GUIONISTAS QUE ESCRIBEN NOVELAS (II)

9 mayo, 2014

Seguimos, en esta segunda entrega, desgranando las impresiones de guionistas al escribir novelas. Hoy, Sergio Barrejón, Pablo Tobías, Bárbara Alpuente y Carlos Clavijo.

SERGIO BARREJÓN

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“En otras circunstancias, Héctor Perea habría disfrutado de ese paseo al amanecer por la ribera del Manzanares. Por ejemplo, si no hubiera sabido que dos desconocidos andaban buscándole cerca del Puente de los Franceses para darle una paliza.” 

Así comienza Ese brillo en tus ojos, mi primera novela. La escribí por encargo de Diagonal TV y la editorial Planeta. Querían una novela basada en la serie Amar es para siempre (antes Amar en tiempos revueltos), de la que soy guionista. Con personajes de la serie, pero con una historia original. Y cortita. Esos fueron todos los parámetros que me dieron. “200.000 matrices para dentro de tres meses”. Por lo demás, libertad total. ¿Que quieres exteriores noche? Sin problema. ¿Que quieres una verbena y fuegos artificiales? Concedidos. ¿Que quieres la Torre de Madrid a medio construir? Toda tuya.

Apenas recibí el encargo, empecé a arrepentirme de todas las veces que me había quejado de las limitaciones que Producción pone a la creatividad del guionista. Ahora podía escribir lo que me diera la gana… y estaba aterrorizado. No sabía por dónde empezar. Esa noche no pude dormir. Estaba convencido de que no se me iba a ocurrir ninguna idea. Decidí que al día siguiente llamaría a Planeta y rechazaría el encargo. Y justo entonces, se me apareció una imagen: la Plaza de los Frutos -donde sucede la acción de la serie- despanzurrada por la piqueta. Los cimientos removidos. El suelo levantado. Y no sé por qué, me puse a pensar en Héctor y Asun, mis personajes favoritos de la serie, una pareja que viven felizmente casada gracias a un secreto inconfesable: la difunta primera mujer de Héctor… en realidad no está muerta. Su partida de defunción es falsa. Técnicamente, Héctor es bígamo.

Y algo hizo click. Lo de los cimientos levantados era una metáfora estupenda para hablar de secretos desenterrados. Esto olía a género negro, mi terreno de juego favorito. Amor y crimen. Adulterio y armas de fuego. Pasión y chantaje: alguien descubre el secreto de Héctor y Asun y trata de extorsionarlos. Todo con el telón de fondo del boom inmobiliario de los 50 (que fue mucho más bestia incluso que el de los 90). Me levanté de la cama y en menos de diez minutos había diseñado la trama entera. Como si me la estuvieran dictando.

Y lo mejor de todo es que a la mañana siguiente la editorial compró la idea sin dudar. Nada de “dale una vuelta”. Nada de “me gusta la historia, pero cámbiame al protagonista”. Nada de “hace falta un personaje andaluz”. Y me dejaron arrancar la novela con una cita de Neruda, que siempre da mucho empaque. Luego el libro no ha vendido gran cosa, también es cierto. Y siendo adaptación de una serie, tampoco me garantiza una parcela en el Parnaso. Imagino que para el novelista promedio que fuma en pipa y lleva jersey de cuello vuelto yo soy un advenedizo, un parásito, un intocable. Pero eh, al menos voy a firmar en la Feria del Libro (31 de mayo en la caseta de El Tranvía, decídselo a vuestras madres y que lo comenten en la peluquería, gracias). Y para colmo, he cumplido uno de los sueños inconfesables de todo guionista español: ¡Tengo agente!

PABLO TOBÍAS El-corazon-del-bambu-pablo-tobias-3 “Ki Ken Tai. Energía, golpe, movimiento. El alma, la espada y el cuerpo se hacen uno y el golpe se produce.”

SINOPSIS

Cuando Laura gana el campeonato nacional de kendo en 2011 piensa que por fin podrá ir a Japón a estar con Isamu, el amor de su vida. Sin embargo, lo que en principio iba a ser el más feliz de los viajes pronto se convertirá en una pesadilla cuando Laura aterrice en Tokio el 11 de marzo, el día del tsunami de Fukushima. Desesperada por saber si Isamu sigue vivo o no, Laura emprenderá otro viaje aún más complejo por el interior de Japón en el que, con la ayuda de Carlos, otro español en una situación parecida a la suya, descubrirá que también está viajando por el interior de si misma.

