GOYA 2018: SOBRE EL GUION DE HANDIA (I)

5 febrero, 2018

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Handia es una de las películas españolas del año. Además de la buenas críticas que ha cosechado, ha obtenido diez de los trece Goya a los que aspiraba, entre los que se encuentra el de Mejor Guion Original. Aprovechando la coyuntura, hemos tenido la suerte de poder hablar con los cuatro guionistas del film (Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga y Andoni de Carlos), quienes han encontrado el tiempo para contestarnos a todas nuestras preguntas sobre el proceso de construcción de una película que funde leyenda y realidad para contar la vida del gigante de Altzo.

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Aitor Arregi y Jon Garaño, durante el rodaje de Handia.

¿Qué hay de leyenda y qué hay de realidad en el guión de Handia?

Jon: Es cierto que el protagonista de Handia, el gigante, empezó a crecer con 20 años y no dejó de hacerlo hasta morir, que recorrió toda Europa y que lo hizo con su hermano, que era muy religioso, que le hacían marcas en la iglesia, que le quisieron juntar con una giganta… Casi todos los pasajes más conocidos del gigante de Altzo se recogen en la película, aunque también hay cosas que no están, como el hecho de que conociera a los reyes y reinas más importantes de su época (entre ellas la persona más poderosa de mundo, la reina Victoria de Inglaterra). Pero por supuesto hay también mucha leyenda, mucha invención. Las historias sobre su figura se empezaron a difundir y distorsionar en cuanto se hizo popular y así ha seguido siendo durante más de 150 años. La película no ha sido una excepción. Uno de los temas principales de Handia es la necesidad inherente que tiene una sociedad de fabricar leyendas, de crear héroes en los que creer. Y así, esta historia nos permite hablar de lo que es real y lo que no, de cómo van creciendo los mitos a medida que se propagan, del mismo modo en que lo hizo el propio cuerpo de Joaquín durante sus 43 años de vida.

¿Cómo fue el proceso de documentación y posterior selección de hechos reales para armar el guión?

Aitor: Fue una persona muy conocida en su época, pero la verdad es que no hay (o al menos nosotros no encontramos) una cantidad enorme de documentación respecto a su vida. Hablamos también con historiadores, fuimos a su pueblo natal, a Altzo, y vimos que había un punto en el que la realidad y la ficción empezaban a mezclarse. Gran parte de lo que se está documentado sobre Miguel Joaquín y Martín está en la película. Y los “agujeros negros” los completamos con nuestra visión, ya que poco a poco nos fuimos dando cuenta de que nuestra historia trata también sobre eso, sobre cómo una historia con un sustrato real se va convirtiendo boca a boca en una leyenda, se va haciendo más grande y luego se va transformando.

¿Cómo decidís dónde y cómo mezclar realidad con leyenda en las escenas y hechos que transcurren en el film?

Andoni: Miguel Joaquín Eleizegi fue una persona real que vivió en el siglo XIX, pero la información que ha llegado hasta nuestros días es escasa, y gran parte de ella mezclada con el mito, por lo que la mezcla entre realidad y leyenda ha sido bastante natural. Desde el principio teníamos claro que queríamos respetar su contexto histórico, recrear de la manera más fiel posible la época que le tocó vivir, pues nos daba mucho juego. Por lo demás nos hemos permitido ciertas libertades, al fin y al cabo había que rellenar muchas lagunas. Es una historia inspirada, y no basada, en el gigante de Altzo.

El protagonista de Handia, Martín, no “cae bien” durante gran parte del film porque empatizamos mucho más con Joaquín, su hermano, al no poder quitarnos de encima la sensación de que Martín le está utilizando. ¿Es esta una decisión buscada como parte de su arco de transformación?

J.M: Sin duda, aunque nosotros como guionistas intentamos no juzgar a nuestros personajes. No creemos que el personaje de Martín actúe desde la maldad sino desde la inconsciencia. Él está tan cegado por sus deseos de medrar y de alejarse de la realidad del caserío, que no es capaz de ver lo que puede estar sintiendo su hermano. Aun así, sea por la razón que sea, es cierto que la motivación de Martín a la hora de plantear el nuevo negocio familiar es totalmente egoísta. Pero tampoco hay que olvidar que la vida en un caserío de Gipuzkoa a mediados del siglo XIX tampoco era fácil ni agradable. Por eso, la propuesta de Martín puede sonar cruel, pero la alternativa (que puede ser morirse de hambre en el caserío) tampoco es la panacea.

¿Por qué la decisión de seguir el punto de vista de Martín y no el de Joaquín, el gigante?

Jon: Las primeras versiones de guión tenían como protagonista a Joaquín, el gigante de Altzo. Pero en un momento dado nos dimos cuenta que esa historia ya estaba contada de alguna forma. Que ya se había visto, por ejemplo, en El hombre elefante. Y así, en plena crisis, un día pensamos que sería interesante contar la historia a través de los ojos de Martín. Para que la historia se viera con otros ojos y no cayéramos en la tentación de hacer una película sobre el sufrimiento del gigante. Por otro lado, nos dimos cuenta que era el contrapunto ideal a Joaquín, la persona que no quiere seguir creciendo, el que no quiere cambiar.

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Desde el momento en el que Martín vuelve de la guerra tiene una constante necesidad de aparentar, de querer ser lo que no es. Sin embargo, su hermano Joaquín solo quiere que le dejen ser lo que es. ¿Es la idea de querer aparentar, de buscar algo que quizá nunca podemos conseguir porque no es lo que somos, una idea central en la construcción del guión?

Aitor: Podríamos decir que esta idea que nos indicáis tiene mucho que ver con las ideas que manejamos. El tagline de la película es “nadie crece eternamente” y sin duda esto es aplicable tanto para Joaquín como para Martín. Martín quiere largarse del caserío, quiere conocer mundo e integrarse en otros ámbitos más “modernos”. No se da cuenta de que quizás no se puede romper del todo con eso que quiere dejar detrás, porque sería romper consigo mismo. Sería traicionarse a sí mismo. A diferencia de su hermano, él quiere “crecer” y volar, pero parece que termina forzando la situación más de lo conveniente.

¿Qué otras ideas o temas os interesaba tocar en la construcción de dicho relato?

Andoni: La relación entre Joaquín y Martín, los dos hermanos, fue importante desde el principio, pero no tanto como en la versión final. En las primeras versiones Joaquín era el protagonista absoluto pero poco a poco Martín le fue comiendo terreno. Y con los dos a la par la idea del cambio, y las dos formas divergentes de afrontarlo (abrazarlo o resistirse), terminó por convertirse en un importante motor de la película. Que no el único: el esfuerzo por forjarse una identidad, la importancia de la figura del padre, la presión que ejerce la sociedad para que nadie se salga del patrón establecido, el complejo de inferioridad del mundo rural, el peso de la religión, la soledad del diferente, la sinrazón de la guerra… Se puede decir que Handia contiene varias películas dentro de una sola película.

Por otro lado, y sabemos que es una pregunta complicada, ¿por qué, de entre todas las posibles historias, contar esta? ¿Qué es lo que os hace lanzaros por esta leyenda?

J.M: El primer impulso viene dado por el propio personaje histórico. Tanto Jon como  Andoni (cada uno por su lado) se habían fijado en este personaje “popular” Gipuzkoano, con el ánimo de desarrollar una película. Es un personaje muy llamativo y enseguida piensas que detrás de él hay un relato interesante, pero luego hay que llenar ese relato de un contenido que va más allá de la mera narración de unos hechos históricos. Y en ese sentido, lo que más nos interesó fue el hecho de que el gigante de Altzo se erige en cierto modo en un símbolo de su propio tiempo. El Siglo XIX fue una época de cambios, una época donde el antiguo y el nuevo régimen colisionaron, y mostrar esa época a través de un personaje que no para de crecer, que no para de cambiar nos parecía muy estimulante. Por otro lado, también nos interesaba reflexionar sobre cuándo una persona como Miguel Joaquín Eleizegi deja de ser persona y pasa a convertirse en leyenda.

Es curioso que el primer gesto cariñoso entre los dos hermanos llegue casi a la hora de metraje, cuando Martín y Joaquín se dan la mano en Inglaterra. ¿Cómo os planteasteis la construcción de la relación entre ambos?

Jon: A Joseba y Eneko, los actores que interpretan los papeles de Martín y Joaquín, les repetíamos una y otra vez durante los ensayos, y también durante el rodaje, que los dos representaban fuerzas opuestas pero complementarias a la vez. Como si del “ying y el yang” se tratase, los dos poseen algo del otro dentro de él. Por eso, a pesar de opuestos, la idea era que Martín y Joaquín estuvieran más cerca el uno del otro de lo que cabría esperar, hasta llegar en momentos a confundirse el uno con el otro. A veces el entorno, las circunstancias o su estado de ánimo les separa, pero al final acaban haciendo el mismo camino. A veces muy a su pesar.

De Handia llaman poderosamente la atención, el cuidado de la imagen y de los paisajes. ¿Ya incluía el guión esta, digamos, escritura visual?

Aitor: El guión ya recogía que era una historia con varios viajes por paisajes distintos. Teníamos claro que teníamos que valernos de ello para darle cierta épica. Parte de la historia del gigante se sitúa en escenarios, pisos, habitáculos cerrados, ya que esa era una de las condiciones para que funcionara el negocio, que la gente no le viera y que se escondiera hasta que daba comienzo el espectáculo. Pero la historia que queríamos contar no era sólo claustrofóbica, por lo tanto había que contrarrestarlo mostrando espacios abiertos. De todos modos, se trata de una película que aúna lo épico y lo íntimo. Es una historia íntima de dos hermanos que se necesitan mutuamente y que son parte de un fresco histórico, de un siglo en tensión entre el antiguo y el nuevo régimen. En ese balance entre lo íntimo y lo épico, esos paisajes aportaban esto último.

También os habéis decantado por una estructura capitular en la que un narrador nos va contando la historia. ¿Con esta decisión queríais potenciar la sensación de leyenda?

Andoni: El narrador entra al principio y al final de la historia y fue una decisión que fue variando y que generó no pocas dudas. Se probó un poco de todo: diferentes textos, una voz en off que tenía más presencia e incluso el prescindir de ella. Al final, creo que la decisión tomada ayuda al espectador a sumergirse en la historia de Joaquín y Martín. Y a salir de ella con cierta calidez, con suavidad. En cuanto a la estructura capitular sí que queríamos potenciar la sensación de leyenda, de cuento, y alejarnos a su vez de un biopic al uso. También nos fue muy útil a la hora de ordenar la información.

Hay algo en el corazón del guión que recuerda a Loreak. Es una mezcla del tono utilizado, el poso que deja el film tras haberlo visto, los temas que tratáis. ¿Veis vosotros también ciertas similitudes entre las historias que os gusta contar? 

J.M: A pesar de que son películas que en ciertos aspectos se mueven en coordenadas muy distintas (la época que retratan, el trasfondo social, personajes femeninos vs. masculinos…) es cierto que en algunos aspectos ambas historias se vinculan estrechamente: en el tratamiento de los personajes, en el trasfondo psicológico de la historia, en la voluntad de dotar al relato de un tema y un discurso que sustente la trama a medida que esta avanza. Además, hay en las dos películas una voluntad de que los personajes trasciendan sus propias vidas. En el caso de Loreak, el personaje de Beñat adquiere más fuerza a partir de que muere (hasta el punto de que parece más vivo cuando está muerto), y en el caso de Handia, la figura de Miguel Joaquín sigue creciendo aún más a partir de que muere. Asistimos en ambos casos a cómo un personaje se desvanece, pero no para desaparecer, sino para pasar a formar parte de todos nosotros. Puede sonar un poco “místico” o “new age”, pero algo de esto hay en las dos historias.

