TONY GRISONI: “DAR LA CONFIANZA TOTAL AL GUIONISTA LE PERMITE NO SOLO ESCRIBIR, SINO JUGAR SIN MIEDO”

28 abril, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El pasado sábado 22 de abril, en Barcelona, el guionista británico Tony Grisoni acudió en calidad de invitado de excepción a impartir una Masterclass organizada por Guionistes Associats de Catalunya (GAC) en la sede de la SGAE, entidad que también colaboró para la realización del evento junto al Festival Serielizados y el Departament de Cultura. Durante las tres horas que duró la sesión, el escritor de películas tan emblemáticas como Miedo y Asco en Las Vegas o de series de completa actualidad como The Young Pope se esforzó por explicar a los asistentes su método de trabajo, así como por sintetizar lo más interesante de su amplia trayectoria en el mundo de la ficción audiovisual, la cual empezó hace ya más de treinta años.

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Tony Grisoni es uno de los cuatro guionistas que ha dado vida a Lenny Belardo, el personaje de Jude Law en The Young Pope.

Grisoni empezó por relatar cómo acabó trabajando en el mundo del cine y la televisión. “Yo nunca fui un gran alumno, o un erudito, pero me encantaba jugar y pensaba que podría jugar siempre. Me gustaba el cine y la idea de ser escritor, así que una vez acabada mi educación y tras empezar con la docencia, me apunté a un curso práctico de creación de películas, nada estructurado, que me sirvió para introducirme en diversos oficios hasta que acabé en la BBC. Ponía cafés, sobre todo, pero me permitía estar en contacto con la gente que trabajaba en ficción, en una época en la que se hacían varias obras bastante transgresoras, que incluso tenían sus ecos en el Parlamento.”

Fue toda esa formación, y las personas que allí conoció, lo que le permitieron, según él, dar el salto a la escritura de ficción como oficio. “Después de coger experiencias y probar otros trabajos, me junté con un amigo para hacer cortos y conseguimos financiación para rodar uno. Nos tiramos a la piscina con él a la dirección y yo produciendo, con poca escritura de guión, pero funcionó, y después de tres cortos (entre los que destaca Dark Water) nos lanzamos a hacer un largo”, explicó haciendo memoria.

“Más tarde, en 1983, me fui de Londres al campo a escribir películas que me gustaría ver a mí. Tenía la sensación de haber perdido un poco mi primera ilusión, por lo que comencé a escribir ideas y tratamientos hasta llegar a la que fue mi primera película.” Dicha cinta, Queen of Hearts, una comedia sobre unos inmigrantes italianos en Londres, tardó cinco años en ver la luz, pero permitió a Grisoni ganarse el crédito suficiente para recibir encargos durante ese lapso de tiempo. “Nunca había escrito un guión de largometraje que hubiese visto la luz, pero en cambio me contrataban, precisamente porque llevaba mucho tiempo en ese sector, aunque fuera en otros departamentos. Era ya parte del mobiliario”, bromeó él mismo al respecto.

Precisamente, al ser cuestionado sobre la escasez de posibilidades de entrar en el sector, Tony Grisoni aprovechó su anécdota para comparar sus inicios con la actualidad de los jóvenes guionistas en busca de oportunidades. “No tengo la respuesta exacta, pero sí puedo decir que he visto que mucha gente que me rodea acaba dejándolo. No estoy seguro, pero creo que una gran diferencia entre cuando empecé y ahora es la cultura que me influía a mí. Aquello que decía de jugar… Hoy en día, cuando hablo con gente que empieza, tienen un concepto muy claro del éxito y de tener una carrera. Quieren ser parte del mainstream, y ello complica las cosas.”

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Cartel de Miedo y Asco en Las Vegas, la primera colaboración de Grisoni y Gilliam en la escritura de guión.

Sobre su relación laboral con Terry Gilliam, quizá su desembarco definitivo en la Ficción con mayúsculas a raíz de Miedo y Asco en Las Vegas, Grisoni contó a los asistentes cómo se produjo esta alianza, precisamente a raíz de escribir sobre lo que quería y sin pensar en la Industria antes que en la propia idea. “Conocí a Gilliam por un guión que escribí sobre un niño enfermo, que él leyó y no quería hacer, pero sí valoró colaborar conmigo”, comentó al respecto de cómo conoció al realizador. “Le dejé a Terry varios mensajes en el contestador, durante meses, pero nunca devolvía las llamadas, hasta que un día me llamó, cuatro años después, proponiéndome la adaptación de Miedo y Asco, que ya le habían propuesto dirigir, pero de la que quería bastantes cambios.”

“Ni Gilliam ni yo éramos demasiado disciplinados, así que el proceso de escritura fue algo particular”, prosiguió Grisoni. “Terry me comentó que había leído varios guiones de la obra de Hunter S. Thompson, pero que nunca había encontrado nada que fuese tan interesante como el trabajo mismo de Thompson como periodista. Hicimos entonces una especie de collage, ordenando diversos elementos y pasajes importantes de la obra de Thompson y rellenando los huecos con otras cosas escritas por él.”

Al contrario de lo que podía pensarse, Grisoni se sinceró al contar a los asistentes que el estreno de Miedo y Asco en las Vegas no supuso un mayor volumen de trabajo y reconocimiento para él en los siguientes años, si bien en la actualidad ya son varias en su haber las colaboraciones con Gilliam: Tideland, o The Man Who Killed Don Quixote, ésta última por fin en fase de rodaje tras 17 años tratando de sacarla adelante.

Al respecto de la profesión de guionista y de lo que puede tardar un proyecto en ver la luz, Grisoni quiso animar a los guionistas allí presentes con su experiencia. “Una carrera de escritor es como una montaña rusa, con altibajos. En el caso de un guionista, al ser parte de un proceso mucho más grande, se nota incluso más. Un guión por sí mismo es tan útil como un perro muerto, hasta que no se pone en marcha. De hecho, después de Miedo y asco, no tuve más trabajo por ello, sino que pasé por una época de tocar fondo, ya que el mérito era para Gilliam. Pero a veces tocar fondo ayuda para revertir la situación.”

De hecho, fue tras ese revés como acabó escribiendo Vanished! A Video Seance, un drama basado en los insólitos hechos reales que rodearon a una familia de la Isla de Man. “Yo estaba documentándome en la biblioteca, que como todos sabemos es evitar escribir. Entonces me encontré a Brian Catling, y me comentó que buscaba gente y fuimos a tomar algo. Sacó de su maleta un libro de 1935, una recolección de varios poltersgeit y una de las historias era sobre un matrimonio y su hija, que afirmaban que había algo entre el exterior de cemento y el interior de madera, en los muros de su casa. Se decía que era una mangosta con manos y pies humanos que se llamaba Jeff. Así, durante seis años, toda la familia empezó a tener relación con la criatura. Una historia muy interesante de entender. El caso es que Bryan me dio el libro y volví a contactar con él para hacer una película, lo que significó mi siguiente proyecto cinematográfico, mucho más modesto que el anterior.”

“De haberse hecho con medios más tradicionales, el guión hubiese sido el mismo, hasta el punto que podría decir que los cambios hubiesen llegado más tarde, con la financiación, donde nos hubiese tocado batallar mucho para no cambiar las ideas complejas que pudimos reflejar al sacarlo nosotros mismos. Hubiese sido más aburrido que hacer algo tan especial para nosotros, con nuestros medios, como lo que acabó siendo Vanished!“, explicó el propio Grisoni sobre dicho proyecto.

Tras relanzar su actividad como guionista y con algunos proyectos de menor calado de por medio, el propio Grisoni decidió, a principios de los 2000, contactar por su cuenta con el realizador Michael Winterbottom para su siguiente proyecto de largometraje, lo que de nuevo le aportó otras herramientas para enfrentarse a su oficio de creador. “Le mostré un guión sin acabar que tenía sobre un barrio pobre de Londres y nos pusimos a trabajar en una historia de inmigrantes de la que solo sabíamos que acabarían en Londres.”

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Cartel promocional de In this World, “la mejor experiencia de producción cinematográfica” para Grisoni.

Grisoni guarda muy buen recuerdo de todas las experiencias que le sirvieron para escribir la película, y así lo hizo saber a los allí presentes. “Para In This World, comencé a investigar secuestros de gente que era llevada hasta Londres como parte del tráfico de seres humanos y conocí a gente a que le había sucedido, pero era difícil hablar con ellos y solo pude recoger detalles sobre sus vidas cotidianas en contadas ocasiones. Acabé entonces viajando a Pakistán con Winterbottom, donde nos hicimos muy amigos. En una ocasión, mientras íbamos en camión por un desierto de Pakistán, nos retuvo la policía al encontrar el material. Al final, todas las situaciones que vivimos allí nos ayudaron a crear ese drama en las fronteras que queríamos. El proceso de escritura fue complejo, escribíamos sobre la marcha, reuniéndonos en cafés a comentar todo lo que habíamos vivido y aprendido en nuestro viaje. Básicamente fue la mejor experiencia de producción cinematográfica de mi vida.”

Inmediatamente después, Grisoni saltó hasta la explicación de otro de sus más sonados proyectos, la adaptación de la obra de David Peace, la saga de novelas tituladas Red Riding, a la gran pantalla. “Fue un proceso complicado, porque las novelas escritas por David Peace, un tipo venido de una zona muy dura e industrial del Reino Unido, tienen una relación de amor-odio con esa región. Están escritas de manera febril y por lo tanto son muy difíciles de adaptar. Por ejemplo, la imagen de un niño asesinado al que le habían cosido unas alas, me repelía y me atraía a la vez. Hay algo en este tipo de imágenes que nos incitan a escribir sobre ellas.”

Sobre la dificultad de adaptar una obra de reconocido prestigio y amplio número de adeptos, algo que ya le ocurriera con Miedo y Asco en Las Vegas o incluso en Vanished!,  o en definitiva sobre el hecho de no partir de una idea original sino de la tesis de un autor anterior, el guionista británico quiso explicar su manera habitual de proceder en busca de la esencia de cada historia.

“Puede sonar arrogante, pero nunca me planteé si sería o no capaz. En realidad, creo que me enfrento de manera fácil: siempre es de un libro que ya conozco y del que me he enamorado. Y suelo ir más rápido para saber qué diálogo funcionará y cuál no. Y si tienes un buen novelista dialogando, es ya casi como robar. Suelo empezar copiando los diálogos interesantes, pero ya cambiándolos en base a mi experiencia como guionista. Entonces, lo que hago es copiar y modificar por capítulos. Luego si veo que un capítulo posterior es un mejor principio, pues simplemente reordeno. Es la suerte de trabajar con un ordenador. Esa parte, de copia o imitación, para mí es algo maravilloso. Es así como empiezan los novelistas y los cineastas, o cómo funciona la música popular. Luego no copias, sino que readaptas según tu visión. Al final, en el caso de Red Riding, había leído y escrito una primera versión de las cuatro novelas en unos diez meses.”

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Cartel promocional y escenas de la trilogía de películas Red Riding, la adaptación realizada por Grisoni de las novelas de Davis Peace.

Sobre su trabajo en The Young Pope, el proyecto encabezado por Paolo Sorrentino para la HBO, Grisoni, que reconoció “no saber por dónde irían los tiros en un primer momento”, trató de explicar el método de trabajo del equipo de guionistas de la serie para la hasta ahora única temporada estrenada.

“Al principio suelo preferir trabajar sin la tutela del director, porque necesito saber que tengo esa independencia para desarrollar mi trabajo, pero en este caso me atraía de Sorrentino su construcción de imágenes, donde a veces me pierdo pero donde entiendo que quien las hace está cómodo ahí.  Eso es algo bastante único. Me preguntaba cómo encajaría todo ello en televisión y más tras leer lo que él había escrito, de manera muy barroca. Tuve la sensación de que era La Gran Belleza pero en el Vaticano.”