LA EXPERIENCIA

Enfoqué la escritura de “El Corazón del Bambú” igual que si fuera la de una película o serie. A fin de cuentas, se trata de contar una historia y tanto la novela como el guion son solo distintos medios para conseguirlo; además, en mi opinión y debido a los aspectos más técnicos de cada uno de los formatos de escritura, los guionistas que escribimos novela lo tenemos más fácil que los novelistas que se pasan al guion: Con la experiencia incorporamos una idea muy clara sobre cómo ha de ser la estructura narrativa, manejamos con soltura los diálogos y los “puntos de giro” y desarrollamos un lenguaje muy visual perfectamente aplicable a la novela, mientras que muchos de los elementos de la escritura de esta no pueden aplicarse a un guion por todo lo que implica el audiovisual. Quizá por eso las editoriales nos van buscando últimamente más que nunca. Por eso, para mí la enorme diferencia no radica tanto en cómo acometer la escritura sino en el propio enfoque de la historia, en “todo lo que cabe” en una novela y sería imposible contar en una película o serie con los medios de los que se suelen disponer. En resumidas cuentas, la novela da una libertad que no da el guion, donde todo lo que se escribe ha de verse (y por tanto pagarse), mientras que en la narrativa la tinta que relata una conversación entre dos personas encerradas en un ascensor cuesta lo mismo que la destinada a describir el asedio de Troya. Y eso por no entrar a hablar de la posibilidad de contar con narradores omniscientes y monólogos interiores, ambos fantásticos en literatura y que en pantalla acaban manifestándose como unas “voces en off” generalmente insoportables.

Eso sí, la libertad en la escritura narrativa (como en todo), tiene un precio, y es que en la novela estás solo. Más allá de las recomendaciones de la editorial o la prisa que te puedan meter, toda la responsabilidad recae sobre tus hombros; no puedes contar con la agudeza de otros compañeros ni puedes excusarte en las exigencias o limitaciones de producción o de la cadena. Dependes de ti mismo porque, a diferencia del trabajo grupal que supone una serie o película, la novela eres tú. Y eso es maravilloso, pero a veces da mucho miedo.

BÁRBARA ALPUENTE

El-amor-se-me-hace-bola EL AMOR SE ME HACE BOLA (Editorial Planeta)

“La autosuficiencia tiene un límite: el omóplato”.

Sinopsis:

¿Y si tu vida no se parece en nada a lo que habías planeado?…

¿Y si es todavía mejor?

“El amor se me hace bola” es un libro de humor que cuestiona el modelo social a través del punto de vista de una mujer dispuesta a reírse de su trayectoria y su fracaso.

Experiencia:

Yo escribí una novela (léase con tono “I had a farm in Africa) en 2011 titulada “Más allá de mí”, que compraron principalmente mis familiares, amigos, familiares de amigos y amigos de familiares. Tras el desastre comercial debido a “los tiempos que corren”, a la prácticamente nula promoción de la editorial, a mi incapacidad para venderme y al claro desinterés que produjo mi trabajo (menos mal que no me gusta quejarme) se me quitaron las ganas de escribir una segunda. Pero duró poco. Enseguida empecé a pergeñar otra historia, a soñar con otros personajes y con tramas que me iban llevando a un universo lejos de aquí.

Casualmente, cuando estaba inmersa en el proceso de ese segundo trabajo, me llamaron de Planeta. Llegué a la reunión con una historia de misterio centrada entre la edad media y la segunda guerra mundial (así, sin ambiciones) y me dijeron que muy bien, que muy bonito todo, pero que querían un divertido libro sobre solteras. Tras la desilusión inicial, comencé a escribir “El amor se me hace bola” hasta volver a entusiasmarme con la escritura. El 6 de mayo podréis conocer el resultado y ya me encargaré yo de que lo hagáis.

Ahora debería recuperar aquella idea histórica y retomar mi trabajo, pero me resisto porque sé lo que implica empezar una novela sin encargo de nadie y con total autonomía.

El principal objetivo del ser humano es la búsqueda de la libertad, pero según nos vamos acercando a ella, experimentamos lo aterrador que resulta. Cuando por fin eres libre para hacer lo que realmente quieres, empiezas a preguntarte si sabes qué es lo que realmente quieres. Estás solo, las dudas te acechan, y todo depende exclusivamente de tu criterio e inspiración. Puedes utilizar una escaleta o improvisar, escribir en primera persona o en tercera, centrarla en la prehistoria o en el siglo XXV. No hay presupuestos para lastrar tu creatividad, ni axiomas a los que aferrarte, ni alguien por encima de ti para guiarte o condicionarte… Y sobre todo, no hay excusas. Y cuando no existen limitaciones externas, es fácil descubrir que la única limitación eres tú.

Ahí empieza el duelo. Ahí empieza todo.