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Resulta igualmente interesante ver que es una historia escrita con una bonita libertad a la hora de lo que demanda el relato. Usáis hasta cinco idiomas diferentes y visitáis varios países. ¿Escribisteis pensando en producción, o primero escribisteis la historia que queríais y luego os preocupasteis de encontrar la forma de contarla?

Jon: Yo siempre digo que uno de los momentos más difíciles en la producción de la película fue cuando tuvimos que dejar de ser guionistas para convertirnos en directores, porque a la hora de escribir el guion no nos cortamos demasiado. Pero fue una decisión meditada. Decidimos no ponernos límites en la escritura y retrasar “los problemas” a la preproducción de la película.


GOYA 2018: ENTREVISTA A ANTONIO SANTOS MERCERO

20 diciembre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Este año estrenamos la sección de guionistas nominados al Goya (al menos tras conocerse las nominaciones, puesto que antes habíamos hecho ya esta y esta entrevista) con Antonio Santos Mercero. El hijo del icónico director de cine español ha obtenido dicha nominación gracias al cortometraje Como Yo Te Amo, un proyecto que nos ha servido para reflexionar con Santos Mercero sobre la función del cortometraje y su papel en la industria, los límites (o no) de la comedia, la distinta percepción del humor en diversos países y el proceso de escritura que siguió el guión.

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Fotografía de Marta Mercero

En primer lugar, nos gustaría que nos pusieras en antecedentes. ¿En qué momento y contexto surge la idea de escribir el cortometraje?

Todo empieza con un amigo de un amigo que me pregunta si yo escribiría un corto para un director de publicidad que quiere dar el salto al cine. Antes de conocerle, ya me cae bien el tipo. No es fácil encontrarse con un director que reconozca que no sabe escribir. Hablamos y me cuenta que quiere una comedia gamberra que tenga un poco de acción. Eso es todo. Normalmente, en un encargo, uno espera unas indicaciones más precisas, que te acoten el universo un poco más. Pero yo tenía libertad para disparar en cualquier dirección. Creo que un guionista, puesto a aceptar un encargo, prefiere que le marquen el camino para evitar la borrachera de posibilidades. Es muy duro sacar una idea de la nada. Pero por suerte la cosa salió bien. Le escribí un par de sinopsis y él escogió “Como yo te amo”.

¿Personalmente, qué te llamaba la atención contar? Es decir, ¿por qué querías contar esta historia?

Yo quería encontrar una historia que se pudiera resumir en una sola frase. “Un delincuente se enamora de la policía que le detiene y se pasa la vida cometiendo delitos con el propósito de volver a verla”. Ese tagline me gustaba. Creo que en un corto es fundamental que la idea sea buena, no hay tiempo para digresiones ni para exploraciones demasiado sesudas. Antes de la idea, yo veo una sala de interrogatorios y una policía que lanza preguntas a un joven que la mira embobado. Pero su silencio no es el silencio correoso de los delincuentes que se niegan a hablar; es el silencio de un pobre hombre que se está enamorando de la mujer que tiene delante. Esa es la primera imagen que se me presentó, y desde ahí se fue desenrollando la historia entera. Una historia que pretende contar lo azaroso que es enamorarse y la increíble construcción mental que hacemos de la persona amada a partir de ese momento.

Como yo te amo es un buen ejemplo de cortometraje que demuestra que, si bien los temas están todos tratados desde hace siglos, la originalidad sigue residiendo en la forma en la que contamos las historias. ¿Tienes algunas claves para detectar dónde puede haber una historia original?

 La única manera de detectar una historia original es tener la convicción de que nadie la ha escrito antes. Yo estoy seguro de que nadie ha escrito una historia de un delincuente que inicia una carrera delictiva tremenda solo por la esperanza de que le detenga la policía de la que se ha enamorado. Es imposible que alguien haya escrito eso, es una idea demasiado peculiar. Pero ojo, la originalidad no puntúa de por sí. Es importante en una historia, pero existe el peligro de caer en la extravagancia si te pasas de listo. Para mí era muy importante que hubiera un sustrato muy sólido por debajo de esta idea tan loca. Todos nos hemos enamorado alguna vez, todos hemos sentido en algún punto que tal vez estuvimos demasiado tiempo adorando a un farsante. Los años pasan y la persona que te enamoró pierde su halo y de pronto es vulgar. Esa tragedia de la vida la reconoce todo el mundo, y es de eso de lo que trata el corto. Por eso no me importa que el tratamiento de la historia sea exagerado o delirante. Yo sé que por debajo hay un tema universal, muy importante, que el espectador va a reconocer.

¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Hubo muchas versiones? ¿Qué buscabas mejorar en cada versión?

Hice varias versiones porque Fernando García Ruiz, el director, pedía más madera y más madera, como en la película de los Hermanos Marx. En fin, más humor. Cada versión intentaba ser más divertida que la anterior, porque un guion puede tener una premisa cómica y después muy poca gracia. El humor es muy difícil de escribir. Aquí teníamos el recurso de la exageración y también el de la repetición cómica de detenciones y reincidencias, casi a modo de running gag. Pero siempre se le puede sacar más partido a las situaciones y a los personajes, y eso se consigue a base de reescribir mucho. Cuando yo creía que ya estaba, me llamaba Fernando y me pedía más madera… Creo que su insistencia ha hecho mucho por el resultado final.

Y respecto a la construcción de los personajes, ¿qué es lo que te interesaba contar con cada uno de ellos?

Yo no diría que esta es una historia de personajes. A mí me interesaba contar cómo cambia la vida de una persona desde el momento en que se enamora. Toda su energía, su sensibilidad y su razón se ponen al servicio del amor. Necesitaba escribir un personaje inocente, ingenuo, sí, pero con la suficiente gallardía para traspasar los límites morales que le va imponiendo la historia. El punto de vista es férreo, siempre vamos con el protagonista, y los demás personajes son funcionales, para hacer avanzar la acción, o bien contrapuntos humorísticos. Aunque es verdad que algunos personajes adquirieron algo más de desarrollo según se iban incorporando actores al casting. Si te dicen que tienes a Carlos Areces o a Luis Zahera, merece la pena reescribir un poco para aprovecharles.

También es interesante ver cómo juegas en un cortometraje con la idea del paso del tiempo, puesto que es difícil encontrar un proyecto de corta duración cuya historia se narre a lo largo de diversos años. ¿Cómo fue esta construcción temporal? ¿Te planteaste cada salto como un pequeño acto dentro de la historia general?

No es habitual que un corto la acción transcurra a lo largo de tantos años. Muchas veces consisten en una escena contada en tiempo real, planteamientos sencillos seguramente inspirados por el poco dinero que hay para rodar la película. Pero la premisa de “Como yo te amo” me obligaba a plantear varios pasos de tiempo. Uno de los mandamientos del guionista es levantar obstáculos al personaje que quiere conseguir su objetivo. Mi delincuente sigue cometiendo delitos porque quiere que le detenga de nuevo la mujer de la que se ha enamorado. No me podía permitir que atracara una farmacia y cayera en manos de la misma policía, sería demasiado facilón. Mucho mejor descubrir que ella ya no trabaja en Seguridad Ciudadana porque ha sido ascendida a Homicidios. Si sueña con un nuevo encuentro con ella, el protagonista tiene que escalar en su carrera delictiva y cargarse a alguien. Lo malo es que ella sigue ascendiendo y de pronto está la Unidad Antiterrorista, y eso ya son palabras mayores. Este juego de escalada profesional, por un lado, y delictiva, por otro, me metía en un guion con muchos pasos de tiempo. Está bien, porque eso permite contar qué ha sido de los personajes secundarios a lo largo de los años, y el efecto cómico se potencia.

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Aarón Gómez, protagonista del corto, a la izquierda, junto con Fernando García Ruiz, el director, a la derecha. Fotografía de Andre Paduano.

Algo muy complicado es saber cuando una historia es un cortometraje o más bien se puede tratar de un largometraje. ¿Personalmente, cómo detectas que una historia puede tener elementos de cortometraje o de largometraje?

En este caso no he tenido que pensar en eso porque a mí me encargaron escribir un corto. Hay argumentos que nacen de una anécdota que funciona bien casi como un gag y piden el desarrollo concreto del corto. Pero esa misma idea puede crecer, porque hay películas muy buenas que trascienden la anécdota inicial y van cogiendo calado. Nunca se sabe. A veces una película se hace larga porque no hay mucho que contar, y yo noto el esfuerzo del pobre guionista por escribir noventa folios con la lengua fuera. Pero pienso, por ejemplo, en “A través de los olivos”, de Abbas Kiarostami. Dos actores hacen mal la última escena de una película, una y otra vez, porque saben que cuando acabe el rodaje no se van a volver a ver. Yo diría que esto es el argumento para un buen corto, y sin embargo la película es estupenda. Hay guionistas que con muy poco construyen una historia llena de resonancias, y otros que necesitan un guion lleno de giros. Supongo que es una cuestión de estilo o de talento.

La comedia suele ser un género muy útil para satirizar la sociedad. Parece que en este caso no es diferente, puesto que es fácil encontrar ciertas similitudes con algunos de los problemas a los que debemos hacer frente. ¿Desde la primera versión del guión te planteaste que el protagonista fuera un personaje que llegara hasta el extremo de cometer un acto terrorista para llamar la atención de su enamorada?

Yo no tenía ninguna intención crítica cuando me puse a escribir esta historia. Simplemente quería hacer una comedia delirante con un punto transgresor, y me conformaba con que fuera original y divertida. Claro que salen temas sociales, como los hijos de treinta y pico que no se han emancipado y siguen dependiendo de sus padres, o el bullying en los colegios o los peligros de internet, en los que puedes encontrar tutoriales para fabricar bombas caseras. Pero esas referencias de la realidad se fueron colando en el guion, yo no pretendía abrir ningún tema de debate. Me encanta la comedia satírica, me parece admirable el talento de muchos monologuistas que meten el bisturí en tantos y tantos temas y me quito el sombrero con los que saben repasar la actualidad por medio del humor. Pero a mí me basta con lograr que la gente se ría. Me parece que no hay nada más difícil que eso.

Aquí una pregunta que, no por repetitiva, tiene menos interés. Como yo te amo se atreve a jugar con un tono cercano a la comedia negra. ¿Dónde está, a tu juicio, el límite en el humor?

Un escritor debe escribir sin límites. Escribir comedia es muy difícil, hace falta mucha experiencia para conseguir escapar de la autocensura, que sabotea tantas y tantas buenas ideas. Nos censuramos ideas, situaciones, gags, líneas de diálogo y rasgos de personajes por culpa del pudor o del sentido del ridículo. Cuesta mucho atreverse a proponer sin miedo. Este combate con uno mismo es feroz. Si encima tenemos en cuenta a los guardianes de la moral y del buen gusto, que están por todas partes, no escribiremos un guion divertido jamás.

Cuando entrevistamos a Diego San José sobre Fe De Etarras nos comentó que, a su juicio, los límites del humor solo dependen de la sociedad en la que se ve un proyecto. Prueba de ello, por ejemplo, es el film británico Four Lions, donde los protagonistas son cuatro musulmanes que sueñan con formar parte del ISIS. ¿Cómo crees que es la audiencia española por lo que se refiere a la tolerancia del humor negro?