Sobre el protagonista de la serie, el religioso interpretado por Jude Law, Grisoni explicó que tras apenas haber leído un tratamiento de Sorrentino sobre éste, “la persona que más debería creer en Dios y que no cree”, se convenció de querer escribir en The Young Pope. “Esa humanidad del personaje, lo impredecible de Lenny Belardo, tan anárquico y de alguna manera imposible de haber sido creado en la habitación de un guionista, me sedujo desde el principio.”

“Cuando tienes un personaje sorprendente, y que además es impredecible como Lenny Belardo, poco importa si le quieres o le odias. A ese personaje le da igual, porque él es así y tú tendrás que mirarle, y acabarás queriendo saber qué va a hacer después”, sentenció Grisoni sobre el protagonista de la serie.

Tal y como relató Grisoni a los asistentes, Sorrentino, en un momento dado, propuso que cada uno de los cuatro guionistas escribiesen dos capítulos solos, sin colaborar ni informar al resto. “Al principio parecía raro, pero acabó siendo algo genial. Dar la confianza total al guionista le permite no solo escribir, sino jugar sin miedo”, confesó el ponente al respecto. “Es cierto que era desconcertante a veces. Al principio me costó, pero me acabó liberando totalmente pensar que en última instancia, no tenía yo toda la responsabilidad.”

Grisoni, que para esta serie hizo también las veces de productor ejecutivo, también quiso valorar su participación en este aspecto. “Traté de tener cierto control sobre algo, pero fracasé estrepitosamente”, comenzó explicando. “Me gusta ser capaz de vetar algunas cosas sobre dirección o casting. Me gusta estar involucrado y participar de cuantas más facetas del proceso mejor, pero por razones técnicas, eso no puede incluirse en un contrato de guionista al uso, de ahí que me pusieran de productor ejecutivo de la primera temporada.”

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Tony Grisoni, contestando a las preguntas de Marta Armengol,  moderadora de la ponencia organizada por GAC y SGAE.

A modo de conclusión sobre su manera de escribir, y contestando al tiempo a las preguntas de los asistentes a la Masterclass, Grisoni comentó su manera de imaginar y pasar al papel a los personajes de sus historias. “Yo concibo al personaje sin tener a nadie en la cabeza, y escribo sin pensar en nadie, al menos no de manera consciente, aunque luego puede que al releer, ya con el casting, piense que quizá escribiese para alguien de manera inconsciente. Sí me pongo a veces fotos en la pared, pero son más referencias para el personaje que relaciones reales de actores.”

La actividad, que estuvo conducida por la moderadora Marta Armengol, supuso una auténtica oportunidad para los guionistas allí presentes de conocer el método de trabajo de uno de los guionistas internacionales más polifacéticos de la actualidad. Si queréis ampliar más información sobre la Masterclass, podéis seguir el hilo de Twitter con el que retransmitimos la ponencia en directo.


RODRIGO RIVAS: “CONTAR MOTIVACIONES, EXPRESAR SENTIMIENTOS Y HACERLO INTERESANTE ES NUESTRO TRABAJO COMO GUIONISTAS”

21 abril, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Garantía Personal es la primera película de Rodrigo Rivas. Coescrita junto a Julio Rivas, el film se enmarca en el contexto de la crisis para profundizar en unos personajes que son incapaces de adaptarse a las condiciones económicas y políticas actuales. El largometraje, definido por Rodrigo Rivas como un film Neo-Noir, llega hoy a los cines españoles. Aprovechando el estreno hemos tenido la oportunidad de charlar con Rodrigo en profundidad sobre el guión de la película. A continuación os dejamos la entrevista.

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¿Cómo nace el guión de Garantía Personal?

Garantía Personal es un concepto bancario. Quiere decir que, cuando firmas, en la letra pequeña pone que avalas con todos tus bienes presentes y futuros. Nos apoyamos en esta idea cuando empezamos a escribir la película porque nos parecía una metáfora, mas bien un símbolo, que se podía aplicar a la ficción de un guión cinematográfico. En la película, esta idea trabaja como detonante para que los personajes, al verse atrapados en la amalgama de bancos, préstamos, acreedores, tuvieran un motivo más para equivocarse en sus decisiones. Fruto de esas “malas” decisiones, los personajes se ven avocados a un final trágico.

Garantía Personal nace de la necesidad de hacer un cine periférico y provincial, de contar las vidas de los habitantes de este país que viven y padecen en ciudades de provincia más o menos pequeñas. Del empresario medio, del que tiene una Pyme, en fin, del tejido que compone la mayoría social.

A lo largo de la película afloran muchos temas y reflexiones sobre el amor, sobre los límites que estamos dispuestos a cruzar o sobre el poder del dinero. ¿Hay alguno que, para vosotros, fuera el nuclear a la hora de escribir? Es decir, ¿qué es de lo que más os interesaba hablar cuando escribisteis el guión?

En el fondo los temas son siempre los mismos: el sexo, el dinero, etc. Para Julio y para mí, estos temas o la crisis económica que está presente en toda la película no son más que “el ruido de fondo”. Lo que nos interesaba contar es cómo reaccionan los personajes a estos estímulos que vienen del exterior. Todos decimos, “¡ah! Yo nunca haría tal o cual cosa”, pero tendríamos que vernos en una situación límite para ver en realidad qué haríamos y eso, creo yo, es nuestra esencia. Nos gusta llamarlo personas normales en problemas extraordinarios. No hay nada que sea totalmente blanco o totalmente negro, los matices del gris de cada ser humano son la auténtica razón de ser de esta película. Por eso no hay, salvo el personaje de Ana que quizás es el personaje más blanco, ningún personaje “bueno”, todos tienen sus miserias y estas van saliendo según avanza la película. Por eso digo que esta película es “Neo-Noir”: temas clásicos, que incluyen hasta una “femme fatale”, pero tratados bajo un contexto plenamente actual.

Por lo que hemos podido documentarnos, Garantía Personal es el primer largometraje que escribís, o, al menos, que se rueda. ¿Por qué es importante para vosotros estrenaros con este guión y no con otro?

La película es el segundo capitulo de una trilogía, el primero, Carta de Ajuste, nunca se llegó a rodar, aunque hubo un momento en el que teníamos gran parte de la financiación asegurada mediante subvención, pero llegó la crisis y se lo llevó por delante. Bueno, esa es otra historia, pero quizás ayudara a que Garantía Personal se haya hecho realidad. En cuanto a la pregunta, creo que es una mezcla de suerte o quizás de alineación de astros, no sé. Esta película casi se viene abajo tres o cuatro veces en los diferentes procesos. Por eso digo siempre que su razón de existir es un acto de fe, las matemáticas, los planes de rodaje, el presupuesto, etc. siempre dijeron que no era posible hacerla, pero la hicimos.

¿Cómo ha sido el proceso de venta de vuestro primer guión?

Venta del guión como tal nunca hubo. Somos una familia, una gran familia que rema junta para conseguir una meta. No teníamos que satisfacer a ningún productor, ya que somos los dueños de la película. De hecho, íbamos modificando alguna escena según se nos venía el tiempo y el presupuesto encima. La película ha tenido sus ayudas y sus televisiones, pero siempre ha sido entendida como un paquete, un proyecto completo. Bueno, contractualmente los derechos los tiene Derivas Films, pero estamos abiertos a que alguien los pueda comprar para hacer un remake, entiéndase la ironía.

Resulta interesante destacar que estamos delante de un thriller que no ocurre en Madrid y que, además, explotáis los personajes, profesiones y acentos de la zona. ¿Qué os añadía esto desde el punto de vista de la escritura?

A nivel de guión creo que no mucho. Fue más bien después, cuando tuvimos que trabajar con actores de diferentes regiones, Andalucía, Castilla y León, Extremadura, etc. Intentamos que los que tuvieran un acento más marcado lo llevaran a un terreno más neutro pero tampoco fue una obsesión. Creímos oportuno que hablaran como la gente normal y forzar demasiado hubiera quedado impostado y artificial. Creo que nadie se ha quejado de que algún diálogo no se entienda y es más, creo que lleva la película a un terreno más real y cercano.

Tampoco creo que se pueda encajar la película dentro del género del thriller. Tiene drama, comedia negra, mucho de cine negro… Es difícil de expresar, pero si hay que ponerle una etiqueta quizás es “thriller social con suspense”, o cine “Neo-Noir”, o simplemente cine negro.

Del mismo modo, ¿qué os aporta contextualizarlo en la situación actual de crisis económica?

La crisis económica ha creado una nueva realidad. Lo que nos ha aportado el cambio de paradigma son frases tan típicas como “ya nada será como antes” y cosas por el estilo. Y hay mucho de verdad, ahora todo es distinto. El adaptarse a los cambios, navegar y sobrevivir en un mundo nuevo no es fácil. La historia comienza con uno de los protagonistas al borde del suicidio porque no puede soportar que su mundo se venga abajo. Él, que era un empresario solvente, casado de segundas con una bella mujer, no se permite a sí mismo fracasar. Ella, protagonista de su vida, con su pequeña tienda de ropa, no se puede creer que lo vaya a perder todo y, cuando le toca decidir, toma la peor de las decisiones, con lo que las consecuencias se vuelven imprevisibles. El Policía Local, guapo, campeón de su portal, no está dispuesto a tirar toda su carrera y su estabilidad familiar por la borda. Cuando se encuentra metido hasta el cuello en un problema que no era suyo, trata de salvarse primero. Lo que tienen en común estos personajes es su incapacidad para adaptarse a la nueva realidad marcada por la crisis.

¿Qué elementos (escaleta, tres actos) utilizasteis durante el proceso de escritura para poder armar la estructura del film?

Normalmente trabajamos en actos. La estructura clásica de principio, nudo y desenlace. Tenemos una gran pizarra y en ella escribimos normalmente un principio y un final sin desarrollar. Tenemos una vaga idea de lo que tienen que hacer los personajes, lo que les motiva y también tenemos claro el tema, por así decirlo. También hay una o dos escenas que son lo que en un arco clásico llamaríamos la clave o piedra angular sobre las que se sujeta la película. Es en este momento cuando hacemos lo que se llama un tratamiento o un argumento, de diez a veinte páginas, contando la historia a groso modo. Luego, Julio trabaja el guión por su cuenta desarrollando escenas que van encajando en la estructura y las ponemos en común. Yo, por mi parte, voy perfilando el look visual y metiendo las transiciones, las morcillas propias del autor, cosas que den una unidad al tipo de cine que quieres hacer en ese momento y en el futuro. Cuando ya hay algo armado, que se sujete, trabajamos con el programa de escritura de guión y vamos rematando, quitando y poniendo hasta que un día decides dejarlo ahí, darlo por terminado.

Lo que ocurre es que durante el proceso de rodaje y sobre todo de montaje la película varia mucho. A veces debido a un problema técnico, otras por disponibilidad de fechas de los actores o simplemente te das cuenta en montaje que una escena no funciona. El guión, tengo que decir, era un tanto ambicioso y quizás también optimista. De hecho hubo escenas, que ni siquiera se rodaron y que hubieran transformado la película totalmente. No lo llamaría errores, serían avatares del proceso creativo, pero está claro que modifican tu manera de trabajar en el guión de cara a proyectos futuros y a ese aprendizaje solo llegas “equivocándote” una y otra vez.

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¿Hubo alguna escena que tuvierais clara cuando empezasteis a escribir (el final, el primer punto de giro, etc.)?

Quizás la escena de la cocina, el nudo de la película, pero no la puedo contar por que la destrozo para el espectador. Es una escena larga y con mucha tensión y nos marcaba el tono del discurso. Curiosamente hay una escena de diez o doce páginas de guión que marcaba el tono de comedia negra y que nunca se llegó a rodar. Era una escena que definía la película pero que estructuralmente era suprimible. Le tengo mucho cariño a esa escena, pero se me hubiera ido de madre el metraje de la película y, si me hubiera empeñado en hacerla (porque además era una escena muy cara de producir), a lo mejor no hubiera podido rodar el final. Son decisiones que tomas en rodaje y no vale la pena lamentarse por ellas.

¿Hasta qué punto fue importante la documentación para poder contextualizar toda la información bancaria?