CARLOS CLAVIJO PORTADA-LIBRO-SPB0123408-MAX

He publicado 4 novelas y en breve saldrá la quinta. La primera, Alas de Pollo (Editorial Plaza y Janés). Salió en 2002, y era una comedia sobre un profesor universitario que vivía de plagiar el trabajo de sus alumnos. Después vino La Adivina-Maeva, un thriller fantástico que se publicó también en Latinoamérica. Más tarde, Puentes Volados –Edit Tropismos, un drama intimista con forma de monólogo dramático sobre el miedo a los cambios. Y luego, El hijo de la Vid (Planeta Temas de Hoy), una novela histórica sobre una saga familiar a caballo entre el siglo XIX y el XX (de 650 páginas!). Mi quinta obra vuelve a ser una comedia, El Informe Klaus, sobre un profesor universitario que viaja a España para estudiar su sector turístico, única rama de nuestra economía que aún no necesita respiración asistida. Está escrita en forma de diario.

A mí me encanta el lenguaje y su plasticidad. Una novela puede ser muchas cosas. Puede ser una historia entretenida, una necesidad personal, una compensación por la peli o serie que no podemos hacer o no nos compran. Pero también puede ser un texto sin respiro sin un solo punto y aparte, una historia con un tempo lento, con descripciones minuciosas donde un personaje tarda 14 páginas en subir una escalera. Y, claro, una novela no tiene por qué ser necesariamente una serie o película. Por eso me parece bien que cada guionista, al escribir su novela, aborde la ruta que quiera.

Yo escribo novelas porque a veces me canso de la excesiva funcionalidad del guión. El libro te permite jugar con todo el abanico que ofrece la lengua: no tener que narrar en presente (“Marta entraba…”), la ocasión de usar un lenguaje más retórico, de emplear comparaciones (“Cavaba con la avidez de un cerdo buscando trufas”), olores (“La casa olía a huevo frito”), de cuidar algo más el vocabulario de batalla del día a día, la opción de incluir disgresiones que no tengan que ver con la trama, de girar sobre pensamientos obsesivos (“Ahora miro al suelo, la veo, está ahí. Es la pluma. Su pluma…”) , incluso el atractivo de no estar obligado a contarlo todo con diálogos…

Aunque compartan una carpintería dramática similar, el chip a la hora de escribir novelas es otro, y da para muchos posts, desde las diferencias en su construcción, los problemas de adaptación o el hecho de que buena parte de la literatura española del siglo XX, a diferencia de la anglosajona, no haya estado obsesionada con la trama.

A favor de la novela juega su dilatado tiempo de lectura, varias horas, días o semanas. El lector coge un libro, lo suelta, lo vuelve a coger, lo abandona de nuevo y no pasa nada. En cambio todos los guionistas sabemos que si un lector de un guión –pongamos por caso un productor- coge tu texto, lo suelta, lo vuelve a coger y lo abandona de nuevo, vamos a tener serios problemas para pagar el alquiler.

 


ESCRIBIENDO TEATRO

24 mayo, 2013

por Ángela Armero

Como la primera obra de teatro que he escrito está a punto de estrenarse, quería escribir algo sobre mi experiencia. Pero he pensado que el post sería mucho más interesante si conseguía que opinaran dos amigas a quienes admiro mucho: Verónica Fernández y Bárbara Alpuente.

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VERÓNICA FERNÁNDEZ

Hoy mismo he visto el cartel que el Centro Dramático Nacional ha hecho para promocionar mi obra “Serena Apocalipsis”, que se estrenará en junio en el Teatro Valle Inclán de Madrid.  Mi nombre estaba debajo del título en letras grandes. Ni qué decir tiene que mi vanidad se estaba regocijando ante tal visión. He sentido que el destino me premiaba después de haber sufrido un bochorno considerable hace unos meses en los créditos de una película en la que participé. Pero hay más. Os puedo decir que no escribo teatro para que mi nombre sea el primero, el más grande y el más vistoso del cartel. Escribo teatro porque es el lugar donde empecé y el lugar al que siempre quiero volver. Me pasa lo mismo con mi pueblo. Vinuesa me encanta, nací allí, me pasé todos los veranos de mi infancia y de mi adolescencia y disfruto cada vez que me escapo a pasar unos días lejos del mundanal ruido. Pero no viviría allí. Como no podría ser solo dramaturga. Los sinuosos caminos del cine y de la televisión me llenan, me vuelven loca a ratos y otros ratos me crean una presión con la que he conseguido convivir bastante bien. Así que escribir teatro, como Vinuesa, se convierte en un acto de placer difícil de explicar, pero limitado en mi vida profesional. En los dos sitios me permito pensar lo que me da la gana, me permito reflexionar, me permito crear mundos que sólo necesitan de la palabra para levantarse.

Lo efímero del hecho teatral me fascina. Que cada día la función sea distinta aunque tenga el mismo texto, que una obra se pueda representar en varios idiomas, en diferentes lugares, en grupos de teatro aficionado, en residencias de ancianos o en teatros nacionales… me produce un vértigo delicioso. Escribes una obra y nunca muere, alguien la rescatará en fotocopias de alguna estantería y la representará cuando todos hayamos muerto.  ¿Os imagináis que de cada guión de cine se pudieran hacer ene películas con diferentes actores, en diferentes lenguas a lo largo del tiempo? Las películas tienen la magia de lo inmutable. Podemos ver “Casablanca” hoy con una copia remasterizada casi mejor que cuando se estrenó en los cines. El guión sigue ahí, impertérrito.