Yo creo que a los españoles les gusta el humor negro. Está en la calle, en los bares, en los chistes, en nuestra cultura. Pero estamos en un momento de involución y los defensores de lo políticamente correcto están tomando posiciones. El riesgo mayor que corremos está en que cojamos miedo a la hora de escribir, que evitemos el conflicto o el capón de no sé quién en las redes sociales (el capón o el linchamiento). De verdad, creo que los límites con el humor debe marcarlos el escritor y no la sociedad.

El cortometraje, antes de conseguir la nominación a los Goya, ha estado paseando por un sinfín de festivales tanto dentro como fuera del país. ¿Notas diferencias en la percepción y recepción del corto y de su particular humor en función del país?

Sí, es asombroso ver la diferencia que hay entre un país y otro. En el corto, hay un running gag del padre amenazando a su hijo con retirarle la pensión de alimentos. Aquí no hace gracia. En Francia se descojonan con eso. Hablo de Francia, no de China. ¿Por qué? No lo sé. Pero cada audiencia tiene sus características y prefiere unos gags a otros. Siempre se dice que el humor es universal, pero está claro que no todo el mundo reacciona de la misma forma ante un chiste.

Es interesante ver cómo un cortometraje de comedia se cuela entre los seleccionados al Goya, donde habitualmente es complicado que entren proyectos de este género. ¿Qué crees, a tu juicio, que tiene este guión para que así haya ocurrido?

No tengo ni la menor idea de por qué gusta esta historia. Uno piensa que ha hecho bien su trabajo, que el argumento de fondo interesa, que el desarrollo es divertido y todo eso. Pero muchas veces piensas eso mismo sobre otros guiones que caen en saco roto. Creo que hay que tener un poco de suerte. Este corto tiene acción y comedia. A lo mejor es un año de historias muy sesudas y el académico agradece un corto refrescante, cualquiera sabe. Pero a mí me hace ilusión que haya llegado tan lejos, porque es verdad que las comedias parecen partir con desventaja a la hora de aspirar a un premio. No sé por qué. Todos sabemos que es el género más difícil, pero en los festivales y en los repartos de premios se sigue despreciando.

Nos gustaría hablar sobre la difusión del cortometraje y la falta de salas de exhibición. ¿Crees que se sigue considerando un género menor, la antesala al largometraje?

Pues sí, yo diría que el corto es la antesala del largometraje. No creo que haya un solo director de cine que se quiera especializar en cortos y renuncie a dirigir un largo. Sí que hay escritores que se quedan en el relato y no se van a la novela, pero en el mundo del cine eso no pasa, lo que debería hacernos pensar, porque realmente el corto es un formato muy bonito, como lo es el del cuento en el mundo de la literatura. Quizá esto es así porque se sigue considerando un género menor, casi invisible. Hay que estar muy bien informado para enterarse de que hay un maratón de cortos o una proyección en el Capitol. Hay muchos festivales, eso sí, pero fuera de ese circuito el corto tiene poca razón de ser. Y eso que el cine español podría presumir de la calidad de sus cortos, que ganan año tras año decenas de premios internacionales en un mercado muy competitivo, porque hay muchísima gente haciendo cortos en todo el mundo.

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Silvia Alonso durante el rodaje de Como Yo te Amo. Fotografía de Andre Paduano.

Por último, nos parece interesante que nos cuentes cómo es crecer en el seno de una familia tan pegada a la industria audiovisual española. ¿Qué influencia y papel juega tu padre en tu educación fílmica?

Mi padre es un crack que me ha enseñado a querer el cine y la literatura. Ya solo con eso, se ha ganado el sueldo como padre. Yo soy un friqui del musical, por influencia suya, y de John Ford, también. Entre otras muchas cosas, le doy las gracias por eso.


“LA NORMALIZACIÓN DEL CÓMIC HA HECHO QUE ESA ETIQUETA DE PRODUCTO EXCLUSIVO PARA NIÑOS QUEDE EN EL OLVIDO”

14 diciembre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

La industria del cómic vive un momento contradictorio. Por un lado, nos encontramos ante uno de los momentos donde converge mayor talento nacional, con un sinfín de autores y guionistas de cómic publicando historias nuevas y originales. Por otro, no obstante, sucede que este auge no viene acompañado de mejores condiciones económicas para los que escriben cómics: son varios los guionistas de este género que deben compaginar dicha profesión con otras labores… u otras formas de publicación, como la autoedición. Para hablar de todo ello (y aprovechando que fue uno de los autores que citasteis en nuestro Twitter sobre guionistas que querríais ver entrevistados en el Blog) nos hemos juntado con Roberto Corroto, autor de cómic que ha apostado por la autoedición como forma de vida. Decisión que, a él, solo le ha traído alegrías.

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Antes de meternos de lleno en el terreno de la autoedición, creemos que en primer lugar sería interesante saber qué nos puedes contar de 1937: la toma de Málaga, cómic que acaba de ver la luz. ¿Te documentaste mucho antes de ponerte a escribir?

Muchísimo. De hecho era el proyecto en el que más tiempo había empleado en la fase de documentación. Digo era, porque ahora estoy con otro que va a superar incluso a 1937: la toma de Málaga. Cuando Román López-Cabrera y yo nos pusimos manos a la obra, ambos estuvimos de acuerdo en que debíamos ser muy rigurosos en cosas como los uniformes, armas, vehículos de combate, edificios, escenarios (Cerro de la Tortuga; Puerto de los Alazores; Puerto del León) y en la cronología de los hechos históricos. Así que hubo que invertir casi tanto tiempo en esta fase, como en la escritura del guión en sí. Pero el resultado ha merecido la pena.

¿Cómo es el proceso de construcción de personajes en este cómic, donde mezclas ficción y realidad?

Por un lado tenemos los personajes ficticios, que en su mayor parte venían con el encargo, por así decirlo. Los metahumanos que militan en el CTV ya habían aparecido en otras historias de la línea que Carmona en Viñetas dedica a sucesos de la Guerra Civil Española. La premisa de dicha línea es mezclar hechos y personajes históricos con personajes ficticios que tienen poderes especiales. Y los metahumanos que defienden Málaga estaban igualmente definidos, aunque no habían aparecido antes. Lo que sí hice con este segundo grupo fue crearles unos lazos más allá del compañerismo, que los distinguen de los del CTV. Son como una pequeña familia y así se manifiestan tanto verbal, como físicamente. Por otro lado, fue muy jugoso el poder llevar al guion personajes reales como Franco, Queipo de Llano, Mario Roatta, Edmondo Rossi o José Villalba Rubio. Además, Román tuvo la idea de introducir una página donde Miguel Hernández recita parte de El pueblo en armas.

¿Utilizaste escaleta para hacer una trama general antes de ponerte a escribir?

Sí, aunque no la uso por norma. Hay veces que no la utilizo porque tengo la historia en la cabeza, como con Sicarios, por ejemplo. Pero en este caso, pensé que para no meter la pata con la cronología de los sucesos históricos, debía listar lo que iba a suceder en la trama. Luego hubo un par de escenas que se añadieron a posteriori, mientras hacía el guión, pero la base es la que se puede leer en el cómic.

¿Cómo fue el proceso de mezclar ciencia ficción, superhéroes y hechos históricos?

Como he dicho antes, la base de la línea es mezclar hechos y personajes históricos con personajes ficticios que tienen poderes especiales. Ha sido como jugar con unas reglas ya fijadas de partida. Pero lo que sí que tenía claro a la hora de meterme en este proyecto era que no iba a hacer una historia de superhéroes en la Guerra Civil, sino una historia de la Guerra Civil con superhéroes. Si cogemos a los metahumanos que aparecen en 1937: la toma de Málaga, y los sustituimos por humanos sin poderes, la historia no cambiaría en nada.

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Ahora sí: aprovechando que Sicarios está disponible desde diciembre en Aces Weekly, gestionada por David Lloyd (V de Vendetta), nos gustaría que nos contaras cómo ha sido la experiencia de la autoedición con esta colección.

Ha sido una de las mejores decisiones que pudimos haber tomado en su momento. Y eso que ni fue sencillo tomar esa decisión, ni sigue siéndolo el dedicarle la atención que requiere. Hay que tener en cuenta que le invertimos casi el mismo tiempo a las labores propias de editor, que a las de guionista y dibujante. Hubo que hacer la web y mantenerla actualizada; tener una imagen de la marca Zona 00 Comics; gestionar las redes sociales; encontrar una imprenta que fuera óptima en calidad/precio; hacer labor de departamento de prensa para intentar que en los medios especializados se hagan eco de los lanzamientos; tratar con las tiendas donde venden nuestros cómics. Todo eso se lleva una cantidad ingente de tiempo que nadie te explica cuando quieres meterte en esto de la autoedición. Pero es algo indispensable si quieres hacer las cosas bien. Pero como digo, no nos arrepentimos para nada, y la experiencia ha sido y sigue siendo inmejorable.

Por otro lado, ¿por qué te decantas por la autoedición?

Después de un tiempo intentando que editoriales nacionales se interesaran por publicar Sicarios, nos llegó la oferta de Aces Weekly. Son una plataforma que publica volúmenes en formato digital. Cada volumen tiene diferentes historias que se van lanzando por entregas. Cada semana, los suscriptores leen un número de páginas hasta completar todas las historias en la séptima semana. Pensamos que podíamos invertir lo que se generaba allí, para lanzar aquí las mismas historias en papel y en español (en Aces Weekly se lee en inglés, obviamente) por nuestra cuenta. Y así lo hicimos. Sabíamos que era un buen producto, y nos negamos a dejar que se quedara en el fondo de un cajón. El tiempo creo que nos ha dado la razón.

¿Qué ventajas le ves a esta forma de edición respecto al camino más tradicional de buscar un editor?

La principal ventaja es que no tienes que buscar y encontrar ese editor que te diga “sí, quiero”. Si tienes una historia, y tienes dinero para lanzar una pequeña tirada, hoy día se puede hacer sin miedo a perder un pastizal como hace años, donde los costes en imprenta eran mucho mayores. Otra ventaja es que tienes la libertad creativa para hacer y deshacer lo que consideres, sin ningún tipo de cortapisa en continente y contenido. De hecho, el formato de Sicarios (grapa en apaisado) fue el principal hándicap que tuvimos a la hora de que alguna editorial apostara por nosotros. Y otra de las principales ventajas de la autoedición, es que sea poco o mucho, las ganancias repercuten en nosotros, a diferencia de lo que sucede cuando trabajas para una editorial. Ahí, el autor es el último mono en el reparto.

¿Qué ha significado Sicarios en tu trayectoria profesional?

Sicarios ha sido un punto de inflexión en mi vida como guionista. Todo lo que ha venido a posteriori, empezó hace tres años cuando Ertito Montana y yo nos lanzamos a la aventura de autoeditarnos. Me ha dado visibilidad, que a su vez ha servido para que empezaran a encargarme proyectos u ofrecerme participar en otros. Me ha permitido establecer un vínculo creativo con mi socio, que va más allá de la complicidad profesional. Y me ha dado la oportunidad de trabajar a largo plazo con unos personajes que ya son parte de mí. O mejor dicho, Phil y Riot tienen mucho de mí y lo que les pasa tiene mucho que ver con mis gustos en televisión, cine, literatura o cómic.

¿Por qué te decantaste por cambiar el género en cada número de dicha colección?