No nos hizo mucha falta, el guión tiene mucho de autobiográfico. Uno escribe de lo que conoce, de lo que sabe y en este caso, Julio se ha enfrentado a los problemas que tiene el personaje de Alberto más de una vez. Tratas de que todo tenga una base real, pero lo trasladas al mundo de la ficción. Seguro que esto mismo le ha ocurrido a muchísima gente en este país, que se han visto arrastrados por la crisis y por la vileza legalista con la que actúan los bancos. Pero esto, por sí mismo está carente de emoción, es una triste realidad pero no es material fílmico. Tienes que ver e identificarte con los personajes, con su realidad, con sus problemas, con sus miserias y llegar a ponerte en su piel. Porque la gente no va al cine a ver lo mal que te ha ido en la vida, no nos interesa la gente normal a no ser que la llenemos de emociones y de suspense. Si el espectador no se está preguntando constantemente ¿y ahora, qué va a hacer fulano o mengano?… Truffaut habló mucho con el maestro de todo esto, y de esta manera interpreto yo el cine también.

¿Os habéis nutrido de casos reales?

Sí, aunque solo para el contexto y la parte social de la película. El resto es ficción.

¿Hasta qué punto creéis que es sencillo llegar hasta donde llegan los personajes una vez te ves arrastrado por los acontecimientos?

Lo típico de que la realidad supera a la ficción es cierto en parte. Estamos hartos de ver en las noticias casos en los que el “final” es trágico. El problema es el canal de comunicación, si nos lo cuenta el reportero sacando la información de los medios policiales que llevan la investigación, la historia es estándar. Sabemos el principio y el final de una historia carente de sentimientos y motivaciones. Contar motivaciones, expresar sentimientos y hacerlo interesante es nuestro trabajo como guionistas y como cineastas. Puede que no sea sencillo que un personaje llegue a matar, pero si comprendemos por qué lo hace, puede que incluso lleguemos a identificarnos con él. Y para eso existe el cine, para darte el gusto de matar al malo sin tener problemas morales, remordimientos, juicios, y sin consecuencias, porque es un mundo ficticio. Si es verosímil y encaja en la ficción, vale.

También resulta interesante ver cómo habéis planteado ciertos personajes que solo están detallados, pero de los cuales es fácil hacerse una idea de qué tipo de personajes son (como por ejemplo el dueño del Club). ¿Escribisteis mucha perfilación de trama y personajes que no salga en la versión final del guión?

Se escribió mucho guión que no sale en la película, diría yo. El dueño del Club tenía dos o tres escenas más en las que se definía un poco más el tipo de personaje que es. Un tipo muy Cohen pero a la española, que se enrolla y que le gusta tener el control de la situación. Un personaje de profesión asquerosa que nos resulta simpático porque siempre está hablando de actores de cine famosos y comparándolos con los que tiene enfrente. Una especie de metalenguaje que ha sido interpretado por un actor sin experiencia en cine pero que ha estado toda la vida subido en los escenarios de teatro y con mucho reconocimiento. Intentamos, a la hora de escribir el guión, que cada personaje tenga su mundo, un mundo propio que le dé carácter y herramientas para contraponerse a otros personajes. También escribimos una historia de vida de cada uno, en algunos, según su importancia, se desarrolla más y en otros es un poco mas esquemática y arquetípica.

¿Cómo buscáis la originalidad dentro de un género (el thriller) del que se hacen tantos largometrajes a día de hoy?

Pues intentamos que no sea un thriller al uso, hemos querido hacer una película, como decía al principio, que ocurra en la periferia de las grandes ciudades. Tampoco éramos conscientes de que estuviéramos haciendo un thriller, esta inclusión en el género viene después, cuando tienes que vender la película y todo tiene que encasillarse y definirse bajo un patrón. Pienso que esta película tiene una mezcla de géneros. Por eso me gusta llamarlo nuevo cine negro y creo que ya se considera un subgénero vigente con muchos autores de prestigio que lo respaldan.

¿Tuvisteis algunas referencias en mentes a la hora de escribir el proyecto?

Siempre tienes maestros de cabecera y referencias a la hora de enfrentarte a un proyecto. Lo que pasa es que intentas que no te influyan directamente. Todo lo que vas viendo, leyendo, escuchando, va conformando tu imaginario personal. Luego, dentro de la película hay mucho de lo que te gusta de una manera inconsciente, creo yo. Que “está todo inventado” es verdad, pero siempre hay un punto de vista nuevo, otra forma de ver las cosas, de narrar… Lo de hacer listas de directores o películas que te han influido es injusto porque, aunque la opinión colectiva conforma el discurso, te dejas muchas obras maestras por el camino, y aunque no sean obras totales muchas veces puedes rescatar la interpretación de un actor, el tratamiento musical, la luz de una escena… no sé, es infinito. Intento aprender hasta de lo que no me gusta para saber cómo no tengo que hacer las cosas. A veces descartando te vas encontrando con lo que sí vale y es con eso con lo que te quedas. Lo que sí hemos intentado es que sea cine español, y decirlo con orgullo, porque tenemos una de las cinematografías mundiales más ricas y variadas. Además es el cine que más me toca, el más cercano, el que habla de mis problemas y de mi vida.

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¿Y sobre nuevos proyectos que estéis escribiendo, podéis contarnos algo?

Hace unos días registramos un nuevo guión de nombre El Conseguidor, que tenemos la esperanza de llevar a cabo en estos años. Os puedo adelantar una breve sinopsis:

“Ante el cambio de panorama político y social en la España de la corrupción, el intermediario de los contratos con los que mercadea la clase política se verá atrapado entre el empresario sin escrúpulos y el político que intenta salir indemne de sus amaños en las concesiones públicas.

“El Conseguidor”, incapaz de sacar a flote su vida personal, obligado a caminar por la cuerda floja, tendrá que jugar peligrosamente haciendo de bisagra para salvar su vida.”


FERNANDO PÉREZ: “LA HABANA ES UN GRAN SER CINEMATOGRÁFICO”

10 abril, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Los Cines Babel de Valencia (donde ya hemos estado con Jonás Trueba, Juanjo Moscardó y Agustí Villaronga) siguen apostando por el encuentro con cineastas. En esta ocasión, el pasado viernes el guionista y director cubano Fernando Pérez presentó Últimos Días en La Habanasu último largometraje hasta la fecha. Tras el visionado del film (que ya se ha hecho con galardones en festivales como San Sebastián, Berlín y más recientemente Málaga) asistimos a la rueda de prensa con él. A continuación, algunas de las preguntas más interesantes que se hicieron referidas al guión de la película.

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Sabemos lo que nosotros, como espectadores en España, sentimos al ver la película, ¿pero cómo han sentido la película en Cuba?

La película se rodó en verano de 2015, y se exhibió por primera vez en diciembre de 2016 en el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano. Allí tuvo tres proyecciones, y el público (habanero en este caso) reaccionó muy bien. Ahora, en mayo, se estrenará en todos los cines de la isla, así que habrá que esperar.

Mi punto de vista es que será una película muy controvertida. Me interesa que así sea, de hecho. Que la historia no tenga un único punto de vista, que no haya unanimidad sobre lo que los espectadores ven. Creo que es una película que se abre a la complejidad y contrastes del país. Que no es toda la realidad de Cuba, pero sí es la realidad que yo considero más representativa de la actualidad, porque esa parte de la realidad, aunque yo no haya hecho una investigación sociológica, existe. Un gran porcentaje de la población cubana vive en esas condiciones.

Y entre Diego y Miguel (los protagonistas), ¿qué pasado existe que los una y los haya llevado a convivir donde conviven?

Mientras trabajábamos en el guión, y también una vez lo concluimos, le presentamos lo escrito a varios colegas de profesión para ver su mirada, sus impresiones, y ver qué ideas surgían. Algunos nos decían que por qué no se rebelaba el pasado de Miguel en la película. Diego cuenta el suyo, pero Miguel no. Eso es precisamente porque desde el guión nos interesaba destacar su anhelo por comunicarse y su imposibilidad de poder hacerlo.

Finalmente decidimos que todo eso quedara a la interpretación del espectador. Yo, de hecho, le escribí la historia de su pasado a Miguel, pero optamos justamente por dejarlo en el misterio, que es lo que dice el personaje de Yusisleydis al final. “No conocimos su secreto, pero tengo un buen sentimiento por él.”

El espectador que pueda estar familiarizado con tu cine puede llegar a pensar que el pasado que los une es el de haber sido compañeros en alguna lucha. 

Sí, pudiera ser. Todo es posible, y es por eso que optamos por dejarlo en el misterio y en la interpretación de cada espectador. Para mí, de hecho, lo menos importante es la historia del pasado. Me interesa el resultado de esa historia, ver cómo la amistad puede estar por encima de todos los avatares, de todas las contradicciones y los meandros que la vida impone a su paso.

A lo largo de toda la película planteas una propuesta clásica desde el punto de vista de la narración, pero al final decides darle voz a un personaje mirando a cámara en un plano muy largo. ¿Por qué esta decisión?

La intención era justamente esa. Teníamos consciencia de que era un riesgo, un desafío, porque hasta ese momento la película se mantenía efectivamente en un lenguaje realista, pero al final Yusisleydis rompe la cuarta pared, empieza a hablarle a la cámara, al espectador, rompiendo la ilusión de que eso está ocurriendo en una pantalla. Eso era lo que a mí me interesaba, fundamentalmente, que ese personaje hablara directamente con cada espectador.

Incluso en el texto que ella recita hay un momento que apela al público. Era un monólogo muy difícil de interpretar, y la intención, aunque me gustaría que fuera el espectador quien dé la interpretación, era que el espectador sintiera que a esa muchacha que entra como un ciclón el paso del tiempo le hace iniciar el proceso de madurez, con lo que enfrenta la vida de otra manera.

El personaje de Miguel es el que sirve para vehicular la visión de la realidad social del país. ¿No hay en Miguel una visión muy optimista de lo que le rodea? 

Sí, creo que eso es así. Quizá no para mí, pero sí para Miguel. Recuerdo que el trabajo con Patricio Wood, el actor que da vida a Miguel, fue muy complejo, porque él tenía que sintetizar tan solo con la mirada los estados de ánimo del personaje. En algún momento Patricio me planteó que quizá Miguel tenía algo de autismo, y reflexionamos mucho sobre ello, pero al final llegamos a la conclusión de que no, que Miguel no es autista. Lo que ocurre es que no logra romper las barreras de la comunicación. Así, poco a poco llegamos a la conclusión de que el mundo interior de Miguel es muy noble, lleno de sentimientos, de nobleza humana. Lo que no logra es aplicarlo y exteriorizarlo.

Creo que aunque el tema central de la película sea la amistad de ambos personajes, para mí el contexto en el que se desenvuelve esta misma tiene mucha importancia. La historia podría ocurrir en otro país, pero ocurre precisamente en La Habana, y ahí ya hay una mirada, que por supuesto tiene una significación y una dimensión política. Lo único, y siempre he tratado de hacerlo, es que el discurso no sea político. El discurso es artístico, logrado o no, porque creo que el discurso político tiende a lo general, mientras que el discurso artístico tiende a lo mínimo, al individuo. Ahí sí hay una intención de que los espectadores, tanto en Cuba como fuera, se asomen a la realidad que represento, que no es la más visible en los medios de comunicación, más centrados en los grandes acontecimientos que en el día a día de personajes anónimos.

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¿La comunidad, que siempre ha sido algo muy importante en tus películas, no pierde aquí un poco de su significación como soporte al individuo?

En cierta medida sí. Para mí fue muy significativo que durante el periodo de búsqueda de localización del corral donde ocurre la historia visitamos más de 20, y en cada uno de ellos se encontraban los personajes de la película. Estaban todos. Es decir, ahí todo estaba mezclado, y creo que es algo que define mucho la realidad cubana. Todos conviven, y es algo que a mí me interesa contar. No se piensa ni en el futuro ni en el pasado. El compromiso es con el día a día, con la supervivencia, y ahí todo vale. Por eso los valores éticos y morales empiezan a relativizarse, y ojalá los espectadores pudieran tener esa relación con los personajes. Tratar de entenderlos, de comprenderlos, y no de juzgarlos por un comportamiento que sería juzgado de otra manera con otra educación.