 Las obras dramáticas tienen otra responsabilidad con respecto al tiempo, tienen que ser susceptibles de poder ser representadas siempre que alguien lo pretenda. No quiero decir que al escribir una obra de teatro esté pensando en la campesina polaca que la representará en su parroquia en la navidad del 2020, no me entendáis mal. Lo que quiero decir es que el teatro excede la contemporaneidad. Fijaos cómo se sigue representando Lope, Calderón, Valle y tantos otros, por no hablar de Sófocles, Eurípides, Esquilo o el propio Shakespeare.

Y hay otra cosa que no es un tema baladí. Escribo un proyecto de televisión y si una televisión no lo quiere, muere en el escritorio de mi portátil o en el mejor de los casos en el escritorio del portátil de un productor que me pagó el desarrollo. Escribo una película y si no convenzo a un director y a una productora para encontrar financiación,  me muero yo también de pena en el escritorio de mi portátil con los fósiles de todos los proyectos que no han salido y que no saldrán nunca. Escribo una obra de teatro y puedo montarla, mejor o peor, con más o menos dinero, en una sala alternativa, en un teatro potente o en el garaje de mi abuela, con un director prestigioso o con aquel chico de la facultad que lideraba muy bien nuestro grupo de teatro. Y con cuatro telas negras y dos actores tengo el gustazo de ver mi obra representada.

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BÁRBARA ALPUENTE

Estuve un año hasta que conseguí escribir una pieza de Microteatro (paradójicamente)  Desarrollar una idea en quince minutos tiene su complicación, y más si intentas, como en este caso, que no se quede en un mero sketch sin fondo ninguno (a mí a pretensiones no me gana nadie) Una vez conseguido, o eso creo, saqué dos conclusiones interesantes:

La primera, escribir teatro no es escribir televisión. Esto, que parece una obviedad, lo fui descubriendo a medida que asistía a los ensayos. Algunos chistes que funcionaban casi de forma automática en pantalla, fallaban en la representación. Y otros, que incluyó el director Natxo López y que, probablemente, en televisión no se habrían apreciado, funcionaban como un tiro en directo.

El teatro tiene un lenguaje propio que no se aprende en una primera experiencia. A mí, claramente, me falta hábito para manejarlo con soltura.

La segunda, cada representación es única. El público forma parte de la obra y de su implicación depende el “éxito” o el “fracaso” de tu trabajo. Los actores (Cecilia Solaguren, Carlos Santos y Ricardo Reguera) recibían directamente las reacciones de los asistentes y, aunque la mayoría de las veces la comedia consiguió las carcajadas perseguidas, otras se presentaban allí unos cuantos sin ninguna intención de reírse (los muy cabrones), convirtiendo la función en una situación bastante tensa. Tensa para mí, claro, los actores llevaban con bastante más ligereza este supuesto fracaso.

Microteatro ha sido la experiencia profesional más satisfactoria que he tenido en años: La relación con actores y director, a la que no suelo tener acceso en televisión, la emoción de asistir como testigo directo a lo que provoca un guión tuyo en otras personas y, sobre todo, sin que esto tenga nada que ver con el oficio de guionista, comprobar la cantidad de gente que habéis hecho el esfuerzo de venir a vernos.

Gracias a todos.

Esto no tiene pinta de quedarse aquí.

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ÁNGELA ARMERO

Casi todo en esta vida se hace por amor o por dinero.
“Lola, una comedia solidaria” es algo que escribí por lo primero. Mi amiga Alba Alonso, una estupenda actriz con la que ya he trabajado, me hizo una sugerencia. “¿Qué te parecería escribir una obra para mi madre (Pilar Bayona, también actriz) y para mí?” Durante algunos meses la idea estuvo rebotando en mi cabeza, como una bola de pinball, hasta que me di cuenta de que era una estupenda idea. Rara vez se tiene la ocasión de tener a una madre y una hija en el mismo escenario, y trabajar con personas queridas e importantes para ti hace que lo que escribas surja de un lugar imprescindible cuando no hay dinero de por medio: la confianza.
Es la primera vez que escribo teatro pero me ha gustado mucho la experiencia. Como no tenía ni idea de cómo abordar el asunto, me senté y lo hice, que es la mejor forma de perderle el miedo y poner el motor en marcha, siempre hay tiempo para reescribir, pensar, cambiar… Aún sin saber nada confieso que las limitaciones (pocos personajes, pocos decorados, pocos elementos, más cautela con el tiempo que en los guiones de cine o televisión…) espolearon bastante mi creatividad. Después de una primera versión, como creo que es muy razonable hacer, lo pasé a dos lectores  de confianza y gracias a sus consejos acabé llegando a una versión definitiva, que por supuesto ha tenido retoques en los ensayos de la obra. Pero desde luego la libertad a la hora de escribir ha sido algo que me ha hecho sentir muy bien, especialmente si se compara con la cantidad de vueltas que dan los guiones de cine o de televisión, vueltas por varias personas, vueltas por dilatados espacios de tiempo (meses, años), tantas vueltas que a veces parecemos alquimistas o perfumistas en vez de narradores.