Fue algo que se me ocurrió tras terminar el guión de Sicarios #1: Olmito. La historia es un western pero sabía que Phil y Riot tenían el potencial suficiente como para resistir cualquier escenario donde los colocara. Se lo comenté a Ertito y estuvo de acuerdo. Sicarios #2: Colgados en el desierto es una historia de horror cósmico con un aire a Las colinas tienen ojos. Sicarios #3: Saint Rose es un drama carcelario que nos permite contar cómo se conocieron los protagonistas. Y Sicarios #4: Lo maté por el Yogurt es acción 100%, usando la estructura de películas como Dredd o The Raid. De momento, Phil y Riot siguen resistiendo y ahora en la nueva aventura que se está publicando en Aces Weekly Vol. 31, Sicarios Adventures #1, se les puede ver en medio de un bosque de Pennsylvania, con una historia que gustará especialmente a los seguidores de Posesión Infernal.

¿Qué le recomendarías a un guionista novel que quisiera introducirse en la industria del cómic?

Que se lo piense dos y tres veces. Por lo menos. Este es un trabajo con sus cosas buenas y malas, como todos los trabajos. Quiero aprovechar para hacer hincapié en los familiares directos de los que nos dedicamos a esto, porque se merecen un monumento. Y si aún así, alguien quiere seguir siendo guionista de cómic, pues lo mejor que puede hacer es leer mucho y escribir tanto como pueda. No hay otra manera de mejorar. Bueno, y si puede hacer historias variadas, en vez de contar siempre las mismas una y otra vez, creo que irá por buen camino.

A tu parecer, ¿cuáles son las mayores diferencias entre el proceso de escritura de cómic y de un guión de largometraje?

El formato es libre en el guión de cómic. Conozco compañeros que usan software tipo Celtx por ejemplo, pero yo sigo tirando de Word, aunque lo cierto es que ya me he hecho una plantilla que está cerca de lo que se puede leer en un guión de cine. Otra diferencia es que en el guión de cómic normalmente divides la historia en páginas y estas a su vez en viñetas. En cada viñeta los personajes solo pueden hacer una cosa. El uso de las elipsis es también algo muy característico del guión de cómic. Y por supuesto hay que saber cuándo y cómo hacer uso de los diálogos extensos, intentando controlar que te posea el espíritu de Tarantino.

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Y respecto a la figura del guionista de cómic en España, ¿cuál es tu percepción por lo que se refiere a posibilidades de ganarse la vida, de editar, etc.?

Ganarse la vida como autor de cómic en España es difícil en general. Pero si encima eres guionista lo tienes más complicado aún. Editar no es complicado, una vez que te das a conocer y la gente sabe quién eres. Pero eso no implica que te vayas a poder ganar la vida exclusivamente con lo que escribes. Muchos de los colegas de profesión que conozco no se pueden dedicar solamente a esto del cómic. Lo han de complementar con otros trabajos para poder vivir sin apreturas.

¿Cómo ves, por lo que se refiere a talento, el panorama comiquero actual?

Creo que vivimos uno de los mejores momentos, por no decir el mejor, en cuanto a talento comiquero se refiere. La prueba es que cada vez se están viendo a más autores nacionales trabajando para las industrias punteras en este mundillo: USA y Francia. La gente tiene que buscarse las habichuelas fuera. Por fortuna, las nuevas tecnologías han hecho que la distancia ya no sea ese hándicap con que sí contaban los primeros en abrir camino en los años 90.

¿Y respecto a los próximos años? ¿Qué cambios crees que vamos a vivir?

Pues espero que sean cambios que reafirmen el buen momento que vivimos ahora. Espero que se pueda hablar algún día, a ser posible antes de que me muera, de una industrial real del cómic español. No lo que hay ahora. Eso es lo que espero. Lo que vaya a suceder no lo tengo tan claro.

¿Crees que ya hemos dejado atrás en España la percepción de que el cómic o novela gráfica es un género destinado al público infantil?

Yo pienso que sí. Es otro de los aspectos positivos que creo que se han dado en los últimos años. La normalización del cómic, el verlo en medios generalistas: en radio, televisión, prensa… ha hecho que esa etiqueta de producto exclusivo para niños quede en el olvido. Y creo que el que siga pensando así es que anda un poco desconectado de la realidad.

Por último, si quisieras ver a algún guionista de cómic entrevistado en Bloguionistas, ¿cuál sería y por qué?

Querría ver a unos cuantos. Pero si tuviera que elegir me decantaría por dos personas que han tenido bastante que ver en que me planteara en serio lo de ser guionista de cómics: Raule y El Torres.


¿POR QUÉ DEBES CUIDAR DE TUS ESCENAS SI QUIERES UN BUEN GUIÓN?

23 noviembre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

“No es nuestra intención dar a luz un texto más que repita, redunde, sintetice, o simplemente recicle, lo que ya otros muchos volúmenes especializados en la escritura de guiones para el cine se han encargado de hacer previamente.”

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Con estas palabras empieza “Escenas de Cine: Guión y Análisis”, libro coral firmado por hasta diez profesionales del guión. Y, tras su lectura, podemos afirmar que han conseguido su objetivo. Lejos de repetir lo que hemos leído tantas veces, estamos ante un manual que consigue explorar un terreno que, si bien podemos saber que existe, no estaba hasta ahora recogido de una manera tan clara.

En esta edición, que corre a cargo de Arkadin, los editores y coordinadores del Máster de Guión de la UPSA Miguel Ángel Huerta y Pedro Sangro se han propuesto crear un manual dirigido tanto a los estudiantes de guión como a los profesionales del mismo, combinando un tono didáctico con diversas enseñanzas prácticas que le serán útiles a cualquiera que quiera dedicarse (o que ya se dedique) a esta disciplina. Los que firmamos este artículo iniciamos nuestra andadura en el mundo del guión en dicho Máster, por lo que a título personal nos es un placer poder reseñar este libro y poder así agradecer en cierta manera todo lo que aprendimos y nos llevamos de sus aulas.

Hay varios factores que pueden hacer de este manual una opción muy interesante para dedicarle unas horas a su lectura.

En primer lugar, el objeto de análisis está alejado de lo que solemos encontrar en otros manuales, quizá más centrados en analizar el guión y todo lo que le rodea en su conjunto. “Escenas de Cine” centra su estudio en el estudio pormenorizado de la escena y todo lo que le rodea para poder así construir unidades dramáticas más complejas e interesantes.

Partiendo de la base de entender la escena como una unidad cinematográfica de espacio y tiempo, el estudio de dicho elemento en este manual permitirá a su lector ampliar las miras de su proceso creativo, reflexionando sobre la escena no solo como la unidad narrativa más pequeña, sino también como la unida poética y dramática más potente que podemos escribir. Por tanto, podríamos decir que una de las máximas pretensiones de este libro es defender a ultranza la necesidad de cuidar la escena por encima de los macroelementos de estudio del guión.

Esto es algo que también defienden los hermanos Remón (y de lo que nos han hablado mucho en las diversas entrevistas que hemos podido realizar con ellos, que las tenéis aquí, aquí y aquí). Para que el guión en su conjunto pueda tener un sentido coherente y armónico, es necesario detenerse antes en todas y cada una de las escenas para reflexionar, más allá del papel que juegan en el conjunto y la forma en la que se superponen una a la otra, sobre cómo se utilizan los elementos que entran en juego escena por escena.

Por qué nos decantamos por un espacio dramático y no por otro, cómo podemos mejorar nuestra escena buscando el broche de oro final que la haga más redonda, cómo determinar si nos conviene un monólogo o una acción visual para nuestro clímax… estas son solo algunas de las preguntas a las que probablemente el lector pueda dar respuesta tras la lectura del libro.

En segundo lugar, su estructura, que como decíamos está elaborada de una manera muy coral, enriquece la diversidad de opiniones y puntos de vista. En total, el lector puede encontrar en las páginas de este libro diez capítulos que se encargan de profundizar en aspectos diferentes de la construcción de la escena. Esta división permite que la lectura del manual sea muy práctica y sencilla, puesto que el que así lo necesite puede recurrir a la lectura exacta de lo que le haga falta para el desarrollo de su escena.

Como valor añadido, cabe destacar que el equilibrio entre los que firman dichos capítulos (todos ellos profesionales de renombre cuya trayectoria personal así lo corrobora) se ha encontrado mediante la búsqueda de la aportación desde diversas ramas. Así, los primeros capítulos están firmados por los docentes de Guión Antonio Sánchez-Escalonilla, Pedro Sangro, Miguel Ángel Huerta, Juan Medina, por el escritor Xavier Pérez (La Semilla Inmortal) y el historiador y crítico de cine José Luis Sánchez Noriega, mientras que los restantes vienen de la mano de los guionistas Carlos Molinero, Verónica Fernández, David Muñoz y la analista de guión Ana Sanz-Magallón, autora del también conocido Cuéntalo Bien.

Que no se engañe el que lea estas palabras: tanto los capítulos firmados por académicos como los firmados por guionistas buscan un acercamiento práctico que pueda aplicarse de manera inmediata tras la lectura. Así, no estamos ante un manual que simplemente reflexione sobre algunas herramientas o estrategias teóricas, sino que también encontramos cómo pueden aplicarse en la práctica dichas herramientas a través de un surtido número de ejemplos de escenas de películas de éxito y de las experiencias personales de los guionistas invitados a escribir en el manual.

Baste un rápido vistazo al contenido de los capítulos para darse cuenta de ello. El libro se inicia con “Escenas con espacio ambiguo: la localización como recurso de tensión dramática”, donde Sánchez-Escalonilla reflexiona sobre la importancia de la dimensión espacial y el lugar donde decidimos que ocurran nuestras escenas. ¿Por qué ese y no otro? ¿Qué nos aporta para nuestra historia? Pedro Sangro continúa con El Toque Lubitsch: cómo mejorar una escena, en el que analiza, a través de ejemplos reales del director, la importancia de jugar con las expectativas del espectador para que su participación en la escena sea activa. En El Suspense en las escenas de anagnórisis Xavier Pérez demuestra cómo el buen uso de ambos elementos (suspense y anagnórisis) en una escena puede permitir al guionista captar toda la atención del espectador.

Como no podían faltar ejemplos extraídos de nuestro cine, Miguel Ángel Huerta analiza en Ataúdes, umbrales y un señor llamado José Luis Rodríguez el guión y la puesta en escena de El Verdugo para reflexionar sobre los elementos que hacen que las escenas de dicho film sean tan redondas desde su inicio hasta su fin. El también profesor del Máster de la UPSA Juan Medina demuestra en Escenas resolutivas del policíaco: el clímax en un monólogo la potencia de cerrar las películas de este género con una escena que combine un final interesante a nivel dramático construido con uno de los monólogos aclaratorios que tanto usaba Agatha Christie. El cuentista Auggie Wren exhala humo y fábulas en ‘Smoke’ es el título del capítulo de Sánchez Noriega, en el cual nos habla de lo que comúnmente conocemos como escenas espejo (esas que tienen el suficiente poder como para que el espectador las recuerde años después de ver el film) y el lugar estratégico dentro del guión donde colocarlas para que puedan tener el mayor impacto posible.

El guionista Carlos Molinero es el encargado de abrir el bloque de los profesionales con “El viento en su pelo”: el guionista épico contra el guionista dramático, donde habla de la importancia de construir escenas que, sin tener una tensión dramática con un objetivo claro, permiten sin embargo establecer una conexión emocional entre el espectador y sus personajes. Le sigue Verónica Fernández, con “La del coche” y otras secuencias ineludibles en la vida de un guionista, donde, a través de su experiencia, da útiles consejos para enfrentarse a escenas dramáticas que suelen dar problemas, como son la muerte de un protagonista o la ruptura de una relación.