La película tiene un carácter teatral marcado, porque los personajes hablan mucho, cuentan sus vidas. Este carácter, muy marcado también en todos los diálogos, viene enfatizado por el silencio de Miguel frente al discurso verbal del resto, y concuerda (el silencio) con esa frialdad absoluta del vacío de los créditos finales sobre el paisaje nevado. 

Es una lectura interesante. En mis primeras películas le daba mucha importancia a la música fuera de la acción dramática. En esta película hay tan solo dos canciones, pero ambas forman parte de la acción. La película no tiene música.

Para mí tiene mucha importancia el silencio en cine ahora. No tratar de manipular al espectador. Quiero que el drama se sostenga sin otro tipo de soporte. Y efectivamente, el equilibrio entre los personajes de Miguel y Diego es ese. Diego solo puede esperar a que llegue Miguel para soltar el silencio de todo el día. Por eso cuando llega P4 habla con él tanto. Miguel, sin embargo, escucha, no logra transmitir. Era algo que queríamos que caracterizara a los dos personajes, aunque fuera por dualidad.

Y ahora les voy a confesar una cosa. La escena final, la de la nieve en silencio, yo la viví. Mi hijo mayor emigró a los Estados Unidos en los años noventa. Una de las pocas veces que fui a visitarlo me quería enseñar Washington. Me llevaba en su carro por una de esas super carreteras, a la una de la mañana. Él dobló, y de golpe, en medio de la oscuridad, en medio de la nada, había una gasolinera, un Mc Donalds y un Kentucky Fried Chicken. Ahí me sentí como si estuviera en la nada. Entramos en Mc Donalds a comernos una hamburguesa, y el que nos sirvió era, evidentemente, latinoamericano. Me pregunté qué hacía ahí, cómo podía estar ahí.

Me empecé a imaginar su vida cotidiana, cómo llegaba hasta su lugar de trabajo, y creo que eso forma parte de la película: la inmigración en el mundo de hoy.

Quisiera hablar sobre los espacios. En la película hay una pintada en concreto que dice “No valgo nada sin tu amor”, y a raíz de eso me preguntaba si lo que une a todos los personajes de la película es precisamente eso, el amor. 

A mí me cuesta trabajo decirlo con palabras, porque puedo sonar melodramático, pero efectivamente es verdad, son todas personas que se aman. Todo lo que viven en su corral hace que se tomen cariño. No son enemigos, y para mí eso es esencial, porque creo que estos personajes sí, son dramáticos, pero no dramatizan al respecto. Son personas solidarias, que sienten amor los unos por los otros.

El grafiti del que hablas no lo hicimos para la película, estaba en La Habana. Es parte de ella. Y aunque muchos espectadores, tanto dentro como fuera de Cuba, me decían que era una película contestataria, yo les decía que no, que era una película constatadora. Es decir, que constata una realidad y trata de reflejarla en todos sus matices, sus colores y sus grises. Pero guiadas, sí, por el amor.

Hay algo que se refleja en la película, y es que aunque sea un drama, la gente siempre tiene una sonrisa en la cara en La Habana.

Sí, era un propósito. Si pienso en los personajes, en los actores, son así también. La película se rodó con muchas dificultades, en verano, y el mismo equipo ponía mucho empeño en que saliera todo bien. Por ponerte otro ejemplo, las escenas en las que Miguel sale a la calle y ve todos esos rostros que le miran, la mayoría de las personas que rodábamos se dejaban grabar sin ningún problema. La Habana es como un gran ser cinematográfico. Todo el mundo es parte de la película, y lo hace con alegría.

Parece que la película transmite dos tonos. ¿Nos puedes contar más al respecto?

Tenía un poco de inquietud para ver cómo reaccionaba el espectador. Por un lado tiene un tema muy universal (el de la amistad), pero por otro tiene todo el aspecto de la atmósfera, destinado a un público quizá más cubano. Tenía curiosidad por ver cómo lo recibía la gente, pero hasta ahora ha sido muy emocionante.

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¿La decisión de que el personaje de Diego tenga precisamente Sida y no otra enfermedad terminal responde a algo?

Efectivamente. Un día que estaba en casa llamaron a la puerta. Abrí, y ahí había un hombre que yo no conocía, muy delgado y con orejas muy grandes [Abel Rodríguez], que me dijo que me traía un guión. Él no era guionista, trabajaba en un banco. Leí el guión, y la historia no me interesaba, pero sí los diálogos y los personajes. Se lo dije, y me dijo que tenía diez guiones más. Me los fue trayendo hasta que apareció esta historia. Diego ya venía caracterizado como una persona gay, y yo no tenía por qué cambiarlo. Además, me parecía que enriquecía la historia de que la amistad está por encima de todo. Es cierto que el hecho de que sea homosexual no es el centro de la historia, pero sí es un elemento que la enriquece y la nutre. Creo que en Cuba sigue habiendo prejuicios en contra de los homosexuales, pero creo que se ha avanzado mucho desde los años 70, y lo que comprobé al hacer la película es que en el sector más popular hay muchos menos prejuicios. Sin embargo, cuando empieza a elevarse el nivel social empiezan a manifestarse determinados prejuicios que espero que con el tiempo se logren eliminar.


LEIRE APELLANIZ: “ME PARECE IMPORTANTE QUE EN LOS DOCUMENTALES LAS COSAS NO SE LE DEN DEMASIADO MASCADAS AL ESPECTADOR”

7 abril, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El último verano es el título del primer documental escrito por Leire Apellaniz, una mujer de lo más polifacética: a parte de producir otros proyectos, ha trabajado durante años en el oficio de proyeccionista. Del amor a sus dos profesiones surge este proyecto, en el que, a través de la figura de Miguel Ángel (proyeccionista desde hace más de 20 años), el espectador puede conocer de primera mano el cambio que se está dando en el sistema de proyección: el analógico está muerto. El digital, con todo lo que ello supone, reina en la actualidad.

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¿Qué objetivo perseguías cuando decidiste rodar este documental?

La película, diría, para empezar, no es nada nostálgica, a diferencia de lo que se puede pensar. Yo también soy proyeccionista. Organizo equipos técnicos en Festivales de cine, de hecho. Así que diría que se unieron varias cosas. Por un lado, quería contar la transición del cine analógico al digital más que hablar con nostalgia de la “pérdida” del analógico. Lo que sí que me interesaba explorar era cómo esta pérdida está influyendo en la periferia del propio sistema y del mercado cinematográfico.

Todo esto lo hice a través de la figura de Miguel Ángel. Él me permitía contar esta historia saliendo de las cabinas, un lugar mucho más oscuro, para llegar a la calle y con ello conseguir una estética más bonita. Además, Miguel Ángel vehiculaba la historia a través de su propio personaje. Es un tipo muy especial, que se adapta perfectamente para que el espectador pueda empatizar con él y con el momento de cambio que estamos viviendo.

Por otro lado, quería recoger también, de forma antropológica y documental, cómo se hacen las cosas en la realidad. Cómo se ha hecho un cine de verano hasta ahora. Cómo funciona la maquinaria, cómo se monta y funcionan las piezas. Con ello, podía hacer también un análisis de cómo ha estado organizado este sistema hasta ahora. Pero repito, más que abarcar esto desde la nostalgia, me interesaba hacerlo desde el punto de vista de una transición.

¿Podríamos decir que este es el tema del proyecto?

Para mí, el tema que subyace es a qué intereses está beneficiando esta evolución tecnológica, y quién, por ello, se queda en el camino. ¿Es bueno el cambio? Sí, sin duda, en algunos aspectos. Pero también tiene sus partes malas.

¿Sería esta, pues, la conclusión?

Creo que sí que he intentado alejarme bastante de conclusiones. Más bien he pretendido dejarlo todo ahí para que la gente pueda reflexionar. Es un documental observacional. No hay entrevistas, no hay off, no hay música. No hay nada. Es una película que parece una ficción, pero es una realidad. Es un proyecto que recoge la verdad.

La historia, no obstante, sí que viene vehiculada a través de la figura de Miguel Ángel. ¿Estuvo desde el inicio en el guión, o primero surgió el tema y luego el personaje?

Aquí se unen dos cosas, y es que por un lado he trabajado mucho con Miguel Ángel, por lo que conozco perfectamente sus rutinas. Sé lo que hace a lo largo del día, cómo viaja, cómo se relaciona con los demás operadores… Entonces, desde ese conocimiento, me planteé el documental, pero indudablemente el protagonista iba a ser Miguel Ángel.

Yo se lo decía a él, “eres un personaje increíble”, a lo que él me miraba serio y me decía “la diferencia entre persona y personaje es la dimensión literaria, y yo carezco de ella” . ¿Cómo puede decir alguien eso y a la vez pensar que no tiene dimensión literaria? (risas). Miguel Ángel es un tipo muy alegre, aunque en la película no lo pueda parecer. Tiene una energía muy positiva.

Y esto es lo que pensaba ya hace doce años, cuando curraba con él. Por tanto, que fuera la pieza fundamental del documental solventaba el problema de quedarnos en un documental nostálgico que, además, habría estado vacío de conflicto. Y eso no me interesaba, no era la historia que quería contar.

He vivido en primera persona todo este cambio, el tránsito de un sistema hacia el otro, y con ello lo que hemos tenido que repensar y crear. Ha sido un cambio brutal, donde ha habido gente que no se ha reciclado del todo. Todo esto también quería contarlo, y hubo un día que se me iluminó la bombilla y vi la forma de unir las diversas ideas. ¿Qué mejor manera de contar esta transición que a través del cine de verano y de Miguel Ángel?¿Cuál será su punto de visto de todo esto? Así, pude juntar las dos visiones.

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Al decidir esta estructura, ¿qué reacción esperabas en el espectador? 

Siempre me han atraído mucho los documentales, pero no me atraen aquellos demasiado sofisticados y elaborados. No obstante, reconozco que en este documental hay una elaboración muy profunda, con una estructura que invita al espectador a reflexionar.

Además, sí que me parece importante que en los documentales las cosas no se den demasiado mascadas al espectador, que haga así uso de su capacidad crítica para poder recodificar y reinterpretar lo que yo quiero plasmar. A mí no me gusta decirle a nadie lo que tiene que pensar. Yo muestro lo que he ido recogiendo evidentemente desde la subjetividad de mi mirada. No pretendo, de hecho, ser objetiva. Cuento la historia desde los puntos de vista que a mí me interesan, y eso es lo que potencio. Pero a la vez espero que el espectador pueda sacar sus propias conclusiones. Bastante construida está una ficción como para además contar unas conclusiones.

Así, la estructura, el guión, de hecho, estaba para contar la historia de fondo. Necesitaba conseguir que personajes hablando de la situación nos dieran la información precisa y técnica pero a la vez comprensible, y esto es algo que me costó mucho, porque tuve que poner a Miguel Ángel delante de muchas personas. Ahí sí que repetíamos mucho, yo le decía incluso los temas que quería que tocara para que se pudiera contar todo lo que yo quería.

Claro, tenías ciertos puntos por los que sí que querías pasar sí o sí desde la misma fase de escritura. 

Sí, por supuesto. Luego, todo lo demás ha venido un poco entre el conocimiento que yo tengo de la vida de Miguel Ángel y de saber cómo se organiza un cine de verano y todo su equipo, lo que me permitía partir de un punto de vista muy ventajoso. Y esto sin contar que todos los que salen son mis compañeros, mis amigos, por lo que ha sido muy sencillo todo este proceso. Luego, la propia vida te da un montón de cosas impresionantes.

Y, cómo no, está la fase de guión tan importante en documental como es el montaje. Nosotros teníamos 60 horas de grabación… casi nada. Ahí, el montador y yo íbamos montando por partes. Nos vimos todo de un tirón y ahí hice una escaleta de lo que podía ser la estructura del documental. “Vamos a pasar por aquí en este momento”, o “este conflicto lo define a la perfección esta persona.” En general, la escaleta siguió un proceso de presentación del personaje, luego del equipo de proyeccionistas con tal de que te enamores de ellos, y de repente… zasca. Esto, así, no va a ser más.