Lo que se le puede pedir a los proyectos personales es que te diviertan, y en ese sentido, Lola me funcionó desde el minuto uno.

Rápidamente se incorporó el director, Nacho Marraco, responsable de la obra “Eleuterio, historia de un hombre libre”, que casualmente había visto meses atrás y me encantó. Por si fuera poco, otra incorporación al reparto terminó de convertir la obra en una rareza escénica: Alberto Alonso, el padre de Alba, se convierte en el tercer protagonista (aunque no interpreta a su padre, sino a un amigo de su madre en la ficción.) Y después aparecieron personas maravillosas, como Yolanda Eyama, Beatriz Pérez Rioja, Daniel Dicenta o Lola Herrera, que va a vestir a Pilar Bayona con la ropa de su tienda. Y, para terminar de redondear la atmósfera familiar, mi madre, la artista Rosa Biadiu, diseñó el cartel.

Pero lo que más me ha gustado de todo esto ha sido ver los ensayos. Es el instante decisivo, el momento maravilloso, el primer premio, quizá el más íntimo y asombroso: ver cómo tus personajes cobran vida. Para mi no hay una sensación igual.

Creo que el teatro ofrece esa oportunidad a los guionistas. No hace falta esperar para rodar, no hace falta pulirse los ahorros o pedir pasta a los amigos, convencer a las mesas de ejecutivos, alquilar un montón de trastos, llevar un camión enorme ni contratar figurantes vestidos de romanos. Busca un grupo de gente con la que te guste estar, preferiblemente que sean profesionales, y hazlo como siempre se ha hecho. Ya verás qué bien. Por supuesto, no es algo que sea razonable hacer por dinero.

Serena Apocalipsis” se estrenará el 12 de junio en el Teatro Valle Inclán (Centro Dramático Nacional), en Madrid.

“El Negociador” se representó en Microteatro (Madrid) del 3 de abril al 20 de abril y en la antigua cárcel de Segovia los días 3 y 4 de mayo, dentro de una selección de las seis mejores obras de Microteatro del año.

“Lola, una comedia solidaria”, se representará los sábados de junio en Garaje Lumière (Madrid). Las entradas en Atrápalo, aquí.


REBELIÓN EN LA GRANJA

11 junio, 2012

por Bárbara Alpuente.

Hay cuatro tipos de guionistas: Los guionistas que creen que hay que educar a la pobre audiencia (más conocida como “señora de Cuenca”), los guionistas que piensan que su trabajo consiste estrictamente en entretener a la audiencia sin más complicación, los que carecen de dilemas internos relacionados con su actividad profesional, y los guionistas que aseguran que hay una cifra determinada de tipos de guionistas, como si la complejidad humana que convive en este gremio se pudiera reducir a cuatro etiquetas.

En nuestro trabajo a menudo aparece un elemento que genera muchísimo rechazo: el mensaje. Eso que alguien decidió en su día que era dañino y moralista, en vez de pensar que puede ser enriquecedor y ético. E incluso que puede no ser ninguna de las dos cosas. Porque el mensaje no es un ente al margen de cada uno de nosotros, sino la evidencia de la subjetividad humana, que no puede abandonar al sujeto por mucho que éste pretenda estar por encima. Desde entonces, el pobre mensaje late sigiloso bajo la piel de cualquier trabajo creativo, atemorizado ante la idea de que se detecte su presencia.

He asistido a multitud de debates sobre la importancia o el lastre que implica el mensaje. Y en todos estos debates hay quien se declara en contra y además niega que en sus guiones exista rastro de tal estigmatizada palabra. Lo siento, no me lo creo. Hasta el “Robobo de la jojoya”, si te pones, tiene un mensaje.