Acostumbrada como está a leer cientos de guiones, la analista de guión Sanz-Magallón nos habla en La escena es para el que se la lee sobre la importancia de escribir un guión que seduzca desde su primera lectura a la vez que brinda al lector varios consejos útiles para poder conseguirlo. El libro concluye con David Muñoz y su capítulo Trucos de Magia, a través del cual el guionista recalca la importancia de que el espectador se enganche a la película en los primeros minutos de su metraje y lo ilustra con ejemplos extraídos de films que han conseguido esto con éxito.

En definitiva, Escenas de Cine: Guión y Análisis es un completo manual en español donde el lector puede encontrar un buen compendio de ejemplos prácticos que de seguro le podrán solventar más de un quebradero de cabeza cuando deba enfrentarse a la construcción de una escena.


SOBRE EL ENCUENTRO DE GUIONISTAS (II): ENTREVISTA A NATXO LÓPEZ

10 noviembre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea. Fotografías de Héctor Beltrán (la primera) y Miguel Colmeiro (las restantes)

Tras la estupenda crónica de Teresa de Rosendo de ayer (no os preocupéis, la segunda parte sale el lunes), hoy entrevistamos al guionista y compañero del Blog Natxo López, el cual acudió al V Encuentro de Guionistas como ponente y espectador. Si bien Teresa nos está brindando una detallada explicación sobre cada una de las ponencias, con Natxo hemos querido hablar para hacer un balance general del encuentro y analizar así sus puntos fuertes y débiles, la importancia de este tipo de eventos y la necesidad que tenemos los guionistas de estar afiliados a un Sindicato.

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¿Qué balance general sacas tras haber acudido a esta nueva edición de Encuentro con Guionistas?

Creo que ha sido un Encuentro que ha mostrado claros síntomas de madurez, en lo que respecta tanto a la organización, como al buen nivel y la variedad de los ponentes invitados. Hay menos improvisación y más aciertos que en encuentros anteriores. En el de Barcelona, hace dos años, se probó con acierto el formato de charlas cortas, más cercanas al estilo “TED”, que en Santiago se ha terminado de demostrar que funciona muy bien. Es cierto que hay momentos en los que te quedas con ganas de profundizar o poder preguntar más, pero siempre está la posibilidad de acercarse a los ponentes durante los recesos para hablar con ellos. El balance general del Encuentro ha sido muy positivo, en mi opinión, y hay que darle las gracias a la gente que se ha dejado los cuernos para que sea así. Araceli Gonda, Nico Campos, Carlos Muriana, Rodolf Giner, Patricia Blanco… y más gente que seguro que me dejo.

¿Cómo ha sido la afluencia de gente en relación a otras ediciones?

Inevitablemente el hecho de organizar el encuentro en Santiago hace complicada la asistencia para mucha gente, sobre todos los más jóvenes a los que les es más difícil pagarse viaje y estancia. Una ciudad pequeña ofrece muchas ventajas: comodidades, mejores precios, buena comida… El hecho de tener un hotel para los invitados pegado al auditorio ha sido muy útil y ha facilitado mucho la vida de los ponentes. Pero es cierto que se ha echado un poco en falta un mayor número de participantes, a veces teníamos un poco la sensación de que gran parte de los asistentes eran, a su vez, ponentes.

A tu juicio, ¿por qué consideras importante que un guionista acuda a este tipo de encuentros?

Sirven para ponerse al día de lo que se está haciendo, para acercarse a facetas del oficio menos conocidas, bien porque no haya trabajado en ellas, bien porque son novedosas (nuevas tendencias, podcasts, auge del documental seriado, de la ficción para cable…). También se aprende sobre la mecánica interna de la industria, la situación legal y laboral del gremio, y, por qué no, siempre hay un componente de networking que está ahí para quien le interese. Y, por supuesto, te reencuentras con un montón de buena gente a la que es difícil ver fuera de estos eventos.

¿Qué ponencias dirías que han sido las más enriquecedoras/útiles para el guionista?

Ha habido muchas. El tema del pitch fue atractivo, por la sinceridad y claridad de la charla (y eso que a mí personalmente el asunto del pitch me solivianta un poco, por lo que tiene de convertirnos en “vendedores” en lugar de escritores, y me hubiera gustado un poco más de pelea, pero Josep y Burque son tan majos y graciosos que voy con ellos a muerte).

La presencia femenina en el gremio es un asunto fundamental al que merece prestar atención, y que fue tratado a través de la comedia por Marta Sánchez y Olatz Arroyo, dos buenas amigas y excelentes guionistas que provocaron interesantes debates entre compañeras del público. También surgió el tema, con más suavidad, en la conversación sobre series diarias que tuvieron Aurora Guerra y Verónica Fernández con Mercedes Cruz.

Fueron igualmente ilustrativas las ponencias de Sergio G. Sánchez y Rafael Cobos, aunque entiendo que quizá para la gente que empieza sus experiencias pueden sonar a relatos de ciencia ficción, pero no dejan de transmitir problemas intrínsecos del oficio, aunque hablen de grandes y complicadas producciones como La peste o El Secreto de Marrowbone.

El lanzamiento de series en las nuevas plataformas es, quizá, una de las novedades más evidentes ahora mismo en la industria y la profesión, y en ese sentido las alocuciones de Susana Herreras (Movistar+), el propio Rafael Cobos o la de Justin Webster sobre Muerte en León fueron, para mí, de lo mejor.

También se tocaron asuntos menos habituales de la profesión de los que uno siempre aprende, como la conversación sobre montaje que mantuvieron Alberto Marini y Jorge Coira, la experiencia de Eligio R. Montero escribiendo un largometraje independiente de animación, los secretos del podcast que nos desveló José Antonio Pérez, o los exitosos formatos autonómicos menos conocidos para el público nacional de los que nos hablaron Gandalf Gambarte (Land Rober Tunai Show), Carles Costa (Trinxeres), Xabi Zabaleta (Go!azen) y Héctor Lozano (Merlí).

Pero bueno, voy a parar porque en realidad podría contestar esta pregunta colgando directamente el programa entero. Sin olvidar, por supuesto, el gran momento que tuvimos Dani Castro y servidor para hablar de los inicios de Bloguionistas, que pasará a los anales de la historia de los encuentros como un ejemplo de vacuidad gratuita e innecesaria. Pero que nos quiten lo bailao.

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¿Y respecto a las claves de la industria actual para el guionista, qué se comentó al respecto?

Parte de lo que ya os he comentado antes. Me parece relevante la presencia de las nuevas plataformas de streaming, nuevas tendencias de negocio como el podcast, novedades narrativas como el tweet-thriller de Bartual (buena idea cerrar con él, fue una sesión instructiva y divertida) así como plataformas de la industria interesantes para el oficio como el Filmarket Hub o el Conecta Ficción.

Tras lo visto el fin de semana, ¿hacia dónde crees que están virando los nuevos formatos y contenidos?

Hay mucha más variedad y posibilidades que hace dos años, cuando aún estábamos en un terreno en el que sólo había tres cadenas grandes. La llegada del streaming no sólo ha abierto muchas puertas y ha dado trabajo a bastantes colegas, además ha hecho que todo el mundo se ponga las pilas y se esté profesionalizando cada vez más el oficio. En este momento, aquellos guionistas que realmente sepan escribir bien no van a tener problema para encontrar trabajo, y los que no, irán quedando en evidencia; hay una gran exigencia generalizada.

¿Qué poder tienen este tipo de encuentros para fomentar y fortalecer la industria?

Sirven para ponerte al día cada dos años sobre lo que se cuece en la profesión. Y ayudan a potenciar, visibilizar y fortalecer el gremio. Por un lado, al conocernos y compartir nuestras experiencias, estamos más protegidos ante determinadas prácticas abusivas, ya sean laborales, de gestión de derechos de autor, creativas… Y también nos facilitan encontrarnos con otros profesionales de la industria: productores, directores, gente que busca talento… y a los que intentamos inculcar el respeto por el trabajo del guionista y los beneficios que se traducen de ese respeto.

Una de las intenciones de estos encuentros de cara al futuro sería intentar favorecer ese tipo de contactos, creando entornos que favorezcan aún más el networking o que permitan unir productores que buscan proyectos con creadores que tienen proyectos. Es algo en lo que todavía se puede avanzar cuando se organicen próximos encuentros.

Tan solo hay que ver los organizadores del encuentro para darse cuenta que la cohesión entre sindicatos y asociaciones de guionistas es evidente en nuestro país. ¿Por qué consideras importante que un guionista esté afiliado?

Es fundamental. No es sólo una cuestión de “qué me da el sindicato a mí” (que es una pregunta muy fea que la gente hace a veces). Los sindicatos no sólo te ofrecen un respaldo legal o descuentos en actividades fantásticas (que ya está muy bien). Además, y sobre todo, pelean por ti en un montón de ámbitos, sirven de muro de contención ante abusos flagrantes, y facilitan que te sientas parte de una comunidad, de un gremio que, unido, tiene la posibilidad de conseguir grandes cosas en el futuro. ALMA y FAGA cada vez comparten más reivindicaciones, y tenemos un gran apoyo de DAMA y SGAE, que tienen sus roces entre ellos, pero que apoyan económicamente estos encuentros desde sus inicios (gracias a dios, o no podrían celebrarse). Estamos en un momento muy bueno y se están consiguiendo muchas cosas en los últimos años. Ya sé que es una frase tópica, pero es que es real: la unión hace la fuerza. Quedarse fuera por algún tipo de pose individualista ya no está de moda, amigos.

¿Se sacaron algunas conclusiones por lo que respecta a la defensa y posibles mejoras del Convenio Colectivo?

Más que conclusiones, se transmitió una foto de cómo está la situación ahora mismo. El convenio que tenemos es muy bueno (el mejor de toda la industria audiovisual). Hay que tener en cuenta además que hace poco se dirimió que, tal y como está redactado, las cantidades mínimas consignadas se refieren a 14 pagas, no a 12, lo que supone una gran noticia (básicamente, más dinero). Pero aún se puede mejorar más y se está presionando para ello. Lo que pasa es que la debacle de FAPAE, envuelta en peleas internas y con pérdida de productoras asociadas, ha dejado en standby las negociaciones que estaban en curso, así que habrá que esperar algunos meses para saber hacia dónde vamos. De todas formas, nuestro convenio se renueva automáticamente según el IPC todos los años, así que de momento no hay que preocuparse en exceso.

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¿Y por lo que respecta a los derechos del guionista, qué conclusiones se sacaron respecto a la situación actual?

Está el tema del reparto de derechos de autor, en cuya exposición participé. Esperamos que en unos meses se logre un acuerdo que ayude a normalizar los sistemas de reparto y haya menos fricciones entre creadores, gracias a la colaboración entre ALMA, FAGA, SGAE y DAMA. Después de que limemos posibles detalles técnicos, cada una de estas entidades deberá aprobar internamente la propuesta. La intención es que en el reparto entre guionistas de series siga priorizando el acuerdo, pero que en caso de falta de entendimiento, esos baremos propuestos sirvan de referencia para posibles juicios o arbitrajes. Puede llevar algo de tiempo, pero tengo fe en que finalmente se aprobará sin problema como una norma subsidiaria de reparto de las entidades.

La siguiente lucha, que será difícil, será la de replantearse esa obligatoriedad (que no es tal) del reparto del 25/25/50 de los derechos de Autor entre músicos, directores y guionistas. Parece poco lógico que un músico de una sitcom, por ejemplo, se arrogue el mismo porcentaje de creación que el director, o que los dialoguistas. Antes o después habrá que profundizar en ello.