Es un planteamiento muy básico en el mundo del guión, pero había que cincelarlo hasta encontrarlo, porque yo no podía crear eso. Tenía que rebuscarlo entre todo el material que tenía, entre la realidad.

Por tanto, has seguido patrones propios del mundo de ficción.

Totalmente. La película no tiene ningún misterio en ese sentido. La elección de la observacionalidad es un rasgo estético importante elegido por mí. Del mismo modo, no me suele gustar la música en las películas, tiene que estar muy bien metida para que no me saque, cosa que suele pasarme con los documentales. Me gustan cosas bastante crudas, me las creo más. Y ahí, más allá de usar estos elementos de ficción, hay una búsqueda de veracidad. Cuando grabé a Miguel Ángel no tenía música de fondo, no veo por qué ponérsela ahora.

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Del mismo modo, conocer a todos los protagonistas puede parecer que podía limitar tu mirada, por lo que debió ser difícil compaginar la parte de subjetividad con la parte de las cosas que te ibas encontrando.

Totalmente. En la película hay auténticos regalos, cosas que te cambian la película. Hay varios momentos en los que no sabía por dónde tirar, y de repente… En los documentales, uno debe estar abierto siempre a la realidad, porque al final es la que debe marcar el camino.


LA BÚSQUEDA DEL MÉTODO EN “SÉ QUIÉN ERES”: EL “YARDA A YARDA”

4 abril, 2017

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Entrevista: Nico Romero. Fotos: Elio Romero

Hace dos semanas hicimos un repaso cronológico por la vida de “Sé quién eres”, desde su concepción hasta hoy, centrándonos especialmente en su relación con Telecinco. Hoy nos adentramos en las entrañas de su writers´room y conocemos al detalle su manera de trabajar: ¿Cómo seleccionaron a los guionistas? ¿Cómo se enfrentaron al mapa de tramas de una serie tan compleja? ¿Cuál fue su mecánica de trabajo?  

SOBRE LA SELECCIÓN DE GUIONISTAS

 ¿Por dónde se empieza a escribir una serie así?

Ivan: Nuestra intención, cuando hablamos con Carlos, era crear una writers´ room que estuviera siempre en funcionamiento, desarrollando series que se fueran vendiendo. No queríamos gente muy del medio que estuviera muy viciada porque nosotros trabajamos de una manera diferente. Queríamos empezar con un equipo pequeño, sangre fresca… Los primeros en entrar fueron Pol Cortecans, que ya estaba en Filmax y que había sido el mejor de su promoción en la ESCAC. Entró como becario. También hicimos una búsqueda un poco a ciegas (porque ni Pau ni yo conocíamos mucho el mundo de la televisión). Hicimos entrevistas y nos quedamos con Silvia González Laá, que no tenía mucha experiencia pero nos pareció que era lo que nosotros buscábamos.

¿Tenía relación con el género?

Pau: No. Además, el proyecto aún estaba en una fase tan inicial que nos basamos en el “feeling” y en algún guion que leímos de ella. El hecho de que fuera una mujer era un valor porque nosotros éramos tres chicos. No fue una búsqueda muy extensiva. Fue intuitivo.

Ivan: Pero no conseguimos que la cosa fluyera con ella. Lo dejamos de mutuo acuerdo. Luego ella ha hecho su carrera en política y le va muy bien. Entonces fue cuando vimos “Dates” y nos pareció una buena oportunidad de adaptarla a Barcelona. Fuimos a TV3 con un dossier y se la vendimos. “Cites” nos permitió hacer un casting de guionistas. Tiramos de todos los contactos y les pedimos un capi a cada uno (25 pgs). Con esto hicimos un ranking de guionistas y nos quedamos con los que nos parecieron mejores. Y, luego, en función de lo que nos iban pareciendo, íbamos cogiendo a algunos para reforzar el equipo de “Sé quién eres”. Así entró Eduard Sola a partir del capítulo 4 y Dani González a partir del 8. Y luego para los últimos seis capítulos nos fuimos a Madrid, entrevistamos a siete u ocho guionistas y cogimos a César Vidal.  En esta última tanda de 6 capítulos queríamos probar lo de encargarle un guion entero a un guionista (probamos con el 11, el 12 y el 13) y que volviera a los quince días, pero no funcionó. Si el guionista no soluciona una secuencia como la solucionaríamos nosotros, el capi coge una deriva que acaba llevándote a un sitio que no tiene nada que ver con el nuestro.

Pau: Es como con los actores. Si tú pillas a un guionista cuya cabeza piensa como la de los personajes, tienes mucho ganado. Si la serie es maquiavélica, coger a un guionista muy blanco no es una buena idea: porque él no sabe jugar a eso. Si no tienes esa parte en ti, no puedes escribirlo. Por eso está bien que los guionistas tengan una conexión personal con los personajes. El casting de guionistas tiene que ver con lo que son como personas. Con el talento por descontado pero también con su forma de ser.

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SOBRE EL PROCESO DE CREACIÓN DE LA SERIE

Pau: Empezar a escribir sin trabajar mucho el previo de los personajes, lo que les ha pasado antes de empezar la serie, nos parece un error. Por eso nosotros lo hicimos durante tres meses. Teníamos las mochilas muy cargadas para ir sacando. Lo que no sabes es a qué velocidad.

Ivan: Teníamos dos mil puntos de choque que tú piensas “tenemos para tirar varios capítulos” pero luego como no hay cotidianeidad y hay setenta minutos pues te lo comes en 4 capítulos.

Pero sólo trabajasteis la historia previa ¿Y el camino que los personajes iban a recorrer no lo teníais?   

Pau: No. Sabes dónde vas. Sabes cómo se resuelve a aquello. Sabes lo que ha pasado…

Pero no tienes adjudicados acontecimientos ni “cliff-hangers” por capítulo. Aquí se besan, aquí se descubre que Elías mató a no sé quién…

Ivan: No, no, no.  Es lo que llamamos el “yarda a yarda”. Tenemos a los personajes super cargados con 2.000 bolsillos y en cada momento abrimos un bolsillo. Si sabes la relación que tenían Elías y Alicia en el pasado, intuyes lo que les va a ocurrir en el futuro. Cuando estos personajes confluyan, tú sabes lo que va a pasar.

Me alucina que Telecinco os aceptara esto.

Ivan: A Telecinco sólo le enseñamos tres guiones y un “pitch”. Hubo un momento en que escribimos un mapa de tramas de la primera temporada pero son fuegos de artificio. Me gustaría ver esas siete páginas porque seguro que hay cosas que están pero muchas otras no. A veces pones cosas en un capítulo y cuando llegas te das cuenta de que no te da ni para dos secuencias porque emocionalmente no tiene importancia. No te permite el juego de especular. No puedes pensar un mapa de tramas sin avanzar un poco. O eres una máquina o es imposible. Hay tantos giros que nos cogen de sorpresa también a nosotros que no tenía sentido.

Pau: Nosotros desarrollamos las tramas a partir de la tesis del capítulo. La trama sería lo que ocurre…

Las acciones de los personajes, la peripecia…

Pau: Exacto. Y la tesis sería lo que rodea todo, que luego queda camuflado dentro del relato. Yo les he comido la cabeza a los actores con la tesis hasta el infinito. Tu personaje no es sólo un personaje. Es un símbolo. Cada personaje lleva un conflicto interno representado en dos personajes opuestos: es su dualidad. Por ejemplo Elías tiene a Eva, que es su recuerdo, su conexión con lo emocional y luego tiene a Alicia, que es la razón, lo práctico… y así cuando al personaje le enfrentas a una trama, muy fácilmente encuentras su posición. Y todos los conflictos, al final, son el mismo. Eso hace que la serie tenga un sentido en sí misma.

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Ivan: Yo soy muy crítico con los 70 minutos pero esta serie los pide. De hecho hemos tenido que cortar. Y eso que nosotros no entramos en la cotidianeidad. En cada secuencia hay un cambio de valor. Eso hace que gastes cartuchos muy deprisa. A lo mejor son cartuchos emocionales, en los que la trama no avanza mucho, pero todo está muy apretado.

Pau: Nosotros intentamos que todas las secuencias tuvieran un avance de trama, un concepto de trama y un concepto de personaje y marcamos una docena de personajes que decidimos que no los convertiríamos en herramientas sino que tendrían su propio conflicto o sus propios momentos. Y en cada capítulo íbamos mirando ¿qué nos falta?

Ivan: Y a la gente le puede parecer que estás haciendo demasiadas subtramas pero después es lo que te da la serie. Puede haber críticas del estilo “el piloto abre demasiado”, pero es que si no abres, después es imposible tener material dramático real. Porque si no quieres tirar de fuegos de artificio, de muertes, que a eso no hemos jugado, necesitas que los personajes estén cargados.

Pau: Hay gente que lee las series desde la trama. La trama, los diálogos estructuran la secuencia pero luego yo quiero dirigirlas desde el subtexto. Yo quiero que los motores de la escena sean lo que no se dicen, lo que les pasa, aunque el otro no lo sepa, aunque el espectador no lo sepa. Esto hace que haya una coherencia de fondo aunque haya una incoherencia de texto. En cada capítulo hay dos viajes: el de trama y el subtexto. Y a veces estás más en lo que no se cuenta, en el relato de tesis y parece que la trama se congela un poco… pero es fundamental para lo que estoy contando y cuando se vea la pieza entera se verá la coherencia.

Ivan: Pero nosotros también teníamos muy en cuenta el viaje especulativo del espectador y en este viaje tienes que ir resolviéndole dudas. Y es muy importante no hacerle trampas. Que todo se pueda explicar desde los personajes. Los elementos del juego tienen que estar en el capítulo 1. Además, para Pau y para mí no hay personajes malos. Tienes que comprar ciertas interpretaciones de la vida.

Pau: Claro. La serie, al final va de la admiración por la inteligencia. Cuando un personaje hace algo perverso, inteligente e interesado hay una parte de ti que se sonríe. Piensas: “¡qué hijo de puta!”. Pero le admiras. Pones la inteligencia por encima de la moral.

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SOBRE LA MECÁNICA DE TRABAJO

¿Escaletabais todos los guionistas juntos?

Ivan: Sí. Queríamos tener un lugar de trabajo porque, a mi entender, ésta es una profesión como cualquier otra. Hay algo en la rutina de venir a trabajar que le viene bien a la profesión. Yo tengo mujer e hijos y cuando estás trabajando en casa y llevas toda la mañana procastrinando, llega tu mujer y dice: “¿no has ido a comprar?” y tú “¡Pero si llevo toda la mañana trabajando!” pero por dentro piensas: “Soy una puta mierda”. Te sientes culpable.

Pau: Pero hay una parte del trabajo que se puede hacer aquí pero otra más íntima que es escribir conectado emocionalmente con lo que escribes. Esa parte me gusta hacerla en la cocina, por las noches.

Ivan: Sí. Aquí escribimos poco.

¿Cuánto tiempo le dedicabais a la escaleta?

Ivan: Dos semanas. Depende del momento. Empezábamos con las cartulinas en blanco. Apuntábamos las cosas que iban a pasar en el capítulo, el final del capítulo, el flash-back, a veces la temática.

¿Escaletabais por tramas?

Ivan: No. Es cierto que casi siempre teníamos el viaje de 3 o 4 personajes, que, más o menos, se podían considerar tramas: la policial, los Saura, la personal de Elías, de Eva, el viaje de Alicia… Y los tres cliff-hangers del capítulo corresponderían un poco a esas tres tramas. Pero no… El caso es que ahí ya teníamos lo que tenía que pasar, los hechos pero sin alma. Ahí ni siquiera sabes si el recorrido de la trama va a ser el correcto. A partir de aquí nos dividíamos las secuencias entre los guionistas. A lo mejor yo me cogía las más complicadas. De ahí salía una primera vomitada en la que casi no ves nada que funcione pero ves cosas que no funcionan en absoluto.  A partir de aquí, yo hacía una pasada que le dejaba a leer a Pau. Ahí hablábamos los dos, normalmente por la noche y reestructurábamos el capítulo. Y en esta reunión salía el capítulo en el 90% de los casos. Entonces la segunda versión nos la dividimos. Pau empieza por el principio y yo por la mitad o a partir de la página 20. O empieza por el principio pero un día después que yo. El caso es que me deja un colchón para que no me pueda alcanzar.