En el momento en el que omites ciertas cosas, eliges un determinado perfil de personaje, un giro u otro, un punto de vista u otro, una temática concreta o la construcción de una trama, estás conformando un transfondo, una sensibilidad, una ideología, una tendencia, un punto de vista… llamémoslo como menos nos moleste, pero admitamos que se trata de un MENSAJE. Sí, con mayúsculas. ¿Qué hay de malo? ¿Qué nos da tanto miedo? Un mensaje no tiene por qué ser una doctrina, ni tiene por qué ser una obviedad disfrazada de conflicto social como hemos podido ver en (inserte aquí la película buenista que le caiga peor) Yo quiero contar algo con lo que escribo y no por ello estoy intentando aleccionar a nadie. (Excepto en este caso en particular en el que esa es exactamente mi intención)

No se trata de educar, ni de embrutecer, ni creo que se trate sólo de entretener. Hay una diferencia entre creer que tenemos poder como guionistas o creer que tenemos responsabilidad como guionistas. Y nos da tanto miedo que nos juzguen por lo primero, que preferimos liberarnos quitándole toda importancia a nuestro trabajo. Pues no, la nuestra no es una profesión cualquiera. Ninguna profesión cuyo resultado pueda incidir en otro individuo es una profesión cualquiera.

El que se dedica a diseñar zapatillas también tiene responsabilidad; no sólo las tiene que hacer estéticas, es que además debe pensar en la reflexología para no joderle la vida a nadie. ¿Nos parecería arrogante que un fabricante de zapatillas nos dijera que tiene mucha responsabilidad con sus compradores? No. Entonces, ¿por qué creemos que se nos va a juzgar si admitimos la nuestra? Porque probablemente lo que estemos haciendo con la negación es ocultar que tal arrogancia, efectivamente, existe. Aquellos que creen pertenecer a una profesión poderosa lo que intentan es que no se les note. Luego escondemos nuestros aires de grandeza tras el cinismo y la aparente modestia. “Yo sólo soy un guionista”. Evidentemente, ¿qué te hace pensar que debes aclarar eso? Pero ese “sólo” no te exime un ápice de lo que estás contando al mundo con cada una de tus palabras.

Por eso creo que hay guionistas implicados y guionistas comprometidos. El guionista implicado lleva a cabo un empleo. El guionista comprometido lleva a cabo un oficio. Aunque, por supuesto, no todos los proyectos, empresas o productores ejecutivos merecen nuestro compromiso.

Una vez escuché la diferencia entre estar implicado y estar comprometido con el siguiente ejemplo: En un plato de huevos con chorizo, la gallina está implicada y el cerdo está comprometido.

… Hay dos tipos de guionistas; los que cierran los posts con maestría y los que terminan comparando su gremio con animales de granja…

Aun así, espero que haya quedado claro mi MENSAJE.


S.O.S.

15 marzo, 2012

por Bárbara Alpuente.

Hay muchas situaciones que incomodan a los seres humanos. Una de ellas es la muerte. Sé que la gente no se muere con el objetivo de incomodar a nadie, pero es algo violento porque, entre otras cosas, nos recuerda que a nosotros también nos puede llegar. En los funerales siempre hay dos tipos de personas; los que se acercan a la viuda a darle el pésame, y los que se mantienen a una prudente distancia porque no saben qué decir y prefieren evitar el trámite.

Otra situación incómoda para el ser humano es el paro. Los parados no se quedan en paro con el objetivo de incomodar a nadie, pero es algo violento porque, entre otras cosas, nos recuerda que a nosotros también nos puede a llegar. Tras un despido siempre hay dos tipos de personas; los que contestan a los mails que llevan un currículum adjunto, y los que se mantienen a una prudente distancia porque no saben qué decir y prefieren evitar el trámite.

(Compañeros, no temáis: en principio el paro no es contagioso, y de serlo, es imposible que se transmita por correo electrónico)

Playlist "SOS" en Spotify

Hay más guionistas sin trabajo que nunca. Quizá no todos encontremos un hueco, quizá no todos encajemos en el “perfil”, quizá no todos tengamos los contactos suficientes, pero está claro que todos merecemos al menos una respuesta a nuestras llamadas de auxilio. Porque a veces esa mínima respuesta lo que esconde es un subtexto alentador: “sigo aquí, no estás solo en esto”.

¿Dónde quedaron las promesas, dónde se esconden ahora los amigos, dónde está el compañerismo… Dónde más puedo enviar mi currículum?

Los detalles importan, todos lo sabemos, pero muchos lo olvidamos.

Cock Robin – The Promise You Made

Nas – Life’s A Bitch – Explicit Album Version

Herman Düne – When We Were Still Friends

Screaming Trees – Troubled Times

Supertramp – Maybe I’m A Beggar

Simple Minds – Don’t You Forget About Me

La Unión – Dónde Estabais – En los Malos Tiempos

Placebo – For What It’s Worth

Micah P. Hinson – The Dissapearing

Depeche Mode – Never Let Me Down Again (Single Version)

(Visita las dos anteriores entregas de Música para Escribir en Bloguionistas)


FLASHBACK – FIRMAS INVITADAS: GUIONISTAS DE VERDAD

21 agosto, 2011

por Bárbara Alpuente. Guionista de series como Casi Perfectos y Fuera de Control. Coordinadora de guión en Camera Café y Fibrilando. Colaboradora de Rolling Stone, YoDona y otras publicaciones.