“EN UN REALITY MUCHOS CONFLICTOS SE CREAN EN VIVO, POR LO QUE VALE LA PENA NO LLEGAR A PLATÓ DEMASIADO PRECONCEBIDO”

26 octubre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Si atendemos al número y a su impacto total en la cuota de pantalla, no es difícil ver que los realities llevan tiempo instalados con solvencia y autoridad en televisión. Sin embargo, sigue siendo un género que, en ocasiones, queda denostado al de “género menor”. Caridad Riol, guionista española afincada en México, ha trabajado en el último año tanto en el desarrollo y escritura de una serie de ficción como en un reality para el canal a+ de Tv Azteca, una de las cadenas más importantes del país. Aprovechando que La Fortaleza, concurso de competencias en el que cuatro grupos deben superar diversos obstáculos para hacerse con la victoria, se ha estrenado este lunes, hemos querido hablar con Caridad para reflexionar sobre la escritura del reality, sus diferencias con el género de la ficción y su opinión acerca de la percepción de la sociedad sobre este formato.

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¿Cuántos guionistas había en el reality que has participado, y qué funciones tenían?

En total éramos cuatro. Había un guionista en cabina, que era el responsable de dirigir a los presentadores (en México se les conoce como conductores), un guionista encargado de la guía y estructura del programa, otro encargado de inventarse las pruebas físicas y decidir cuándo realizarlas, y luego estaba mi función, que era la del reality.

Básicamente, mi tarea consistía en que los espectadores supieran cómo eran las personalidades y peculiaridades de los concursantes. Para ello, debía estar atenta a sus reacciones después de las pruebas: cómo actuaban cuando ganaban, cuando perdían, si rozaban entre ellos, si se enamoraban por la convivencia…

¿Qué características crees que debe reunir un guionista para escribir en un reality? 

En primer lugar, creo que es muy importante tener intuición para conocer la forma de ser de tus concursantes. Cuando un guionista trabaja en ficción tiene la libertad de crear el perfil psicológico que mejor se ajuste a cada situación, a cada historia. En este caso, a ti ya te viene dado un patrón psicológico, o lo que es lo mismo, la ficha con unos rasgos básicos del concursante. Por más que tú sepas cómo es alguien, debes amoldarte a la realidad, es decir, a lo que ocurre en cada momento.

Pongo un ejemplo real. Una concursante te dice que se dedicaba a la gimnasia rítmica, pero que ya no lo hace. Después, observas que por su modo de actuar en las pruebas físicas tiene baja tolerancia a la frustración cuando pierde o cuando no le sale una prueba. Si has percibido esto, debes pensar por qué tiene esa baja tolerancia, qué conflicto emocional tiene detrás. Por tanto, lo más interesante es tirar del hilo hasta que te diga a cámara a qué se debe esto. En este caso, de hecho, se debió a que tuvo un bloqueo emocional, su carrera profesional se truncó y todavía no se lo perdona a día de hoy.

Si tuvieras que sintetizar diferencias entre la construcción de un personaje de ficción y uno de un reality, ¿cuáles serían las principales?

La principal, como decía, es que en un caso tienes personas reales, y en otro no. Sin ir más lejos, antes del reality estaba escribiendo una serie de ficción en la que sí que tienes la libertad de construir a tu antojo los personajes y darle los tiempos que tú quieras. Si para la trama te va bien que tal o cual personaje de ficción tenga un día malo, puedes construir la historia para que esto ocurra.

Ahora bien, no hay manera alguna de poder controlar que un concursante tenga un buen o un mal día, porque no hay que olvidar en ningún momento que en un programa estás tratando con seres humanos. Del mismo modo, tampoco puedes controlar que un personaje sea o no celoso, sin importar lo que a ti, como guionista, te pueda interesar más.

He de decir, eso sí, que casting ya se encarga de elegir un perfil extremo para que te den juego a la hora de emitir el programa.

Por tanto, hay que estar abierta a jugar con los elementos que tienes y estar preparada para jugar con ellos en directo. Puedes hacerte unas expectativas de lo que va a ocurrir, por supuesto, pero nunca vas a poder programar que un concursante tenga un lío con otro en el programa 4 y que rompan mal en el 8.

¿Entonces, prima más el trabajo en directo o el trabajo de preproducción, desde el punto de vista del guión?

Os diría que depende del tipo de formato en el que estés trabajando. En mi caso ha sido un falso directo, por lo que puedo tener totales con los que armar historias a posteriori.

También os hablo de un caso ideal, de un caso donde he podido trabajar sin una presión excesiva por parte del productor y que además ha respetado los tiempos necesarios para armar un buen programa. Como los tiempos en televisión son los que son, muchas veces hay que armar historias en tiempo récord.

Pero si hablamos en general, es cierto que todos los realities tienen la misma base: sacar lo más jugoso a nivel personal y emocional de cada concursante. Para eso hay ciertas claves que puedes utilizar.

¿Cuáles?

Puedes intentar picarlos, emocionarles, juntar a dos concursantes que se llevan mal en una prueba, ir a sus puntos débiles… tienes que estar como un león a la caza.

Prima, por tanto, el trabajo en directo.

Sí, sin duda. En un reality, el elemento con el que juegas es la realidad, no tu imaginación. Por tanto, vuelvo a lo mismo. Hay que estar completamente abierta a lo que ocurre en directo, y para eso hay que observar muy de cerca de tus participantes.

Pero, aún así, el trabajo de escritura en la fase de preproducción es muy importante. 

Lo primero que recomendaría para ponerse a trabajar en un programa es leerse las fichas de cada persona. Ahí es donde puedes detectar quién está divorciado, de qué país vienen, si sus padres están vivos… Necesitas conocer bien la psicología de cada personaje. En segundo lugar, debes convivir con ellos para verlos en persona.

Hasta la tontería de observar sus redes sociales te va a dar información de cómo son. Solo después de estas fases puedes permitirte jugar con ellos, detectar en qué situaciones puedes ponerlos para amplificar los conflictos. Digamos que el objetivo es que el espectador sepa lo máximo a nivel personal de los concursantes para juzgarlos.

Y bueno, una vez más, la realidad es la que prima. Hay elementos que son ajenos a lo que tú puedes construir. Nunca puedes saber al 100% cómo va a reaccionar.

Al final, se trata de conocerlos como a tus amigos, porque tú sabes lo que le va a sentar bien o mal a un amigo, o le va a hacer ilusión o no. Pues aquí se trata de lo mismo.

¿Qué características dirías que son importantes a tener en cuenta para plantearse escribir un reality?

En mi opinión, el conflicto es lo que interesa. Un reality no deja de ser un fragmento de la vida real, donde hay conflictos de todos tipos. ¿Qué te interesa cuando ves Gran Hermano? Ver quién se enamora de quién, por qué han venido a concursar. Evidentemente, te va a dar mucho interés tener dos concursantes que, por poner un ejemplo, son hermanas gemelas, que quieren vivir la experiencia de concursar y a su vez se enamoran del mismo concursante y acaban enfrentadas en público. ¿Por qué? Por lo mismo, por el conflicto que eso te aporta. Conflicto que, si me apuráis, no es tan diferente al que pasó con Las Hermanas Bolena.

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Imagen promocional de La Fortaleza.

¿Es posible potenciar el conflicto en un reality sin caer en el morbo?

Quizá deberíamos redefinir qué entendemos por morbo. ¿Habéis visto La Pianista de Hanecke? ¿Eso no es morboso? ¿Y Lolita, de Nabokov?

Realmente creo que el reality tiene mala fama porque está catalogado de manera negativa, pero ¿qué nos gusta de una película? ¿el vestuario? ¿las localizaciones? Al 90% de la gente lo que le gusta del cine es el conflicto, y no distan mucho los conflictos que existen en las series o en el cine que en un reality.

¿Dirías, por tanto, que el reality se considera un género inferior?

Sí, sin ninguna duda. Y aquí (y vuelvo a decir que soy defensora de cualquier género, sea cine, serie o programa de entretenimiento) deberíamos de nuevo replantear ciertos conceptos. ¿Cómo consideramos si un género es inferior? Porque si lo hacemos a través del rating, por ejemplo, podemos ver como la mayoría de los realities tienen los ratings más altos.

Creo que a día de hoy todos pecamos de un poco de hipocresía a la hora de juzgar los realities, y os pongo otro ejemplo reciente que, a mi entender, lo demuestra. ¿Cuántas imágenes escabrosas y morbosas nos han llegado a nuestros móviles sobre el atentados o catástrofes que están habiendo ahora?

Dicho esto, sí que querría romper una lanza a favor de la ficción, y es que, de nuevo, y es solo mi opinión, la ficción te permite camuflar ideas y conceptos de una manera más sutil e intelectual, por decirlo de algún modo. Es decir, si tu concepto es matar por matar y el valor de la vida (No es país para viejos) puedes tener detrás toda una explicación antropológica que te deja muy buen sabor de boca al verlo. Si tú ves en un reality a dos personas discutiendo por discutir, evidentemente estamos ante una situación gratuita y vacía. Por tanto, no creo que se deba tanto al formato en sí, sino al uso que se le dé a este y a la forma de plantearlo, porque las situaciones pueden ser muy similares. En este caso, por ejemplo, teníamos un concursante sin un duro que se apuntó para conseguir dinero para poder darle a su hijo una infancia un poco más feliz en ese aspecto, lo que no deja de ser la misma premisa que encontramos en En Busca de la Felicidad.

Como decía un profesor que tuve, Daniel Remón, entre Gran Hermano y Shakespeare está el mundo real. La clave de un reality está en saber encontrar el punto adecuado para presentar los elementos de una manera interesante y que no deteriore el formato. Es el mismo caso, de hecho, que cuando ves una película en la que las mujeres son objetos sexuales y son los hombres los que llevan el peso de las decisiones.

¿Qué dirías, entonces, que se ha trabajado en La Fortaleza para intentar conseguir esa diferenciación desde el punto de vista de la escritura?

Para empezar, hay un concepto que a mi parecer es bonito e interesante, como es el de jugar con la tradición mexicana del país, con la conquista de una fortaleza con historia. Luego se ha intentado tratar todo de una manera cuidada, artística.

Y si hablamos del reality en general, ¿cómo crees que se puede escribir este formato para potenciar el conflicto sin caer en el vacío?

Por ejemplo, fusionando géneros para hacer un híbrido mixto. Si se le da más importancia al contenido (pruebas físicas, cita romántica, etc.) que a quién se lleva mal con quién, potencias tu formato.

Y volvemos a lo mismo que llevamos un rato hablando. Aquí también entra en juego lo que consideramos o no “bajizo”. First Dates es un formato donde apuestan por las citas, y donde al final pueden salir parejas. Es la trama de cualquier comedia romántica. La forma en la que se cuenta es diferente, sin duda, pero no hay que infravalorar las respuestas o las enseñanzas de vida que te puede dar un concursante de reality.

Es evidente que este formato audiovisual tiene mucho guión. ¿Hasta qué punto se ficciona?

No se ficciona nada. No es guión, es guía, de hecho. En televisión se trabaja con escaletas que son guías para el presentador y para los concursantes. Como os decía, muchos conflictos se crean en vivo, así que vale la pena no ir demasiado preconcebido, puesto que hay que medir en directo qué imprevistos pueden ser interesantes añadir a tu escaleta.

Luego, por otro lado, es cierto que hay ciertas reglas del formato que es importante saber que hay que cumplir y respetar. Muchos de los concursantes con los que he trabajado ya vienen de otros realities, y ya tienen claro que al fin y al cabo, no nos engañemos, esto es un show, por lo que si los concursantes son insulsos, o no te dan conflictos… La televisión es show, sin duda, pero no en el mal sentido de la palabra.