Entonces, en realidad Ivan hace una segunda versión (con excepción de las primeras páginas) y Pau hace la tercera.

Pau: Sí, en paralelo pero sí.

Ivan: El caso es que escribimos por la tarde o por la noche, porque durante el día Pau está rodando y yo estoy aquí con los guionistas enfrentándonos a la escaleta del siguiente capítulo.

Pau: A veces yo escribiendo por la noche me encontraba cosas que afectaban al capítulo siguiente.

Claro, eso siempre pasa.

Pau: Sí, pero aquí ocurría digamos de forma muy activa.

Afortunadamente teníais un colchón de 6 guiones con respecto a la producción.

Pau: Sí, pero apretábamos mucho en ese sentido.

Pero no hasta el punto de parar la producción

Pau: No, pero he llegado a rodar escenas de un capítulo no entregado.

Ivan: La producción siempre nos atropella. Somos poco industriales. Podemos tener una versión seis que esté para entregar y otra que esté para empezar de cero. El guion no está acabado cuando lo marca el calendario sino cuando nosotros nos creemos que está acabado.

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Pau: Al final de este proceso tenemos una versión que el equipo puede leer porque los cambios posteriores ya no van a dar por culo a la escaleta del siguiente.

¿Y trabajar así no genera un cuello de botella en la fábrica de producir guiones?

Pau: Sí, un poco. Pero yo quería editar todos los guiones. Y el “yarda a yarda” es lo que tiene.

Ivan: También es que ésta es una serie muy personal de Pau y si Pau no conecta con algo no lo va a comprar. Como Pau y yo nos conocemos más y somos de la misma edad me resulta más fácil. Los guionistas jóvenes tienen una cosa buena que es la frescura, pero conectar con personajes maquiavélicos de cuarenta y pico les cuesta más. Viven un viaje frustrante. Nunca van a tener las palmaditas en la espalda. Pero ellos lo entienden. En paralelo están haciendo cine y funcionan de cojones pero aquí vienen a recibir ostias.

Pau: Aunque hay un trato familiar y de cariño muy grande. La cercanía emocional es altísima.

Ivan: No es un método perfecto ni mucho menos pero la otra opción (la de que un guionista se lleve un capítulo) funciona mucho menos. Yo creo que tenemos que encontrar un método mejor para que la versión cero no sea un monstruo pero todavía no sé cuál es. Escribir secuencias sueltas de un capítulo no funciona. Además es que es frustrante para el guionista porque, es imposible coger la escena diez y saber si el pulso del relato está en hacer una escena picada y ágil u otra cosa, porque cada escena permite las dos cosas. Tienes una idea pero no sabes a ciencia cierta. Y para saberlo tienes que hacer el viaje cronológico con los personajes. Es muy frustrante para los guionistas porque no es culpa suya.

Me sorprende que os hayáis peleado tanto con Telecinco para hacer la serie que queríais pero no hayáis luchado para tener más tiempo para escribirla.

Pau: Eso sería cojonudo pero no le puedo decir a Telecinco que le voy a entregar a más de un año vista. No te firman el contrato.

Ivan: Esta manera de trabajar tiene consecuencias. Compaginarlo con la familia es muy duro. Yo he hablado con Pau dos horas por teléfono a las dos de la mañana, teniendo que levantarme al día siguiente a las ocho para llevar a los niños al cole.

Pau: Ahora duermo seis horas y media y pienso: “estoy durmiendo a saco”. Pero rodando es destrucción masiva de la salud.

¿Cuándo escribisteis el fin?

Pau: Hace 2 meses. Yo secuestré las últimas 20 páginas del guion, incluso a los actores porque tenía pánico de cómo cerrar aquello. No acababa de encontrar la solución.

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EL FUTURO

¿Y ahora? ¿Seguís trabajando juntos?

Ivan: Sí. La idea es seguir desarrollando proyectos con el equipo con el que hemos trabajado hasta ahora y no dejar de meter leña al fuego. Y aprovechar la ola del anterior proyecto para engancharte con el siguiente. Pero este proceso es muy difícil de hacer aquí. Yo he acabado antes que Pau. Ahora, para cambiar de un proyecto a otro necesitas por lo menos un mes. Me cuesta mucho salir del modo de lo que estoy escribiendo, incluso para relacionarme con mis hijos. Pau disocia más que yo. Pero yo tengo la cara un poco más compungida escribiendo “Sé quién eres”.  Cuando escribo por las noches soy un puto psicópata, interpreto… incluso pulso las teclas de manera diferente. En “Pulseras” teníamos que conectar con nuestra parte más tierna. Yo escribiendo lloraba dos veces por guion. Tienes que estar muy conectado con lo que estás queriendo transmitir. Por eso todavía tengo a los personajes de “Sé quién eres” bailándome en la cabeza. Y ni siquiera cambiando de género desconecto. Necesito cambiar de espacio. Por eso nos hemos trasladado a otro despacho en la oficina. Además es que seguimos hablando con Telecinco, así que no desconecto del todo. Pero bueno, mi relación con el ordenador ya no es aquella.

¿Ya tecleas de otra manera?

Ivan: Sí.

¿Cuántos guionistas estáis con los nuevos proyectos?

Ivan: Cinco y yo.

Pau: Estamos desarrollando un par de proyectos pero yo, personalmente, todavía no estoy enamorado de ninguno. Los proyectos están guay y creo que se van a vender pero aún están en dossier y primer guion.

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MARTA GRAU: “LAS BUENAS HISTORIAS SON LAS QUE TE EMOCIONAN Y CONECTAN CON LO QUE TE HACE HUMANO”

31 marzo, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

“La Mente Narradora: la neurociencia aplicada al arte de escribir guiones”El título del libro, escrito por la guionista, analista y doctora Marta Grau, no deja lugar a dudas sobre la tesis que defiende: nuestra manera de escribir está condicionada por nuestra manera de pensar.  A lo largo de sus páginas, Grau esgrime (con abundantes ejemplos fílmicos y apoyándose en teorías cinematográficas y científicas) la clara relación que existe entre él éxito y abundancia de las historias contadas en tres actos con la forma en la que nuestro cerebro percibe el mundo. Del mismo modo, Grau también hace referencia a cómo, incluso en las películas más independientes y a priori alejadas del sistema convencional de narración, los cineastas hacen uso de mecanismos clásicos para lograr la empatía con el espectador. De todo ello, además de reflexionar sobre sus facetas de guionista, analista y profesora, pudimos hablar con ella en profundidad. Aquí tenéis el resultado.

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Antes de empezar a hablar sobre el libro, parece interesante detenernos en el hecho de que compaginas la escritura de literatura con la escritura de guiones y la docencia, además de haber trabajado como analista de guión. ¿En qué sentido crees que se compaginan estas profesiones?

¡En que todo está relacionado con el arte de narrar…! De hecho, si lo pienso, lo que siempre me ha apasionado en realidad son las historias, sin pensar en qué formato o medio me llegaban: los cuentos, fueran los de antes de ir a dormir o los de los libros; la anécdota de un amigo que tiene una gracia innata en contarte un encontronazo con su exnovia; o las mejores películas que encuentras en la cartelera del cine… Me fascinan las historias y la gente que sabe contarlas bien…

¿Personalmente, qué te aporta esta compaginación?

Analizar guiones y enseñar la teoría del guión y la práctica me ha ayudado mucho a reflexionar sobre cómo escribo y por qué escribo. Es básico cuándo un alumno te pregunta: “¿pero por qué ahora es necesario un punto de giro?” o “¿por qué necesita el personaje tener un problema más grande que el que ya tiene?” y no puedes decir que es simplemente porque tu intuición te lo dice, vamos, que sabes que fluiría mejor y más “naturalmente” la historia. Tienes que pararte a pensar en por qué las narraciones acaban funcionando mejor creativamente de una u otra manera… ¡Podríamos decir que mi profesión creativa del hemisferio derecho ha acabado llevándose bien y creando buenas sinergias con mi profesión más analítica del hemisferio izquierdo!

Como analista, ¿detectas ciertos errores que puedan repetirse en más de un guión y que sean fácilmente evitables con consejos básicos?

Diría que dos de los errores que más veo son la falta de conflicto y olvidarse de que la emoción y la historia debe provenir del personaje, que ambos son — conflicto y personaje—motores de cualquier relato. Por un lado, a veces por querer imitar la realidad parece que debamos obviar que una historia parte de un problema que alguien sufre, sea interno, relacional o con el universo. Y, en nuestro día a día. No hay nada más real que contar un conflicto. Algo potente le tiene que pasar a un personaje para que una historia merezca ser contada. Y cuando digo potente no me refiero a que tenga que ser él el causante o salvador de la Tercera Guerra Mundial, sino que llegue y emocione, que te encoja el corazón como espectador. Y esto sólo se consigue si comprendes a los personajes desde dentro, si estás con ellos en cada uno de sus movimientos, si eres ellos. A veces leo guiones donde “sólo pasan cosas”, es decir, que se pierden en los hechos y se olvidan de la emoción — de cualquier tipo: sea miedo, risa o drama que haga llorar… — y acaban resultando vacíos, sin alma. Para mí, las buenas historias son las que te emocionan y te conectan con lo que te hace humano y te hace sentir.

Con esta última pregunta enlazo el libro, puesto que, quizá, en síntesis, podemos decir que lo que defiendes (y justificas ampliamente en el libro) es que escribimos del mismo modo en el que está estructurada nuestra mente. ¿Es así?

La verdad es que justo me hice esta misma pregunta cuándo empecé a decir “pero a ver, ¿por qué tenemos que emocionarnos con las historias?, ¿por qué necesitamos que haya tantos conflictos?, ¿por qué necesitamos que siempre las cosas pasen una detrás de la otra, relacionadas entre sí por la famosa causa-efecto?” Y entonces, empiezas a indagar y ves que, efectivamente, las historias son un calco de la manera cómo pensamos y sentimos la vida, una radiografía diríamos de lo que sucede en nuestra cabeza. Por ejemplo, en el caso de la causa-consecuencia que siempre insisten los manuales de guión, empiezas a ver que es porque nuestro “narrador interno”, la vocecita que se dedica a organizar la información que recibe del exterior nuestro sistema (el hemisferio izquierdo, racional y lineal, que toma la voz cantante en nuestra cabeza, por resumirlo rápidamente a grandes rasgos) necesita justamente este mecanismo. Es cómo él comprende y ordena la información. Siempre busca resultados (“un fin”) o el por qué de las cosas. No hay nada que aturda más a este “narrador interno” que todos tenemos que no entender por qué pasan las cosas. Por ejemplo, ante una muerte inesperada, un accidente o hasta los hechos paranormales, si no hay explicación, una causa que explique el hecho, nos cortocircuitamos, entramos en shock o corremos a inventarnos una causa…

¿Detectas ciertos ejercicios que podamos hacer, como guionistas, para analizar y hacer consciente nuestra forma de pensar para poder escribir mejor?

Creo que al final no hay unos ejercicios generales para guionistas. Sí hay muchos ejercicios para ejercitar la creatividad, dependiendo de cuál sea tu punto fuerte o débil. El libro de Tu cerebro creativo de Shelley Carson es fantástico justamente porque te detalla las fases de la creatividad y puedes ver en qué eres más o menos efectivo y te da algunas pautas para trabajar en ello.

Sin embargo, hacer “consciente” nuestra forma de pensar creo que sería simplemente tomar consciencia de lo que Ana Sanz Magallón apunta en su libro Cuéntalo bien sobre el sentido común. Es el menos común de todos, pero es el que creo que deberíamos tener más a mano. Yo me fío más cuando analizo guiones de lo que me dice este sentido, que no de aplicar a rajatabla el esquema de Syd Field o de Robert McKee que tanta rabia da a muchos guionistas. Sabes que necesitas un punto de giro para tu historia porque “lo sientes”, notas que es momento de que estalle la historia. Es lo que tu “mente narradora” te está pidiendo: “ahora necesito que pase algo, que el conflicto detone para que siga interesándome la historia”.

