando este asunto, sino centrarme en una pregunta que me intriga. ¿Quién ha pensado que los guionistas, es decir, los primeros autores de una película, (“En el principio era el verbo…”) no merecen hacerse una miserable foto?

Afortunadamente, la foto que no se hizo en los Goya sí tuvo lugar el viernes en un acto del sindicato en colaboración con la Academia que reunía a los nominados/as a mejor guión con la prensa, para el que la Academia de Cine prestó su sede (y a pesar de la polémica actual, no está de más recordar que nuestra relación con ellos por lo general excelente.)

Foto: Carlos de Pando

Foto: Carlos de Pando

Si una imagen vale más que mil palabras, y no merecemos una imagen, ¿es que nuestras palabras no valen nada?

 


MI EXPERIENCIA EN IBERMEDIA

28 enero, 2016

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Cuando le conté a un par de personas cercanas que me habían seleccionado un proyecto en el programa de desarrollo Ibermedia, tuvieron la misma reacción.

-De tutora, ¿no?

-No.

La verdad es que es un halago que me sitúen al nivel de los tutores y tutoras del programa (entre los que se encuentra el bloguionista David Muñoz), pero les parecía sorprendente que con cierto grado de veteranía allí estuviera yo, con mi guión, bajo el brazo, dispuesta a recibir consejos, collejas, sugerencias, diagnósticos y tortas de todo pelaje. Yo, la verdad, no sabía qué me iba a encontrar. Lo único seguro es que tenía un guión con necesidad de mejorar y la ocasión de dejarme aconsejar por algunos ilustres a quienes no conocía.

Dos meses después de acabar el curso, puedo decir que ha sido un acierto haber participado, y que mi guión ha mejorado mucho.

Dejadme que os hable un poco de la mecánica del programa, en el que pueden participar guionistas y directores/as de España y toda América del Sur. (En caso de que el participante sea de fuera de Madrid, se le paga el viaje y el alojamiento.)

Hay dos fases, una por cada tutor. Son tres semanas con uno, tres semanas con otro. Dos visiones distintas que se suceden mientras tú vas haciendo y deshaciendo a lo largo de las semanas que dura el curso. Los tutores van siguiendo tus progresos y opinando sobre las modificaciones que se hacen hasta la versión definitiva. Además, el curso incluye un curso de pitching (destinado a hacerlo en 90 segundos; muy útil) y un pitch con productores y festivales internacionales, sesiones sobre producción, y adicionalmente puede ser una vía interesante para entrar en contacto con vías de coproducción, especialmente con países latinoamericanos. Y por último, pero no menos importante, está la maravillosa oportunidad de conocer a guionistas y director@s de todos los países latinoamericanos y descubrir en sus guiones historias que suelen ser absolutamente diferentes a lo que solemos leer en España, al tiempo que compruebas que, aparte del lenguaje, la pasión por el cine nos hermana a todos. (Esto es cursi, pero es verdad.)

En mi caso, el primer asesor fue Andrés Koppel. Me hizo entender muchas cosas que no os diré porque si queréis aprender, es mejor que os las cuente él. El segundo fue Tomás Aragay, y empezó repartiendo una leña desconocida. Pero fue increíblemente útil también. La suma de los dos me hizo ver el guión desde un lugar diferente, probar sus fortalezas y fomentarlas, destruir o transformar sus debilidades, y sobre todo, des-escribir y hacerme muchas preguntas. Encontrar la esencia y liberarme de palabras y acciones innecesarias. Hallar, en definitiva, el guión dentro del guión, el guión pulido, aproximarte a la película “platónica” que lleva tiempo habitando en tu cabeza pero que no has sabido transmitir aún en el papel.

Independientemente de las horas de vuelo de cada guionista (y es verdad que los niveles de experiencia dentro del programa varían mucho) creo que nunca sobra enseñarle tu guion a un profesional y pedirle su opinión, con profundidad y sin excesivo “cariño” de por medio. Los amigos y las amigas (sean colegas de profesión o no) tienen un problema: pueden tener una visión privilegiada, pero nos quieren, o eso deben hacernos creer, y eso nubla su visión. Es bueno entrar en esa arena, como gladiadores del guión y pensar “Ave César, los que van a descuajaringar su guion te saludan” y asumir que la mayoría de las veces lo que escribimos no vale ni el precio de los árboles caídos para imprimirlo.

Pero sin duda, lo mejor de Ibermedia para mí, aparte del beneficio impagable de haber mejorado la historia, y aunque tenía miedo de que esos Jedis del guionismo destruyeran mi fluctuante autoestima, es la sensación de sentirme padawan de nuevo.

Sí, estudiante de nuevo. Con el 100% de mi atención en las páginas, como hacía tiempo que no me sentía. Una auténtica reconexión con la parte de mí misma que quería contar historias, muchos años después de la chispa inicial. Recuperar el ensimismamiento, la pasión, y por qué no decirlo, el combate contra la frustración de no poder escribir lo que se quiere, sino lo que se puede.

Hay que caminar siempre hacia esa idea de perfección, aunque no se consiga. Cuando éramos más principiantes nos motivaba la idea de dedicarnos a esto. Ahora que tenemos el privilegio de hacerlo con mayor o menor continuidad, la fortuna es aspirar a hacerlo cada día mejor. Y eso es lo que mantiene la energía creativa crepitando dentro de nuestras cabezas.

¿Acaso merecería la pena esta profesión si la llama se hubiera apagado?

El plazo para recibir solicitudes para la siguiente convocatoria concluye el 6 de Marzo. Las bases están aquí. 

Otros enlaces de interés

Entrevista a Mariana Barassi, coordinadora del curso

Preguntas frecuentes

 


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