Lo que sí que parece vital es tener el formato muy bien esbozado antes de ponerse a grabar, ¿no?

Sin lugar a dudas. El formato reality lleva implícito el concepto “detrás de las cámaras”, el tener ese punto de conexión con la realidad que te permite experimentar el programa con una sensación de estar viviéndolo más de cerca. De hecho, ya hace años que este concepto está instaurado en la ficción. The Office, Modern Family…

En la actualidad, ¿hacia dónde crees que están virando los realities en busca de esa originalidad?

Sucede exactamente lo mismo que en ficción. Los argumentos y tramas ya están todos inventados. La originalidad reside en el punto de vista que quieras darle a temas como la venganza, el amor, la familia… Y, para ello, es muy importante potenciar la creatividad. Y bueno, luego pues hay cosas que no funcionan, pero hasta que no se prueban no te das cuenta de ello. También es muy interesante ver las corrientes del momento. Rupaul’s Drag Race es un buen referente en lo que respecta a buscar esa originalidad.

¿Notas diferencias entre el reality mexicano y el español?

No realmente. Los formatos son universales. En todo caso, podría decir que las diferencias que pueden existir residen en la misma sociedad y en la forma en la que se estructura.

Quizá, en España, hay ciertos temas que en la sociedad están más arraigados, como pueden ser la lucha contra el machismo, por poner un ejemplo, o qué se considera machista y qué no. O la inseminación artificial, es un tema que en Europa está normalizado. Aquí no creo que pudiéramos hablar de esto en una televisión en abierto. Por tanto, si hay algunas diferencias nacen por el tipo de sociedad.

Si tuvieras que hacer balance, ¿qué dirías que es lo más difícil de ser guionista en un reality?

Tener que ir a los puntos débiles de los concursantes. Es complicado estar delante de una persona y tener que tocarle la fibra y sus puntos débiles para que hable sin tapujos sobre temas que sabes pueden hacerle tocarles la fibra.

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Por último, es interesante ver que, a tus 28 años en México, estás desarrollando una serie y dos largometrajes. ¿Ves posible, hablando en términos generales, obviamente, que existan las mismas oportunidades de trabajo en España?

En mi opinión, creo que las tasas de paro de un país y otro son una buena manera para responder a la pregunta, o detenerse a ver cuántos guionistas tienen trabajo en España y cuántos en México.

No sé quién tiene la culpa, la verdad, pero creo que sí que se pueden analizar ciertos datos. En primer lugar, la cantidad de millones de personas que hay en México comparado con España, lo que ya de por sí asegura más puestos de trabajo. Luego también está el condicionante de que el porcentaje de gente formada con estudios superiores en México es muy inferior al que hay en España, lo que creo que abre más puertas en este país a la gente formada.

Por poner un ejemplo, para una vacante en España puedes tener a quince personas muy bien formadas, mientras que aquí tienes dos personas bien formadas para tres vacantes. Por desgracia, en nuestro país, las variables se han invertido.

* Actualmente Caridad Riol ha vendido el guión de un largometraje del que todavía no puede decir mucho más, además de tener en producción la primera serie escrita íntegramente por ella. Cuando no es guionista, suele estar con la cámara trabajando como fotoperiodista. De España echa de menos la Mahou Clásica.


DIEGO SAN JOSÉ: “LA COMEDIA PUEDE ENTRAR A JUZGAR Y A DESACREDITAR A AQUELLOS AGENTES QUE NOS ATEMORIZAN Y NOS ASUSTAN, Y QUE TRATAMOS DE DESARTICULAR A TRAVÉS DEL HUMOR”

19 octubre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El pasado 12 de octubre se estrenó en Netflix el segundo largometraje español original de la plataforma en nuestro país, Fe de etarras. El largometraje es el último trabajo del tándem formado por Borja Cobeaga y Diego San José, responsables de algunas de las comedias más reconocibles del panorama español de los últimos años. Diego, que firma el guión de la película, nos ha contado cómo fue el proceso de ideación y escritura de la comedia y cómo consiguen hacer humor de algo tan dramático y reciente como es el conflicto vasco.

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¿Cómo surgió este proyecto? Nos gustaría poder contextualizar cómo fue el proceso de escritura, desde el argumento que finalmente presentáis Borja y tú, hasta cómo entró Netflix en el proceso.

Para Borja Cobeaga y para mí, Fe de etarras ha sido ese proyecto que siempre tiene cualquier director y guionista que es un poco como una zanahoria atada a un palo. Es ese proyecto que nunca se hace pero que te permite un poco seguir activado, seguir motivado porque hay algo que queda por hacer. La putada en nuestro caso es que se ha hecho, y lo digo sinceramente. Creo que hay un estilo de película que conviene no hacer nunca porque te va a mantener siempre con el anhelo de hacerlo. Pero si llega el momento, evidentemente, por mucho que yo os cuente esta teoría, en la práctica si puedes lo acabas haciendo.

Es un proyecto que surge en la época de Vaya Semanita, porque nos conocemos y estamos ambos fascinados por tratar algo tan dramático para nosotros como es el conflicto vasco desde la comedia, y por ello nos pareció un buen enfoque para hacer una película. Lo maravilloso fue que Mediapro, a través de su productor Javier Méndez, que se enamoró de cinco o seis páginas que teníamos escritas, nos prometió que ese proyecto se haría durante una comida que podríamos haber considerado absurda. Digo absurda porque uno ya pensaba, a estas alturas y después de tantos años con este proyecto en la cartera, que nunca se iba a hacer. Afortunadamente, la llegada de Netflix a España permitió que Javier Méndez se pusiera en contacto con ellos para convocar una reunión durante el Festival de Televisión de Cannes, al que asistimos en un viaje relámpago a contarles la idea. Fueron como unos quince minutos de reunión, donde les contamos la idea de manera muy superficial, pero confiaron plenamente en lo que escucharon y en nosotros como tándem, y a partir de ahí se escribió, se financió y se produjo la película en tiempo récord… y ya está estrenada. Digamos que el proceso se acercó bastante a lo que uno sueña como guionista o como director, pero que en la realidad piensas que es una utopía porque nunca lo has visto suceder. Y no lo es, sí se pueden hacer las cosas de esta manera.

El guión sigue muchos de los preceptos que explicas en tu labor como docente: ejemplo de ello es el hecho de que exista un personaje que haga las veces de payaso, en este caso, Julián López, en un mundo donde el resto de personajes parecen ser más dramáticos en su concepción (sin perder por ello su capacidad cómica). ¿Qué te aporta de cara a la escritura contar con un personaje que cargue mayoritariamente con ese peso?

Es cierto que en comedia, con los protagonistas, con aquellos cuyo calado va a ser más profundo a lo largo de la hora y media que dura una película, hay que ser más maduros y respetuosos con sus motivaciones, con su pasado… con sus motores, digamos. En este sentido, a Borja y a mí siempre nos gusta colocar a un secundario cuyo calado en la historia sea precisamente menor para que ello te permita que sus valores, que su ética y su moral sea más disparatada y por lo tanto te permita dinamitar situaciones más normales con un humor más loco de lo que te permite un eje central de la película. Podría ser el tío Jaime en Pagafantas, lo es Juan Carlitros en No Controles y lo vuelve a ser Pernando en Fe de etarras. En cualquier caso creo que Pernando es el menos disparatado de todos porque creo que Borja y yo, según evolucionamos como espectadores y como guionistas, vamos enamorándonos de aquello que no es muy disparatado. Creo que Pernando tiene algo más de cabeza que Juan Carlitros -lo digo por tratarse del mismo actor-, y lo que te aporta es una libertad, o una ausencia de hipotecas que sí tienen los protagonistas, de cara a aportar ese estilo de humor más anárquico que puede poner patas arriba una secuencia y no te compromete tanto de cara a la continuidad narrativa o argumental de la película.

Hacer humor en base al problema que fue -o que todavía es en cierto modo- ETA para el País Vasco y para España siempre va a ser un tema más susceptible de generar polémica que otros. En todo caso tú ya tienes práctica en este sentido, desde con Vaya Semanita hasta en Ocho Apellidos Vascos o Aupa Josu. ¿Cómo gestionas la comedia al tratarse de un tema de estas características? ¿Te autolimitas en algún sentido?

Yo creo que no hay ningún tipo de autolimitación. Yo tengo un problema y es que empiezo a ser guionista en Vaya Semanita, en un contexto en el que la libertad es absoluta y plena, con lo cual yo aprendí a escribir así y ya no me imagino escribir de otra manera. Tuve la fortuna y la mala suerte de aprender que sí es posible una libertad absoluta con respecto a los temas delicados -y hablo de 2003, con ETA en activo-, y aprendí que sí que alguien puede confiar en ti ciegamente porque considera que tienes tanto sentido común como guionista como él como ejecutivo y que las cosas pueden salir bien. Porque la gente al otro lado, los espectadores, son más listos de lo que muchas veces se piensa en los despachos, y tienen una capacidad de asimilación que muchas veces no tenemos ni nosotros los creadores. Es por eso que, a estas alturas, me cuesta mucho más autolimitarme. Creo que si mi inicio hubiese sido de otra manera tal vez ahora estaría más acostumbrado a ciertos límites, pero ahora ya no porque una vez comprobada la satisfacción que supuso reunir en un mismo programa a gente tan dispar como Arnaldo Otegui o María San Gil, que entendieron ambos que el plató de Vaya Semanita era un lugar donde ellos eran bien recibidos, no puedo entender que uno sea desprejuiciado a la hora de hacer humor.

¿Crees que deben existir ciertos límites a la hora de escribir comedia sobre temas sociales de este tipo?

Tengo fe absoluta y ciega, y defendería a ultranza que el humor no tiene límites. Creo que además ni siquiera es un debate porque está demostrado y es pura teoría del humor. Los que tenemos límites somos nosotros, somos los espectadores. Prueba de ello es simplemente un hecho bastante incontestable: si el humor tuviese límites sería imposible que el mismo chiste fuera tolerado en una sociedad y no en otra. Esto ocurre en la televisión pública norteamericana -ni siquiera hablo de la de pago-, donde ha habido chistes sobre el 11-S, los atentados de Boston o la pederastia, cosa que sería impensable en España. El problema no es del chiste, sino las sociedades. Creo que cuanto más madura es una sociedad, mayor tolerancia tiene a reírse de sus propias miserias, que cuanto más adulto es un país, menos problemas tiene para darle una perspectiva cómica a aquello que fue doloroso y que sigue siendo doloroso. Cuando una sociedad es valiente no tiene miedo alguno a abrirle las puertas a la comedia como sistema paralelo de reflexión, y nadie se plantea que hacer un chiste sea ridiculizar o frivolizar con un tema, sino que considera que la comedia puede ser un complemento al drama, al thriller o simplemente a la columna periodística, pero tan válido como eso. Por eso creo que no hay que tener ningún límite, pero sí hay que ser hábil con respecto al enfoque que se quiera utilizar.

Con esto quiero decir que el problema no está en el tema sino en a quién diriges el chiste. Creo que un tema como el terrorismo se puede abordar desde la comedia siempre y cuando tú ataques a aquella parte del conflicto que fue activa y dañina, que fue el verdugo y el que tomó la decisión de hacer daño, pero nunca al que lo recibió porque para él no tiene gracia. Esto ocurre en la comedia y ha de ser el único criterio a seguir. Si alguien ha decidido cometer un error, el chiste no funciona. Y no funciona porque meterte con alguien por su raza, por su procedencia, por su orientación sexual, por su estatura o por una tara física es meterte con alguien que no ha decidido ser así. Solo aquello en lo que uno ha decidido tomar una decisión, o en aquellas posturas que sí son fruto de una reflexión, ahí sí que la comedia puede entrar a juzgar y a desacreditar a aquellos agentes que nos atemorizan y nos asustan, y que tratamos de desarticular a través del humor.