En un momento dado, utilizas la palabra “inconsciente” para hablar sobre manuales de guión. Con ello haces referencia a que si tuvieron tanto éxito se debe a que, aunque quizá sin saberlo, estructuran en gran medida el funcionamiento de nuestro cerebro a la hora de contar historias. ¿Crees que cuando Tarantino o Lynch (por citar algunos de los ejemplos que mencionas) apuestan por estructuras tan arriesgadas o innovadoras lo hacen por intuición, de manera inconsciente, o lo hacen precisamente por conocer perfectamente el sistema clásico y el funcionamiento de los tres actos? Es decir, ¿crees que se puede innovar sin conocer antes conocer la teoría mínima?

Creo que si tienes gran consciencia de cómo se cuentan las historias puedes entonces innovar. No creo que haga falta tener un máster o un doctorado para ser innovador y al mismo tiempo saber cómo conectar con el público, pero en cambio sí debes ser un gran observador. Tarantino es un cinéfilo empedernido, pocas personas en el mundo deben haber visto tanto cine como él. Lynch, además de nutrirse de otros ámbitos (pintura, música, fotografía, diseño..) también es un erudito no sólo en el terreno del cine sino también de lo artístico. Creo que ambos son perfectamente conocedores del esquema clásico, por haberlo visto millones de veces y haberlo asimilado. A partir de ahí, innovan, crean, juegan. Pero saben lo que se hacen. Innovar, romper las reglas, sin ser consciente de dónde partes me parece un terreno pantanoso, como intentar cambiar la forma de un castillo de naipes sin saber ni ver sobre qué mesa se está sosteniendo. Ahora bien, a veces no hacer falta ser conocedor de la teoría. Simplemente, un gran consumidor de narrativa. Grandes narradores lo han sido simplemente porque antes fueron lectores voraces. Llevan la narración en la sangre, no hace falta que nadie les diga cómo se tiene que construir un personaje desde la teoría para saber cómo se hace.

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En el libro también mencionas cómo diversos teóricos apuestan por la división de nuestro pensamiento en dos sistemas. El primero de ellos sería automático, rápido y estereotipado. El segundo, más difícil de accionar, lento, calculador y consciente. ¿Qué tipo de películas responderían a cada tipo de sistema?

Bien, no es que tengamos que ser tajantes al clasificar. De hecho, las clasificaciones matan a menudo la creatividad, pero sí es cierto que la estructura clásica resulta más cómoda, por así decirlo, porque se adapta bien a la manera como pensamos. Como decía, es una especie de espejo, un vestido de nuestra talla. Sin embargo, autores que rompen con el modelo clásico — el cine moderno, por ejemplo— ponen este sistema contra las cuerdas, ya que no facilitan la comprensión, provocan que tengamos que activar este segundo sistema de pensamiento, tal y como los diferencia Daniel Kahneman —psicólogo y Nobel de Economía — que es el autor de donde parto para esta clasificación.

Cuando nos dificultan la comprensión de una historia, necesitamos activar este Segundo Sistema, donde conscientemente nos preguntamos qué está pasando con el relato, por qué no lo estoy entendiendo, por qué este personaje reacciona de una manera que no sigo o por qué de repente desaparece de la historia sin explicación alguna… Digamos que este tipo de narraciones vanguardistas lo que hacen es poner en relieve la facilidad con la que funciona el modelo clásico. Al complicárnoslo, y activar nuestra consciencia sobre el acto narrativo, nos salta la alarma sobre cómo y por qué las cosas están construidas de una manera que nos resulta tan diáfana.

¿Crees que hay ciertas herramientas que puedan servir al guionista como para poder estructurar una película atendiendo al tipo de sistema de pensamiento al que “va dirigido”?

Creo que podemos pensarlo como dos grandes modelos: el clásico, que facilita la conexión porque es cómodo, y que busca conectar directamente con el público para que tenga una experiencia emocional satisfactoria, un viaje de transformación, es decir, una experiencia vivencial; y los modelos más vanguardistas, que a veces lo que buscan es la conexión con lo racional: un cierto placer intelectual y la comprensión cognitiva. La facilidad de conectar emocionalmente a veces no está, pero en cambio el gozo está en comprender intelectualmente cuál es la propuesta narrativa del autor. A veces, necesitas tener herramientas intertextuales como espectador para que esto suceda, para entender qué pretende el autor con un salto de tiempo inexplicado o con un final abrupto sin concluir.

¿Se puede encontrar el punto medio entre ambos sistemas a la hora de escribir?

Diría que los autores que analizo en el libro justamente consiguen esto, y en parte, es por lo que siempre me fascinaron: Jonze, Linklater, Tarantino, Nolan, Iñáritu, Kaufman… Saben sabotear el modelo clásico, haciendo que la alarma de este Segundo Sistema— el consciente y racional— salte y te preguntes sobre la narración. Pero al mismo tiempo, no te desconectan de ella: te hacen vivir y experimentar la historia desde la emoción, la cual subyace por debajo del artificio narrativo que han montado. Haces el mismo viaje de transformación con el personaje que en el modelo clásico, pero al mismo tiempo hay por encima una (o dos) nuevas capas narrativas que te mantienen alerta buscando encajar las piezas del puzle, por ejemplo, o divirtiéndote si pillas el chiste intertextual que te proponen. Estos directores acostumbran a trabajar con conflictos potentes a nivel emocional, y con unos personajes que comprendes y que te tienen enganchado a la butaca de principio a final esperando que consigan lo que se han propuesto.

Quizá una de las conclusiones del libro es que, del mismo que aprendemos de nuestras experiencias diarias, el cine no deja de ser un simulacro de la vida, y por tanto, una experiencia de cómo podríamos actuar en ciertas situaciones. Partiendo de esta base, ¿en qué puede beneficiar a un guionista ver mucho cine?

Efectivamente, las historias son una especie de “simulacro de vuelo”, como si pusiéramos a prueba nuestras capacidades emocionales, antes de que nos pasen en la vida real. Si tu marido te engaña, y ya lo has visto en algunas películas, esa emoción ya la habrás vivido y tu cerebro ya habrá “registrado” algunos de los procesos emocionales que puedes experimentar. Como comentaba anteriormente con los casos de Lynch o Tarantino, creo que cualquier gran narrador de la historia del cine o de la literatura han sido antes grandes consumidores de historias. Por lo tanto, el beneficio es obvio: a más cine veas — o más historias leas— más estarás ejercitando el arte del storytelling, se te quedará grabado. Es como aprender a ir en bicicleta: cuando te pongas a escribir una historia ya no necesitarás la ruedecillas de atrás, fluirá mucho mejor, te saldrá sola la estructura o notarás cuándo el personaje va a necesitar un momento de pausa para que respire y se desarrolle su relación con su compañero de andanzas, o cuándo necesitas un momento de acción para revelar lo que le pasa por dentro y que nos emocione. Obviamente, todo esto aderezado con la creatividad que es propia de cada uno, claro, porque siempre hay esta parte, intangible, que es lo que nos hace diferentes los unos de los otros … Y, por lo que pese a que las estructuras y manera de contar las historias tengan una base compartida, siempre haya la posibilidad de seguir inventando tantas historias diferentes como sensibilidades humanas existan.

¿Y vivir muchas experiencias?

Para mi, vivir experiencias es la clave para poder contar historias. Pero este es mi caso, porque hay escritores o guionistas que tienen un mundo interior vastísimo de donde pueden emerger y sacar multiplicidad de personajes, conflictos, mundos. Pero a mí me encanta descubrir en la vida real historias que merecen ser contadas, desde gente que tiene conflictos increíbles que nunca habrías imaginado solo en tu casa, a sitios que visitas viajando y que nunca habrías sabido inventar. Sin embargo, sí creo que por mucha imaginación que tengas hay una parte necesaria de experimentar la vida, de sentir, de sufrir mal nos pese, que es necesario para poder entrar en tus personajes a fondo. Si no has vivido, o si no has conocido gente con la que has llegado a llorar con sus historias personales, te va a resultar muy complicado comprender a algunos personajes. No tienes por qué haber sufrido todas las experiencias de tus personajes, pero sí saber acercarte al alma humana lo máximo posible para comprender cómo deben sentirse en la situación que planteas tu protagonista en tu historia…

¿Hay historias que puedan estimular más nuestro cerebro que otras?

Creo que ahí somos cada uno muy listos de forma inconsciente. “Usamos” las historias para momentos concretos o necesidades particulares. De hecho, en parte, para esto están y las creamos. Hay gente que necesita sacar su agresividad (aunque sean los más buenazos del mundo) a través de las películas bélicas; otros que necesitan vivir el miedo a través del cine de terror; otros sentir el amor a través de las comedias románticas; otros vivir al límite y salirse de sus vidas monótonas – cuidado, que a lo mejor ya les satisfacen— a través de películas de aventuras o de acción… Todo es estimulante para nuestro cerebro y creo que inconscientemente escogemos en cada momento lo que necesitamos, como cuando el cuerpo necesita nutrirse y te pide comer un batido de frutas o una gran ensalada. Creo que inconscientemente lo sabemos, sea lo que nuestra mente precisa “sentir” —emociones fuertes que no encontramos en nuestro día a día, o dulces, porque necesitamos trabajar nuestra sensibilidad; o historias de evasión porque no podemos con la cruda realidad que nos rodea…— o hasta para prepararnos o aprender a nivel emocional.

¿Qué tipo de historias y en qué formato (audiovisual, literario) crees que pueden ser más favorecedoras para un guionista?

La verdad es que todas… ¡creo que no puedo elegir! Cada uno se nutre con lo que necesita, y cada guionista también. Como amante de las narraciones creo que donde hay una buena historia, no importa el formato en que esté contada. Creo que un guionista lo que sí debe es estar atento para ver si un conflicto, personaje o situación es más apto para ser contado como película, serie, libro o webserie… Cada formato te ofrece distintas herramientas narrativas, y debes saber escoger cuáles prefieres o te van a ir mejor para tu historia. Por ejemplo, el otro día hablábamos con un amigo guionista sobre una potencial historia sobre una obsesión que se creara en la cabeza del personaje. Discutíamos si sería más enriquecedora verla en imágenes, a un estilo Lynchiano, o si llegaría mejor en un formato literario, gracias al uso de la primera persona, que nos permitiría ver a un nivel discursivo el bucle que a menudo se hace la mente sola, entrar en la cabeza del personaje cuando empezara el delirio. Dependiendo de dónde quieras hacer hincapié como autor, te va a servir más un formato u otro…

En el libro defiendes la innegable conexión que existe entre nuestro sistema de pensamiento y con al menos alguna de las características clásicas del cine (división en actos, empatía con alguno de los personajes, existencia de un conflicto), y como todas las películas, por más alejadas que puedan parecer de ellas, tienen presentes elementos del sistema clásico. ¿Ves posible escribir un buen guión (entendamos bueno en relación al número de espectadores que puede llegar o emocionar) completamente alejado de las características clásicas del cine?

Sin entrar en juicios de bueno o malo, creo que es difícil alejarse de las características clásicas si se quiere conectar con el gran público. Aristóteles no se inventó en su día su Poética según un criterio aleatorio, sino a partir de lo que observó que conectaba y funcionaba. Claro que hay reglas que son más pejigueras, que no hace falta cumplirlas (por ejemplo, la obligatoriedad de que el primer punto de giro tenga que llegar en el minuto 30 de metraje), pero las que analizo en el libro y que apuntas, son básicas, porque están relacionadas con la manera como pensamos.

Sin embargo, creo que se escriben grandes guiones que son muy hábiles en sabotear la estructura clásica en apariencia. González Iñárritu con 21 gramos así lo hizo, o Nolan con Memento, pero en el fondo tanto ellos como otros autores saben cómo crear estrategias para seguir manteniéndote conectado a la historia, al viaje emocional que siempre hacemos con una película. Es como si se salieran de la autopista, para coger una carretera secundaria, que en el fondo, está haciendo la misma ruta sin que te des cuenta.