Siento no haberme incorporado antes a las colaboraciones de guionistas invitados, pese a haber sido invitada hace tiempo, pero es que no sabía qué ponerme para la ocasión. Ante la duda, hoy escribo desnuda. Tengo una buena calefacción y carezco de webcam, así que no temáis.

Tras muchos años escribiendo exclusivamente comedia, llegué a pensar que lo que yo hacía podía hacerlo cualquiera. Esto me pasa cada vez que decido que ya sé hacer algo. Mi argumento es: “Si sé hacerlo yo, no puede ser tan difícil”. Tiene cierta lógica, aunque no ayude especialmente a alimentar mi bulímica autoestima. Pero no era la única que relativizaba sobre el trabajo de un guionista dedicado a la comedia.

Alternando entonces con algunos guionistas, reparé en que cuando se hablaba de guiones (O sea, un noventa por ciento del tiempo), yo era automáticamente excluida de la conversación y mi opinión pasaba a un segundo plano. Como si me estuvieran haciendo ver que aquellas eran conversaciones de adultos para las que yo no estaba preparada.

Así que acabé acostumbrándome a que en algunas reuniones se dirigieran a mí casi como “la que hace los chistes” y hablaran entre ellos casi como “los que resuelven apasionantes y complejos conflictos”. Surgía aquí una nueva raza de guionistas. Estaban ellos, los guionistas de drama, que podrían definirse como los guionistas de verdad, y estábamos nosotros, los graciosos que juntan cuatro chascarrillos, que podrían definirse como los guionistas de mentira. Por eso acabé convenciéndome de que lo que yo hacía, al fin y al cabo, era escribir sketches superficiales, y que esta tarea no tenía un gran mérito.

Pero hace unos meses cambié de tercio y ahora ando inmersa en un proyecto de dramedia (Uno de esos con apasionantes y complejos conflictos). A medida que la serie avanza, siento de nuevo que, realmente, lo que hago no tiene un gran mérito. Cabe la posibilidad de que nada de lo que hago tenga un gran mérito, pero ése no es el tema. El tema es que ahora soy yo la que relativiza sobre el trabajo de los guionistas de drama (¡Toma! Sí, soy rencorosa). Y no es, como decía al principio, porque sepa hacer este trabajo, sino porque no me resulta, ni de lejos, más difícil que enfrentarse a un folio y llenarlo de frases que hagan reír a, como poco, una decena de personas (entre las que no cuenten familiares y amigos). Y tampoco es que ahora crea que los guionistas de drama merezcan/mos menos respeto, pero sí creo que es un mito que exista una diferencia entre el talento necesario para pertenecer al grupo de guionistas de un género u otro.

¿Es más difícil escribir Urgencias que escribir Frasier? ¿Es más difícil escribir In Treatment que escribir Seinfeld? ¿Es más difícil escribir The Wire que… ? Olvidad este último ejemplo.

Contaban que, en el lecho de muerte de un gran actor inglés, un amigo se acercó a él y le dijo: “qué difícil debe de ser morirse”. Y el moribundo contestó con un hilo de voz: “lo difícil es hacer comedia”.

Y ahora si me permitís, voy a volver a vestirme. Un placer.

P.D.  A mí me gustó la gala de los Goya.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 19 de febrero de 2010)

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FLASHBACK – FIRMAS INVITADAS: OPINIÓN

7 agosto, 2011

por Bárbara Alpuente.

Estoy en la salida de un estreno con amigos y a lo lejos observo a un guionista que me ve, sonríe y se me acerca con los ojos muy abiertos. Según avanza, se le va dibujando una sonrisa en la cara, que es donde se dibujan las sonrisas, no se van a dibujar en el culo. (Y de ser esto posible yo no lo he visto así que me permito el escepticismo en este caso) El guionista llega por fin a donde yo estoy y en mi cabeza su voz suena ralentizada mientras le escucho decir “te voooooy a pasaaaaaar mi guiooooón y me diiiiiceeees qué te pareceeeeee”. Mantengo un gesto de serenidad mientras pienso: ¡Socorro! No voy a leerme doscientos folios para “ver qué me parece”. Si lo hago será porque estés dispuesto a escuchar una opinión, opinión que te arrojaré tras haber leído al menos dos veces tu largometraje, lo que implica dedicarle unas cuantas horas de mi tiempo.