¿Crees que es importante el factor del tiempo que ha pasado para poder hacer comedia a partir de temas como el conflicto de ETA?

Esta esta teoría que dice que comedia es igual a tragedia más tiempo, pero también hay otra ecuación igualmente válida que dice que, según Albert Einstein, el tiempo es algo relativo. Con esto quiero decir que jamás nos pondríamos de acuerdo con respecto a cuál es el tiempo necesario para poder burlarse de un tema. Y si dejamos el humor en manos de que la gente decida cuánto tiempo es necesario, es posible que perdamos el humor y eso es inconcebible. Creo que el humor está por encima de cualquier debate y que la comedia es la que viene a salvarnos un poco de volvernos todos locos.

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Cartel promocional de Fe de etarras.

En este sentido, ¿qué te ha parecido que la película ya fuese criticada antes de su estreno?

Creo que es un reflejo de cómo está de fina la piel de la gente y de hasta qué punto la gente necesita alistarse en el bando de las buenas personas y sumarse a una corriente que supuestamente les coloca como a los guardianes de las buenas maneras, pero no es así de sencillo. Creo que Twitter, al fin y al cabo, para lo que sirve no es tanto para hacernos buena gente sino para hacernos gente con una capacidad de ofensa más inmediata. La polémica que se generó fue en mi opinión absurda, no porque fuese premeditada, sino por su contenido. Y es que en todo momento nosotros sabíamos que la película no contenía ningún tipo de ofensa a las víctimas como se dijo en su momento, por algo tan sencillo como que nosotros sí habíamos visto la película y ellos no. Ya incluso antes de rodarse, nosotros la habíamos escrito, así que nunca tuvimos miedo en ese sentido, ni preocupación alguna sobre nuestro desempeño. La película podrá ser buena o mala, pero ojalá se hablase más de cine y menos de moralidad, donde creo que no hay mucho debate.

¿Por qué crees que hay sectores contrarios a hacer comedia de estos temas?

Hay sectores que son contrarios a hacer comedia de cualquier cosa. Creo que hay sectores que de hecho serían felices tomándose todo absolutamente en serio y sin ningún amago de humor. Y creo también que la crispación absoluta es algo de lo que estamos muy cerca, que hay una tendencia a asustarnos con cualquier tipo de temática -y más cuando esa temática tiene que ver con el nacionalismo-. A mi parecer, la película se ha visto un poco empapada por parte de todo el conflicto catalán, y la campaña de publicidad ha sido recibida con mayor polémica debido a ello, pero en todo caso no es algo que corresponda a los directores o a los guionistas. Haya o no polémica, los que hacemos comedia debemos hacerla del mismo modo sea cual sea la situación.

La mezcla entre comedia y drama es uno de los elementos que sobresalen en Fe de etarras. Para que la comedia funcione mejor, es sin duda adecuado partir de cierta realidad social, de algo que favorezca la identificación en el espectador para generar la empatía necesaria en toda historia… A la hora de crear un argumento, ¿tiendes a partir por la premisa cómica o por la realidad “seria” del tema?

No estoy del todo de acuerdo con la formulación de la pregunta. Creo que hay grandes comedias que no cumplen esta premisa y que son absolutas obras maestras. Sí son estilos de comedia diferentes. En este caso, nosotros hemos querido hacer una comedia muy pegada a la realidad e incluso diría más, una comedia desprovista de la obligación de hacer reír. Creo que en Fe de etarras hay muchas secuencias que no tienen ni puñetera gracia y es que además no se la buscamos. Creo que hemos intentado aprovechar la libertad creativa que nos ofrecía Netflix para no tener que forzarnos a meter chistes, que es algo que muchas veces nos ha ocurrido en nuestra carrera. Hemos dado prioridad a la realidad social, sin que ello suponga que sea una mejor o peor comedia, sino simplemente que el vehículo fundamental de la película era esa realidad. Una realidad que en este caso suponía mucha melancolía, mucha tristeza y a veces algo de sordidez, acorde con nuestro punto de vista sobre lo que podía ser la lucha armada en el año 2010.

Por esto mismo, creo que partir de la premisa cómica o del aspecto real para un proyecto depende precisamente de cuál es el objetivo de esa película. No se puede escribir de la misma manera Ocho apellidos vascos, donde la prioridad sí es el gag porque el objetivo es que haya colas en los cines, que Fe de etarras, donde no hay cines ni colas y lo que te planteas es exprimirte como guionista o como director para hacer esa película que a ti te hubiese flipado ver como espectador y que nadie está haciendo. Quizás por eso elegimos en este caso la realidad social, porque es nuestra realidad social, en la que hemos crecido. Y por eso decidimos que el eje de la acción fuese un comando etarra, por ser un punto de vista que todavía nadie había transitado en la comedia.

De hecho, los diálogos de la película buscan la comedia por la situación. Si quitases la voz, no creerías estar viendo una comedia la mayor parte del tiempo. ¿Qué puedes contarnos sobre cómo trabajas las líneas de diálogo de cada personaje?

En realidad, toda la película está hecha desde el drama, no solo los diálogos. También la dirección de arte, la fotografía, o el tono de la interpretación de los actores van en esta dirección. Nosotros en ningún momento nos planteamos hacer una comedia en las formas, sino un drama que de vez en cuando nos llevase hacia el humor y no al revés, como ha sido habitual en nuestra carrera hasta ahora. En ese sentido, digamos que a la hora de dialogar no escribí pensando en construir el chiste o el gag, sino en dar rienda suelta a la deformación ideológica que pueda haber detrás de cualquier tipo de nacionalismo. Si tú exageras mucho ese hilo del que se tejen los nacionalismos, vas a encontrar que a nada que exageres un poco las cosas se van a convertir en algo muy ridículo. Secuencias como la de la partida de Trivial, o el rechazo que muestran hacia las banderas, son simplemente deformaciones de una realidad incontestable, que es de aquello de lo que cojea todo orgullo político basado en la procedencia. No hizo falta por lo tanto construir el chiste como tal, y nos apetecía mucho más que fuera el retrato de una situación aquello que se convirtiese en divertido. Y lo digo porque en España en concreto -aunque imagino que también fuera-, se utiliza injustamente el término ‘comedia de situación’ para aquel tipo de comedia que a la hora de la verdad se basa en el diálogo. Cuando hablamos de sitcom, hablamos de una narrativa en la que cada dos o tres réplicas hay un chiste en el texto, que es de todo menos sitcom. En este sentido, nosotros pretendíamos que, al quitarle el volumen a la televisión, no se pudiese distinguir de algo triste. Y además, es que Fe de etarras es de hecho bastante triste, tanto lo que cuenta como la manera en que lo cuenta, lo que fue una decisión totalmente consciente por nuestra parte.

La atmósfera escogida, coincidiendo con el verano de 2010 en que España ganó el Mundial, nos parece un gran acierto para la película. ¿Era algo que tenías en mente desde el principio o surgió de la reflexión sobre posibles escenarios?

El año 2010 es también muy importante en el punto histórico de la historia de ETA. La idea original surgió mucho antes, sobre 2004 o 2005, pero fue modificándose a la par que iba evolucionando la historia de la banda. Nosotros lo que finalmente quisimos contar, una vez que asistimos como todos al 20 de octubre de 2011, al cese de ETA, fue el ocaso de la organización. En este sentido, en el año 2010, intuíamos -y de hecho luego pudimos corroborarlo al documentarnos- que ya en el seno de la banda había un mayoritario rechazo hacia la violencia. Siempre empatizamos mucho con los grandes perdedores de las causas totalmente derrotadas, por lo que imaginarse a los cuatro últimos etarras, que no tienen otras vidas más allá o que no han sido capaces de construírselas con otro tipo de motivaciones, y que además insistan en que en la Europa del siglo XXI la vía violenta tenga algún sentido, nos parecían cuatro sujetos merecedores de examen. Por supuesto que también la coincidencia con la mayor explosión de españolidad, nos pareció una herramienta básica en la comedia de pez fuera del agua, o más bien de pez introducido en la pecera más hostil posible. Y eso para la comedia está bien, el hecho de ver a cuatro personas que sueñan con acabar con la presencia de España en sus vidas y que están completamente rodeados del españolismo más virulento de los últimos años o décadas. Ese concepto nos pareció el raíl perfecto para que transitase la comedia.

Desde que surgió esta idea han pasado varios años. ¿Cuántas versiones de guión se han sucedido?

Han pasado muchos años desde que surgió la idea, pero no tantos desde que ETA termina. Lo que quiero decir con eso es que la versión final no tiene tantos años como el origen de la idea. No hay que ver este proyecto en ese sentido como un guión que tiene diez años, sino como una idea que sí los tiene y que da pie a un guión que ha mutado tanto que en su última versión no es tan antiguo. Yo diría que Fe de etarras ha pasado por tres o cuatro versiones. Se trabajó mucho el tratamiento de la película, por lo que dialogarla era más bien ejecutar un plan muy bien trazado.

¿Qué cambios mayores ha sufrido la historia?

Los cambios mayores que ha sufrido la historia se han debido principalmente en la manera de contar el final de ETA. En otras versiones, la premisa era otra. En su momento se hizo pública y muy conocida otra versión que se basaba en un comando de ETA al que le tocaba hacerse presidentes de la comunidad de vecinos donde se encontraba su piso franco, donde el hecho de abordar goteras, derramas y obras en la fachada era lo que les impedía llevar a cabo ningún atentado al estar tan liados, pero al final le dimos prioridad a que la historia contase el ocaso de la banda.

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Fotograma promocional de la película.

Sin duda, la irrupción de plataformas como Netflix, además de suponer más salidas laborales para los guionistas, parece haberse convertido en una nueva posibilidad en cuanto a temas que tratar y, sobre todo, en una manera de sobrepasar ciertos límites que parecían imponerse en cuanto a tono o temas. ¿Crees que es así? ¿Has notado alguna diferencia entre escribir para Netflix con respecto a los canales más “tradicionales”?

¿Qué te voy a decir yo? Como comentaba antes, una película que teníamos prácticamente ya como un quiste que nos iba a perseguir toda la vida, o como una espina clavada que jamás nos íbamos a poder sacar, al final se ha hecho gracias a Netflix. Mi perspectiva respecto a la llegada de este tipo de plataformas es optimista, y casi de tirar fuegos artificiales. La diferencia de trabajar es total. A nosotros nos dieron libertad absoluta, y desde luego no hubo ningún tipo de injerencia en el guión. Las decisiones creativas eran totalmente nuestras. A cambio, es cierto que no vas a salas de cine, que no se estrena la película en el sentido romántico de lo que es hacer películas, pero siendo realistas hay que decir que de cada diez películas que se estrenan en España en los cines, ocho de ellas parece que no lo hayan hecho porque desgraciadamente la situación más normal de una película es que pase completamente desapercibida. En nuestro caso, Borja y yo hemos vivido tanto que una película sea muy vista en salas como que no la vea nadie, la verdad es que preferíamos sentarnos a trabajar y disfrutar de lo que es hacer una película, y en que la gente la vea ahorrándonos cualquier dato de taquilla o de audiencias, que al final son cosas numéricas bastante alejadas de lo que entendemos por contar historias.


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