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Por último, hasta qué punto crees que estas conclusiones son válidas solo dentro de nuestra sociedad y sistema de evolución? Por ejemplo, que consumamos cultura más cercana al modo en el que está desarrollado el hemisferio izquierdo del cerebro (relacionado con el modo clásico de narración) que el derecho (cercano a la antinarración convencional), ¿puede deberse a causas culturales?

 Es interesante esto que planteas… Y es un gran debate el que surge aquí. Seguramente haya algo de cultural y algo que no lo es. Es decir, el cine Oriental es muy diferente del Occidental, y podríamos analizar si realmente su base cultural, lingüística, etc. conforma un estilo de pensamiento diferente que revela un estilo narrativo diferente. Es cierto que en Occidente hemos afianzado mucho la cultura del “hemisferio izquierdo”, por decirlo de algún modo, a través de patrones de comportamiento marcadamente racionales, analíticos, lineales, estructurados… Pero una narración clásica no es sólo hemisferio izquierdo. No podemos dividirlo tan taxativamente. Cuando narramos, también creamos mundos, sensaciones, emociones, imágenes, que tienen que ver con una parte más holística de la experiencia narrativa, o hasta lo podríamos asociar con “el hemisferio derecho” — intuitivo, rítmico, visual. Yo diría que con cualquier historia hacemos viajes a diferentes niveles, y la gracias es ver cuántas capas hallamos en ellas. Luego, como es bien sabido y Joseph Campbell puso de relieve entre otros antropólogos y mitólogos, hay algo que nos une a todos como humanos y esto hace que las historias, vengan de donde provengan, tengan unos patrones comunes. En lo superficial, seguramente hay diferencias culturales en el tipo de historias que contamos, pero en el fondo del fondo, todas comparten una misma base: porque todos somos humanos al fin y al cabo y nuestros cerebros y mundos internos funcionan de formas similares en lo profundo.


RODO SAYAGUÉS: “CREO QUE EN EL CINE, COMO EN LAS DEMÁS ARTES, HAY CIERTAS TÉCNICAS Y DISCIPLINAS QUE SE PUEDEN APRENDER”

27 marzo, 2017

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Rodo Sayagués, guionista de títulos como Evil Dead (2013) o No respires (2016), estará en Madrid los días 1 y 2 de Abril para impartir un taller de guión para cine en el Centro de Literatura aplicada de Madrid. Aprovechando su paso por España, hemos podido entrevistarnos con él para conocer más detalles de su curso, así como de sus rutinas de trabajo y sus películas ya estrenadas.

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Según consta en tu biografía profesional, has estudiado en escuelas especializadas en guión muy reconocidas, y junto a profesores de la talla Robert Mckee o John Truby. Además, la descripción del taller cita a otros autores como Snyder o Joseph Cambpell. ¿Qué crees que aportan los conocimientos teóricos al arte de contar historias?

Creo que en el cine, como en las demás artes, hay ciertas técnicas y disciplinas que se pueden aprender. También se puede aprender a apreciar el arte, a desarrollar un criterio. Y aunque el manejo de estas técnicas no garantice el “éxito”, sí podemos asegurar que ayudan mucho. En el caso de la narrativa, se trata de siglos de experiencias y conocimientos transmitidos de generacion en generación hasta llegar a encontrar a un autor que fuera capaz de decantar toda esta información y así generar una “escuela”. Pero al final del día no se trata de recetas mágicas, sino del reconocimiento de ciertos patrones que como humanos encontramos en nuestra narrativa y hasta en nuestro comportamiento social. Estos patrones no son una ciencia exacta, sino una guía. Son patrones que han resistido el paso de los siglos. Yo creo que es sano aprenderlos. Nos brindan una base teórica en donde descansar nuestra creatividad.



Trabajas en la que a priori es la indusdria más exigente de todo el mundo, en Hollywood. ¿Qué habilidades consideras que debe tener un guionista en cuanto a la exposición y venta de sus ideas?

Eso es todo un tema aquí en Hollywood. Se habla mucho sobre el talento que tiene el guionista para vender sus ideas, se dice “he is good in the room”, es decir, una persona con la energía y el foco necesario como para transmitir sus ideas de la forma más clara y cautivante posible. Es verdad que hay técnicas para “pitchear” un proyecto, y sirven, pero al final del día, si tienes una premisa sólida, un poco se vende sola. El talento vendedor del guionista sale a la cancha cuando la premisa que va a vender quizás no sea tan buena.

En el taller, también hablarás sobre cómo, según tu experiencia, se puede intentar saber si una idea es buena para convertirse en un largometraje eficaz. Un simple vistazo a tu filmografía como escritor deja entrever que es algo que tienes muy en cuenta. Sin duda, tanto el cortometraje ¡Ataque de Pánico! como No respires, dos ideas originales coescritas junto a Fede Álvarez han sabido hacerse notar en el superpoblado mundo de la ficción audiovisual. ¿Existe algo parecido a un método para intentar prever qué ideas calarán mejor en la audiencia?

La respuesta corta es un rotundo NO. No hay un método para saber que le va a gustar o no a la audiencia. Está basado puramente en el instinto de los cineastas. A veces le pegamos, a veces no. Lo que sí se puede analizar es si una idea tiene el suficiente potencial como para convertirse en un largometraje, y eso no es para nada algo fácil. Muchas veces tenemos ideas que no dan para más que un cortometraje, o un video clip, o un sketch de 30 minutos. Hay ciertos elementos que deben estar orgánicamente integrados a la idea que hacen posible que se convierta en un largometraje. De ahí a que ese largo conecte con la gente, es otro tema. Pero sí, creo que es muy importante que antes de sentarse a escribir el guión en sí, sometamos nuestra idea a cierto análisis para asegurarnos de que tenga las suficientes piernas como para llegar al final de la maratón. Elementos como el conflicto, tema, personajes, etc., son fundamentales.

Parece que la pareja creativa que formáis Fede Álvarez y tú se ha especializado, al menos hasta la fecha, en el terror, si bien habéis abordado diferentes subgéneros, abarcando incluso la comedia de terror (Evil Dead, El Cojonudo) o el suspense más puro (No respires). En todo caso, son un tipo de películas que requieren un gran control del ritmo narrativo y por tanto de la estructura. ¿Cuál es vuestro método de trabajo?

Con Fede lo que hacemos es juntarnos y charlar sobre el proyecto. Miramos pelis que creamos sean pertinentes como para analizar, y también como para estimular un poco la creatividad, y luego nos pasamos semanas charlando, discutiendo y armando estructuras, hasta que llegamos a un punto en que tenemos un outline detallado de la película. Ahí generalmente yo me marcho a escribir un primer draft, y luego Fede lo reescribe, o sino nos dividimos escenas para ir mas rápido. Tenemos un método muy dinámico, siempre nos adaptamos a las circunstancias.

En el blog entrevistamos a muchos guionistas sobre sus rutinas para mantenerse creativos. ¿Tú también tienes algunas? ¿Cómo es una jornada laboral mientras piensas en una idea o escribes un proyecto?

No tengo ninguna rutina determinada. Voy adivinando el camino adecuado en cada momento. Hay veces que me queda mas cómodo escribir en mi casa, otras veces en la oficina. Lo que sí puedo asegurar es que no soy un tipo de las mañanas. Casi siempre escribo en la tarde/noche. Me es mas sencillo concentrarme.  Lo que si hago es, antes de arrancar cualquier proyecto, empaparme en todo lo que tenga que ver con esa historia, ver documentales relacionados a lo que sea que voy a escribir, leer, investigar, escuchar música que me transporte a ese mundo, etc.

Ya hablando de películas en concreto, supongo que recibir el encargo de crear el remake de una película tan icónica como Evil Dead debió ser un gran reto. Y más cuando el encargo vino directamente de Sam Raimi. ¿Cómo decidisteis qué enfoque era el adecuado para mantener la esencia del original sin renunciar a aportar vuestro punto de vista?

Sabíamos que iba a ser una película con muchas restricciones a nivel creativo. Había una serie de cosas ineludibles que debían estar en el relato como la cabaña en el bosque, el libro, las posesiones… pero queríamos al menos reinventar un poco la mitología de Evil dead, y sobre todo, inventar nuevos personajes. Creo que la primera decisión fue no hacer un nuevo Ash (Bruce Campbell). Nosotros también somos fans de la franquicia, y nos hacía mucho ruido inventar un nuevo Ash, hasta nos parecía un atrevimiento. Decidimos que era mejor inventar personajes nuevos, para así mantener esa cosa sagrada que ostenta el personaje de Ash, y al mismo tiempo, darnos libertad creativa para incluir nuestros propios personajes en la historia.

El éxito de público y crítica que supuso Evil Dead os permitió sacar adelante vuestro primer largometraje con idea original propia, No respires. Con unas expectativas muy altas antes de su estreno, la película se llevó muy buenas críticas por parte de la prensa especializada y los espectadores. ¿Qué puedes contarnos de este proyecto? ¿Cómo fue el proceso de escritura de un film de suspense basado en la ceguera del villano?

Fue una idea que surgió unos meses luego de la salida de Evil Dead en los cines. Sentíamos que nos habíamos quedado con ganas de explorar algunas otras de las herramientas que emplea el género del terror. Como ser, el suspenso, la tensión, y empapándonos en esas emociones, se nos ocurrió la idea de la peli. Enseguida nos dimos cuenta de que la premisa podía ser muy jugosa a la hora de generar escenas cargadas de tensión. Fue un proceso limpio y no muy largo. Creo que cuando uno tiene la suerte de encontrar una buena idea dramática, el resto del trabajo se hace sencillo. Si las ruedas giras bien de arranque, entonces no tendrás que empujar mucho el carro en el camino.  Ahora, cuando las ruedas están algo chuecas, entonces sí, uno tendrá que empujar con mucha mas fuerza. Luego de tener la idea, creo que nos pasamos una semana trabajando un tratamiento Fede y yo, y luego me fui y escribí un primer draft, al que Fede le dió luego una reescritura, y más o menos ese fue el draft que se filmó. Todo el proceso de escritura llevó algo menos de un año. Bastante rápido en relación a lo que se acostumbra acá.

Por lo que hemos podido saber, ya tenéis varios proyectos sobre la mesa, e incluso trabajáis actualmente en el desarrollo de alguno de ellos. ¿Qué puedes adelantarnos sobre tus próximos proyectos cinematográficos? ¿Consideras que tu escritura ha evolucionado gracias a cada uno de los ya realizados?

Es indudable que uno mejora en su oficio a medida que lo va ejercitando. Sobre todo cuando tienes la suerte de filmar lo que escribes. Porque luego ves tu cuento en una pantalla en una sala con público, y es ahí cuando realmente uno termina de entender muchas cosas en base a la reacción de la gente. Es una enseñanza enorme.

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Rodo Sayagués, durante la promoción de No respires (2016)

Actualmente, estamos trabajando en lo que será la secuela de Don’t breathe, que traerá muchas sorpresas, y también estamos terminando una re escritura para The girl in The Spider’s Web que es una nueva peli de la franquicia de Millennium, de la que ya se hicieron tres películas suecas y una en Hollywood dirigida por David Fincher.Al mismo tiempo, tenemos un emprendimiento en marcha con Fede, con el que vamos a apadrinar proyectos de terror/thriller/ sci fi. Estamos muy entusiasmados con esto.

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SORTEO DE PLAZAS GRATIS Y A MITAD DE PRECIO PARA EL CURSO DE RODO SAYAGUÉS:

Se sortean 3 plazas gratis para menores de 27 años y 5 a mitad de precio sin restricción de edad. Para optar a ellas se debe enviar un email antes del miércoles 29 marzo a las 20:00 a sorteo@guion-cine.com con el código: SorteoBloguionistasRodo, indicando nombre y apellido, fecha de nacimiento, ciudad y tel. de contacto.

 


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