Hay un puesto destinado a leer y analizar guiones, ¿por qué? Porque leer y analizar un guión no es un trabajo que esté al alcance de cualquiera. ¿Por qué? Porque para realizar esta tarea con la profesionalidad que merece, el analista debe tener un extenso y profundo conocimiento del oficio y además poseer, si es que esto es posible, la capacidad de la objetividad para liberarse de prejuicios a la hora de valorar el trabajo de otros. Eso implica, por ejemplo, saber reconocer que el hecho de que no te guste lo que tienes delante, no significa que esté mal. “Si no me gusta está mal. Si no lo entiendo es caótico. Si no me entretiene es aburrido. Si no me hace gracia no es gracioso. Si no le molo es que es gay.“

Leer un largo y opinar es un trabajo difícil, y las víctimas de nuestros amigos guionistas lo hacemos como podemos, pero tengamos en cuenta que no es un favor que se pueda pedir así como así. Dad a leer si de verdad necesitáis otro punto de vista y si estáis dispuestos a tirar vuestro trabajo tras una crítica que encontréis coherente y constructiva. Aunque luego no lo hagáis, pero al menos que exista esa predisposición, porque si no uno se siente gilipollas.

-¿Leíste mis notas sobre tu guión?

-Sí, pero al final pensé que estaba bien como estaba.

-Ya (Pausa dramática) ¿Y eso no podías haberlo pensado antes de enviármelo?

-De todas formas muchas gracias.

-¡No quiero que me des las gracias, quiero que me pagues!

Esta recreación de diálogo entre guionistas se convierte en ficción a partir de la segunda intervención (A no ser que se trate del Pianista, que sería capaz de llegar incluso más lejos)

Por eso es importante saber reconocer cuándo te están pidiendo opinión verdadera o cuándo te están pidiendo una pasadita por el lomo. No tengo nada en contra de las pasaditas por el lomo, todos las necesitamos de vez en cuando. Un guionista seguro de sí mismo es un imbécil. No puedes estar seguro en un proceso de creación, puedes confiar en que tu trabajo es lo más honesto o profesional posible, pero una mala crítica desestabiliza a cualquiera porque todos sabemos que lo que hacemos puede estar muy bien o estar muy mal. Puede incluso encontrarse en ese árido y aséptico terreno del “No está mal”.

La opinión importa, no la tomemos a la ligera. No podemos decirle a alguien tras un pase, que su corto nos ha espantado. Aunque hay maneras de mentir sin ensañarse en la mentira cuando lo que acabas de ver no te gusta y el inconsciente del director o guionista te pregunta a la salida eso de “¿qué te ha parecido?”.

Destaco los siguientes ejemplos para no herir sensibilidades y conservar así amigos del gremio (en caso de que esto último sea necesario)

“Está bien” – trasfondo: para el nivel que tienes.

“No está mal” – trasfondo: una vez vi una peor… Por cierto, ¿no era tuya?

“No es mi estilo” – trasfondo: mi estilo tiende más a las cosas bien hechas y no a esa puta mierda que has hecho tú.

“Igual es que no la he entendido” – trasfondo: no he entendido que nadie te haya dicho en todo el proceso que lo que estabas haciendo era un truño.

“Para ser tu primera peli, está bien”: aprovecha porque probablemente será la última.

Y la peor de todas:

“Pues a mí sí que me ha gustado” – trasfondo: ¿crees que ser tu novia tiene algo que ver?

Y ahora, para mantener cierta coherencia con mis propuestas, les pido que se abstengan de escribir malas críticas en sus comentarios. Gracias.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 5 de marzo de 2010)


15-M: QUINCE CANCIONES PARA UNA REVOLUCIÓN

21 mayo, 2011

por Bárbara Alpuente.

No sé en qué acabará todo esto. No sé si aguantaremos el impulso revolucionario tras las elecciones, o si nuestra intención para cambiar este sistema se quedará en ceniza a partir del lunes.

Ojalá no. Ojalá todo esto sirva para algo. Pero tengo fe. Por primera vez en mucho tiempo, puedo decir que la tengo. Porque no estamos representados por ningún partido, porque no pedimos para cada uno de nosotros sino para todos, porque no gritamos asfixiados por el yugo de la ideología. Y porque confío en que esto no sea un movimiento exclusivamente juvenil destinado a perder el pulso entre los restos de un macrobotellón.

Por eso propongo mi playlist para la revolución. Puede que en unos días este post resulte ya anacrónico. Pero insisto, ojalá no. Ojalá esta vez consigamos despertar.  #spanishrevolution

Playlist 15-M en Spotify

Rage Against The Machine – Wake Up
Florence + The Machine – Dog Days Are Over
Muse – Uprising
The Rapture – Echoes
Bob Dylan – Things Have Changed
Lou Rhodes – Each Moment New
Stephanie McKay – Say What You Feel
Cypress Hill – Rise Up (feat. Tom Morello)
PJ Harvey – Hardly Wait – 4-Track Demo Version
Cage The Elephant – In One Ear
Juana Molina – Un Día
Ben Harper – Fight For Your Mind
Radiohead – Everything In Its Right Place
Alice In Chains – No Excuses
Patti Smith Group – People Have The Power – Digitally Remastered, 1996



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